Disclaimer: Glee no me pertenece. La idea original y los personajes son propiedad de Ryan Murphy.
XIV
- ¿Porqué demoran tanto?- inquirió Kurt, nervioso, mientras se ponía de pie por décima vez en los últimos quince minutos.
- Está dando a luz a mellizos, Kurt. No es un Combo del McDonalls.- respondió Blaine, tratando de calmarlo. Amy se había quedado dormida en la falda de Leroy, y Harry jugueteaba con el gorro de Burt.
- Voy a preguntarle a la enfermera.- murmuró Carole, incorporándose. Se chocó con la brillante sonrisa de su hijo al abrir la puerta.
- ¿Y?- preguntaron todos al mismo tiempo. Amy se despertó entonces, y corrió hasta su padre.
- ¡Están todos bien! Rachel estuvo fantástica y los bebés son… son hermosos, ya van a verlos.- les explicó él, abrazando a su entusiasmada hija y recibiendo los abrazos del resto. Kurt y Amy corrieron hasta la habitación, irrumpiendo en ella como un par de niños en la mañana de Navidad.
- Tranquilos que están dormidos.- dijo Rachel, llevándose un dedo a la boca. Finn alzó a Amy para que ésta pudiera ver, y todos se reunieron alrededor de las dos cunas.
- Ésa es Fanny Carole Hudson-Berry, y éste es Christopher Leroy Hiram Hudson-Berry.- explicó Finn, señalando a sus hijos. Tanto Carole como Hiram y Leroy miraron a sus hijos, con agradecimiento en los ojos.
- Son perfectos.- murmuró Amy, mirando a sus hermanos y pasando una de sus manos por la nariz de Christopher. El bebé se despertó y miró a su hermana a los ojos, sorprendido. Amy sonrió.- Hola Chris. Eres muy lindo.- le dijo.
- Te felicito, Rach. Son hermosos.- dijo Kurt, acercándose hasta ella y besándola en la frente. Carole tomó a Chris en sus brazos.
- Es igual a ti, cariño. Tiene tus ojos.- le murmuró a su hijo, claramente orgullosa, acercándose hasta Rachel y dándole también un beso.
- ¡Oh, y Fanny tiene los tuyos!- exclamó Hiram, en cuanto la niña se despertó y su padre la tomó en sus brazos.
- ¡Quiero verla, quiero verla!- pidió Amy, dando un par de saltitos. Finn se sentó en el sillón, y le indicó a la niña que se acercara.
- Hola Fanny.- murmuró Amy, besándole la frente. Finn se la pasó a Leroy, y le dejó sentarse en el sillón. Se acercó hasta Rachel, abrazándola por los hombros y besándole la frente.
- ¿Porqué no intentas dormir? Ahora estarán entretenidos por un buen rato.- le murmuró, mientras ella se acomodaba más en sus brazos, cediendo ante el cansancio. Sintió las voces de su familia, los pequeños quejiditos de sus hijos, la risa contagiosa de Amy y la respiración de Finn chocando contra su frente, mientras sus labios sonreían contra su cabello. Sintió, sobretodo, que nunca volvería a ser la misma, que nada en la vida tendría el mismo sentido ahora. Tal y como el día en que había besado a Finn por primera vez, y tal y como el día en que se habían casado en la improvisada boda en el gimnasio. Éste día la había cambiado para siempre, y no podía sentirse más feliz.
- oo -
Se movió un poco en la cama, sintiéndose adolorida. Le costó, por un segundo, recordar adonde estaba, pero bastó con abrir los ojos para ponerse en órbita. Finn dormitaba a su lado en un incómodo sillón de hospital, y Amy estaba tiesa, expectante, parada entre las cunas de sus hermanos, estirando su cuello para mirarlos.
- ¿Adonde están todos?- le preguntó a su hija, algo dormida aún.
- Fueron a cenar.- le explicó ella, con un murmullo exagerado.
- ¿Y porqué no los acompañaste?- dijo Rachel, sentándose en la cama. Amy la miró extrañada.
- Mamá… tenía que cuidarlos.- exclamó, casi ofendida, como si Rachel le estuviera preguntando lo más básico del universo. Su madre sonrió.
- ¿Puedes hacer algo por mi?- la niña asintió, de forma solemne.- Tráeme el pequeño paquete dorado que hay en el bolso gris.- le ordenó. La niña obedeció, corriendo hasta su madre y entregándole el sobre. Rachel le indicó que se sentara a su lado en la cama.
- Ábrelo.- le dijo. Amy rompió la envoltura y sacó la cajita que ésta contenía. La abrió rápidamente, sonriendo en cuanto vio los dos pequeños pingüinos de plata que había en el interior. Rachel los tomó para ponérselos en el brazalete que la niña llevaba, y ambas se quedaron mirándolos por un momento.
- Tal vez ahora no lo entiendas… pero si no fuera por ti, Amy, yo no habría podido hacer nada de esto. Te debo… te debo demasiado.- le murmuró, abrazándola, mientras miraba a Finn de reojos. Volvieron a quedarse en silencio hasta que Chris despertó y comenzó a llorar. Finn saltó en el sillón, prácticamente corriendo hasta la cuna de su hijo y tomándolo en sus brazos.
- ¿Qué ocurre campeón?- le preguntó, meciéndose un poco. Fanny se despertó también entonces, sintiéndose molesta por el ruido que su hermano generaba.
- Probablemente tengan hambre. Tráeme a Chris primero.- dijo Rachel, extendiendo sus brazos y tomando a su hijo. Finn alzó entonces a Fanny y comenzó a mecerla tal y como había hecho con su hermano unos momentos antes.
- ¿Porqué no le cantas?- propuso Amy, al ver que su padre comenzaba a entrar en pánico.
- ¿Qué quieres que cantemos?- inquirió Finn, aceptando la idea y sentándose de nuevo en el sillón. Amy lo meditó durante un segundo.
- ¿Cuál es la canción que me cantabas a mi?- le dijo, mientras volvía a sentarse al lado de su madre que trataba de darle de mamar al ahora tranquilo Chris. Finn sonrió, y comenzó a cantar suavemente, casi en un susurro.
- "Oh, why you look so sad? Tears are in your eyes. Come on and come to me, girl. Hey, don't be ashamed to cry…"- Rachel comenzó a cantar junto a él, y Fanny se paralizó. Miró a su padre directo a los ojos, como si escucharlo armonizar con su madre fuera lo más maravilloso del mundo. Para cuando Finn y Rachel terminaron la canción, Chris ya había vuelto a dormirse y Fanny se entretenía alimentándose de su madre. Amy sonrió, sentándose en la falda de su padre.
- Sí, definitivamente van a necesitarme.- exclamó, soltando un suspiro dramático y acomodándose en el pecho de Finn. Éste sonrió y miró a Rachel de forma cómplice.
- Claro que te necesitamos, cariño. Somos un equipo.- le dijo su madre, mientras Finn acercaba el sillón hasta la cama y tomaba la mano de su esposa en la suya, dándole un apretón.
- Somos un equipo.- repitió, mirando primero a Amy, luego a Chris, que dormía en su pequeña cuna, y por último a Fanny, que le devolvió la mirada desde los brazos de Rachel. Finn pensó que posiblemente no existían ligas de Familias, pero la suya si que patearía traseros si así fuera.
-oo-
- ¿Cuánto tiempo más deben estar allí dentro?- inquirió Finn, mirando a sus hijos a través del grueso vidrio.
- Sólo un par de horas más, es un simple monitoreo para asegurarnos de que todo está bien y después… nos vamos a casa.- respondió Rachel, apoyando su cabeza en el pecho de su marido mientras él la envuelve con sus brazos.
- Perfecto. Podremos ver el partido en casa, entonces.
- Por enésima vez, Finn… debes ir al partido, es tu responsabilidad.
- ¡Rach, debes estar bromeando! ¡No voy a abandonarte dos días después de dar a luz a nuestros hijos por un estúpido partido de football!
- ¿Sabes? Cuando te lo propones eres bastante dramático.- dijo ella, con una sonrisita, quitando la vista de sus hijos y girándose en sus brazos para verlo a los ojos.- Es tu trabajo, cariño. Ellos te necesitan.
- Ustedes me necesitan.
- Sí, claro que te necesitamos, pero no vamos a morirnos porque te vayas un par de horas.- bromeó, acariciándole las mejillas.- ¿Cuánto has trabajado para llegar a esto, Finn? ¡Es la final! ¡Es tu sueño!
- Tu eres mi sueño. Esos dos paquetes que hay allí son mi sueño.- murmuró él, con una sonrisa, apoyando su frente en la de su esposa. Rachel también sonrió.
- Entonces hazlo por nosotros, por ellos. Ve y gana ese partido, vuelve a casa con ese premio. Dales a tus hijos una razón más para estar orgullosos del increíble y maravilloso padre que tienen. Hazlo por mi. Por todos esos años en los que creí en ti ciegamente.- dijo Rachel, mirándolo fijamente a los ojos marrones que tanto conocía. Finn lo meditó por un momento, devolviéndole la mirada.
- No es justo lo que haces. Sabes que eres mi punto débil.- respondió, sonriendo de nuevo, acercándose para besarla directamente en los labios, abrazándola más fuerte de la cintura y jugando con la suave tela de la bata del hospital.
- ¿Papi?- dijo la voz de Amy, tímidamente, apareciéndose en el pequeño corredor.
- ¿Si, pulga?
- El tío Blaine dice que está por ir al estadio. Si quieres ir con él deberás apurarte.- le explicó, mientras su padre la alzaba en brazos para que pudiera ver a sus hermanos, que aún dormían plácidamente en sus cunas transparentes. Finn miró a Rachel por un segundo, y ésta asintió con la cabeza, como asegurándole que todo estaría bien.
- Rómpete una pierna.- le murmuró, en cuánto él ser acercó para besarla como despedida.
- Te amo.- respondió él, casi histriónicamente, con la misma urgencia y sinceridad que aquella primera vez, casi quince años atrás.
- ¡Papi!- le gritó Amy, persiguiéndolo por el pasillo antes de que él y Blaine salieran del hospital.- Quiero darte esto, así lo llevas como amuleto.- le dijo, entregándole el pequeño brazalete plateado. Finn se arrodilló en el suelo, para estar a su altura, y tomó a su hija por los hombros.
- Tú vas a cuidarlos, ¿no?- le murmuró, mirándola fijamente a los ojos, y sonriendo al ver como el pecho de Amy se inflaba de orgullo.
- Por supuesto, papi. Ése es mi trabajo.- respondió Amy, con solemnidad. Por estúpido que parezca, no fue hasta entonces que Finn sintió que estaba haciendo lo correcto.
-oo-
El partido se presentó difícil, pero todas las finales son así. El público de los Jets, vestidos de azul y rojo, gritó a sus jugadores durante todo el partido, y aún así la voz del asistente Hudson podía oírse sobre el ruido de la multitud. Ésta no era sólo otra final para Finn. Podía ser así para sus jugadores, que estaban acostumbrados a pasarse de un equipo a otro, levantando trofeos y subiendo a podios, y podía ser así para el entrenador Parker, cuádruple campeón con dos equipos distintos, pero no para aquel joven de Lima, Ohio, que había ganado en su vida un solo título (del que, después de todo, estaba increíblemente orgulloso. No todos los días se es campeón Nacional en la competencia de coros). Aquél día, a Finn no le importaban las luces, las entrevistas, las columnas deportivas que lo proclamaban uno de los artífices del triunfo (lo cual era cierto, considerando que él había sido el que había programado las seis jugadas de los TouchDowns que los llevaron a la victoria) ni el asenso en su carrera. No, aquellos eran sólo condimentos. Por primera vez en años, Finn sentía que estaba a la altura. Era el mejor en lo que hacía, en lo suyo. Finn Hudson era, sin lugar a dudas, la Rachel Berry de los entrenadores de Football. Miró entonces a las cámaras, a las decenas de luces que lo enfocaban, y pensó en ella. Ella que, de seguro, estaba gritando y saltando en el living de su casa, llorando de la alegría, abrazándose con Amy, con Kurt, con sus padres. Ella que, dos días antes. le había dado el mejor premio de su vida. No le importaba si hay otras cien millones de personas mirando esto por sus televisores. Finn miró a las cámaras sintiéndose triunfador, sintiéndose completo, sintiéndose ese hombre que ella esperaba que fuera. Rachel había creído en él aún cuando él no creía en si mismo, no se creía capaz, no se conocía. Y Finn pensó, con una sonrisa, que los fans de los Jets no tenían ni idea de cuánto de aquél premio le debían a Rachel Berry.
- ¡Chris no lloró en todo el partido! Deberías haberlo visto, Finn, se quedó en los brazos de Burt todo el rato, con los ojos abiertos, sin siquiera hacer un sonido. Y Fanny durmió toda la tarde, así que supongo que se despertará en cualquier momento.- dijo Rachel, horas después, cuando ambos se acostaron en su cama al terminar la cena familiar que ella y Kurt habían organizado para Blaine y él. Finn dejó el pequeño monitor en la mesita de luz y se acostó a su lado, abrazándola con delicadeza. Ella lo miró directamente a los ojos, sonriendo, y por unos momentos se quedaron así.- No sabes cuán orgullosa estoy de ti, Finn.- murmuró después de un rato, acariciándole una de las mejillas.- Aun si no hubieran ganado habría estado orgullosa. No puedo ser muy objetiva cuando se trata de ti, de todas formas.- bromeó. Finn sonrió y le besó la palma de la mano, acercándose más a ella en la oscuridad.
- Yo también estoy orgulloso de ti, cariño. Lo que hiciste en estos días, durante el parto y… esas cosas… estuviste increíble.
- Tu también lo estuviste. Yo no podría hacer ni la mitad de las cosas que hago si no te tuviera conmigo. Tu me das… la fuerza que necesito.- confesó Rachel, cerrando los ojos y cediendo ante las caricias de Finn.
- Entonces estoy orgulloso de nosotros. De ti y de mi. Hoy más que nunca.- respondió él, besándola en la frente y abrazándola fuertemente, dejando que ella apoye su cabeza en su pecho.
- El sexo de la Victoria tendrá que esperar.- bromeó ella, serenándose al ritmo de los latidos del corazón de Finn.
- Cántame algo.- pidió él, en un murmullo. Ella obedeció.
- "Oh, my man… I love him so. He'll never know. All my life is just dispair, but I don't care. When he takes me in his arms, the world is bright… all right. What's the difference if I say "I'll go away"? When I know I'll come back on my knees some day. For whatever my man is, I'm his… for ever more".- cantó, en una voz dulce y suave, mientras jugaba con los nudillos de su esposo.
- ¿Eres mia sin importar que sea?- inquirió él.
- Sí. Soy tuya siempre.
- ¿Cómo cuando por ejemplo?
- Cuando ganas y cuando pierdes… cuando tienes un mal día. Cuando olvidas las cosas que te pido que me compres. Cuando eres el esposo más dulce del mundo, o al entrenador de Football, o el baterista amateur. Cuando eres un amigo, un hermano o un hijo increíble, y cuando eres un padre ejemplar. Sobretodo cuando eres un padre ejemplar. Lo que sea que seas… eres Finn. Y yo, Rachel, soy tuya.- murmuró ella, entrelazando sus dedos y jugando ahora con la alianza de Finn. El cómodo silencio se vio interrumpido entonces por el llanto de un bebé, proveniente del pequeño dispositivo que reposaba en la mesa de luz.
- Tu duerme, que yo me encargaré de ser el padre ejemplar ahora mismo.- le murmuró, besándole el cabello y acomodándole las sábanas.
- Hay leche en la heladera y los pañales están en el…
- Canasto amarillo, sí, lo sé.
- ¿Finn?
- ¿Si?
- Te amo.
- … yo también te amo, cariño. Ahora duerme. Te tocará despertarte cuando Chris se despierte.
- Sabía que esto debía de tener su trampa.
