Capítulo 14
«¿Cómo conseguiste mi dirección?» preguntó Emma, mientras distribuía besos por los hombros de Regina
«Tengo mis medios, amorcito» dijo ella, esbozando una gran sonrisa
«Y yo estoy segura de que tu amiguita está metida en el ajo»
«Quizás…¿ahora qué me dices de un baño y después comida? Estoy hambrienta»
«¿Te vas a quedar a dormir conmigo?»
«¿Quieres que me quede a dormir contigo?»
«Nada me haría más feliz…»
Entre besos y caricias, Regina fue conducida al baño y al contrario de lo que pensó, Emma dejó de lado el box y la sentó en la encimera del lavabo. Los besos que recibía por el cuello calentaron su cuerpo, haciéndole olvidar el frío granito bajo su trasero.
«Pensé que íbamos a tomar un baño…» murmuró Regina
«Y vamos» dijo Emma, colocándose entre sus muslos «Pero solo después de aliviar el hambre que tengo de ti» completó, agarrándole las piernas y poniéndolas alrededor de su cintura.
El dedo corazón de Emma, acompañado del índice, presionaron los labios de ella y le invadieron la boca. Con destreza, Regina los lamió manteniendo los ojos clavados en los de ella.
«Déjalos bien mojados» avisó Emma, y segundos después, los sacó de su boca, y fue deslizándolos por su barriga.
De súbito, los ojos de Regina se cerraron y casi perdió el aliento cuando los dedos de Emma se deslizaron hacia dentro de su intimidad. Su espalda se arqueó contra el espejo y un gemido escapó de su garganta en el exacto momento en que los movimientos comenzaron, hacia dentro y hacia fuera, lenta y con constancia.
Con los labios entreabiertos ante el abanico de sensaciones, Regina la agarró por los pelos y la atrajo hacia un beso. Todas sus terminaciones nerviosas estaban en alerta, y un deseo incontrolable por tener un orgasmo hizo que Regina se apoyara más en el espejo, soltando las piernas de su cintura para apoyar los pies en la encimera.
Movida por un irrefrenable deseo al ver a Regina totalmente expuesta, Emma le agarró la cadera, empujó su trasero hasta el borde de la encimera y pegó su boca en su sexo, lamiéndola con urgencia. Enloquecida, Regina se agarró al borde del granito, mientras su contraído cuerpo se perdía por completo en la pasión de aquel acto tan íntimo. Una de sus manos se soltó del borde y se cerró alrededor de los cabellos de Emma atrayéndola hacia sí. Se derritió toda cuando se deleitaba con los últimos instantes del orgasmo.
«¡Por los cielos, Emma…me vas a matar!» balbuceó Regina, jadeante y casi desfallecida
Con una bella sonrisa estampada en sus labios, Emma retrocedió un paso y se encontró con los ojos castaños y saciados de Regina. Lenta y suavemente, le dio un beso en la boca y finalmente se entregaron a un largo y caliente baño, después a una deliciosa comida y por fin, vino otra perfecta noche de sueño.
A la mañana siguiente, tras un rápido desayuno, Emma acompañó a Regina hasta el apartamento de Ruby donde había dejado el coche el día anterior.
«Puedo esperarte y acompañarte a tu casa» dijo Emma
«No es necesario, mi amor»
«No me gustaría que te enfrentases sola a tus padres»
«No voy a enfrentarlos. Solo les voy a decir la verdad sobre mi vida»
«Estaré en el trabajo…pero puedes llamarme si necesitas cualquier cosa»
«Te llamo, sí. Vete tranquila» dijo Regina, dándole un suave beso.
«Te amo» dijo Emma, y tras un segundo beso, Regina descendió y desapareció por el pasillo de la portería.
«¡Finalmente os arreglasteis! Gracias a mí, que te conseguí su dirección. Ahora devuélveme el favor e invita a su amiga a que salga con nosotras» decía Ruby, claramente entusiasmada
«Sabía que te habías interesado por ella» dijo Regina
«No pareces muy contenta…¿ha pasado algo?»
Regina respiró hondamente y mencionó la conversación, pero vaciló. Tragando en seco, se quedó mirando el suelo y se mordisqueó la uña del dedo pulgar. La idea de, finalmente, liberarse de aquella mentira que era su vida era todo lo que deseaba. Sin embargo, la incertidumbre sobre si conseguiría ser lo suficientemente fuerte o no para dar ese gran paso martilleaba en su cabeza.
«Hoy hablaré con mis padres sobre…sobre mí. Sobre mí y Emma» reveló, y una lenta sonrisa se abrió en el rostro de Ruby.
«Sé que temes la reacción de tus padres…pero se trata de tu vida, de tu felicidad. Ya no eres una niña, eres una mujer, fuerte, hermosa e inteligente» dijo Ruby, agarrándole la mano «Lo que quiero decir es que…independientemente de la reacción de ellos, no estás sola»
«Lo sé…» susurró, sin contener la emoción
Tras la conversación con su mejor amiga, Regina condujo hacia su casa. Ya eran más de las nueve de la mañana, y pensó que a esa hora su padre estaría en otra de sus innumerables reuniones con los líderes del senado norteamericano. Pero se sorprendió al encontrarlo en la sala de estar, aparentemente conversando con Cora.
«¿Ha pasado algo?» preguntó ella
«¡Sucedió aquello que tanto temía!» exclamó Henry, tirando un periódico encima del sofá
Repentinamente sus latidos se aceleraron, resonando en sus oídos, y sus ojos se desorbitaron cuando divisaron la foto de ella y Emma besándose estampada en la primera página. Aturdida, sabía que había sido pillada in fraganti y no tenía idea de lo que decir. No conseguía formular una palabra con la rapidez suficiente.
«Papá…yo…» murmuró, mientras su mirada iba de Henry a Cora
«Me gustaría que me dijeras que esto es mentira. Que ha sido un montaje de alguien para conseguir dinero vendiendo esas imágenes falsas…»gruñó Henry
A pesar de la sensación de falta de aire y del nerviosismo que corroía sus entrañas, el deseo de no permanecer más encerrada en esa farsa la invadió. Aunque sus piernas le temblasen, dio un paso hacia delante, en dirección a su padre.
«No es mentira» dijo ella
La intención era que sus palabras sonaran firmes, pero no tuvo éxito. Aún así continuó con la cabeza erguida, y prosiguió
«Estoy enamorada de Emma»
«¡Sinvergüenza!» gritó él, dándole una bofetada que la hizo caer al suelo.
«¡Henry! ¿Cómo has sido capaz?» intervino Cora, arrodillándose al lado de Regina
«¿Cómo ha sido capaz ella de ensuciar el apellido de esta familia con esa…desvergüenza? ¡No ha sido esa la educación que le hemos dado!» gritó otra vez, visiblemente alterado.
El ardor le recorría su rostro, y aunque estaba aterrorizada, se levantó, sintiendo cierto alivio que nacía desde bien adentro de su alma. Con las pulsaciones aceleradas, dio unos pasos hacia delante manteniendo su mirada fija en la de su padre. La adrenalina corría por sus venas y tragó en seco al reconocer la expresión en los ojos de él: decepción, rabia, repulsión. Una mezcla de sentimientos negativos que dejaban claro lo que ella imaginaba: él nunca la aceptaría.
«Lo que tú llamas desvergüenza, yo lo llamo amor» dijo ella, limpiándose las lágrimas y los restos de sangre en el lado derecho de su boca.
«Cierra la boca antes de que…»
«¡No te atrevas, Henry!» intervino Cora, colocándose delante de Regina mientras lloraba compulsivamente
«¡Tienes que tratarte porque eso no es normal…estás enferma, y todo es culpa de aquella aberración a la que llamas amiga!» exclamó él, refiriéndose a la amistad entre ella y Ruby.
Asqueada, Regina se soltó del cuerpo de su madre y subió las escaleras apresuradamente. Casi sin aliento y con el sabor de la sangre aún en su lengua, metió parte de su ropa de cualquier manera en una maleta.
«Hija, ¿qué haces?» preguntó Cora, claramente angustiada
«Me marcho de aquí» dijo ella
«No es necesario, hija…voy a hablar con tu padre y…»
«Por favor, mamá. Yo ya…»
«Si te marchas de esta casa, Regina…olvídate de que tienes padre y madre» Henry interrumpió la conversación
Con un último resquicio de fuerza, Regina cerró la maleta y sin decir una sola palabra, salió del cuarto y se fue.
Ruby se estaba arreglando para salir cuando el timbre llamó su atención. Al abrir la puerta, se deparó con su mejor amiga, abatida, arrasada, hundida en lágrimas. En silencio, Ruby la abrazó y la condujo hacia dentro. Sentadas en el mullido sofá, Ruby anidó su cabeza en su hombro, reconfortándola.
«Calma, Regina…todo está bien…» susurró Ruby, abrazándola con más fuerza.
Transcurrieron unos minutos sin que ninguna dijera una palabra. Imaginando lo que había pasado, Ruby evitó preguntarle sobre la conversación con sus padres, Regina alzó la cabeza y con ojos vidriosos, bajó la mirada.
«Él me odia…siente asco de mí» murmuró «Dijo que estaba enferma y que necesitaba tratamiento» añadió, y sin poder evitarlo, los ojos de Ruby se llenaron de lágrimas.
«Ya pasó, amiga…y no estás sola, nunca estarás sola» dijo ella, rodeándola una vez entre sus brazos «¿Te golpeó?» preguntó Ruby, aunque el hematoma en el lado derecho de su boca respondía claramente a aquella pregunta.
«Sí…y quizás no siguió haciéndolo porque mamá se puso delante» dijo ella, rompiendo el abrazo cuando sintió su móvil vibrar dentro de su bolso.
Al coger el aparato, sintió su corazón acelerarse al ver las cinco llamadas de Emma. Sobresaltada, Regina se levantó y caminó apresuradamente hacia el baño, constatando a través del espejo el hematoma claramente visible en su labio.
«Emma no puede verme así…» dijo ella, deslizando el pulgar por la pequeña herida
«¿Le vas a esconder lo que ha pasado?» preguntó Ruby
«No necesita saber los detalles»
«Regina, acabáis de arreglar lo vuestro. No creo que esté bien esconderle cosas…»
Apenas había acabado de hablar cuando el timbre las dejó a las dos en alerta. Con el corazón acelerado, Regina salió del baño y fue hasta la puerta. Por la mirilla, vio a Emma en el pasillo.
«¡Joder! Está aquí…» susurró Regina
«Tarde o temprano lo sabrá» dijo Ruby, en voz tan baja como Regina
«Dile que no estoy aquí…dile que desde que me fui esta mañana no has tenido noticias mías» dijo ella, corriendo hacia el cuarto de su amiga.
Segundos después, Ruby abrió la puerta, pero no se apartó para que Emma entrase.
«¡Emma, qué sorpresa!» dijo ella
«¿Regina está ahí contigo?»
«No…estuvo esta mañana temprano cuando tú la dejaste aquí y media hora después se marchó»
«¿Crees que soy idiota, Ruby?» gruñó ella, sorprendiéndola «Porque si lo crees, estás completamente equivocada»
«¡Ya te he dicho que no está aquí, Emma! ¿Qué más quieres que te diga?»
«¡Quiero que me digas la verdad, joder! ¡Su coche está ahí fuera!» exclamó Emma, y sin pedir permiso, pasó por delante de ella y con pocos pasos abrió la puerta del cuarto de huéspedes donde ella y Regina habían hecho el amor por primera vez
«¿Lo ves? Te dije que no estaba aquí» dijo Ruby, mientras Emma observaba el cuarto vacío
Sin pensarlo, y sintiéndose como una psicópata paranoica en la que estaba segura se había convertido, Emma atravesó el pasillo a paso largo hasta el cuarto de Ruby, y sin vacilar, giró el pomo y abrió la puerta.
Se quedó paralizada cuando sus ojos se depararon con Regina sentada en el suelo, abrazada a sus propias piernas. A pesar del impacto, Emma se acercó a donde estaba sentada la mujer que amaba. De rodillas frente a ella, una sonrisa amarga se formó en sus labios mientras la punta de sus dedos buscaba su barbilla, alzándole la cabeza.
«¿Qué ha pasado? ¿Por qué te estás escondiendo de mí?» preguntó Emma, con el corazón saltándole del pecho, arrodillada frente a ella. Una descarga electricidad cargada de rabia se expandió por sus nervios cuando sus ojos divisaron el hematoma en la boca de Regina «Hijo de puta…» gruñó, y al hacer amago de ir a levantarse, Regina se tiró en sus brazos
«No, Emma…por favor…» murmuró, sin contener el llanto «Por favor, solo abrázame…»
«Lo siento tanto, amor…» dijo Emma, envolviéndola entre sus brazos «Ven…échate un poco aquí» añadió, levantándose y conduciéndola a la cama de Ruby.
Pasó un largo rato sin que ninguna de ellas dijera nada. Abrazada al cuerpo de Emma, intentaba apartar de su cabeza los recuerdos que quería olvidar.
«Él ya lo sabía…» susurró ella
«¿Cómo?» preguntó Emma
«Alguien nos fotografió…besándonos»
«Lo siento mucho, Regina. No quería que sucediera así. No debería haberte dejado ir a hablar con tus padre sola…»
«Emma, por favor. Contigo o sin ti, mi padre hubiera reaccionado de la misma manera»
«Pero no te habría puesto la mano encima, porque antes de que siquiera lo pensara, juró que lo habría matado…»
«Emma…» Regina la interrumpió «A pesar de todo, es mi padre. Yo ya sabía que no lo aceptaría, así que todo está bien, ¿ok?»
«Claro…»
Emma recorrió con la mirada cada trazo del rostro de Regina. La extenuación, por fin, consiguió vencerla y finalmente se quedó dormida. Las dos se habían librado de todas las capas complejas y confusas del comienzo, y ahora, podrían disfrutar del amor que sentían la una por la otra, sin miedo o recelos del juicio ajeno.
«¿Cómo se encuentra?» preguntó Ruby, en cuanto Emma apareció en la sala de estar.
«Está bien…se ha dormido»
«Disculpa haberte mentido diciéndote que no estaba aquí…ella no quería la vieses en ese estado»
«Mis ganas son de matar a ese hijo de puta»
«No digas tonterías…te encarcelarían y entonces lo que ha hecho Regina habría sido en vano» dijo Ruby, y antes de que Emma pudiera responder, su móvil vibró en su bolsillo. Era Mérida, avisándola de que en las noticias estaba siendo acusada de ser el motivo de la separación entre la hija de senador y su novio, Robin Hood.
