Los personajes de Percy Jackson no me pertenecen, solo juego con ellos.
Capítulo 14: Las Cazadoras de Artemisa.
Luego de un entretenido resto de semana, los campistas en general estaban esperando la llegada de las Cazadoras de Artemisa. Desde temprano las creaturas del bosque se habían dado a la tarea de limpiar para la presentación de los equipos, una ceremonia que a todos les parecía muy tonta, donde presentarían a los 3 equipos y sus participantes. No durarían ni 30 minutos en eso.
Las cámaras a control remoto de Hefestos T.V habían llegado a eso de la mitad de la mañana. Dionisio seria el presentador de todo "Campamentos en Guerra" por voluntad propia, lo cual no le parecía normal a nadie. Faltaban algunos detalles con el escenario que los sátiros armaban en la playa para poder comenzar a grabar.
Unas ninfas vinieron de la cadena de televisión para arreglar a los miembros de los equipos; maquillando aquí, peinando acá, vistiendo por allá. Estaban especialmente emocionadas con las chicas, pues las consideraban lienzos en blancos con los cuales experimentar. Ni siquiera Silena estaba de acuerdo con eso.
El que definitivamente se llevó la peor parte de todo eso fue Leo. El latino había llegado de buen humor, divertido con la idea de un cambio de Look, pero sus ánimos fueron decayendo por etapas. Primero paso por vestuario, donde las ninfas la desestimaban, concentrándose únicamente en Luke y Will. Salió de allí con un traje que le quedaba excesivamente grande.
De segundo fue a peinado, con la esperanza de que hicieran algo genial con su cabello, pero la ninfa que le asignaron vio con mala cara sus risos oscuros y los único que hizo fue ponerle medio tarro de gel para el cabello y una lata de fijador, peinando todo su cabello hacia a atrás como si fuera un casco.
Algo entretenido tenía que sacar del área de maquillaje, pero allí le dieron el mayor de los desaires. La estilista lo miro de pies a cabeza, se rio de él y lo despacho diciendo que no perdería el tiempo con algo insalvable.
Nunca había odiado a alguien tanto como a ellas. Leo sabía que no era guapo, mucho menos un Adonis, pero ¡Demonios! Eso no les daba derecho a tratarlo así.
-Valdez, cuidado con mis flores- le reclamo Calipso, repentinamente.
El la miro un segundo y luego al pequeño jardín donde estaba parado, sin saber cómo había llegado allí. Volvió a mirarla y ella tenía un expresión ya conocida por el: comenzaban las cejas fruncidas, luego la boca y por ultimo un grito… o muchos gritos, dependiendo de la razón.
Pero él no estaba para eso.
-Ahórratelo, niña- la corto, antes de que abriera la boca- no estoy de humor para tus chillidos caprichosos ¿ok? Acabo de pasar un mal momento con unas ninfas que no tiene ni una semilla de mostaza por cerebro, no necesito que tu llegues con tus reclamos y chácharas sin sentido.
Calipso se puso roja de ira, pero el color se fue atenuando de a poco, mientras veía cuidadosamente al muchacho de arriba abajo. Finalmente, hablo.
-¿Ellas te hicieron eso?- pregunto sin burla, señalando su ropa y cabello.
-Sí.
-No puedes aparecer así en televisión- ella cambio su expresión a una más amable.
Leo la miro con recelo, pero espero allí como ella le había pedido. Calipso volvió unos minutos después con una cartera grande y llena. Caminaron juntos en silencio hasta llegar al Bunker 9.
-Abre.
-¿Por qué?
-Hazlo.
Sin ganas de discutir, el obedeció. Una vez adentro, ella lo encerró dentro de un baño y le dijo que se duchara bien.
-Y sácate todo ese pegote del cabello también.
Una vez limpio, ella le paso una muda de ropa. Leo salió del cuarto de baño con unos vaqueros cómodos, una camiseta roja y una chaqueta nueva. Se veía genial aun que lo dijera el mismo.
-¿De dónde salió la ropa?- pregunto, aun viéndose en el espejo.
-Yo la hice- respondió ella. Le daba la espalda, arreglando algo en una mesa- luego de trabajar juntos en las camas y colchones, me di cuenta de que te incendias muy seguido, así que probé hacerte ropa a prueba de fuego. Considéralo un regalo.
-Te sabes mi talla.
-No fue difícil adivinar.
Leo siguió mirando la ropa y prendiéndose fuego mientras ella seguía en lo que hacía. La tela no se consumía, ni siquiera parecía que tuviera contacto con las llamas. Agradeció que ella no lo fuera mirado todavía, pues no se le había bajado aun el sonrojo. Cuando Calipso se giró, él ya estaba en su color natural.
-Ponte cómodo, arreglare ese enjambre que tienes por cabello.
Con lo cuidadosa que ella era, parecía más una caricia que un peinado. Para cuando se terminó, él estaba medio dormido por lo cómodo y relajado que se sentía.
-¿Qué opinas?
-Soy hermoso.
El bromeaba, pero si se veía bien. Su cabello estaba arreglado en risos estratégicamente despeinados. Definitivamente, si parecía Leo Valdez.
-Te verás genial en televisión- le dijo ella sinceramente.
Leo le dio una de sus sonrisas torcidas, y sin pensarlo mucho le dio un rápido abrazo a la muchacha. Calipso se sonrojo levemente, pero no le reclamo, golpeo o grito, aceptando el inesperado agradecimiento del latino.
Cuando se reunieron con los demás, era momento de subir al escenario. Los espíritus del bosque habían exagerado un poquito su entusiasmo ecológico, dejando que el escenario tuviera temática de Luau Hawaiano.
-Te ves bien, Leo- Piper sonreía detrás de él, en fila para subir al escenario. Estaban organizados por orden de cabaña.
-Gracias, tú también.
Leo se fijó un poco más. Piper no llevaba el pomposo, pero corto vestido que las ninfas le pusieron. Llevaba pantalones vaqueros, una blusa ligera verde y sandalias planas; sin maquillaje y con el cabello suelto en risos. Era Piper, un poco mejor vestida, pero la misma Piper de siempre.
Los demás miembros del equipo estaban vestidos a su propio gusto. Eso lo hizo sentir bien.
-Me entere de lo que te hicieron las ninfas estilistas- comento con tranquilidad la hija de Afrodita.
-¿Cómo lo supiste?
-Escuche a la maquilladora, no estuvo bien lo que te hizo.
-¡Vamos, Reina de Belleza!- el sonrió, tratando de no dejar ver como se había sentido realmente con lo que paso- necesitas más que 3 brujas para hacer sentir mal a Leo Grandioso Valdez.
Pero engañar a Piper no era fácil. Ella lo conocía muy bien, y el a ella. No por nada eran mejores amigos.
-Te afectara o no- ella sabía que si lo había hecho- a Jason y a mí no nos agradó.
El enarco una ceja. La morena señalo a un lugar apartado de la playa y allí pudo ver al trio de ninfas hechas un desastre de pies a cabeza. Un par de cámaras la enfocaban.
-¿Qué les paso?- Piper se encogió de hombros, escondiendo una sonrisa- dime.
-Un poco de encanto vocal y unas fuertes ráfagas de viento pueden ser perjudiciales para tu imagen- respondió Piper, como si comentara el clima- aún más con cámaras por ahí, buscando entretenimiento.
Leo miro a su amiga, a las ninfas y busco a Jason con la mirada. El pretor estaba con su grupo, vestido al estilo de las ninfas para no desentonar con sus compañeros. Cuando el rubio encontró la mirada de Leo, saludo con la mano y sonrió, guiñando una ojo tan rápido que el latino dudo si la había visto.
-A la próxima que quieran tomar venganza, me avisan- Leo lucia emocionado con la idea de un par de amigos para el crimen- una tuerca aquí, soldadura allá, quizás algo para que vuele… los tres pudimos ahuyentarlas del campamento.
-Pensé en decirte, pero te vimos con Calipso. No quisimos molestar.
Leo se sonrojo, pero siguió sonriendo. Tener una amiga hija de Afrodita puede tener sus pros y sus contras.
Contrario de lo que creyeron al principio, las presentaciones parecían un concurso de modelaje. El peor de la historia. Les indicaron como caminar y el recorrido que harían. Comenzarían los griegos, por ser los anfitriones.
-Representando al dios de los cielos y los rayos- hablaba Dionisio con aburrimiento- Tania.
-Soy Thalia- gruño la pelinegra.
Ella subió por la izquierda, luciendo su mejor estilo punk y una mirada de "podría atacarte en cualquier segundo", se ubicó en la esquina delantera derecha.
-Por la diosa del matrimonio, Hera, Ciper.
Esta se subió con tranquilidad, sin ser ruda como Thalia no modelando como le indicaron, y se paró junto a la hija de Zeus.
-Piper- corrigió la morena.
Poco a poco se les unieron Perry, Kitty, Clary, Anny Bell, Vince, Nino, Theo, Selena, Luis y Polux.
-Claro, de el si se acuerda- se quejaron todos. Polux se sonrojo, un poco avergonzado.
A los romanos no les fue mucho mejor. Subieron al escenario según los nombraron, o eso suponían ellos: Jackson, Rina, Melissa, Leia, Park, Jen, Stefanny, Hanzel, Yacok, Michell (lo cual ofendió mucho al chico, porque ese era nombre de niña) Mark y Dakota.
Nuevas quejas se escucharon, pero Dakota solo rio y celebro con otro trago de Koll- Aid.
Entonces las cámaras enfocaron tierra a dentro y de allí salió un grupo de chicas, todas adolecentes, vestidas con trajes de camuflaje. La mayor traía una diadema de plata en la cabeza.
Estas caminaron a la playa, 12 de ellas subieron al escenario vacío y las demás se quedaron a aparte de los campistas, como si estos tuvieron una enfermedad contagiosa.
Técnicamente así era: a las Cazadoras de Artemisa no les gustaba estar cerca de los chicos.
-Zoe, lugarteniente de la señora Artemisa- se presentó la chica de la diadema, su semblante serio. Las demás les siguieron.
-Bianca- la hermana de Nico pasó al frente.
-Febe- una chica grande y masculina paso al frente.
-Phoebe- otra, alta, con ambos lados de la cabeza rapada, se presentó.
-Thea.
-Rhea- un par de gemelas con cabello chocolate y ojos brillantes sonrieron a la cámara.
-Lissa- se presentó una pelinegra de cabello a los hombros.
-Melissa- una rubia, de mirada severa, dio una paso al frente.
-Catrina- se presentó otra, alta y morena.
-Heather- dijo otra, pelirroja y de piel pecosa.
-Janet- se presentó una de baja estatura, cabello oscuro y rizado.
-Sheila- la última era de piel cobriza, cabello negro y liso.
Los sátiros y las ninfas no pudieron evitar aplaudirles, Grover entre ellos, con brillos en los ojos.
-Enebro te va a ver- le dijo Annabeth, cruzada de brazos.
El sátiro de calmo inmediatamente y actuó indiferente, mirando a las recién llegadas por el rabillos del ojo.
-Me huele a problemas- comento Thalia, frunciendo profundamente el entrecejo.
-No lo dudes, Grace- Clarisse estaba igual.
-Si necesitan algo, saben dónde encontrarme- les dijo Silena, mirando mal a las Cazadoras.
Nada bueno podía salir de una enemistad entre Thalia y Zoe, con Clarisse apoyando a la hija de Zeus para demostrar quienes eran mejores, y con Silena Beauregard, una fan del amor romántico, contra un grupo de niñas eternas, feministas y que odiaban a los hombres.
-¡ARDERA TROYA!
Los dioses coreaban la frase alegremente. Ahora que estaban todos los equipos era que comenzaba lo bueno.
Esperaban con ansias la primera prueba.
