Capitulo 13: Algo difícil de decir; te quiero
Estaba frente a la puerta de la azotea, su corazón latía a mil por hora, no podía controlarlo, y tampoco sus palabras, no sabía si entrar y soltárselo o guardárselo y verle marchar 5 días después.
-Ánimo Gema, tu puedes. –la animaba SnowBotamon.
-Yo… si puedo. –dijo ella girando el picaporte, pero una voz la frenó de golpe.
-"¿Gema-chan?" –preguntó un chico un poco más alta que ella y con los mismos ojos de la muchacha.
-"Y tú eres…" –dijo ella soltando el picaporte.
-Gomen, atashi Yuuki. –dijo él mirándola con cariño
-"¿Y que querías?" –dijo ella con impaciencia, pues tenía algo importante que hacer.
-"Llevo observándote desde hace mucho tiempo y la verdad es que me gustas mucho". –dijo él sin ninguna preocupación ni temor.
El silencio se apodero del momento, ella estaba impresionada por la facilidad que tenia de confesar sus sentimientos, y lo difícil que la resultaba a ella decir un simple te quiero a la persona con la que tenía mucha confianza.
-"Quisiera que salieras conmigo Gema-chan". –dijo él aun más seguro de sí mismo, lo que hizo que a la joven se le esfumara el valor que había reunido y se entristeciera por completo.
-"Eso es imposible porque no puedo corresponderte". –dijo ella con la mirada en el suelo.
-"Aun no me conoces bien, es normal, pero si sales conmigo me conocerás mejor y tu y yo…".
-"¡¡NO!!". –dijo ella saliendo corriendo de allí y alejándose todo lo que pudo. Llegó a clase tarde pero ella inventó alguna excusa para no recibir ninguna reprimenda.
Las clases de la tarde pasaron, y cuando era el momento de regresar a casa, la lluvia empezó a aflorar del oscuro cielo del cual antes brillaba el sol, ninguno de los estudiantes tenía paraguas, con lo cual tuvieron que echar a correr lo más rápido posible. Situémonos en la entrada del colegio, allí había dos jóvenes esperando a que la lluvia aminara, pero parecía no tener intenciones de tal.
-No creo que pare de llover hasta mañana. –dijo el chico mirando al cielo que se teñía de negro, pero ella no escuchó nada, estaba pensando en lo cobarde que era ante tales palabras tan importantes como un simple "Te Quiero". –Gema-chan ¿me has escuchado? –repitió él mirándola ahora a ella.
-Creo que no te escucha. –dijo Patamon. -¿La ocurre algo SnowBotamon?
-Bueno… -dijo mirándola tristemente. –Gema, Gema… -dijo la digimon hasta que por fin reaccionó.
-¿Qué pasa? –dijo ella mirando a su digimon y después al joven que estaba con ella.
-¿Estás bien? –la dijo él.
-Claro que si, será mejor que nos vayamos o nos tendremos que quedar a dormir aquí. –dijo agarrando al muchacho del brazo y saliendo corriendo hacia la estación.
Cogieron el tren y este les llevó más cerca de la casa de la chica, volvieron a salir corriendo, pero esta vez un coche se acercaba rápidamente a ellos, y cuando pasó por al lado de los chicos les empapó, pero el chico agarro de la mano a su compañera y la llevó frente al muro que había a su izquierda para evitar que se mojara, y él acabo chorreando.
-¿Por qué has hecho eso? –dijo ella con gotas de lluvia cayéndola por la cara.
-No quería que te mojaras. –dijo acompañando como siempre con su cálida sonrisa.
-Cristobal-kun… no debías de haberlo hecho, mírate, estas empapado. –dijo ella observando sus mojadas ropas.
-Pero tú no, y eso es lo importante para mí, y si seguimos aquí llegaremos a casa aun mas mojados, vamos. –dijo cogiéndola de la mano y corriendo a la casa de la chica.
Cuando llegaron, lo primero que hicieron fue quitarse la ropa y dejarla para secarse en la secadora, se pusieron sus pijamas y bajaron al salón, donde se tomarían un chocolate caliente para quitarse el frio, pero dos personas no llegaron a bajar para tal cita. Esas personas se encontraban pensando en sus respectivos cuartos sobre qué hacer, cómo y cuándo.
-Soy una cobarde, soy capaz de enfrentarme a Miotysmon y no a esto, ¿qué clase de persona soy? –se repetía la chica una y otra vez sentada en un rincón de su habitación.
-¿Cómo se lo digo? Pero ¿debo decírselo? Me voy dentro de 5 días y no la volveré a ver más, no sé si está bien decírselo o guardármelo. –otra persona cuestionando si estaba bien o no.
Pasaron 30 minutos y ninguno salía de su cuarto, entonces, los digimons optaron por entrar en el cuarto del otro; Patamon en el de Gema, y SnowBotamon en el de Cristóbal.
-¿Cristobal-kun? –dijo la digimon acercándose a él.
-¿Pasa algo SnowBotamon?
-¿Por qué no se lo dices ya a Gema? –dijo sin andarse por las ramas, y esto provoco que él se sonrojara, aunque no se veía pues, la oscuridad allí abundaba.
-¿Qué quieres que le diga? –dijo haciéndose el loco.
-No te hagas el tonto Cristóbal-kun, ¿no le dirás a Gema lo que sientes por ella antes de irte a España?
-No lo sé. No volveré a verla, no serviría de nada decírselo.
-Si serviría, os dejaríais de torturar y… -la pequeña digimon se cayó al darse cuenta de su error.
-¿Dejaríais? –repitió el confuso.
-Nada nada, bueno me voy, adiós Cristóbal-kun. –dijo SnowBotamon marchándose, pero él no se quedo convencido y salió detrás de ella hasta el pasillo donde se encontró a Gema persiguiendo a Patamon.
-Nosotros nos vamos, os dejamos hablar tranquilos. –dijo Patamon guiñándolos un ojo.
Los dos se miraron a los ojos y vieron en el del otro confusión e inseguridad, lo mismo que sentían ellos mismos, ella desvió la mirada para intentar evitar que sus sentimientos tomaran las riendas de su cuerpo, pues en su interior se estaba librando una batalla entre sus corazón y su mente, igual que en el del chico.
Pasó un rato y ninguno decía nada, hasta que ella, por fin se decidió y dijo harta de tanta espera.
-Cristóbal-kun yo… -dijo un poco roja.
-No hace falta que digas nada, creo que…
-Si hace falta, no puedo más con esto, aunque luego me duela perderte, pero debo decirlo.
-Gema-chan…
Ella se giró dándole la espalda, estaba mal pero así se sentía más segura y con fuerzas para decirlo.
-Yo te quiero decir… te quiero. –dijo esto último en un susurro pero que el joven llegó a escuchar. –No quiero estropear nuestra amistad por esto. –decía caminado a su habitación, pero él la detuvo cogiéndola de la mano con cariño, esta se paró pero seguía de espaldas y quiso escuchar lo que la iba a decir.
-Nuestra amistad no se va a romper nunca y lo sabes. –ahora la cogía con más intensidad la mano, y esta lo notaba y hacia que se pusiera más nerviosa de lo que estaba. –Porque yo… -tragó saliva. -… también te quiero.
El corazón de la chica pareció parase cuando escuchó esas palabras de sus labios, luego recupero las palpitaciones y sintió como alguien la daba la vuelta y la abrazaba, ella también le abrazó y apoyó su cabeza en el pecho del chico, se sentía libre como si se hubiera quitado un peso de encima. Se miraron fijamente y…
