Aquí el siguiente capítulo ;)


CAPÍTULO 14:

"Reflexiones"


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Antes de darse cuenta había amanecido, y Kurt permanecía despierto sentado en el sillón cuidando del moreno, quien había pasado una noche terrible. Rachel y Paul también estuvieron a su lado ayudando en todo lo que fue necesario.

Cuando estuvo más tranquilo y estable, el médico envió al enfermero a descansar porque debía trabajar en el primer turno de la mañana. Lo mismo hizo con la castaña, pero ella no se movió de ahí.

En ese momento se encontraba sentada junto al chico, acariciándole los rizos mientras dormía. El ojiazul la observaba desde su puesto – Deberías ir a reposar un poco. No me voy a ir, es mi día libre y pienso permanecer aquí hasta que Blaine se recupere.

- No, estoy bien. No lo voy a dejar. Quiero estar a su lado cuando despierte y por si se presenta algo.

Hummel sabía que Rachel era una gran enfermera, además de muy comprometida con lo que creía justo y con su carrera, pero esa devoción y cariño con el que cuidaba al ojimiel no era algo normal, había algo que iba más allá que él desconocía. Preguntarle no serviría de nada, ellos no tenían la mejor relación y por lo tanto jamás le contaría.

Vio que se limpió varias lágrimas y antes de que pudiera decir algo, ella habló – No es justo que se comporten de esa forma con él. Nadie lo ayudó – sollozó – Leí la ficha, el enfermero que estuvo en la tarde anotó "dice estar con dolor estomacal". En las observaciones no puso nada, al igual que en las indicaciones, y eso es porque no hizo nada. Tampoco notificó a ningún médico.

La enfermera de la noche escribió "fiebre, dolor estomacal y diarrea". En las observaciones puso "le di un efervescente". ¡Un efervescente! Si hubiese sido el apéndice, lo habría matado. Y no le avisó a nadie. – el llanto se apoderó de ella por un instante – Pasó mal todo el día hasta la noche que usted lo encontró y a nadie le importó. No se merecía eso.

Por muy difícil que pueda ser de tratar, Blaine no merecía que lo dejaran sufrir de ese modo. El estado en el que estaba anoche era deplorable.

- Estoy de acuerdo contigo, y me voy a encargar de hacer los reportes pertinentes. La negligencia con la que trataron el caso fue terrible, y de mi cuenta corre que no vuelva a suceder y que los implicados dejen de laborar aquí.

No es la primera vez que noto la forma en la que tratan a Anderson.

- Hay varias personas que ni siquiera le traen la comida porque no quieren lidiar con él, y otras irregularidades más. Por eso hay días en los que está de tan mal humor. Blaine se ha dado cuenta de que no lo quieren aquí y hasta lo desprecian.

Lo he visto llorar en algunas ocasiones, pero no he mencionado nada, porque sé que no lo admitiría y sólo lograría que suba los muros que con trabajo he conseguido que vaya bajando poco a poco.

- ¿Has hecho una acusación formal?

- No, pero había pensado hacerla.

- Me parece perfecto. Esa clase de personas no pueden continuar en el centro. – lanzó la cabeza hacia tras por unos segundos – Voy a mi oficina un momento, no demoro. Necesito mi computadora y unas carpetas.

- No hay problema. Aquí estaré.

Al regresar, empezó a redactar el informe sobre Blaine y el accionar poco profesional del personal, poniendo énfasis en los involucrados, así como en la enfermera O'Hara.

Mencionó también el comportamiento hostil que había observado en contra del moreno, recalcando nombres y apellidos. Sabía que tendrían que rodar cabezas, pues como dicen, es mejor cortar todo de raíz.

Se aseguró de señalar como Rachel y Paul ayudaron durante toda la noche, resaltando la labor de la chica en general, así como de Nancy en otras ocasiones.

Con documentos en mano y las pruebas necesarias, entrando la tarde se dirigió a la oficina de la Dra. Silver.

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El día no había sido mejor que la terrible noche que pasó. Las condiciones fueron las mismas hasta el tercer día en que la fiebre comenzó a ceder, lo cual era una buena señal y el ojimiel empezó a estar consciente de lo que sucedía.

Conforme los días transcurrían iba recuperándose, el malestar seguía presente, pero se volvía más leve. La ojimarrón le terminó de dar un licuado de arroz, manzana y canela cuando éste bajó la cabeza y dirigió la mirada lentamente hacia su mano conectada a un suero – Ya no puedo.

- Tranquilo, te vas a seguir sintiendo mejor. Estás respondiendo bien al tratamiento.

- No es eso.

- ¿Entonces?

- No puedo ni quiero seguir con esto. Estoy muy cansado – empezó a llorar, sorprendiendo a la chica al permitirle verlo en ese estado – Llevo luchando mucho tiempo y simplemente siento que ya no me quedan fuerzas para seguir haciéndolo.

- No digas eso, por favor.

- ¿Cuál es el objetivo? Mi vida no tiene ningún sentido.

- Claro que lo tiene – se atrevió a tomarlo de la mano – Tu vida es muy valiosa.

Rió con amargura – A nadie le importo, todos me odian. Lo que sucedió es la muestra de aquello.

- Son unos idiotas que deshonran la profesión. – permaneció en silencio por unos segundos – No puedes querer dejar de vivir por cretinos como esos.

- No tengo nada por qué seguir.

- Hacerlo por ti es la razón más importante. Y cuando estés más repuesto creo que deberías retomar tu carrera.

- ¿Mi carrera? ¿Es una broma?

- Sé quién eres. Era una gran fan tuya, y lo sigo siendo. No sólo del artista, sino también del ser humano. Te he visto luchar día con día y me siento tan orgullosa de ti… Y te debo tanto.

Antes de que pudiese decir algo, continuó apresurada – Tienes una legión impresionante de fans en todo el mundo que te ama y está pendiente de ti, aun cuando llevas un tiempo ausente. Sería maravilloso que volvieras a aparecer.

- ¿Y hacer qué? No te das cuenta que estoy atado a una estúpida silla de ruedas.

- A tus fans no les importa. No sabes lo mucho que desean saber de ti.

- Y que me vean así… sólo causaría lástima.

- Como dije antes, tus fans te aman. ¿Sabes por qué lo hacen? Porque a pesar de toda la fama, los premios, reconocimientos y una larga lista de lo que has conseguido a lo largo de tu carrera, siempre has tenido los pies bien puestos sobre la tierra. Eres de los pocos artistas que siempre se ha mostrado real, que ha compartido con el mundo su esencia, su corazón.

Lograste hacer una conexión con tu público gracias a que nunca dejaste de ser tú mismo, a tu nobleza, a que tratas a todos con respeto, a tu sencillez, humildad y…

- ¿Te das cuenta que eso dista mucho de quien soy ahora?

- Eres el mismo, sólo que el sufrimiento que llevas encima no lo has canalizado correctamente. Tu enojo y frustración por lo que sucedió en ese accidente lo volcaste sobre las personas que te rodean, y eso se debe a que no quieres recibir ninguna atención, porque fue el exceso de esta por parte de los periodistas lo que provocó todo.

Pero he tenido la oportunidad de tratarte y observarte con atención, y sé que debajo de esa coraza con la que te has envuelto sigue ese mismo ser humano extraordinario que tiene uno de los corazones más grandes, que siempre se involucró en obras correctas y justas.

Y no lo hacías porque era lo que debías hacer para que tu nombre resonara en todas partes. Fuiste un gran defensor de las causas justas, la igualdad y los derechos de los demás.

Ese es Blaine Anderson, y son muchas las razones por las que tienes tantas personas que te aman, que siguen preguntando por ti y que dan las gracias de que estés vivo.

No tienes idea a cuántos jóvenes alentaste a ser reales, a mostrarse como son, a no esconderse y sentirse orgullosos de sí mismos. Y lo hiciste con tu ejemplo al mantener la cabeza siempre en alto y decirle a todos desde el comienzo que eras gay y estabas orgulloso de quien eras y como eras.

Nunca te ocultaste ni pretendiste ser alguien diferente, y lograste forjar una de las carreras más brillantes que han existido. Haz sido el modelo a seguir de muchos, les infundiste el coraje que necesitaban para aceptarse y enfrentarse al mundo.

- ¿Cómo puedes saber eso?

- Le salvaste la vida a mi hermano, y es algo que te voy a agradecer por siempre. Sí, no me mires de esa forma. Tal vez no conoces a todas las personas que has inspirado y a las que has ayudado, pero mi hermano fue uno de ellos.

Cuando era un adolescente, les contó a nuestros padres que era gay y ellos se volvieron locos, le dijeron cosas tan crueles que lo lastimaron mucho y lo corrieron de la casa. Asustado y con el corazón roto buscó a su mejor amigo y le relató lo sucedido, él le dijo que nada había cambiado y lo recibió en su hogar. Pero a los pocos días sus padres se enteraron de los motivos que lo habían llevado a quedarse con ellos y resultaron ser igual de homofóbicos e ignorantes que mis padres. Su amigo trató de defenderlo e impedir que no lo dejaran en la calle, pero lo amenazaron con echarlo también.

Era un adolescente, claro que se asustó y a mi hermano no le quedó más remedio que irse. Después de eso buscó a otro de sus amigos más cercanos, pero la historia con él fue diferente. Luego de que le contara lo sucedido, lo insultó de todas las formas posibles y lo corrió de inmediato.

Estuvo vagando en las calles por varios días, tratando de sobrevivir con el poco dinero que tenía en los bolsillos y fue cayendo en una depresión terrible. Hubiera querido estar a su lado. – sollozó.

Un día mi teléfono sonó y me emocioné al ver su nombre en la pantalla, pero cuando lo escuché, mi corazón se rompió. Le había tomado tanto tiempo llamarme porque tenía miedo de que también lo rechazara. Le dije que eso jamás sucedería y le pedí que se quedara en ese lugar, tomé el primer vuelo que conseguí, corrí a buscarlo y lo llevé conmigo a casa. Mi departamento era pequeño, pero encontraría la forma de acomodarnos.

Estuvo mal, la depresión en la que se encontraba se volvió más intensa, sentía desprecio por sí mismo e intentó quitarse la vida en dos ocasiones.

- Eso es horrible.

- Pero tú lo salvaste. Hiciste tanto por él sin siquiera saberlo.

Él sólo pasaba en el sofá durmiendo o llorando y no sabía que era peor.

Ese día habíamos regresado del hospital, le habían dado el alta en la mañana y nos encontrábamos en el sofá. Yo estaba sentada en la esquina y él acostado con su cabeza en mi regazo.

Encendí el televisor y puse el programa en el que ibas a estar. Ahí hablaste de muchas cosas y dijiste otras tantas muy alentadoras, magníficas como siempre. Mi hermano soltó un suspiro tembloroso y me preguntó si realmente eras gay. Cuando le respondí que sí, me cuestionó sobre cómo podías estar tan feliz y orgulloso de ser quien eras.

Le conté un poco sobre ti en el corte comercial. Cuando regresaron, pude notar como prestaba atención a todo lo que decías. Algo de eso lo tocó, alguna de tus palabras simplemente le llegó. Al día siguiente se levantó y me preguntó si me podía ayudar a preparar el desayuno. Me puse a llorar como no tienes idea.

Empezó a interesarse en ti, escuchaba tu música, buscaba tus videos, todas esas entrevistas en las que motivabas a los demás a ser quienes eran. No te voy a decir que las cosas cambiaron de un día para el otro, fue un proceso, y en ocasiones tenía esos momentos en los que se ponía mal, pero dejó de decir que no quería vivir y ya no hablaba de lo avergonzado que estaba de sí mismo.

Un día me preguntó si yo creía que él podía llegar a ser como tú. Sus sueños no tenían que ver con el medio artístico, quería ser igual a ti, al ser humano, a ese chico orgulloso de ser quien era. Te admiraba tanto, y esa admiración lo llevó a seguir de algún modo tus pasos, tus consejos.

Lo cambiaste, le devolviste la confianza, las ganas de luchar y continuar adelante. Lograste borrar todo ese dolor que llevaba y que se olvidara de las cosas horribles que le habían dicho y que por un tiempo no dejaba de repetirse.

Cuando encontré a mi hermano era un adolescente asustado, devastado, herido, roto, estaba en la edad más vulnerable. Pero gracias a ti comprendió que era una persona normal como cualquier otra y que tenía derecho a ser feliz, a soñar, a tener el futuro y la vida que él quisiera.

Años después te encuentro en este centro, y aunque al comienzo me resultó difícil verte actuar tan diferente, pude darme cuenta de que esa era tu forma de asimilarlo.

Asocié lo de mi hermano y recordé las cosas que el psicólogo me dijo en esa época. Él depositó todo lo que le pasaba y sentía en esa enorme tristeza que lo llevó a hundirse. En tu caso, volcaste todo a través de la ira. Ambos estaban heridos, pero él sufría por las circunstancias, en cambio tú estás enfadado por lo que sucedió.

También sufres, pero has permitido que tu enojo sea más grande. Y sin embargo, él seguía siendo el mismo chico dulce, alegre e inteligente en el fondo, y tú sigues siendo el mismo luchador extraordinario, noble…

- No sigas, por favor.

- Sólo quiero que entiendas lo mucho que vales, que puedes dejar de lado todo eso que no te hace bien y retomar tu vida, hacer de ella algo impresionante. Ya lo hiciste una vez, no dudo en que lo vuelvas a conseguir.

Un silencio se apoderó de la habitación y Blaine cubrió su rostro con ambas manos por un instante – ¿Qué pasó con tu hermano?

- Estoy tan orgullosa de él. Es un abogado muy exitoso, se casó el año pasado con alguien que lo ama más que a nada en este mundo, y es muy feliz. Sí, con los problemas y desavenencias que se presentan en ocasiones, pero es dichoso, y eso es lo que siempre quise para él.

- Me alegra saberlo.

- Gracias.

- Gracias a ti, por todo Berry.

- Soy Rachel – sonrió acuosamente – ¿Puedo abrazarte?

- Por favor. Lo necesito.

Permanecieron con los brazos envueltos alrededor del otro por lo que pareció una eternidad. Al separarse, la chica tomó varios pañuelos desechables y se los ofreció.

- No permitas que las circunstancias externas mantengan oculta a la persona que eres en realidad. Recuerda quien es Blaine Anderson, porque ese es quien eres.

- No sigas Berry.

- Te tengo una noticia, pero te la diré si me dices por mi nombre.

- No quiero saber.

- Claro que quieres. No te hagas el estrecho – le dio una palmadita en el hombro.

- ¿Cuál es la noticia, Rachel?

- Te das cuenta que no era tan difícil – le sonrió en medio de las lágrimas que no podía todavía contener del todo – Soy tu enfermera oficial.

Los ojos del chico se abrieron tan amplios como fue posible – ¿Qué?

- Lo que escuchaste. Bueno, de hecho yo no puedo cubrir todos los turnos a diario, por lo que tendrás de hoy en adelante dos enfermeras oficiales, una soy yo y la otra es Nancy.

- ¿Nancy?

- Sí, nos volvimos amigas hace poco. Y alguien nos dijo que los pacientes pueden solicitar tener personal exclusivo, y en algunos casos las enfermeras pueden pedirlo también, así que las dos hablamos con la Dra. Silver e hicimos la solicitud, la cual fue respaldada por el Dr. Hummel.

- ¿Hummel?

- Sí, él fue quien te encontró esa noche y se encargó de ti básicamente.

Tal vez no lo recuerdes por la fiebre tan alta que tenías, pero no se movió de tu lado hasta que estuviste estable, y únicamente lo hizo para buscar su computadora y redactar los informes correspondientes.

- Ah… Claro, era… su labor.

- No, eso fue más allá. Él es así, siempre ha tenido un corazón inmenso y un alma noble. Estuvo pendiente minuto a minuto no sólo hasta que amaneció sino también durante la siguiente jornada ya que era su día libre y decidió quedarse para cuidarte.

- Entiendo – titubeó con incertidumbre.

- Bueno, pero no me has dicho lo que piensas de que Nancy y yo nos dedicaremos exclusivamente a tu cuidado. ¿Eso te gusta?

Blaine la miró y le sonrió de una forma que ella no había visto en mucho tiempo.

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Las cosas se tornaron un poco más fáciles, cada vez que alguien llamaba a la puerta para una de las comidas, chequeos, realización de los ejercicios o el cambio de sábanas y demás implementos, Blaine sabía que era una de las dos chicas, se sentía realmente agradecido así que empezó a demostrarlo.

A veces tenía sus "arranques de rabia" como lo denominó Rachel, pero la mayor parte del tiempo estaba tranquilo y relajado. Incluso empezó a sonreír y mantener pláticas más largas con ellas. Hasta consiguieron que se afeite y corte el cabello, el cual muchos lo consideraron el mayor de los logros.

Con su nueva imagen, Nancy lo llevaba a su rehabilitación. Era la primera a la que asistiría después de haber estado enfermo.

Kurt no había tenido la oportunidad de verlo poco después de eso por la cantidad de trabajo, pero a diario preguntaba por él. Ahora lo esperaba con ciertas ansias e incertidumbre al no saber lo que sucedería y cuál sería el comportamiento de éste.

La puerta se abrió y el castaño volteó hacia un costado.

- Buenas tardes Dr. Hummel.

- Buenas tardes Nancy.

La chica ingresó con la silla de ruedas y el médico frunció el ceño.

- ¿Ocurre algo?

- Tengo terapia con Blaine.

- Es Blaine – sonrió – Ya sé, luce muy diferente ahora.

Ante eso posó sus ojos sobre el chico que estaba en la silla y lo observó detenidamente. Sí que lucía diferente con la barba larga y descuidada y el cabello largo con los rizos desordenados cubriéndole el rostro.

Pero ahora estaba afeitado y su cabello corto, aun mostrando sus rizos peinados tal vez con algún muss o algo porque permanecían en su sitio bien formados. No podía creer que se tratase de la misma persona, tal vez era una broma que le estaban jugando, llegó a pensar, entonces los ojos de color avellana se posaron sobre los suyos y supo de inmediato que sí se trataba de Anderson. Sólo él tenía esos ojos, que ya había notado antes eran hermosos y únicos, pero ahora brillaban de una forma que nunca había visto.

Blaine con ese look era muy atractivo y por unos segundos no pudo quitarle la vista de encima.

- ¿Tanto te impresioné, Hummel?

- Ah… Blaine… Sí… Digo… Luces distinto.

- ¿Y eso es bueno o es malo?

- Es bueno, muy bueno en realidad. Te ves… fantástico.

- Gracias.

¿Blaine Anderson estaba hablando con él? ¿Había escuchado bien? ¿Le había dado las gracias? Lo que sea que Rachel y Nancy estuviesen haciendo con él, les iba a pedir que continuasen.

- ¿Listo para la terapia?

- Sí, lo estoy.

- Eso es genial – sonrió y por primera vez lo vio devolverle la sonrisa.

Empezaron a trabajar y aunque el moreno parecía algo molesto y frustrado por la falta de respuesta, Kurt le explicó que era normal que su cuerpo reaccionara de esa forma, pero que si seguía las instrucciones que le iba a dar, pronto volvería a sentir esa corriente.

No podía asegurarle que pasaría después de eso, porque prefería ir paso a paso, ya que los resultados podían variar, por lo que no hizo mención de aquello, pero se centró en lo que hacían.

Llevaban más de la mitad de la terapia y Blaine respiró profundamente – Quería darte las gracias por lo que hiciste por mí cuando estuve enfermo.

- No te preocupes, no tienes nada que agradecerme.

- Hiciste mucho por mí, más de lo que debías. Y aunque no lo creas, de verdad lo aprecio.

Ya sé que piensas que soy un idiota desgraciado que no merece nada, pero…

- ¡Hey! ¡Jamás he dicho algo así de ti!

- No necesitas decirlo para saber que…

- Tampoco lo pienso. Hemos tenido nuestros tropiezos, eso es todo. Empezamos con el pie izquierdo, como suelen decir, pero no vale la pena recordarlo, sólo hay que seguir adelante.

Ahora voy a hacer algo diferente, trataré de flexionar tus piernas y llevarlas hasta tu pecho. Trabajaremos primero con la izquierda y luego la derecha. Dime si sientes algo.

Mientras Kurt trabajaba, Blaine cerró los ojos – Gracias por lo de Rachel y Nancy.

- Como mencioné antes, no tienes nada que agradecerme. Ellas hacen un excelente trabajo y tú luces de mejor ánimo ahora. Eso es tan importante, porque el estado mental y emocional influye en la reacción del cuerpo. Creo que ya te lo había dicho.

- Igual, gracias.

El resto del tiempo transcurrió en silencio hasta el final – Bien, hemos terminado – dijo bajando la pierna del chico y éste abrió los ojos girando la cabeza hacia un costado, topándose con los orbes azules del médico – Tus ojos…

- ¿Qué tienen?

- Muchos matices… No había visto ojos como los tuyos antes… Ah… Nancy, vamos a bajarlo ya – desvió la mirada.

Le estaba entregando a la enfermera la ficha con las indicaciones y ejercicios a realizar antes de la siguiente cita cuando la secretaria ingresó – Disculpe que lo interrumpa Dr. Hummel, el médico del Sr. Anderson está aquí y pregunta si puede pasar. Quiere observar la terapia y platicar con usted, ya que hasta ahora no se dado la oportunidad.

- ¡Oh! Claro, dile que pase, aunque ya terminamos los ejercicios – se levantó para ir a beber un poco de agua y secarse el rostro.

Un hombre joven entró a la sala – Blaine – le sonrió – Te ves muy bien. ¿Cómo va todo?

- Todavía no lo sé, pero aquí sigo.

- Buenas tardes – pronunció el castaño – Es un gusto poder conocerlo finalmente.

El médico al escuchar esa voz se tensó y dio la vuelta lentamente hasta quedar de frente – ¿Kurt?

- ¿Kenneth?