Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…

Capítulo XIV

Narcissa Malfoy nunca había sido una chica muy conversadora o extrovertida, al contrario, era más bien del tipo reservada y muy diferente a sus hermanas. Mientras Bellatrix era siempre el centro de atención y tomaba decisiones por voluntad propia siendo el orgullo de sus padres, y Andromeda quien había sido repudiada de la familia, era fiel a sus sentimientos y rebelde, ella era solo Narcissa. Como la menor y sobre todo después de la fuga de su hermana, sus padres esperaban grandes cosas de ella y rara vez se atrevía a contradecirlos, conocía su posición y responsabilidades.

Aceptó un matrimonio en donde poco y nada sabía de su futuro esposo además de que venía de una excelente familia y que tenía dinero. Muy conveniente porque ambas familias eran iguales y podrían unir a sus hijos. Nadie le preguntó si tenía proyectos o sueños, si estaba de acuerdo o no, solo un día se vio frente a un espejo mientras le tomaban las medidas para su vestido al poco tiempo de salir de Hogwarts y luego estaba en su fiesta de matrimonio.

Ocultaba muy bien sus sentimientos. Era fría y elegante por fuera, toda una señora. Pero por dentro era un torbellino, un caos que quería salir. Aunque eso no estaría bien, después de todo era una mujer respetable y lo que una buena esposa debía ser.

Ahora se encontraba en medio de la enorme cama en su habitación, recostada mirando los cuadros que colgaban en las paredes, mientras acariciaba su antebrazo que dolía.

Sintió un fuerte golpe que seguramente había sido producido por Lucius, seguido por el quejido de uno de los elfos domésticos que tenían. Luego silencio. Eso significaba que se había marchado.

Se incorporó y miró a través de la puerta, estaba todo vacío, como siempre.

Fue hasta su tocador y escribió una carta a Dumbledore que envió con su lechuza, quería ver a su primo Regulus. Siempre que se sentía triste o sola prefería su compañía. Sabía que era casi imposible que el Director aceptara porque estaban en período escolar, pero no perdía nada intentando.

Arregló su cabello y maquillaje, se puso un vestido discreto que la tapara casi por completo hasta las rodillas al menos. Mientras lo abrochaba frente al espejo, se estremeció al ver que parte de su espalda y cadera seguían amoratadas. También sus antebrazos, marcados con las manos de Lucius que la había zarandeado y empujado lo suficientemente fuerte como para dejar marcas.

Era su esposo, debía apoyarlo en todo, pero no quería tomar la marca. Y eso claramente les estaba trayendo problemas hace ya tres años, desde que se casaron.

Era temprano aún, las diez de la mañana y no tenía nada para hacer.

Se sentó a esperar.

Cerca de las once llegó la lechuza de vuelta con una nota de Dumbledore permitiéndole entrar al Castillo para visitar a su primo. Se sorprendió y con una gran sonrisa tomó su túnica y bajó corriendo las enormes escaleras hasta el jardín.

En cosa de segundos se apareció en las cercanías de Hogsmeade que estaba custodiada por Aurores. Les enseñó la nota del Director y la llevaron hasta la entrada del Castillo, donde le permitieron pasar. Sintió un escalofrío en todo su cuerpo cuando atravesó la entrada, seguramente eran hechizos, pensó.

Tardó en llegar caminando hasta los jardines del Colegio, pero se sentía más relajada de estar allí nuevamente, como una adolescente sin problemas. Estaba todo vacío, seguramente todos en clase, por la hora.

Caminó por los pasillos del primer piso, hasta que encontró a Dumbledore de pie frente a su gárgola.

–Señorita Black. –La saludó el hombre con una sonrisa –Es un gusto volver a verla.

–Señora Malfoy, de hecho. –Lo corrigió con una sonrisa educada.

–De todas formas es un gusto volver a verla. –Continuó el Profesor.

Dumbledore siempre había sido del agrado de la chica, aunque no solía expresarlo por miedo a lo que dirían en su familia donde claramente lo detestaban.

–Muchas gracias, Director. –Agradeció –Por permitirme venir a ver a mi primo.

Dumbledore suspiró.

–Muy buen estudiante el señor Black, bueno… ambos de hecho. –Comentó haciendo alusión a Sirius –Además a veces es bueno recordar y seguramente extrañaba el Castillo.

La chica asintió, mucho. Y con respecto a Sirius, nunca fueron muy cercanos, él los odiaba a todos y ella hasta podía llegar a comprender por qué en cierta forma.

–Está en clase de Encantamientos ahora, deben salir en una media hora. –Le indicó –Y si me disculpa, ahora iré con Hagrid.

–Que tenga buen día, Director. –Se despidió la muchacha y lo vio marcharse tarareando mientras bajaba para salir a los jardines.

Encantamientos, tendría que ir hasta el tercer piso.

Subió las escaleras y cuando iba en el último peldaño para llegar recién a la segunda planta, pisó por accidente su túnica y cayó de rodillas sobre la fría roca.

–¡Hey! ¿Estás bien? –Escuchó una voz masculina amablemente preguntar.

Se miró las manos ensangrentadas y las limpió rápido en su túnica. Quería llorar, como si le faltaran más golpes y heridas.

Se trató de poner en pie pero las rodillas también le sangraban y dolían. Soltó un quejido y sintió un par de fuertes brazos rodearla por la cintura, eso también le dolió por los cardenales que tenía en la parte baja. Se afirmó a quien fuese y caminó lo mejor que pudo hasta que la depositó en una banca.

Soltó a su ayudante desconocido y levantó la mirada para ver a quién debía agradecer.

Se topó con un amable rostro muy pálido y pecoso, ojos castaños y sonrisa coqueta pero por alguna extraña razón confiable. Las facciones del chico que no debía llegar a los treinta años eran masculinas, parecía un niño malo, era alto, fuerte y pelirrojo.

–Gracias. –Soltó Narcissa algo confundida por el golpe aún.

–Te diste fuerte, esos escalones son muy traicioneros. –Le dijo divertido. Tenía una voz muy linda al parecer de la chica.

El chico frente a ella se arrodillo y deliberadamente abrió su túnica para dejar al descubierto sus piernas. Narcissa se sonrojó y estaba a punto de decir algo cuando sintió la mano del chico presionar fuerte una de sus rodillas.

–No está tan feo, pero hay que limpiar a menos que quieras que se infecte. –Le dijo y envolvió con sus manos la otra pierna de la chica de forma gentil mientras sacaba un pañuelo y comenzaba a limpiar la sangre.

Narcissa se sintió extraña, no estaba acostumbrada a que la tocaran, al menos no de forma tan delicada.

–Listo. –Anunció feliz el chico –Pero tendrás que pasar con Poppy la enfermera, para que lo limpie mejor.

–No es necesario, –se apresuró a decir –es solo una rasguñadura.

Se puso en pie pero se debió sentar enseguida, ahora gracias a la caída le dolía todo el cuerpo. El chico a su lado la sujetó por la muñeca y sin querer levantó la túnica de esa parte y vio los cardenales alrededor del brazo de la chica.

Ella retiró rápido la mano y la envolvió con la otra sobre su regazo.

–Eso no te lo hizo la escalera, no suele ensañarse tanto con las personas. –Comento serio y en un tono más bajo –¿Estás segura que estás bien y no necesitas ayuda? –Preguntó tendiendo un pañuelo a la chica a su lado y poniendo una mano en su hombro.

Narcissa lo miró extrañada y luego entendió que el pañuelo era porque en algún punto se había puesto a llorar. Lo aceptó con una tímida sonrisa y se secó el rostro.

¿Por qué ese desconocido era tan amable y se preocupaba por ella?

Se quedó un rato en silencio hasta que se calmó.

–Hey, escucha… –comenzó a hablar el hombre –sé que no debería entrometerme, pero si alguien te está haciendo daño deberías decirle a tu familia o pedir ayuda, siempre hay alguien dispuesto a batirse a duelo con alguien más. –Agregó en un tono más ligero, lo que logró sacarle una sonrisa a la chica.

Si conociera a su familia, seguro si les contaba le dirían que se quedara callada.

El chico siguió hablando.

–Además, una chica tan linda no tendría que ir por la vida llorando. –Agregó caballerosamente.

Narcissa se sonrojó y lo miró de vuelta.

–¿Siempre coqueteas así con todas las chicas que tropiezan? –Preguntó y fue turno del chico para sonrojarse, pero soltó una sonora risa antes de responder.

–No, –dijo muy seguro – solo con las rubias que caen estrepitosamente y quedan sangrando. Lo que por supuesto no ves muy a menudo. –Aclaró.

Ahora fue Narcissa quien soltó una risa.

–Muchas gracias por la ayuda… –No continuó porque no sabía quién era el chico.

–Disculpa, –dijo el chico sonriendo –ni si quiera me presenté, soy Gideon Prewett a tu servicio. –Se presentó y besó la mano libre de la chica.

Ella sonrió de vuelta algo más relajada.

–Narcissa Malfoy, es un gusto Gideon. –Respondió.

Gideon abrió la boca y la cerró.

–¿No eres la misma Narcissa de los Black, o sí? –La chica asintió –¡Era tu apellido de soltera! Con que ahora eres Malfoy.

Narcissa volvió a asentir algo confundida.

–Soy un cretino, –se lamentó Gideon dramáticamente y a esas alturas la chica ya no escondía su diversión –le coqueteo a una mujer casada y encima emparentada en algún grado muy muy muy lejano con mi familia, mi comportamiento es incestuoso.

Narcissa se tapó el rostro para ocultar una risa y recordó que los Prewett estaban emparentados con ellos, pero no era algo tan directo.

¡Merlín! ¿En qué estaba pensando?

Lo miró de vuelta.

–Entonces tú eres ese Gideon de los Prewett, el que tiene un hermano gemelo, y una hermana casada con Weasley. –Dijo entendiendo al fin Narcissa que si bien era la primera vez que se veían, había una historia familiar detrás.

Gideon asintió.

–El mismo, aunque soy más guapo que Fabian. –Aclaró.

–Los Weasley también son parientes con los Black. –Comentó ella.

–¡Por Morgana, no lo empeores! –Gritó.

Narcissa estaba muy agradecida de haberse encontrado con Gideon, no era tonta y se dio cuenta que la estaba tratando de distraer luego de ver lo mal que se sentía. No era como comentaban en su familia en donde los trataban de traidores a la sangre.

La chica movió su cabeza y se puso en pie de nuevo.

–Debería irme, vengo a ver a mi primo. –Dijo.

–¿Al traidor o al nuevo heredero? –Preguntó Gideon.

–A Regulus. –Contestó ella negando con la cabeza.

–Te acompaño, no vaya a ser que ahora ruedes por la escalera. –Le cedió el paso y comenzaron a subir la planta que les faltaba.

–¿Y qué haces acá? –La pregunta salió sola de la boca de Narcissa, era fácil hablar con Gideon. Se preguntó si su actitud era correcta al estar casada.

–Soy Auror y estamos custodiando el castillo. –Respondió.

–Había muchos por todas partes, –agregó la chica –le escribí a Dumbledore y me dio una autorización para entrar.

Ya habían llegado al tercer piso y Gideon que era un conversador innato siguió interrogándola.

–¿Y tú qué haces Narcissa? –Preguntó.

Ella lo pensó un poco.

–Nada en realidad, –dijo algo cabizbaja – solo estoy en casa. Ya sabes.

–Pero debe haber algo que te guste hacer. –Siguió intentando el chico.

Narcissa se lo pensó un poco.

–Me gusta la Herbología, siempre fui buena. –Contestó con una sonrisa soñadora.

Gideon asintió.

–Deberías retomarlo, siempre es bueno hacer lo que nos gusta, nos ayuda a pensar en otras cosas y cuando todo se pone mal, no está de más tener una salida. –Dijo a modo de consejo –Además eres muy joven, ¿Qué edad tienes?

–Veintiuno. –Respondió mientras pensaba en lo que le había dicho.

Gideon miró su reloj.

–Ya están por salir, me voy ahora que sé estarás acompañada. –Comentó sonriendo y tomó su mano para darle otro beso de despedida –Cualquier cosa que necesites puedes escribirme.

Se comenzó a alejar y Narcissa reaccionó.

–Muchas gracias y nos vemos… –Dijo mientras se despedía con la mano.

De pronto todas las puertas se abrieron y Gideon se perdió entre la multitud de estudiantes.

A Narcissa no le fue difícil localizar a Regulus que venía despotricando contra algo o alguien. Se paralizó cuando la vio y la miró con el ceño fruncido. Se acercó a ella y le dio un abrazo preocupado.

–Cissy, ¿pasó algo? –Preguntó.

Ella negó.

–Te echaba de menos, no tenía con quién hablar y Dumbledore me dejó venir. –Respondió enseñándole la carta.

Regulus asintió y la llevó hasta un árbol alejado en los jardines, mientras de camino ella le contaba todo lo que había pasado en cuanto llegó y cómo Gideon había sido tan bueno con ella. Regulus estaba pensativo y sorprendido al ver a su prima hablar con tanta energía y felicidad de alguien, hasta le brillaban los ojos cuando mencionaba a Gideon Prewett.

Pero seguro eran imaginaciones suyas, ella estaba casada y los Prewett eran todo lo contrario a un Black o un Malfoy.

Aunque hace mucho no la veía tan contenta.

Debía hablar luego con Granger, pensó el muchacho. Ella entendía de esas cosas.

Se sentaron bajo el árbol y Regulus lo primero que hizo fue levantar las mangas de la túnica de su prima.

–¿Qué haces? –Dijo ella tratando de taparse.

–No creas que soy idiota, vi tu cara de dolor cuando te abracé y estoy seguro que estás llena de moretones. –La revisó y vio las marcas –¿Fue ese imbécil de Malfoy, verdad?

Ella asintió avergonzada.

–No, no te avergüences o sientas culpable. –Le ordenó furioso Regulus.

–Es porque no he tomado la marca. –Le explicó en un susurro.

Regulus comenzó a sacar el césped de lo molesto que se sentía.

–No le da derecho, no porque no quieras o porque sea tu esposo tiene derecho a tocarte y maltratarte de esa forma. –La miró decidido –Ya verás cuando cumpla la mayoría de edad… –dijo con tono amenazante.

La chica negó.

–No lo conoces, no sabes de lo que es capaz, podría hacerte algo. –Suplicó Narcissa.

–Cissy, –dijo él sonriendo –soy un Black y él solamente un Malfoy.

Siguieron conversando un poco más y la chica se tomó del brazo de su primo y recargó contra su hombro.

–Regulus, –comenzó a hablar –¿alguna vez te has preguntado si estamos haciendo lo correcto? ¿O qué está bien y mal?

Su voz sonaba pausada. Regulus suspiró y la miró.

–Por supuesto. –Respondió –Pero no debes preocuparte por nada y solo confiar en mí, ¿estamos de acuerdo?

Ella asintió.

–Y debes defenderte de ese idiota.

Luego de un rato la acompañó hasta la enfermería donde la curaron y después hasta donde uno de los Aurores que la acompañaría hasta la salida. Se despidió con un gran abrazo de su primo y fue desapareciendo en el camino.

Regulus caminó de vuelta al Castillo preocupado y con el entrecejo fruncido. No le gustaba la situación de Narcissa, era como su hermana.

Iba pensando, cuando desde detrás de una estatua lo tiraron fuerte y fue a dar directo contra un pasadizo que no conocía, estaba oscuro y alejado de todo.

Lumus. –Escuchó una voz femenina susurrar.

Enfocó la vista y vio a Hermione y Sirius mirándolo sospechosamente.

–Lo vi todo. –lo acusó Hermione

–Y yo casi todo. –Agregó Sirius –Ahora dinos a qué vino Narcissa.

Regulus se afirmó contra la pared y rodó los ojos. Eran unos malditos cotillas sin vida propia.

–Primero dime, ¿Por qué estuvieron castigados? –Dijo el más joven de los Black.

Hermione aun en la oscuridad se sonrojó y eso los delató.

–Ya no digan nada, –pidió Reg con una mueca –me lo imagino.

Los tres se sentaron en el suelo y Reg les contó todo, Hermione agregaba lo que había visto mientras se escondía en la estatua. Luego de eso había corrido en busca de Sirius y lo había arrastrado para espiarlos a escondidas.

–Nunca lo había visto así, Narcissa como una chica sensible y con problemas. –Dijo Sirius pensativo.

–Pobre chica, –agregó Hermione –debe estar pasándola muy mal.

–Ya me encargo luego. –Dijo serio Reg.

Sirius lo miró sospechoso.

–¿Qué le harás a Malfoy? Porque si involucra maltratarlo o maldecirlo me sumo. –Dijo decidido –Quizá no soy cercano a Narcissa, pero no me gusta que le hagan eso a una chica, y menos si me dices que en realidad es diferente a como siempre la vi.

Hermione elevó sus manos.

–Vamos a pensar y no van a actuar como dos justicieros estúpidos y temerarios. –Ordenó.

Siguieron hablando del tema y Regulus les preguntó por Gideon, ya que había visto muy alegre a su prima con él.

–Es la primera vez que se ven, ella estaba vulnerable y él la ayudó, no es más que eso. –Afirmó Hermione –Si quieren otras respuestas habría que ver cómo se relacionan en el día a día, pero eso es difícil por cómo la describes.

–Por mí que Malfoy desaparezca. –Dijo Regulus.

–Me cae bien Gideon. –Agregó Sirius.

La castaña cerró los ojos.

–Están peor que en la revista Corazón de Bruja. –Se quejó y los tres rieron.

Salieron disimuladamente de su escondite y cada uno se fue por su lado.

La semana pasó sin mayores contratiempos hasta que llegó el viernes. Hermione no le había dicho nada a Sirius para que fuese sorpresa, además todos estaban expectantes con las clases de duelo y quiénes serían los Aurores que ayudarían. También especulaban sobre las sorpresas de las que hablaba la profesora.

Los estudiantes de séptimo de Gryffindor y Slytherin tragaron sus desayunos y corrieron hasta los jardines del Colegio, donde se juntaron con la Profesora McClare que los esperaba bajo un gran árbol al lado del pasillo de la planta baja, justo frente a la Sala de Profesores. La mujer de cabello negro y facciones amables aguardaba con una enorme sonrisa.

El Director había recomendado hacer las clases de duelo prácticas en el exterior, para que tuviesen libertad de movimiento y más espacio.

–Buenos días, chicos. –Los saludó para luego contarlos mentalmente –Los Aurores ya deben venir en camino, –los tranquilizó al ver la ansiedad en sus alumnos –y en cuanto lleguen comenzaremos con una demostración de un duelo real y luego ustedes practicarán hechizos de defensa, ataque y desarme, solo práctica. –Les aclaró y todos asintieron –Y si para el final hay algún valiente, podrán batirse con uno de los Aurores. –Comentó muy entusiasmada también.

Entre los chicos hubo pequeños chillidos de asombro.

Mientras tanto por el corredor del primer piso enfilaban hasta su destino Fabian, Gideon y Hermione que iban en compañía de Dumbledore y McGonagall, que era la más preocupada con el asunto de las clases de duelo.

–No sé si sea una buena idea, Albus. –Decía la mujer negando con la cabeza y mirando a los tres jóvenes Aurores que conversaban entre ellos –¡El loco de Alastor les dio autorización de atacar como si estuviesen frente a Mortífagos!

El Director le dio una sonrisa tranquilizadora.

–Sabemos que habrá Mortífagos, Minerva. –Respondió muy tranquilo.

La mujer tapó su rostro.

–Es lo que más me preocupa, que las cosas se salgan de control. –Le explicó intentando calmarse.

–No pasará nada, tranquila. –Pidió el hombre que lucía radiante y como si estuviese preparado para hacer una travesura. –Además hoy nos quedaremos a observar.

–Hoy, pero qué pasará el resto de los días. –Se quejó la mujer.

–Los muchachos y Alastor lo mantendrán bajo control. –Dijo confiado.

–Entonces estas nunca fueron simples clases de duelo, ¿estoy en lo cierto, Albus? –Inquirió molesta nuevamente.

–Sí y no. –Respondió el Director cuando llegaban al pasillo de la planta baja –Por una parte será de gran ayuda para la mayoría de los estudiantes, profesora. Son tiempos difíciles. –Suspiró –Y por otra, podremos estar más cerca de aquellos que están del lado de Voldemort, reconocerlos y estar preparados. Ya no estaremos ciegos del todo.

La mujer finalmente asintió encontrando la lógica a todo el asunto.

Los tres Aurores al parecer se habían puesto de acuerdo finalmente en un asunto importante y que los traía discutiendo desde el desayuno.

–¿Y bien? –Preguntó Dumbledore.

Fue Fabian quien habló.

–Llegamos a acuerdo, Director. – Dijo solemne y con una sonrisa traviesa –Nada de Avada, Imperio y Sectumsempra. Todo lo demás estará permitido.

El Director asintió complacido.

–Me parece una decisión prudente. –Acotó.

McGonagall que los miraba asombrada negó una vez más y se adelantó a los Aurores que se reían por su reacción algo exagerada y caminó delante de ellos.

Doblaron una última esquina y quedaron a la vista de los estudiantes.

Salieron por la puerta que daba acceso al jardín y la mayoría de los murmullos cesaron.

–Profesora McClare, –la saludó Dumbledore – si me permite. –La mujer asintió y el Director se dirigió a los estudiantes –Su profesora ya les debió dar las instrucciones de cómo serán las clases de duelo, les pido sean prudentes y saquen el máximo provecho a cada minuto y a los Aurores que muy amablemente han ofrecido su ayuda y conocimientos. –Ahora miró al trio y les pidió que se acercaran –Los Aurores Gideon y Fabian Prewett junto a la Auror Hermione Granger están altamente calificados y les enseñarán cómo es su trabajo y la vida real en estos días tan oscuros. Espero les sirva y no deban llegar a poner en práctica lo que aprenderán, pero si lo deben hacer, estarán preparados. Estamos aquí para ustedes en todo momento.

El Director finalizó y se llevó con él a McGonagall quien se marchó reticente. Ambos se sentaron en una de las bancas del pasillo que les daba vista privilegiada al escenario que se vivía en los jardines. Estaban a una distancia prudente.

La profesora McClare saludó a los Aurores y juntó ambas manos.

–Bien, ustedes nos dirán, ya les informé a los chicos que comenzarán con una demostración. –Comentó expectante.

A Hermione le pareció que la profesora tenía exceso de adrenalina y solo se limitó a sonreír. Miró a los estudiantes que estaban en un estado más frenético que la mujer y eso le causó más gracia aún. Disimuladamente miró a Sirius que se había ganado en primera fila en cuanto la vio llegar junto a los Merodeadores. Todos se veían contentos y divertidos de tener justo a esos tres Aurores allí.

Los Prewett se miraron maliciosamente.

–Que sea la dama quien elija contra quién quiere batirse a duelo. –Dijo Fabian apoyado en el árbol junto a la Profesora, sabiendo que Hermione escogería a Gideon por todas las bromas que solía hacerle.

Hermione no se hizo esperar, sacó su varita y comenzó a caminar al medio del lugar, algo alejada de los alumnos que buscaban el mejor lugar desde donde observar.

–Que sea Gideon entonces. –Respondió la chica.

El aludido asintió y sacando su varita se adentró en el pasillo por donde habían llegado.

Todos estaban confundidos y comenzaban a murmurar nuevamente.

–Un duelo nunca será como te lo enseñan en clase, –explicó rápidamente Fabian a los confusos estudiantes –no habrá reverencias, tampoco límites ni moral alguna. Puedes estar en medio de un hermoso sueño, cenando con tu familia, en tu trabajo o incluso en la calle haciendo la compra semanal. –Todos estaban atentos en sus palabras y a la vez en Hermione que caminaba tranquilamente mirando sus botas, no había señales de Gideon –En la vida real no hay tiempo para la cortesía, solo debes actuar y ser más rápido que tu oponente.

En cuanto terminó de decir eso una gran explosión provocó que los estudiantes dieran saltos y algunos hasta trataron de refugiarse, soltaron gritos y fueron testigos de cómo la mitad de la pared frente a la Sala de Profesores se derrumbaba.

Hermione saltó unos metros más allá producto de la potente maldición que había lanzado Gideon y unos cuantos escombros la golpearon. Se puso en pie rápidamente y se lanzó contra el chico.

Confringo, muy inteligente, fue lo que pensó Hermione.

¡Reducto! –Maldijo Hermione y el resto de la muralla se vino abajo, con lo cual logró distraer a Gideon que lanzó un Protego. –¡Expulso!

El chico que aún tenía su escudo protector activado solo se tambaleó y comenzó a lanzar hechizos contra la castaña que desvió hábilmente cada uno de ellos.

¡Desmaius! –Por poco ese alcanza a la chica, Gideon se sonrió.

¡Impedimenta! –Gritó la castaña cuando se vio algo acorralada. El chico se frenó y Hermione aprovechó el segundo de ventaja que le dio – ¡Diffindo!

Una profunda cortada en el brazo de Gideon lo hizo retroceder y comenzar a protegerse únicamente con hechizos no verbales mientras la castaña lo acorralaba contra los escombros que dejaron de las explosiones.

Los estudiantes cada vez se acercaban más y McGonagall estaba al borde de un ataque de nervios, en cambio Dumbledore miraba divertido.

–Cinco galeones a la señorita Granger, Profesora. –Dijo el hombre muy jovial.

–¡No bromee, Albus! Vaya y deténgalos. –Pidió.

En cuanto el chico chocó contra las piedras se dejó caer y esperó a que Hermione se acercara más para atacarla.

¡Expulso!

Hermione fue lanzada contra el árbol junto a los estudiantes con unos cuantos trozos de piedra. Cayó sonoramente y dio un grito de dolor.

Sirius soltó un quejido e hizo ademán de ir tras ella, pero Remus lo detuvo.

La chica no se dio cuenta en qué momento el herido Gideon llegó a su lado y la maldijo.

Crucio –Apenas fue un susurro que la hizo retorcerse de dolor.

Se aferró como pudo a su varita y con un potente hechizo no verbal logró bloquear la maldición de su oponente.

Oppugno, conjuró mentalmente Hermione hacia las rocas cercanas y todas fueron a dar directo al cuerpo de Gideon que rompió la conexión con la maldición.

Protego, alcanzó a invocar el chico cuando se dio cuenta de lo que pretendía la castaña, pero no lo suficientemente rápido.

¡Diffindo! ¡Desmaius! –Gritó la chica y Gideon cayó unos metros más allá con otro corte ahora en el hombro y desmayado.

Hermione se dejó caer exhausta junto al árbol. Estaba sudando y sangrando con algunos cortes, sin contar que su túnica estaba completamente rasgada.

El silencio total en el que estaban sumidos los estudiantes fue roto por una salva de aplausos. Todos comentaban acerca de la maravillosa demostración y ya querían comenzar a practicar.

Fabian ayudó a Hermione a ponerse en pie y ambos fueron hasta Gideon que seguía inconsciente.

Rennervate –Dijo Hermione apuntando al pecho del chico que inmediatamente tomó una bocanada de aire y se reincorporó asustado.

–Eres una maldita, Granger. –Dijo en cuanto pudo hablar –Me hiciste dos cortes que dejarán cicatriz.

Hermione le sacó la lengua sin que los estudiantes se dieran cuenta.

–Te dedicaste a lanzarme unicamente maldiciones y me torturaste, tú eres el maldito, Prewett. –Se defendió.

–Fuiste humillado. –Se burló Fabian mientras ayudaba a su hermano y curaba los cortes.

Los tres volvieron con la profesora McClare quien los felicitó.

–Ha sido un excelente duelo, muy sorpresivo y algo destructivo también. –Dijo mirando incómoda hacia McGonagall. –Ahora chicos, –se dirigió a sus estudiantes – ubíquese en parejas de su misma casa y practiquen los hechizos que hemos visto en clase, algunos de los cuales los Aurores también ocuparon hoy, menos maldiciones. –Aclaró en tono más severo.

Hermione y los chicos fueron hasta donde estaba el Director y le dieron espacio a la profesora para que practicara con sus estudiantes, lo de ellos apenas había durado unos quince minutos pero para los chicos había parecido eterno ver a un par de Aurores batirse en un duelo y sobre todo violento.

–¡Se excedieron! –Les recriminó McGonagall en cuanto los vio.

–Solo un poco. –Se defendió Hermione.

–Está molesta porque me debe cinco galeones. –Les guiñó un ojo el Director.

–¡Te apostó en contra! –Estalló en risas Fabian contra su hermano.

Minerva los miró severa y señaló la gran muralla destruida.

–Lo arreglan, ahora. –Ordenó.

Los tres chicos rodaron los ojos en cuanto quedaron fuera del campo de visión de la profesora y se fueron dando de empujones hasta llegar al desastre que habían provocado. Se dedicaron la siguiente media hora a hacer bromas sobre cómo habían fallado en tonterías mientras arreglaban la muralla y volvían todo a su lugar.

En cuanto terminaron regresaron a los jardines a observar a los estudiantes que estaban en duelos interminables solo con hechizos de defensa y muy pocos se atrevían a realizar un ataque verdadero.

Todos se veían bastante cansados, se notaba que en su gran mayoría y salvo excepciones, no tenían práctica en duelos ni enfrentamientos.

–Vamos a hacerlo divertido. –Propuso Fabian y se acercó a la profesora a susurrarle algo, la mujer asintió y el chico se frotó las manos. –¡Todos presten atención! –Pidió el chico.

Los estudiantes que para esas alturas estaban sin túnicas y solo con sus uniformes muy cansados, agradecieron el descanso y se acercaron.

–Nos más Protego, –comenzó diciendo – desde ahora solo encantamientos desarmadores y aturdidores. El primero en caer queda fuera, el que gana pasa a la siguiente etapa.

Todos asintieron y volvieron a sus duelos.

Los tres Aurores se pasearon por entremedio y notaron que en algunos había un nivel muy bueno, solo que no se atrevían.

Los duelos más entretenidos se estaban dando entre Sirius contra Lily, Remus contra James y Rosier contra Severus. Dorcas ya había mandado al mismísimo infierno a Peter y estaba mirando.

Los Aurores pasaban dando consejos a medida que veían las fallas, por su parte Hermione se encargó en su mayoría de los Slytherin que si bien al principio la miraban con recelo, con el correr de los minutos y luego de ver la forma en que luchaba y sus movimientos, se había ganado el respeto de casi todos.

Para el final quedaron unos cuantos, ya que algunos se habían atacado al mismo tiempo y los hechizos rebotaron unos contra otros.

Gideon fue el encargado de volver a llamar la atención de los chicos.

–Los que quedaron en pie se batirán a duelo nuevamente, –los chicos se disponían a formar pareja cuando los interrumpió – pero nosotros formaremos las parejas. –Sonrió malvadamente y miró a Hermione que tenía una gran sonrisa en su rostro. –¿Nos harías los honores, Granger? –Pidió el chico.

Hermione dio un paso adelante y los observó uno a uno.

Tenía por un lado a Dorcas, Sirius y Remus. Por el otro estaban Avery que había ganado hábilmente su duelo con un solo movimiento, y Rosier con Snape, en quienes se había producido un empate técnico y ambos calificaron.

Emparejar a cualquiera sería una masacre colectiva.

Sirius era el más atento, desde el inicio había estado muy preocupado por la castaña quien se veía malherida y ahora estaba inquieto por saber contra quién lo iba a emparejar.

Finalmente se decidió.

–Meadowes y Snape van primero, –comenzó la chica y al menos esa pareja se miró con indiferencia –luego va Rosier contra Black, –ambos chicos se miraron con odio – y finalmente Avery contra Lupin. –Remus hizo una mueca y su contrincante lo miró con sorna.

Fabian tomó la palabra esta vez.

–Traten con hechizos no verbales, les ayudará para que comiencen a anticipar a su oponente. –Les aconsejó.

Dorcas y Snape se pusieron en posición y ni siquiera esperaron alguna señal para comenzar a atacarse. Eran muy hábiles, sobre todo Snape en cuanto a los hechizos no verbales, y Dorcas era segura de sí misma. Estuvieron al menos diez minutos antes que Snape fuese más rápido y con una potente onda expansiva lanzara contra el árbol a Dorcas que se golpeó en la espalda y cayó inconsciente. Por la fuerza de la maldición Severus también se tambaleó y cayó.

Fabian corrió tras la chica para ayudarla mientras los Merodeadores miraban con odio a Snape, pero su sorpresa fue cuando Hermione fue tras él para ayudarle.

–Muy bien hecho, –lo felicitó la castaña con una auténtica sonrisa – ese fue un Expulso muy bien ejecutado.

Severus aceptó la ayuda y quedó algo desconcertado ante el elogio, ya que pensaba lo iba a regañar por haber ocupado una maldición. Una vez en pie no sabía muy bien qué decir.

–Para la próxima vez sujeta tu varita un poco más floja, apunta a tu objetivo y en cuanto sientas la maldición aférrate fuerte a ella y no caerás de nuevo. –Le aconsejó.

Por primera vez en mucho tiempo Severus Snape dio una auténtica sonrisa a alguien y se sintió bien consigo mismo.

–Muchas gracias, Auror Granger. –Dijo el chico y se fue a su grupo en donde todos lo felicitaban.

Los Merodeadores estaban sin palabras y no podían creer lo que acababan de ver.

Hermione Granger fraternizaba con el enemigo.

La chica no les dio explicación alguna, ella necesitaba ganarse la confianza de Snape, y al parecer iba por buen camino.

Sirius saltó al medio junto a Rosier ante la mirada de todos.

–¿Listo para arrastrarte como el gusano traidor que eres, Black? –Preguntó Evan socarronamente.

–Ya veremos quién se arrastra primero, Rosier. –Dijo amenazante Sirius.

Comenzaron en cuanto terminaron de insultarse y no fue un duelo sencillo. Ambos eran hábiles con las maldiciones y se notaba que no iban a dejarse vencer tan fácilmente. De pronto de la varita de Sirius salió un gran león de llamas y fue lanzado sobre Evan que reaccionó a tiempo y se cubrió.

Los Prewett levantaron barreras para que el Fuego Maldito no alcanzara a algún estudiante.

–¡Señor Black! –Gritó impresionada y molesta la profesora McClare –¡Sin maldiciones!

Sirius la ignoró y en cuanto estuvo seguro que Evan tenía controlado el Fuego Maldito, lo volvió a atacar.

¡Desmaius! –Gritó hacia el chico que se desmayó enseguida.

Sirius extinguió lo que quedaba de fuego y se giró hacia la profesora.

–Gané con un encantamiento, Profesora. –Dijo encogiéndose de hombros mientras pasaba por el lado de Hermione que lo miraba con la boca abierta.

La castaña estaba terminando de curar unas heridas de Dorcas luego que Fabian la había ayudado y no podía creer que Sirius fuese tan hábil para su edad. Rosier se lo merecía, pero había actuado por impulso y pensando en derrotarlo por la honra de los Merodeadores.

Finalmente Avery contra Lupin fue un duelo más corto, si bien el primero había provocado a Remus, por algo era el más centrado de los chicos, lo había ignorado y en el primer descuido lo había lanzado lejos con un Depulso muy bien ejecutado.

Para el final habían quedado Severus, Sirius y Remus.

–¡Ahora elijo yo las parejas! –Dijo alegremente la profesora McClare en cuanto repasó que todos los estudiantes estuviesen en perfecto estado, salvo heridas menores. –Irán contra los Aurores. –Anunció y se produjo un grito generalizado.

McGonagall y Dumbledore se habían acercado para ver cómo terminarían los duelos.

–Severus irás contra Fabian, –comenzó la mujer – luego vas tú Sirius contra la señorita Hermione, –dijo haciendo énfasis en toda la frase, a lo cual el chico sonrió disimuladamente – y Remus te toca con Gideon. –Hizo una pausa y agregó – Los duelos serán en simultáneo, así que pueden comenzar cuando quieran.

Hermione se quitó la túnica y pasó por el lado de Sirius.

–¿Lista, Granger? –Preguntó el pelinegro divertido.

–Cierra tu boca, Black. –Pidió la chica concentrada.

Eso solo provocó la risa del chico.

–Con que te desconcentras si te hablan, Auror.

–Eso ya quisieras. –Le respondió la castaña.

–Te voy a vencer en el duelo, así que prepárate. –Dijo Sirius muy seguro elevando su varita y listo para atacar.

–Eso si te dejo, además, ¿por qué tan agresivo, Black… qué te hice? –Preguntó la chica notándolo algo molesto aun cuando trataba de sonar divertido.

–Fraternizaste con el enemigo, Hermione. –Dijo a modo de respuesta.

La chica hizo una mueca y también levantó su varita.

–Déjame fuera de tus líos de matones adolescentes, Black. –Pidió seria.

Ellos fueron los primeros en comenzar su duelo. Los Prewett habían tenido el detalle de primero conversar con sus duelistas de una manera más amable y aclarar que no ocuparían maldiciones.

En cuanto el primer rayo de luz pasó cerca de Hermione, saltó dentro del corredor hasta donde la siguió Sirius.

Con un Bombarda Maxima derribó la muralla que hace una hora habían levantado y el chico se las tuvo que arreglar para que no lo golpearan.

Sirius no tuvo miramientos en lanzar un Confringo contra la muralla tras Hermione que era precisamente la Sala de Profesores.

La castaña se protegió del ataque y salió a tiempo del lugar.

¡Diffindo! –el ataque rozó el brazo de Sirius que apenas se quejó y volvió al ataque nuevamente en el jardín.

¡Impedimenta! –Gritó el pelinegro en cuanto vio venir el maleficio Expulso por parte de Hermione.

Todos miraban atentamente el último duelo, ya que los otros dos habían finalizado con los hermanos Prewett como vencedores.

Sirius creó una barrera de fuego alrededor de ellos para acorralar a la chica.

–Cuando juegas con fuego te quemas, Sirius. –Dijo Hermione más relajada.

El chico también se notaba más tranquilo y sonrió.

–Se supone que mis enemigos deben ser los tuyos. –Explicó mientras lanzaba un hechizo que la chica esquivaba rápidamente.

–Eso es inmaduro, Sirius. –Se quejó ella maldiciéndolo de vuelta y pensando qué hacer con el fuego sin que él la atacara primero. –Además, me cuesta creer que me estés maldiciendo de esta manera solo porque fui amable con Severus.

El chico negó.

–Alguien corrió el rumor de que tú eres mi chica especial. –Dijo mirando de soslayo a Marlene que estaba tan atenta como el resto.

–La lanzaré al Calamar Gigante. –Dijo entre dientes Hermione.

–Así que como no quieres que se sepa solo me estoy comportando como lo haría con una Auror en un duelo y no con mi chica especial. –Explicó sonriendo.

–Terminemos con esto ya, Black. –Ordenó Hermione e invocó agua para apagar las llamas.

Una maldición la alcanzó y cayó, atacó de vuelta a Sirius que también cayó cerca de ella y la tomó por la pierna para no dejarla levantarse.

¡Relashio! –Apuntó Hermione con su varita y Sirius lo esquivó, probó otra vez –¡Crucio!

Sintió el grito generalizado y el chico alcanzó a invocar un Protego. La miró con la boca abierta y entrecerró los ojos.

¡Depulso! –Ese sí alcanzó a la chica que rodó por el césped y soltó su varita, se puso en pie y la alcanzó, pero cuando giró Sirius tenía clavada su propia varita en el cuello de Hermione.

La castaña hizo una mueca de disgusto y bajó las manos.

–Ya está, me venciste. –Aceptó con derrota.

Sirius le dio una pequeña sonrisa y negó lentamente.

–Si esto fuese un duelo de verdad las cosas no quedarían así, además anda el rumor que ya sabes y hace unos segundos me lanzaste una Imperdonable. –Dijo divertido.

–Sirius, –trató de razonar Hermione –bajé mi varita, me venciste.

Le regaló una última sonrisa y apenas susurró.

Desmaius.

Hermione lo último que sintió fue cómo su cuerpo se azotaba unos metros más allá y perdía el conocimiento.

Despertó a los segundos con la ayuda de Fabian. Todo su cuerpo le dolía y tenía a Gideon, Sirius y Dumbledore a su lado. Seguía en el césped tirada.

–Fue un excelente duelo. –Elogió el Director.

Hermione se paró y sujetó su espalda mientras se unían al resto de la clase.

–Bien Sirius, –dijo la profesora –como ganaste puedes escoger si enfrentarte en el último duelo contra Fabian o Gideon.

El chico escogió a Fabian.

–Hazlo sufrir. –Le pidió Hermione a Fabian.

Fue un duelo corto pero divertido, además no hubo reglas y ambos se batieron como en un campo de batalla, quedaron muy malheridos pero finalmente ganó Sirius.

La castaña hizo una mueca y golpeó a Fabian en el hombro.

–El chico es bueno y debes reconocerlo. –Le contestó el aludido con una media sonrisa.

La clase finalmente llegó a su fin y la profesora McClare estaba muy satisfecha y tenía grandes expectativas para las siguientes. Los estudiantes habían quedado muy motivados y querían mejorar.

Los Aurores se despidieron de todos y se fueron con Dumbledore y McGonagall que seguía sin creer que Sirius Black se hubiese atrevido a destruir la Sala de Profesores. No lo había podido castigar o restar puntos porque lo había hecho con fines educativos y en una clase autorizada.

Hermione luego tuvo una pequeña reunión con Dumbledore y confirmaron todo lo que antes les había dicho Regulus, además les preocupaba el hecho de que los Mortífagos que estaban en último año eran muy hábiles, pero el Director estaba complacido con el hecho que Hermione también era muy aguda a la hora de interactuar con los estudiantes y había logrado ganarse la confianza y respeto de muchos Slytherin que la veían como modelo.

–Llegará el momento en que Voldemort sabrá de usted, si es que ya no lo sabe y por sus cualidades querrá conocerla. –Comentó pensativo el Director a Hermione que sintió un escalofrío.

Hermione sabía que eso era cierto, pero prefería acercarse por fuera y no entrar en el mundo de Voldemort, porque en ese espacio perdería el control, además ya tenían a Regulus dentro.

Hermione al igual que los Prewett antes que ella, se fue a descansar y prefirió dormir todo el día, había quedado muy agotada.

Debió dormir toda la tarde cuando alguien llamando a su habitación la hizo despertar. Se levantó algo molesta y miró por la ventana, ya había caído la noche.

Abrió la puerta y no vio a nadie.

Con su varita en alto y sin decir palabra alguna conjuró muy concentrada, Homenum Revelio.

Enarcó una ceja cuando vio a Sirius bajo la capa de invisibilidad. Se hizo a un lado y lo dejó pasar. Una vez dentro el chico se quitó la capa.

–Eres una bruja excepcional, Mione. –Le dijo el pelinegro con una tierna sonrisa.

La chica sonrió, ya había perdido la cuenta de las veces que había escuchado esa frase salir de los labios de Sirius Black en diferentes épocas.

La castaña reparó en que Sirius solo vestía su pijama y llevaba consigo su varita y la capa de James.

–¿Qué haces aquí, Sirius? Si McGonagall… –Pero el chico no la dejó seguir.

–James maldijo a Mulciber y McGonagall lo tendrá en detención toda la noche en su despacho ayudándole a revisar unos trabajos, así que no aparecerá por aquí y tampoco sabrá que vine. –Explicó triunfal.

Hermione sonrió y lo invitó a sentarse a la cama, ella se metió de vuelta porque estaba muy cansada.

–Tienes excelentes amigos. –Comentó.

Ambos se quedaron en silencio y la chica le dio tiempo para que hablara.

–Vine porque no te vi después de clases, y quería pedirte disculpas por haberte atacado, yo te había vencido y tenías la varita abajo, pero…

Sirius no sabía cómo continuar, aunque ella sí.

–Pero eres un Black. –Completó medio sonriendo.

El chico asintió avergonzado.

–De todas formas está bien, –le restó importancia Hermione –ya viste cómo se comportan los Mortífagos cuando fueron a ayudar a la casa de Lily, tenías razón cuando dijiste que si fuese una pelea real… no bastaría con bajar la varita y ser noble.

Sirius suspiró y Hermione siguió hablando.

–¿El que me hayas tratado como a cualquier mortal y no como a tu enamorada logró acallar en algo los rumores sobre… nosotros? –Preguntó la castaña señalando a ambos.

El pelinegro negó y el estómago de la chica se revolvió.

–Solo lo acrecentó, las chicas dicen que nunca vieron tanta pasión en un duelo. –Explicó –Además está el factor Marlene, ella nos vio en casa de James.

–En serio la lanzaré al Calamar, te lo juro Sirius o algo le haré a esa chica. –Dijo molesta la castaña.

Sirius se acercó a ella y se recostó a su lado.

–Y te podemos ayudar. –Propuso risueño.

Hermione lo golpeó en las costillas y él le pasó unas galletas que llevaba en el bolsillo de sus pantalones.

–Te las guardé de la cena, supuse que no habías comido nada.

Hermione las agradeció y se puso a su altura para abrazarlo. Ambos estaban muy relajados.

–Sé con qué intenciones viniste Sirius Black… y puedes quedarte pero mantendrás tus manos quietas y te irás a primera hora antes que McGonagall siquiera pueda intuir que no estás en tu habitación.

Antes que se pudiese arrepentir, Sirius se metió bajo las tapas y se abrazó a Hermione que de nuevo se quedaba dormida. Pero como el chico era un conversador innato le interrumpía el sueño cada tanto.

–Mione, ¿por qué te cae bien Snivellus? –Preguntó jugando con uno de sus rizos.

Hermione apenas respondió en un susurro mientras ponía una mano en su pecho y se acomodaba para dormir, se aguantó la risa.

Severus, –remarcó el nombre –no me ha hecho nada, no tendría por qué caerme bien o mal y hoy lo hizo muy bien.

Sirius profirió una queja.

–Pero no tan bien como tú, fuiste el mejor. –Elogió la chica –De hecho no recordaba que fueras tan bueno…

Sirius se extrañó y levantó su cabeza para mirarla. Hermione se dio cuenta de lo que había dicho y cerró más los ojos para parecer dormida.

–Sé qué no estás dormida. –Dijo Sirius mientras le pellizcaba la nariz.

La obligó a mirarlo de mala gana.

–Sirius, estoy dormida… hablo incoherencias. –Dijo con soltura y el chico se lo dejó pasar.

Era verdad, Hermione recordaba haber luchado con él en prácticas y también a su lado en su tiempo, de hecho había aprendido todo de él y Remus, pero hoy lo había visto diferente, tan jovial y temerario, con una chispa de vitalidad y travesura en los ojos que había perdido en su paso por Azkaban.

Se abrazó nuevamente al chico y trató de dormir recordándose que debía ser más cuidadosa con lo que decía.

–Mione…

La chica suspiró y se sentó en la cama con los ojos cerrados.

–Una pregunta más y a dormir. –Ordenó.

–Por Halloween iremos a Hogsmeade, los Prewett me dijeron que ese día lo tienes libre, ¿vendrías conmigo al pueblo? Como una cita. –Preguntó con voz dulce, esa que ocupaba cuando quería conseguir algo.

Hermione no pudo evitar reír y se restregó los ojos para mirarlo.

Tenía libre porque había quedado con Dumbledore, pero en la tarde seguro podría.

–Iré contigo, aunque sería mejor juntarnos de tarde. –Propuso.

–A la merienda entonces. –Dijo feliz Sirius.

La chica apagó las luces y ahora sí se dispuso a dormir.

–Mione…

–¿Sirius, es en serio? –Preguntó sollozando.

–… buenas noches. –Completó riéndose el pelinegro.

Hermione no recordaba desde cuándo no dormía tan bien, esa noche no tuvo pesadillas y tampoco se despertó en toda la noche. A la mañana siguiente Sirius cumplió y se fue sin siquiera meter ruido y dejó durmiendo a la chica.

Octubre pasó muy rápido y tal como lo había prometido, Alastor llegó para quedarse la semana de Halloween. Tuvieron muchas reuniones por desapariciones y ataques a familias que no compartían los ideales de Voldemort. En el mundo mágico cada vez había más miedo y por más que en las redadas encarcelaban Mortífagos, nuevos seguidores aparecían.

En Defensa Contra las Artes Oscuras los estudiantes de séptimo habían avanzado bastante al menos en hechizos de defensa y desarme, habían tomado habilidad, rapidez y destreza. Ya no temían practicar con los Aurores y hasta pedían consejos.

En los próximos meses verían contrahechizos y maldiciones para ir directamente a un ataque frontal. Moody estaba impresionado y muy complacido. De hecho hasta se había batido a duelo con Sirius, Remus y Dorcas que eran los mejores de la clase. Obviamente los había derrotado, pero al finalizar los invitó a unirse al entrenamiento cuando salieran de Hogwarts para así convertirse en Aurores. Los tres no paraban de hablar del tema.

Hermione pensó en Remus y su situación como Hombre Lobo ante el Ministerio, pero seguramente podrían llegar a algún acuerdo.

Ese año la noche de Halloween caía por mediados de semana, día que tendrían la tradicional cena, pero la salida a Hogsmeade la harían el fin de semana antes a la celebración.

Llegó finalmente el veintisiete de octubre. Hermione se levantó muy temprano y partió rumbo al despacho del Director. De camino se encontró con todos los estudiantes que estarían todo el día en Hogsmeade y se puso de acuerdo con Sirius para encontrarse en la tarde.

Apenas llegó a la oficina de Dumbledore éste la hizo pasar.

No tenían nada que conversar, ya todo lo habían planificado.

Hermione se tomó al brazo del Director y ambos se aparecieron en el Pequeño Hangleton.

Caminaron por las desoladas calles, a lo lejos se podía observar el Cementerio y la Mansión de los Ryddle. Era un lugar lúgubre y bastante descuidado.

Tras unos minutos caminando silenciosamente llegaron a su destino, la Cabaña de los Gaunt.

Dumbledore fue delante lanzando hechizos que Hermione reafirmaba, hasta que entraron con éxito.

La cabaña estaba sucia y apestaba a humedad y Merlín sabe qué más.

Dumbledore señaló unas tablas en donde sintió la magia tenebrosa. No había ningún hechizo de defensa.

–Es extraño, ¿no le parece? –Susurró Hermione.

–No del todo, Tom siempre fue reservado con respecto a su vida y se supone que esto es algo que únicamente sabe él. –Contesto simplemente Dumbledore.

Levantaron las tablas y dentro de una caja que el Director recordaba muy bien de un pequeño Tom en donde guardaba sus pertenencias más preciadas, estaba en Anillo de Sorvolo Gaunt. En cuanto el profesor lo tocó, éste giró por sí solo y desprendió la maldad que escondía.

Hermione sacó de su bolsillo una réplica exacta y la dejó en lugar del original que Dumbledore puso dentro de una bolsa que luego colgó en su cuello.

–Vamos. –Indicó a Hermione.

Dejaron todo tal cual estaba y salieron de la cabaña.

Sin que nadie los viera y tras unos árboles, se aparecieron nuevamente en Hogwarts, pero esta vez directamente en el corredor del Séptimo Piso.

Hermione no necesitó más explicación y se paseó tres veces pensando en su necesidad, la Sala de los Objetos Ocultos.

Una gran puerta apareció frente a ellos y entraron. De nuevo fue Dumbledore el encargado de ir al frente y ubicar según la información y recuerdos proporcionados por Hermione la Diadema de Rowena Ravenclaw. Tal como había dicho la chica estaba dentro de una caja también.

Fue mucho más fácil ubicarlo y esta vez Hermione la guardó en su bolsa. Aun dentro de la caja transmitía sentimientos de ira y odio.

Salieron del lugar y la castaña se dedicó a seguir al Profesor tras una estatua. Le tendió nuevamente la mano y ella la tomó sin preguntar, le estaba gustando esto de aparecerse en el Castillo.

Hermione tuvo que enfocar su vista y de a poco mientras bajaban una escalinata se fueron prendiendo las antorchas hasta revelar una sala circular vacía con un espejo en medio.

–¿Reconoce el lugar, señorita Granger? –Preguntó Dumbledore.

–Estamos en las Cámaras Subterráneas, aunque nunca llegué hasta acá… Harry me contó y yo le mostré esos recuerdos. –Dijo de pronto entendiendo todo ante la sonrisa de Dumbledore –Y ese, –dijo señalando el espejo – es el Espejo de Oesed.

El Director asintió y se acercó a la chica mientras sacaba el Anillo y ella al instante le tendía la Diadema.

–Después de ver sus recuerdos, pensé que este sería el mejor lugar para mantener ocultos y a salvo los Horrocruxes, ocuparemos la misma lógica y por ende haremos lo mismo que en su época hice para proteger la Piedra Filosofal.

La castaña sonrió.

–Esconderá los Horrocruxes en el Espejo de Oesed y solo podrá hallarlos quien quiera destruirlos y no recuperarlos para Voldemort. –Dijo sonriendo.

–Francamente a veces tengo muy buenas ideas, aunque provengan del futuro. –Comentó riendo.

Hermione vio cuando el Profesor conjuró el encantamiento y ocultó ambos objetos dentro del espejo.

Le tendió nuevamente la mano y antes de tomarla preguntó algo que le rondaba.

–¿Utilizará los mismos obstáculos para llegar hasta acá?

–De momento no, –respondió seguro –solo lo sabemos ambos, pero dentro de un tiempo se hará necesario, sobre todo antes de destruirlos, pero para eso… quizá falten años.

La chica tomó su mano y aparecieron en su despacho.

–Ahora la libero, supe que tiene una cita con el joven Black. –Comentó guiñándole.

–Maldeciré a los Prewett. –Respondió y el Director se quedó riendo.

Hermione se encaminó a Hogsmeade que estaba repleta de Aurores, los que custodiaban de punto fijo y otros que había llevado Moody luego que Regulus informara del ataque que harían los Mortífagos. Lo más probable es que no fuese en la primera visita del año, pero Dumbledore no quería correr ningún riesgo.

En cuanto llegó al sector de las tiendas vio a los Merodeadores en pleno discutiendo con la profesora McGonagall y a Moody defendiéndolos de quién sabe qué atrocidad.

Miró mejor la escena y vio a Marlene sentada fuera de Las Tres Escobas y tapando con un pañuelo su nariz que no dejaba de moquear.

Y ahora, ¿qué demonios había hecho Sirius Black?

Travesura realizada…

Nota de Autora: ¡Chicas hermosas! ¿Cómo están? Espero hayan tenido una linda semana y fin de semana también.

Como ven, les traigo la actualización semanal. Esta vez mis responsabilidades muggles no me permitieron actualizar dos veces, pero trataré esta semana que comienza de hacerlo dos veces de nuevo, así no esperan tanto. Conozco la agonía de esperar un nuevo capítulo jajaja. Lo que sí es seguro y como les he dicho, es que una vez por semana hay actualización.

Y díganme, ¿qué les pareció? Coméntenme sus impresiones, ¿qué personaje les gusta, cuál detestan, qué creen que pasará ahora? ¿Qué demonios habrán hecho los Merodeadores? ¡Siempre metidos en líos! ¿Qué les parece si me dejan un lindo review?

Muchas gracias como siempre a todas las que leen y por los favoritos también. A las chicas que comentan mis agradecimientos por sus palabras, Florfleur (¡Me encanta saber que te hace sonreír! Y por supuesto que es de los mejores elogios, el que disfruten. Y creo que todas estamos perdidamente enamoradas de ese Black… snif), gabytahijar (Sirius enamorado es más impredecible… y hermoso), lunatico0030 (jajaja tranqui que esta semana trato de subir dos veces y así al menos se aplacan las ganas o le genero más, no sé jajajaja), leiref29 (¡Has vuelto! Jajajaja no te preocupes, yo sabía que debías estar muy ocupada, de hecho esta semana también estuve a full… malditas responsabilidades muggles. Beso para Sirius también), y lauuvaneg (¡Mil gracias! Wooow… ¿en serio te lo leíste en un día? Eso me emociona, en serio me alegra mucho saber que te esté gustando).

Un beso enorme a todas y que tengan excelente inicio de semana, y como saben, nos leemos en el próximo capi.

Las leo en los Reviews.

¡Besos!