Hola a todos! Debo decir que si estás aquí es porque amas todo lo relacionado con "Ranma 1/2" como yo. Si no sabes de que hablo corre a verlo que es maravilloso. Soy una gran fan de esta hermosa obra perteneciente a Rumiko Takahashi.
Aquí contaré pequeños relatos sobre mi pareja favorita: Ranma y Akane y muchas otras más alrededor de ellos. Espero que les guste y aclaró que esto tan solo lo hago con fines de entretenimiento.
Ahora a leer.
El amor de una amazona
Parte 2
Todos la miraban pasmados al pasar. No era para menos, pues una chica tan linda iba arreglada como pocas mujeres podrían hacerlo.
Shampoo se regodeo ante las miradas de admiración de los hombres, algunos llevándose un golpe o una mirada furiosa por parte de su novia o esposa.
Se encontraba en las escaleras eléctricas del centro comercial, subiendo en busca de su amado.
Había ido corriendo sin preocuparse por los tacones hasta la casa Tendo, al llegar sólo se encontró con los patriarcas jugando Shogi como de costumbre aunque demasiado concentrados. Apenas preguntó por Ranma le dijeron que estaba con las hermanas Tendo en el centro comercial, al parecer habían ido a buscar vestidos de novia para la prometida del Dr. Tofu, es decir, la dulce y siempre servicial Kasumi, y su pobre Ranma fue arrastrado con ellas para que volvieran acompañadas y seguras a casa. No le vio sentido pues si Akane estaba ya era suficiente y no porque fuera una excelente artista marcial, claro que no, simplemente por tener una cara de enojona que pondría a temblar a cualquier ladrón o pervertido.
Divertida ante su burla camino por unos pasillos donde muchísimos vestidos de novia, de quinceañeras o kimonos estaban exhibidos. Pensó que su vestido era aún mejor que cualquiera de esos trapos con moños.
Y percibió su presencia, podía sentirlo. Ranma tenía siempre un aura fuerte que denotaba el gran poder que como artista marcial poseía.
Afilo su mirada y volteaba de un lado para el otro, fijándose bien dentro de los locales refinados.
Finalmente lo encontró apoyado en una barandilla de metal mirando hacia los tres pisos de abajo, de espaldas a una tienda de vestidos de novia.
El rostro aburrido le informó de la tortura que estaba pasando y le pareció gracioso. Ahora ella lo sacaría de allí y juntos podrían ir al cine o a comer a algún restaurante enseñándole que a su lado las cosas siempre podían ser entretenidas.
Sin esperar un segundo más fue corriendo y se colgó de su cuello asustando al distraído chico.
- ¡Aiya! ¡Shampoo venir a buscar a airen!
-¡Sha... Shampoo! ¿Qué haces aquí?
La amazona tomo distancia simplemente para que viera su atuendo y tomándose las manos detrás de su espalda. Ranma la miro de arriba a abajo sin pasar por alto lo bonita y sexy que estaba.
El corazón de la joven china ya le latía con fuerza.
Eso quería, eso deseaba, que sus ojos azules la recorrierán sin miedo y con asombro ante toda su belleza.
-Shampoo querer tener una cita con Ranma - se acercó de nuevo pero con lentitud y coquetería posando su mano en el pecho del chico.
En seguida un fuego subió por todo su cuerpo, una sensación abrumadora y placentera, si con sólo tocarlo se sentía así no podia imaginar lo que sentiría si hicieran el amor.
- Vaya... pues yo no puedo, Shampoo. Estoy acompañando a...
-¡No importa! Arreglarme muy bonita sólo para ti, no ser malo, airen. Poder ir a comer algo.
- Es que de verdad no puedo... - Ranma le sonrió abochornado ya alejándose de ella para entrar al local.
El temor la invadió, no tenía que dejarlo ir, ese día se había prometido pasarlo con él. Como se veía no había pasado por alto para Ranma, sólo tenía que insistir más.
Antes de que entrará lo abrazó con fuerza por la cintura aplastando sus pechos contra su espalda y apoyando la cabeza en la misma. Ranma se quedó rígido pero no huyó.
- Por favor, nunca salir juntos y querer estar contigo hoy - dijo melosa moviendo un poco su cuerpo para que él pudiera sentirla mejor y en un tono más bajo pero audible añadió: - No arrepentirte, airen. Shampoo puede hacerte sentir mucho mejor...
Las manos de ella bajaron rozando el cinturón de los pantanos chinos de su amado.
-Es-este... yo... -tragó duro y por un momento le recordó la perturbación de Mousse sin embargo viniendo de Ranma sólo le aceleraba el corazón.
En ese momento una bolsa de compras impactó contra la cara del joven Saotome.
-¡Mierd...!
Shampoo asomó la cabeza desde la ancha espalda de su amado.
Akane tenía el ceño fruncido y el brazo extendido en señal clara de responsabilidad por aquel golpe.
-Chica violenta siempre tan entrometida - le dijo sin apartarse de Ranma que se sobaba la cara por el impacto.
-Veo que están muy a gusto. No debo interrumpir - Akane se cruzó de brazos con las mejillas rojas de ira contenida- Kasumi, Nabiki, creo que debemos irnos ya. Ranma estará ocupado.
-¡Agh! ¿Qué te pasa, tonta? Eres una bruta.
-¡Y tú un sinvergüenza!
Ranma se percató de que aún era abrazado por Shampoo así que con rapidez tomo las muñecas de la chica y se deshizo del abrazo. Al alejarse el atuendo de la china fue más visible para Akane.
- Ya entiendo... ¡Pervertido!
- ¡¿Pero qué...?! ¡Cállate marimacho!
- De nuevo estos dos peleando -Nabiki salía junto con su hermana mayor de la tienda quien sonreía a pesar de llevar horas buscando un vestido adecuado y bonito.
- Lo que pasar es que Akane ponerse muy celosa. Normal -Shampoo se atusó el pelo- Siempre ser más bonita y Ranma preferir estar conmigo.
-¿Celosa yo? - Akane se reía sarcastica- ¡¿Quién estaria celosa de este idiota o de ti?! puedes ir con él donde se te plazca.
-¿Quieres dejar de decir estupideces? - Ranma se acercaba a Akane amenazadoramente.
- Ya no peleen, chicos -Kasumi tomo la palabra- Aún falta mucho que ver, apresuremonos.
- Si, Kasumi, tienes razón. Vámonos -soltó Akane con brusquedad dirigida a su prometido quien la miraba con la misma fiereza.
De un manotazo le quitó la bolsa y se adelantó siendo seguida por sus dos hermanas mayores acostumbradas a las riñas de la pareja.
-Esa tonta... - Ranma resopló sonoramente- ¡Akane, espera!
Quiso ir tras la bruta de su prometida cuando una fuerza contraria lo llevó hacia atrás. Frente a él Shampoo lo miraba con el ceño fruncido y agarrandolo fuerte del brazo. Por un momento se había olvidado de ella.
- ¡Ranma! Nosotros tener una cita, no poder dejar sola a Shampoo -se quejó ejerciendo toda la fuerza posible para mover al chico hacia el lado opuesto al cual se habían ido las Tendo. No hubo resultados, él era como una pesada piedra.
-Dejame, Shampoo... debo seguirlas - como pudo logró zafarse del agarre haciendo que la chica se tambaleara para atrás, estaba apuntó de agarrarla para evitar su caída pero por suerte la amazona tenía buen equilibrio y se mantuvo en pie- ¡Otro día tal vez!
Con ese grito que olía a mentira lo perdió de vista.
-¡Ahhhhhhh! -gritó Shampoo con frustración y gruñendo pegaba patadas al aire siendo vista con extrañeza por las personas que pasaban- ¡¿Qué mirar?! ¡Metiches!
Determinada en no dejarlo escapar se dirigía tras él de nuevo, no aceptaría está vez un "no" por respuesta.
...
Hizo nota mental de no usar nunca más aquellos zapatos. Se apoyó con una mano en la pared mientras se los sacaba con la otra, en su dedo índice y del medio los dejo colgar.
Un alivio para sus pies al tocar el suelo. No le importó estar aún en la calle, tampoco quien pudiera verla, simplemente pensaba en el placer de aquel dolor disipandose con lentitud.
Además... su imagen ya no le importaba como lo hizo en la mañana.
Había salido de su casa con una sonrisa de oreja a oreja y el entusiasmo en todo su caminar ¿y ahora?
Se rió sin una pizca de diversión.
Volvía al Neko-Hanten hecha un desastre; el pelo enredado, un semblante deprimente, con el maquillaje algo corrido bajo los ojos y sin zapatos.
Podía alcanzar a ver la entrada del restaurante de su abuela y su humor no pudo más que empeorar, no quería llegar y que su abuela la viera de ese modo, evidenciando su fracaso con respecto a Ranma. Tendría que escuchar sus sermones, el reclamó por no poder atrapar a un hombre. En esos momentos la anciana se volvía muy fastidiosa y deseaba ser sorda para no tener que soportar la "charla".
No había de otra. Era inevitable. Una nueva falla en su nieta.
Todo lo que había pensado para ese día se desplomó con un soplido.
A pesar de insistir, de perseguir a Ranma por casi todo el centro comercial, de insinuarle maravillosos momentos, de amenazarlo para obtener un día a su lado lo único que consiguió fueron negativas.
Cuando la paciencia la abandonaba lo siguió hasta el baño que Ranma había sacado como excusa para evitarla pero ella era una mujer sin miedo. Entró al baño de hombres siendo observada con sorpresa por aquellos que salían de allí pero la sorprendida fue ella, pues adentro no había rastros de Ranma, confundida buscó en cada cubículo sin encontrarlo. Desaparecido como su buen humor.
Gruñó y salió gritando del lugar.
Se le había escapado.
Un suspiro lastimero salió de su boca al recordar de nuevo su tarde en busca de una cita. Ranma no se daba cuenta de cómo la había lastimado.
Todos sus esfuerzos en vano.
Con una profunda respiración entró al restaurante, adentro sólo había dos clientes que pagaban su cuenta para irse, Mousse les sonreía y los despedía con amabilidad.
Sin saludar fue hasta la cocina y allí se sirvió un vaso de agua que furiosa acabó de un trago. No veía a su abuela por ningún lado y eso la tranquilizaba.
Apoyada en la mesada paso sus manos por el collar en su cuello, se había olvidado de aquella bonita joya. Se preguntó si Ranma la habrá notado.
Sacudió la cabeza. Estaba tan molesta con él, era un idiota que no se daba cuenta de que lo mejor para él era ella.
Suspiró con pesar. Ya quería irse a descansar para volver a la rutina mañana, no había más que hacer.
Mousse entró en la cocina en ese momento dejando con algo de brusquedad las bandejas con los platos vacíos sobre la mesada provocando un respingo en la joven de aspecto cansado.
-Ey, tener mas cuidado, Mousse - le reclamó preguntandole después: - ¿Dónde estar abuela?
-Fue a entregar unos últimos encargos.
-¿Por qué no ir tú? Abuela estar cansada.
- Lo hice toda la tarde. Infórmate antes de hablar.
Las palabras duras del chico la descolocaron. Imagino que tener que trabajar apenas llegar de viaje lo tenía irritado y que ella haya tenido la tarde libre le molestaba pero era lo justo, ella se había encargado de todo sin quejarse por casi un mes.
-¡Cuida como hablarme, idiota! - le gritó.
-¿Por qué? Así te gusta que te hablen ¿o no?
El chico volteó para mirarla fijamente con enojo, le sorprendió que a pesar de no llevar los lentes pudiera ubicarla y mirarla de esa forma tan prepotente.
-¿Qué decir, pato tonto? ¡No estar de humor para soportarte!
Se giró para dirigirse a su habitación sin querer soportar una discusión estúpida con él. Pocas veces se veía a Mousse de tan mal humor pero no sería ella quien lo soportaría.
El cuerpo le pesaba y antes de acostarse creyó conveniente un baño de agua tibia. Relajando sus músculos dormiría más profundo.
-Me imagino que no. Arrastrarte todo el día por Saotome debe ser agotador.
Se paró en seco al escucharlo. No sabía si de verdad había hablado o sólo eran palabras de su mente castigadora. Se dio la vuelta para mirarlo como si tuviera tres cabezas.
-¿Qué dices? -le preguntó incrédula y en el rostro del chico pudo ver la frustración. No fue su mente la que pronunciaron tales palabras sino el metiche y pesado de Mousse. Los ojos carmin pasaron a ser amenazadores y en chino le dijo:- Mejor cállate.
-¿Por qué? Sólo es la verdad ¿no? -respondió él en el mismo idioma- Te seguí. Cuando supe que irías tras él fui por ti, y pudo ver como te humillabas una vez más por el idiota de Saotome.
Mousse respiraba agitado al rememorar como la mujer que amaba iba desesperada por la atención de Saotome por casi todo el centro comercial; con el ceño fruncido se dio la vuelta para poder lavar los platos y no golpear algo.
-¿Fuiste atrás de mi como un perro faldero de nuevo? -Shampoo lo miraba furiosa y sus palabras iban con la intención de clavarse en él para que la dejará en paz- No te metas en mis asuntos, Mousse. Al fin y al cabo aquello que me recriminas es lo mismo que haces.
- No es lo mismo... -Mousse murmuró las palabras pero fueron escuchadas por ella.
Giró para quedar de nuevo frente a frente, prestandole toda su atención. Pensó en ese instante en que la veía tan pequeña pero de temer que no debió decir nada, es más, habría sido mejor jamas preguntarle a Cologne por la tardanza de su nieta y habría sido de maravilla si aprovechando un encargo no hubiera salido en su busca. Al parecer el masoquismo le gustaba cada vez más.
- Yo lucho por ti, Shampoo - le afirmó Mousse con un tono lastimero- Te doy todo de mi sin pedirte nada a cambio, jamás he buscado doblegar tu voluntad, nunca te he obligado a nada, a pesar de todo tus malos tratos siempre estoy ahí para ti. Pensando en como hacerte sonreír, haciéndote regalos sólo para verte feliz.
Shampoo fruncio el ceño al escucharlo, aún no veía nada de diferencia entre lo que ella buscaba hacer por Ranma con lo que Mousse alardeaba en ese momento. Ella nunca le pedía nada y era clara con sus sentimientos que según él no eran verdaderos.
- Yo no te pido nada de eso. No necesito de tus regalos, Mousse - le dijo acercándose unos pasos.
No estaba de animos para escuchar sus celos y mucho menos escuchar sus reprimendas y alardear todo lo que hacía por ella.
De un tirón se sacó el collar que al sentirlo lejos de su cuello lo extraño.
Sólo es un maldito collar y por aceptarlo no le debo nada -se dijo mentalmente.
Con mayor determinacion se lo aventó al suelo.
Mousse con ojos aflijidos miró aquel acto que acababa de rasgar su alma, sus palabras lo dejaron perplejo y con una herida tan grande que empezaba a faltarle el aire. Se quedó observando el suelo viendo como aquella joya que con tanto amor le había dado era despreciado por la mujer que amaba.
-Jamás sería lo mismo, Shampoo -agachandose con un temblor en toda su anatomía tomó su regalo entre sus dedos que parecia dejar de brillar con el rechazo- Tú sólo te amas a ti misma. Saotome no es más que un capricho para tu orgullo.
Mousse ya sentia las lágrimas queriendo caer por su rostro, apretó en un puño la joya conteniendo su llanto silencioso y volvió a mirarla.
Estaba ahí, parada con toda la fortaleza que podía, fingiendo la frialdad protectora y tan pequeña que a pesar de todo quería abrazarla y pedirle que descansará su pesar en él. En el fondo no era su culpa, no podía amar de forma tan desinteresada, simplemente porque en esa aldea de matriarcas nada era más importante que las leyes y los deseos de las mujeres, nunca se permitían el amor libre, olvidar su carácter combativo en cualquier cosa. Pero su Shampoo quería algo más, ella sufría por su capricho y actuaba como una amazona pero defendía sus pesares y soñaba con el amor que no debería ser de importancia para una guerrera. Shampoo ansiaba ser querida aunque no lo buscará de la forma correcta era lo que todos en el mundo alguna vez deseaban. No tenía dudas de que en cuanto pudiera aceptar ser amada por alguien que no fuera su prometido impuesto por leyes amazonas, sería capaz de brindar todo ese amor que sentía por ella misma hacia otra persona.
Tal vez no fuera él, pero eso ya habia dejado de importarle con el paso del tiempo, porque comenzaba a entender que la amaba más a ella que a el mismo y tal vez pasaría la vida entera en soledad viendola feliz con el amor que ella recibiría algun día y que le haya enseñado a no sentir miedo, mostrandole la libertad de los sentimientos y haciendo que pueda amar sin importar las leyes.
No quería verla así. No era así como debía ser, él tenia que cuidarla hasta que ella se alejara por siempre recibiendo la protección de alguien que supiera amarla.
Salió de la cocina en silencio con el regalo y el pesar de su corazón en sus manos.
Shampoo se quedó quieta unos minutos más y finalmente se dejó caer hasta el suelo sin soltar ni una sola lágrima pero el dolor la invadía con más fervor que cuando estaba viniendo de su fatídica tarde.
Continuará.
