'¿Con que quieren usarme como mediadora, ah?', se dijo Sigyn en mente, '¿Qué ganan con eso?'.

Se dio vuelta para mirar al legítimo heredero del trono de Asgard. La muchacha se quedó mirando disimuladamente a Thor, el que iba por su propio camino. Esta vez la criada dirigió la atención hacia todos los lados. Nadie andaba por ahí, así que se aventuró a ir hacia el portón que llevaba al salón en el cual Odín y su Consejo de sabios solían discutir los temas más difíciles del reino eterno, que abarcaban a veces vidas en juego. Sigyn se asomó tras uno de los pilares dentro de los muchos que había allí, la puerta junta dejaba un haz de penumbra perfecta de un cálido tono anaranjado. La joven caminó sin cometer ruido alguno, si la descubrían le darían tremendo castigo, así que se aplastó contra la pared para escuchar lo que el grupo de nobles dirían. La inmovilidad tomó su cuerpo, aunque no le quitó la atención a lo que conferenciaban el cúmulo de hombres de edad como jóvenes.

Pero lo que más le extrañaba era que el mismo rey de Asgard no se encontraba allí, siendo que era el que debía dar la orden para efectuar tales encuentros. Sus sentidos le estaban diciendo que algo malo se estaba trayendo aquella agrupación. Sin perderse detalle de lo que hablaban.

Pese a que no podía ver, se hacía la imagen de cómo encontraban aquel nefasto gremio.

- Aún sigo sin poder creer que Padre de Todos no haya decretado la ejecución de ese monstruo – dijo Freyr.

- ¿De qué sirve tenerlo vivo? – Agregó Skirmir, que era un poco más joven que Freyr – Ya ha causado suficientes problemas.

- Exactamente – comentó Njördr, padre del primero – Deberíamos pedir que revoque la orden y sí lo ejecute.

- Él ha dicho que se reparen los daños que ha hecho. No puede repararlos si muere.

- A menos que lo matemos después de que lo haga – comentó Freyr nuevamente.

Sigyn luchó por contener el jadeo del susto ante aquella frase. ¿Qué habían dicho? ¿Asesinarlo después de que reparase todo el daño que había causado? No podía ser posible que estuviesen discutiendo la posible realización de tal atrocidad. No dejaría jamás que siguieran lastimando a Loki. Esto ya era un abuso. La joven, sin embargo, continuó escuchando.

- Odín no permitirá eso – añadió otro que venía, por lo que podía oírse, de la distancia – Ese engendro monstruoso ya fue bastante castigado en la prisión como frente toda Asgard.

Sigyn por primera vez se atrevió a acercarse más de lo que podía. Se asomó disimuladamente al portón que estaba junto. Desde ahí pudo apreciar que el hombre que había tenido hasta ese momento la última palabra. Era Kvasir; que era – junto con Odín- el más sabio de aquel grupo y por ende, el líder del Consejo. Su barba blanca y su aspecto de anciano contrastaban con su actitud y fuerza propia de un joven.

- ¿Y quién nos asegura de que Loki no hará más maldades si Odín levanta su castigo?

- Debería ser un verdadero necio si no aprende con toda la mala suerte que él mismo ha dejado caer sobre su cabeza – agregó Skirmir, agitándole el brazo a Freyr en señal de alteración.

- ¿Por qué no sugerirle a Odín que lo nombre embajador de paz de Jötunheim? – propuso Freyr.

- ¿Para qué? – se burló Njördr - ¿Para que deje entrar a unos cuantos jötunn, como hizo en la coronación del príncipe Thor? ¡O peor, que se las arregle para entrar a la bóveda de las armas para que se apodere del Cofre de los Inviernos y así siga sumando más razones para desollarlo vivo! Por favor, creía que se pondrían sugerencias más inteligentes, propias de un grupo tan prestigioso como lo somos nosotros.

- ¿Dejar entrar a unos cuántos jötunn? Oh, por favor – se burló Skirmir - ¡No tengo deseos de desilusionarte pero no sé si eso sea tan malo como no hacer que él resuelva el problema que él mismo causó al utilizar el observatorio del puente Bifrost como si fuera un juguete para destruir Jötunheim! ¡Él mismo dijo que estábamos al borde de la guerra con ellos por lo que había sucedido en la coronación del príncipe Thor y lo que él mismo hizo! ¿Qué deberíamos hacer? ¡¿Dejar que Loki les dé poder nuevamente sobre el Cofre de los Inviernos?! ¡Aquella sería la madre de todas sus maldades!

Todos se miraron con irresolución en los rostros. Espantados ante aquella posibilidad.

- ¿Deberíamos poner entonces al príncipe Thor como embajador en vez de Loki? – sugirió Freyr, confundido.

- ¡Si ambos han dejado su huella en ese infierno azul! – Dijo Njördr - ¿Tenemos ahora que escoger al "mejor" de los peores?

- Al menos Thor se siente arrepentido, que es un caso muy diferente del de Loki – agregó Kvasir, pensativo.

- Padre – replicó Freyr luego de echar un largo suspiro - no es un asunto fácil. Insisto en que deberíamos consultárselo a Odín.

- ¿Ahora? - preguntó Skirmir.

- No, ahora no. ¿Qué pensará si se entera de que estamos haciendo una reunión a sus espaldas? – le preguntó Njördr, alterado.

- Nadie hablará de esto, entonces – comentó Kvasir – Esta noche se queda entre nosotros. A nadie y a nada le contaremos acerca de esta reunión efectuada extraordinariamente. Quizá Odín nos sancione y más si se entera de que hemos hablado de Loki sin su consentimiento.

Sigyn se estremeció. Esto debía contárselo a Odín. Y no sólo a él, sino a su amo. Sobre todo al amo Loki, quien había sido el tema central de conversación. Se corrió del sitio en donde se encontraba solamente para marcharse del lugar. Suerte que lo había hecho, porque el Consejo había salido segundos después de que ella se hubo escabullido. Freyr miró hacia los lados, sospechoso.

Skirmir se le acercó, curioso por su actitud.

-¿Sucede algo?

El hombre se dio vuelta.

- Tengo la sensación de que alguien más aparte de nosotros estaba aquí – respondió Freyr.

Njördr se volvió junto con Kvasir, ambos asombrados por la contestación recién aseverada.

- ¿Cómo dices? Si antes de empezar esto nos aseguraste de que no había nadie que pudiese estar escuchándonos – siseó Njördr, nervioso.

- ¿Por qué crees que alguien podría estar escuchándonos? No veo a nadie por aquí – dijo Skirmir.

El grupo de hombres permaneció en silencio por un momento.

- Quizá Heimdall… desde la distancia – dijo Freyr.

- ¡Pero si fuimos lo suficientemente cautelosos como para que nos descubra! – agregó Njördr.

Kvasir sacudió la cabeza negativamente.

- ¡No digan estupideces!- exclamó el anciano – Heimdall no es el gran problema, Loki es el verdadero lío en este caso, ¡Imagínate si estuviese escuchándonos!

- Debo recordarte que ese miserable está aislado, no puede tratar con la gente ni podemos nosotros tratar con él. ¿Cómo saber si está hecho invisible y está mirándonos ahora mismo? – le dijo Freyr.

- No lo sé. Sólo guardemos el silencio competente y que no se toque más el tema – dijo el Njördr.

El grupo de hombres viose segregado para marcharse cada uno a su respectivo destino. Sigyn permanecía escondida tras la columna que sostenía el techo del gigantesco balcón, incrédula de lo que acababa de oír. Tras asegurarse de que nadie la estaba mirando, así como que nadie se encontrara en el salón ni en los pasadizos para pasar sin problemas.

Se quedó ahí un rato, para luego correr sin cometer ruido alguno hacia el fin del salón. No obstante, cuando se acercaba al lugar dirigido, una mano rugosa y fría la sorprendió, agarrándola del hombro bruscamente. Sigyn ahogó un agudo grito de horror; cubriéndose la boca: se volteó. Para su sorpresa, la persona que la había asustado era Hlin, la sirvienta personal de Frigga y la mayor de todas las criadas, cuyo semblante revelaba molestia y enojo.

- ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo en el palacio a estas horas? – le preguntó Hlin, en un siseo bajo.

Sigyn bajó los ojos, sacándose la mano de encima de su boca.

- Sólo… estaba dando una caminata por aquí – susurró la criada, nerviosísima.

Hlin le dio un fuerte tirón a su brazo, causando que la pobre sirvienta se quejara del dolor.

- ¡Dando caminatas como si fueses una princesa! ¡Tu lugar es la servidumbre, no aquí! ¡Se supone que cuando todos se retiran, debes irte a tu habitación, no a pasearte! - la regañó la vieja, intentando hacer que eso no pasara a una voz más alta.

- ¡Ya entendí, Hlin! – Se quejó Sigyn, liberándose del estrujón, sobando su brazo en la parte comprimida – No soy tonta. ¡Ya me voy!

La criada de más edad la escoltó sin dejar de vigilarla. Una vez que llegaron a la cabaña, Sigyn se dirigió a su habitación no sin antes recibir una advertencia por parte de Hlin, esta vez. Sólo porque Sigyn era una criada con una educación y cortesía inusuales para una sirvienta no la ignoró; más bien, aceptó cada palabra, asintiendo. Con aquel último sermón, la muchacha se marchó a su dormitorio. Qué bien que no había descubierto que estaba espiando, sino el sermón hubiera pasado a niveles peores.

Y con su mente puesta en contárselo todo al príncipe Loki, se quedó dormida.


Apenas era pasada la medianoche cuando Loki se despertó por culpa de sus malestares psíquicos otra vez. Frustrado, azuzado por los sueños tan sensuales en los que Sigyn se entregaba a su placer sin reparos. La escena se repetía. Ambos caían seducidos por el otro, se entregaban al erótico y desenfrenado momento de pasión. Alcanzaban el éxtasis de la manera más apasionante. Ella le perseguía, le hostigaba tan placenteramente cada noche en el transcurso de sus sueños y él se dejaba asediar con todo el goce existente. No obstante, a diferencia de las primeras visiones tan prometedoras en que ella le complacía montándole, esta vez era él quien tomaba el control de la posición durante el sexo; disfrutando cada segundo en que miraba esos ojos de aquel cuerpo cobijado bajo él, que lo provocaban sin vacilación alguna. A la vez en que él gozaba la hacía gozar, escuchándola gritar y gemir su nombre, pidiéndole más. Él armonizaba aquellas expresiones con las suyas propias, gritando y gimiendo hasta que las cuerdas vocales se le desgarraran o simplemente hasta ya carecer de la capacidad de hablar… recordaba despertar sin fuerzas, debilitado tras verter todo su esfuerzo físico en su amada, desplomándose sobre ella para encajar su pecho contra el suyo. Ella enlazaba tanto sus brazos en su espalda, clavando sus manos en su lomo, cuidándose por supuesto de no lastimarlo, puesto que pese al entorno de ensueño y enardecimiento pasional, las heridas provocadas por la cruenta flagelación, aún seguían ahí, como sus piernas rodeando sus caderas… sin desear separarse del otro. Eran dos almas atadas, apretadas, en el vivo y ardiente nudo del deseo, tendidos en el divino desorden de las sábanas de la cama que era el único testigo de aquel fogoso instante. Se mantenía allí, aún unido a ella, sus bocas enlazándose una y otra vez en aquellas lentas y eternas caricias que embelesaban a ambos, alejándolos de cualquier sentido de realidad y de cordura. Ella humildemente le pedía más – casi con timidez -, como en el propio acto y él cumplía sus deseos…

Y él con qué placer le concedía sus deseos… solo para sufrir su doloroso rechazo tras la dicha sexual al confesarle lo que sentía por ella.

También tenía la sensación de que aquellos sueños repletos de sensualidad dejaban sus rastros en su cuerpo, como si auténticamente Sigyn hubiera yacido con él, aferrando su cuerpo al de él, satisfaciéndolo hasta el punto más alto del enloquecimiento. Sentía ese calor palpitante en su pecho y en su espalda; sobre todo en sus labios, los que clamaban ansiosos los de ella al regresar a la terrible realidad.

Quizá ése era el precio que debía pagar por el delicioso y suculento placer físico con Sigyn, pensó él. ¿De qué dicha se hablaba, qué dicha era aquella si faltaba esa pequeña pero no menos importante no tenía su respuesta? El placer físico era increíble, sí. Pero se sentía incompleto sin que ella fuese gentil con él tras acabar el acto íntimo. Dejarlo así, abandonado, con el corazón destrozado.

Tal vez era poderoso y temido a la vista de todos, mas indefenso e ignorante de lo que debía hacer para convencer a Sigyn de que se quedara con él. ¡Había impuesto su autoridad a unos miserables mortales y no podía hacer que una, una sola persona se quedara!

Se tendió de espaldas y un suspiro muy largo se escapó de su garganta.

'Sigyn… Oh, Sigyn…', pensaba Loki con los ojos cerrados, su cara escondida entre sus manos '¿Qué clase de conjuro invocaste para enloquecerme así? Sal de mi cabeza de una vez o ven a mi lecho… y hazme el amor.'

Suspiró abatido. Se escabulló por la ventana, no sin antes vestirse con las típicas indumentarias de cuero con las que siempre andaba sembrando miedo y respeto. Utilizando la misma técnica de camuflaje que había usado cuando había hecho el trato con Laufey, de modo que ni Heimdall ni Odín o nadie pudiese verle ni oírle, se teletransportó de aquel lugar para llegar a la orilla del mar, cuyas olas iban bañando la bella costa, placiendo los oídos del embaucador, quien por primera vez en mucho tiempo veíase vencido por una tranquilidad auténtica.

Cerró los ojos, permitiendo que la brisa marina peinara su cabello negro, como los de la misma noche que abrigaba el cielo asgardiano. Se agachó lentamente para tomar una piedra lisa y muy pequeña para arrojarla a la infinidad del océano oscuro, cuyo único resquicio de distintiva claridad era la estela que se formaba por el choque de las olas contra las rocas o desde lo lejos.

La piedrecilla se hundió en la densidad del agua. Loki entrecerró los ojos, apesadumbrado. Miró el revoltijo de olas, que iban comiéndose la piedra en medio de una embravecida batalla. Así mismo se encontraba su mente: luchando ferozmente contra esos pensamientos, instintos y sentimientos aflorando en su interior. Durante esa tensa pero grata jornada, Sigyn le había dicho que era atractivo, que le habría gustado ver sus ojos verdes tornados en azules. ¡Y él le había dicho que era 'fascinante'!

Ahora en su mente se reprodujo algo que había olvidado por completo, pero no por eso dejaba de ser significativo. Recordó la frase que le había gritado a Thor durante su pelea en el puente.

"¡¿Dime qué te pasó en la tierra que ahora estás tan débil?! ¡No me digas que fue una mujer!"

¡Demonios! Lo mismo que le había recriminado a su hermano le estaba sucediendo a él. ¿Acaso Thor se lo reprocharía? Sí, quizá sí. Al igual que todos, no escatimaría en tirárselo a la cara. '¡No, no, no!' gritó Loki en mente, dándose una vuelta furiosa para darle la espalda al mar que rugía - casi tan furibundo como él -, golpeando la costa con sus olas. Con esa reflexión en mente, Loki pateó una piedra echando un gruñido de rabia. Se estaba dejando llevar por sentimentalismos. ¡Patético!

Lleno de abatimiento, dio vueltas carentes de cualquier sentido, como un cánido herido y desorientado. Suspiró, triste. Observó el océano otra vez, el que se había calmado tras tanta tormenta. Quiso desaparecer, quiso desvanecerse en el aire, volverse como la brisa o perderse en el abismo tal como aquella piedrita que había lanzado a la bravura del oleaje. O tal vez si había sido arrojado, pero no por una mano ajena… sino por la suya propia. Por su propia culpa, por sus ambiciones que lo habían conducido a volverse en contra de su propia familia, que lo había abrigado en el seno del amor, del cariño, de la atención…

El príncipe sintió que los pulmones eran víctimas de un amargo apretón. ¿Atención? No. Tapar el sol con un dedo era inútil. ¿Dejarlo abandonado como un perro tras regresar a Asgard luego de tan indigna y vergonzosa derrota era un signo de atención? ¡No, nada de eso! Ser golpeado por guardias que manifestaban su odio y su desprecio con insultos sin miedo ahora, miradas hirientes y pésimos tratos. ¿Era ese el trato que alguien que alguna vez fue respetado y enormemente temido como un príncipe - y por un breve instante, un rey- merecía? No, los mataría a todos, a cada uno de ellos por su insolencia. Sólo le quedaba esperar. La dulce y preciosa venganza ya tendría su lugar… ya tendría su lugar, sirviendo a su glorioso propósito.

Pero otra vez se imponía la voz e imagen de Sigyn, que le decía que estaría con él hasta el final… y que era atractivo. Involuntariamente se dibujo en los labios de Loki una sonrisa de alivio, casi de alegría al recordar esas dulces y tiernas palabras. Pero con eso se entretejía en su alma – o lo que le quedaba de ella – lo inalcanzable que era. Que ella nunca fijaría esos preciosos y hermosísimos ojos aguamarina en un monstruo como él. Tal vez ella estaba tan molesta con él que disimulaba ese enojo siendo amable con él para ilusionarlo… pensó Loki, preso de su espantosa paranoia.

Bufó un grito repleto de rabia, de resentimiento contra sí mismo.

- ¡Estúpido sentimental! – aulló como un lobo herido e inconsolable a la luna menguante, que parecía hacer pareja con él por su avanzada oscuridad. Cayó de rodillas, mirando el mar otra vez desconcertado. El sonido oceánico resultaba tan agradable que terminó haciéndole tender de espaldas, cerrando los ojos e intentando conciliar la calma y el sueño perdido por culpa de sus ambiciones y sueños incumplidos.

Igual como había rememorado la frase tan cruenta y descarada que había dicho a Thor, ahora se le vino de golpe otra frase, aún más cruel, que había sido maquinada por lastimar solamente a la única persona que no merecía en lo absoluto su rechazo ni mucho menos ser la receptora de sus arranques de amargura y de antipatía.

"Está bien… pero como te equivoques o me provoques una herida más, te haré castigar"

¿Heridas? ¿De qué heridas estaba reprochándole a ella? Como si ella fuera la culpable de esos espantosos azotes en su espalda cuando había sido él el único que le había hecho daño, el que la había lastimado con esas duras palabras, creyendo que se traía algo malo cuando Sigyn era valiosa de todo el encomio existente del universo por todo su sacrificio y su dedicación hacia él; sin que nadie la hubiese obligado a ello. ¡Ésa era la mejor parte! Que nadie la había obligado a rendirle servicio, que su voluntad la había movido a esa piadosa acción.

Se sintió un monstruo. Más de lo que ya era.

Suspiró entristecido, cubriéndose la cara.

- Sigyn, perdóname… por favor, perdóname… lo hostil que he sido contigo – susurró él, entristecido, casi cayéndosele las lágrimas – No encuentro palabras para decirte lo que siento por ti… desde que apareciste… - y apretó los párpados, esta vez las lágrimas surgieron sin que él pudiese detenerlas - ¡Maldición, Sigyn! – Bramó ahora - ¿Qué te cuesta amarme? ¿Qué debo hacer para que te enamores de mí? Daría lo que fuera por tenerte aquí… a mi lado. Te necesito a mi lado, sálvame tú de la soledad y de la perdición que el destino ha maquinado contra mí – se tendió de lado esta vez. ¡Tan solo un fuerte y estrecho abrazo contra el bondadoso pecho de Sigyn iluminaría su corazón como el sol mismo!

Se quedó un rato allí, mimado por la calidez de la arena pese al ambiente nocturno que envolvía a Asgard. Recordó el último sueño prometedor, en donde Sigyn yacía protegida en sus brazos, acurrucada como una niña pequeña, buscando calor tras amarle con total entrega. No habló. Sabía que esa maravillosa visión, aquel níveo nimbo que los mantenía resguardados no duraría mucho, y por ende decidió no arruinarlo con palabrerías estúpidas. Sólo abrazó a Sigyn aún más fuerte; disfrutando el contacto de su piel y su cuerpo humedecido por el sudor y la excitación en su compleción.

Loki en ese momento sonrió, porque su mente de forma involuntaria evocó una de las tantas sonrisas preciosas que Sigyn solía regalarle en esas ocasiones en que pasaba con él con tal de cuidarlo y levantar su ánimo. La necesitó más que nunca en aquel momento de soledad.

Se sentía tan doloroso cuánto sentimiento ella le inspiraba. Una nube de deseos y emociones se encontraban en una terrible tormenta brotando en su cabeza. Sigyn… Sigyn, ¿Cómo confesárselo todo? ¿Desde dónde y de qué manera empezar? ¿Debía comenzar esa agobiante y angustiante confesión con un gesto o con palabras? ¿Un beso robado o la frase propia de un enamorado como lo era 'te amo'? ¿O llevársela a otro lugar, lejos de Asgard? Y así vivir una vida tranquila, lejos del furor, la arrogancia y el aburrimiento de la sociedad asgardiana. Como marido y mujer.

La idea sonaba buena. Y seguro que le gustaría a su pequeña Sigyn. De pronto miró al cielo, rociado de estrellas que lo miraban morosas. Luego dirigió los ojos hacia la luna, que brillaba en su totalidad por su estado lleno. Resultaba un panorama bello de observar, que parecía apaciguar el estado emocional del pobre y desesperado príncipe, contrastando perfectamente con éste. Se quedó inmóvil, víctima de la parálisis como su cerebro maquinaba qué hacer en ese momento. Quiso hacerle un obsequio como otra forma más de agradecimiento, también como una manera de atraerla a su lado. De hacer de ese pequeño sentimiento algo más grande, tal como había pensado anteriormente no iba a desperdiciar oportunidad alguna de seducirla, de enamorarla y así poder triunfar en obtener su corazón… ser victorioso al menos en ese sentido.

- Sí… mi preciosa Sigyn. Vas a enamorarte de mí – dijo casi amenazante, poniéndose de pie para caminar en dirección hacia el espacio en donde se hallaban los peñascos y las rocas marinas. Precisamente, ahí era el lugar en donde los rayos lunares brillaban con más fuerza. Recitó un conjuro para atrapar unos cuantos rayos blancos y crear una piedra lunar a base de éstos. Le tomaría al menos toda una noche para atrapar uno que valiese la pena… y que fuera del agrado de su criada.

Las horas pasaron y ya casi al amanecer miró el resultado de su objetivo: a la orilla del mar se encontraba una pequeñísima piedra blanca. Cualquiera pensaría que hubiera sido imposible que Loki habría distinguido entre la inacabable fila de piedras y rocas que rodeaban el océano, creando uno propio pero pétreo. Lo único que marcaba la diferencia era que aquella piedrecita era la única en su color comparándola con las rocas y piedras negras y de otros colores oscuros. Cansadísimo y soñoliento, el joven dios se acercó y recogió el diminuto pedrusco que de no ser por sus bellas características sería tan ordinario y carente de valor como todas las demás.

Se quedó mirándolo casi con desprecio. ¿Tan pequeño? ¿Toda una noche para eso? Sigyn merecía algo mejor, pensó él, haciendo rotar el objeto con los dedos pulgar e índice de su mano derecha para obtener mejor análisis de éste. Pero no tuvo más opción que quedarse con el objeto a fin de pulirlo y hacer de éste una bonita y elegante joya como una gargantilla.

Se marchó de la costa para volver a sus aposentos y descansar un poco.


Sigyn intentaba meditar e imaginarse cómo le diría a Padre de Todos y al amo Loki lo que había oído. ¿A quién se lo diría primero? ¿Al rey de Asgard o al príncipe? ¿Qué haría cada uno en este caso o lo mejor sería callar?

Confundida, caminó hacia el pozo para recoger agua con una cubeta de madera marrón, sin olvidarse de usar su caperuza celeste, puesto que el día estaba bastante frío. Demasiado frío, pensándolo bien. Tras efectuar su acción, Sigyn se fue hacia el palacio, vertiendo el líquido en un objeto que asimilaba a una vasija para hervirla y preparar alguna bebida caliente y en una cantimplora para llevarla consigo para aminorar la sed al ir al palacio de Odín.

Se arregló el cabello camino a la casa del rey de Asgard, deshaciendo el pequeño moño que ataba una parte de su melena dorada, a fin de hacer una trenza en dirección al hombro derecho, poniéndola sobre éste. Ese peinado le daba una característica muy cándida y dulce, pese a que Sigyn no le daba mucha importancia al aspecto estético en ese preciso momento, centrando su interés en la comodidad que le hacía sentir.

Al llegar encontró a Frigga recorriendo los pasillos. Iba a saludarla cuando ella inició el saludo y con eso una conversación.

- ¿Señora? – preguntó Sigyn, haciendo una reverencia.

- Sigyn… necesitaba hablar contigo - susurró la mujer, invitándola a ir con ella hacia los pasillos.

- ¿Desea algo?

La reina de Asgard asintió.

- Ven, acompáñame – dijo ella mientras se encaminaban.

- ¿He hecho algo malo? – inquirió Sigyn inocentemente.

- No, niña. No has hecho nada malo. Sé que lo que voy a preguntarte va en contra de lo que mi esposo ha decretado pero… - y alzó los ojos a los de la criada, la que ya sabía el tema de conversación.

- Con confianza, su Majestad – sugirió Sigyn casi con dulzura.

Frigga sonrió triste.

- ¿Cómo está mi hijo? – preguntó ella, en un susurro.

Sigyn permaneció un rato callada. Recordó lo último que había pasado entre él y ella. Su abrazo… sus manos entrelazadas… se sintió mareada, aquel gesto aún surtiendo su embriagante efecto en ella. Sin embargo decidió responder a lo que Frigga le había preguntado.

- Él… se veía muy cansado la última vez. Se ve que está harto de todo esto, pero está mejor… a diferencia de otras veces – contestó Sigyn.

Frigga suspiró aliviada.

- ¿No ha preguntado por nosotros? ¿Por su hermano… por su padre o por mí?

- No sabría decírselo, mi señora.

La reina asintió, entristecida.

- ¿Te ha hecho daño? – interrogó la mujer.

- No, aunque al principio fue bastante hostil conmigo – replicó Sigyn, un tanto afligida al recordar los primeros episodios de rechazo del príncipe al que tanto admiraba en secreto – pero nunca llegó a levantar la mano en contra mía. Sé que no haría eso.

- Y sería un descorazonado si lo hiciera. Debería sentirse agradecido de tenerte como compañía. Se ve a la distancia que eres una buena alma – la halagó la reina, sonriente.

La primera frase dicha por Frigga le recordó lo que Loki le había dicho tan tiernamente:

"¿A qué marginado no le gustaría tenerte como compañía, mi pequeña Sigyn?"

En el rostro de la joven resultó inevitable que se dibujara una sonrisa.

- ¿Seguro tú has sido amable con él, o no? – añadió Frigga.

- Sí. Y él… ha sido bueno conmigo – dijo Sigyn – sé que no debería entablar conversa con él pero debe ser sumamente terrible y aburrido estar ahí sin conversar. Además, debe sentirse tan solo… y eso no me gusta.

Frigga puso su brazo alrededor de la espalda de Sigyn mientras caminaban.

- Oh, hija. Sé lo que sientes. Loki siempre ha sido un joven solitario. No tenía amigos cuando pequeño. Nunca podía hablar con alguien.

La criada asintió. 'Pero al menos puede desahogarse conmigo…', pensó ella.

- Y se encerró en sus lecturas, en su propia ambición… y pasó esto. Todo este lío es en parte culpa nuestra, no pensamos en Loki lo suficiente como para acallar esa tristeza que había en su corazón.

- Mi reina, usted vio la atrocidad que le hicieron… es normal que esté triste.

Frigga suspiró, luego cerró los ojos.

- ¿Podría pedirte un favor, entonces?

- Sí, lo que necesite – dijo Sigyn, animándola.

La mujer le hizo una seña para que rompiera distancia con ella. La joven se acercó, escuchando atentamente.

- Si pudieras decirme el avance de Loki durante su castigo te estaría eternamente agradecida – pidió Frigga, en voz muy baja.

- Claro que sí – aprobó Sigyn – se lo diré con gusto. Y si el príncipe Thor me lo pide así también, lo haré con igual gusto.

Frigga tomó sus manos entre las suyas, murmurando emocionadísima una que otra palabra de alegría y agradecimiento, casi saltándole las lágrimas. Cuando la reina se marchó, Sigyn la miró conmovida. Se preguntaba el por qué el amo Loki pensaba que su familia no lo amaba cuando los tenía a todos preocupados y dolidos por lo que había hecho. Si bien era cierto que el castigo había sido brutal, la joven decidió poner en marcha lo propuesto. Pese a que era un riesgo más en su labor, estaba segura de que a Loki le alegraría tanto como a su madre el saber que alguien más se preocupaba de él.

Sigyn procedió a caminar en dirección a la cocina, tomando todo lo que competía al primer alimento del día. Un poco de pan, una copa para verter la botella de hidromiel y de agua, carne guisada de ciervo recién cazado y un paño muy limpio, de color blanco que serviría para apartar las sobras de comida. Su mente aún permanecía en lo que había oído hablar al Consejo en esa clandestina reunión, cuya realización iba a contársela a Odín y a Loki especialmente de una forma u otra. Si se tenían planes de matarlo, Sigyn intervendría. Intervendría a cualquier costo.

Su rostro denotaba una profunda melancolía, confusión, lejos de la serenidad y la jovialidad que la caracterizaban entre sus compañeros. La joven siguió su deber tomando una bandeja de plata, poniendo todo lo anteriormente mencionado en el objeto plano y llano, mas cuando se dirigía al aposento de su amo se topó con el viejo Andhrimir, el que se quedó mirándola y rodeándola como si fuese un buitre. Por primera vez, el semblante de Sigyn reveló hostilidad ante los gestos.

- ¿Necesitas algo? – le preguntó ella, molesta.

- Nada. Luces estupenda hoy – la halagó el cocinero irónicamente.

- ¿Y eso es excusa para que andes rodeándome? – Inquirió Sigyn – Tengo mucho que hacer, si no te molesta. Así que si me disculpas… - y tomó la bandeja, yéndose de la cocina.

- ¡Vaya! – exclamó el viejo, levantando las manos como si ella fuese a lastimarlo – No voy a morderte, tranquila…

Sigyn caminó a rápido trote por el pasillo, sin derramar nada de la bandeja, hasta llegar a los fríos aposentos de Loki. La muchacha abrió la puerta cuidadosamente, mirando a todas partes para hallar con los ojos al queridísimo amo. Al fin entró en la habitación para dejar la vajilla en la mesita de tres patas que se encontraba cerca de la cama del príncipe. La muchacha continuaba buscándole hasta que dirigió los ojos hacia el enorme lecho del joven – quien ocupaba una pequeña parte -.

Encogido casi como un cachorrito, ahí se encontraba Loki. Profundamente dormido. Sigyn se acercó a él para comprobar si estaba bien. Palpó su cara, como había hecho hace un tiempo atrás, para asegurarse de que no había rastro febril. Quiso arrimársele aún más. Estudió con más atención ahora sus facciones… serenas, bellísimas… dignas de un rey. Dignas de un dios.

Sonrió y se alejó para dejarlo dormir su sueño en calma. Comenzó a poner orden a su habitación sin cometer ruido alguno. Ordenó algunos libros, poniéndolos uno encima de otro. Pulió el polvo para dejar las ropas del príncipe limpias, como acostumbraba a hacer. Miró analíticamente la ropa de cuero, que aún tenían el particular aroma de Loki. Lo aspiró suavemente, pensando en él. Ah, seguro se alegraría de verla pero seguía preocupándole si contarle o no lo que había oído… le carcomían los nervios, sin saber cómo reaccionaría. Sabía de su espantosa proeza perpetrada en Midgard, había intentado asesinar a su propio hermano, a su propio padre… ¿Qué le hacía pensar que no le haría daño a ella? Cielos, mejor que se cuidara más. Un escalofrío la recorrió, lo que la hizo incorporarse raudamente.

Tomó las ropas y salió de la habitación para dirigirse al cuarto de limpieza. Ahí se encontraban otras sirvientas, entre ellas Gna y Fulla, compañeras de Hlin, que eran un tanto más jóvenes que la ésta última. Sigyn mantenía la mirada baja mientras el dúo de mujeres pausaba la cotidiana conversación para quedarse mirándola con asombro. La lozana criada calló ante esa mirada tan desagradable y sólo habló para darles el saludo hinchado de respeto que era usual en ella. Las dos mujeres devolvieron el gesto. Sigyn hizo una reverencia sólo para irse silenciosamente hacia el rinconcito en donde se hallaba un lavabo de madera, cuyo costado poseía un tubo que al jalar la palanca dejaba salir agua tantas veces se ejerciera presión sobre ésta. Sigyn ejerció dicha presión sobre el torniquete para hacer fluir el agua, limpia y fresca. Cuando el lavabo se llenó hasta la mitad, detuvo el proceso para quitar con sustancias parecidas a los jabones la poca y casi inexistente suciedad en la pesada indumentaria.

Gna se le acercó mientras Sigyn refregaba el ropaje. Al percatarse, la criada depuso su acción.

- ¿Qué pasa? – preguntó la rubia.

- ¿No puedo ayudarte en algo? - dijo Gna poniendo su mano en su hombro.

La joven se quedó pensándolo un momento, para luego responder afirmativamente. La mujer, de canoso cabello tomó parte de la ropa para repetir lo que Sigyn hacía y así alivianar su trabajo.

- ¿Cómo te ha ido con el Príncipe Loki, Sigyn? ¿Te ha tratado bien? – preguntó la mujer.

Sigyn asintió tímidamente, casi cansada.

- ¿Estás satisfecha con esto de ser su criada? – inquirió ella en un susurro.

Sigyn suspiró, dejando su deber de lado por un breve momento.

- Lo suficiente como para quedarme a su lado. Al parecer… a él le gusta – balbuceó ella, sonrojándose. Para su suerte aquello era algo que no se podía apreciar debido a la penumbra de color anaranjado de aquel aposento, lo que le daba un aspecto acogedor. Seguía recordando la frase que Loki le había dicho cuando Frigga había hecho aquella petición desesperada. ¿Por qué Loki poseía ese efecto maligno y placentero en ella? Lo sabía, era un hechicero, un timador, maestro y amo de la malicia… Sigyn le apreciaba muchísimo, pese a su inicial desapego por ella. ¿Qué debía hacer para probarle que todo eso era sincero?

- ¿Sigyn? – murmuró Gna al verla estática y absorta en sus pensamientos tras dar su respuesta.

La nombrada dio un respingo.

- Sí, aquí estoy – respondió ella, agitándosele la respiración – estaba… reflexionando un poco. Espero no me creas loca.

- Ay, niña Sigyn. Con todas las locuras que han sucedido ya en Asgard no sería raro y además con el Príncipe Loki y sus acciones… hemos quedado deshonrados ante Midgard, especialmente él.

Ella asintió gravemente. Con ese hecho no podía restarle culpa a Loki o sentir tristeza por su situación. Era doloroso admitirlo, pero era él era el único perpetrador de eso.

- Y terminó de enturbiar su nombre con esa pésima decisión en nombre de la codicia por algo que no le correspondía. Ni siquiera por sangre.

La joven sintió un escalofrío ante aquel último comentario. ¿Cómo? "¿Ni siquiera por sangre?". Sigyn apretujó la indumentaria para disimular sus nervios, continuando la conversación. Se lo preguntó a Gna, la que sólo contestó con un insatisfactorio "Es preferible de que no sepas de qué se trata". La pobre Sigyn aceptó esa respuesta sin más opción y con aquello agachó un poco la cabeza:

La ropa estaba limpia, ahora sólo debía dejarla secando al calor de la chimenea a una distancia razonable. Tras sacudirlas, las tomó para depositarlas en la silla y ponerlas a dicho calor mientras se miraba al espejo de aquel lugar para ajustar su corsé y su cinto marrón de cuero.

- Te envidio, Sigyn. Eres tan hermosa – comentó Gna, mirándola de pies a cabeza – no pareces una sirvienta en lo absoluto.

- No digas eso – la contradijo la joven – sólo procuro darme a mí y a mi cuerpo los cuidados que son apropiados y permitidos a una sirvienta.

Fulla y Gna se miraron. ¿Cómo era posible que Sigyn no se diese cuenta de lo hermosa que era?

- No hay guerrero que se resista a desposar a una joven como tú – comentó Fulla.

- ¿A qué vino ese comentario? – preguntó la rubia, exasperándose un poco por el tema de la conversación.

- No lo niegues, Sigyn. ¡Mírate! Si te vistieras como una mujer noble seguro pasarías inadvertida entre los hombres, que seguro enloquecerían al verte… ¿No has pensado en hallar a un hombre de buena fortuna y salir de esta vida? - agregó Fulla.

- Fulla, no me interesa en lo más mínimo casarme ni poseer riquezas – se volvió a ambas mujeres – amo mi vida, es humilde, modesta pero posee todo lo que quiero. Yo hallo mi disfrute con ayudar y servir a la casa de Odín, ¿Acaso no lo entienden?

- ¿Cómo puedes pensar eso? ¿Y ser la criada de alguien tan desagradable como lo es el Príncipe Loki?

Oh, no. De nuevo ese maldito tema tan polémico entre los criados y doncellas de la Casa de Odín.

- Miren, si les gusta o no lo que hago no es mi problema. ¿Qué quieren que haga? ¿Qué lo dejara allí solo? Sí, es un trabajo sacrificado pero… a mí me hace feliz poder ayudar al hijo de Padre de Todos.

- ¿No te parece peligroso? – le preguntó Gna.

- No. Se los he dicho a los demás, tiene sus riesgos pero estoy dispuesta a afrontarlos.

Fulla asintió.

- Espero que Odín te recompense por toda esa… devoción.

- No espero recompensas, Fulla. No quiero nada… a excepción de que el señor Loki esté bien. Es mi deber velar por su bienestar – se volvió hacia las tenidas de cuero, las que estaban secas producto de su exposición al calor. Las tomó y las dobló celosamente por encima de la mesa para obtener mejores resultados. Una vez hecho, Sigyn las cargó en brazos para luego marcharse a los aposentos del dios de la malicia.

- Que pasen buen día – se despidió la criada, cortésmente y con una reverencia.

Sigyn pasó por los pasillos hasta llegar al portón que indicaba la entrada a la morada del príncipe. Abrió cautelosamente la puerta para ingresar: el joven dios seguía durmiendo plácidamente en su cama. Los labios de Sigyn esbozaron una sonrisa para ella sola, complacida ante esa imagen tan bella y casi inocua de Loki.

Caminó delicadamente hacia la silla que se encontraba al frente del escritorio para dejar las ropas recién lavadas en ésta, y cuando lo hacía se percató de que la tenida que el joven utilizaba habitualmente – la misma que había usado en Midgard – estaba descosida en la parte del hombro izquierdo. Comprobó que no hubiese pasado lo mismo con las demás prendas. Por suerte aquella abolladura era reparable, y aquello pasaría desapercibido. Miró a su alrededor antes de poner manos a la obra. Movió la silla para girarla en dirección hacia la cama donde Loki dormía, de modo que podía velar su sueño como arreglar su tenida.

Sigyn se sentó, sacó un alfiler y un pequeño tubo hecho de hueso que tenía enrollado el hilo negro con el que efectuaría la reparación. Permaneció así en silencio y deponiendo su zurcido para observar al joven cada cierto lapso de tiempo. La muchacha continuó con su tarea, revisando e cosiendo cada hebra cuidándose de no alterar nada. Tras finalizar su labor, Sigyn procedió a pulir el cinto de cuero negro que iba en dirección diagonal desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda. Pese a que no quedaría brillante por ser opaca naturalmente, logró un trabajo increíble. Con eso combinado a la limpieza aplicada a las ropas, Loki luciría majestuoso.

La criada se incorporaba de la silla cuando el sonido de Loki bostezando la sobresaltó en cierta manera. Desde donde ella se encontraba podía verse claramente de las blancas sábanas resaltando de la frazada de piel marrón oscuro los brazos del príncipe recién saliendo de su letargo. La joven entonces se acercó a la mesita que tenía la bandeja con el alimento. Loki refregó sus párpados, manteniéndolos cerrados. Echó un jadeo, pasándose ambas manos por el cabello. Permaneció sentado, y atisbando su dormitorio con dedicación una vez que abrió los ojos. Para su delicia, Sigyn estaba ahí, vertiendo el dulce hidromiel en la copa, poniéndolo en la vajilla. Ah, bella y atenta como siempre… pensó con una sonrisa maliciosa y traviesa en los labios.

Se levantó de la cama, aún bostezando, para sorprenderla desde atrás. Cuando ella se disponía a llamarlo para que viniese a alimentarse, dio un pequeño grito de asombro al sentirlo a sus espaldas.

- Buenos días, Sigyn – susurró él, mirándola seductoramente.

- Ah… buenos días, mi señor – saludó ella, el aliento escapándosele de los pulmones al sentirse asediada por esa mirada tan tentadora y atractiva proveniente de ese fuego verde en sus ojos.

- ¿Tan temprano que estás aquí, mi pequeña Sigyn? – preguntó él.

La sirvienta asintió.

- Sí, señor – dijo ella, sonrojándose y sonriendo a su vez – Quería estar segura de estar aquí para asistirle…

Loki entrecerró los ojos, observándola en silencio. Esos ojos, esa mirada y esa dedicación… le era prácticamente imposible seguir mirándolos de la misma forma; involuntariamente se dibujaban y reproducían las imágenes y manifestaciones de placer al entregarse a tal erótico momento.

'¡Maldita sea!' gritó en mente, '¡¿Sigyn, no te das cuenta de cómo anhelo amarte?! ¿Es que acaso esto no te dice nada? ¡Por favor, déjame amarte!'.

Pero Sigyn puso una mano en su hombro, prestando consideración al rostro del príncipe.

- ¡Por Odín! No ha dormido bien - y posó la yema de sus dedos cerca de sus mejillas – oh no, usted intentando conciliar el sueño y yo aquí cometiendo ruidos… cuánto lo siento señor… no era mi intención.

- Sigyn…

- De veras lo siento… yo…

- Sigyn, no te he reprochado nada. No es culpa tuya, sólo soy yo y mi aislamiento que me tienen así.

- El abedul no hizo mucho efecto entonces. Probaré con otra planta medicinal a ver si puede dormir mejor.

Loki asintió silenciosamente.

- Quizá dormiría mejor si estuvieras tú al lado mío – pensó.

Sigyn le tomó de las manos.

- Bueno, ya arreglaré eso. Mientras tanto venga a comer – dijo ella.

Sin embargo el príncipe se dio una vuelta para ver lo que Sigyn había dejado en la silla. Era su ropa, absoluta e impecablemente limpia. Loki la tomó y se encaminó hacia el pequeño vestidor para ataviarse con aquellas ropas que parecían ser nuevas. La muchacha aprovechó de ordenar el lecho, dejando las suaves frazadas y sábanas en su lugar correspondiente.

Loki había salido del vestidor para mirarse al espejo. Se ajustó un poco el cinto, arreglándose el cabello. Sigyn lo miraba maravillada, mordiéndose la mano para aminorar la sonrisa ladina que él le había contagiado inconscientemente. El príncipe sintió que su adorada le atisbaba, lo que lo hizo voltearse.

- ¿Qué te pasa, Sigyn? – le preguntó él.

- Nada, mi señor… todo está en orden – le respondió ella, alejándose un poco de su sitio.

Loki le sonrió maliciosamente.

- ¿Percibo agrado en mi forma de vestir en esos ojos, mi pequeña Sigyn? – ronroneó el timador peligrosa y sensualmente.

La aludida ahogó un grito de exclamación ante la pregunta. Amenazador pero tan hermoso… dos palabras que lo caracterizaban muy bien.

- Está en lo correcto, señor. Se ve majestuoso, solemne – comentó la sirvienta, tímida.

Loki echó una carcajada, bajando la mirada. Sigyn hizo una seña indicándole que viniera a tomar su desayuno. El príncipe se acercó, tomando su asiento.

- No seas temerosa, querida. Ven y siéntate a comer algo conmigo – murmuró él, como si fuese algo íntimo.

Sigyn se encogió de hombros, su rostro pintado por el asombro. ¿Comer? ¿Con el amo Loki? ¿No era eso inapropiado?

- Pero señor…- cuestionó la sirvienta

- Sigyn – murmuró él, borrando su tono amistoso por uno severo – Tu cuestionamiento me disgusta.

- Está bien, está bien… ya voy – terminó aceptando ella, acercándose a la silla y sentándose – La porción de carne de ciervo era para usted, señor, no para mí.

- Tan altruista que eres, Sigyn… ¿A quién habrás salido así? – comentó Loki, comenzando a devorar la carne guisada.

La criada tragó saliva ante esa interrogación, sin saber cómo contestarle.

- No lo sé, a medida que crecí me gustó ser generosa. Nunca conocí a mis padres, he pasado toda mi vida en la servidumbre, me gusta ayudar y servir a los demás a diferencia de mis compañeros, que sueñan con ser parte de la realeza.

- Déjame decirte algo, Sigyn. No sé qué es más miserable; ser un sirviente o un príncipe – se rió – no, es lo mismo. Poseer ropajes de un noble pero ser tratado como un lacayo por aquellos que deberían tenerte respeto… - comentó Loki – es algo que sé muy bien cómo se siente.

La joven asintió, cabizbaja. Loki se quedó mirándola.

- Estábamos hablando de ti, lo siento. No pretendía ser egoísta.

- No, no. Está bien. No culpo su pensamiento de que todos los sirvientes tenemos una vida miserable – respondió Sigyn, afligida y con tristeza en su voz.

Loki frunció el ceño.

- ¿Qué?

- Lo que ha escuchado señor. No le culpo de que piense que todos los sirvientes compartamos la insatisfacción de ser lo que somos – replicó Sigyn, ocultando la rabia que aquel duro comentario le había causado.

Loki bajó la cabeza, dejando de comer.

- Pues… no era mi intención ofenderte. Yo no he dicho que seas miserable. Por el contrario, siempre me ha cautivado tu buena disposición a ayudarme, lo hiciste cuando nadie más lo hubiera hecho. Quizá te mezclas con ellos, pero no perteneces a ellos. Te vistes como una sirvienta pero no hablas, ni mucho menos te comportas como una sirvienta. Tú eres… distinta.

Aquel comentario positivo respecto de su desempeño pareció alegrar a Sigyn, la que suavizó un poco sus facciones.

- ¿Distinta?

- Sí, Sigyn – reafirmó él – Distinta. Otro sirviente que habría sido obligado a venir aquí me habría arrojado la bandeja a la cara.

- ¿Qué se esperaba, señor? – preguntó la joven, mirando la botella de hidromiel – ¿Que le tirara la comida al suelo como si fuera usted un animal? Nadie merece que lo traten… así – y suspiró, entristecida al recordar la imagen de Loki encerrado en la prisión, tratado con aquel espantoso desprecio que le habían tenido por el simple hecho de ser diferente de los demás, por no ser igual que Thor en cada aspecto.

Definitivamente Sigyn tenía la razón, por más mal que haya hecho alguien no merecía que fuese humillado de esa forma. Sí, había asesinado a mucha gente… hecho mucha maldad en aras de la ambición de sobresalir del resto de los demás... ¿O era Sigyn la que estaba equivocada?

- Ya veo… pues… te lo agradezco – murmuró Loki en voz baja.

- No hay por qué – y continuó mirando la botella de hidromiel.

El príncipe destapó la botella para darle a ella su cantidad correspondiente. Sigyn vaciló por un breve instante el beber el sabroso líquido, pero a insistencia de Loki, terminó bebiéndolo a pequeños sorbitos. Se puso a pensar en silencio su dilema… contarle al príncipe lo que había oído, o no… una voz interior insistía que sí, otra que no. Bufó un suspiro para acallar esas voces.

Al verla tan silenciosa – algo que él consideraba extraño – Loki se quedó mirándola.

-¿Ocurre algo, Sigyn? – Le preguntó él, preocupado.

- No señor… todo está en orden – contestó la muchacha, intentando mantener la compostura pero Loki negó con la cabeza, declinándose a dar crédito a esa respuesta.

- No, Sigyn. No intentes engañarme. Algo te sucede y quiero que me lo digas – contraatacó Loki.

La sirvienta se encogió de hombros, incómoda ante la interrogación.

- Pues… - y respiró con más calma - señor, ayer estaba en el salón del palacio y… hubo una junta…

- ¿Una junta?

- Sí, una junta. Estaba el Consejo de Odín, realizando una reunión – susurró Sigyn.

- ¿Una reunión? ¿De qué?

La criada calló por un momento sólo para mirar a sus alrededores, garantizando que nada o nadie pudiese escuchar. La joven se acercó un poco más en relación a Loki, encogiéndose para susurrarle:

- Era una reunión clandestina, sin el permiso de Odín. Él ni siquiera estaba ahí. Estaban hablando… sobre usted.

Loki dio un salto.

- ¿Qué? – siseó él, incrédulo.

- Que estaban hablando sobre usted, mi señor. Decían cosas… atroces.

- ¿Acaso están planeando algo contra mí? – le preguntó Loki, inquisitivo.

- No, no. Sólo hablaban de los planes para usted a futuro, pensando en que podrían arreglar los líos en Jötunheim con usted como embajador – respondió ella.

- ¡¿Embajador?! ¡Maldita sea! – exclamó, dando un puñetazo a la mesa, que hizo a Sigyn retroceder del susto. Al notar que ese gesto había causado temor a su criada, Loki apaciguó su actitud – Dime, por favor, qué más escuchaste.

- Bueno, decían que podrían revocar la orden de Odín para… ejecutarlo después de que repare todo el daño que… - le costó formular la última frase que diría – usted ha hecho.

En los ojos verdes del dios del engaño se trazó una expresión pétrea, sin creer aún en la insolencia de aquellos insectos. ¿Cómo osaban a faltarle así el respeto? Ya se vengaría… sólo había que dejar pasar el tiempo.

- Debí haber eliminado ese estúpido grupo de bufones cuando fui rey de Asgard – gruñó Loki con el ceño fruncido - ¡Fue lo primero que debí haber hecho!

- Estoy de acuerdo con eso, señor. El Consejo se ha manchado por culpa de esos mal llamados 'sabios'.

Loki asintió lentamente, intentando concentrarse.

- Sí, Sigyn. Tienes razón. El Consejo sólo es una piedra en una bota – dijo él, tomando su copa de hidromiel y bebiéndola de a poco. Tras embuchar el líquido, se quedó mirando a su pequeña aliada por un rato - ¿Se lo has dicho a Odín?

- No. Pensé que sería conveniente comunicárselo a usted primero – replicó Sigyn, recobrando la dulzura en su voz.

Ah, de nuevo la ternura de su adorada surtió su increíble efecto en él. Loki suspiró y apoyó su cara en la palma de su mano.

- ¿Ya ves, Sigyn? – Dijo él, en voz baja – Esto es lo que pasa por poseer libertad. Si fuese rey aún, quitaría toda la libertad de la existencia de este reino.

- ¿Libertad? ¿Por qué la negaría, señor? – preguntó Sigyn, confundida.

Loki volvió a beber algo de hidromiel.

- ¿No te das cuenta? – Dijo él – La libertad es la mayor mentira de la existencia. Todos caen bajo ese… encanto seductor que la libertad ofrece. Pero no es más que un espejismo, una causa carente de sentido. Todos anhelan ser sometidos. Anhelan ser gobernados por más que lo nieguen, por más que luchen por libertad. Es lo que aprendí.

Sigyn enmudeció. Y aquello dio cuenta a Loki de que le hablaba de algo muy superior a su nivel de sirvienta. No lo entendía y por ende se quedaba callada, como intentando comprender esas palabras que, aparentemente, le eran difíciles de entender.

Pero ella tomó aire, y como para contrariar lo que pensaba su amo, formuló un aditamento:

- Creo que eso es cierto.

Esta vez fue Loki el que se quedó mudo.

- ¿Qué es cierto?

- Que deseamos ser sometidos. Al menos yo no lo niego. En la búsqueda de aquello que mal se llama 'libertad' al final siempre ese grupo definido de personas aceptarán a un rey.

¡Ah! ¡O sea que lo entendía! El príncipe la miró maravillado, sin dar crédito que aquella importante aseveración viniese de una sirvienta tan menuda y tan pequeña.

- Es como cuando quiere derrocarse a un rey. Ese grupo de individuos no acepta quizá esa forma de gobernar pero se escoge a alguien que lleve las riendas de esas ideas de ese conjunto de personas. Una vez que ese líder es derrocado, se pone al otro al mando y así gobierna de forma diferente pero al final es lo mismo, sólo que con un rostro distinto.

El príncipe demente aún permanecía atónito. Diferente de lo que había pensado, Sigyn había entendido bien lo que quería decir. Ah, ella sería su compañera ideal… un ejemplo perfecto de que las apariencias engañaban.

- Y si me permite decirlo, quitar ciertas libertades puede beneficiarnos a todos, puesto que se mantendría el orden en Asgard. Y no andaríamos como brutos incivilizados buscando peleas con otros reinos. Creo que limitando el albedrío y siendo más estrictos evitaríamos el desorden. Deberíamos incitar actividades más inteligentes, como la lectura o la diplomacia – terminó de aclarar la joven.

Loki bajó los ojos, tratando de encontrar palabras que pudiesen ayudarle a expresar lo complacido que lo hacía sentir. ¿Quién se iba a imaginar que Sigyn fuese tan inteligente y perceptiva? ¡Cómo se contuvo para no lanzarse sobre ella y devorarla a besos! Sigyn de igual forma bajó los ojos, sin imaginarse siquiera cuán hondo habían calado sus palabras en la carne y mente de Loki, el que lucía una sonrisa ladina.

- Vaya, Sigyn. Acabas de decir todo lo que pienso – comentó él, sin dejar de acosarla con los ojos - ¿Posees algún tipo de… facultad psíquica?

- No señor. No poseo ninguna.

- Hmmm, ya veo – murmuró Loki, asintiendo. Se relamió los labios y entrelazó las manos, cubriéndose la boca, sin perderse segundo alguno en observarla maniáticamente.

Sigyn echó una risa suave.

- Eres fantástica – la aduló él, sonriente, lo que la hizo sonrojarse.

- Me halaga, mi señor – susurró ella, modesta.

- No es un halago, Sigyn. Es la verdad. No creí que alguien entendiera mi forma de pensar. Me contenta saber que tengo un pequeño aliado.

- Y a mí me contenta saber que me considera como tal – agregó ella.

La criada tomó la botella para servir lo poco que quedaba de la deliciosa bebida. En ese momento se percató de que ésta poseía menos de la mitad, lo que no alcanzaría ni para llenar la cuarta parte de la copa de Loki. Por ende, le pidió permiso al amo para salir a buscar más. Él accedió pero indicándole esta vez que deseaba vino. Salió rápidamente para llegar lo más pronto posible. La joven llegó a la cocina para pedirle a Andhrimir que le dijera dónde se encontraba el estante con los vinos. Él respondió que estaba al final, en el sector más apartado. Ella corrió rauda y tomó el vino luego de examinar meticulosamente el estante repleto de botellas. Tras recorrer los pasillos llegó fugaz a la habitación, en donde Loki la esperaba. Gustosa, Sigyn se sentó al frente suyo para continuar con la conversación, vertiendo ahora el exquisito vino que haría aún más amena la plática.

El dios del engaño levantó la copa en señal de regocijo. Sigyn hizo igual.

- ¿Y qué más ha pasado aparte de esa reunión clandestina? – Le preguntó Loki, despedazando la carne de ciervo - ¿Ha habido algo más que quieras decirme?

- Sí… bueno… - balbuceó la muchacha – Frigga, su madre, me ha pedido humildemente que pueda comunicarle sobre el avance de su situación. Al igual que Thor, su hermano…

El príncipe bufó un molesto suspiro ante la mención de su rival.

- ¿Y a él qué le importa mi situación?

- Es su hermano, señor. Es natural que se preocupe por usted.

- ¡No me interesa su falsa misericordia ni la de los demás! ¡Toda esa maldita piedad no es más que hipocresía pura! – bramó Loki furioso. Sigyn cerró los ojos.

- Señor, quizá es mejor que paremos la conversación – aconsejó ella.

Loki bebió casi todo el vino de su copa para luego comer un trozo de carne. Tras tragarse el fragmento guisado, tosió un poco cubriéndose la boca. Sigyn se levantó de la silla para asegurarse de que estaba bien, pero él le indicó con un gesto de mano que no se acercara, no pasaba nada. Sólo se había atorado debido a la apresurada ingesta de alcohol como de carne.

- No tolero pensar que el estúpido sentimental de Thor venga a dárselas de bondadoso cuando fue él quien me arrojó al abismo en donde casi me matan. ¿Sigyn, de veras crees que puedo olvidarme de eso? – Tosió de nuevo, esta vez más bruscamente, cubriéndose la boca con la mano hecha un puño - ¡No! No puedo, no puedo querer a alguien que es la causa de mi fracaso. ¡Ni me imaginaría lo que hicieron cuando regresó a Asgard luego de ser desterrado a ese asqueroso basural como lo es Midgard! – exclamó furioso.

Oh, no. ¡El amo Loki estaba iracundo! Y Loki insinuó, - tosiendo cada vez más - por esas simples posibilidades, si habían efectuado alguna clase de festividad en honor a su regreso… Sigyn se quedó en silencio, aterrada e incapaz de conocer qué respuesta darle a su amo.

- ¿Por qué te callas? ¿Qué estás ocultándome? – le preguntó él severo, crispándose como un animal a punto de atacar a su presa, clavándole la llamarada de fuego verde que emanaba de sus ojos. La criada se encogió de hombros, víctima de una espantosa parálisis. Loki, prácticamente, la penetró con esa terrible mirada. Sigyn se levantó de la silla, retrocediendo ante el peligro inminente.

Su silencio y su temor fue lo que confirmó aquello que él consideraba una hipocresía con todas sus letras bien marcadas.

- Sí lo hicieron – siseó poseso, para luego chillar - ¡Sí lo hicieron! ¡Malditos imbéciles! ¡Hipócritas! – se levantó de la silla para volcar la mesa con toda la violencia del mundo.

Sigyn se alejó de él con grito estremecedor ante el agudo ruido provocado por la caída de todas las cosas al suelo. Se apiñó contra la pared, dispuesta a salir corriendo pero el miedo podía más: se quedó viendo cómo el enloquecido príncipe desataba su furia en medio de gritos y exclamaciones – casi lamentos – de odio y de rabia… entre medio de la áspera tos que seguía atosigándolo.

- ¡Y aún así alegan se preocupan por mí!- rugió lleno de rencor.

Aún con la espalda pegada a la pared y presa del pavor, Sigyn escuchaba claramente aquella tos tan ronca irritándole el pecho… y eso no era normal como no era normal que cambiase tan drásticamente de humor.

Cuando al fin el insano e colérico príncipe se hubo calmado, tosió de manera más áspera todavía, y cuando aquel espasmo pulmonar se aplacó, comenzó a tambalearse violentamente al tratar de fijar sus pasos hacia Sigyn, la que no dudó en correrse del otro lado para alejarse de él.

- Sigyn… - susurró Loki, extendiendo una mano, con la voz cada vez más débil.

Ella seguía apartándose; desesperando mucho más al príncipe que la buscaba tan locamente… eso hasta que notó algo extraño: con la mano que no se hallaba extendida, se tocaba y golpeaba el pecho, lo mismo hacía con su cuello, que fue en donde su mano apretó como…

Como si le faltara el aire…

- Por el abismo, ¿Qué le sucede? – musitó Sigyn dejando de alejarse para arrimársele con cautela, tras comprobar que él no tenía intención de dañarla.

- Sigyn… - dijo Loki, en un suspiro moribundo, la visión se le hacía borrosa, sus ojos apenas se entreabrían, su respiración era cada vez más sorda…

- ¡Señor! – gritó ella con los ojos llenos de lágrimas, sosteniéndole antes de que se desplomara contra el piso, cayendo de rodillas con el cuerpo inconsciente de su amo en brazos.

Llena de horror, contempló su rostro; con las ojeras ahora enrojecidas, el cabello largo revuelto. Puso su mano en su pecho; el latido cardiaco amenazaba dada la violencia ejercida por la taquicardia, con salírsele del pecho. Palpó desesperada su rostro, buscando despertarlo o hallar resquicio de vida. Por un momento resultó, pues Loki abrió los ojos por un breve instante. En un flemático intento, levantó la mano para hacerle una caricia a la mejilla a modo de perdón por su actitud violenta. Lo hizo luego de un largo rato de intento y Sigyn cubrió su mano con la suya, cerrando los ojos y dejando que las lágrimas de desesperación cayeran como gotas de rocío por sobre su rostro, perdonándolo con todo gusto. Al abrir los ojos, la criada notó que sus pupilas estaban monstruosamente dilatadas, casi llegando al círculo del iris. No, eso no podía ser posible. ¡No podía ser verdad!

El príncipe entonces soltó un jadeo, su mano colapsando al suelo como su cabeza giraba bruscamente hacia un lado.

- ¡Señor! – Exclamó Sigyn, tomándolo del rostro y zarandeándolo suavemente - ¡Despierte, por favor! – la joven movió la cabeza negativamente, cerrando los ojos para abrazarlo - una mano sosteniéndole la espalda y la otra en su nuca- y mecerlo amorosamente, dejando que apoyara su cabeza contra su seno.

- ¡Por favor ayúdenme! – exclamó Sigyn dísonamente.

Su grito pudo haberse escuchado incluso en la tierra sino hubiera sido porque el puente Bifrost estaba completamente destruido. Sin embargo, logró oírse a lo largo de todo el sector, llamando a los guardias para que diesen cuenta de la espeluznante situación que se vivía en los aposentos de aquel prócer demente…

Loki había sido envenenado.


Con esta actualización espero que no tengan planeado asesinarme por lo que le hice a Loki en este episodio... Prometo arreglarlo! LO JURO Y_Y

Me disculparán por no haber actualizado durante casi un mes... es que con esa bendita prueba llamada PSU me estaba quemando la cabeza... y ahora puedo escribir con más tranquilidad :)

La planta con la que Loki fue envenenado es una planta de la familia de las solanáceas llamada 'Beleño negro', utilizada en la antigüedad en el aspecto mágico como en aquelarres o encuentros de magos :) Es sumamente peligrosa y la planta en su compleción despide un olor nauseabundo. Está sabido que en la era vikinga existía cierto personaje llamado 'Berserker' que significa 'Piel de Oso' (creo) que consumía esta planta por accidente (bebiendo vino o comiendo pan contaminado con la sustancia venenosa). Se ponían sumamente agresivos, eran insensibles al dolor y las alucinaciones que sufrían producto de ésta los hacía pensar que podían volar, puesto que la sensación de sentirse extremadamente liviano es la alucinación más común. Muchos murieron tanto por sobredosis como por la errada idea de poder volar (lanzándose a un risco).

Saliendo del tema del envenenamiento y tal como especifiqué hace unos capis atrás, Loki continúa fantaseando con que Sigyn y él hacen el amor apasionadamente... sí, sólo fue una mención desde el punto de vista de él. Sean pacientes, que tanto nuestro príncipe como nuestra Sigyn se van a volver amantes pronto prontito! ;P Para poner un poco de música al capítulo, me imaginaba esta pista de fondo cuando Loki despierta y se pone a conversar con Sigyn (Junten los espacios):

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La reunión que el Consejo lleva a cabo es pura cháchara que hice para alargar un poco más el capítulo, espero no les haya aburrido... XD Creo que este capítulo me salió demasiado largo, pero ahí les va :)

Sin más que agregar, déjenme un review diciéndome qué les ha parecido!

Bye ! :B