Capitulo 14 - Dos Princesas en Dos Mundos
15 años 5 meses después
Bosque Encantado
La Reina caminaba por el corredor de su gran castillo organizando los últimos detalles para el cumpleaños número 16 de Delaney. Todo estaba listo, lo que faltaba era poner las últimas decoraciones en el gran salón. Después de dar algunas instrucciones se fue a su habitación y se desplomó en el sofá. Ya hacía 15 años de haber llegado una vez más a su hogar con la pequeña, que ahora era todo una joven. Los primeros meses fueron un poco extenuantes para ella ya que, aunque ella y su otra mitad eran una, la Reina había permanecido distante durante los años del crecimiento de Henry. Era frustrante para ella el no tener ese instinto maternal agudo ya que se le hacía todo más difícil.
Pero para su suerte, algunas de sus sirvientas se encargaron de los primeros años de Delaney, hasta que la niña era lo suficientemente grande para interactuar con la Reina, lo cual fue a los 5 años, además esa era la edad crítica para comenzar a ponerle una que otra cosa en su pequeño cerebro. Al final, la pequeña había aprendido muy rápido y se estaba convirtiendo en una gran hechicera.
A eso, Regina sonrió orgullosa, mirando al fuego que salía de su chimenea. De repente sonó la puerta fuertemente y parecía que la persona detrás de ella estaba en apuros. Regina volteo sus ojos y dejo escapar un gran suspiro. '¿Ahora qué?' se preguntó.
"Puedes pasar" dijo con su voz irritante. El guardia paso y se quitó su máscara en señal de respeto.
"Claude… ¿ahora qué quieres?"
Claude tenía cara de preocupado y alarmado. Regina cerró los ojos respirando profundamente.
"¿Qué hizo ahora?" Regina paso a Claude apresuradamente y el soldado la siguió sin decir ni una palabra.
PPD PPD PPD
"DIJE NEGRO Y ROJO, NO AZUL CLARO!" Delaney gritaba entre dientes mientras que la persona en frente de ella se retorcía de dolor.
"Princesa, pero su madre"
"Primero que nada no me llames princesa, es su majestad. Y segundo, mi madre no tiene por qué decidir nada. Es más mi madre no tiene por qué ser prioridad al momento de hacer una decisión que es para MI. MI CUMPLEANOS, MI DIA, MI FIESTA… MI VESTIDO… ¿entendido?"
La costurera se retorcía de dolor, tanto así que no podía dejar salir las palabras para responder a la pregunta de la princesa.
Las puertas de la habitación se abrieron de par en par, dando paso a Regina. Delaney estaba tan concentrada en la mujer que tenía al frente que no se dio cuenta quien entró, ni le importaba.
Regina miró alrededor y vio como dos guardias yacían en el suelo inconscientes mientras que el corazón, de lo que pensó era la costurera, yacía en la peinadora de su hija.
La Reina observaba como Delaney ardía de furia pero a la vez satisfacción mientras le infringía dolor a la mujer en frente de ella. Regina respiro profundamente pensando al mismo tiempo si se le había pasado la mano al criar a la princesa. Era cierto que ella quería que llegara a ser lo que era ahora, pero a la vez eso le había costado mucho. Varias vidas se habían perdido en el proceso, al igual que varios cuartos en el castillo.
"¡ENTENDIDO!" el grito de Delaney retumbo las paredes de su cuarto causando que la Reina saltara sutilmente y la viera detenidamente.
"Si" la costurera dejo salir esa palabra con dificultad.
Delaney sonrió maliciosamente parando su magia al instante.
"Retírate" dijo dándose la vuelta y con un movimiento de su mano desapareciendo el corazón el cual fue directamente a la pequeña bóveda. A su temprana edad, ella ya había recolectado más de la mitad de corazones que Cora había llegado a tener antes de morir. Para ella era un reto sobrepasar a su abuela, para Regina era un poco preocupante.
La costurera no lo pensó dos veces y salió corriendo de la habitación, no sin antes hacer una reverencia a Regina la cual devolvió.
Delaney se arregló uno que otro mechón de cabello que se había salido de su mono y se dio la vuelta, encontrándose frente a frente con la Reina.
"Buenos días madre" dijo con indiferencia.
Regina se quedó observando a la joven. Delaney tenía mucho parecido a ella cuando joven, pero se veía el rastro de David en su pelo el cual era de un castaño más claro pero solo un poco, su piel tenía un tono más claro que la de ella, y sus ojos eran de color miel. En cuanto a personalidad, la terquedad la había heredado de ella al igual que el amor por los caballos. Tenía que reconocer que de David tenía la gentileza y honestidad. Aunque a este punto, la primera se había desgastado con el pasar de los años y la segunda la usaba como arma para herir a los demás. Lo cual le hacía caer en cuenta que su trabajo estaba hecho y que ya era tiempo de volver a Storybrooke.
"Causando problemas a tan tempranas horas del día querida" dijo la Reina acercándose a la muchacha con una ceja alzada.
Delaney volteo los ojos y dejo salir un respiro de fastidio.
"Sabes que no me gusta que me des actitud" dijo Regina entre dientes.
"¿Como quieres que te trata después de que estas tomando decisiones sin mi consentimiento? ¿Azul claro? ¿Enserio?" dijo Delaney señalando el vestido que estaba en el piso. Con un movimiento de su muñeca el vestido estaba envuelto en llamas. La muchacha sonrió mirando a su madre desafiante.
"Patético" dijo y con otro movimiento de su muñeca apareció un vestido rojo sangre de lana con encaje negro y diamantes del mismo color. El corset revelando un poco más de la cuenta y la espalda totalmente descubierta.
"Mucho mejor" dijo sonriendo satisfactoriamente
La Reina vio el vestido y sonrió sutilmente ya que le recordaba a el que ella vistió el último cumpleaños que estuvo con su padre.
"Ahora madre, puedes retirarte. Necesito estar sola, es un gran día para mí, tengo muchas cosas que hacer."
La princesa agarro el vestido y se dio la vuelta dirigiéndose al espejo cuerpo completo que estaba en su cuarto.
"Como tú quieras" susurro la Reina mirando a la joven de arriba a abajo y sonriendo sutilmente.
Al oír la puerta cerrarse, Delaney se dio la vuelta con lágrimas en los ojos. Ella sabía que su madre la podía espiar por el gran espejo que tenía en su cuarto. Lo cual ella estaba muy agradecida de que ese era el único, más el de su peinadora que tenía. La princesa se fue al baño donde se sentía más segura y se sentó en el piso llorando descontroladamente. Dejo el vestido a un lado y con un movimiento de su mano apareció el vestido azul claro que la costurera le había hecho con tanto esfuerzo. Lo abrazo fuertemente mientras que dejaba que sus lágrimas rodaran.
"Tengo que salir de aquí" susurro sacando un pequeño camafeo.
La Princesa lo abrió y miro la foto con detenimiento. En ella habían dos bebes de unos 7 meses y cada una estaba cargada por lo que ella deducía sus padres. Su madre era tan parecida a la Reina pero solo físicamente. Ella podía ver en sus ojos la gentileza, y el amor que los ojos de la que decía ser su madre no reflejaban. Podía ver mucho de ella en su madre pero su padre también le había dado muchas cosas, y su pequeña hermana. Delaney solo podía desear que hubiera tenido una mejor suerte que ella. En estos años en el Boque Encantado, ella tenía que pretender mucho. Las torturas provenientes de la Reina eran demasiadas, físicamente y mentalmente. Durante muchos años Delaney trato de ir en su contra, pero llego un punto de que no pudo más y dejo que todo fluyera. Si, había acabado con muchas vidas, y destruido muchas cosas. Pero lo que la reina no sabía era que cada corazón que Delaney había sacado de su dueño, lo había devuelto. En lo único que no podía mentir era las torturas. Le partía el alma ver a la gente sufrir, pero lo tenía que hacer para poder quedar bien con la Reina.
Con un gesto de su mano la costurera, la cual fue una de las que la crio apareció en su baño. Al principio estaba un poco desorientada, pero después vio a la princesa en una esquina llorando aferrada al camafeo y al vestido azul.
"Mi pequeña" susurro la costurera corriendo hacia la Princesa.
Delaney se levantó dejando todo encima de la silla y corrió hacia la mujer abrazándola con fuerza.
"Lo siento mucho nana, no sabes cuánto lo siento" la princesa dijo entre sollozos.
"Ya, ya mi pequeña. Estoy bien, todo está bien."
La princesa se separó un poco de la mujer mirándola fijamente. "No, nana. Nada está bien. Te hice daño, lo siento. ¿Te duele algo? ¿Estás bien?" dijo mirando a la mujer y poniéndole las manos en sus hombros.
"Mi querida, estoy bien. Créeme…"
"Ok" Delaney susurro asintiendo sutilmente. La princesa se voltio y agarro el vestido azul.
"Es precioso nana. Hiciste un gran trabajo." dijo dándose la vuelta y mirándola agradecida.
"Gracias mi vida. Ese fue el vestido que tu abuela me hizo diseñarle a tu madre en su primer baile. A ella le gustaba ese azul, era su color preferido."
Maribel fue la costurera oficial de Regina cuando aun vivía en el castillo con sus padres. Ella había hecho mucho por la joven y por ello la Reina, aunque se había separado totalmente de Regina, le tenía algo de afecto. Después de todo, Maribel había hecho muchas cosas por Regina. Ella, fue la que le había dado el camafeo a la Princesa en primer lugar.
Cuando habían llegado De Storybrooke, la Reina le entrego a la bebe a Maribel y le dijo que se encargara de ella. Cuando la estaba cambiando la ropa más apropiada para el mundo donde estaban encontró el camafeo en su cuello. Lo decidió guardar hasta que fuera el momento preciso. El cual fue cuando la Reina estaba educando a la Procesa para ser una asesina de poco corazón. Delaney tenía unos 10 años, su esperanza estaba disminuyendo poco a poco así que el solo hecho de saber que su hermana y sus verdaderos padres estaban en algún lugar, le dio la fuerza de seguir adelante.
"Nana, tú crees que ellos están buscandome?" dijo la princesa agarrando con fuerza el camafeo.
"¿Porque no lo ves por ti misma?" la costurera se acercó a ella, quitándole el camafeo y abriéndolo. Quito con delicadeza la foto revelando un espejo. Delaney suspiro mirando a Maribel fijamente. Esos ojos recordando a la joven que reía y corría por el castillo antes de ser obligada a casarse con el rey. Ojos llenos de esperanza, confianza y gentileza.
"Nunca vas a saber si no preguntas" Maribel le dio el camafeo.
"Ok" susurro respirando profundamente.
"Muéstrame a mi familia… por favor"
Un resplandor salió del pequeño espejo y cuando se disipo, allí estaba, su madre, sentada en el filo de su cama, con ojeras y sus ojos rojos. Había estado llorando, y por mucho tiempo. Su cara reflejaba dolor y desesperanza. Y sus mejillas hundidas lo cual significaba que no se estaba alimentando bien. En sus manos tenía una botella con un líquido marrón, y al lado de ella otra igual pero totalmente vacía. Su mirada estaba perdida en la nada, invadida por la oscuridad de su habitación y la luz de la luna.
"Mama" susurro Delaney tocando el pequeño espejo. De repente vio como Regina salto asustada mirando para todos lados.
"Ella me puede escuchar?" dijo mirando a Maribel la cual asintió. Pero cuando Delaney le iba a decir algo la imagen cambio. Su padre estaba sentado enfrente de una mujer con cabello negro. La mujer estaba acostada, con los ojos cerrados y llena de tubos por todos lados. Su padre se veía demacrado también como si no hubiera dormido en mucho tiempo. En la imagen también podía ver como dos jóvenes, se le acercaban y le ponían la mano en su hombre sonriéndole con tristeza.
La imagen cambio repentinamente y pudo ver a una joven vestida de monja. La muchacha veía hacia los lados como asegurándose de que nadie estaba cerca. Cuando se aseguró se quitó la vestimenta quedándose con un vestido color lila claro.
"Mi hermana" susurro Delaney. La muchacha tenía un tono de piel un poco más oscuro pero su pelo era largo y dorado. Sus ojos eran de un color azul eléctrico como su padre, pero sus rastros faciales eran como los de su madre.
"Reanna" la muchacha salto sobresaltada al escuchar su nombre.
"Camila, que sea la última vez que me asustas de esta manera."
"Muchacha rebelde, la madre superiora nos va a mandar a penitencia si te ven así. Dirá que soy una mala influencia para ti."
Reanna volteo los ojos suspirando.
"Camila, es obvio que te acusaran, tú fuiste la que me criaste. Tienes mucho que ver en mi rebeldía. Tú sabes que este no es mi mundo. Me siento en prisión, no puedo creer que mis padres me hayan abandonado en este convento. Yo no tengo vocación para esto, quiero ser libre."
"Lo se querida, algún plan?" dijo la catira que hasta ahora había entrado en la imagen.
"No, pero… algo se me ocurrirá"
"Lo que pensé… pero en el entre tiempo. Vamos a pretender que estamos haciendo lo correcto ok?" Camila sonrió dándole la mano a la joven.
"Ok!"
"Por cierto, feliz cumpleaños cariño"
Reanna se rio dándole un abrazo apretado a la mujer en frente de ella.
Hubo un resplandor de nuevo y la imagen desapareció del espejo.
"No, ya va. Aun no termino"
"Mi querida, eso era lo que tenías que ver. Tu familia te necesita. Escuche una conversación de tu madre, diciendo que ya estabas lista para volver a tu lugar de origen. Algo acerca de una pelea. Pero o escuche bien. Mi punto es, está preparada, sigue haciendo lo que estás haciendo y cuando llegues allá. Búscalos y sálvalos."
"Nana eso suena muy complicado y arriesgado"
"Si, lo sé. Pero tú lo puedes hacer, confió en ti"
Delaney sonrió asintiendo y dándole un abrazo a la costurera.
"Bueno, no se diga más. Te tenemos que poner bella para tu cumpleaños. Quien sabe, capaz y hoy encuentres a tu príncipe azul."
"Ay nana!" Delaney se sonrojo haciendo un gesto con su muñeca para devolver a Maribel donde estaba y no se viera tan sospechoso.
La princesa vio el vestido azul con una sonrisa en sus labios desapareciéndola con un gesto de su muñeca a un lugar seguro.
"Bueno, vamos a acabar con esto" dijo dándose la vuelta y saliendo del baño.
