CAPÍTULO 14

-Toma, las bolas. He recuperado las que he podido. – dijo Castle intentando romper el hielo.

-Oh, gracias… no sabes que mal me sabe que se haya roto.

Castle puso con cuidado su mano encima de la de Beckett para pasarle las bolas que había recogido, y las palmas se tocaron. Automáticamente se miraron a los ojos, y ese brillo que tenían al mirarse… era inexplicable.

-Tenemos mucha faena, luego ya pensaré en la pulsera. – dijo ella.

Dejó las bolas en un recipiente del comedor, y volvieron al trabajo. Estuvieron un buen rato con el papeleo sin éxito, y se fueron para el 12th precinct a ver si Espo y Ryan tenían algo para poder continuar con el caso.

-¿Ryan, Espo, tenéis algo? No hemos encontrado nada sospechoso en las cartas.

-Bueno… tenemos algo. El vídeo está trucado, fíjate en la hora.

Fueron a mirar el vídeo, y al terminar Beckett saltó:

-Fue él! Maldita sea. Voy a detenerlo. Ryan, acompáñame. Espo y tu os quedáis aquí. – le dijo a Castle.

Los dos chicos se quedaron en comisaría hasta nueva orden, y cómo no tenían papeleo ni nada por el estilo se fueron a tomar un café.

-Oye Castle, ¿vas a ir a la fiesta de cumpleaños de Beckett?

-Claro, ¿por qué no iba a ir?

-No, por nada, sólo preguntaba. Es que estos días habéis estado muy raros… entre vosotros y…

-Espo, no hay nada entre nosotros tío. Sólo somos compañeros.

-Que yo no me quiero meter en vuestras vidas, lo entiendo. Lo siento.

-Tranquilo, no pasa nada.

Se tomaron dos cafés cada uno tranquilamente y vieron como llegaban sus compañeros con el detenido.

-Ese cabrón se lo merece. – dijo Espo, mirando al detenido con desprecio.

Hacía el ocaso del día, Castle se fue. Tenía que continuar escribiendo y pidió permiso para irse.

Al llegar a casa y dejar las llaves en el llavero, vio una cosa que hizo recordarle que tenía que terminar el regalo de Beckett. Y ya tenía otra cosa que añadir. Sólo faltaban 2 días para ese día. 2 días e iba a ser el cumpleaños de Beckett. Esperaba con ansias ese día, no es que tuviese que pasar nada especial pero le hacía mucha ilusión darle el regalo, aunque también estaba nervioso porque como todos sabían, Beckett era muy especial y lo que más le extrañaba a Castle sobre eso era que lo iba a celebrar, cuando ella siempre había dicho que no quería celebraciones.