Nota: Todos, los personajes, lugares y nombres son parte de la maravillosa obra de Tolkien. Al fin pude terminar este capítulo, que no es mucho, pero lo publico porque la historia debe continuar. Muchas gracias a todas las personas que leen este fanfic, a los que además me escriben algunas líneas de aliento o me dejan amables comentarios.

Capítulo 14

El príncipe Imrahil llegó acompañado de tres de sus cuatro hijos para asistir a la boda real. Elphir, el mayor, permaneció en Dol Amroth para dirigir la ciudad en ausencia del príncipe. Tarea que no debería ser muy complicada con la paz definitiva a punto de ser alcanzada. Imrahil, además sería testigo de la firma del acuerdo de paz entre Gondor y Harad.

Aragorn recibió a los visitantes de Dol Amroth en las puertas de la ciudad. Los naugrim de Erebor ya habían comenzado las tareas de reconstruir las puertas, mejores que las que se tenían, dijo Gimli.

—Es un honor tenerte de vuelta en Minas Tirith —saludó el rey acompañado de sus inseparables amigos, Legolas y Gimli.

—El honor es mío —respondió Inrahil —, a mis hijos ya les conoces, Erchirion y Amrothos —los muchachos saludaron cortésmente, detrás de ellos una joven de cabellos oscuros y ojos grises saludó también —. Ella es mi hija Lothiriel.

—Veo porqué no la trajiste en la época de la guerra —dijo Aragorn —, querías mantener a salvo a tu joya más preciada y lejos de las confrontaciones.

—Mi señor Aragorn.

—Hermosa dama Lothiriel, estos son mis amigos: Legolas y Gimli.

—Es un gusto conocer a los descendientes de Mithrellas —dijo Legolas.

—Una joven encantadora —siguió Gimli —. Sería un gran honor para mí si me permitiese escoltarle mientras vamos al séptimo nivel.

—Pero Gimli, tú no sabes montar a caballo —dijo Legolas en un tono serio—, ¿no pretenderás que la hermosa joven haga todo el trayecto a pie? —el tono de Legolas mutó a uno más alegre — Con gusto yo seré su escolta.

—De ningún modo —respondió Gimli —, contaba con que tú me llevaras y así yo sería la escolta de nuestra ilustre invitada.

Aragorn sacudía su cabeza porque las semanas habían sido largas junto a Legolas y Gimli. Eran buenos compañeros de batalla, pero estos días no se habían dedicado más que a discusiones fútiles sobre dónde debería haber un patio de baldosas o un jardín. Ahora parecía que ellos no perdían la oportunidad para iniciar alguna competencia sin sentido y hoy era claro que Lothiriel se había convertido en el objeto de una nueva.

—Las discusiones entre elfos y enanos pueden durar días Imrahil, te sugiero que iniciemos el ascenso a la ciudadela.

—Acepto tu sugerencia —respondió el príncipe, luego cambió de tema para preguntar—. Dime ¿Ha llegado ya el rey de Harad?

—Se espera que llegue en un par de días —respondió Aragorn —. Si yo hubiese ido por Eowyn no me habría encontrado.

—Eso ha debido entristecerle —dijo Lothiriel que estaba escuchando la conversación. A la joven parecía no importarle que enseguida cayeran sobre ellas las miradas de sus hermanos con cierto aire de reproche.

—Lothitiriel es todavía joven y suele decir lo que piensa —dijo Erchirion a manera de disculpa.

—Lo que me parece una costumbre admirable —dijo Aragorn —, además no ha dicho nada malo. Tienes razón — le dijo Aragorn a la joven —, por eso le escribí una carta con mis más sinceras disculpas.

—No sé si yo lo entendería —dijo la joven —, pero como dice mi padre suelo dejarme llevar por mis sentimientos. Yo no podría ocultar mi decepción o fingir lo que no siento.

Legolas se acercó a la joven.

—Nunca cambies hermosa doncella —dijo Legolas extendiéndole el brazo a la joven para escoltarla hasta su montura —. Eres en verdad una hija de Mithrellas.

Gimli solamente resolló, el elfo se le había adelantado esta vez.

Fue un amanecer rojo el que despidió a Eowyn de Edoras. Una corte de doncellas de Meduseld le acompañaban. Jóvenes de cabellos dorados y mejillas rosadas. A decir verdad, no eran personas muy cercanas a Eowyn, porque durante el tiempo de Lengua de Serpiente, en su afán de mantener el control sobre Theoden, el aislamiento era su estrategia más certera. Por eso casi no existía presencia de nadie más que los guardias, Theodred y los hijos de Eomund, personas que el pérfido consejero tenía en mente quitar del camino para tener el control total de Rohan.

Ahora, con Eomer rey, las cosas habían cambiado y el castillo dorado estaba abierto a los habitantes de Edoras y ya no era un sitio sombrío cuyo dueño se mantenía alejado de los problemas de la gente.

Eowyn aceptaba de buena gana la compañía de las doncellas, pero había en su corazón una tristeza y lejanía hacia aquellas personas que no parecían entender a la doncella del brazo escudado. Todas ellas estaban llenas de esperanzas y veían el futuro con alegría, mas no Eowyn, que se encontraba una vez más atrapada en el resultado de sus propias decisiones y en un destino que sentía inevitable.

Asediada por estos pensamientos despertó luego de esa oscura noche. Tomó un frugal desayuno y partió con la corte que la escoltaba hasta Minas Tirith. Eomer parecía estar tan molesto por su reacción de la noche anterior que asumió ese era el motivo por el que no le acompañó al carruaje, pero la realidad era distinta.

Porque más tarde esa noche, llegó un mensajero desde folde Oeste. Los dunlendinos otra vez causaban problemas. Por lo menos eso era lo que se sospechaba, por lo que Erkenbrand envió patrullas hacia los vados del Isen. Estando Rohan todavía en proceso de recuperarse de las heridas de la guerra, Eomer consideró prudente enviar algunas eored para reforzar esa frontera.

Esperaba que solamente se tratara de escaramuzas aisladas cuyo objetivo era el pillaje, pero no quería que las cosas llegaran a mayores. Un despliegue lo suficientemente grande sería el mejor disuasivo para confrontaciones a mayor escala.

Eomer estaba en esos afanes antes de la partida y con él estaba Faramir. El senescal de Gondor parecía haber tenido una peor noche que Eowyn si les hubieran visto juntos. Si la dama de Rohan había tenido un sueño intranquilo, Faramir no había dormido ni un minuto. La noche la pasó caminando en su habitación de un lado a otro, sin saber qué hacer. Muchas veces, antes de un combate había pasado la noche en vela, pero era porque repasaba el plan bien estructurado una y otra vez para que nada en absoluto falle, sopesando todas las posibilidades. Ahora no tenía un plan, todas las posibilidades llevaban al desastre y no había mucho por hacer, pero tampoco aceptaba quedarse de brazos cruzados, no después de las palabras de Eowyn. Finalmente había llegado a la conclusión de que debía evitar ese matrimonio, aunque no sabía cómo iba a hacerlo.

—Entiendo que estés todavía enojado —dijo Eomer al ver el semblante serio de Faramir.

—No es enojo—respondió el senescal —, por lo menos no con la dama Eowyn. Estoy molesto conmigo más bien. Pensaba que habíamos disuadido a los dunlendinos por un buen tiempo. ¿Están seguros de que son ellos? Parecían más bien dispuestos a marcharse al norte a las tierras Brunas.

—Erkebrand no está seguro, pero son los únicos que causan problemas en esa región desde que Barbol se ha encargado de Isengard —Eomer parecía confiado —. Además ya he enviado refuerzos, Elfhelm estará en Edoras si hay más problemas, cosa que dudo.

—Con todo, no creo que sea coincidencia. Me gustaría adelantarme con un grupo de hombres para asegurar el camino.

—Según me contaste las fronteras de Gondor estaban bien resguardadas —dijo Eomer —. Tú no sabes mentir, así que intuyo que sigues molesto por la escena de anoche, no te culpo, y si te hace sentir mejor alejarte un poco yo no te detendré.

Faramir sonrió un poco, Eomer iba mostrando que era muy apto para ser rey, pues era intuitivo y comprensivo con los demás.

—Les esperaremos en Aldburg —dijo el Senescal y partió velozmente con un grupo de soldados de Gondor.

La corte de Eowyn llegó a Aldburg al anochecer, el antiguo hogar de Eomund. Los hombres de Gondor ya habían levantado un campamento en el terreno cercano a la casa del Mariscal, pero no había señales de Faramir. Ella vio la casona desde afuera, le costaba recordar la voz de su madre o las manos fuertes de su padre. Lo que sí recordaba era el día en que su madre lloraba cuando Eomund volvió ensangrentado y moribundo. Tenía recuerdos muy tristes de ese lugar que llamó un día hogar.

— Pareces triste —ella escuchó la voz de Frodo. Los cuatro hobbits que habían sido testigos del estallido de la dama, consideraron que lo mejor era dejar a Eowyn sola hasta que las cosas se calmen. Sugerencia de Sam que fue aceptada por el resto de los medianos, pero el portador del anillo apareció junto a ella mientras caminaba hacia la casa —. Debe ser difícil dejar el lugar donde naciste.

—Señor Frodo —dijo ella mostrando una pequeña sonrisa —, precisamente este es el lugar donde nací. No es tan grande como Meduseld, pero era un lugar acogedor, por lo menos era lo que me contaba Eomer. Yo casi no lo recuerdo.

—Frodo solamente, por favor —dijo el mediano —. Merry me contó que tus padres murieron cuando tú y el rey de Rohan eran pequeños.

—Sí, es cierto —respondió ella sentándose en un banco cerca del pórtico.

—También perdí a mis padres muy joven, por eso fui a vivir con tío Bilbo. De pronto la casa en la que vivía con ellos, me parecía extraña y ajena.

—Sentimos lo mismo Frodo —respondió Eowyn.

Frodo sonrió y se sentó en silencio a lado de la dama.

—Es extraño como a veces las cosas por las que más luchamos nos resultan extrañas una vez que la lucha ha terminado —habló Frodo mirando hacia la gente que caminaba —. He escuchado la historia de cómo fuiste a la guerra y derrotaste al jefe de los nazgul. Debes ser en verdad muy valiente porque yo tiemblo tan sólo de recordarlos.

—Ahora que lo pienso fue más bien por desesperación —respondió la dama —. El nazgul estaba atacando al rey Theoden, mi tió. No lo pensé dos veces, tenía que hacer algo.

—Sé lo que es eso, de otro modo no me hubiera embarcado en esa misión, aunque a decir verdad nunca imaginé las cosas que pasaron y si hubiese sabido lo que me esperaba nunca me hubiera animado a aceptarla. Amaba tanto la Comarca que tampoco lo pensé dos veces para ofrecerme a destruir el anillo —el tono alegre de Frodo decayó y en una voz más triste añadió —. Lo malo es que ya no me siento el mismo y no creo poder vivir en la Comarca mucho tiempo.

—Tampoco yo hallé la paz luego de derrotar al nazgul, ya era tarde, Theoden había muerto.

Eowyn suspiró. Pocas veces había conversado con el portador del anillo, ni siquiera en los campos de Cormallen tuvo la oportunidad y ahora encontraba en él cosas en común, como que nadie hubiese creído que una criatura pequeña como él pudiese derrotar al enemigo. Ella también sintió que le consideraban demasiado débil como para ir a la guerra, pero ella fue y les mostró a todos que se equivocaban. Un silencio de formó entre los dos.

—Faramir es un buen hombre —dijo de pronto el mediano —. Es decir, sin su ayuda Sam y yo nunca hubiéramos llegado a Mordor.

—No creo que exista una persona mejor que él —dijo Eowyn con un suspiro y añadió con un tono de preocupación —. Probablemente piensas que soy una mala persona.

—Nos conocemos poco, pero yo no creo que eso fuera posible —sonrió Bolsón —, yo diría que algo te mortifica. Aunque dudo que fuese culpa de Faramir.

La dama blanca de Rohan volvió a ver al hobbit.

—Tienes razón, no fue culpa suya. No sé porqué reaccioné de esa forma, es sólo que me siento atrapada y él no… —ella se detuvo, no podía revelarle a Frodo sus sentimientos. El hobbit se limitaba a mirarle fijamente con una expresión amable.

—¿Me permites hacerte una pregunta personal? —ella asintió con la cabeza —¿Por qué te casas con Aragorn? No me malinterpretes, seguro la respuesta es obvia y yo no entiendo nada, pero he notado que casi no le nombras, no tanto como a él.

La dama palideció y sintió que el mediano podía leer su corazón.

—Lo lamento, te he incomodado con mis preguntas —dijo Frodo —, es sólo que Aragorn es mi amigo y espero que sea feliz.

—También yo —dijo ella.

—¿Y tú, eres feliz? —preguntó Frodo. Eowyn no respondió y eso le bastó al mediano para adivinar la respuesta —. También yo creí que al volver a la Comarca todo volvería a ser igual, pero me equivoqué —Frodo suspiró —. ¿Quieres que te cuente un secreto? He decidido abandonar la Comarca, no porque ya no ame ese lugar sino porque necesito hallar la paz y sé en mi corazón que no está ahí.

—¿Por qué confías en mí para contarme estas cosas?

—Porque como te dije, yo no creo que seas una mala persona y creo que tú y yo tenemos cosas en común y sabremos guardar nuestros secretos —dicho esto el mediano se levantó y con una venia se despidió diciendo —, te ruego no menciones sobre esto a Sam, él no lo entendería. Nos veremos en la cena.

Nota: Aldburg era el lugar donde Eomer y Eowyn nacieron. No encontré el sitio en ningún mapa y por ello no sé bien a qué distancia estaba de Edoras, pero intuyo que estaba en un punto intermedio entre Edoras y el bosque Halifirien, si esto fuese un error pido disculpas y si se puede que alguien me diga la ubicación exacta para aprender algo más en esta vida.