Clarke POV
Supongo que finalizar algo es más fácil que intentar cumplir las expectativas más altas.
Estaba sentada en el columpio del patio, con las rodillas contra el pecho y mirando los mensajes y llamadas de Niylah. Habían pasado tres días desde que hablamos, y debo reconocer que me alegró escucharla, sin embargo, no tanto como pensé. No sentí esas cosquillas en el estómago, ni ese calor en el pecho, ni las constantes ganas de sonreír sólo con oírla. Eso me ocurría con Lexa. Y me molestaba que estuviera tan ligada a Niylah también aunque sólo porque me fuese inevitable pensar en cuánto sentí por mi antigua novia, y cuánto sentía ahora por una arrogante como Lexa.
La imagen de Lexa abrazando y consolando a Costia quemaba en mí como si fuera ácido para mis ojos y veneno para mi mente. Ni siquiera volví a mirarla a los ojos en toda la noche; sabía que podría hacerme perder el control de mis emociones si veía cierta alegría en ellos. No quería que Lexa abrazase a Costia, ni siquiera como amiga. No quería que Costia abrazase a Lexa. No quería que Lexa consiguiera el amor de Costia, y eso me hacía sentir egoísta, porque en un principio, mi intención era ayudarla a que mi amiga se enamorase de ella.
Pero estaba furiosa con Lexa, más allá de Costia. Lexa no estaba siendo completamente sincera conmigo, y el presentimiento de ser utilizada o formar parte de algo sin estar segura de querer ser parte, me amargaba la existencia. Quería que Lexa me contase todo. Quería que Lexa quisiera abrazarme a mí, y que no pensase más en Costia. Pero eso parecía imposible, y sabía que debíamos hablar de ello, al menos yo, para dejar clara mi postura. No podía seguir así, sintiéndome la punta marginada de un triángulo amoroso que ni siquiera era real porque, hasta donde yo sabía, Costia no sentía por Lexa más que cariño y atracción, de la misma manera que Raven por Finn o yo por Bellamy. Y aun así, no podía soportar que hubiera una posibilidad entre un millón de que Costia terminase enamorada también de Lexa.
- Clarke - escuché su voz justo frente a mí. Estaba tan ensimismada mirando mi móvil que ni siquiera sentí a Lexa llegar hasta mí. Ella iba vestida con pantalones negros, zapatillas viejas y una camiseta de tirantes. Quería abrazarla y besarla con ganas cuando me sonrió al hacer contacto visual. Parecía alegre y nerviosa de verme tan seria -. Te estaba buscando. Llevas días sin ir al acantilado.
Era cierto. Dejé de ir desde que deseé dejar de tener algo en común con Lexa. Si no podía tenerla para mí, no quería falsas esperanzas, y nuestros momentos en el acantilado, donde nadie más importaba o parecía existir, eran creadores de grandes esperanzas.
- Dentro de dos semanas me iré - dije desviando la mirada -. Supongo que era hora de dejar de ir. No debí encariñarme tanto con ese lugar.
Ella me entendió. Ella sabía que no me refería sólo al acantilado.
- No hay nada malo en eso, Clarke - murmuró Lexa con cautela. Ella tampoco hablaba del acantilado -. Yo creo que las cosas se deben aprovechar hasta el último momento.
- Es tu punto de vista - mi voz sonó ruda y tajante -. El mío es que no debes encariñarte con aquello de lo que deberás separarte. Es sufrir a lo tonto.
Lexa se removió inquieta en el sitio, todavía frente a mí. Esta vez fue ella la incapaz de mantener un duelo de miradas. Se sentó dubitativa a mi lado. Vi de reojo que estaba a punto de contestarme cuando observó fijamente mi móvil. Su mirada cambió, su expresión se congeló y su mandíbula se tensó.
- ¿Niylah? - preguntó seria, casi enfadada -. ¿La has llamado? ¿Qué pasa contigo, Clarke? ¡Te engañó! Y tú vas y la llamas. ¿Acaso no tienes dignidad?
Sentí todas mis células vibrar, mi piel erizarse y mi sangre hervir cuando la enfrenté por fin.
- ¿Precisamente tú me dices eso? - vociferé furiosa levantándome de su lado.
Lexa no se inmutó ante mi rabia, lo cual hizo que quisiera golpearla más.
- Precisamente yo te lo digo, porque te entiendo. Llevas meses diciéndome que pase de Costia, que la olvide, y sé que tienes razón cuando dices que dejar de esperarla me haría más feliz, pero soy débil- se frotó la cara con las manos, tratando de tranquilizarse, y cuando me miró, sus ojos parecían suplicantes -. Tú no, Clarke. Te he visto, te conozco. Eres más fuerte que cualquier persona que haya conocido, y sé que puedes pasar de esa tía porque entiendes que no te merece. Te envidio por poder mantenerte fuerte incluso cuando te golpean, y si la llamas de nuevo, no serás la persona que creía conocer.
Era un chantaje emocional sutil y rastrero viniendo de alguien que estaba en mi misma posición sentimental.
- Siento decepcionarte - tragué saliva para deshacer el nudo de mi garganta -. Supongo que en realidad no nos conocíamos tan bien.
Era una mentira como una catedral, y ambas lo sabíamos. Las dos guardamos secretos, pero nos conocíamos de sobra.
- Sabes que eso no es cierto - se levantó también, quedando demasiado cerca para mi gusto. Su mano se alzó buscando algún contacto conmigo, pero di un paso atrás. Su expresión cayó ante el rechazo -. Clarke, por favor, piénsalo.
- Ya lo he pensado - repliqué con terquedad -. He tenido mucho tiempo para pensarlo. ¿Qué ha cambiado ahora? - decidí presionar al ver que mordía su labio, indecisa -. Dame una razón para no llamarla de nuevo y pedirle que venga a buscarme.
Lexa me besó. Era un beso furioso, angustiado, desesperado, y en el me decía todo lo que no hablaba, pero no era suficiente esta vez. Quería oírla. Quería escuchar cómo sonaban en su boca las palabras que llevaba tiempo esperando oír más que en sueños.
Haciendo un gran esfuerzo, me libré de su firme agarre en mis hombros y de sus labios carnosos.
- Clarke ... - suplicó, pero yo quería saber qué era por lo que suplicaba. Era incapaz de seguir conformándome con tener la mitad de su corazón, o sólo lo que tenía de cintura para abajo. Quería todo de Lexa, todo o nada, y, si yo no podía exigirle tener todo de ella, Lexa no podía suplicarme que me conformase.
- Dime lo que quiero saber - pedí jadeante, ella todavía estaba muy cerca, y mis manos agarraban las suyas para impedir que me abrazase de nuevo. Tenía miedo de no poder soltarme otra vez. Sabía que sería incapaz de alejarme de nuevo -. Dime lo que tienes que decir.
- Me gustas, Clarke - confesó, pero esa ya lo sabía. Seguía sin ser suficiente.
- No voy a estar siempre, Lexa. No puedo pasarme toda la vida esperando. No soy así. No soy como tú - cogí aire y logré mantener mi mirada en la suya -. Me gustas, mucho. Y sé que dijiste que esto se acabaría, pero yo no puedo evitarlo. No puedo dejar de sentir.
Los ojos verdes de Lexa parecieron congelarse con mis palabras, y sus manos se alejaron de las mías como si quemasen.
Me sentí golpeada por su rechazo, mi autoestima minada y mi seguridad, vulnerable.
Estuvimos mirándonos en silencio; ella sopesando la gravedad y el significado de mi confesión y yo esperando una reacción que no fuera una mirada contenida y recelosa.
- Te vi con Costia - comencé a decir en vista de que su silencio no iba a romperse -. Pero eso ya lo sabes. Esa noche contesté la llamada de Niylah. Me pidió que volviera una semana antes a la ciudad, que podría venir a buscarme y tendríamos una semana para hablar las cosas tranquilamente - suspiré. Lexa miraba a todos lados, sus manos temblaban y su mandíbula se apretaba constantemente. Di un paso al frente y rocé su mano con la mía, queriendo sentirla cerca de nuevo y hacerle ver que no debía temer nada -. ¿Sigues enamorada de Costia? ¿ha cambiado algo desde que nos conocimos? - pregunté en voz baja, sorprendiéndola.
Lexa me miró a los ojos, y sé que fue sincera cuando contestó.
- Sí.
- ¿Qué?
Fue ahí cuando se cerró en banda de nuevo, cuando yo le pedía explicaciones. Lexa estaba acostumbrada a no dar explicaciones, y yo a leer a través de la gente, pero necesitaba respuestas reales y no monosilábicas.
- Clarke, es más complicado que eso.
- ¿Por qué? - presioné cabreada -. Es simple, Lexa. ¿Acaso siente Costia algo por ti? Dime de qué hablasteis, qué te dijo aquel día cuando le confesaste que estabas enamorada.
Lexa estalló.
- Me rechazó, ¿vale? - exclamó enfadada, pero no decidía si lo estaba conmigo o con Costia -. ¿Eso querías oír? Me dijo que lo sentía, que quería a otra persona, que no podía estar conmigo.
Frunzo el ceño y los nervios ante la desinformación me ponen en alerta. Costia no me dijo que sintiese algo por alguien. ¿Por qué a Lexa sí? Me sentí traicionada por ambas, y eso me puso furiosa. Traté de mantener alejado ese sentimiento cuando miré de nuevo a Lexa. Intenté no plantearme que Costia me mintió sobre sus sentimientos hacia Lexa. Intenté no imaginar que ella pudo notar algo entre Lexa y yo y rechazarla por eso, porque entonces Lexa me odiaría. Ella me acusó una vez de ser su problema. ¿Yo era su problema? ¿impedía yo que Costia correspondiera a Lexa?
- ¿De quién?
Lexa se puso tiesa y apartó de nuevo la mirada. Quise gritarle y obligarla, incluso físicamente, a que me enfrentara, pero debía respetar su espacio personal o todo iría a peor.
- Eso no me corresponde a mí decirlo - contestó escuetamente.
- ¿No confías en mí?
- ¡No es por eso, Clarke!
- Dijiste que no querías que alguien sufriera, que yo era tú problema - me fui acercando a ella paso a paso mientras Lexa retrocedía con la mirada encendida -. No querías que Costia se enterase de que follábamos, y aseguraste que esto terminaría si me enamoraba de ti. Merezco una explicación, Lexa, y si no me la das, puedes irte a la mierda.
Ella cayó al columpio de nuevo cuando intentó evitar que la golpease al girarme para entrar al salón.
- Te he dicho lo que siento por ti - me sujetó cuando traté de marcharme, con su cuerpo casi pegado al mío -. Me gustas mucho, Clarke, y si hay alguien que ha conseguido que deje de pensar en Costia, y que su rechazo no me haya dolido tanto, eres tú.
- Entonces merezco saber qué pasa - sentencié seriamente -. Costia es mi amiga.
- También es amiga mía - dijo Lexa.
- No es una cuestión de amistad en tu caso, Lexa - negué con la cabeza -. Es por eso que me siento mal. Es como si, por mucho que yo te guste y tengas superada a Costia, nunca podría ocupar su lugar.
Lexa pareció dolida con mi inseguridad, pero también molesta por el ultimátum camuflado.
- No me hagas elegir, Clarke - amenazó.
Mi corazón se sintió cruelmente aplastado y retorcido, previendo lo que Lexa diría y haría.
- Porque la eliges a ella - aventuré con mis ojos húmedos.
Lexa negó con la cabeza.
- Porque no es justo - replicó frunciendo los labios -. Es injusto que me hagas elegir entre una amiga de toda la vida de quien estuve enamorada, y la chica que ahora me gusta, pero que piensa en hablar con la ex que la engañó para ver qué pasa.
La empujé con fuerza, harta de aguantar tantos celos y rabia para que Lexa me echase en cara algo en lo que ella también se había equivocado. Estábamos en la misma situación, pero ella no se sentía manipulada. Yo no tenía un secreto escondido. Yo no le ocultaba las cosas. Ella a mí sí, porque Costia estaba implicada.
- Que te den, Lexa - siseé tragando las lágrimas. Ella me miró con la respiración acelerada y los puños apretados hasta tener los nudillos blancos.
Entré en la casa hecha una furia sin importarme si Lexa me seguía o no. Quería que se fuera lejos. Quería irme lejos. Quería dejar de sentir cualquier cosa por ella. Quería poder odiarla, poder dejar de sentir que el mundo se sacudía bajo mis pies cuando me miraba. Cerré la puerta de mi habitación de un portazo, sin molestarme en contestar a Raven cuando ésta me llamó, confusa.
Ni siquiera intenté disimular que estaba llorando cuando Raven entró y me miró asustada.
- ¿Puedes decirme qué ha hecho o dicho la mapache imbécil para que rompas una racha de tanto tiempo sin llorar?
Negué con la cabeza. No podía decirlo todo de golpe, así que era más fácil callarme.
Raven se sentó a mi lado y acarició mi pelo. No me preguntó nada más, ni sacó una libreta llena de preguntas preparadas o una grabadora para captar mis respuestas; sólo se quedó a mi lado, y su silenciosa comprensión me dio más apoyo que cualquier consejo inútil de alguna película surrealista.
Hablé cuando sentí que mi cerebro lograba contactar con los restos de mi corazón, y estos se formaron para juntar el único sentimiento que me quedaba: dolor. Mi cerebro lo procesó y mandó a mi boca las únicas palabras que dije en lo que quedaba de tarde.
- Ella siente algo bonito de verdad, pero no es por mí - respiré hondo para tener más lugar donde dispersar el rechazo -. Ella eligió a Costia, y soy estúpida por alegrarme, muy en el fondo, de que al final tuvo lo que quería.
- Eres idiota - fue la conclusión de Raven, y no pude estar más de acuerdo -. Las mejores personas suelen ser idiotas. Sólo tienes que aprender a ser un poco perra y verás que vales mucho más como para ser segundo plato de nadie. Tú lo superarás y Lexa se arrepentirá. Unas tetas como las tuyas no las tiene cualquiera.
Ni siquiera logré sonreír, así que hice mi mejor esfuerzo por agradecérselo con una mirada.
- No le deseo el mal, pero ojalá se caiga por unas escaleras que la lleven a un camión de basura que la tire en el vertedero más grande del planeta, donde acabe enterrada en mierda que valga más que sus palabras - dijo impasible.
Sonreí levemente. Ésta era mi Raven.
- A veces desearía que fueras lesbiana - bromeé.
Ella me lanzó una mirada divertida y soberbia.
- Todas las chicas desean que sea lesbiana. Normal, soy la caña - dijo muy ufana. Luego me guiñó el ojo -. Pero tranquila, rubia; te elegiría a ti primero.
"No como Lexa". Pateé lejos la sensación de rencor. Lexa no se merecía que me enfadase ni que perdiese un segundo de mi vida más pensando en ella.
Esa noche fue la última vez que subí hasta el acantilado, pero sabía que el sabor amargo de mis lágrimas no eran por despedirme sólo de aquel lugar.
Me senté en el borde con las manos acariciando la hierba y la tierra, y mi mirada perdida en el océano.
- Lo siento - escuché su voz a mis espaldas. No me molesté en moverme o contestar, así que Lexa suspiró y se sentó a mi lado. Aparté la mano cuando ella trató de cogerla
- ¿Qué es lo que sientes, exactamente? - pregunté cabizbaja, sin atreverme a mirarla. No quería llorar delante de ella. No se lo merecía.
- Siento no poder decirte lo que quieres saber, pero le hice una promesa a Costia. Me gustaría ser egoísta y contártelo todo, pero sólo intento protegerte - explicó frustrada -. Hay cosas que es mejor no saber, Clarke.
- Me gustaría poder decir que querría olvidar algo que me contaron y, de saberlo, hubiera preferido ignorar - dije al cabo de un rato -. Me gusta saber las cosas si estoy implicada en ellas, incluso si me van a doler. ¿Entiendes eso?
- Sí - contestó sin dudar. Esta vez permití que su mano agarrase la mía, y me quedé observando esa unión demasiado tiempo -. ¿Entiendes tú por qué no puedo contártelo?
- Sí - admití porque, de hecho, la entendía. No podía obligarla a decidir entre dos personas que le importaban, porque eso implicaría fallarle a alguna y era egoísta pretender que fuera a mi amiga a quien le fallase. Lo cierto es que preguntaba con miedo a saber la respuesta, y tenía tanto miedo y veía tantas posibilidades de salir herida, que preferí dejar de preguntar.
- Me gustaría poder empezar de cero - dijo Lexa -, y que las cosas hubieran sido diferentes. Me di cuenta tarde de muchas cosas; supongo que no estaba preparada para ellas. Pero quería que supieras que de haberos conocido a Costia y a ti al mismo tiempo, ni siquiera me habría fijado en ella. Nunca habría pasado esto, no hubiera sido una competición. Habrías sido sólo tú, Clarke.
- Habría sido - repetí con una sonrisa triste -. Pero no fue así.
Eso era, en cierta forma, lo que llevaba deseando oír durante meses, y lo último que esperaba es que no fuese suficiente. Porque sí, Lexa me había escogido, tarde y mal, con un "Pudo ser" que no sería, pero lo había hecho. Sin embargo, yo no quería que tuviera que elegir o pensárselo. Quería ser todo lo que siempre quiso, yo y nadie más.
Así que cuando hablé de nuevo, lo hice diciendo lo que Lexa menos esperaría oír tras la confesión.
- Bellamy vendrá a buscarme mañana por la mañana - dije mirando el océano a mi pies -. Costia ya lo sabe, y Raven también. Supongo que tú también debías saberlo.
Lexa pareció atragantarse con algo, y sus ojos brillaban. A diferencia de aquella vez que la vi cerca de llorar por Costia, esa noche no se molestó en disimular que estaba a punto de llorar.
No supe quién se acercó para besar a quién, pero sí que fue el beso más amargo y triste que Lexa y yo nos dimos.
- Supongo que esto se ha acabado - su voz se quebró incluso cuando habló en un susurro para evitar sonar débil.
- Para acabar algo debes empezarlo - repliqué mirándola -¿Acaso hay algo que acabar?
Lexa suspiró antes de besarme de nuevo. Al separarse, su mano buscó mi antebrazo y lo apretó en un gesto de despedida que devolví sin dejar de mirar sus ojos verdes. Se veían claramente, y me pregunté si la primera vez que nos vimos fui incapaz de distinguir su color porque veía más allá de Lexa. Ahora sólo podía fijarme en ella, y ella debía desaparecer de mi vista para que yo no acabase herida de nuevo.
- Que volvamos a vernos - susurró resignada.
Me levanté y comencé a descender por el sendero sin mirar atrás.
Las despedidas son más difíciles cuando sabes que son definitivas, pero lo que mal empieza, mal acaba.
Siento si hay algún fallo. Gracias por leer :)
