Capítulo 13: La última escena
Haber llegado al último día de filmación me pareció irreal.
Los cuatro meses programados para las grabaciones pasaron ante mi casi en un abrir y cerrar de ojos. Contrariamente a lo que había esperado, el trabajo me resultó relajado y hasta placentero, mucho de lo cual tuvo que ver con el acierto que significó contar con Peter y Edward a mi lado.
Antes del comienzo de la filmación, tanto Peter como Edward me aseguraron que harían todo lo posible para alivianarme el proceso y ayudarme, siendo ambos extremadamente pacientes con mi inexperiencia.
Sin embargo, y contra todos los pronósticos, su profesada paciencia nunca fue de hecho necesaria. Asombrosamente, las escenas fluyeron casi naturalmente y la necesidad de repetirlas fue mayormente una excepción. Asumí que eso se debía a que la mayoría de mis escenas implicaban también a Edward y, como cada vez que nos plantábamos uno frente a otro ante la cámara, mi cuerpo parecía responder a su propio antojo y llevar adelante la escena sin que mi conciencia tuviera que ver en el proceso.
Nunca me había percatado a ciencia cierta del intenso trabajo que esta película demandaría tanto para Edward como para mi. Estábamos implicados en todas las escenas de esta historia y, por ende, casi no contemplábamos tiempos de descanso durante el día.
El grueso de las horas se nos iban entre los cambios de maquillaje y vestuario, la mudanza entre locaciones y los largos momentos previos a un escena.
Siempre que había una ventana de oportunidad, Edward y yo nos colábamos a algún camarín o trailer disponible para relajarnos durante un rato. Habíamos adoptado una rutina sencilla y placentera, en la que encontrábamos sosiego al cansancio y al estrés diario al que estábamos sometidos.
Mucho de nuestro tiempo libre, entre toma y toma, se nos iba platicando acerca de la vida en general, de nuestra niñez, nuestras familias, el camino que nos había llevado adonde estábamos y las esperanzas del futuro. Otras veces, los tópicos eran mucho más simples, implicando básicamente nuestro gusto por la música, el cine y la literatura.
A veces, sencillamente nos escondíamos juntos un rato para descansar, durmiendo uno junto al otro en algún lugar que nos ofreciera algún tipo de comodidad.
Cuando las largas jornadas terminaban, Edward y yo volvíamos al hotel, alternando su auto o el mío, en un afán de desorientar a la prensa que nos perseguía constantemente.
Muchas veces cenábamos juntos en alguna pizzería o restaurante pequeño, tratando de pasar lo más desapercibidos posible, escapando del hotel cuando nadie podía vernos para colarnos por las calles. No siempre podíamos evadirnos, pero cuando lo lográbamos nos sentíamos excitados como niños ante el prospecto de la libertad.
Con el avance de la filmación y el eco publicitario de la misma, mi rostro y mi nombre se habían vuelto casi tan conocidos como los de Edward. Y, por supuesto, el rumor de nuestro romance no tardó en expandirse. Sin embargo, Edward y yo nunca hablamos al respecto del tema. Preferimos ignorarlo educadamente, dado que de todos modos sabíamos que no era cierto.
Algunas noches Edward dormía en mi habitación, cuando la madrugada nos encontraba aún estudiando nuestras líneas y el sueño nos vencía. La visión de Edward en mi cama siempre me producía una punzada en el pecho. Era un sentimiento extrañamente agridulce. De alguna manera, la dulzura que me generaba la imagen de su rostro cuando descansaba apaciblemente junto a mi se mezclaban con una sensación amarga que aún no había podido definir.
Y todas las mañanas, independientemente de dónde durmiéramos esa noche, Edward me esperaba en el lobby del hotel para ir al estudio. Era como si comenzar los días juntos generara otro estado de ánimo en ambos. Era un ritual que nunca habíamos establecido formalmente, pero que ninguno se atrevía a dejar de respetar.
Esa mañana Edward estaba esperándome como siempre. Era nuestro último día de filmación y algo dentro de mi me indicaba que habría muchas cosas en las que pensar ahora que el ciclo llegaba a su fin. Pero, de alguna manera, no encontraba la forma de concentrarme en el prospecto del futuro que me traería el mañana. No, en ese momento estaba demasiado preocupada por lo que el destino me depararía hoy.
El último día de grabación implicaba también la última escena. Y la última escena que nos aguardaba era la escena que yo más temía.
Edward no había dormido en mi cama esa noche. Extrañamente el sueño me había llegado a mi primero y él, caballero como era, había tomado la oportunidad de retirarse.
Cuando me desperté, la sensación de la cama vacía me generó un nudo en el estómago que no pude describir. Pero la hice a un lado con vehemencia ante la perspectiva de lo que tendríamos que afrontar ese día.
Bañada y lista, bajé las escaleras para encontrarme con él. Me sonrió, como siempre, en el mismo momento en que me divisó a través de las puertas del ascensor. Pero hubo algo en su sonrisa que me pareció diferente esa mañana, como si de alguna manera el gesto no alcanzara sus ojos.
"¿Estás bien?" le pregunté, posando mi mano en su antebrazo en un gesto de intencionado comfort.
"Si, claro" me dijo, pero el tono de su voz no me indicó lo mismo. Posó su mano sobre la mía, como si quisiera dejarla allí más tiempo. Finalmente, me invitó a partir.
Ese día fuimos en su auto. Durante el viaje ninguno de los dos pronunció palabra. Y a diferencia de nuestra dinámica habitual, el silencio no fue cómodo, sino cargado de suspiros y premoniciones. En mi interior sentía que algo estaba a punto de pasar; algo decisivo y definitorio.
"¿Estás nerviosa?" su cálida voz inundó el espacio del automóvil y me produjo un sobresalto.
"Si, por supuesto" le respondí.
Buscó mis ojos con sus ojos verdes. "No lo estés. Todo saldrá bien" me aseguró con una débil sonrisa en los labios.
"Es fácil para ti decirlo" le contesté. "No vas a ser tu el que esté expuesto".
Rió suavemente, de un modo poco creíble. "Creeme que voy a estar expuesto también, pero de otra manera".
No quise pensar demasiado en las implicancias de su frase. Dejé que el silencio se colara de nuevo entre nosotros, oprimiendo cualquier otro tipo de emoción demasiado rápido.
"Tengo que decirte algo" dijo Edward de pronto.
Al ver que no continuaba le sonreí un poco para darle coraje.
Inhalando profundamente, siguió: "Esta noche me marcho".
Fue una frase sencilla. Corta y al punto. No hubo ninguna inflexión en su voz que indicara ningún tipo de sentimiento al decirla. Fue sólo eso: una frase.
Sin embargo, sentí que la visión se me nublaba de pronto y todo frente a mi se llenaba de puntos de colores. Y mi garganta extrañamente se comprimió, obstaculizando la circulación de aire.
Al ver que yo no emitía ninguna reacción, Edward prosiguió: "Debo estar mañana en Vancouver. Me están aguardando de la producción de mi próxima película".
El rostro de Edward se giró hacia mi y a pesar de mi ceguera parcial pude ver el brillo triste de sus ojos. "Mi agente me llamó anoche".
Quise decirle muchas cosas. Quise expresarle en palabras lo que sentía en ese momento. Pero me detuve. Un pequeño resquicio de conciencia me hizo darme cuenta de que nada de lo que estaba sintiendo en ese instante tenía razón de ser. Ni la sensación de que algo se rompía en mi interior, ni el sentimiento de estar siendo abandonada ni el temor de que me olvidara.
Edward y yo éramos apenas amigos y, tal vez, ni siquiera eso. Habíamos compartido cuatro meses de intenso trabajo codo a codo y, durante ese lapso, habíamos tenido una conexión. Pero era sólo lógico pensar que era algo temporario.
Para mi era nuevo, pero para él era algo de todos los días. En su profesión constantemente tenía que relacionarse e interactuar con gente nueva, crear lazos y después dejarlos ir tan sencillamente como los había construido. Era su forma de vida.
Yo no tenía nada que reclamar ni ninguna demanda que hacer. Nada me daba derecho a eso. Nada me daba derecho a pedir explicaciones o cuestionar sus decisiones. Yo era sólo una compañera de trabajo temporaria, alguien con quién le había tocado transitar este proyecto. Nada más.
Supe que no podía hacerle reproches. No quería decir que Edward no sintiera ningún tipo de afecto por mi, porque yo sabía que había algún tipo de cariño en el modo en que nos tratábamos diariamente. Pero también sabía que eso era todo lo que podía esperar: el afecto sereno de una relación destinada a terminar en algún momento.
De repente, me sentí una tonta. ¿Cómo pude no darme cuenta? ¿Cómo pude obviar el hecho de que, en algún momento, esta burbuja que habíamos construido terminaría por explotar? ¿Cómo no preví que llegado el final de la grabación llegaría también el final de Edward y Bella?
"Oh" fue todo lo que pude decir. Temí que de intentar decir algo más sería incapaz de contener el llanto que amenazaba con sobrecogerme.
Edward no dijo nada más. Yo tampoco. El silencio tenso nos rodeó, tratando de ahogarnos, hasta que llegamos al estudio y nos bajamos del auto para ir a nuestros respectivos camarines. Ni siquiera fuimos capaces de volver a mirarnos antes de separarnos.
Apenas la puerta de mi cuarto se cerró detrás de mi, tomé mi celular y llamé a la única persona que podría entender.
"¿Bella?" la voz aguda y preocupada de mi amiga me respondió del otro lado.
Me tomé un momento para calmarme, para dejar que ese sonido familiar me trajera alguna calma.
"Puedes decirlo ya, Alice" le dije.
"¿Te lo dije?" murmuró dubitativa.
Enseguida un sollozo se me escapó de la garganta, imposible de detener.
"¡Oh, Bella!" el tono de Alice estaba cargado de tristeza. "Cariño, cómo quisiera haber estado equivocada".
Sollocé un momento más mientras mi amiga me susurraba palabras de aliento desde el otro lado de la línea. Solo cuando mi llanto comenzó a menguar, se atrevió a preguntar qué ocurría.
"Edward se va, Alice" le dije en un susurro. "Esta noche se va a Vancouver para filmar otra película".
"Bella, eso era lo esperable. Lo lógico" me indicó.
"Lo sé. Es solo que nunca había pensado en el después, en el futuro. Estaba demasiado absorbida por el presente" le contesté. "Ahora se va y no se si volveré a verlo. Y no sé qué estoy sintiendo por él. Y no sé si significo algo para él".
Las palabras me brotaban de la boca como una catarata incontenible, atropellándose unas a otras sin sentido ni coherencia ni orden.
"Alice, estoy tan confundida" repliqué.
"Bella, cariño, creo que tendrías que decírselo" me respondió Alice. "Dile lo que sientes, lo que significa para ti"
"¿Cómo podría hacer eso? Ni siquiera estoy segura de lo que me pasa. Y además, no tengo ningún derecho a hacerlo. Tendría que haberlo sabido, que algún día esto terminaría y Edward se iría para hacer una próxima película. Para conocer otra gente. Para besar otras mujeres". Esto último me produjo una punzada de dolor indescriptible en el pecho.
"Lo siento Bella" Alice parecía no saber como tranquilizarme ni qué palabras decir.
"Escucha" dijo de repente. "Voy a tomar el auto ahora y esta noche prometo estar a tu lado. Pero quiero que pienses seriamente lo que voy a decirte: habla con Edward. No tienes nada que perder. Si de todos modos no vas a verlo más, bien puedes decirle lo que sientes. No le hagas reproches ni pidas explicaciones. Solo dile que vas a extrañarlo, que quisieras no perderlo y espera su reacción".
"De acuerdo" le contesté. Sentí otro sollozo atravesado en la garganta cuando pensé en el vacío que me generaría su ausencia.
"¿Vas a verlo ahora?" me preguntó.
"Si, tenemos que grabar la última escena" respondí y entonces lo recordé. "Oh, Dios. No sé como voy a encontrar el valor para hacerlo".
"¿Qué escena es esa?" quiso saber Alice.
"Es la escena de amor"
"¿Qué escena de amor?" siguió inquiriendo. Evidentemente no me había comprendido.
"LA escena de amor, Alice"
"Oh Dios" fue todo lo que escuché desde el otro lado.
"Lo se" comenté.
"Tomalo con calma Bella. Estoy segura de que todo estará bien. Habla con Edward y te veré esta noche, ¿de acuerdo?" me dijo Alice dulcemente.
"De acuerdo" respondí. "Gracias Alice. Eres la mejor amiga que existe".
Escuché su risa musical del otro lado justo antes de que cortara la conversación. En ese momento la maquilladora tocó a mi puerta y un minuto después estaba demasiado embotada por el olor de las bases y sombras como para poder pensar en nada.
Entre al estudio de grabación una hora después. Peter estaba trabajando con varios técnicos mientras instalaban las cámaras alrededor del set que habían armado en el centro. Era la escenografía del cuarto que pertenecía a Noel. La habíamos utilizado ya varias veces, cuando grabábamos las tomas en donde Azrael velaba el sueño de Noel, mirándola en la oscuridad. Un estremecimiento me corrió por el cuerpo al recordar lo que se había sentido tener la mirada helada de Edward sobre mi durante toda esa escena, estudiándome y analizándome silenciosamente.
Peter me divisó en ese momento y se acercó a saludarme, plantado un afectivo beso en mi mejilla. Estaba emocionado y entusiasmado de estar filmando nuestra última escena, como pude adivinar por el brillo en sus ojos. Para él no era el final, sino el comienzo de una nueva etapa. No tuve el coraje de desilusionarlo, por lo que le sonreí brevemente.
"¿Estás lista?" me preguntó.
Asentí lentamente. Todo lo lista que puedo estar, pensé para mi misma. Vestuario y maquillaje ya estaban listos. Lo único que aún no estaba preparado era mi mente.
"No estés nerviosa" dijo Peter. "Esto es mucho más sencillo de lo que imaginas"
En ese momento la puerta del estudio se abrió y Edward ingresó. No pude evitar girar para mirarlo. Aún después de cuatro meses no me había acostumbrado a verlo en su papel de Azrael. Era imponente e imposiblemente hermoso.
A través de la habitación nuestros ojos se encontraron, mis marrones naturales y sus dorados falsos. Aún con los lentes de contacto puestos pude vislumbrar ese brillo que siempre tenía su mirada cuando estábamos a punto de comenzar una escena. Y a la vez, me pareció que había en ellos una gran tristeza.
"Acércate Edward" dijo Peter entusiasmado. "Quiero comentarles un par de detalles sobre la escena".
Edward caminó hasta estar parado junto a mi. Noté que me miraba de reojo, sin atreverse a mirarme de lleno. Me pregunté si sería por la conversación que habíamos tenido o por la escena que estábamos a punto de rodar.
"De acuerdo" dijo Peter mirándonos a ambos con evidente orgullo. "Esta es nuestra última escena. Debo confesarles que estoy extremadamente nervioso y ansioso a la vez. No puedo creer que esto esté llegando a su fin y, aunque me entristece un poco, tampoco puedo esperar a ver el resultado final. Ambos han hecho un trabajo estupendo y estoy convencido de que esta película será un éxito".
"Ahora, dejé esta escena para el final porque creo que es especial. Supongo que ambos estarán de acuerdo conmigo. Pero también se que puede ser un tanto incómoda, sobre todo para Bella que es una principiante. Por eso hemos establecido todas las cámaras fijas alrededor del set, excepto por la única cámara móvil que estaré operando yo. No habrá nadie más en la sala. Es lo mejor que puedo hacer para darles un poco de comodidad"
Peter se movió a través del set y nos indicó en movimientos rápidos qué esperaba de nosotros. Finalmente se acomodó detrás de la cámara y nos miró por última vez antes de empezar a rodar.
"Vamos a hacer la escena una vez completa. Según el resultado, veremos si es necesario repetirla o no. Y luego tal vez necesitemos hacer algún plano especial. ¿De acuerdo?".
Tanto Edward como yo asentimos, y nos marchamos para ocupar nuestros lugares. Nos acomodamos del otro lado de la puerta falsa de la habitación, escondidos de la cámara de Peter, esperando que nos llamara a escena.
Estábamos muy juntos uno al otro, y su aroma me inundaba los sentidos de un modo extraño. ¿Cómo era que nunca antes me había percatado del modo sensual en que su cuerpo llamaba al mío? Casi podía sentir todos mis nervios en llamas ante la proximidad de su cuerpo. ¿Cómo había fallado en ver la forma en que deseaba a Edward hasta con la última fibra de mi ser?
"No estés nerviosa" me dijo Edward suavemente, y me acarició la mejilla lentamente.
"No lo estoy" le repliqué, y supe que era completamente cierto.
"Estás temblando" me indicó.
"No son nervios" le respondí. "Ansiedad, o anticipación tal vez"
Edward me miró en silencio, pasando su dedo por mi mandíbula. Contuve un escalofrío que me corrió por la columna.
"Cuando Peter diga Acción va a volver a ocurrir, ¿verdad?" susurró finalmente.
"Si, vamos a volver a perder la noción de quiénes somos y de nuestros propios cuerpos. Me pregunto qué pasará" confesé.
"No lo sé" contestó Edward.
"Yo tampoco" mi voz era apenas un murmullo. "Y me asusta".
Edward se inclinó levemente sobre mi. Por un momento pensé que iba a besarme, pero en lugar de eso llevó la calidez de su boca hasta mi oído. Un gemido se me escapó de entre los labios sin que pudiera hacer nada para detenerlo.
"No temas" su aliento contra mi cuello me estremeció. "Dejémonos llevar libremente".
En ese momento la voz áspera de Peter nos reclamó y Edward me levantó en sus brazos para cruzar el falso umbral rumbo a lo incierto.
