Incorrecto
La succión de ese viaje terminó por sumirme otra vez contra una dura superficie. No está demás decir que nuevamente mi trasero resultó lastimado. Traté de divisar mí alrededor, solo para encontrarme con el gigantesco cuarto de baño del cuartel de Overwatch, y mi yo pasado tomando una ducha.
A la velocidad de la luz, me escondí en el cubículo de al lado y cubrí mi boca. El asombro no dejaba de irrumpirme, y este amenazaba con escapar de mi persona.
Otra vez topándome conmigo misma... eso significa que Amélie aparecerá pronto, lo sé. Así lo quiere mi mente...
Y como si mis pensamientos se hicieran realidad, su sensual voz se hizo presente.
-¿Lena, estás aquí?
Salté de inmediato, y mis piernas optaron por adherirse a la pared de mis costados. Me sentía como un gato acorralado. Esto de esconderme definitivamente no era mi fuerte.
-¿Lena?- me llamó de nuevo, ladeando el rostro de un lado a otro. Seguro no la escuchaba por el sonido de la ducha.
Sus pasos se detuvieron frente al cubículo de mi yo pasado, y como si fuera poca cosa, asomó la cabeza por este. Su maldita altura se lo permitía.
Noté como al hacer contacto visual con mi cuerpo, una picarona sonrisa se delineó en sus labios -Lindas curvas...
Al instante y con los pelos de punta, me giré hacia ella y terminé aplastada contra la pared, tapando mis zonas más preciadas -¡Amélie! ¿Qué haces aquí?
Recostó con tranquilidad los brazos sobre el borde superior de la puerta y apoyó su mentón en ellos -Te espío.
Totalmente estupefacta, reforcé el agarre en mis pechos y en mi parte baja, mientras los colores subían por mi rostro -¿P-Podrías dejar de hacerlo? Soy más tímida de lo que parezco...
-Eso ya lo sé. No tardaste mucho en demostrármelo.
Inflé los cachetes, para luego darle la espalda -Idiota.
Rió por lo bajo, debido a mi vergonzosa reacción -Estoy bromeando. Vine a verte.
Deslicé con lentitud mi pudorosa mirada hacia ella, aún con mis queridas camufladas -¿Necesitas algo?
Me mantuvo la visión, mientras su ceño se fruncía -¿Tengo que necesitar algo para verte?
-¡N-No! No quise decir eso. Solo... me sorprendiste.
-¿Pourquoi? No es la primera vez que vengo de visita.
-Pero es la primera vez que me agarras con mis partecitas al aire, luv- sonreí de lado, acto que imitó.
-¿Necesitas ayuda?
Mi mano, ahora temblorosa, se aferró con fuerza de mi piel -¿A-Ayuda? ¿Con qué?
Ella atinó a señalarme con el dedo, con una odiosa tranquilidad -Puedo lavarte la espalda si quieres.
Aturdida, alcé ambas manos hacia ella, olvidando por completo que eso dejaba al descubierto a mis preciadas vulnerabilidades -¡No hace falta! ¡Puedo sola!
Su traviesa mirada no se mostró retraída ante mi descuido, ya que me analizó con detenimiento, más tiempo del necesario -¿Es así? Qué lástima...
Descendió de dónde estaba colgada, dejándome paralizada en mi lugar. La pequeña Lena, a pesar de tal indecorosa interrupción, pensó que por fin había acabado su tortura, pero yo sabía que apenas estaba empezando.
¿Razón? Simplemente diré que contemplé como Amélie comenzaba a desabrochar su camisa, a quitarse sus pantalones y luego...
Cubrí mi boca con más rudeza, mientras el calor no se apiadaba de mí. Su brillante... y emblanquecido cuerpo al desnudo, me desorientó.
-¿Vendrás a verme bailar?- cuestionó apacible, sacándose la última prenda intima que protegía un sagrado lugar.
-¿Cuándo?
-Pasado mañana me estaré presentando.
-¿Pasado mañana? ¿Tan pronto?
-¿No vendrás?
-¡Claro que iré!- exclamé, haciendo eco -¡Siempre quise verte en acción!
Y como si esa frase que comenté la diera vuelta y la transformara en un peligroso doble sentido, arqueó una sugerente ceja y abrió la puerta. Mi pecoso rostro terminó igual de pálido que su piel al apreciar sus perfectas siluetas al desnudo.
-¿Qué caraj...? ¡T-Te dije que no hacía falta tu ayuda!- dije, fusionándome lo más que podía contra la pared.
Me sonrió de lado e ignorando mi obvia negación, entró al cubículo. Con su típica inexpresión, se agachó y atrapó el champú que se encontraba cerca del suelo.
-Solo se me antojó un baño.
-¡Tienes veinte duchas para hacerlo!
Desde su indecente posición, que me permitía admirar su dotada parte trasera, inclinó un poco el rostro hacia el costado, con una fingida inocencia. Varios mechones se deslizaron por su hombro, convirtiendo esa imagen en la perfección misma.
-Pero quiero ducharme aquí...
-¿P-Por qué?
Bastó un solo paso para que su cercanía se hiciese insoportable. Antes de que pudiera modular palabra alguna, sus manos se estamparon a los costados de mi anonadado semblante. En consecuencia, sus redondos y simétricos pechos rebotaron frente a mí, dejándome más que congelada.
-Porque aquí estás tú.
Mis labios tiritaron, resecos. La saliva no se dignaba a reaparecer en mi garganta.
-¡Puta madre! ¿Qué demonios quiere esta mujer de mí?
Parece que notó mi atolondrado estado, ya su carcajada resonó en aquel lugar -Tranquila, ma chérie. Solo quería hacerte compañía, no voy a violarte.
Vio... larme. Si lo pienso bien, eso es algo que ya hiciste en nuestro último encuentro... Widowmaker.
Ordenando a mi razón actuar, ascendí mi rostro, que se encontraba cabizbajo debido a la vergüenza, y finalmente pude ser capaz de sonreír, aunque de un estúpido modo -Tonta...- le di la espalda de nuevo, abrazando mi cuerpo en la acción -De acuerdo, puedes empezar por mi cabello.
-¿Huh?
-¿No querías ayudarme?
Amélie sofocó un pequeño sonido, inmerso de satisfacción -Si...
Con una impresionante paciencia, colocó el champú sobre su palma y comenzó a refregar mi cabello con suavidad. Mi rostro de inmediato mutó. La tranquilidad se apropió de mí. Sus caricias eran tan precisas... tan dóciles.
-¿Te gusta?
-Si... es como un masaje, y créeme que lo necesitaba. Angie me ha hecho trabajar más de la cuenta hoy.
-Esa mujer siempre está exigiéndote... no me agrada.
Reí en un murmullo -Es una buena chica, aunque sea exigente. Ha estado conmigo desde el principio, le debo mucho.
-¿Desde el principio, eh?
-¡Sip!
Pude notar como los ojos de mi seductora amiga, que además de brillar con ciertos e inexplicables celos, se desplazaban por mi cuello hasta bajar por mi espalda. Esa mirada... no era para nada la de una amiga.
-Tienes una piel muy suave...- deslizó la punta de los dedos por ella, creándome escalofríos en el recorrido. Estos se estacionaron en el inicio de un lugar... un tanto sensible y voluptuoso.
Mi ceja derecha tiritó -¿S-Si? Yo creo que la tuya es más suave.
-¿Vraiment? ¿Acaso la has tocado?
-¿Huh?
En un acto que sacudió en demasía a mi exasperación, sujetó mi cintura y me volteó, para luego atajar mi mano y colocarla sobre su pecho -Y dime, ¿Es más suave?
La saliva quedó atascada en mi garganta. En efecto, era mucho más suave. Pero lo que estaba provocando que mi estómago se retorciera adolorido no era su textura, sino su entusiasmo que comenzaba a rozar contra mi palma.
-A-Amélie... esto ya es...
-¿Quoi?
Su rostro se acercaba cada vez más al mío, intensificando mi nerviosismo.
La gran fuerza de voluntad que se compadeció de mi en ese tentador momento merece un premio, de verdad.
-¿Por qué juega así conmigo? Por qué siempre... me hace esto. ¿No se da cuenta que yo estoy empezando a...?
Cerré los ojos con fuerza y me solté, casi con rudeza. Acción que por supuesto, la sorprendió.
Desde mi perspectiva, detallé aquella escena. Mi visión terminó clavada en el piso, impotente. Así que los sentimientos de la pequeña Lena finalmente despertaron. Me pregunto cuánto tiempo le llevó... cuánto tiempo pasó.
Curiosa, la elevé de nuevo y admiré la seria, pero profunda mirada que le dedicaba Widowmaker. Ella también... estoy segura que ella también ya estaba muy metida en esto. El brillo en sus ojos no mentía.
-¿Lena? ¿Qué pasa?
-Nada- respondí tajante, y sin animarme a verla. Hecho que Amélie no soportó.
Sus largos dedos levantaron mi mentón, obligándome a confrontarla -¿Te molesta mi compañía?
-No, me está empezando a gustar... demasiado. Y eso es un problema, porque ella es...la esposa de Gérard.
Negué con la cabeza, reservando mi dolor solo para mí -No, perdóname.
Su perfecto rostro se inclinó más hacia el mío -¿Por qué me pides disculpas?
La observé unos segundos, con un angustioso sentimiento de fondo -Por nada.
-Lena...- Amélie bajó la mirada, con un grado de culpabilidad -Lo siento, ¿He hecho algo para incomodarte?
-No...
-Soy consciente de que... - derivó sus ojos hacia el costado, con una timidez que me derritió -... no soy muy buena para socializar, así que quizás por eso tú...
-¡Te equivocas!- atajé sus mejillas entre mis manos, en un impulso -¡Soy yo la que... soy yo la que...!-
Soy yo la que está sintiendo de más.
Fruncí los labios, dudosa, con miles de emociones atacándome sin descanso -Soy yo la que está actuando extraño, discúlpame.
Entreabrió su boca con una clara intención de decir algo, pero nada emanó de ella. Ascendí la visión ante su silencio, y me topé con la suya entristecida. Me odié por haberla hecho sentir mal. Realmente... me odié.
-Hey... Amélie, no te pongas así. Disfruto mucho de tu compañía. Eres lo mejor que me ha pasado este último tiempo.
Su atención se posó en mí con debilidad -¿En serio?
Sonreí de soslayo, y acaricié su suelto y mojado cabello -En serio.
Me mantuvo la mirada unos tortuosos segundos, para luego cerrar los ojos e inclinar su cabeza hacia mi mano. Y como si de un tierno felino se tratase, se refregó contra mis caricias. Su dulce y desolada reacción provocó que un perdido suspiro se me escapara, mientras el silencio nos irrumpía. Un extraño, pero cómodo silencio.
Su visión me poseyó desde esa posición, y con una lentitud que en mi mente transcurrió aún más pausada, llevó los labios hacia mi palma y los presionó contra esta, regalándome un pequeño beso.
Mi pecho saltó, ansioso. Las emociones encontradas me estaban superando.
-Si quieres que salga, yo...
Recuperándome, carraspeé -¡No! Está bien... puedes quedarte, además- le guiñé un ojo y le di la espalda, señalando mi cabello -Aún tienes trabajo que hacer.
Me sonrió con un agradecimiento que no creía merecer, y enredó otra vez sus dedos en mis mechones -Cierto.
Por unos pacíficos minutos solo se dedicó a lavarme. Pero yo... que podía vislumbrar desde mi escondite todos sus gestos, pude notar que poco iba a durar así. La impaciencia estaba tomando el mando de su mente, y su rostro ya estaba reflejando a la perfección aquello. Sus dientes encontrándose con sus labios, fueron la prueba.
-Lena...
-¿Mh? ¿Ya has termina-¡Oi!
De repente, sus brazos rodearon mi cintura y su delantera se apegó a mí, tanto, que terminé estampada de frente contra los fríos azulejos.
-¿A-Amélie?
-¿Qué parte de "espacio personal" no entiende? ¡¿Acaso no se lo enseñaron o qué?!
-Désolé. Sé que te incomoda esto, pero necesitaba abrazarte.
Mi cuerpo estaba rígido como una roca. No me sorprendía, como para no estarlo. Tenía a la perfección detrás de mí, rozando sus pechos contra mi piel.
-¿Por... qué?
Fortaleció más el aprecio, y vislumbré como apagaba los párpados con lentitud -Yo... no lo sé. Solo... necesito sentirte.
Sus yemas comenzaron a navegar hacia arriba por mi abdomen, acariciando mi acalorada piel. Estas se estancaron en el inicio de mis vulnerabilidades, dejando a mi mente en un absoluto caos.
Caos que incrementó cuando escuché a su respiración entrecortarse.
-De acuerdo. Esto está yendo demasiado lejos.
-Perdóname por actuar así- susurró en mi oído, mientras sus labios, sigilosos, se acercaban a este y lo besaban con dulzura -Te quiero, Lena.
Pasmada, abrí los ojos de par en par -¿Q-Qué?
-Gracias por ser mi amiga, y por tolerarme. Sé que soy extraña, lamento eso...
-Amélie...
Me di media vuelta, animándome a enfrentarla. Lo único que hallé al tropezarme con su visión... fue dolor. Y ese dolor me llevó a comprimir los puños y a abalanzarme hacia ella, hundiéndola en un abrazo aún mayor.
-Ella está... tan sola.
-No eres extraña, eres una persona increíble. Deja de subestimarte.
Pestañeó varias veces sobre mi hombro, no parecía poder creer en mis palabras. Con una angustia que fui capaz de percibir, deslizó las manos por mi espalda y me acurrucó en su pecho.
-... Gracias.
-Deja de darme las gracias.
Sonrió para sí, y se aferró más a mí -Tal vez... yo nací para conocerte, Lena.
Con aquella frase de fondo y observando esa escena con una pesadez mayor a la que ellas sentían, mi cuerpo comenzó a ser succionado. Me miré, apacible. Ya nada me sorprendía.
Otra vez... me preguntó si lo siguiente que veré será el momento que nos condenó. El momento que decidió nuestro destino.
La destellante luz que provenía de mi propio ser me absorbió, y dejando lágrimas en el camino, desaparecí. Lágrimas... porque resulta ser que mi pensar era correcto. Widowmaker desde el principio... siempre estuvo sola.
-/-
-¡Agh! Mierda... si sigo aterrizando así me quedaré sin culo- me lo refregué por cuarta vez, mientras examinaba el lugar, ya con un obvio cansancio -Ahora sí que no sé dónde estoy- desvié la mirada hacia ambos lados, desorientada -... Parece un gimnasio.
Una tranquila y hermosa música clásica llegó a mis oídos. Guiada por ella, me reincorporé y la seguí hasta toparme con una habitación diferente. Con cautela, me asomé por la puerta que estaba entreabierta.
Mis pupilas se ampliaron al detallar a Amélie practicando sobre una barra, vestida con un rosado traje de ballet. Su cabello estaba atado en una elegante coleta, similar a la de su futuro.
Ahora es un hecho. Mi inconsciente me está trayendo aquí apropósito, a su lado. Hay algo que quiere que vea... pero aún no descubro qué, ni el porqué no recuerdo nada de esto. Lo cual me desquicia.
Parpadeé reiteradas veces cuando visualicé como pegaba un salto digno de una bailarina, se elevaba varios metros y aterrizaba de una dócil y delicada forma, extendiendo sus manos hacia ambos lados, para luego cerrarlas hasta formar una perfecta curva.
Su mirada resplandecía. Era tan hermosa. Parecía tan concentrada... tan compenetrada.
Mis labios se entreabrieron con la intención de emitir un sonido de asombro, pero alguien lo hizo en mi lugar. Y ese alguien, resulté ser yo misma.
-¡Wow! ¡Eso fue genial!
Amélie se sobresaltó, girándose hacia mí -Lena... ¿Qué haces aquí?- dijo, apagando la música que aún seguía resonando.
-¿Cómo que qué hago aquí? El otro día no pude felicitarte adecuadamente, así que vine a verte.
-¿El otro día?- repitió, agarrando una toalla y secándose, mientras se acercaba.
Mi corazón se apretó ante su delicado caminar, pero el mío no fue el único. El corazón de la pequeña Lena también latía desbocado, lo podía sentir. Como si su presencia causase un mar de sensaciones en su interior. Pero veo que lo disimulaba bastante bien... o eso trataba.
-El día del recital. Estabas hablando con mucha gente así que no quise interrumpir- jugué con mis dedos, nerviosa.
Ella solo sonrió. Me pareció que su gesto se había ablandado bastante en contraste a los anteriores encuentros. Me pregunto, ¿Cuánto tiempo pasó desde ellos? Por nuestro trato, que se mostraba más confianzudo, intuyo que mucho.
-No hubieras interrumpido nada, al contrario. También quería verte- Se plantó frente a mí, para luego inclinarse y regalarme un dulce beso en la mejilla.
Me sonrojé con intensidad, y en un intento de devolver el saludo, sonreí. Pero creo que terminé haciendo una mueca bastante estúpida, para variar.
-Estuviste genial, ¡Me sorprendiste! Nunca estuve muy interesada en el ballet para serte sincera, pero tu actuación fue tan... tan...
-¿Tan?- acortó más la distancia, por ende, yo retrocedí un paso. Su cercanía me intimidaba.
-Tan... brillante. Realmente estabas metida en el papel.
Sonrió, complacida -El lago de los cisnes es mi obra favorita. Me identifico- comenzó a explicar, dándose media vuelta y dirigiendo los pasos hacia una de las tantas sillas que se encontraban allí. Se sentó e hizo un ademán con la mano para que la acompañara.
-¿Te identificas?- repetí, tomando asiento a su lado y agarrando su botella de agua del suelo.
Se la pasé y me agradeció con una leve mueca, para luego asentir, apacible -Oui... dos personalidades en un solo cuerpo, dos vidas, dos pensamientos, un anhelo... Una tragedia. A veces pienso que soy de esa manera.
Me incliné un poco hacia ella, curiosa -¿Por qué?
Meditó bastante su respuesta -Porque siempre sentí que estaba dividida.
-¿Dividida?
Asintió otra vez, y llevó la botella a sus apetitosos labios -Sí... tengo una forma de pensar un poco contradictoria, por no decir retorcida. Supongo que a esta altura ya debes saberlo...- bromeó, a lo cual yo respondí con una amplia sonrisa.
-¿Por qué lo dices?
-Bueno... por ejemplo, estoy de acuerdo con el trabajo de Gérard, sé que es por el bien de la humanidad, pero también... una parte de mí está en contra.
La observé, confundida -¿Por qué lo estarías?
-Porque ese trabajo podría costarle la vida, y también...- volteó el rostro hacia mí. Su impactante y profunda mirada me paralizó -Podría costártela a ti.
-Amélie...
-¿Por qué?- su cabeza decayó, mientras fortalecía el agarre en la botella -¿Por qué se preocupan tanto por lo demás? ¿No ven que sus vidas están primero? El mundo tarde o temprano colapsará de igual manera.
-No, no es así.
Esta vez sus ojos se mostraron desamparados, por no decir iracundos -Lena, es así. La guerra terminará por destruirlo todo. En este mismo momento está muriendo gente mientras yo... yo...
-Hey...
Suspiró con pesadez -No lo sé, solo... no le veo el sentido. ¿No sería mejor disfrutar el presente, en vez de tratar de proteger el futuro?
Vaya... es una sorpresa que esta Amélie piense parecido a Widowmaker... supongo que hay cosas que no cambian.
Sonreí de lado, y apoyé la mano en su hombro -¿Esta es tu forma de decir que extrañas a Gérard, porque no está casi nunca en tu casa?
Me observó unos largos instantes, enmudecida y con una seria expresión.
-¿Amélie, qué pasa? ¿El ratón te comió la lengua?- bromeé, sin efecto recíproco alguno.
Resopló y esquivó mi visión, como si esta le quemara -No me refería solo a eso...
Reí con ganas, dándole palmaditas en la espalda -Tranquila. Es normal, eres su esposa, lo amas... es más que común extrañarlo.
-Si, es más que común. Y es lo... correcto.
Se quedó pensante unos segundos, sin quitar la atención del piso, que de interesante no tenía nada. No era capaz de adivinar lo que estaba meditando. Lo único que sé es que por la energía que irradiaba, la impaciencia se estaba apoderando de ella, lo cual era una novedad.
De repente, sus ojos abandonaron el suelo y se deslizaron con lentitud hasta poseer los míos. Estos me impactaron, o más que impactar... me intimidaron en demasía.
Su mirada se mostraba tan transparente, tan honesta, pero también... tan frustrada.
-Te dije que no es solo eso. ¿Por qué sigues hablando de él? ¿Por qué siempre hablas de él? ¿Qué hay de nosotras?
-¿Q-Qué?
Sujetó mi mano, que se encontraba sobre mi rodilla, y me brindó un leve apretón -¿Estás evitándome apropósito?
-¿Evitarte?
Como si no me encontrara lo suficientemente descolocada por su inesperada actitud, acercó tanto su rostro que por instinto retrocedí el mío.
-Lena... ¿Qué hay de nosotras?- repitió, atrapando mi mejilla y acortando más la distancia. Podía sentir su cálido aliento sobre el mío.
-¿A-Amélie?
-¿Vas a negarlo?- susurró contra mis labios, estremeciéndome -¿Vas a negarme que desde que nos vimos por primera vez... algo despertó dentro de nosotras?
-¿Qué estás...?
En un tímido acto, desvió la mirada hacia la nada. Sus mejillas se encontraban un poco ruborizadas, hecho que solo sumaba a mi tentación.
-Al menos en mí lo hizo- musitó, regresando la atención a mí, para luego inclinase unos centímetros más y rozar sus labios contra mi mejilla, o mejor dicho, contra mi comisura -¿Qué hay de ti?
Entreabrí la boca reiteradas veces con intenciones modular, pero siquiera pude hacer eso. La conmoción se estaba apoderando de mí.
Con los pelos de punta, me aparté tanto que terminé de culo en el suelo. Ella me miró desde lo alto, inexpresiva.
-Y-Yo...- traté de decir, pero al instante me silencié al notar sus pies -¡Amélie, estás sangrando!
-¿Huh?
Sujeté su tobillo y lo levanté un poco -Mira... te lastimaste.
Lo observó, sin mutar su neutra expresión -No pasa nada, estoy acostumbrada. Es algo rutinario cuando bailo.
-¡Rutinario mi culo!- empecé a quitar su zapatilla de ballet. La sangre traspasaba la tela.
-¡E-Espera!- se agachó hacia mí y atajó mi cabello con suavidad -No tienes que...-
-Estoy harta de que digas que estás acostumbrada a todo. Deberías quejarte un poco más- quité las vendas que cubrían su pie. Este se encontraba realmente lastimado, hasta hinchado.
-¿Quejarme?
Acaricié con las yemas la herida, provocando que temblase y que su aferre se adhiriera aún más a mis cortos mechones -Te lo curaré.
Emitió un casi insonoro sonido y bajó un poco la cabeza, con un leve rubor -Lena, no es necesario que tú...
-Dame esas vendas- señalé a su costado, dónde se encontraban acomodadas sobre una silla.
-Pero...
-Dije que lo haré, luv. Créeme, he curado peores heridas. Por si no lo recuerdas, soy un soldado.
Su visión terminó plantada en el suelo, y casi con resignación me las dio. La tristeza en ella ya era visible, y no comprendía la razón. Pero sus siguientes palabras, me la hicieron entender.
-¿Es necesario que sigas siéndolo?
Elevé la mirada, determinada -Lo es.
-¿Por qué? Te dije que nada bueno saldrá de eso.
-Y yo no entiendo porqué estás tan segura de eso- respondí, cubriendo su piel con las nuevas vendas -Si no lo intento, nada cambiará.
-Y si sigues intentándolo, morirás.
Clavé de nuevo los ojos en ella, para encontrarme con unos desconsolados.
Realmente... estaba preocupada por mí.
Sonreí de soslayo, emitiendo una pequeña risita. Con mucha cautela me incorporé y sujeté sus mejillas con delicadeza. La observé penetrantemente, y en su mirada pude ver todo el aprecio que me tenía y también... su miedo a perderme.
-Aquellos que disparan... deben estar dispuestos a ser disparados.
Sus ojos se abrieron, atónitos.
-Ya no puedo borrar todo lo que he hecho... las vidas que arrebaté por un incentivo, por un futuro mejor. Por un ideal.
-Lena...
-Yo...- descendí el rostro, con cierta melancolía. Nunca le había dicho estas cosas a nadie, este dolor, esta realidad que me agobiaba. Pero ella... ella merecía saber mi verdad -Ya no merezco tener una vida normal.
Apretó la mandíbula, impotente.
-Lo siento, luv...- desplacé mi tacto por su cálido cachete, mientras trataba de reprimir las lágrimas que querían atacarme -Mi vida no está asegurada, porque yo la dedico a los demás y eso no cambiará. No importa como cambie el rumbo de este mundo, protegeré a los más indefensos, seguiré haciéndolo... siempre. Hasta que mi existencia se termine.
Sus párpados se entrecerraron, y los míos se apagaron. No esperaba que me comprendiera, solo otro soldado... otro héroe podría hacerlo.
-No me importa.
Los volví a abrir, sorprendida -¿Eh?
Como si el calor de mi cuerpo no fuese suficiente, de la nada sentí uno mayor que me acobijó. Se puso de pie y me abrazó con fuerza, muy fuerte. En ese encuentro pude adivinar lo que su aprecio significaba; No iba a dejarme ir.
-Lena, no me interesan los demás- susurró en mi oído -No quiero que mueras, eres importante para mí. Así que ni se te ocurra alejarte.
-Amélie...
Reforzó más el aferre -Lo sé, suena incoherente. No te conozco hace tanto... fueron solo unos meses, pero en esos meses te convertiste en una gran amiga para mí. Tú no me juzgaste como los demás.
-¿Juzgar? ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Y por qué ella... se mostraba tan insegura consigo misma?
Navegué las manos por su delgada espalda, y la apegué más contra mi cuerpo -Amélie, mientras la salud esté de mi parte, siempre estaré a tu lado, y siempre seré tu amiga, eso no cambiará.
Y no lo hizo... a pesar de que nuestro alrededor sí cambió. A pesar de que tú cambiaste... Widowmaker.
Percibí como aflojaba un poco el aprecio, por ende, la imité. Pero lo que vino después me dejó suspendida en el lugar.
Me encaró de frente otra vez, y yo... ya no sabía cómo reaccionar. En especial porque la persona que me contemplaba no se dignaba a deshacer su desolada mirada.
-¿Solo mi amiga?
-¿Qué?
-¿Seré... solo tu amiga, siempre?- se aproximó más, perturbando a mi sensatez.
Nerviosa y sonrojada hasta las orejas, la aparté con las manos, pero ella las tomó y las llevó a su cintura -Dímelo, ¿No tengo oportunidad contigo?
-¿Qué estás...?
Sus ojos penetraban los míos con tanta profundidad que juré que iba a cegarme. Y que su voz resonara en un encantador y grave murmullo cada vez que hablaba, directamente enmudecía a mi propia habla.
No podía creer la escena que estaba observando. ¿Widowmaker rogando por mí? No tenía un puto sentido.
Desvié el semblante, antes de que sus carnosos labios terminasen sobre los míos -¿Qué estás... haciendo?
-Lo que deseo... lo que deseamos.
-No... no deseo esto.
-Lena, mírame- sujetó mi mentón y me obligó a enfrentarla -¿Por qué sigues evitándome?
Desobedeciendo, bajé la vista -Estás casada...
-¿Es por eso? Te dije que es un matrimonio por conveniencia.
-Pero él te ama.
-Y yo a él.
Regresé la visión a ella, irritada -¿Y entonces por qué haces esto?
En respuesta, me regaló una seductora sonrisa -Porque me gustas más tú...
Mis labios temblaron, ansiosos.
Realmente la anhelaba, podía leerlo en los pensamientos de mi pasado. Confirmado, esta historia en realidad tiene más tiempo del que pensé... y es más preocupante de lo que pensé.
Cerré los ojos con ímpetu. Mi interior se estaba descontrolando -Amélie, no. Esto está mal, no puedo traicionar a Gérard- me zafé de su agarre y me di la vuelta con intenciones de escapar -Paremos ahora, estamos a tiempo.
Eso dije, sin embargo, unos persistentes brazos rodearon mi cintura por detrás y me apegaron a sus deliciosas curvas. Esta demás decir que eso impidió mi huida.
-Sé que te atraigo- musitó en mi oído, para luego besar mi lóbulo con ternura -He visto como me miras...
-N-No, detente.
-No puedo... he tenido suficiente.
Y como si la paciencia no fuese su fuerte, atrapó mi brazo y me giró, para luego atajar mis caderas y caminar hacia mí, haciéndome perder el equilibrio. Me aprisionó contra la pared, mientras el palpitar de mi pecho saltaba, desesperado.
-Lo siento Lena, pero ya no puedo contenerme más- acopló tantos sus perfectas curvas contra las mías, que pensé que iba a fusionarse con mi cuerpo.
Su respiración se entrecortó, y la mía directamente se perdió cuando se inclinó hacia mí cuello y escondió su rostro en él.
-No me rechaces...
Con un lento movimiento, sus labios terminaron sumidos en mi piel y me recorrieron sin piedad, ascendiendo por ella.
-N-No...
-Hueles tan bien...
-¡Espera, Amélie! De verdad... no quiero. Gérard, él...
Sus dientes entraron en acción, marcándome sin mi permiso -Me divorciaré si eso te dejará más tranquila.
Mis ojos se abrieron de golpe al oírla. En un arranque, ya harta, la empujé -¡Basta! ¡Lo dices como si él no tuviera sentimientos! ¡¿Cómo puedes ser tan insensible?!
Me observó, sin mostrar emoción alguna. Eso solo reafirmó mi teoría.
-¡Él te ama! No puedes... yo no puedo...
-Estoy segura que no me ama tanto, al menos no de la forma que estás pensando. Es un cariño más amistoso que otra cosa.
Arrugué la frente, indignada -Y yo estoy segura que sí te ama.
-No sabes lo que dices, ma chérie. Lo conozco mejor que tú.
Apreté los puños, clavando las uñas en mi palma -Te ame o no, no es correcto. Él además está pasando por una situación delicada, ¿No tas cuenta que Talon está detrás de su cabeza?
Aquella columna que me protegía de ser descubierta, no me pudo proteger de la sorpresa que me invadió.
¿Talon? ¿Detrás de su cabeza? Entonces... ¿Ellos lo asesinaron? ¿No murió en un accidente aéreo como me dijeron? ¡¿Que mierda está pasando aquí?!
Amélie me contempló unos segundos, y clavó la mirada en sus pies -Lo sé, y me preocupa. Por eso no quiero que forme más parte de Overwatch- la ascendió, desarmándome con ella -Al igual que tú.
Choqué los dientes, rogando porque la cordura volviera a formar parte de mí -Si tan preocupada estás, entonces deja de jugar conmigo y céntrate en él. Yo sé cuidarme sola.
Arqueó una enfurecida ceja -¿Jugar?- repitió, volviendo a reducir la distancia, infartándome -Nunca he jugado contigo. Si pudiera evitar esta situación lo haría, créeme. Pero Lena...- estampó las manos sobre la pared, dejándome acorralada -¿No puedes ver que ya no puedo evitarlo más? ¿Vas a decirme que no te diste cuenta en todo este tiempo de lo que sentía?
-Amélie...
-Aquí la única insensible eres tú. Ignoraste por completo todas las señales que te di.
-Yo...
-Acaso... ¿Lo hiciste porque no te gusto?
-¿Qué?
-Dime que no te gusto y te dejaré en paz.
Fruncí los labios, nerviosa. No podía responder eso.
Pude intuir a la perfección en el desconcierto de esa Lena, que sí, en efecto, me gustaba. Pero, ¿Amor? Eso aún era confuso, y su estado de casada no ayudaba a su conflicto interno.
Debido a mi claro silencio, volvió a acercar su rostro, y acarició con sus yemas mi cuello -Tú me gustas demasiado... No quiero dejarte ir.
-N-No lances por la ventana tu relación si esto no es amor.
-¿Amour?- rió por lo bajo -Lena, ¿Qué sabes tú del amor? ¿Puedes siquiera ponerlo en palabras? Solo eres una niña.
Mi mente se detuvo, y no por despectiva tonalidad, sino porque había dado en el blanco. No... no era capaz de ponerlo en palabras, y menos de contestar, porque creo que nunca estuve enamorada. Tenía razón... solo era una niña.
-Eso responde a mi pregunta. Si ni siquiera sabes lo que es, no me cuestiones.
Bajé el semblante, derrotada. Mi corazón no podía encontrarse más desbocado. Nada tenía sentido... y al mismo tiempo, los hilos en mi mente que solo estaban unidos por la incertidumbre, ahora finalmente se habían roto. Lo sabía, quizás lo supe por un largo tiempo... que Amélie... a mí...
Ella se encargó de atajar mi decaído rostro y regresarlo a su sitio con delicadeza -Te diré un secreto, Lena- se aproximó y rozó sus labios con los míos, generándome un inmediato escalofrío -El amor nunca puede ser expresado con palabras.
Temblé en el lugar, al percibir su afrodisíaco aroma inundándome.
-Pero sí puede ser expresado por acciones... y eso es lo que haré.
-N-No...- musité, ya fuera de mí, e intentando apartarla con las manos, pero estas me fueron arrebatas por las muñecas.
Antes de que pudiese negarme de nuevo, y tomándome por completo desprevenida, me impulsó hacia ella y sus labios callaron mi habla de una desesperada manera. Mis ojos saltaron de sus órbitas, y por varios instantes quedaron en esa posición, incapaces de escapar de su consternación.
-Lena...- los entreabrió, para luego adentrar su lengua en mi cavidad y entrelazarla con la mía, que se mostraba retraía debido a la inadecuada situación.
Su respiración no tardó en entrecortarse y sus manos, impacientes, atraparon mi cintura y me sumieron contra sus caderas. Mordió mi labio inferior, provocando que emanase un inesperado y pequeño gemido. Se movía acompasadamente contra mi boca, y yo... no pude hacer otra cosa más que seguirle la corriente. Era imposible no hacerlo. Me estaba adormeciendo.
Con lentitud, se despegó de mi piel. La observé, sin poder salir de mi pasmado estado. Un hermoso y leve sonrojo teñía sus mejillas.
-¿Ves? ¿Puedes sentirlo?
Agitada y con falta de aire, sonreí de lado -Solo siento tu entrepierna sobre la mía, luv.
-Oh...- dibujó una picarona mueca -Además de eso.
No sé porqué, pero la risa no me fue indiferente. Esta chica... me generaba sensaciones intensas que nunca antes me generó alguien. Pero no debía sentirme así... no era correcto.
-Dime...-regresó a mis labios sin esperar una respuesta y los devoró con hambruna, entreabriéndolos con los suyos.
Su tacto se deslizaba de arriba hacia abajo por mi espalda, rodeando mi cintura y ascendiendo por ella.
No... si sigue así... yo...
-¿Qué...?- murmuré, enredando los brazos en su cuello. Estaba perdiendo el poco autocontrol que me quedaba. Sabia tan bien... tan dulce.
Al profundizar aquel encuentro, un grave jadeo escapó de su garganta. El cuál quedó inmerso en mi cavidad.
Se separó con una tortuosa lentitud -¿Tu querido simio ya terminó el nuevo acelerador?- murmuró, y volvió a invadirme, como si mis labios fueran su debilidad.
Esta vez fui yo la que se desligó. Un pequeño hilo transparente quedó sostenido entre nuestras bocas, en consecuencia -Aún no.
-Merde.
-¿Por qué?
Se abrazó más a mí y escondió su cabeza en mi cuello. El percibir su jadeante aire sobre mi piel, me daba a entender que poco quedaba para que perdiese el juicio. Pero ella no era la única al filo de la navaja.
-Porque quiero hacerte el amor- soltó, sin pudor alguno.
Juré que mi corazón se había detenido. De verdad sentí como me golpeó tan fuerte que hasta dolió.
-¿A-Amor? ¿No acabas de decir que esto no es amor?
-No dije tal cosa.
-Lo dijiste, cielo, ya que no aceptaste que lo sea. Así que si yo fuera tú... cambiaría esa frase por "Tener sexo".
Emitió un bufido y reforzó el agarre, destruyendo mis defensas, para luego apoyar su mentón en mi hombro -Pero tampoco es eso. No me gustaría decirlo así, ya que no lo siento así- besó mi mejilla, mientras sus traviesas manos descendían por la curva de mi espalda.
-O-Oye, ¿Qué estás tocando?
-Tu lindo trasero.
-Deja de hacerlo.
-Non- respondió en un cantito, frunciendo los dedos contra él.
Ignorando el escalofrío que me atacó por su tacto, suspiré, y ahora fui yo la que recostó el mentón en su hombro -Cuando te vi la primera vez... jamás pensé que podrías llegar a ser así.
Rió en un murmullo -No soy así usualmente. Pero tú me sacaste de mis cabales.
-¿Huh?- la encaré de frente -¿Disculpa?
-Me impacientas porque despiertas un lado de mí que no creí que existiera. ¡Oh! Y porque tratas de evitar lo que ambas sentimos... No entiendo el porqué...
Elevé ambas cejas, sorprendida -¿Ahora resulta que todo es mi culpa?
-Oui- musitó, frotando su nariz con la mía -Es todo tu culpa y ahora tendrás que pagar las consecuencias- finalizó, rodeando con los dedos mi acelerador -Encontraré una forma para que esto no estorbe, así que ni se te ocurra escapar.
-H-Hey...
-Hoy vendrás conmigo a mi casa.
-¡Estás loca!- me solté, y por mi esquivo movimiento ella también lo hizo -¡No iré a tu casa! ¡Olvídalo! ¡Esto solo fue un desliz de mi parte! ¡No volverá a suced-hm!- robó mis labios en un arrebato, obviando mi negación.
Se despegó de mi, y me regaló una soberbia sonrisa.
-Ya sucedió.
-Eres una...
Su maldito y confiado gesto no desaparecía, y eso solo me desquiciaba más.
-Vendrás, quieras o no- volvió a acorralarme con sus brazos -Además, Gérard no estará hoy.
Arrugué la frente, totalmente exasperada -¡No soy su reemplazo!
Negó el rostro con tranquilidad, sin quitar su traviesa sonrisa -No lo eres. Es más... me animaría a decir que mi querido esposo, desde que te conocí, se convirtió en tu reemplazo.
Mi pecho palpitó con rudeza. Este no me daba descanso -¿Q-Qué?
-Ya que...- ascendió la mano y atajó mi nuca, para luego impulsarme hacia sus labios otra vez, en un corto pero dulce beso -... No he podido dejar de pensar en ti en ningún momento. Y cuando digo ninguno...- se separó unos centímetros, y me dedicó una sensual mueca -Es ninguno.
Los rojizos colores subieron rápidamente por mi piel -Cómo puedes decir esas cosas como si...
-¿Cómo si?
-Como si nada...
-Oh, soy francesa- bromeó, con un inocente gesto.
Solté un pesado bufido, que encubría una leve y resignada risita -Cierto, a veces lo olvido.
Me dedicó otra ligera carcajada en respuesta, contrarrestando mi gesto inmerso de confusión y casi terror. Todo se estaba saliendo de control más rápido de lo que creí. Y no me sentía para nada capacitada en resolver esta indecorosa situación.
Acarició mi mejilla y la pellizcó con sutileza, despertándome -Pareces estar a punto de quebrarte.
Desvié la mirada, avergonzada -Lo estoy... para mi desgracia.
-¿No es eso una buena noticia?
-¡No lo es!
-Lo es... Lena.
En medio de su contacto visual, que no me abandonaba, se mordió el labio, como si mi timidez la incentivase.
-Eres tan linda...- Inclinó el semblante hacia mí y ahora fui yo la mordida. Sus dientes apresaban mi cachete, sin piedad.
Entrecerré un ojo, con el calor en aumento.
-Chérie, ven conmigo, por favor- se abrazó a mi otra vez -Realmente... quiero estar contigo.
-Y yo contigo...
¡Agh! ¡Mierda! No debí decir eso... ¡No debí decir eso!
Sus ojos obviamente brillaron con fervor -Eso lo decide.
-¡No! ¡No quise decir... ¡Oi, no me alces!
Sus manos se estacionaron en mi cintura y piernas, imposibilitandome el escapar. Y su picarona sonrisa no desaparecía, impacientándome.
Pero parece que algo llamó su atención lo suficiente para que su gesto mutara.
Me contempló con curiosidad -Oh...
-¿Q-Qué?
Percibí como mi cuerpo se elevaba unos centímetros, en cortos saltitos, provocando que rodeé su cuello con los brazos ante el vértigo.
-Eres muy liviana, supongo que debe ser por tu diminuta estatura.
-¿Ahora te burlas?
Descendió la cabeza, para quedar a mi altura -Pero si es una de las cosas que más me gusta de ti. Eres tierna.
Cubrí mi rostro en un absurdo intento de ocultar mi sonrojo. Por supuesto, quitó mi mano de allí. No quería perderse a mi ser avergonzado.
Me atreví a mirarla, titubeante -¿Cómo puede ser que no tengas remordimientos por lo que vamos a hacer?
-¡Oh! ¿Entonces eso es un sí?
-¡No! Y además... ¿No me estabas básicamente secuestrando? ¿Ahora se supone que debo creer que estabas esperando mi respuesta?
-Hmm, tienes razón- contestó, pasando la visión al frente -Pero contestando a tu pregunta, los tengo.
-Entonces no hagamos esto, Amélie.
Como si mis frases no tuvieran importancia, emprendió su caminar conmigo en brazos -Pero quiero hacerlo.
¡Ah, mierda! ¡Vienen para acá!
Me escondí lo más rápido que pude detrás de una columna más lejana. Detallé como mi otro yo se revolvía entre sus brazos, histérica.
-¡Amélie! ¿Puedes decidirte? Oh, ¡Y bajarme!
-Te dije que era una persona contradictora, y no. No quiero bajarte.
-Puta madre...
-Chérie, no se enterará.
-Ja... confirmado, en realidad no tienes remordimientos, ni los tendrás.
Sonrió, casi con desgano -Tienes razón... soy una terrible persona.
-Amélie...
-Pero como te dije, es un matrimonio por conveniencia. Eso no quita que no lo aprecie, es mi mejor amigo y me apoyó en todo momento.
-Sí, es un gran amigo... de eso no hay duda- sonreí para mí, nostálgica.
-Pero siempre supe que la pasión no era lo nuestro... menos el amor, al menos no en ese sentido.
Contemplé como atravesaban la puerta, ¿Acaso no pensaba soltarme o qué? Veo que la pequeña Lena ya se estaba acostumbrando a sus brazos.
-No creo que le moleste si se entera, pensándolo bien...- dibujó un gesto falsamente pensativo -Creo que hasta nos pediría sumarse.
Largué una inevitable carcajada, porque era cierto. Él sería capaz de tal cosa. Después de todo, era un mujeriego antes de conocerla.
-Espera- detuve mi risa en seco -¿Estás diciendo que tienen una relación abierta?
Rodó los ojos, pero fue incapaz de ocultar la picardía en ellos -Algo así... nunca lo dijimos, pero es muy probable que así sea.
Cubrí de nuevo mi semblante, aún más indignada que antes -No puedo creerlo.
Amélie estancó sus pasos y me observó. Su ceño se encontraba un tanto fruncido, lo cual me pareció extraño.
-De todos modos, yo no permitiría que se sumara.
-¿Huh?
Empezó a bajarme con una cuidada lentitud, para luego sujetar mi mejilla y aproximarme a su perfecto rostro -Porque te quiero para mi solita- Plantó un pequeño beso en mi nariz, ruborizándome.
Mi pecho se encogió, adolorido. Ver a esta persona que no es Widowmaker, pero que sé que tarde o temprano lo será... me destruye.
Resbalé por la columna donde estaba apoyada, odiando el momento en el que decidí seguirlas.
Ya no quiero ver esto, creo que sé cómo seguirá. Esa Lena va a aceptar su propuesta, y luego terminará con el corazón despedazado...
Y como si mis súplicas fueran escuchadas, sentí una extraña y desagradable sensación recorriéndome.
Detallé mi propio cuerpo, solo para encontrarme con que se estaba desvaneciendo. Conocía esta odiosa rutina, pero... algo había cambiado. Esta sensación es... diferente. Es como si una horrible y tediosa electricidad me quemara las venas.
¿Qué está pasando? Si... estoy por teletransportándome, pero hay algo más... me siento mal, muy mal...
Con falta de aire y apretándome el pecho con fuerza, miré de reojo a la otra Lena y pude vislumbrar como pequeñas moléculas emanaban de mi cuerpo y se dirigían hacia ella.
¡Mierda! ¡Me estoy fusionando con ella! No debí pasar tanto tiempo cerca, ¡Si sigo así quedaré encerrada aquí!
Corrí lo más rápido que pude en dirección contraria a ellas, tanto, que el ruido mis pasos llamaron la atención de ambas, para mi maldita suerte.
-Hay alguien aquí...
-Si- respondió Amélie, sospechosa -Qué raro, pensé que ya se habían ido todos.
¡No, no, no! ¡No se den cuenta! ¡El curso de la historia cambiará! ¡Y estoy segura que no para bien!
Y como si mi fortuna no fuera peor, una succión empezó a irrumpirme. Pero esta me absorbía directamente hacia la Lena de mi pasado.
Mis pies se despegaron del suelo y mi cuerpo terminó por completo invisible. Ladeé el rostro hacia atrás, mientras la succión me llevaba velozmente hacia ella. Aterrorizada, mis muelas se encontraron.
¡Carajo! ¡Desapareceré!
No obstante, como si de un milagro se tratase, me desvanecí antes de terminar fusionada con mi pasado.
En todo el camino destellante y azulado que estaba recorriendo, traté de recuperar el aire perdido. No conseguía sosegarme.
-Eso fue peligroso... mis moléculas de verdad se estaban adhiriendo a su cuerpo- traté de divisar la entrada del nuevo lugar a dónde iba a aterrizar -Esto se está saliendo de control, debo encontrar la forma para volver... pero si Widowmaker no logró entregarle el acelerador a Winston, no habrá forma, quedaré encerrada en el espacio tiempo para siempre.
Entrecerré los ojos, afligida -Y seguiré viendo estos recuerdos hasta que todo vuelva a empezar. Yo... ya no quiero ver nada. Lo único que quiero saber es qué sucedió con nosotras... ¡Necesito saberlo!
-/-
-¡AGH!- Esta vez el aterrizaje resultó demasiado doloroso, no estaba preparada ni para caer sentada. La debilidad por todo lo que había presenciado empezaba a afectarme.
Arrugué los dedos contra lo que parecía una alfombra, pero estos la traspasaron de inmediato. Abrí los ojos de par en par, y tantee con las manos mi cuerpo, solo para notar que todavía seguía siendo invisible y que ni lo percibía.
-¿Por... qué?- alcé la mirada automáticamente y divisé una inmensa habitación -¿De quién es este cuarto?- La regresé hacia mi inexistente ser, atónita -Estoy... desvaneciéndome. ¿Será por las moléculas que se adhirieron al cuerpo de esa Lena? Ya no puedo verme... siquiera sentir algo.
Unos apresurados pasos provocaron que tratara de esconderme detrás de las cortinas que cubrían una gran ventana, que adornaba esa habitación, pero no llegué a tiempo.
Detallé horrorizada, como la pequeña Lena y Amélie entraban por la puerta, besándose desenfrenadamente.
No... ¡Es el fin! ¡Me verán!
Pero nada de eso sucedió, como si mi persona no existiese, cayeron sobre la cama y prosiguieron con lo suyo. Quedé detenida, observándolas.
No me ven... ¡No pueden verme! ¿Eso significa que estoy uniéndome con este mundo... con esa Lena?
Caí de rodillas en el suelo, sin poder quitar la atención de ellas.
¿Qué mierda va a pasar ahora conmigo?
-A-Amélie, espera...- la aparté con las manos, agitada y totalmente ruborizada -No estoy segura de...
Su dedo índice cayó mi habla -Lena... ya no puedo esperar.
Absolutamente a su merced, ya que me encontraba debajo de ella, desvié el semblante, frunciendo los labios -Esto no puede pas-¡Ah!- Sus labios sobre mi cuello impidieron que continuase.
-Por favor...- sus dientes mordieron mi lóbulo con una perfecta precisión, para luego descender por mi piel, lamiendo mi cuello, hasta encontrarse con mi torso.
Sus manos, ahora algo titubeantes, empezaron a ascender por mi abdomen, llevándose consigo mi playera. Sin embargo, estas se detuvieron antes de llegar a rozar mis pechos.
Agitada, penetré mi perdida mirada en ella -¿Amélie?
Su visión se ablandó. Avergonzada, atajó un rebelde cabello y lo acomodó detrás de su oreja -Nunca estuve con una mujer.
-¿Eh?
-No sé si sabré hacer bien esto. Quizás tú...- delineó una tímida sonrisa -¿Podrías guiarme?
Claramente el asombro plasmado en mi ser, no pasó desapercibido. Pero este poco tardó en ser reemplazado por una sugerente mueca. De alguna extraña forma, su timidez fue el punto culminante que terminó por aflojarme.
Quería hacerla mía. Ya no me importaban las consecuencias ni el por venir.
-¿Estás insinuando que yo si estuve con una mujer?
Su picarona ceja arqueada, fue suficiente para conocer su respuesta.
Ahogué una risita -Así que lo sabías, ¿Tan obvia soy?
-Non- acortó la distancia entre nuestros rostros -Pero acabas de confirmármelo.
Arrugué la frente, impotente. Había caído en su trampa.
-Maldita seas.
Me sonrió, provocando que mi sonrisa también naciera -Pero no miento al decir que nunca hice esto antes, por eso...
-Por eso- atrapé sus brazos, y su semblante mutó por uno sorprendido -Supongo que deberé enseñarte - giré mi cuerpo y ella terminó debajo del mío.
Parpadeó varias veces, mientras mis manos aprisionaban sus muñecas a ambos costados de su cabeza.
Quedé asentada sobre su firme y perfecto vientre, mientras la contemplaba con profundidad. -Amélie... ¿Estás segura de esto? Todo cambiará si lo hacemos. No habrá vuelta atrás.
Sus ojos, a pesar de la oscuridad de ese cuarto, brillaron con fervor, tanto, que hasta pude notarlo -Sí, estoy segura.
Descendí la vista, al igual que mi cuerpo, apegándome a sus deliciosas curvas -Espero que seas consciente de lo que dices.
Sus brazos se enredaron en mi cuello y me apretó más contra ella -Lo soy. Quiero estar contigo... Lena.
Y eso fue todo. La pequeña Lena perdió la paciencia que le restaba y devoró sus labios con hambruna, entrelazando su lengua con la suya en una danza interminable.
Cerré mis ojos con fuerza, y sin poder soportar ver aquello traté de escapar de ese lugar. Pero no podía, algo me tenía anclada al suelo. Mis pies no se despegaban de este.
En el mientras tanto, recorría su cuerpo en un camino de besos, mordisqueando su cuello, succionándolo, sacándole profundos gemidos. Desabotoné su camisa y dejé al descubierto su brasier.
Sus pálidas mejillas se mostraban sonrojadas, enloqueciendo a mis sentidos -Amélie...- se lo quité por la espalda y lo revoleé hacia atrás.
Su prenda cayó al lado de mi anclado ser. Lo detallé, reprimiendo las lágrimas.
No quiero... ver esto. No quiero ver lo que no puedo tener.
Sus dedos terminaron en mi cabello, impulsándome hacia su anhelo. Obediente, me hundí en medio de sus atributos y aspiré su afrodisíaco aroma -Hueles tan bien...
-L-Lena...
Sin perder un segundo, extendí mi lengua hacia su perfecta sensibilidad y la saboreé. Mis labios, sin querer quedarse fuera, aprisionaron aquel vulnerable sitio, absorbiéndolo.
-¡A-Ah!
Mi mirada se encontraba tan perdida... tan desbordada por... ¿Amor? Si... era amor lo que estaba despertando en mi corazón. Arrugué la ropa en mi torso, y las lágrimas que con tanto esfuerzo reprimí, emanaron por doquier.
¿Por... qué? ¿Por qué nuestro destino tuvo que desviarse tanto?
Mis dedos recorrieron su vientre, descendiendo por el, y mi rostro decidió imitarlos, marcando su piel en el recorrido.
¿Por qué tuvo que pasarte esto?
-Lena...- me empujó levemente hacia el lugar de su cuerpo que más atención necesitaba.
Estacioné los labios sobre su pelvis, mientras deslizaba hacia abajo su traje de ballet, dejándola solo en ropa interior.
-Amélie...
¿Por qué este importante instante se detuvo en nuestras vidas?
Me sumí en su entrepierna y besé con adoración la tela que recubría su intimidad, para luego succionarla, generando que sus jadeos aumentasen. No dudé al comenzar a correrla hacia el costado y deleitarme con su bella naturaleza al desnudo -Eres tan hermosa...
Ella se cubrió el rostro con su brazo, mientras su respiración se descontrolaba. Podía sentirla, su cuerpo se elevaba y aterrizaba sobre el colchón, inquieto, acalorado.
Bajé mi semblante al mismo tiempo que aquella Lena. Pero el mío terminó incrustado en el suelo, al igual que mis puños. Al contrario del de ella, que se sumió en su intimidad y empezó a saborearla con pasión.
-¡Ah!- se aferró con fuerza de mi cabello, arqueando la espalda en el acto -¡L-Lena!
Su cuerpo, como si no pudiese tolerar las desbordantes sensaciones, de repente se incorporó, quedando sentado. Su hermoso rostro se encontraba tan ruborizado que hasta cubría su palidez.
-Amélie...- susurré sobre ese delicado lugar, desplazando mi lengua por él, y llevándome su centro conmigo.
Entrecerró un ojo, mientras su mano derecha se aferraba con fuerza a la sábana, y la izquierda me apresaba el cabello cada vez con más desesperación.
-Ah...- emanó un placentero jadeo y estiró el cuello hacia atrás. Una gota de sudor resbalándose por su frente me dio a entender que poco más iba a aguantar -Si... Lena...- Sus caderas comenzaron a moverse hacia mí con lentitud, inundándome más en su intimidad.
Mi vista ya era nublosa. Las lágrimas me impedían visualizarlas bien. Pero en realidad... no deseaba verlas.
No quiero... ¡No quiero ver más esto! No quiero ver como... hacemos el amor. Porque mientras más lo hago, más te extraño, y más caigo en la cuenta de que lo que hicimos nosotras en nuestro presente... lejos está de esto.
El solo recordar cómo te veías la última vez... y ahora verte así, tan entregada a mí, tan honesta. Eras tan diferente y al mismo tiempo similar.
Aceleré mi acto, mientras lo acompañaba con dos de mis yemas, que se habían atrevido a invadirte con cautela. Tu cuerpo volvió a estamparse contra el colchón, debilitado.
-¡L-Lena! Y-Yo...
Asomé mi enrojecido rostro por encima de tu pelvis, y te sonreí. Deleitándome con tu desnudo y estremecido estado, gatee entre tus piernas y quedé a la altura de tu rostro.
-¿Tú qué, Amélie?
Me miraste, hipnotizada y perdida. Realmente perdida por lo que estaba aconteciendo entre nosotras -Yo...- con un esfuerzo que pude notar, sonreíste y sujetaste mi espalda, acoplándome más contra ti -Je t'aime.
Mis pupilas se ampliaron, sin poder creer lo que escuchaba, mientras tus labios terminaban unidos en los míos.
-Amélie...
Con la excitación desbordada, me quité la ropa, dejando solo al descubierto lo único que no podía ser removido, mi acelerador.
Me abracé a tus hombros y deslicé las manos por estos hasta tu suave espalda. Te apresé lo más que podía contra mi ser. La necesidad de fusionarme contigo solo acrecentaba.
Mi pierna, sin mi permiso y con la ilusión de sentirte más, se posó sobre la tuya. De inmediato nuestras intimidades se unieron, generando que emitiéramos un sofocado sonido. Al comenzar a embestirme contra ti, acción que veo que no esperabas, tus ojos saltaron, y un potente gemido te irrumpió.
-¡Lena!- rasguñaste mi espalda en el acto, mientras yo aceleraba los movimientos.
Mi cabeza decaía en cada embestida, debilitada. Y la tuya rebotaba de arriba hacia abajo, totalmente vencida y entregada.
-¡A-Ah...!- aceleré la acción, provocando que cerrases los ojos con ímpetu, y que te aferraras con más fuerza a mi húmedo cuerpo, como si buscases un sostén debido a lo que estaba por acontecer.
Fruncí los dedos contra el suelo, y la tristeza que me embargaba solo atinó a aumentar.
-Basta... no quiero ver más...
Escondí el rostro en tu acalorado cuello y me fusioné contigo una última vez, pero en esta ocasión, mantuve el contacto lo más que mi cuerpo pudo soportar, ya que este empezó a tiritar estrepitosamente, traicionándome, al igual que el tuyo.
-¡A-Amélie!
Tus manos se desesperaron sobre mi piel y me apretaron contra ti, lo más que podían, ya que el acelerador nos impedía un contacto mayor.
-¡Ah...!
Con la electricidad recorriendo todo mi ser, me desplomé sobre tu cuerpo. No tardaste en rodearme con los brazos y acurrucarme en tu pecho, que todavía se encontraba descontrolado, en un cariñoso abrazo.
-Lena...
Mi semblante no quería abandonar tu cálido cuello. O mejor dicho, no me atrevía a verte. Porque ahora sabía que todo había cambiado entre nosotras, y eso me daba terror.
Terror que notaste, ya que tu dulce tacto me incorporó un poco y me volteó hasta quedar acostada al lado tuyo. No me animé a mirarte, al contrario de ti, que a pesar de la falta de aire, me observabas con una profundidad que no podía responder.
-Lena... mírame- deslizó los dedos hasta mi rostro y lo giró hacia ella.
Tratando de calmar a mi precipitado latir, capturé sus ojos y solo me encontré con una verdad en ellos que no quería escuchar.
-¿Por qué me miras así?
- ...
-¿Te arrepientes?
Tomé aire y lo solté en un pesado suspiro -No...
-¿Y entonces?- se acomodó de costado, sosteniéndose con su codo. Y para sumar a mi complejo estado, se dedicó a no quitarme la atención de encima -¿Vas a irte?
Aquella insegura cuestión fue suficiente para que imitase su pose, de una forma, por supuesto, mucho menos delicada -¿Qué dices? ¿Por qué me iría?
Su mirada se incrustó en el colchón. El miedo al abandono se podía vislumbrar a través de ella -Por lo que hicimos... siento que casi te forcé. Tal vez no querías y yo...-
-Amélie, eso no es cierto- acaricié su mejilla, tratando de apaciguar sus dudas -Hice esto porque quise, más allá de las consecuencias.
Atrapó mi mano con la suya y la apretó contra su piel -¿Eso es lo que te preocupa? ¿Las consecuencias?
Alcé una consternada ceja -¿Te parece que no es para preocuparse que haya traicionado la confianza de mi amigo?
-Ya te dije que...
-Sí, ya lo sé- la corté -Pero igual... no puedo evitar sentirme culpable, ¿Acaso no te sientes así también?
Hizo silencio, como si supiera que sus palabras iban a ser en vano. En un acto que me desconcertó, esta vez fue ella la que resopló, fastidiosa, para luego aproximarse hacia su mesa de luz y sacar una caja de cigarrillos.
La seguí con la vista, mientras detallaba como se acomodaba de frente contra la cama, aún apoyada en sus codos, prendía uno y le daba una larga pitada.
-No sabía que fumabas.
-... Solo lo hago de vez en cuando. Pero si te molesta el humo, lo apagaré.
-mmm...
Me miró de reojo, para luego sonreírme con cierta amargura -¿Quieres?
Lo admiré, vacilante -Supongo que una pitada no me matará.
Claramente esperaba un no como respuesta, su gesto expuso a su asombro. Sonrió de lado y luego de emanar el humo que irrumpía su boca, me lo pasó.
Lo agarré entre mis dedos y aspiré. Nunca había fumado, y se notó, ya que la tos se hizo presente en menos de un segundo -Qué asco...
Con su burlona risa de fondo, me lo quitó -No aceptes algo que no tolerarás.
No sé porqué, pero presiento que esa frase escondía un importante doble sentido.
-Quería probarlo... escuché que un cigarrillo después del sexo es lo mejor. Siempre tuve curiosidad.
-¿Sexe, eh?
Debido a su indiferente tonada, me achiqué en el lugar. ¿Estaba... enojada?
Sin siquiera llegar a terminarlo, lo apagó en un cenicero y volvió a su posición de costado, recostando su cabeza en la almohada.
-¿Es solo sexo lo que tuvimos para ti?
Mis labios se desprendieron, aterrorizados. Quedé ensimismada en sus honestos ojos, que deseaban conocer mi respuesta con impaciencia. No obstante, mis palabras habían quedado atascadas en mi garganta, temerosas por liberar la verdad. Supongo que a esta altura... no tenía sentido mentirle.
Arrugué la sábana y por completo desesperanzada, me deje caer también sobre la almohada, de frente a ella.
-No... Lamentablemente para mí fue mucho más.
-¿Lamentablemente? ¿Qué clase de respuesta es esa?
Mi corazón latió con rudeza al escuchar esa cuestión. Ya que... me hizo recordar a una conversación que tuve con Widowmaker.
-Lena, ¿Me quieres?
-Lamentablemente... creo que lo hago.
-¿Lamentablemente? ¿Qué clase de respuesta es esa? ¿Esa es tu gran idea de séduction?
Sonreí para mí al rememorar esas palabras. Su voz sonaba tan clara en mi cabeza... tan... nítida.
La extrañaba, pero no a esta Amélie que estaba viendo, sino a Widowmaker... y eso carecía de sentido.
Esta persona enfrente de mí era más sana, más cuerda y por último y no menos importante, no era una psicópata. ¿Pero entonces... por qué? ¿Por qué la extrañaba a ella?
Mi pasado suspiró, mientras Amélie acariciaba su semblante con cariño.
-Carajo, creo que de verdad...- posé mis ojos en ella, avergonzada -... creo que me estoy enamorando de ti.
Contrarrestando mi pesar, una amable sonrisa se dibujó en sus labios -Lo dices como si fuera un problema.
-¡Lo es!
-No lo digas así- desvió un poco la mirada, mientras un tenue sonrojo se establecía en sus mejillas.
-¿Por qué?
La regresó hacia mí, con una profundidad mayor a la que podía tolerar -Porque entonces... ¿Te sería un problema si te dijera que yo estoy enamorada de ti?
Mis ojos se abrieron, estupefactos. Los suyos me contemplaban, expectantes.
Los entrecerré y devolví mi cabeza a la almohada, que se había sobresaltado debido a su confesión -Estamos metidas en una bien grande.
Me imitó, sonriendo de soslayo -Oui.
-¿Cómo saldremos de esta?
-Con la verdad.
-¿La verdad? ¿Estás loca?
-Quizás.
-¿Piensas que funcionará?
-Otra no queda.
Medité mi respuesta, sigilosa -Tal vez si nos escondemos...
-No me gusta esconderme- me cortó de inmediato, arrugando la frente, lo cual me alertó.
-Pero Amélie...
-Lo siento, pero no es de mi agrado.
Delineé una picarona mueca, y acaricié su sedoso cabello -Así que eres de las que va de frente, señorita Lacroix.
-Guillard.
-¿Eh?
-Mi apellido es Guillard. Lacroix es mi apellido de casada- penetró sus traviesos ojos en mí -Pero veo que no necesitaré utilizarlo más.
Amélie Guillard... Eso... no lo sabía. Me pregunto si Widowmaker lo sabrá.
-Y si estás dispuesta...- atajó mi mano y la llevó hasta sus labios. Plantó un pequeño beso en el dorso, que solo destruyó aún más mis convicciones -Iré de frente contigo.
Me mordí mi propio labio, notablemente tentada -Gérard me internará las tetas.
Aturdida, me detalló unos instantes, para luego soltar una fuerte carcajada que por varios segundos creí que no iba a culminar jamás. Todavía con leves risitas, llevó un dedo a su ojo y limpió las hilarantes lágrimas que yo ocasioné.
-Tranquila, no lo hará, ya te lo dije. Lo conozco, y nuestro matrimonio no es el típico convencional.
Inflé los cachetes, ante sus pequeños sonidos, que ocultaban su reprimida risa -Aunque no lo sea...- mi boca se selló, al notar un objeto en su dedo anular, que realmente... no quería ver.
Parece que captó los celos que me irrumpieron. Supongo que mi desfigurado rostro me expuso. Nunca me destaqué por disimular bien mis emociones.
-¿Lena, qué sucede?
Haciendo un infantil puchero, señalé su dedo -¿Podrías quitarte el anillo, al menos cuando estés conmigo?
-¿Huh?- posó la atención en él.
-Me incomoda que lo tengas puesto.
Como si lo que hubiese dicho fuera un cumplido, me sonrió de oreja a oreja -A la orden, madame.
Apacible, empezó a sacárselo. Observé su acto, y no aprecié ni un solo gesto de lamentación al culminarlo. Lo elevó hacia mí y cerró un ojo, para luego divisar con el otro mi rostro a través de este.
-¿Qué haces?
-Te miro. Así te ves incluso más pequeña.
Sin permitir que siquiera me defienda por su descaro, atrapó mi mano y la contempló, enmudecida. Yo la admiré, ya sin saber que esperar. Todo con ella era... una incógnita.
Pero mi incertidumbre acrecentó cuando detallé casi en cámara lenta, como colocaba su propio y dorado anillo en mi dedo anular.
-O-Oi... ¿Qué estás haciendo?
Se apoyó de nuevo sobre su codo, mientras acariciaba la piel de mis yemas y entrelazaba sus dedos con los míos -Te queda mejor que a mí.
Arqueé una alterada ceja -Amélie... ¿Eres consciente de dónde lo pusis-
-Te regalaré un collar que combine con el anillo, y también...-
-¡No cambies el tema!
Rió con ganas, haciéndome reír a mí también. Pero nunca desligó de mi dedo su anillo.
Y yo... aún cabizbaja sobre el suelo, solo pude dedicarme a observar como mi otro yo se posaba sobre ella y comenzaba a hacerle cosquillas. Estas surgieron efecto... al contrario de Widowmaker, que no parecía afectarles. Bueno... excepto "otro tipo" de cosquillas.
Ahogué un sollozo, recordándola. Recordando a la única persona que quería ver en este momento, por más alocado que sonase.
Widowmaker... quiero verte.
Una no bienvenida presión golpeó mi pecho. Otra vez... iba a trasladarme a algún tedioso lugar.
Ya no quiero...
Abracé mi propio cuerpo, iracunda. Todo carecía de sentido, y al mismo tiempo mis memorias perdidas, ya no solo presenciaban esas escenas como si fueran extranjeras. Poco a poco mi mente las estaba saboreando, recordándolas. Como si ahora de verdad fueran mías propias.
Sí... nosotras pasamos por todo esto. Vagamente... lo recuerdo.
Una destellante luz irrumpió mi pecho y antes de darme cuenta desaparecí, detallando como la imagen de ellas jugando entre sí, se tornaba cada vez más borrosa.
¿Qué caso tenía esto ya? ¿Qué caso tenía que yo viera todo esto... si no podía hacer nada?
Literalmente me estaba desvaneciendo. La mayoría de mis moléculas me traicionaron, fusionándose con mi pasado. Mi cuerpo ahora apenas se distinguía. Ellas... ya no podían verme. Nadie podía. Ya no había razón para esconderme.
Ya... no me importa nada.
-/-
Esta vez el descenso no fue para nada brusco, porque no había peso alguno que pudiese amortiguar la caída. Seguía siendo invisible, inexistente. Sin embargo, todavía podía vislumbrar mí alrededor.
Levanté la cabeza, más desganada que nunca, pero al encontrarme con dos personas que conocía muy bien, mi mandíbula decayó.
No era yo... por primera vez no era yo la que se encontraba allí. Esta era una escena que seguro nunca presencié. Una memoria que no me pertenecía.
Deslicé los ojos hacia la mujer que se había convertido en mi amante en esta vida, en mi pasado. Amélie estaba de pie frente a Gérard. Una determinada e indescifrable mirada inundaba sus pupilas.
Su esposo, que la observaba de espaldas a través del reflejo de una ventana, se dio vuelta con lentitud -Amélie...
La nombrada le regaló una indiferente sonrisa y habló -Bonjour, Gérard.
¡Capitulo 14 entregado! Y finalmente nos estamos acercando al final del viaje al pasado de Lena. Se viene una parte fulera, pero supongo que eso ya lo saben jaja.
¡Gracias por leer gente linda, y los veo en el próximo capítulo!
plagahood: ¡Gracias por leer! jajajaja tu frase de los Simpsons me estalló xD (fanática) Me alegra que te gusten los flashbacks, para mi también son super necesarios para enriquecer esta historia. ¡Te leo en el próximo, amigo, besos!
nekkosixx: ¡Gracias por leer! Que bueno que te siga gustando la historia! Te leo en el próximo entonces! besos!
Nacht-Reader: ¡Gracias por leer! jajajaj me mató tu comentario xD Respondiendo a tus preguntas temporales, Lena está en el pasado ahora mismo jaja. No te preocupes que yo siempre pienso lo mismo respecto a comentar un fic. Lo empiezo con toda la intención de ser seria y termino en cualquiera jaja. Te leo en el próximo, besos!
sisa13: ¡Gracias por leer! ¡Que alegría que te atrape tanto mi historia! Esa era la idea, y haberlo logrado es TODO, ya que mi finalidad es entretener :) Te leo en el próximo entonces, besos!
JLucky13: ¡Gracias por leer! jajaja tal cual, Gérard es un sujeta velas. Esperemos que no se queme antes de tiempo (? Que bueno que te sigue gustando y te leo en el próximo entonces, besos!
Disarmed96: ¡Gracias por leer! Vos seguí elogiándome tranqui, es un gran incentivo (? jajajaj Y sí, soy un toque perfeccionista (gran error) me siento lejos del nivel al que quiero llegar, pero me alegra que creas que tan lejos no estoy :) Igual esto de escribir es más un hobby que otra cosa, no me imagino haciéndolo profesionalmente. En especial porque más que nada me entusiasma escribir fanfictions, y no tanto historias originales. Estos personajes ME PUEDEN. ¡Ah! a mi también me da pánico el matrimonio (y la convivencia) así que no sos la única jajaja. Gracias por seguir leyendo y me alegra que te siga gustando el fic! Te leo en el próximo entonces, besos!
