-Nos estamos acercando –advirtió Squall en cuanto uno de los extremos del asentamiento tomberi apareció a la vista.
En un arranque de profesionalidad que casi arrancó unas traicioneras lágrimas de emoción del comandante, los SeeDs se desplegaron en silencio tratando de abarcar el mayor perímetro posible.
"En el fondo son verdaderos SeeDs, llevan estudiándose el manual y las prácticas militares desde que eran un críos. No debería ser tan duro con ell…"
-¡Eh, gallina! ¿A que no eres capaz de hacer esto? –gritó Seifer con toda la potencia de sus pulmones para que Zell, que estaba al otro extremo de la línea le oyera y provocando que Quistis y Squall pegaran un bote en el sitio. A continuación, comenzó a mover el cuero cabelludo haciendo que sus orejas se movieran a ambos lados de su cabeza.
-¿¡Hacer qué!? ¡Yo puedo hacer cualquier cosa que puedas hacer tú! –berreó Zell. Luego, dirigiéndose a Irvine que miraba a uno y otro como si ambos se hubieran vuelto locos, le preguntó- ¿Qué está haciendo ese imbécil, macho? Desde aquí no veo nada.
-No te preocupes por Seifer. Échale un vistazo a Squall –contestó Irvine, bajando el ala del sombrero como si no quisiera ver nada más.
-¿Qué le pasa a Sq…? –Zell siguió la indicación de Irvine y se encontró con la mirada asesina del comandante clavada con toda su intensidad en él- ¡Macho, qué cara se te ha puesto! A veces me pregunto cómo conseguiste echarte novia con ese aura de malignidad rodeándote cada dos por tres. A ver, ¿qué te ha pasado ahora? ¿No te habrás comido alguna seta rara?
-Las hay muy curiosas por aquí –apuntó Pellejos.
-¡Hombre, Pellejos, usted por aquí! –lo recibió Seifer, sin bajar en ningún momento el volumen de su voz- ¡Únase a la expedición! No comprendo –añadió dirigiéndose a Rinoa-, cómo no nos dimos cuenta de que nos estaban siguiendo.
-Él es un hombre de esta isla, Seifer –contestó Rinoa que encontraba aplicación a su curso rápido de psicología en cualquier situación-, hecho a sí mismo a partir de los elementos no contaminados por otras inteligencias que ha encontrado en su entorno…
"¿El suelo? No, es demasiado blando. ¿Los matorrales? No, me arañaría toda la cara, sería un verdadero desperdicio. ¿Aquél árbol? No, está demasiado cerca de Pellejos, y quién sabe lo que me puede pasar si ese hombre me muerde"
Tragándose su desesperación al no encontrar nada a su alrededor lo suficientemente contundente para abrirse la crisma a cabezazos, Squall se levantó abandonando definitivamente toda idea de subterfugio y sigilo.
"Total, esos tomberis son tipos felices, mucho más que yo. Únicamente el odio de ese alien azul podría empujarlos a atacarnos"
-No he venido a unirme a vosotros, sino a deteneros, en nombre de todas las fuerzas positivas y vitales del planeta –proclamabas Pellejos- ¡Pobres tomberis! Han llevado una existencia pacífica en esta isla y ahora unos vagabundos belicosos pretenden arrebatarles todo: su tierra, su modo de vida, ¡su propia vida!
-No tan rápido, señor –le interrumpió Quistis, ofendida-. No somos ninguna clase de colonizadores, ni de soldados de fortuna. Al menos en este momento estamos fuera de servicio. Sólo queremos recuperar lo que nos robaron. Si nos lo hubieran entregado cuando se lo pedimos, esto no sería necesario, pero habiendo fallado la vía diplomática…
-No le tienes que dar más explicaciones, Quistis –cortó Squall-. Dividíos en grupos de tres. Entraremos en el campamento a la vez y… ¿y ahora qué os pasa?
-Intentamos seguir tus órdenes para que no te enfades más, Squally-bonito –le contestó Selphie compungida-, pero no nos salen grupos de tres.
La mente se Squall se puso a trabajar de forma frenética, buscando alguna solución estúpida que fuera del agrado de todos.
-Bien, yo valgo por dos, iré sólo con Rinoa –comenzó.
-¡Yo valgo el doble que el gallina, entonces! –se apuntó Seifer al momento.
-Irvine, Quistis, Selphie, sois otro equipo –continuó Squall-. Y sí, Seifer, tú vales el doble que Zell. Él vale "nada" y tú vales "nada de nada" Justo el doble. Me da igual si vais juntos, separados o lo que quiera que hagáis, pero quiero que os pongáis en movimiento en cuando oigáis la orden.
Mientras Seifer subía y bajaba los dedos de una mano intentando hacer las cuentas, Squall volvió a estrujarse la mollera hasta dar con la fórmula adecuada que les empujara al combate como una única y potente fuerza destructora.
-Muy bien, SeeDs –durante el segundo siguiente incluso Pellejos contuvo la respiración. Squall señaló al frente, hacia el campamento tomberi y gritó con fiereza- ¡El último se quedará sin puntos de experiencia!
Los SeeD respondieron con un grito de ánimo. Todos a una avanzaron a la carrera con las armas preparadas los escasos cien metros que les separaban de su objetivo, pero se frenaron de golpe al irrumpir en el campamento y encontrarse… nada.
"Épico. Esto ha sido épico. ¿Puedo morirme ya, por favor?"
-No están –señaló Selphie lo obvio-. A lo mejor se fueron a pescar.
-Los tomberi son una especie de peces terrestres, Selphie. No pueden ir a pescar –le contestó Zell.
-¿Y por qué no? –se enfurruñó la joven- ¿Qué sabrás tú?
-¡Sería canibalismo! Squall, dile a Selphie que los tomberi no pudieron ir a pescar porque si unos peces se comen otros peces entonces…
Squall comenzó a reírse y Rinoa e Irvine dieron un paso atrás alejándose de él.
-¡A pescar! –exclamó el comandante entre risas. Éstas cesaron de golpe y Squall paseó su mirada acerada por todo el grupo-. Pues claro que se han ido a pescar. Mientras nosotros perdíamos el tiempo en charlas, planes y tonterías variadas, Pulga ha hecho lo que cualquier general con dos dedos de frente haría enfrentado a un enemigo en un terreno tan limitado como esta isla… ¡atacar primero!
-Pero a nosotros no nos ha atacado nadie –se atrevió a llevarle la contraria Quistis mientras Squall comenzaba a entrar en las pequeñas cabañas, buscando.
-Nos están dando donde más daño nos pueden hacer, Quistis. En esta isla sin recursos, están robando nuestro material.
-¡Malditos! –exclamó Zell apretando el puño con rabia-. Imaginaos de lo que serían capaces esas pequeñas pestes si se hicieran con todas nuestras mantas térmicas…
Squall se volvió hacia él y le ordenó secamente:
-Deja de decir chorradas y ponte a buscar mi sable pistola y el circuito de radio. Por ese orden. ¡Moveos todos!
Una vez que se pusieron todos a la labor y en ausencia total de los habitantes del campamento les resultó sencillo dar con lo que buscaban. Sintiéndose completo una vez más en posesión de su sable pistola, Squall contuvo el impulso de darle un beso a la empuñadura y reunió a los SeeDs a su alrededor.
-Bueno, el plan sigue siendo el mismo. Lo único que cambia es el terreno de batalla. Regresaremos a nuestro campamento y les sacaremos lo que sea que nos hayan robado esta vez, que sospecho que serán las taquillas.
-¿Por qué las taquillas? –se sorprendió Irvine.
-No me interrumpas. Zell, cuida bien del circuito de la radio. Si es necesario morir defendiéndolo, que muera alguien que no seas tú. Te necesitamos para reparar el equipo.
-Están atornilladas, tío. Les va a costar mucho cogerlas –continuó Irvine con su tema.
-¡Pues estupendo! Eso significa que todavía les encontraremos allí. ¡En marcha! Y no escuchéis nada de lo que diga ese viejo del taparrabos –añadió al ver que Pellejos se unía a la comitiva y trataba de hacerse con algún rezagado-. Ya encontraré la forma de que se lo coma ese arqueosaurio al que no pienso llamar… mmh, eso –añadió refunfuñando.
