Antes de mover un músculo, las gemas rodearon a la escuadra de Diamante azul y esbozaron emociones dispares mientras sus disfraces desaparecían para dejar lugar a sombras de sus antiguas dueñas. Miedo, rabia, alegría, tristeza, culpa, indiferencia… cada gema usurpada de aquel planeta sentía algo diferente al enfrentarse a su antaño grandiosa comandante azul, pero todas seguían una meta común ante la cual ninguna de esas emociones iba a interponerse.

Avanzaron contra las guerreras de diamante azul solo para masacradas con facilidad; como muñecos de papel, aquellos tristes recuerdos se deshacían entre las armas y ante las miradas temblorosas de las gemas de élite.

El peligro era real, no ya porque sus enemigos fueran especialmente poderosos, sino porque ante ellas no se presentaban precisamente enemigos, sino compañeras, amigas, civiles inocentes que sucumbieron seducidos por la promesa de un terrible monstruo. Un jasper, incapaz de seguir asesinando a sus antiguas hermanas, se detuvo y soltó su arma y su casco ante la mirada atenta de Diamante azul, solo para ser consumido en un instante por el abrazo oscuro de la entidad colectiva.

La duda atenazaba los corazones cristalinos de las guerreras, hasta que de repente la líder se abalanzó con ferocidad contra las sombras, haciendo desaparecer una tras otra con sus violentos golpes ardientes. Decidida se dirigió a sus subordinadas que la observaban perdidas:

- ¡Si no acabamos con ellas no podremos defender a las que aún no son cascarones vacíos!-

Los cuarzos se miraron …y con el amargo dolor de la culpa, se lanzaron contra las gemas asimiladas haciéndose un duro camino hacia la nave a través de las caídas.

Según se acercaban a su destino las sombras empezaron a retirarse, lo que hizo que las sospechas de Diamante azul se acrecentaran. Llegaron al puerto espacial y sobre la nave, Cincita les esperaba con su arma en ristre. Diamante azul se dirigió a ella acelerada:

- ¿Has podido contactar? -

Esta negó con la cabeza -La señal tan siquiera les llega, tienen las comunicaciones cerradas.

Diamante chistó contrariada y de inmediato ordenó embarcar a las suyas.

- Después de lo que hemos visto aquí me temo lo peor, así no esperaremos respuesta, nos teleportaremos a su nave de inmediato-

Antes de entrar, Diamante se quedó mirando unas enormes instalaciones en el horizonte.

- Mi diamante, ¿te sucede algo? -. Le preguntó cincita antes de iniciar los motores.

Con la mirada gacha asintió y entró en la nave en silencio.

-Eso del fondo son depósitos de antihidrógeno sin control alguno desde hace dos días por lo menos … varias toneladas a apenas unos metros de un ambiente rico en hidrógeno… ¿sabéis lo que sucede con la antimateria sin contención verdad? -

La mirada de las gemas en la nave cambió en un instante. Incluso la siempre calmada Cincita la miró aterrorizada.

- Eso me sucede…despega de una vez, no quiero desintegrarme junto con esta luna, el planeta que orbita y esa hermosa estrella-

Y tras un último vistazo a la solitaria colonia, la nave despegó dirección a la nave nodriza, dejando tras de sí otro planeta tocado por la bestia.

Mientras, en la Tierra, Iolita y las suyas no podían hacer más que esperar la respuesta de homeworld. Justo después de acabar la transmisión, Zircón agarró la piedra de los lamentos, esbozando una sonrisa mientras se dirigía a las gemas de cristal.

- y pensar que esta cosa horrible nos iba a ayudar tanto después de darnos tanto por cu… de molestarnos tanto… en fin, ¡bien pensado gemas!, ¡nos habéis sacado de un aprieto! –

Granate negó con la cabeza y señaló a perla que levantó la cabeza orgullosa

- fue su idea-

Amatista chistó y miró a Perla con una sonrisa burlona.

- Ya lo hizo el peridot ese que nos echó a diamante amarillo encima, así que no tiene mérito-

La cara de Perla se arrugó al instante y fue a responder a Amatista cuando iolita la interrumpió.

- ¿Os importaría dejarnos vuestra baliza un poco más?, yo y las mías nos gustaría mandar algunos mensajes privados-

Unas cuantas de sus subordinadas que estaban justo tras ella la escucharon y dejaron escapar una sonora carcajada que hizo que Iolita se sonrojara.

-Yo y las mías dice…-. Comentó un cuarzo rojo mientras sonreía divertida y la miraba de reojo.

Iolita se dio media vuelta y le dedicó una mirada asesina que hizo que el cuarzo rojo se callera al suelo de risa. Zircón y las gemas de cristal sonreían divertidas con la situación, tan obvia, que el descarado intento de iolita por encubrirla resultaba adorable. Steven se acercó a ella y asintió con una sonrisa amable.

- Claro que puedes usarla-

Iolita asintió agradecida y fue cogerla cuando Steven le agarró la muñeca.

- Pero tu préstanos a Shu un rato, tenemos mucho de lo que hablar- . La gema morada miró de reojo a Zircón en silencio por un instante, que se encogió de hombros entretenido, y entonces empezó a reírse.

- Como quieras, es todo vuestro-

Las gemas caminaron hacia el pueblo mientras charlaban alegres, poniéndose al día sobre todo lo que había pasado en estos últimos años.

- …¡Y a pesar de que las gemas corruptas nos rodeaban preparadas para atacar, Steven todavía buscaba una alternativa a luchar contra ellas! -. Dijo amatista mientras se reía entre dientes.

Zircón las escuchaba hablar y sentía una agradable calidez interior, verlas a todas juntas le hacía sentirse como en casa. De repente calló en la cuenta de que no había visto a Greg todavía y curioso, preguntó a Steven por él.

- ¿Qué tal está tu padre? No le he visto el pelo ninguno de estos días-

- Igual, literalmente igual… sigue viviendo en la furgoneta a pesar de que le cediste la casa, solo la usa para almacenar trastos…- dijo Steven rascándose la cabeza.

Shu se echó la mano a la cara y dejó escapar una risa:

- ¡Es increíble!, aunque supongo que lo lleva dentro… en fin, ya hablaré con el-

Aquella conversación hizo que Perla cayera en la cuenta de algo. Curiosa, se dirigió su amigo:

- Oye, ¿y qué sucedió con Lapislázuli? -

A Zircón aquella pregunta le pilló por sorpresa y eso se reflejó en su rostro. Amatista le dio un codazo a perla.

-Liante-

Muy apurada, Perla fue a disculparse, pero Zircón le dijo que se calmara, que no pasaba nada. Granate, impasible, repitió la pregunta mientras el resto de las gemas la miraban echándose las manos a la cabeza.

Zircón, divertido con el absurdo de la situación empezó a reírse a lágrima viva.

- ¡Que no pasa nada! , regeneraron la gema nada más llegar a homeworld-

- ¿Y entonces a que viene esa mala cara? -. Dijo Steven poniéndole la mano en el hombro.

Zircón respondió mientras miraba con nostalgia la gema de topacio quebrada en su muñeca.

- Como dijo Cuarzo blanco que pasaría, perdió sus recuerdos, renació como la gema elemental que fue creada en primera instancia-

Las gemas se miraron mutuamente sin saber qué hacer para animarlo, cuando de repente, Perla saltó y le agarró del brazo a Zircón.

Este la miraba sorprendida mientras le arrastraba hacia algún sitio a marchas forzadas.

-¡Ey!, adonde me… ¡ey perla! -.

Las demás no sabían que sucedía, pero no hicieron nada para impedirlo, simplemente les siguieron divertidas.

Tras unos minutos arrastrándole, Perla plantó a Zircón delante del Big donut.

- Hace años que no pruebas uno de esos asquerosos donuts, ¡seguro que te quitan esa cara tan larga! -

La inmadurez en asuntos sociales de perla enterneció tanto a Zircón que casi sin darse cuenta se le quedó mirando con una sonrisa boba, haciendo que esta se sonrojara.

- que… ¿qué pasa? -

Zircón se dio media vuelta y con un tono casi burlón se dirigió a Granate, Amatista y Steven.

- que linda, sigue pareciendo una niña pequeña con estas cosas…-

Granate asintió sin cambiar la expresión ni un ápice y Amatista y Steven empezaron a reírse el uno sobre el otro. Perla se sonrojó por completo y lo golpeó en el costado ofendida mientras Zircón se reía y la miraba con dulzura. En un intento por disculparse la agarró por detrás, le acarició enérgicamente el pelo y sin dejar de reírse se dirigió a ella:

- No te enfades, ¡era una broma!, además, ¡no necesitáis animarme!, veros a vosotras es más que suficiente para eso-

Perla siguió enfurruñada hasta que de repente el estómago de Zircón rugió con fuerza y eso hizo que se escapara una risita.

- Desde luego un donut con virutas de chocolate no me vendría mal…-

Mientras tanto, a varios millones de años luz de allí las emociones eran muy diferentes. Una nave destrozada y el escenario de una feroz batalla cubrían la superficie del planeta que habían destinado a Hesonita. Lo único bueno de aquel lugar es que las que aún seguían vivas parecían haber escapado a tiempo, llevándose consigo a las civiles que quedaban en el planeta cuando llegaron.

Como se temía Diamante azul, las dos señales habían sido una distracción, un doloroso error que le perseguiría para siempre…y es que sería aquella la primera vez que Diamante azul lloraba desconsoladamente ante sus gemas.

Sus manos temblaban con los restos de su subordinada escurriéndose entre sus dedos… la rabia y la culpa recorría cada rincón de su cuerpo. Encogida de rodillas, era observaba con regocijo el monstruo que le demandó justicia cuando tenía el alma rota y nunca halló una respuesta. La poderosa guerrera rugió al cielo, desgarrando el tejido de la realidad por un instante solo con su dolor, lamentando su incapacidad de protegerla.

Alzó la mirada y se encontró con el sonriente rostro de su enemiga… en un instante, sus lágrimas desaparecieron y su piel se tornó roja, desprendiendo un calor que derretía todo lo que estaba en contacto con ella…su furia materializada emanaba en forma de un vapor abrasador de su enorme cuerpo, haciendo que las suyas propias retrocedieran aterrorizadas.

Y entonces, guiada por el desprecio, la culpa, el odio y un intenso deseo de matar, se abalanzó sobre la asesina de su hermana y de la que para ella siempre fue su hija.