Cap. 13: Un nuevo enfoque, descubrimiento…

Pasan dos meses más, tres para el gran día

Señor, grandes noticias – y procedió a darle las noticias que se habían descubierto hasta el momento.

Así que esas son las identidades que buscábamos, ¿no? – Preguntó, mientras el mensajero asentía con la cabeza – Bien, llama a Bankotsu y al resto de los Shichi'nintai, dile que los espero en el despacho, pero que primero entre Bankotsu, y luego el resto.

El mensajero se fue para buscarlos mientras Naraku pensaba acerca de la nueva información. ¿Así que los Taisho? Interesante, no se habría dado cuenta de que eran youkais de no ser por la ayuda que le brindan a su hija. Las cosas se ponían interesantes, y solo faltaban tres meses para que él obtuviera la perla. Tres meses, y sería el más fuerte. Esa idea le provocaba cada vez más ansias de tener en su poder a su hija y someterla, aunque sabía que ella le profesaba odio y que no lo permitiría, así que tendría que obligarla… y estaba seguro de que descubriría el método.

Unos toques en la puerta le sacaron de sus pensamientos y se dispuso a contarle la información a su lacayo.

Pasa – dijo con voz monótona.

¿Llamabais señor? – dijo una voz inclinándose ante él.

Si Bankotsu, mande que te llamaran –

Usted dirá, señor –

Pues veras, al fin hemos descubierto las identidades de los demonios perro, y creo que la información te interesaba – dijo él, parándose a mirar al rostro a Bankotsu – Oh, vamos, no trates de disimular, se que te mueres por volver a cruzarte con Kagome, se que te enamoraste de ella hace 50 años. Así que he descubierto un método para hacer que no muera cuando pase su poder a la perla – Bankotsu prestaba mucha atención a las palabras de su señor – Así que, ayúdame a encontrar a Kagome, y te prometo que no la matare, que dejare que hagas con ella lo que quieras. Pero no todavía, aun ve lanzando ataques menores, como hasta ahora. Será cuando falte un mes para el gran día cuando iras a por ella. Te daré su localización cuando la averigüemos, ya que no sabemos donde se esconden esos malnacidos – le dio la información necesaria, para que fuera a por ella cuando le dijera él.

Sí señor, se hará como órdenes –

Bien, retírate pues –

Bankotsu salió del despacho de su señor, mientras el resto de su equipo entraba para su turno, con la sangre hirviendo en su cuerpo. Por fin podría tener a Kagome solo para él. Solo tendría que esperar unos tres meses, y ya seria suya. No podría saber que ella ya había encontrado al dueño de su corazón. (Ya se enterara XD).

Mientras tanto, en el despacho de Naraku…

Os he reunido para daros nueva información – todos los presentes prestaron atención – Tengo entendido que el enemigo conoce los sitios a los que normalmente vais, así que quiero que vayáis, los busquéis, encontréis… y matéis, y no quiero fallos. Ya hemos perdido suficientes hombres – dijo con voz seria y llena de toque amenazador (tengo que recordar que los que siguen vivos son Suikotsu, Jakotsu y Bankotsu, del grupo de los siete…. Es que si no, no me acuerdo XD).

Pasa las horas --

Amanecía un nuevo día y Kagome abrió los ojos cuando la luz de la mañana le dio de lleno en la cara. Se estiro y fue al baño para ducharse. El agua recorría su piel mientras ella pensaba en todas las cosas que habían pasado desde que estaba en Tokio. Solo faltaban tres meses para el día en que todo se decidiría, y aunque bajo su fría apariencia de luchadora no dijera nada, por dentro tenía miedo, mucho miedo. Miedo por las cosas que podrían pasarle a las personas que ahora estaban en su vida, miedo de llevarlos a un fatal destino. Les había cogido cariño y eran la familia que le faltaba. Por ello, decidió que cuando faltara un mes más o menos, se iría para combatir sola.

No sabía que podría decir Sesshomaru, al que llevaba varios días sin ver, pero si él moría en esta lucha, por mucha profecía que hubiera, ella no podría seguir viviendo y se culparía de todo. Los días que él no estaba en la casa los pasaba luchando con Kouga y mejorando nuevas técnicas, para así llenar el vacío que se lo formaba en el corazón. Ambos mejoraron mucho y ese día volverían a cruzar sus espadas.

Bajo a desayunar y allí estaban Inuyasha y Kouga, hablando mientras comían algo ligero.

Hola chicos –

Hola Kagome – contesto Inuyasha.

Buenas Kag, ¿lista para otra mañana de lucha? – dijo Kouga con una sonrisa.

Claro, hoy te daré la paliza de tu vida – dijo ella mientras lo miraba con burla.

Esto no me lo pierdo – dijo Inuyasha mientras los seguía hacia el dojo.

¿No dijiste que hoy irías a hablar con tu padre en la mañana? – le pregunto Kouga mientras se daba la vuelta para verlo de frente mientras seguían andando.

Sí, pero puedo hablar con él dentro de un rato, mientras puedo veros un poco – dijo Inuyasha con una sonrisa mientras bajaban las escaleras y abrían las puertas del dojo subterráneo.

Aquel espacio siempre hacia que Kagome recordara las primeras veces que había luchado allí contra Sesshomaru, cuando se besaron y las luchas posteriores. No sabía por qué, pero cuando luchaba contra él podía percibir sensaciones extrañas, como si llevaran toda la vida luchando juntos y se conocieran de siempre. Recordaba sus sueños de antes de conocerlo, y se preguntaba si serian de una vida pasada o de un futuro aun sin desvelar. Dejo los pensamientos a un lado para concentrarse en su adversario, Kouga, quien se disponía a ponerse en el centro del dojo para esperarla.

¿Estás lista Kagome? –

Si, ya voy – respondió la chica mientras se va colocando frente a su contrincante. Inuyasha mientras se recarga sobre una de las paredes del dojo para tener plena vista del entrenamiento. Se encarga de hacer de árbitro y espera encontrarse con una buena pelea, piensa para sus adentros.

Bien, cuando diga ya, comenzáis – ambos youkais toman pose de lucha, sin espadas de por medio de momento, solo cuerpo a cuerpo - … ¡YA! Grita Inuyasha, y al cabo de un segundo, ambos youkais salen disparados hacia la posición del otro, desapareciendo literalmente hablando de sus lugares y apareciéndose en distintos puntos del dojo, esquivándose.

Algunos golpes se dan mientras se esquivan a la vez. Es una pelea rápida y de difícil visión, piensa Inuyasha, ya que al ser cuerpo a cuerpo, pueden aparecer en distintos lugares. Lo que presencia Inuyasha es muy distinto a la pelea de Kagome con Sesshomaru, donde pudo percibir la tensión cuando se cruzaban las espadas.

Kagome, en un momento de la pelea, lanza su látigo rojo hacia Kouga, pero este lo atrapa con las manos desnudas, quemándose levemente la piel en contacto directo con éste. Atrae hacia si a Kagome, quien se deja llevar para así propinar una patada a Kouga en el pecho cuando menos se lo esperaba. El youkai lobo salió disparado hacia la pared, pero consiguió caer bien y se impulso contra esta para salir disparado en pos de Kagome, dándole una patada en el brazo y bajando su guardia, cosa que aprovecho para darle una serie de puñetazos que ella consiguió evitar.

Lucharon durante una hora sin parar ni un segundo para descansar, ya habría tiempo para eso luego. Ahora estaban concentrados en la lucha. Era como ver a un par de salvajes en estado puro. Golpe tras golpe, patada tras patada, era incesante. Nada parecido a la lucha que tuvo con Sesshomaru. Aquí eran dos amigos luchando, aunque en ese momento, no parecían amigos para nada.

La lucha termino cuando Kagome le dio una patada lateral hacia arriba a Kouga, impulsándolo hacia atrás y haciendo que se estrellara contra la pared. En ese momento, pararon la lucha, y se quedo como Kagome vencedora.

Kag, te pasaste un poco, ¿no crees? – dijo Kouga mientras se frotaba la barbilla, el lugar donde Kagome le había dado.

Oh vamos Kouga, tú me enseñaste ese golpe, ¿no te acuerdas? Así que no te quejes mas – dijo ella mientras le tendía una mano para ayudarlo a levantarse. – Que… ¿te ha gustado la pelea, Inuyasha? – le pregunto mientras se giraba para verlo.

Si, ha sido muy distinta a la que tuviste con Sesshomaru, aquí sin espadas ni nada, solo los puños y las piernas, ha sido genial – dijo Inuyasha mientras se acercaba a ambos.

Los tres siguieron hablando tranquilamente en el dojo, hasta que Kagome decidió ir a darse una ducha para relajarse. Subió a su habitación y se metió directamente en el baño. Dejo que el agua volviera a recorrer su cuerpo, mientras quedaba perdida entre sus pensamientos. La lucha había estado bien, pero nada comparado a cuando lucho contra Sesshomaru. La pelea de ambos había sido una danza en la que sus cuerpos se juntaban y separaban junto con el filo afilado de sus espadas. Aun podía sentir las chipas que producía la espada del Guardián de la Luna, y era una espada extraordinaria, al igual que el portador. Se quedo pensando un poco el aquel luchador que la volvía loca, mientras el agua cubría su piel.

En otro lugar --

Era una mañana ajetreada en el hospital. Inu-No Taisho había llegado temprano, incapaz de dormir por la tensión de lo que se avecinaba. Kanna iba y venía con papeles que debía firmar. Como decía, una mañana ocupada.

Señor, tiene una llamada de su esposa por la línea uno –

Pásamela Kanna, gracias – dijo él mientras cogía el teléfono - ¿Izayoi? –

Hola amor, ¿Cómo estás? – dijo con voz suave por la otra línea.

Ahora mismo dándome un descanso de la mañana que llevo, ¿y tú? –

Aquí con mi prima, pero algo aburrida. Echo de menos mi casa –

Ya lo sé cielo, pero sabes que es peligroso para ti estar aquí ahora. No quiero que te pase nada –

Ya lo sé, pero yo tampoco quiero que te pase nada – dijo ella con voz triste.

Tranquila, no permitiré que le pase nada a nadie de la familia. Ya sabes que sientes lo mismo que yo y sabes que soy sincero –

Ya amor – dijo ella suavemente - ¿Cómo están los chicos? –

Bien, investigando duro y entrenando. Kagome es una gran luchadora contra Sesshomaru –

Jaja, eso está muy bien – dijo ella con risas, y de pronto su voz se puso seria – Cariño, no permitas que les pase nada por favor, no podría perder a ninguno –

No te preocupes por nada –

Señor, el señor Taikun Naraku está aquí – dijo Kanna por la puerta.

Ok – le respondió a la secretaria – Izayoi, tengo que colgar, cosas del trabajo –

Bien, ya te llamo otro día. Te quiero –

Te quiero – y colgó el teléfono. Se quedo unos instantes pensando en ella, y se despejo para recibir a Naraku, que quien sabe que querría ahora, si hace dos días estuvo allí. Se oyeron unos toques y dio paso a quien llamaba.

Era Naraku, el cual se sentó en cuanto entro, con una sonrisa extraña en la cara, cosa que dio mala espina a nuestro demonio perro. Aun así, fingió cortesía y le hablo educadamente.

Señor Taikun, a que debo la visita –

Es sencillo señor Taisho – su voz sonaba extraña – Vengo a pedirle que le dé un mensaje a mi hija, Kagome – sonrió al ver la sorpresa en los ojos del otro – Dígale que tarde o temprano, ella estará junto a mi –

La malicia relucía en los ojos de Naraku. Inu-No Taisho sabía que el momento había llegado y que ahora se terminaban las cordialidades. Llegaban a un punto en el que ya no había retorno en las decisiones, un punto crítico… pues se acercaba el momento de la verdad.

Sabes que ella no se unirá a ti –

Esta no es tu guerra Taisho, no te metas y nadie de tu familia sufrirá daño alguno. Solo entrégame a mi hija –

Sal de aquí ahora mismo, no tengo por qué escuchar tus necedades. ¿Acaso crees que ella ira a ti para morir? –

Hay un método para hacer que no muera, y pienso aplicarlo. Al fin y al cabo, soy su padre – dijo con una sonrisa burlona en los labios, mientras su mirada rojiza brillaba ante el enemigo.

Solo harias algo así para sacar beneficio propio, y no creo que de repente te interese tu hija. Y ahora, largo de aquí – dijo Inu-No Taisho con una amenaza clara en su voz. Se miraron con odio a los ojos, y de sus cuerpos comenzaba a salir energía, pero estaban en un lugar público donde había mucha gente y enfermos, aunque lo último no le importaba a Naraku, total, unos cuantos muertos más o menos que más daba. No les convenía la situación a ninguno, así que Naraku salió dando un portazo. No pararía hasta haber conseguido sus objetivos, y si con ello tenía que matar a media ciudad, lo haría.

Inu-No Taisho se sentó en su silla. La guerra estaba finalmente declarada, solo cabía esperar ver qué bando resultaba ganador. No iba a permitir que Kagome se fuera de la vida de su hijo en ese momento, no que ahora alguien había conseguido derretir la coraza de hielo del corazón de Sesshomaru. Decidió que ya sería hora de volver a empuñar a So'unga, la tercera espada que estaba en su poder y que aun no pasaría a sus hijos, no hasta que él muriera. En la tarde debía explicar la situación a todos los demás, advertirles de lo que pasaba.

En la noche –

Kagome se encontraba en el dojo. Tenía ambas espadas desenvainadas y las movía con soltura, como si no pesaran nada cada una. Hacia extraños movimientos, mientras murmuraba palabras indescriptibles. Iba con los ojos cerrados. De pronto dijo algo y las espadas brillaron, uniéndose y formando una espada. Sonrió. Al fin lo había conseguido. Dejo la concentración y las espadas volvieron a sus formas originales. Abrió los ojos y las deposito en un lado del dojo, mientras se tumbaba boca arriba para descansar.

¿Estás muy cansada? – dijo una voz masculina desde la puerta. Ella se giro para ver el rostro que más ganas tenia de ver. Y allí estaba él, Sesshomaru, tras varios días fuera de la casa había regresado. Kagome se levanto de un salto y corrió hacia él, quien la cargó en brazos mientras la besaba. – Hola cariño, ¿me has echado de menos? – dijo con una sonrisa cuando se depararon para respirar.

Si, muchísimo. Me haces falta como el aire – dijo ella mientras sonreía y volvía a besarlo. Estuvieron hablando un rato allí mismo, contándose las cosas que habían hecho en esos días, mientras se abrazaban y daban besos. Luego, Sesshomaru le dijo que subiera y se cambiara, puesto que parecía que su padre se quería dirigir a todos los que estábamos en la casa.

Sesshomaru acompaño a Kagome a su habitación a cambiarse, y la miro mientras se ponía unos pantalones y una camiseta de tirantes. La había echado mucho de menos. Ella se fijo en su mirada y se le acerco para darle un abrazo grande y besarlo. Luego bajaron.

En el salón ya estaban Kouga e Inuyasha comentando cosas de peleas con puños, parecía que a Inuyasha le interesaba bastante el tema de luchar no solo con las espadas. Sango y Miroku estaban en un sofá, hablando bajito de diversas cosas, y no había llegado todavía Inu-No Taisho, el cual llego al poco rato.

Bueno, ya estamos todos, así que empezare – todos se sentaron en diversas partes mientras con gesto serio veían el rostro de Inu-No Taisho, el cual expresaba gravedad. – Tengo que decirles que Naraku ya conoce nuestras identidades – todos exclamaron por el asombro – Vino a mi oficina para decirme que te mandare un mensaje, Kagome – dijo mientras miraba a la joven, la cual mantenía una mirada fría como pocas – Dijo que pronto estarás junto a él. También dijo que había un método por el cual no tienes que morir al dar tu poder a la perla… -

Me da igual el hecho de que no muera al dar mi poder, eso es algo que nunca hare. Solo deseo la muerte de ese despreciable – dijo ella con odio.

Ya lo sé, por eso le dije que no te unirías a él, y amenazó con matarnos a todos nosotros, diciendo que esta no era nuestra guerra… pero lo es desde hace mucho tiempo, pues hemos sido los Guardianes de la Luna desde tiempos inmemoriales – dijo muy serio, contestando a la joven.

Lo que sea, jamás dejare que Kagome vaya con él – dijo una voz muy seria y carente de sentimiento. Todos se giraron para ver a Sesshomaru, cuyos ojos echaban chispas de odio.

Tranquilo Sesshomaru, ninguno de los aquí presente dejara que algo así ocurra – dijo su padre, mientras Sesshomaru iba recuperando la tranquilidad, en parte también porque Kagome había ido a su lado y le había cogido la mano con suavidad. Un gesto que los que estaban allí consideraron muy valiente, ya que Sesshomaru enfadado era muy peligroso.

Entonces, ¿Qué haremos? Si ya nos conocen podrían atacarnos cuando quisieran – dijo Sango, en cuya voz se notaba la preocupación. Todos quedaron en silencio mientras pensaban, hasta que una voz, tras varios minutos, se alzó.

Yo… he estado pensando en irme – todos se giraron y vieron a Kagome, pues no se creían que hubiera dicho eso.

Pero Kagome… ¿por qué? – esta vez le toco a Sesshomaru el estar preocupado.

Todo esto es por mi culpa, y no quiero que les pase nada, así que pensé en irme a luchar yo sola, para así evitar muertes innecesarias – dijo ella mientras lo miraba con tristeza a los ojos.

¡Kagome! Ya sabes muy bien que yo también quiero matar a Naraku por todo lo que nos hizo, así que no me excluyas de esta lucha, pues bien saben que merezco participar – dijo Kouga enfadado, mientras miraba a Kagome.

Te recuerdo que Ayame está embarazada – dijo Kagome con calma, mientras la sorpresa relucía en el rostro de Kouga – No creas que voy a permitir que no conozcas a tu hijo. Si algo te pasara, jamás me lo perdonaría, y seguro que Ayame tampoco –

Ayame sabe muy bien como está la cosa, y las probabilidades que tenemos, y aun así me insto a venir, así que déjame luchar… quiero darle a mi familia un futuro tranquilo – dijo él con sinceridad. Y Kagome noto este sentimiento.

Todos aquí queremos luchar Kagome – dijo Sango con preocupación – Por si no te lo había dicho, Naraku tiene en su poder algo que es mío… mi propio hermano – dijo mientras bajaba la mirada.

¿Qué? Pero, ¿Por qué no me lo dijiste? – dijo Kagome muy sorprendida.

Porque pensaba que ya tenías suficiente con todo lo que soportas, y no quería que te preocuparas por mí. Te tengo mucho cariño Kagome, así que no nos dejes de lado en esta guerra – dijo Sango, mientras se incorporaba muy seria. Kagome estaba muy callada, la sorpresa la había cogido con la guardia baja.

No nos vamos a retirar ninguno Kagome, no esperes que no participemos porque no va a ser así. Cada uno tiene sus razones y así son las cosas – dijo Miroku también muy serio, mientras tomaba la mano de Sango.

Kagome… ¿podemos hablar un momento? – dijo Sesshomaru, mientras la tomaba de la mano y la guiaba a otro cuarto, mientras el resto se quedaba en el salón.

Espero que él la haga entrar en razón – dijo Miroku.

Ya veréis como si. Si nos quedamos unidos, podemos vencer sin bajas. Todos somos buenos luchadores – dijo con solemnidad Inu-No Taisho.

En la otra sala, Sesshomaru cogió a Kagome y la puso contra la pared, quedando sus brazos a los lados de ella en una jaula humana. Kagome no sabía qué hacer, puesto que Sesshomaru parecía enfadado.

¿Por qué Kagome? – decía mientras clavaba su miraba ámbar en los ojos rojizos de ella - ¿Acaso quieres ir tu sola? No me arriesgare a perderte, no ahora que tengo algo que quiero –

Es por eso, Sesshomaru, no quiero que mueras en esta lucha. Te quiero demasiado como para involucrarte –

Yo también te quiero Kagome, y no permitiré que te separes de mí. Recuerda que soy tu protector según la profecía, así que no te separes de mi – decía con voz seria, aunque Kagome pudo percibir un deje de suplica.

Sesshomaru… - susurro ella mientras colocaba sus brazos en el cuello de él y lo besaba con ternura, correspondiendo así él a su beso. Unos minutos después se separaron.

Entonces, ¿te quedaras? –

Si, de momento si, pero si las cosas se nos fueran de las manos, me iré… -

Y yo te seguiré, aunque tenga que ir al fin del mundo – y se volvieron a besar y a abrazar. Sabían que no les quedaba mucho tiempo juntos, ya que si el enemigo conocía las identidades de la familia, seguramente, tarde o temprano descubrirían la relación de ellos dos, e intentarían usarlo a su favor.

Solos les quedaba esperar. La auténtica batalla se libraría ahora. Casi se podía escuchar el chirrido de las espadas, gritando para matar con alma propia, con los filos mas afilados que nunca. Sus portadores confiarían su vida a las espadas, y esperaban que estas cumplieran con su deber. Los luchadores, más salvajes que antaño, más preparados.

En ambos bandos, las espadas gritaban y las armas se forjaban, esperando el día de cruzarse con alguien digno de luchar. En un lado, las espadas y luchadores de la profecía y la justicia, por otro lado, las ansias de poder e inmortalidad de mas peleadores. La venganza estaba muy marcada por ambas partes, esperando su turno para hacer sonar su propia justicia, a fuego y espada.

Tres meses para el final… solo podían… esperar…

C O N T I N U A R A

Holaa!! Como están!! Este capi me costó hacerlo un poco, porque es un momento entre las batallas para reflexionar y ver qué hacer, y no sabía cómo enfocarlo.

Lady Death06: hola!! Me alegro de que te gustara el fic, espero que sigas leyendo y posteando, me gusta recibir nuevos reviews, jejejej!! Besoss!!

Ladymary: holaa!! Ya tia, cualquier que viera que puede morir se asustaría, jajaja! A mi tb me encanta Sesshomaru, y quiero uno así! XD y Bankotsu… ya veremos si hace algo, jajaja!! Espero seguir viéndote por aquí!!

Laetus: holaa!! No eres una juzgona, me gustan tus reviews, jeje! Cualkiera que tuviera semejante misión estaia como ella, pobre! Me alegra de que te gustara la escena de la ducha! Y Inu y Kouga, po aquí son coleguitas, jaja! O del disfraz es pa pasar desapercibida. Y la lucha, po me alegro también de que te gustara, nos abia si me había slaio bien. Espero seguir viéndote por aquí!!

A todos, muchos besos!! Y espero seguir recibiendo reviews y esas cosillas, y si son malas criticas, po también se reciben!

Muchos besoss!!

XtinaOdss

PD- he empezado un fic nuevo, se llama Dark Passion Play, en honor al nuevo disco de Nightwish. Llevo na y menos, y espero que lean y dejen sus comentarios, si gusta lo sigo, si no, po lo cambio pa que guste, jajajaja!!

Ya de verdad, muchos besoss!!