¡Hola! De los 5 ramos que tenía pasé 4 y ahora estoy con mi última oportunidad para pasar el ramo que me queda ;_; Así que mis vacaciones... no son tan vacaciones porque debería estar estudiando. De hecho, estoy estudiando jeje pero paso a pasito. Igual no tengo clases así que tengo tiempo para escribir eaeaeaea
Ahora bien, este capítulo me peleó mucho. De hecho, me salieron 22 páginas. Y yo comúnmente subo un capítulo con 9 páginas, a lo mucho 11. Así que decidí dividir este capítulo en 2 partes. Creo que todos esperan la segunda (?) -cofcoflemmoncofcof-
Sinceramente me tuve que leer todo el fic de nuevo porque no recordaba bien qué había dicho y qué no. Así que espero ustedes no anden tan perdidos como yo.
Disclaimer: Bleach de Tite. Y por ese simple hecho le da el derecho de hacer lo que quiera con la historia... Por eso una se desquita escribiendo fics 1313.
Capítulo trece: Un paso más cerca.
Parte I
Después de acompañar al hombre de anaranjados cabellos al cementerio, volvió a su habitación provisional en el edificio donde se hospedaba.
Hace poco más de un año que no visitaba la tumba de su hermana. Al igual que no veía a las dos mujeres importantes que le quedaban en su vida. Desde aquel día en que Homura había fallecido, semanas después de que Rukia cumpliera los veintiocho años, los días en el departamento que compartía con la morena y su hija habían sido realmente difíciles. Por un momento creyó que los tres habían derramado suficientes lágrimas como para haber secado sus cuerpos, mas, la tristeza que los acongojaba sólo había sido consolada por el apoyo que se habían transmitido. Como la familia que eran, habían compartido el dolor.
Aún tenía las palabras grabadas de su hermana que, en un momento de delirio días antes de morir, le había rogado que no permitiera que Rukia se casase. Que debía protegerla a ella y a la infante; no permitir que nadie intentara adentrarse en la familia que habían construido desde que habían llegado a Londres ocho años atrás.
En un principio, no había comprendido por qué Homura estaba tan preocupada por el hecho de que la morena se casara. Hasta que en su viaje por ir a buscar al hombre que sabía le ayudaría a protegerlas, Renji Abarai le aclaró el asunto.
—¿Cómo te trató Japón? —una voz femenina se dejó oír en el umbral de la puerta, causando así que Shizuku se volteara para descubrir la identidad de su visita.
Yoruichi Shihouin se hallaba de pie en el marco de la puerta con los brazos cruzados frente a su pecho.
El día en que decidió ir en busca de su objetivo fue el mismo en que apareció Kaien Shiba en Londres. Aquel día, les dedicó una carta a cada morena antes de marcharse. A Rukia, le había especificado que volvería cuando se asegurara que nadie las lastimaría y estuvieran a salvo. Mientras que a Yua, le había prometido que le haría honor a la memoria de Homura y protegería la familia que eran.
—Fue un viaje productivo —anunció, sin despegar su vista de la ventana.
Shizuku sabía que tanto Yoruichi como Urahara estaban al tanto de la situación de la morena. Pero con el tiempo que había compartido con ellos en la ciudad inglesa, también comprendía que si ellos le hubieran confesado lo que el pelirrojo amigo de la Kuchiki le había dicho, seguramente no lo hubiera creído.
—Kisuke me dijo que llegaste ayer —comentó la mujer. El hombre de cabello rubio había sido el que había ayudado al moreno a emprender su viaje—, ¿por qué volviste tan repentinamente?
Guardó silencio unos segundos antes de voltearse lentamente para responder.
—Encontré a Ichigo.
La mujer de ojos dorados se quedó pasmada. Ciertamente, ella junto con Urahara habían decidido ayudar al varón en su búsqueda del joven Kurosaki para que detuviera a Rukia, puesto que el dúo sabía muy bien la situación en que se encontraba la morena. Sin embargo, temía qué tan directo pudo haber sido el joven en su encuentro con el ahora empresario.
—¿Por qué volviste si lo encontraste? —cuestionó precavida.
Nuevamente, Shizuku se tomó su tiempo para responder. Siempre había sido bastante diplomático a la hora de expresarse, motivado por su carácter reservado. Pero durante el último tiempo, aquel retraimiento se debía también a la pérdida de su hermana.
—Lo seguí hasta aquí —confesó, tranquilo—. Hace unos días Ichigo llegó a Londres.
—¿Qué…? —la sorpresa reflejada en el tono de voz de la mujer fue evidente.
Cerrando sus ojos momentáneamente, el varón se dispuso a explicarse.
—Hace años Ichigo descubrió que Rukia se hallaba en Londres —aclaró, recordando su plática con el pelirrojo en Japón—. Desde entonces se dispuso a llevar a cabo un proyecto en esta ciudad con otra empresa, para que finalmente pudiera viajar personalmente y afinar los últimos detalles.
—Ese chico… —musitó la fémina, entendiendo la razón de por qué el hombre de anaranjados cabellos había dispuesto su atención en la ciudad inglesa.
—Efectivamente la razón de su viaje es reencontrarse con Rukia —concordó—. Dentro de lo poco que hablamos, me dijo que necesitaba cerciorarse que estaba bien para saber cómo seguir con su vida de ahora en adelante.
Llevando su mano hasta su frente, Yoruichi recostó su cuerpo en la pared para ordenar sus pensamientos. Ciertamente, sabía que el Kurosaki buscaría a la escritora para aclarar las cosas entre ellos. Pero conociendo la impulsividad en el hombre, también sabía que una vez se encontrara en la ciudad, no tendría idea por dónde comenzar a buscar. Y sus días en Inglaterra comenzaban con la cuenta regresiva.
—¿Arreglaste un encuentro con Rukia? —preguntó la mujer de cabellera oscura.
—Aún no —contestó el varón, clavando su mirada en el piso—. No he tenido contacto con Rukia desde hace mucho…
—No puedes simplemente aparecer y decirle que se reúna contigo, ¿cierto? —terminó la fémina de tez morena.
El silencio inundó la habitación mientras cada uno estaba sumergido en sus pensamientos, intentando hallar una solución a la situación.
—Ichigo no tiene manera de contactarla —dijo Yoruichi, ordenando sus ideas—. Debemos arreglar una reunión antes de que él se entere sobre Yua.
—Tarde o temprano se enterará —soltó bruscamente el varón.
—¿Y tú le dirás quién es su padre? —espetó ella, con calma— Realmente, ¿hay alguien que sepa quién es, a parte de Rukia?
—Había alguien —susurró el moreno, siendo escuchado perfectamente por la mujer—. Mi hermana.
Yoruichi chistó al darse cuenta que sus esperanzas cada vez se limitaban más. Sabía muy bien que Rukia nunca diría quién era el padre de su hija. La conocía desde que había sido adoptada por los Kuchiki, por lo que sabía lo diligente que era la chiquilla aun hace ocho años atrás.
Incluso Kisuke le había confesado que nada podía asegurar. Desde que habían tres hechos que pudieron haber causado la concepción de Yua: la relación de la morena con Ichigo, el secuestro de los Arrancar, y la borrachera de Kaien.
—
Se hallaba sentada en el sillón blanco acariciando las rubias hebras dispersas sobre su regazo. El rostro durmiente de Homura expresaba una tranquilidad y una plácida sonrisa tan difícil de asociar con su usual carácter huraño con las demás personas, que Rukia no pudo evitar sonreír cálidamente mientras su mano continuaba mimando a la adolescente.
Era consciente de la dependencia de los hermanos hacia ella. Y estaba dispuesta a hacerse cargo de ellos hasta que ambos lo estimaran pertinente. Por lo mismo, al ser aquellos jóvenes tan importantes para ella, la pasada noche había sentido como algo se recogía en su interior al ver la consideración que Ichigo había tenido con ellos al invitarlos a su casa.
—¿Qué se supone que deba hacer? —murmuró, al tiempo que detenía momentáneamente sus caricias en la rubia cabellera y la fémina se acomodaba más en su regazo.
El día anterior no habían tenido la oportunidad de hablar sobre lo sucedido desde que fueron casi sorprendidos besándose en el cuarto del chico. Algo que a la morena incomodó en demasía, en el momento en que visualizó que alguno de los hermanos o la familia de Ichigo los podrían haber descubierto.
Tanto Homura como Shizuku los habían acompañado de vuelta al departamento que compartían los universitarios. Esa noche habían dormido con Rukia, por lo que tampoco habían tenido oportunidad de cruzar palabra. Sin embargo, la tensión en ellos era palpable. Mucho más fuerte que hace semanas atrás puesto que ahora estaban asumiendo el lazo que los unía; aquella fuerza que los hacía atraerse sin consentimiento de sus mentes.
Sacudió su cabeza intentando disipar sus pensamientos. Mas, todo lo que podía hacer era cuestionarse si las emociones que la embargaban se parecerían a las que sentiría la protagonista de su historia al descubrir que se había enamorado de su enigmático compañero.
—Será mejor alistarme para ir al bar… —soltó en un suspiro, centrando su atención en la muchacha que reposaba en su regazo.
Apoyado en una pared cercana, fuera del campo de visión de la morena, se hallaba un muchacho de pálida tez. Sus brazos cruzados y su mirada melancólica dirigida a la fémina sentada en el sillón, daban a entender que hacía ya un tramo de tiempo estaba estudiando sus acciones. Ante todo, en su cabeza rondaba la orden del pelirrojo acerca de no dejarla sola. En ningún instante. Y en cuanto su hermana le había exigido saber la razón del mandato, ganándose el silencio de Renji, Shizuku temió que la seguridad de su querida tutora estuviera en peligro.
De ser necesario, él y su hermana la protegerían con sus vidas.
…
Desde el preciso instante en que había llegado al bar Black Cat, había sido rodeado por sus amigos y recientes conocidos que llenaban el sitio. Rangiku se había encargado de llevarlos personalmente hasta el lugar de reunión, por lo que Ichigo y su compañera habían cruzado tan sólo unas cuantas palabras antes de marcharse del departamento. Sin embargo, sus ojos expresaban lo que no podían decir con sus voces cada vez que se encontraban durante la noche.
El varón de cabellera anaranjada estaba en esos momentos con sus amigos de instituto, observando con cautela los movimientos de la morena. Anhelaba un instante en el que pudiera hallarse a solas con la muchacha y poder conversar de su situación. Quizás incluso obviar las palabras y dar rienda suelta a sus sentimientos.
Era la primera vez que una sensación así lo embargaba. Lo único que deseaba era poder estrechar el menudo cuerpo de la fémina y expresarle con acciones todo lo que no podía con palabras.
Ambos sabían que su relación hace mucho tiempo había cambiado. Pero ahora habían llegado al punto del no retorno. La misma noche de junio en que se habían besado por primera vez, sus emociones habían surgido. Ya no podía considerar a la fémina como una amiga que lo apoyaba y reprendía. Seguían siendo compañeros, pero sabían bien que hace tiempo habían pasado a ser algo más que amigos.
—¡Ichigo! —oyó una voz escandalosa cerca suyo, proveniente de su amigo castaño— ¿Por qué estás tan callado? ¡Estamos celebrando tu cumpleaños!
El aludido distrajo su atención de la chica de iris tan atrayente para dar un vistazo a su alrededor.
Si bien el bar estaba distribuido en mesas para sus clientes que deseaban algún trago o simplemente una amena charla con sus amigos, también el sitio poseía de un escenario con una pista de baile. A veces se presentaban grupos en vivo, y otras simplemente los encargados del lugar se hacían cargo de poner música como hacían aquella noche.
La mujer de exuberante figura, amiga de Rukia, había optado por bailar. Siendo seguida por Shuuhei y halando a un chico rubio de nombre Izuru. Había varias personas en la pista. Algunos los había visto, otros los desconocía. Y cuando Renji había arrastrado a su amiga de la infancia para seguir los pasos de Rangiku, una alerta sonó en su cabeza.
—Para que no estés parada sin hacer nada —sonrió divertido el pelirrojo—, recordemos viejos tiempos cuando salíamos con Rangiku-san y los demás.
—¡Te dije que no quiero bailar! —espetó la morena, siendo vencida por la fuerza del varón— Estaba hablando con Inoue y Arisawa…
Su amigo dejó de empujarla por un momento y apuntó el lugar donde anteriormente la muchacha conversaba con las dos féminas. Rukia volteó y observó cómo las jóvenes corrían el mismo destino que ella pero a manos de la mujer amante del trago.
Mientras, Ichigo observaba atento todos los movimientos de los jóvenes. No percatándose que su amigo moreno, perspicaz, fue consciente del interés que el varón le dedicaba a la escena. Mizuiro sonrió de medio lado en cuanto una idea surcó por su mente, al tiempo que un animado Keigo se acercaba a la barra.
—Hacen buena pareja, ¿no? —soltó el joven con cautela, esperando la reacción de su amigo.
Éste, alzó una ceja y lo escudriñó con intriga.
—¿De qué hablas? —espetó.
Por respuesta, el varón de oscuro cabello apuntó con su barbilla a la pareja que bailaba en la pista. Más bien, al pelirrojo que obligaba a la fémina a moverse, mientras ella le respondía con quejas y regaños.
—No digas tonterías —demandó el joven de anaranjados cabellos—. Son sólo amigos.
—¿Eso lo dices para convencerte a ti mismo? —interesado por la actitud de su amigo, Ishida se unió a la conversación.
El muchacho de lentes se ganó una fulminante mirada.
Ichigo sabía bien la relación que tenía su compañera de piso con el joven de cabello rojizo. Era consciente de la confidencia que se profesaban, después de todo, se conocían desde casi dos décadas. Imaginaba que habían crecido como familia puesto que ambos a penas pasaban los veinte. Sin embargo, a pesar de los comentarios de sus amigos con respecto a Rukia y Renji, no sentía celos de ellos.
—¡Vamos, Rukia! —animó la mujer de exuberante figura que en esos instantes le indicaba a Orihime seguir su ritmo.
—Antes bailabas conmigo —comentó el joven Abarai, haciéndose el ofendido por la poca participación de su amiga de la infancia.
—Tenía unos diez años —se justificó ella—, y sólo lo hice en un par de ocasiones en algunos de tus cumpleaños.
Definitivamente el universitario no estaba celoso. Pero no lograba evitar la molestia que sentía en aquellas ocasiones. Después de todo, Renji Abarai conocía a Rukia desde mucho antes que él. Sabía más de ella, y seguramente la muchacha confiaba más en su amigo que en su compañero de piso.
—¡Ichigo, bebamos! —el repentino brazo que el varón sintió alrededor de su cuello provocó que frunciera el ceño, identificando al dueño de esa voz como la de su amigo castaño.
Dispuesto a reprocharle aquel comportamiento, el aludido volteó para expresarle su desagrado al muchacho. Sin embargo, no alcanzó a proferir palabra alguna puesto que Rangiku oyó perfectamente el verbo usado por Keigo y dejó su lugar en la pista de baile para dirigirse al grupo.
—¡Tiene razón, Ichigo! —secundó la fémina— ¡Debemos celebrar el acontecimiento!
Antes de que el festejado se diera cuenta, había sido rodeado nuevamente por sus conocidos y amigos. Quienes curiosos por la emocionada mujer de grandes atributos, se acercaron para enterarse de qué hablaban.
El joven Kurosaki captó de inmediato que una muchacha prefirió no reunirse con el grupo, sino que se acercó a la barra para entablar conversación con Yoruichi. Ésta, le seguía el diálogo mientras organizaba algunos asuntos del bar.
Sin proponérselo realmente, el varón no supo en qué momento terminó en el asiento junto a la morena que mantenía una amena charla con la encargada del recinto.
—¿Crees que Urahara podría estar interesado en mi libro? —fue la interrogante de Rukia, atenta a la respuesta de la mujer de tez morena.
—Pienso que a Kisuke le encantaría leer un trabajo tuyo —declaró ella con una sonrisa cómplice, para luego dirigir su mirada al varón sentado al lado de la joven—. Felicidades, Ichigo.
En ese preciso instante, la fémina de corta estatura se percató de la presencia de su compañero de piso.
—Gracias —respondió simplemente el festejado. Se mantuvo unos segundos en silencio y sólo volvió a hablar cuando Yoruichi los dejó solos y desapareció para ayudar a Tessai—. ¿Quién es Urahara? —cuestionó, dando un sorbo al vaso que la fémina de mirada afilada le había dejado antes de esfumarse.
Rukia lo observó con cautela. No era que desconociera la curiosidad del chico y su actitud directa para preguntar las cosas, pero después de los últimos acontecimientos y su reciente reflexión antes de llegar al bar, estaba más atenta al comportamiento del joven.
—Es un amigo de Yoruichi —aclaró, sonriendo ligeramente—, me enteré que es editor y quería saber su opinión respecto al libro que estoy escribiendo.
—Ya veo… —musitó él, sintiendo que se le acaba el tema de conversación.
El silencio reinó. Ninguno sabía realmente cómo continuar la conversación debido a la tensión que se mantenía entre ellos. Ambos sabían de la presencia del otro a su lado, sin embargo, no se dirigieron la mirada. Eran conscientes que si hacían contacto visual, quedarían atrapados en el otro y no era el lugar adecuado para darles sospecha a sus conocidos y amigos sobre su situación actual.
—¿Acaso no pueden estar un minuto separados? —una voz femenina con tono pícaro llamó la atención de los jóvenes— Veo que no se aburren de verse diariamente —terminó con una sonrisa la mujer.
—Rangiku-san —nombró Ichigo al reconocer a la fémina.
—Deberías estar disfrutando de la fiesta —comentó ella, señalando al grupo que intentaba calmar a un escandaloso Keigo.
—Yo… —articuló el varón, mirando de soslayo a la morena que también había volteado a ver a los demás.
Antes de darse cuenta, el joven era empujado hacia el sitio en el que se hallaban reunidos sus amigos por una insistente mujer de onduladas hebras.
—¡Tu cumpleaños es una vez al año! —soltó Rangiku, mientras veía a su compañero de copas Hisagi comentarle algo al joven de anaranjado cabello— Aunque podemos celebrárselo miles de veces —terminó guiñándole un ojo a la muchacha de hebras oscuras.
Rukia parpadeó repetidamente, extrañada del comportamiento de su amiga al notar la insistencia de que Ichigo se reuniera con el grupo. Y fue en el momento que la mujer tomó el asiento que anteriormente era ocupado por el chico, que comprendió sus intenciones.
—Tienes algo que decirme, ¿cierto?
En respuesta, la fémina sonrió al tiempo que le daba un sorbo a su infaltable trago.
—¿Te ha pasado que cuando vienes a Black Cat olvidas lo que estás tomando? —cuestionó, dándole un vistazo a su vaso mientras que apoyaba su rostro en su mano libre— Creo que es un truco de Tessai y ese licor negro especial del bar…
Paciente, la morena esperó que su amiga terminara el contenido del vaso y se dispusiera a contarle lo que tenía en mente. Realmente estaba intrigada de qué podía ser, puesto que se había asegurado de que Ichigo no estuviera presente cuando de se lo dijera.
—Estuve hablando con Orihime —soltó, mirando al frente ante la mirada atenta de la joven Kuchiki.
Luego, la fémina de voluptuosa figura volteó para mirar fijamente a su amiga.
—¿Sabías que esa valiente niña se confesará esta noche? —indagó perspicaz, esperando la reacción de la morena.
—Sí —respondió sonriente la chica, deseándole éxito a su amiga de universidad.
Rangiku podía ser una mujer extrovertida y amante de los chismes. Pero tenía una gran intuición para saber los sentimientos de las jóvenes adolescentes, más aún si eran amigas suyas. Por ende, fue de las primeras personas en notar la estrecha relación que cada vez se fortalecía entre la morena y su reciente compañero de departamento. Además, también había tratado con Orihime Inoue. Y no fue difícil adivinar que a la fémina de inocente personalidad le gustaba cierto muchacho de ceño fruncido.
—¿Tienes idea de quién es el chico? —cuestionó precavida la mujer de exagerada delantera.
—En realidad creo que tengo sospechas de quién puede ser.
Aquel comentario la alertó. En particular el modo tranquilo en que se había expresado Rukia. ¿Acaso se había equivocado respecto a ella?
—¿No te importa? —articuló sorprendida de que su instinto femenino hubiera fallado.
La morena le lanzó una mirada interrogante.
—Bueno… —musitó, pensando cómo expresarse— Inoue es una buena chica, así que… Más vale que él la respete.
—Vaya… —bufó Rangiku— Qué aburrido —agregó, recostándose sobre la repisa del bar—, creí que Ichigo y tú tenían un amorío secreto.
Rukia, que en ese instante había optado por beber un trago, escupió inmediatamente el líquido al escuchar las palabras de su amiga. Comenzando a toser repetidamente.
—¿Qué tiene Ichigo que ver en esto? —interrogó una vez se recuperó del ataque de su licor.
—¿Qué tiene que ver? —repitió las palabras de la chica de ojos índigo— Rukia, ¿sabes a quien se le va confesar Orihime?
—Pues… —dudó por un momento la joven— Creí que era Ishida…
Al ver el rostro de la mujer, la morena comprendió al instante la situación. Y en ese momento, sintió que su cuerpo se revolvía y su corazón daba un vuelco. Sus ojos se abrieron de par en par e incluso su boca se entreabrió ligeramente debido a su estado atónito.
—Rukia… —murmuró su amiga, comprendiendo que le había dado a la morena una información que desconocía.
—¡Rangiku-san!
La joven escritora seguía asimilando la situación y no se percató del momento en que Shuuhei se llevó a Rangiku y quedó sola sentada en la barra del bar. Tampoco hizo caso a los intentos de atraer su atención de Yoruichi. Ella, simplemente, mantenía su vista en el mesón.
El muchacho del cual su amiga Inoue le había contado tantas maravillas, era también el chico con el que compartía techo. Además, el joven por el que tenía sentimientos que aún no lograba descifrar enteramente. Pero por sobre todo, sentía una enorme culpa por haber animado a la muchacha siendo que ella estaba involucrada de alguna manera con Ichigo.
Se llevó las manos hasta su cabeza y afirmó sus codos en la barra, pensando qué hacer. ¿Cómo podría mirar a la cara a Orihime? ¿Qué le respondería Ichigo si Inoue se le declaraba? ¿Acaso la rechazaría por ella? Por un instante, Rukia de verdad quiso saber los sentimientos que el joven de anaranjado cabello guardaba por ella.
Entonces recordó que si tuviera una relación con el joven Kurosaki, no le causaría más que tropiezos. En cambio, si él estuviera con Orihime, podría llegar a tener una vida tranquila.
—¿Rukia?
La voz que escuchó muy cerca de su oído provocó que despertara de sus pensamientos. Miró por sobre su hombro para encontrarse con el rostro preocupado de su amigo pelirrojo.
—Renji…
Sin esperar otra palabra de parte de la fémina, el varón se sentó a su lado. Sabía que algo ocurría con ella. La conocía desde bastante tiempo como para saber que aquella actitud despistada y ausente con el entorno se debía a un problema del que la morena no encontraba salida. Además, estaba el comentario que le había dicho Rangiku sobre la declaración que Inoue planeaba al festejado. La mujer había tenido cuidado de que sólo él escuchara aquella información. Y sospechaba que ese hecho era el que tenía a su amiga de la infancia en el estado que mostraba ahora.
Había tratado mucho con el muchacho de anaranjado cabello. También, se había percatado de las miradas que éste le lanzaba a la joven Kuchiki. Quizás podían discutir a menudo, pero sus ojos expresaban fiereza cuando hacían contacto y para nadie pasaba desapercibido el fuerte lazo que unía a esos dos. Como si fueran capaces de entender al otro cabalmente y que las palabras no fueran necesarias para su comunicación.
—No te veías tan mal cuando descubriste que la chica que tanto admirabas estaba enamorada de Kaien Shiba —soltó el chico, provocando la completa atención de Rukia.
Pensó que la fémina volvería su atención a la barra, pero en cambio, se dignó a proseguir con la conversación.
—Miyako-dono siempre fue muy amable conmigo —recordó la morena—. Además Kaien-dono también estaba enamorado de ella.
La preocupación en su amiga era evidente en su tono de voz. ¿La razón? No estaba del todo seguro.
—Pero Ichigo no está enamorado de Inoue, ¿cierto? —indagó perspicaz.
Al ver a Rukia fruncir el ceño y coger rápidamente un vaso con licor para llevárselo hasta la boca, supo que había dado en el blanco.
—No te angusties —dijo para tranquilizarla—, estoy seguro que Ichigo no le corresponderá.
—Debería aceptar sus sentimientos —espetó ella de inmediato, apretando el agarre del vaso en su mano—. Inoue es una buena chica.
—¿Qué? —articuló incrédulo el pelirrojo— ¿Y qué hay de ti?
La morena evitó hablar por un instante. Permitiendo que el ruido de la música llenara el ambiente de lo que anteriormente se trataba de una charla. Renji frunció el ceño mientras le daba vuelta a las palabras que había dicho su amiga.
—No puedo tener ese tipo de relación con Ichigo.
Aquella revelación tomó por sorpresa al pelirrojo. Sabía lo obstinada que podía ser la morena, sin embargo, le llamó la atención el hecho de que ella no negara que tuviera alguna clase de sentimientos hacia el varón que los podrían implicar amorosamente, sino que había declarado directamente la imposibilidad de concretar una relación.
—¿Por qué no? —cuestionó, presintiendo que algo raro había acerca de la preocupación de la chica.
—Cuando herede la compañía, sabotearé los proyectos de Ichigo —confesó. La seriedad reflejada en su rostro desconcertó al joven—. Por su bien es mejor que nos distanciemos.
—Qué… —musitó el pelirrojo.
Realmente se había perdido en la conversación. Sin embargo, ante aquel comentario de la fémina, inmediatamente asoció el hecho de la seguridad que su hermano expresaba con respecto a que ella siguiera con la compañía. Además, estaba el hecho de que la morena estaba dedicada a su afán de ser escritora, y conocía el carácter de su jefe lo suficiente como para saber que él velaba por el bien de su hermana política según él estimara conveniente, por lo que la joven debía acatar ciertos parámetros.
—Rukia —llamó, obteniendo la completa atención de la chica—, ¿cómo es que heredarás la compañía si quieres dedicarte a escribir?
El ruido de la música opacaba por completo la seriedad de la situación. Pero aún así, las palabras llegaban completamente claras hasta su destino.
—Lo prometí —anunció la fémina.
Inmediatamente, Renji ató cabos y fue llevado hasta la conclusión de con quien había realizado aquella promesa era Byakuya Kuchiki.
—Acordaste que heredarías la compañía a cambio de algo —más que una pregunta, fue una aseveración.
—Él me tomaba en serio con lo de ser escritora y yo heredaría la compañía en mi trigésimo cumpleaños —aclaró la fémina—. El trato se extendió hasta incluso lograr mi independencia y permitirme arrendar un departamento, además de asistir a la universidad para tener el título en literatura.
Pronto, el pelirrojo comprendió la situación. Enfadándose en seguida porque la morena había apostado su felicidad. Pero a pesar de ello, aún no veía inconveniente en que existiera una relación entre ella y el muchacho de anaranjado cabello.
—Ichigo entendería si se lo explicaras —objetó, intentando hacerla entrar en razón—. Siendo los dos propietarios de las acciones, podrían incluso realizar un proyecto juntos —sugirió—. Estás inventando excusas para no estar con él.
—No creo que termináramos bien como para luego trabajar juntos —contradijo de inmediato ella.
—¿Quién dice que romperán? —rebatió su amigo— Sé que estamos hablando de muchos años a futuro, pero ten fe en ambos. ¿Y si luego Ichigo termina llamando al jefe "cuñado"?
Una sonrisa divertida asomó por el rostro de la morena, provocando la esperanza en el pelirrojo.
—Eso sería imposible —contestó determinada—, Ichigo no se llevaría bien con mi esposo.
Nuevamente, Renji sintió que ambos hablaban de temas diferentes. Luego, pensando en la anterior declaración de que Rukia estaba dedicándose a la escritura por un trato con su hermano, también recordó la oposición que había demostrado Byakuya con respecto a que la morena obtuviera la tutoría de Homura y Shizuku.
Había comenzado a trabajar con el cabeza de los Kuchiki poco antes de cumplir la mayoría de edad, y había demostrado un desempeño tal que el empresario lo había contratado. Por lo que sabía los problemas por los que había pasado su amiga de la infancia para que el hombre aceptara a los hermanos. Y además, le intrigaba el hecho de que poco tiempo después, el familiar político de la chica había ayudado con los papeles de la tutoría e incluso había arrendado otro departamento en el mismo edificio para que vivieran los adolescentes y no molestaran a la hermana e su difunta esposa.
—Rukia, no me digas… —esperaba realmente que sus sospechas fueran erróneas. De lo contrario, sabía lo furioso que se pondría al asimilar lo que su amiga había hecho con su vida.
—Para tener la tutoría de Homura y Shizuku… —comenzó a explicar, ante la incredulidad del varón— Acepté casarme con un renombrado empresario que me ayudara a llevar la compañía y además le diéramos un heredero a nii-sama, el cual pudiera seguir con el legado.
Abrió los ojos absortos y tardó en asimilar la información que por tanto había buscado y que sabía su amiga le había ocultado. Pero no fue hasta que la morena le dedicó una mirada de soslayo y al ver su atónita expresión, desvió su vista y se paró de su asiento, que el pelirrojo cayó en la cuenta de la situación en la que se encontraba la morena y el por qué de su incertidumbre con respecto al joven Kurosaki. Sumado al hecho de que rememoró la discusión que la fémina había tenido en el pasillo de su edificio con Kaien Shiba, quien estaba involucrado en el ámbito empresarial.
—Nos vemos, Renji —se despidió la fémina, desapareciendo mientras la canción de fondo daba las tonadas de su término, para dar inicio a otra melodía.
El aludido no dudó en seguirla.
Me costó decidir dónde cortar el capítulo para dividirlo. Pero creo que aquí quedó perfecto C: Espero no se confundan mucho por la información sobre el trato. Aún hay muchas incógnitas para aclarar así que decidí ya explicar una.
¡En seguida responderé los reviews de capítulos anteriores!
Por cierto, la actualización de la segunda parte de este capítulo la subiré el miércoles. Sí, cuando salga Bleach (?)
¡Les deseo un buen fin de semana y que empiecen esta que viene con el pie derecho! (:
