Este capítulo está clasificado como M, por contenido adulto.
La sintió temblar entre sus brazos, pero aun así no podía evitarlo. No llegó a la sala, que era a donde al principio se dirigía, así que ahí en medio del pasillo se quedó parado. Se había portado como un monstruo con ella, el mismo animal que juró nunca volver a sacar. El que creyó derrotado cuando ella lo marcó como suyo. Pero ahora los celos lo consumían. La bajó lentamente y la deslizó por su cuerpo, para que ella lo sintiera estremecerse.
Ella se alejó de él sin verlo a los ojos, caminó hacia atrás hasta que sintió la pared a su espalda, él caminaba hacia ella y puso sus manos una a cada lado de su cabeza, la tenía rodeada. No quería hacerle daño y tal vez se lo estaba haciendo. Quizás fuera mejor que ella aceptara a Hikaru. Y una mierda. Él no la perdería, ¡jamás! Primero la confrontaría y luego haría lo posible para que fuera a él a quien amara.
—¿Es verdad lo que escuché, Kyoko?
—...
—¡Contéstame, por favor!, ¿es verdad lo que escuché? —su voz era grave, gutural, no la alzaba pero se sentía el peligro en ella.
—No sé de qué estás hablando —contestó bajito, sin levantar la mirada.
—¿Es cierto que aceptaste la propuesta de Ishibashi Hikaru?
—¿Có...cómo...cómo fue que te enteraste?
—Entonces, ¡es cierto!, todo tu plan de seducción fue para enamorarlo a él. Todo este tiempo que yo te ayudé y que te dije que hicieras todo lo posible por enamorarme estabas pensando en él —su duro tono de voz fue cambiando a uno de tristeza y decepción. Ren sí miraba hacia su cara agachada. Ella parecía aceptar todo lo que se rumoreaba de ella—. No puedo creerlo, lo haría de quien fuera menos de ti, Kyoko. Has estado jugando conmigo, todo para no solo saber cómo interpretar a tu súcubo, sino enamorarlo a él, él. ¿Acaso te besó, Kyoko? —sintió cómo se estremecía ante su pregunta— porque escuché que te había besado la mano, pero ¿te besó en la boca?, ¿le permitiste tocar tus labios con los suyos?—ella no contestaba, para él eso era una afirmación—, ¿te besó como yo lo hago?, ¿te gustaron sus besos, Kyoko?
—¡Eso no es cierto! —levantó sus ojos para verlo, estaban anegados de lágrimas— ¿cómo puedes pensar eso de mí? Creí que me conocías mejor. Sí, me besó, pero no es cómo tú te lo imaginas. Él me ama, Ren —Ren quedó impactado, siempre creyó que su mayor rival sería el imbécil de Fuwa, pero ahora salían admiradores hasta de las alcantarillas—, no es nada sórdido, como tú lo piensas. Él me pidió salir, una oportunidad. Nunca antes nadie me había dicho nada como lo hizo él. Es un buen hombre y me quiere. ¿Por qué no debería darle una oportunidad?, Sí, tú también me besaste, Ren. Pero tus besos solo fueron por un estúpido juego, que eso es lo que soy para ti, un juego, un ensayo y un proyecto. Tu kohai, tu protegida y nada más. Eres una buena persona, Ren, hemos pasado por muchas cosas juntos, y creo que hemos llegado a ser amigos íntimos pero para ti no significo nada más. Y yo no puedo seguir así, Ren. Me duele demasiado.
—¿Tú crees en verdad que no significas nada para mí?, ¿es en serio?, ¿crees que yo solo te ayudo para tu propio beneficio teniéndote como un proyecto?, ahora soy yo el que pregunta ¿cómo puedes pensar eso de mí?, ¿cómo puedes creer que he caído tan bajo? —se acercó tanto a ella que sus cuerpos estaban separados solo por las ropas, sus palabras habían pesado en él, pero al mismo tiempo le daban la esperanza de que él significara algo más que un simple senpai—. Yo soy el que solo significa para ti un senpai, un simple amigo como has dicho, tal vez uno íntimo, si lo quieres poner de otro modo, gracias a todo lo que hemos pasado juntos. Soy yo el que sufre porque la mujer que ama no lo hace en este mundo más que alguien a quien no quiere hacer quedar mal, mientras se besa con un compañero de trabajo. Soy yo el que se muere por dentro cada vez que te veo tan hermosa, tan bella, sonriendo y que sé que esas sonrisas no son para mí. Soy yo el que se enciende últimamente tan solo de mirarte con tu nuevo atuendo queriendo desnudarte al mínimo pretexto. El que no sabe qué más hacer para que te enamores de mí, como yo lo estoy de ti. No imaginas ni siquiera el poder que tienes sobre mí... —se acercó aún más a ella para que pudiera sentir su gruesa erección en su vientre. Ella se había quedado sin palabras, otra vez, ¿él la amaba?, ¿a ella?, ¿qué quiso decir con que era poderosa sobre él? Pero, más aun, ¿él estaba excitado por ella?
—¿Tú...tú me amas, Ren?
—Por supuesto que sí, Kyoko, ¿por qué si no sería tan estúpido y masoquista para pedirte que me enamoraras?, lo hice con el fin de que tal vez en el camino dejaras de verme como tu senpai y me vieras como el hombre que soy y a lo mejor pudieras enamorarte de mí —las lágrimas que antes anegaban sus ojos ahora eran libres y bajaban gruesas por sus mejillas, él se acercó a su rostro y las fue limpiando con sus besos, ella estaba temblando pero no era de miedo, aunque él así lo creyó—. No sabes cómo me puse cuando escuché que habías aceptado salir con Ishibashi. Cómo al ver que todos mis esfuerzos habían sido en vano, cuando creía que iba avanzando contigo y que había ganado terreno en tu corazón. Ahora, por favor, Kyoko, respóndeme ¿aceptaste salir con él?
—No —la única palabra pronunciada por sus sensuales labios lo hizo sonreír.
—¿Por qué no? —las ansias lo carcomían por dentro, tenía que saber el motivo. Si lo veía desde un punto de vista frío, Ishibashi era un buen hombre y sabía que podría hacerla feliz, aunque era obvio que eso no era lo que Ren quería.
—Porque le dije que yo ya tenía a una persona especial en mi corazón y aunque no era correspondida, él significa todo para mí —él recostó su cabeza en los hombros de la chica, pues para su siguiente pregunta no era tan fuerte como para verla a los ojos cuando le respondiera.
—Kyoko, me estás matando lenta y cruelmente, ¿es que todavía estás enamorada de Fuwa? —ella abrió grandes los ojos al escuchar el nombre de su amigo de la infancia, si ella era ciega al no percatarse del amor de no uno, sino de dos hombres que trabajaban con ella y uno de ellos era al que amaba, él no tenía ni ojos ni oídos al no darse cuenta que ella se derretía por él.
—¿Shotaro?, ¡por los dioses, Ren! ¿Acaso estás loco?, yo no lo amo. Dejé de hacerlo hace mucho tiempo. Fue cuando me di cuenta que me había enamorado profundamente de alguien más, y si no te habías dado cuenta, es que eres más ciego que un topo, porque es de ti de quien me enamoré.
—...
—¿Ren? —al escuchar su nombre de sus labios, deseó solo probarlos. Así que la besó con el deseo compartido de alguien que se sabe por fin correspondido por la persona amada. Sus labios se movían con necesidad ardiente. Ella no podía creerlo, él la amaba y la estaba besando. No por un ensayo, no por un proyecto. La besaba con la furia controlada. Debido a su gran altura y ella tan pequeña se tenía que agachar para besarla y por lo mismo su cuerpo se separaba del de ella, esa no era una opción para él. Le colocó los brazos en su cintura y la alzó para poder besarla con más profundidad. Sin siquiera pensarlo ella le rodeó la cintura con sus piernas. En esa posición él los dirigió hacia la sala, sentándose en el sillón con ella en su regazo, sin querer separarse de sus labios. Pero lo hizo para verla a los ojos.
—Kyoko, por favor perdóname. No quería herirte ni asustarte. En verdad solo quería ayudarte a que encontraras a tu propio yo para tu papel. Pero era imposible para mí permanecer impávido. No soy de piedra. No puedo contenerme más. Era una agonía tenerte tan a mi alcance y no poder tocarte, abrazarte, besar tus tiernos labios o decirte que te amo, sin que te dieras cuenta de que no estaba actuando —las lágrimas estaban también a punto de abandonar los ojos de Ren, al sentirla sollozar entre sus brazos. Ella no podía hablar, pero sus brazos lo rodeaban a él, de tal forma que pareciera que era ella quien no quería dejarlo ir. Las lágrimas mojaban su pecho. Si tan solo él pudiera limpiarlas. Si pudiera eliminarlas. Qué estúpido había sido. Por haberse dejado llevar la había lastimado tanto. Y ahora después de esto, de haberse comportado como un loco desquiciado, pudo haberla perdido para siempre—. Eres tan hermosa, Kyoko. Lamento tanto haberte asustado. Creí haberte perdido y me volví loco de celos y tristeza. Eres lo mejor y lo más bello que me ha pasado en mi vida, Kyoko. Mi Kyoko. Mía y solo mía.
—Por favor, no me digas que soy hermosa, porque apenas me estoy creyendo que en verdad me amas. Aunque aún no sé por qué te fuiste a enamorar de mí, teniendo a tantas mujeres a tu alrededor mucho más bellas y talentosas que yo —Ren la alzó por la cintura para acercarla a una parte de su anatomía que seguía creciendo y necesitando atención.
—Creo que eres bastante grande como para saber que la anatomía de un hombre es muy diferente a la de una mujer y también para saber qué significa eso. Te amo, Kyoko. Eres para mí la mayor tentación del mundo. Eres una mujer increíble, hermosa y me vuelves loco. Estoy completa y absurdamente enamorado de ti, me atraes, me seduces y me excitas..., —dicho esto bajó su cabeza para besarla. Este beso era diferente se sentía mágico, especial. Era el segundo que compartían habiendo confesado sus sentimientos, sin miedos ni temores. ¿Pero, quién los estaba contando? Poco a poco las manos de Ren empezaron a cobrar vida sobre el cuerpo de su chica. La acariciaban toda, de arriba abajo. Haciéndola sentir hermosa y deseada, como toda mujer que era amada por un hombre. No cualquiera, Su Hombre. Cuando la mano de Ren abarcó uno de sus pechos, ella bajó la mirada, avergonzándose de su tamaño. Ren, intuyendo lo que ella estaba pensando con su otra mano le levantó la barbilla para que lo viera sonreír cuando la estaba acariciando y viera reflejado en sus ojos el deseo mismo por ella.
—Son del tamaño exacto para mí —y la siguió besando, ahora sus manos se dirigían al sur, él sabía que para ella era la primera vez, quería ser cuidadoso, pero era algo que ansiaba hacer desde que la vio por primera vez con ese vestido tan seductor. Así que metió la mano por debajo de sus braguitas de encaje y seda y le abrió sus pétalos, encontrándola ya húmeda y dispuesta para él. Con su pulgar acarició el montículo que era solo para él, al principio fueron solo pequeños toques, casi como tentando el terreno, al ver que ella no se separaba, la siguió acariciando pero esta vez con mayor fuerza y presión, a medida que ella se acercaba a la culminación, aumentó la velocidad—. Di mi nombre, Kyoko. Quiero escucharlo de tus labios mientras llegas para mí.
—Re...Ren —ella explotó ante sus ojos. La besó larga y apasionadamente. Paladeando su sabor. Al separarse, ella se recuesta en su hombro, él todavía dolorido porque el clímax de Kyoko no hizo más que aumentar su excitación pero sabiendo que no debía ir más allá, tomó su rostro entre las manos para poder besarle la frente y los ojos y mirándola fijamente le dijo:
—No debes avergonzarte por esto, Kyoko. Lo que ha sucedido es hermoso, pero como te lo dije en el parque no haré nada más contigo, no sin mi anillo en tu dedo de por medio y con una promesa irrompible de matrimonio y de preferencia me gustaría que esa promesa nos la hiciéramos hoy mismo, esta noche —sin dejarla responder tomó sus labios nuevamente, mientras estuviera en sus brazos no perdería la oportunidad de besarla una y otra vez, hasta que estuviera tan embriagada por sus besos que la única respuesta a su pregunta sería sí.
Cuando se separaron Ren continuó:
—¡Ah! Tengo una confesión que hacerte y es mejor que lo haga ahora —ella lo vio extrañada, ¿qué mas podría confesarle, si ya le había dicho que la amaba?—. Con respecto al dorama que empiezas a rodar mañana, no debes preocuparte para nada en hacer reaccionar o en tratar de seducir a tu coestrella.
—¿Por qué lo dices?, ¿qué es lo que tú sabes que yo no? —Kyoko, roja de vergüenza pero muy feliz preguntó intrigada.
Ren la volvió a besar, y con sus labios muy pegados le confesó:
—Porque tu coestrella soy yo —y sin dejarla responder, continuó besándola un larguísimo rato más.
Hemos llegado al capítulo final. Muchas gracias a todos por sus increíbles reviews.
