disclaimer: Todo personaje/nombre escrito no me pertenece. Todo a su respectivo creador (Yana Toboso).
14. Acertijo
Entre menos obvio mejor.
No había nada más gratificante que el resolver un acertijo complicado en menos tiempo que el estimado. A Sebastian le gustaban, eran retos que le gustaba ponerse para retar a su mente, aunque uno vivía de acertijos constantemente, todos los días, esto era solo un calentamiento.
Aunque habían ciertos acertijos que no podía resolver, las mujeres siendo un claro ejemplo. No importaba cuánto tiempo se dedicara a observarles sus patrones de conducta ellas cambiaban y tomaban otro rumbo que desprevenían al pelinegro. ¿Por qué ese afán?
Ahí estaba ella, dando la imagen de una mujer bastante prepotente como para siquiera darle la hora del día a quien sea. Michaelis la observó desde su lugar, a unos cuantos lugares atrás. Era fin de semana, el pelinegro había salido un rato para pasearse por las calles e ir por un café. Estaba esperando a que su orden estuviese lista y de pura casualidad esa mujer había hecho tal impresión que el pelinegro no paraba de observarla.
Piel azúcar morena, cabello largo y platinado, largo y bien tratado; complexión delgada y curveada, aunque en ciertas áreas estaba bien desarrollada, con unos ojos color zafiro bastante claros. Un cigarrillo se postraba entre ambos labios color púrpura, dándole la imagen de una actriz bastante talentosa, pero egocéntrica.
Fumaba como si nada a unos cuántos asientos del pelinegro, el sople del humo demasiado elegante, hasta entretenido. Vestía de ropa cara y de marca, y la mirada mostraba aburrimiento.
¿Quién era esa mujer?
Michaelis ladeó la cabeza y suspiró extrañado. Qué irónico que cuando no se encontraba disponible aparecían mujeres de ese tipo, realmente la vida le jugaba sucio. Lo peor de todo es que no sabía su nombre, y ahí estaba él observándola como si fuera un objeto, no tenía vergüenza. Pero a su defensa quería resolver aquellos secretos que guardaba, teniendo la imagen de una persona bastante interesante, la rabia y molestia invadían el cuerpo del ojicarmín, puesto que jamás sería él quien descifraría a esa mujer.
Chasqueando la lengua se levantó de su lugar, justamente después de haber escuchado su nombre ser anunciado. Tomó su café y lo bebió lentamente, probando si estaba lo suficientemente dulce; tenía que irse, lo cual implicaba dejar a la actriz sola y desatendida. Ni su nombre le había preguntado, aunque no tenía ningún motivo para hacerlo.
El joven se dirigió a la puerta de salida con café en mano, mas no antes alcanzar a escuchar la misma voz que había dicho su nombre pero ahora con uno distinto.
-"Hannah Anafeloz."-
Complacido, el pelinegro sonrío ladinamente mientras salía del lugar. Un acertijo menos por resolver.
