Bueno, nada… Estudios, cosas, falta de inspiración. Lamento la demora. Lamento también las faltas que puedan encontrar (faltas de cualquier tipo, cabe aclarar). Y si algo no se entiende…. ._. Perdón, estoy dormida xd

Debía estar bromeando, eso era lo que la parte más idiot a de mi cerebro me decía, ya que no quería tener que aceptar la realidad del asunto. Porque aunque no lo pareciera, y todos los allí presentes pudieran creer que todas las luces de mi cabeza no se encontraban encendidas hasta el momento, la verdad era que mi mente estaba funcionando mucho más rápido de lo que muchas veces lo había hecho.

Comprendía que si no bebía sangre humana pronto, todo lo que había sucedido sería para nada y que yo finalmente moriría por mi culpa y no por la de cualquier otro. También entendía por qué me encontraba allí encerrada, o más o menos, si bien la transformación no se había completado, dudaba que el sol tuviera sobre mí los mismos efectos que tenía cuando me encontraba con vida. Y todo eso me llevaba a entender el por qué de las palabras de Damon.
Si yo no podía salir de aquel viejo sótano con un claro olor a azufre, según lo que había podido discernir en los últimos minutos, y todos los que se encontraban ahí, mas yo incluida, pretendían que yo siguiera con vida o algo parecido, también estaba demasiado claro que no tenía muchas más opciones con respecto a la sangre de quién debía beber.

Sin lugar a dudas la razón podía comprenderlo, pero todo lo demás que hacía a mi persona aun estaba teniendo problemas con eso.

Mis ojos paseaban entre mis amigos, mientras mi cabeza no dejaba de sacudirse lentamente.
Elena me miraba con su clásica mirada de "es necesario", Meredith con un "lo haría por tú", y Matt con su tan inocente "no puedo creer que te haya sucedido pero aquí estoy para ayudarte". Pero a pesar de eso sus bocas se encontraban cerradas, ninguno parecía encontrar realmente las palabras justas.

Simplemente todos se encontraban en silencio esperando a que yo les diera una respuesta. Claro de había una cosa de la que estaba complemente segura: ni mis amigos, ni Stefan y mucho menos Damon, me iban a permitir decirle que no a todo este asunto.

Por lo que lo único que terminé haciendo fue agachar la mirada y dar nuevamente unos pasos hacia atrás hasta pegarme contra la pared.

-Sé qué es lo que está pasando por su cabeza, pero no pueden esperar que haga una cosa así –casi grité sacudiendo mi cabeza con fuerza-. ¿Y si los lastimo? –mi vista se alzó y allí estaban los azules ojos de Elena clavados en los míos-. ¿Y si te hago daño, Elena? ¿Y si después de todo lo que sucedió, la única que termina haciendo las cosas mal contigo soy yo? ¿Cómo podría vivir con una cosa así?

Y todo eso fueron las gotas que rebalsaron por completo el vaso. Todo lo que había estado conteniendo explotó de repente, y de un momento para otro ni siquiera podía dejar de llorar. Sentía la preocupación de todos los que me rodeaban, y aun así no me sentía con la fuerza necesaria como para ocuparme de ellos.

Antes de darme cuenta me encontraba arrodillada en el sucio suelo, abrazando fuerte mi cuerpo con mis propios brazos. En pocos segundos los movimientos alrededor me distrajeron, pero sin sacarme por completo de mi ensimismamiento, cortando mí llanto. Sin embargo, aun con toda la gente que había allí, cuando unos brazos me sorprendieron abrazando mi cuerpo, no tuve ninguna duda de que se trataba de Damon.

-Nada malo le ocurrirá a nadie –sus palabras sonaban muy bajas sobre mi oído-. ¿Crees que Stefan o yo lo permitiríamos?

Me vi en la obligación de sacudir levemente la cabeza, dándole la razón. Con Stefan y Damon allí nada malo podía ocurrirle a mis amigos; al menos no nada de gravedad. Después de todo por lo que habíamos pasado no podía tener dudas de que estos dos vampiros estaban dispuestos a dar muchas cosas por nosotros, o al menos por Elena… En esos momentos era bueno admitir que los demás veníamos dentro del combo 4x1.

-Entonces hazlo, Bonnie –esta vez fue la voz de Stefan la que retumbó en toda la habitación, con una carga de preocupación que pocas veces había visto en él. Seguramente había sido el único en poder escuchar las palabras de su hermano. Aun por encima del hombro de Damon, pude alcanzar a ver el rostro de Stefan-. Por todos nosotros, que lo único que queremos es verte bien.

Luego de un suspiro de mi parte, Damon se alejó hasta que sus ojos estuvieron frente a los míos. No sabía decir si su enojo en ese momento superaba o no a la preocupación. Sin embargo no dijo nada. Como si se abrazo nunca hubiera ocurrido, simplemente se puse de pie, sujetando mi mano en el camino y obligándome de un tirón a levantarme.

-Bien, ¿quién será?

Y no más vueltas, entonces.

Secando las lágrimas de mis mejillas, volví a observar a mis amigos. Todos parecían impacientes, aunque quien más podía y sabía disimularlo era Meredith. Si no la hubiera conocido tanto, pensaría que estaba de lo más tranquila, como si eso fuera algo de todos los días.

Piensa, Bonnie, piensa.

No podía ser Elena… Aun a pesar de todo lo que acababan de decirme, no podía someterla a ese riesgo; ni siquiera cuando su sangre fuera mucho mejor que la de los demás. No, definitivamente Elena se encontraba fuera de discusión. Para dejárselo claro, simplemente desvié mi mirada de ella y la fijé en mis otros dos amigos, oyendo un suspiro por su parte. Esperaba comprendiera mis razones.

Meredith o Matt. ¿Meredith o Matt? La decisión tendría que ser sencilla. Sólo uno. La sangre de ambos funcionaria. Elena había bebido la sangre de Matt para terminar de convertirse en vampiro, él estaba acostumbrado, sabía qué esperar, tal vez ni siquiera le molestara. En cambio ponerla a Meredith en esta situación era tan raro; muy pronto sería una más de esos seres a los que ella supuestamente debía asesinar. No estaba segura de que fuera lo mejor, pero aun así tenía la loca idea de que su sangre me llamaba más que la de Matt. Sí, exacto, su sangre me llamaba.

Desde los últimos dos minutos que los había dedicado sólo a observarlos no había podido dejar de pensar en lo bien que se sentiría su sangre en mi boca; mucho mejor que lo que habría sabido ese estúpido pájaro en la ventana de Damon. Por alguna razón ambos se me presentaban apetecibles, y lejos de molestarme por lo lógico, eso simplemente me preocupaba por ellos. ¿A quién le molestaría más?

¿Meredith o Matt? ¿Meredith o Matt? ¿Meredith o Matt? Como un acto reflejo, la última pregunta se escapó de mi mente y fue a parar directo hacia el único lugar que mejor conocía.

Meredith. La respuesta de Damon se oyó en mi cabeza, fuerte y clara. Y eso fue todo lo que necesité para tomar mi decisión.

Mis ojos se centraron en mi amiga, y un mudo "lo siento" salió de mis labios justo antes de que ella me dedicara una sonrisa de esas que lo único que tenían como objetivo era tranquilizarme.

-Está bien… -susurró dando un paso al frente.

Y justo cuando yo estaba por dar un paso hacia ella, un fuerte ruido se oyó en el piso de arriba, un ruido de tal magnitud que tuve que tapar mis oídos por el daño que me habían hecho. No había duda de que mis sentidos estaban amplificados. Mis ojos se cerraron mientras el ruido continuaba y de un momento para otro me encontraba nuevamente en el suelo tratando de no comenzar a gritar. Se oía como si fuera una sirena, una que al parecer no sabía cómo frenar y que en verdad tenía la capacidad de hacer daño.

Con un poco de esfuerzo abrí los ojos y observé a mí alrededor. Damon y Stefan se encontraban en la misma posición que yo, tapando sus oídos y los ojos cerrados con fuerza. Con un rápido movimiento me encontré con que mis amigos se encontraban exactamente igual que nosotros. Bien, eso se encontraba aun fuera de lo anormal ya preestablecido.

Parecía que nadie comprendía nada, y en pocas condiciones estábamos como para ponernos a pensar, pero cuando una nueva silueta apareció en la cima de las escaleras no pude evitar alzar mi vista para ver quién era.

Para mi desgracia la reconocí. Se trataba de la misma rubia con la que nos habíamos encontrado esa misma mañana, quien en silencio y con una sonrisa se acercaba a mí como una fiera acechando a su presa. Si mis sentidos no hubieran estado tan entretenidos con otras cosas en ese momento, habría temblado de miedo.

Sin decir nada, me agarró del brazo y tiró de mí poniéndome sobre su hombre como si fuera una bolsa vacía. Fue cuando noté que apenas si podía moverme. Era eso mismo lo que nos había sucedido a mí y a Damon antes de tener el accidente en el auto. Sonaba a magia desconocida y demasiado peligrosa.

La rubia subió las escaleras conmigo al hombro sin ninguna clase de problemas. Atravesó la cocina, la sala y antes de darme cuenta ya nos encontrábamos en la puerta de entrada. No había podido ver a la señora Flowers. Esperaba se encontrara bien.

-Tal vez esto duela un poco –la voz de la rubia se escuchó un poco apagada, parecía que ya no estaba sonriendo-, pero esto sólo te pasa por hacer estupideces.

Sin decir más y con una simple patada derribó la puerta que tenía enfrente y los rayos de luz vinieron justo a mi cuerpo. Aquella magia no me tenía dormida por completo, por lo que nada impidió los gritos que comenzaron a salir de mi boca ni bien comencé a sentir que mi cuerpo se quemaba por completo. ¿Moriría así, al fin y al cabo? ¿De la misma forma en la que Elena lo había hecho, pero sin siquiera haberme convertido en vampiro?

-¡Deja de gritar! –dijo la mujer con un propio grito suyo. Al ver que hacía caso a sus palabras simplemente siguió caminando hasta llegar a un auto. Lo último que recuerdo de antes de quedar inconsciente después de tanto grito y dolor fue que me metió en la caja trasera del coche, y cerró la tapa con fuerza mostrándome sólo una sonrisa.

Y bien? Bueno, nada, ya me dirán… o no! :D

Muchas gracias por leer.. un comentario no daña a nadie!

Suerte!