¿Te odio?
Había dormido alrededor de 4 horas solamente, pero cuando despertó ya el sol traspasaba las pequeñas ventanas de la enfermería. Se sentía tan cansada, tan triste y motivada. Aún siendo atacada por la maldición cruciatus estaba como nueva, intacta. Por eso su cansancio no era físico sino emocional.
Se levanto de la camilla y tomo un poco de agua, sintiendo como todo su cuerpo se hidrataba con ese líquido celestial.
- ¿Se encuentra bien señorita Granger? – pregunto madame Pomfrey.
- Si madame – respondió educadamente la castaña. - ¿Puedo irme?
- Si quiere dese un baño, aquí tiene alguna de sus pertenencias traídas por los elfos del colegio.
- ¿Le pidieron eso? – pregunto indignada.
- No señorita, ya sabe usted que ellos la aprecian mucho, ellos mismos trajeron algunas cosas de usted.
- Oh, ya veo. Gracias, iré a bañarme. – contesto satisfecha la castaña, mientras tomaba sin ánimos el paño de una silla y entraba al baño con sus pertenencias.
El agua helada corría por su cuerpo, si se bañaba con agua caliente sus músculos se dormirían o peor aún se pasmarían, quería despertarse completamente, además necesitaba pensar fríamente y aunque sea tonto pensaba que bañándose de ese modo lo lograba. Enjabono su cuerpo y no pudo evitar el rubor que se produjo en sus mejillas al recordar lo que había hecho Malfoy con su cuerpo, se había sentido tan exquisitamente, jamás había leído sobre sensaciones en sus libros.
Perdió la noción del tiempo mientras dejaba que el agua helada acariciara cada parte de su cuerpo mientras pensaba y pensaba. Analizando lo más prudente de hacer en esa guerra, tenía el presentimiento de que la guerra comenzaría ese día. ¿Cómo hacer que Draco no se marchara? Convencerlo sería complicado pues era sumamente necio y aunque lo negara la valentía corría por sus venas. Además no podía dejar de pensar en la ausencia del rubio toda la noche, no había ido a verla, no había ido a saber cómo estaba. Aún sabiendo lo egoísta que era por pensar de ese modo, no podía evitarlo.
Al terminar de bañarse, comenzó a peinar su cabello. Como había cambiado ahora era tan manejable, largo y definidos rizos castaños con destellos dorados. Su rostro estaba ruborizado naturalmente con un lindo tono miel. Mostraba al espejo una sonrisa de esperanza, de fuerza y coraje que siempre la había caracterizado y siempre la caracterizaría pues ella no era invencible pero sus ideales si lo eran. Lo eran porque creía en ellos, creía en la infinita esperanza de no dejar que alguien la oprimiera.
Se coloco un pantalón por las rodillas, de esos que llaman bermudas color azul cielo, una camisa blanca sin mangas y unos zapatos deportivos blancos con azules, regalo de navidad de parte de su tía Mel.
- Señorita Granger, vaya y avísele a sus amigos que está bien. Estaban muy preocupados.
- Gracias madamen Pomfrey – contesto Hermione mientras salía del lugar.
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- Todo está listo mi señor. – el lugar era oscuro, no entraba la luz. Pero era un inmenso salón verde esmeralda donde se encontraban unos 50 mortifagos con su líder. Lord Voldemort.
- Muy eficiente mi querido Draco, ¿Dónde está el viejo? – pregunto mientras acariciaba la cabeza de Nagini.
- Está fuera del colegio junto con Potter.
- Tengo entendido que diste la advertencia, el pronto fallecido Potter debe estar triste por la salud de su amiga. – La sonrisa era inmensa en los labios resquebradizos de Voldemort.
- Si mi señor, esa sangre sucia fue un ultimátum… todos deben estar llorando como idiotas – eran tan frías su palabras, tan serias, tan sinceras. Solo una persona en esa sala sabía el dolor que sentía Draco al pronunciarlas, el resto reía y celebraba el dolor ajeno.
- Me alegro Draco, el honor a tu familia lo estás haciendo de nuevo tú. Qué bueno que no eres como la perdición de tu padre. – palabras que carcomían a Draco, sabía que su padre era un cobarde pero lo sabía él, no le gustaba que otro idiota lo dijera y menos un impuro de primera clase.
- Mi señor solo cumplo sus órdenes y una de ellas es restaurar lo que se ha destruido.
- Me parece excelente tus palabras, Bella creo que tiene tu sangre.
- Si mi señor – respondió hinchada de honor Bellatrix, la mujer que añoraba con complacer los caprichos del Lord, la mujer que atesoraba los momentos junto a él.
- Pues mi señor, refuto, está sangre que poseo yo es de mejor calidad. – la impertinencia no podía faltar en Draco, ser comparado con esa loca le daban ganas de vomitar. Voldemort rió y asintió.
- Eso lo veremos hoy en la noche, vete de aquí y prepara todo – ordeno el lord mientras detenía con una mano el alzamiento de la varita de Bellatrix.
- Si mi señor – respondió con una sonrisa el rubio y levantaba su ceja de manera sarcástica a la oprimida morena, lamentablemente tía de su persona.
- Ve con él Snape, que este todo listo. Hoy comienza el fin de los asquerosos sangre sucia.
- Si mi señor, lo que usted ordene.
- Draco – llamo al rubio deteniendo su andar – espero cumplas tu misión hasta el final. - ¿una amenaza? Por supuesto que lo era. Le advertía el final de su vida, o cumplía lo que debía o acabaría muerto, acabaría con el final de su vida, de su familia, de su apellido. Al señor oscuro no le interesaba si eras o no sangre pura, le importaba si hacías caso. Eso era todo.
- Por supuesto mi señor, no se preocupe – afirmo el rubio antes de cruzar el oscuro lugar y entrar a la chimenea con Snape, pronunciando casi mentalmente su destino.
- ¿Tienes todo listo? – pregunto Snape saliendo de la chimenea y sentándose en su despacho.
- Si, todo. ¿Cuándo llega el viejo?
- No lo sé, ¿Granger?
- No la he visto, es mejor así, no quiero que me sonría para luego escucharla decir te odio.
- Pues me parece y sé que no me incumbe pero igual lo diré, deberías ir a verla ayer no se si te diste cuenta le lanzaste un crucio.
- Ella quiso además ya tengo eso bajo control, Blaise, Theo, Crabbe y Goyle se van con ella.
- A partir de hoy no la verás.
- Lo sé.
- Tal vez no vuelvas a verla nunca Draco.
- No dejare que me maten y no dejare que la maten a ella.
- Pues a veces nuestros sueños se ven frustrados por la realidad.
- La vejez te ha hecho pesimista. Me voy a las mazmorras, nos vemos. – Salió del despacho de su padrino con paso apurado, esperando no encontrarse con Granger pero esperando también dentro de sí verla. Una contradicción muy habitual en las personas enamoradas pero jodidas.
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- ¿Segura no sabes quien fue? – preguntaba Ron por quinta vez.
- No, no lo sé. Te dije que estaba de espaldas, hubiera hecho algo Ronald. – aseguraba la castaña obstinada del interrogatorio donde era protagonista. Ginny no hablaba solo la abrazaba llorando, lo único que le había preguntado era como se encontraba de resto se centro en abrazarla. –Vamos Ginny que estoy bien – trataba de consolar la castaña, sin mucho efecto.
- Pues seguro fue alguna serpiente – dijo Ron muy seguro de sus palabras. Hermione bufó.
- Como no soy adivina no lo sé. Tal vez fue un roedor, un águila, un león o una serpiente.
- ¿Por qué los defiendes? – grito el pelirrojo.
- No defiendo a nadie, solo que no culpare a las serpientes cuando en realidad no sé quien fue. ¿Dónde está Harry?
- Salió de nuevo con Dumbledore – contesto de mala gana el pelirrojo.
- ¿Y Blaise y Theo? – pregunto la castaña deshaciendo el abrazo interminable con Ginny.
- No sé – la rabia era palpable en el chico.
- Bien, Ginny vamos.
- ¿Ha donde? – pregunta la pelirroja secando sus lagrimas pero no perdiendo el contacto con la castaña.
- Ha buscar a mis serpientes.
- ¿Ahora son tuyas? – pregunto de mala gana Ron, nunca se cansaría de odiarlos, jamás podría verlos como otra cosa que enemigos.
- Si, ellos son mis serpientes y prefiero hablar con ellos que contigo pues no me gusta como está yendo tu andropausia así que cuando te calmes y quieras saber de mí y no de los demás hablamos. – Sin esperar respuesta se marcho de la sala común, quería ver a las serpientes por muchos motivos, pero había un nombre que no salía de su cerebro. Draco Malfoy.
- Creo que lo has tratado mal Hermy. – dijo Ginny.
- Lo sé, pero es que si no deja de comportarse como un polluelo no puedo tratarlo de otra manera. Tiene que aprender a respetar los derechos de las demás personas y ya me canse de darle explicaciones a todo el mundo.
- Hablas como si no conocieras a Ron.
- Lo conozco y por eso lo trato así, o cambia o se queda solo.
- No creo que él pueda cambiar.
- Ginny mientras estamos vivos hay tiempo de cambiar. Si él no quiere hacerlo pues ya te lo dije se quedara solo por idiota.
- Vaya que estás siendo radical. Oye a mi no me caen bien las serpientes tampoco.
- Eso es porque no las has tratado, mis serpientes son lo máximo – expreso la castaña con una sonrisa en el rostro.
- Bueno eso lo determinare yo – rió la pelirroja, Ginny era de esas personas que juzgaban luego de conocerte y ni siquiera te juzgaban simplemente te trataban o no lo hacían. La chica había aprendido a las malas que ser juzgado a veces sin conocer era de muy mal gusto y casi siempre estabas equivocado. Ella y su familia eran la prueba de aquello, juzgados desde siempre solo por ser humildes por no ser ambiciosos como todos lo sangre puras, habían sido tachados de la sociedad mágica y aún así era unas buenas personas, buena familia, dispuestos a hacer reír a la gente, apoyarla y escuchar. Ella sabía lo que era ser juzgado, ella sabía lo que era tener un estereotipo permanente.
- ¿Adivina quién soy? – escucho decir la castaña mientras era víctima de una taponamiento de ojos.
- No lo sé.
- Vamos niña, piensa – escucho decir tras su espalda.
- Ya sé que eres tú Blaise, se supone que cambies el tono de tu voz.
- ¿Ah sí? – Pregunto confundido dejando libre a la leona – no leí esa parte.
- ¿Leyendo? – pregunto confusa la castaña.
- Si bueno, estuve leyendo mañas muggles y había esta de tapar los ojos de una persona para sorprenderla pero no decía nada de la voz. Que mierda.
- Eres un idiota lo sabías, es algo obvio. Si no cambias tu voz sabré que eres tú.
- Bueno pero no sabía – dijo con un puchero el moreno, mientras se cruzaba de hombros.
- Ya no seas mimado, traje a Ginny. – dijo la castaña mientras lo abrazaba.
- Hola – dijo Ginny con una sonrisa que no disimulaba su incomodidad por estar con alguien que toda la vida había evitado tratar.
- Hola pequeña dama, amiga de mi amiga – dijo Blaise besando las manos de la pelirroja como todo un Casanova.
- Vaya que eres un pillo – dijo Hermione.
- Eres muy sensual, ¿lo sabías? – pregunto Blaise en su faceta de conquistador.
- Si, lo sé. Y tú sabías que eres un baboso. – No era una pregunta y Blaise lo supo, era una afirmación.
- Desde mi nacimiento pequeña leona. – Hermione rió ruidosamente y le dio un golpe.
- Me agradas – dijo Blaise picándole el ojo a Ginny. - Leona quiero hablar contigo.
- ¿Sobre?
- En privado.
- Si quieren me voy – dijo Ginny apenada por la situación.
- Nada de eso, vamos a buscar a Theo y a Luna y te quedas con ellos.
- Están en la biblioteca – dijo Blaise.
- Vamos. – respondió Hermione quien estaba en el medio de una serpiente y una leona… las casas que la complementaban. Según Malfoy a veces tenías más características de serpiente que de leona… no pudo evitar sonreír nostálgicamente al recordar ese rostro creído y aristocrático que la volvía loca.
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- ¿Nos mandaste a llamar Draco? – pregunto Crabbe quien comía un pequeño mofín.
- Si, eso es algo elemental. – respondió el rubio de manera habitual, inundando el lugar de simpatía.
- ¿Para algo en especial? – pregunto Crabbe de nuevo, Goyle se había sentado en la cama del rubio.
- Insonorus – conjugo el rubio e invito a sentar a Crabbe junto a Goyle. – La guerra va a comenzar – ambos muchachos sintieron como su saliva se transformaba en ácido, el aire en metano y su vida en desgracia.
- Lo sabemos Draco, hemos estado hablando de eso, creo que la muerte será fácil – dijo con una sonrisa llena de dolor Goyle. – Nadie nos quiere, solo tú y bueno eres un tú sabes, nosotros no podemos serlo, nuestros padres lo pedirán y no queremos así que imagino que moriremos. – Crabbe dejo de comer de manera automática al escuchar las palabras de su amigo, es verdad, habían hablado sobre esa guerra durante mucho y desde que decidieron no ser mortifagos tenían un destino escrito… la muerte.
- De eso voy a hablarles – Draco tomó una silla de su habitación y la coloco frente a ambos chicos, sentándose y mirándolos con una sonrisa de ¿esperanza? – apenas salgan de esta habitación van a ir junto a Blaise y le dirán ya sabemos todo.
- ¿Qué sabemos? – pregunto Crabbe.
- No necesitan saber, ustedes simplemente le dirán eso y no se alejaran de él ni un segundo, no preguntaran, no opinaran, no juzgaran nada de lo que pase. Ustedes solamente lo siguen. No pueden permitir que algo le pase a Theo o a Blaise y las personas que estén junto a ellos. ¿Entienden? – ambos chicos asintieron con frenesí. – Tal vez ahora no lo entiendan pero no pueden juzgar nada de lo que pase, tienen que cambiar su manera de pensar y de ver las cosas ¿okay?
- Si, ¿nos salvaremos?
- Si hacen lo que digo sí.
- ¿Y tú? – pregunto Goyle.
- Eso es mi asunto Gregory, ustedes solo deben hacer lo que les he dicho. No digan mi nombre jamás, después de este día no existí.
- No entiendo – dijo Crabbe.
- No tienes que hacerlo, lo harán ¿o no? – pregunto con seriedad.
- Si Draco. Haremos lo que tú nos digas siempre. Puedes confiar en nosotros – aseguraba Goyle.
- Bien, bueno ahora vayan y empiecen a hacer lo que les he dicho. No se alejen de Blaise en ningún momento.
- De acuerdo – dijeron al unisonó y salieron de su habitación con lágrimas en los ojos, ante Malfoy no podían llorar, él se los había prohibido hace mucho, recordaban que una vez los dejo atados por un día entero al haber llorado por no tener merienda. Les había dicho los hombres no lloran por tonterías, lloran porque el alma ha colapsado. Desde ese día no habían llorado pero imaginaban que temer por la vida de su amigo era un buen momento para hacerlo.
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- ¿Y bien? – pregunto la castaña, sentada en un rincón de la biblioteca con visibilidad a Ginny que estaba charlando con Luna y Theo.
- Es algo serio, tal vez algo demasiado serio para que lo hable yo y no Theo.
- Vamos suelta la sopa, deja de dar preámbulo. – Dijo Hermione mirándolo con mala cara – yo también te quiero preguntar algo.
- Muy bien – dijo suspirando - ¿Qué pasara conmigo? – Pregunto Blaise mirando a Hermione a los ojos – quiero decir ¿Qué pasara con nosotros?
- ¿Cómo así? – no entendía esa pregunta y vaya que eso era algo difícil de decir.
- Somos un grupo de serpientes, somos el grupo de serpientes amigo de Malfoy, odiado por la escuela que por ley deberíamos ser mortifagos, temidos, odiados, nadie confía en nosotros.
- Yo confió en ustedes.
- Tú eres tú, la guerra se acerca y quiero saber si nos podrás ayudar o tendremos que huir.
- ¿Se han acercado para mí por eso? – pregunto desconfiada la castaña. Blaise endureció el gesto y convirtió su mano en un puño.
- Mira leona, te quiero esperaba lo supieras, no soy de las serpientes que trata a los demás por interés, si te odio te odio, claro yo no odio a nadie porque mi corazón es noble pero no me gusta que me juzgues de esa manera. Te pregunto esto porque quiero vivir y la guerra ya se puede oler, me importan mis amigos y no quiero hacerlos pasar trabajo. No queremos ser mortifagos porque no apoyamos esa visión del mundo, tampoco apoyo la de ustedes pero apoyo la tuya y la de Draco porque aunque suene un poco vacía, creo en lo que cree Draco y lo seguiré hasta el final así me llamen su más leal sirviente. Él es mi hermano y haré lo que me pida y me ha pedido que me salve y creo que la única que puede hacerlo eres tú.
- Bien, lo siento – confesó la apenada castaña, no esperaba esas palabras. Si confiaba en ellos. – Siempre tuve en mente llevarlos al lugar de mi destino después de aquí. No dejare que mueran si puedo hacer algo.
- Quería saber eso, porque como lo sabrás hoy será mi último día en este inmenso lugar – dijo el moreno y Hermione asintió sintiendo como su corazón se paraba un momento para volver a latir con dificultad. – Con respecto a tu pregunta.
- ¿Draco? – pregunto en un susurro.
- No lo veo desde anoche… no ha dormido en su habitación, me imagino que está arreglando todo – dijo con pesar… a lo que Hermione arrugo el gesto.
- Esta maldita guerra me tiene obstinada – confeso con irá. – no te vayas a separar de mi hoy. Hacerlos entrar a nuestra guarida será difícil.
- Deja que reviento a golpes al que sea.
- Eso no ayudara.
- Bueno soy adorable así que todos me amaran.
- No creo que Ron te quiera.
- Deja que el sentimiento es mutuo.
- Se nota.
- Es tan diferente a su hermana.
- Está enamorada de Harry, Blaise.
- Eso es porque aún no me había tratado a mí.
- Vaya que tienes ego.
- Sinceridad leona, sinceridad. – Hermione no pudo evitar reír, pero era una risa efímera, disipada por la tensión de todo el ambiente.
- Si claro.
- ¿Qué hacen aquí? – pregunto Blaise al ver a Crabbe y Goyle tras él.
- Ya sabemos todo – dijo Crabbe con su gruesa voz, empañada por las lagrimas que hace poco había derramado y por la incomodidad de hablar sobre algo que no sabía.
- Ya veo. – confeso el moreno.
- ¿Qué saben? – pregunto la castaña con dureza.
- No sabemos. – dijeron a unisonó, Hermione no hizo más que abrir sus ojos en blanco por tanta ¿inocencia?
- Explícame Blaise. – exigió la castaña confundida.
- Pues, ellos también vienen conmigo – confeso el moreno con pesar, estaba haciéndole cargar muchas cosas a Hermione. La castaña pareció pensárselo un poco. No es que odiara a esos gigantes la verdad es que nunca los había tomado en cuenta, siempre habían sido catalogados como los guardaespaldas de Draco y así los consideraba.
- Bien, pero antes debo confirmar algo.
- Esta bien, lo que quieras – dijo el moreno sin saber a lo que se refería la castaña. Hermione se posiciono frente a los grandes hombres y los miro con ojos desafiantes y postura retadora.
- ¿Me odian? – pregunto la joven. Los muchachos parecieron pensárselo y luego de unos segundo Crabbe le dio un golpe a Goyle para que hablara él.
- Bueno, bueno – empezó tartamudeando – pensábamos que si, después no quisimos pensar otra cosa pero ahora simplemente no sentimos nada por ti. No te conocemos, pareces ser un pastel de manzana hecho con una corteza dura y compacta y relleno de una rica jalea de manzana. No podemos señalarte si no te conocemos lo único que sabemos de ti es que eres de gryffindor y eres inteligente. Así que no, creo que no te odiamos.
- Bien, porque si voy a dejar que estén conmigo y ayudarlos no pueden odiarme. ¿Lo saben no?
- Entonces tengo que hacerle una pregunta a Blaise. – dijo Crabbe serio, dejando su silencio en el pasado. Blaise lo miro confuso instándolo a continuar - ¿Es buena? – Hermione abrió su boca, asombrada por esa pregunta, parecía la pregunta de un pequeño.
- Si, si lo es. Por eso estoy con ella.
- Si bueno ya sabes que Pansy y las demás siempre dicen cosas feas de ella a nosotros no nos parecía tan así pero queríamos saber.
- Si lo sé – dijo entre risas Blaise – no es tan bruja aunque a veces le da por golpear a los indefensos. Es muy violenta.
- Estoy aquí – grito la castaña golpeando al moreno.
- Vieron. – dijo en rol de víctima.
- Queremos saber otra cosa.
- ¿Qué? – pregunto de mal humor la castaña, ahora le hacían interrogatorio las serpientes para ver si era digna de ser su protectora.
- Bueno, tú debes saber que la comida es muy importante para subsistir así que quisiéramos saber si a donde vamos habrá comida.
- Por supuesto – dijo sin evitar pensar que esos dos gigantes frente a ella, tenían el cerebro atrofiado.
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- Harry, hoy es uno de esos días en los que tienes que hacer lo que se te diga sin pretender escuchar una explicación – decía una voz ronca, cansada pero sabía hasta en la pronunciación. Era Dumbledore que miraba a Harry con nostalgia y esperanza. Estaban en la torre de astronomía, recibiendo la brisa fría, alarmante.
- Profesor, no sé a qué se refiere. – Llegaban de un lugar nada recomendable para ir de vacaciones, pero Harry presentía algo distinto en esa misión de improviso que había salido ese día. Sentía un frío punzante en su estomago y corazón.
- Pues me refiero mi preciado muchacho que las cosas no son siempre lo que aparentan ser, que los libros son más que una linda y creativa portada… todos tienen un gran desarrollo y eso es lo que debemos observar. Hoy necesito que hagas lo que te pida sin rechistar. – El semblante del viejo mago era tan definitivo.
- Bueno profesor, durante mucho tiempo he hecho lo que me ha pedido.
- Pero hoy será diferente, harás lo que te diga sin ningún tipo de explicación. – tomo una bocanada de aire y miró al cielo. – Lo que no hagas hoy determinara el futuro de todos, ¿entiendes eso?
- Si profesor. – Dumbledore habló un largo rato con el joven elegido. Harry no podía decir nada, cada vez que iba a decir palabra alguna era callado por una nueva orden del profesor… sentía impotencia pero sobre todo ansiedad.
- No te muevas, no hables, no seas un héroe fallecido hoy Harry. Hoy serás una pared en silencio, hoy serás un ser invisible que no hará ni dirá nada. ¿Entendido? – la pregunta era directa, con el ceño fruncido y esperando una afirmación.
- Si profesor – afirmo Harry tragando grueso, sintiendo que unas partes redondeadas de su cuerpo subían con rapidez a su garganta haciéndolo sentir asfixiado.
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- ¿Qué hacen aquí? – pregunto Ron, entrando a la biblioteca, llevaba horas buscando a su hermana y a Hermione.
- Hablando – contesto con simpleza Ginny, estaba hablando a gusto con Theo y Luna en un rincón de la biblioteca… Hemione estaba viendo como Crabbe y Goyle comían sin cesar, parecían un barril sin fondo y Blaise leía una revista con contenido adulto que Hermione se encargo de rasgar al verla en un principio.
- ¿También tú Ginevra? – pregunto Ron con una mano en la cara, tapando el bochorno que sentía, que estaba pasando en ese instante.
- ¿Yo también qué? – pregunto retadora la pelirroja, no le gustaba que le pusieran rejas. Ella no era una niña.
- ¿No es obvio? – grito, recibió un regaño de parte de todos los presentes… estaban en la biblioteca - ¡Ahora también tú estás con estas asquerosas serpientes! – dijo alarmado y sofocado pero con un tono de voz aceptable.
- Yo también lo hago – dijo inocentemente Luna.
- Pero tú siempre has estado mal de la cabeza – dijo Ron sin darle importancia.
- Hey, hey pelirrojo idiota no abuses de algo que no se te ha dado.
- ¿Y qué no se me ha dado? – pregunto retador el chico.
- Confianza – afirmo Theo… no permitiría que ofendieran a la rubia que estaba a su lado.
- Pues me sabe a mierda – dijo cuadrándose frente al moreno.
- ¿Ron? – hablo Hermione llamando la atención del único león que estaba en el lugar. - ¿Recuerdas cuando le partí la nariz a Malfoy? – pregunto con una sonrisa, de manera inocente. Crabbe y Goyle temblaron de cabeza a pies al recordar tal momento de tercero, tan siniestro y doloroso.
- Pues si – respondió sin entender las locuras que decía su amiga.
- ¿Recuerdas la sangre y los gritos? – pregunto de nuevo, obviando las muecas que hacía Ron al no entender sus palabras.
- Si Herm. – dijo de mala gana.
- Bueno, si no dejas de ser un idiota juro solemnemente que te haré lo mismo a ti – afirmo la castaña con una sonrisa que no compaginaba con lo que decía, tan inocente su rostro tan amenazante sus palabras. Ron quiso reír pero al ver las chispas que salían de sus ojos te dabas cuenta que sus palabras eran ciertas.
- ¿Serías capaz de pegarme por ellos? – pregunto indignado.
- ¿Por ellos? – pregunto señalando a los hombres de allí – Por favor no – negó riendo – Sería el colmo que yo los defendiera pero te has metido con Luna y conmigo misma al decir que soy idiota por tratarlos así que esos son mis motivos para hacerlo. La verdad es que si te metes con ellos, ellos mismos te pueden patear el trasero.
- No puedo creer lo que escucho – contesto Ron, negando con la cabeza, intentando desmentir las palabras que acaba de oír. – Estás irreconocible.
- Pues lo tomare como un cumplido, te pido que por favor dejes de molestarnos y te vayas – la sonrisa seguía en el rostro de la castaña, cosa que no hacía más que aterrorizar a todos.
- ¿Qué es eso? – pregunto Crabbe haciendo que todos dejaran de discutir y centraran su atención en algunos gritos que se escuchaban desde afuera.
- No lo sé – dijo Hermione poniendo atención y aferrando su varita que estaba en el bolsillo.
- Ya empezó – dijo Luna con un rostro mártir, tomando la mano de Theo y su varita.
- Pues me parece que si – afirmo Blaise – te quedas conmigo – advirtió el moreno tomando del brazo a la castaña.
- Todos permaneceremos juntos – ordeno la castaña – saquen sus varitas y tratemos de evitar que le hagan daño a los pequeños.
- Ahora deben estar en clases – dijo Ginny quien sin dudar se había ido con su hermano, podían pelear mil veces pero lo amaba, tomo la manga de su hermano y su varita. Todos estaban preparados, no sabían para que pero lo estaban.
- Una reunión de traidores – escucharon decir los muchachos, al voltear su rostro estaba una máscara, un ser enmascarado. No podían saber quién era pero tampoco les interesaba.
- Petrificus totalus – grito la castaña y el hombre quedó inmóvil, ella tenía una regla. No hables si vas a atacar, fanfarronear no te hace mejor te delata. – No perdamos el tiempo. – grito, yendo a la cabeza del grupo saliendo del lugar con prisa junto a Blaise, detrás de ella estaban Luna y Theo, luego Ron y Ginny y la retaguardia las moles humanas. - ¿Y Draco? – pregunto en un susurro.
- No lo sé leona.
- Bueno, espero este bien – dijo esperanzada, con un punzante dolor en su pecho.
- Oppugno – grito Ginny y una gran estatua del ministro salió empujada a otro mortifago – petrificus totalus – noqueado y paralizado.
- Puerro – grito Luna evitando que un hechizo fuera conjurado de manos de un hombre de túnica negra y máscara plateada. Los oídos fueron repletos de puerros algo demasiado doloroso, los gritos de agonía no se hicieron esperar. – Incarcerous – pronunció después y el hombre fue atado fuertemente, amordazado y paralizado por las sogas.
Hermione se acerco a una de las escaleras y observo como los mortifagos una banda de alrededor 10 subían con prisa para el séptimo piso. Al parecer tenían una misión y sabían cómo cumplirla. La castaña no sabía cómo habían logrado penetrar el castillo pero sabía que ya estaban allí y ese era el problema. Escuchaba los gritos de hechizos en todo el lugar y los pasos rápidos de las personas corriendo. Sabía que los profesores debían estar buscando la manera de solucionar todo, el problema era si Voldemort estaría allí, atacando también, además no sabía dónde estaba Harry. Todo era muy complicado, no tenía información necesaria.
- Bien, Luna y Theo vayan a buscar a los profesores que puedan, Crabbe ve con Goyle a la cocina y dile a los elfos que necesitamos su ayuda – estaba hablando en un rincón del pasillo fuera de biblioteca. Debía llegar al séptimo piso algo incesante la llamaba. – Ron ve con Ginny y busca a la orden… necesitamos aliados, no sabemos quién está atacando y no sabemos si Voldemort venga – todos sintieron un sudor frío bajar por sus espaldas. Un temblor en sus manos y un vacío en el estomago, ninguno era lo suficientemente valiente de llamar al mago tenebroso por su nombre, nadie excepto ella. – Blaise vamos al séptimo piso.
- Si – dijeron todos, solo aceptarían las órdenes de la castaña. Era la única inteligente, fría y hábil en batallas del lugar.
- ¿Por qué vamos al séptimo? – pregunto Blaise corriendo por las escaleras.
- Allá están los niños de primero, debemos mantenerlos a salvo.
- Cierto, ¿los querrán matar?
- No lo sé Blaise…
- ¿Ahora eres oficialmente un traidor? – pregunto una voz femenina conocida por Blaise.
- Bueno, prefiero ser un traidor para ti que un traidor a mí mismo.
- No me vengas con tu filosofía barata, bastardo.
- Si bueno, soy todo un astro. – Blaise aferro su varita y se volteo con parsimonia. – Sigue leona. – Hermione dudo un segundo pero debía seguir, él podría arreglárselas solo.
- Cuidado Blaise – y antes de escuchar una respuesta, giro sobre sus pies marchándose del lugar.
- Cru…
- Impedimenta – conjuro Blaise y la obra de esa mujer fue detenida. – Dije que ella podía irse, oppugno – señalo el moreno una gran gárgola, pero su efecto fue detenido por un protego de su contrincante.
- Esos hechizos de niños no servirán conmigo – Blaise trago grueso y suspiro – crucio – el hechizo lo golpeo en un brazo, mil rayos se impactaron en el brazo del moreno, el dolor era parecido a eso pero el ya estaba acostumbrado a ese hechizo. En su infancia su adorada madre lo castigaba con ese hechizo unas 4 veces si no gritaba si lo hacía pues era cruciado hasta que dejara de gritar.
- Bueno, lamento informarte que no tengo permitido usar otros hechizos… Incendio – grito y la túnica fue quemada al instante, pero no se detuvo. Si lo hacía sería victima de otro crucio y no podía darse el lujo de ser herido así – Expelliarmus – la varita de su atacante y ahora victima cayo por las largas escaleras del colegió – Incarcerous – unas sogas de la mejor calidad atraparon el cuerpo, inmovilizando sus manos, sus piernas hasta su cabeza. – Insonorus – no se escuchaba nada de su voz. Basta de maldiciones a su persona.
Camino a su atacante ahora paralizado, aún moviéndose como loco.
- Si hago esto estando ya petrificado no será lo mismo – dijo Blaise antes de patear el rostro enmascarado de la mujer y lanzando su último hechizo un petrificus que paralizo al ser sangrante y atado frente a él. Debía admitir que a pesar de no estar con el bando de los malos le encantaba lastimar a la gente. Y como ellos a pesar de ser unas basuras seguían siendo catalogados como personas pues le encantaba hacerlo.
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Luna y Theo habían bajado hasta las mazmorras no teniendo éxito en su misión, no habían podido encontrar a ningún profesor. Ni siquiera a un alumno. Todo estaba vació. Sepulcral. Ningún mortifago, ningún profesor, nadie. Absolutamente nadie.
- No puede ser que este todo vació – dijo Theo…
- Deben estar en un salón – confeso Luna. – deberíamos revisar los salones.
- Pero nos pueden atacar.
- Lo sé, pero aquí no estamos haciendo nada – estaban en la entrada de la sala común de Slytherin, la cual también estaba vacía.
- Seguro están en el comedor. Lo pueden cerrar y poner protección – dijo Theo, estaba nervioso. Su mano temblaba y la otra no dejaba de apretar fuertemente a Luna.
Subieron hasta la entrada del gran comedor, en efecto estaba cerrado. En silencio. Por los alrededores no se encontraba nadie. Tocaron un segundo, esperanzados de que pensaran que eran estudiantes buscando refugió y así fue.
- Pasen – dijo el profesor Horace.
El lugar estaba repleto de alumnos pero en virtud de lo que veían sus ojos los niños de primero no estaban en el lugar. Hermione debía tener razón estaban en el séptimo piso, viendo sus clases cuando todo estallo.
- ¿Qué ocurrió? – pregunto Luna. Todos los alumnos estaban sentados en el piso, el techo embrujado estaba vació, sin ningún conjuro. Los profesores estaban escoltando las puertas y los alumnos más grandes patrullando las mesas, las entradas, preguntando a cada momento si estaban bien. Evitando que la situación se hiciera más complicada.
- No lo sabemos señorita Lovegood – dijo la Profesora Mcgonagall despeinada y muy demacrada – Todo estaba muy normal y de pronto escuchamos gritos desquiciados y evidentemente ataques a las áreas del lugar.
- ¿Y están todos aquí? – pregunto Theo esta vez… viendo la multitud del lugar.
- Pues lamentablemente, falta la señorita Granger, los Weasley menores, el señor Crabbe, Goyle, Zabinni, Potter y el profesor Dumbledore – la profesora no podía esconder su miedo, ella amaba a sus estudiantes y esto sin duda era un golpe de estado con todo su poder. Atacaban al corazón del mundo mágico, el colegio de magia y hechicería. Si lograban penetrarlo no habría lugar seguro en el mundo.
- Todos están bien profesora, excepto Harry y el profesor Dumbledore, de ellos no tenemos paradero. – dijo Luna conciliadora – Lo bueno es que todos los profesores estén aquí con los alumnos. Del resto nosotros nos encargaremos.
- Falta el profesor Snape.
- Pues seguro está defendiendo el colegio – dijo muy confiado Theo. Las serpientes tenían un alto grado de afecto hacía Snape. A pesar de su aspecto lúgubre él siempre los defendía.
- Eso esperemos señor Nott – dijo esperanzada y agobiada la transformista.
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- ¿Qué escribiste? – pregunto Ron, estaban en el despacho de la profesora Mcgonagall. Enviarían una carta por la red.
- Ataque negro en el colegio – dijo Ginny, lanzando la carta a la chimenea y haciéndola desaparecer con los polvos flu… susurrando el lugar debido, pero no uno solo. Nombro su casa, el cuartel, el ministerio y el escondite de alguno de los miembros.
- ¿Y ahora a donde vamos? – pregunto Ron, protegía la entrada del lugar.
- Pues creo que debemos estar aquí para esperar una respuesta, ¿verdad? – pregunto confundida. No sabía muy bien que hacer… ellos siempre recibían órdenes de alguien más y ahora no podía negar estar asustada. Estaban atacando el único lugar que pensaba era seguro.
- Si. Alguien debe responder – dijo Ron. – Irrompible – conjuro y la puerta de madera parecía fortalecida – insonorus – el lugar parecía una iglesia a media noche, silencio total. – colloportus – y aunque sabía que era un hechizo fácil de romper, sería más fácil estar listos si escuchaban a alguien intentado entrar con un alohomora.
Ambos se estremecieron al escuchar como una respuesta llegaba a través de la chimenea, una respuesta que salieron a recibir.
El fénix ha volado – decía la carta, la verdad es que eran 3 cartas las que había recibido una del cuartel, otra del ministerio y una de la casa de ambos. Se sentían de nuevo esperanzados.
- ¿Dónde estará Harry? – pregunto Ginny, limpiando las lagrimas que se habían logrado escabullir.
- No lo sé Ginny – dijo Ron. Quemando las cartas.
- Vamos al comedor, allí deben estar todos. Debemos avisarle a alguien que la ayuda viene. No soporto estar aquí haciendo nada.
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Tener un gran tamaño no significa tener una gran valentía. Y para mayor ejemplo eran Crabbe y Goyle, estaban yendo despavoridos a las cocinas, caminando lentamente atentos a cualquier sonido y pidiéndole a Merlín no morir en el castillo, tan jóvenes y hambrientos por la vida.
- Que fastidio esto – dijo Crabbe cruzando sus brazos. Cruzando por un pasillo.
- Ni que lo digas… - siguieron a la derecha del vestíbulo, caminando como locos por un inmenso corredor oscuro y vació. Pero como no sabrán ellos que en la oscuridad es donde se esconde el mal.
- ¿Cómo estará Draco? – pregunto de nuevo Crabbe, él iba a la cabeza.
- Pues bien idiota, es Draco.
- Espero no le pase nada malo.
- No me escuchaste decir que es Draco.
- Pero sigue siendo humano Gregory.
- Lo sé, pero tengo esperanza en él, no puede fallarnos ni fallarse.
- Tengo ganas de llorar y de comer.
- Yo también, pero aguántate las primeras. Hay que hacer lo que la sabelotodo pidió.
- ¿Le seguiremos diciendo así? – Crabbe detuvo su andar para pensar.
- ¿Está mal? – pregunto Goyle confundido.
- Bueno ahorita sin un pastel no pienso mucho. – Al llegar al cuadro del frutero detuvieron su camino. - ¿Cómo entramos?
- Tantas veces que lo hemos hecho y ahora no sabes, vaya que tonto.
- Te dije que sin comida no pienso.
- Nunca lo haces – respondió Goyle mientras acariciaba la pera del cuadro, transformándose en una perilla de madera verde. Halaron de ella y la puerta se abrió de par en par, dejando ver a cientos de elfos domésticos aterrorizados, escondidos debajo de unas grandes mesas donde colocaban las comidas.
- ¿Quién está allí? – pregunto temerosa una pequeña elfina ubicada detrás de la puerta, temblando de pavor.
- Somos estudiantes de slytherin – dijo Crabbe. Los gritos no se hicieron esperar, naturalmente los pequeños seres mágicos temían a las serpientes ellos eran expertos en lastimarlos y humillarlos. – No vamos a lastimarlos. – quiso defenderse el chico al ver el rostro aterrorizado de los elfos.
- Vinimos a pedir su ayuda – intervino Goyle, logrando calmar a todos en el lugar. Verlos correr sin control y gritando les atormentaba.
- ¡Ustedes, los que siempre nos han humillado y lastimado! – grito un elfo a lo lejos.
- Si, nosotros. Parte de este colegio que está corriendo peligro mientras ustedes están aquí escondidos. Necesitamos su ayuda, no solo slytherin también los profesores y demás estudiantes. – hablar no se le daba bien a Gregory, pero una vez escucho decir a Theo que las personas que menos pensaban son las que algún día harían el mayor bien o el peor mal. – Todos necesitamos de su poder y ustedes están aquí escondidos mientras los estudiantes están siendo lastimados por mortifagos… nos dicen monstruos pero ustedes son los que no están haciendo nada, lo cual los hace peor. – un silencio se apodero del lugar, un silencio que los muchachos entendían como una manera de aceptar lo que habían dicho. Ellos no eran ni inteligentes, ni cultos, ni sabios. Pero eran humanos, eran magos y necesitaban ayuda.
- Pues debemos salvar a nuestros niños. – dijo una elfa.
- Granger dijo que cuiden a los alumnos – dijo Crabbe.
- Pues si la señorita Hermione Granger pide nuestra ayuda, se la daremos – grito el más esperado de todos, él que siempre había ayudado a los humanos, él que amaba a Hermione y protegía a Harry. Dobby.
- Bien – dijeron ambas serpientes sonriendo alegremente. Tomando unos cuantos pasteles de las mesas y siguiendo a una trulla de 200 elfos armados con ollas, sartenes y sillas. Preparados para defender lo más importante que tenían, su colegio y sus estudiantes.
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- Maldición, ¿Dónde están estos niños? – se recriminaba la castaña que iba a toda prisa por el séptimo piso del colegio. Entrando sin temor en cada aula, en cada lugar. Al llegar al pasillo de tapiz de Barrabas escucho unos pequeños murmullos que provenían de un aula muy agosta.
- Leona – escucho decir, al voltear se encontró de nuevo con Blaise.
- Alguien está allí – dijo, tomando el pomo de la puerta y abriéndola. Había unos 40 niños. - ¿Qué hacen aquí? – pregunto desconcertada, todos estaban llorando, algunos consolando a otros pero sin duda todos con miedo.
- Estábamos en clases y el profesor salió a ver qué ocurría pero no regreso, regreso fue un hombre con máscara de plata que asesino a Terry – dijo desconsolado un pequeño, de unos 11 años. Habían matado a un profesor y a un estudiante de primero. Hermione respiro profundo y lo abrazo. – Corrimos y corrimos hasta llegar a esta aula. – decía sin control sobre sus lagrimas que no paraban de salir. El chico era de Ravenclaw.
- Bueno, ya está todo bien. Se quedarán con este joven y él los protegerá – acariciaba el cabello del joven… mientras hablaba para todos los estudiantes de esa sala que la miraban atentos. - ¿está bien? – pudo ver a todos asentir y escuchar pequeños susurros de afirmación.
- ¿Tu a dónde vas? – pregunto Blaise separándola del montón para poder hablar a solas.
- Buscare ayuda – dijo Hermione con seriedad. Blaise negó con su cabeza y suspiro.
- No me mientas, buscas a Malfoy… leona no es momento de que lo hagas. Estos niños te necesitan. Puedo ir yo…
- No miento… voy a buscar ayuda Blaise, sé más hechizos que tú y soy mejor que tú en conjurarlos además Draco puede cuidarse solo… eso espero. Mientras tanto quédate aquí y cuídalos, ¿entendido? – pregunto ceñuda.
- Si, cuidado ahora tú. – ¿Cómo contradecir a la mejor hechicera de todos los tiempos? Provocaba golpearla, lástima que era mujer.
Hermione salió del lugar con cuidado, hechizando la puerta para evitar cualquier altercado indeseable. Camino en silencio… escuchando voces que provenían de la torre de astronomía. Siguió su andar sin dudar pero despacio, temiendo que la mataran o peor aún que la torturaran.
- ¿Qué haces? – Escucho decir al tiempo en que sentía como era jalada con rudeza debajo de las escaleras de la torre. La torre de astronomía tenía 2 entradas. Era amplia y sus escaleras tenían un gran espacio debajo de ellas donde podías observar todo lo sucedido arriba. Hermione fue llevada a un mural donde lo único visible era la oscuridad.
- Me has asustado – confeso, tenía clavada su varita en el abdomen de su agresor.
- No deberías estar aquí, pudo haber sido un mortifago.
- Tú lo eres – afirmo la castaña.
- Pero yo no te matare – odiaba cuando ella lo llamaba así, podía escucharlo del mundo entero pero no de ella.
- ¿Qué haces aquí? Vámonos – insto la castaña pero fue inmovilizada.
- No… debo hacer algo.
- ¿Qué? Vámonos, no tienes que hacer nada – seguía insistiendo la castaña en susurros temiendo ser oída.
- Te he dicho que no. – le dijo con rudeza y afianzando su agarre.
- Me lastimas Malfoy – advirtió la castaña mientras insertaba más la varita.
- Testaruda como siempre – dijo y la beso con furia, con necesidad. Hermione no aliviano su varita pero si correspondió el beso, era algo violento ver tal escena, ambos precavidos de no ser víctima del otro. - ¿confías en mi? – pregunto aproximándose a ella, inhalando su aroma.
- No sé – respondió con sinceridad.
- ¿Quién coño sabe?
- Pues no me digas que confías en mi pues me tienes casi que atada contra la pared, estoy siendo precavida porque mi escuela está llena de mortifagos y no sé donde esta ni Harry ni Dumbledore.
- Arriba, me tengo que ir pero hazme un favor – pidió el rubio, pensaba que la castaña no estaría allí pero como ya no podía cambiar lo que estaba hecho y lo que estaría por hacerse – no desconfíes de mi, solo guarda silencio y no me odies Hermione – dijo con suavidad, besando en un roce sus labios y marchándose del lugar. Dejando a una confundida y aturdida Hermione que acababa de escuchar su nombre salir de los labios de Malfoy, un nombre que juraron no pronunciarían pues indicaba que el límite estaba roto. Un límite que sabía ella misma había roto y negaba haberlo hecho.
Hermione parpadeó un par de veces y camino para estar justamente debajo de la torre, cruzando por un pequeño pasillo, encontrándose con una grata sorpresa. Allí estaba Harry, en silencio y con varita en mano.
- Harry – susurro la castaña. El elegido volteo a verla y la tomo de la mano, señalándole que se callara. Hermione asintió y saco su varita.
- Buenas noches señor Malfoy… - ambos jóvenes escuchaban al profesor Dumbledore, veían como al lugar llegaba Malfoy con varita en mano y su túnica negra puesta. Entrando por la segunda puerta de la torre ingresaban una banda de 7 mortifagos. Sin máscaras estaban Bellatrix, Greyback, Goyle padre, Crabbe padre, Rodolphus y Alecto los demás estaban encubiertos, con sus máscaras de plata, sus varitas en mano y su túnica negra. Hermione veía la escena con horror, sin poder entender nada.
- No me vengas con tus modales de mierda – le grito Malfoy al director, apuntándolo con su varita. Hermione se pellizco un par de veces intentando despertar, eso debía ser una pesadilla, tenía que serlo.
- Señor Malfoy no cometa una acción de la cual pueda lamentarse.
- De lo único que me lamento es de estar en esta maldita escuela dirigida por un viejo mequetrefe, pero hoy todo eso cambiara – seguía hablando con seguridad el rubio – expelliarmus – conjuro y la varita de su antiguo director callo por las grandes escaleras de espiral, cayeron a los pies de Hermione. Pero ninguno de los 2 jóvenes que veían las cosas desde abajo se inmuto de aquello, estaban asombrados, paralizados.
- No se muevan – escucharon decir a sus espaldas pensando que sería su fin, era Snape. – No hables – susurró y se encamino a la torre. - ¿Draco? – dijo al entrar tomando la atención de todos.
- No me digas que vienes a traicionarnos – grito Bellatrix alzando su varita desquiciadamente.
- No seas ridícula mujer – afirmaba el mago mientras se colocaba al lado de su ahijado. Harry y Hermione se miraron un instante, no podían entender lo que pasaba… miraban la situación sin creerla.
- Draco, puedo ayudarte – dijo Dumbledore.
- No quiero tu ayuda, quiero tu muerte – replico Draco con una sonrisa siniestra, de esas que le mostraba a Hermione en segundo, en tercero, de esas que ella misma creía no existían más.
- Que triste escuchar que un gran alumno quiera despedazar su alma de esa manera, asesinando sin motivo, creyendo que es la única salida. Pero recordemos señor Draco que a veces el juego es mucho más amplio de lo que podemos ver, debemos tener nuestra mente abierta y cuando logremos hacer eso todo tomara sentido y palabras que no entendemos serán bienvenidas en nuestro subconsciente. – decía el profesor Dumbledore, mirando al suelo, un suelo que estaba siendo observado porque sabía quien estaba debajo de él. Sonrió y pico un ojo. – Escuchemos atentamente cada palabra dicha y todo tendrá sentido.
- Ya delira – grito Bellatrix con frenesí – hazlo Draco.- El rubio suspiro, miró al suelo sabiendo que lo miraba, que lo miraba con odio y suspiro. Allí estaba él perdiendo a la única que no quería perder.
- Espero tus palabras sean escuchadas y entendidas porque no serán las últimas – dijo levantando su varita – Avadra Kadabra – un destello de luz azul verdosa salió de la varita de Draco impactando el pecho del profesor, empujando su cuerpo fuera de la torre. Inmovilizando lo que había sido una vida. – Morsmordre – conjuro antes de salir del lugar y ver como del cielo aparecía una calavera gigante con una serpiente en su boca, moviéndose por la tétrica y mortífera imagen. Un cielo que se colapso de nubes. – Larguémonos. – ordeno, colocando su varita y saliendo del lugar a toda prisa seguido por sus compañeros.
- ¿Harry? – susurro la castaña quien no podía dejar de temblar sin control.
- Lo ha matado, es un asesino – decía para sí mismo el moreno. Sin dejar tiempo salió corriendo del lugar.
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- ¡Eres un maldito asesino, cobarde! – grito Harry acercándose a Draco, quien intentaba salir de los terrenos del colegio junto a los mortifagos.
- Crucio – grito Bellatrix, impactando en el cuerpo del joven, causándole un gran dolor.
- ¡No! – Grito Draco – Él es del Lord, no seas idiota – escupió con fuerza deteniendo el hechizo de la bruja. – Hoy no te toca Potter, pero no tientes mi buena piedad.
- Él creía en usted – dijo Harry obviando las palabras de Draco y centrando su vista en Snape quien lo miraba sin sentimiento alguno.
- Que bueno, eso lo ha matado por fin – dijo sin culpa, con una sonrisa tan falsa que todos sabían que le costaba sonreír al antiguo maestro del colegio.
- Eres un cabrón – dijo llorando sin control el joven mago.
- Necesita a su mamá – dijo Bellatrix – pero si ya esta muerta – finalizo estallando en risas.
- Cruc….
- Expelliarmus – dijo Draco, Harry fue lanzado del lugar lejos de su varita y golpeando su orgullo – No seas idiota Potter – grito antes de desaparecer el rubio, mirando a lo lejos el cuerpo de Hermione aproximándose a toda prisa para ayudar a Harry. Sus ojos se encontraron antes de desaparecer, los de ellas solo decían una cosa. Te odio.
- Vamos Harry – dijo Hermione en diferentes quejidos, lloraba sin parar.
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Caminaron hasta el patio del colegio donde todos estaban ubicados, parados con varita en mano viendo como su director había sido asesinado. Elfos, obreros, profesores, alumnos y miembros de la orden estaban allí viendo el cuerpo inerte del director. Escuchando el sonido apocalíptico de la invocación tenebrosa en el cielo. Sintiendo el dolor. Nadie sonreía, nadie hablaba, todos lloraban y a todos les dolía está perdida sin control. Se había perdido una esperanza, se había perdido el eslabón principal de la guerra.
Harry se acerco al cuerpo del profesor, apoyando su cabeza en el pecho del mismo, apoyando su dolor en el ser que siempre había estado allí para él, para sus penas.
- Fue él – susurro la castaña, colocándose al lado de Blaise y tomando su mano con fuerza, cerrando los ojos y dejando escurrir todas esas lagrimas que no podía seguir reteniendo. Estaba enamorada de un asesino. Blaise la miro y la abrazo con fuerza, sabiendo que no había ninguna palabra que la pudiera hacer sentir mejor. Draco sabía que pasaría esto por eso sabía que Hermione lo odiaría pero jamás pensó que fuera algo tan grave, había matado al mago más poderoso de todos. Se estaba suicidando al matarlo. Tenía que tener un muy buen plan para haberse arriesgado de tal manera.
- Lumus – dijo la profesora Mcgonagall en un susurró, apuntando su varita al cielo, y haciendo aparecer un pequeño rayo de luz que difuminaba la calavera moviente.
De repente un centenar de luz opacaba la oscuridad, todos los estudiantes, todos los testigos allí presentes tomaban sus varitas y apuntadas al cielo conjuraban el hechizo que a pesar de no ser potente por si solo si lo era con ayuda, porque eran cientos los que estaban allí sintiendo un mismo dolor, eran cientos los que gritaban que aún había esperanza.
GRACIAS POR ESPERAR Y POR SUS HERMOSAS PALABRAS, QUE LINDO ES VER SUS REVIEWS, VER LAS ALERTAS QUE CADA DÍA LLEGAN, LOS FAVORITOS, NO SABEN CUANTO ME ALEGRAN. USTEDES ME INSPIRAN A ESCRIBIR, ME INSPIRAN A SEGUIR SOÑANDO LA CONTINUIDAD DE ESTE FIC. MUCHAS GRACIAS. YA TENGO EN MENTE EL OTRO CAPITULO PERO ESTAS SEMANAS ESTARÉ ALGO OCUPADA CON LA UNIVERSIDAD PERO EN CUANTO SALGA DE PARCIALES Y EXPOSICIONES ME PONGO A CONCRETIZAR TODO.
UN GRAN BESO A TODOS USTEDES DESDE VENEZUELA.
" La oscuridad solo nos avisa que hay luz"
