Disclaimer: Nada es mío, sólo tomo prestado sin permiso a los personajes y les hago sufrir un poquito :3


Capítulo 12: Por proteger a los que quiero

Saguru también pudo reconocer esa voz, y sinceramente, no se la esperaba después de tantos años.

Se giró para comprobar que sus oídos no le engañaban. Una mujer de belleza envidiable y cabello negro largo con destellos rojos los miraba con esa reconocible superioridad. Vestía con unos pantalones rojos ajustados, mostrando su esbelta figura; un top rojo sin mangas, mostrando un generoso escote; y tacones negros abiertos, mostrando también una pedicura que muchas envidiarían, además de su cuerpo.

El detective miró a su acompañante, que no se había inmutado. – Creo que habla contigo.

El escritor apretó los dientes, frustrado. Pero sólo fue durante unos segundos. Miró a su compañero y arqueó una ceja. - ¿A mí? – Miró hacia la mujer de reojo. – Creo que se equivoca. Ese no es mi nombre. Y aunque fuese de mis noches locas donde el alcohol me hace olvidar hasta cómo me llamo, jamás olvidaría a una mujer tan despampanante como ella.

Saguru suspiró, cansado, y se giró para quedar frente a la mujer. – Hace mucho tiempo que no nos veíamos, Koizumi.

La aludida arqueó una ceja. – La última vez que nos vimos, me llamabas por mi nombre.

Levantó el brazo donde tenía el anillo de boda. – Ya no soy aquél niño iluso prendado hasta la médula por la chica guapa de la preparatoria.

Akako miró el anillo de soslayo. – Había escuchado algo sobre ello, lástima. – Volvió a fijar su mirada en el hombre de la coleta. – Tenemos que hablar.

- Si es porque quieres una cita, lo siento pero hoy no estoy muy disponible. – Levantó un brazo para parar a un taxi que se acercaba.

- Han despertado a Lion. – Arsene se paralizó y el taxi pasó de largo. – Y te están buscando para terminar lo que empezaron. ¿Cuánto tiempo crees que tardarán en relacionar a Fumiwara con Kuroba? Te terminarán encontrando y atrapando. – Se fue acercando lentamente mientras que el escritor bajaba la mano. - ¿Y todo tu esfuerzo? ¿Tu sacrificio? Tirados a la basura.

- No sé…

- Sí sabes de lo que hablo. – Le cortó antes de que siguiese diciendo estupideces. – Lo sé todo. El por qué lo haces. Lo que aun no entiendo es el por qué has tenido que volver. Tenías una nueva vida con dinero, ¿por qué arriesgarlo todo y volver a ser Kid? ¿Por qué volver a tus orígenes? – Le demandó.

A Akira le estaba doliendo demasiado la cabeza como para tener esa conversación. ¿Por qué precisamente hoy? Y encima con Hakuba delante. Tenía la cabeza a punto de estallar, y con Akako sin dejar de hablar no ayudaba absolutamente nada. – Primero. – Cortó a la bruja y la miró a los ojos. – No es asunto tuyo. Segundo, no te he pedido ni ayuda ni opinión. Y tercero, no soy Kid. – Terminó cruzándose de brazos.

Saguru observaba a sus dos antiguos compañeros de clase sin abrir la boca. Sus miradas eran duras cuando se observaban el uno al otro.

- ¿He venido de mi castillo en Rumanía para avisarte y así me lo pagas? – Dijo comenzando a indignarse.

- Chicos… - Les llamó el detective. – Seguimos delante de la comisaría. Y por mucho que me gustase que Aoko saliese por esa puerta y abriese de una vez los ojos, creo que este no es un buen lugar para mantener esta conversación. – Miró al mago a los ojos. – Y tú, necesitas reposo. Así que… - Se cruzó de brazos. - ¿Vamos a tu casa o a la mía?

El mago suspiró derrotado. Ni ganas tenía ya de hacer un chiste sobre ello. Se giró y llamó a otro taxi que si se detuvo. – Subid al coche. – Dijo en un susurro entrando en el automóvil.

Detective y bruja se miraron. ¿Por fin daría su brazo a torcer? Saguru dejó pasar primero a la dama, como buen caballero, y subió tras ella.

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Se mantuvieron en silencio durante el trayecto, el detective analizaba la dirección del taxi. Las calles se le hacían cada vez más familiares, hasta que el vehículo se detuvo delante de una casa de dos pisos en un barrio bastante tranquilo. Y lo sabía porque él iba de visita a la casa de al lado hacía años. – Ahora sé por qué no querías que Aoko te trajese a casa. – Se apeó y esperó a que sus acompañantes le siguiesen. – Vives en tu antigua casa.

- ¿Estás loco? – Demandó la mujer mirándolo con los ojos centelleantes de rabia. El susodicho sólo apartó la cabeza a un lado, molesto por el grito. – Quieres que te encuentren, ¿cierto?

- Si no paras de gritar les ayudarás a hacerlo, así que cállate y entra. – Dijo dirigiéndose hacia la entrada.

Saguru se acercó a Akako. - ¿De quién hablas?

Ella tardó unos segundos en contestar antes de seguir al mago. – De los que trataron de asesinarlo hace diez años. – El detective se quedó pensativo ante esa revelación. Ante los reclamos de Akako delante de la comisaría, no había que ser un genio para saber que Kuroba estaba en peligro. ¿Pero asesinarle? ¿Por qué motivo querría alguien matar a un chico de diecisiete años? A no ser que supiesen de sus actor criminales y fuesen rivales. Necesitaba respuestas a sus preguntas, y no se marcharía hasta obtenerlas.

Entraron y fueron directos a la sala de estar, sentándose Akako en el sillón como si fuese la dueña de la casa. Miró al escritor y éste le pidió con un gesto que se sentase junto a la bruja, mientras él lo hacía en un sofá frente a ellos.

No sabía por dónde empezar. Tenía tantas preguntas que se mezclaban dentro de su cabeza, y eso era extraño en él. Sólo el hombre que estaba frente a él podía causarle eso. Mientras, Akako estaba mirando con fiereza al ladrón, cuando el susodicho se agarraba la cabeza con una mano apoyada en el reposabrazos.

- No tengo todo el día. – Fue Kaito quien rompió el silencio que se había formado. – Como bien dijiste, Hakuba, necesito reposar. Y tomarme un analgésico que tumbaría a un elefante. Así que…

- Tengo preguntas desde el día que vi la noticia de Kid en los periódicos, así que entenderás que tenga bastantes.

- No soy Kid. – Dijo después de chasquear la lengua.

- Y ha sido toda una casualidad que justo aparece el ladrón y a los pocos días apareces tú. Y también que él desapareciera cuando a ti te dimos por muerto. – Le miró fijamente. – Siempre lo he sabido, Kuroba, y no me convencerás de lo contrario. El único motivo por el que no te detuve en su momento es porque estaba falto de pruebas. Y para que respires tranquilo, lo sigo estando.

- Esto hubiera sucedido igualmente aunque lo hubieras encerrado en lo más profundo de una celda y tirado la llave. Aunque en ese caso, sí que estaría muerto. – Dijo Akako.

- ¿Quiénes son esos que están tras tu vida? – Sintió que esa era la pregunta más importante. La desencadenante de todo.

- De todas las preguntas que tendrás pululando en esa cabecita tuya, ¿has decidido ir directo al grano?

- Creo que esa es la pregunta clave. Y sabiendo eso, podré entender por qué has dejado que Aoko sufriese durante diez años. – Le clavó una mirada acusadora.

El mago cerró los ojos, dolido ante sus palabras. – Créeme cuando te digo, que esa no era mi intención. Pero no tuve otra opción. – Le miró a los ojos. – Cuando dije que perdí la memoria, lo dije muy en serio. A causa de que un tronco me golpeó la cabeza, me quedé en blanco durante años. La pareja que me recogió medio muerto en la orilla del río me acogió y me trató como a un hijo. Hice amigos, una nueva vida, pero sabía que algo me faltaba. Mis primeros diecisiete años de vida. – Alternaba la mirada entre el hombre y la mujer. – De vez en cuando, me quedaba como ido. Recordaba cosas, escenas del accidente, con el consiguiente dolor. – Se agarró el costado derecho. – Hasta que en uno de esos momentos…

- Recordaste todo. – Dijo el detective, viendo cómo asentía el mago. - ¿Y por qué no volviste?

- Por tu pregunta anterior. – Dijo la bruja. – Lion ordenó su muerte al meterse en sus asuntos. Te lo avisé, Kuroba. Te dije que si seguías por ese camino, tu vida se destrozaría.

- Y por proteger a mis seres queridos, me mantuve al margen. Dejé que siguiesen pensando que estaba muerto. Por mucho que quisiese volver, no podía permitírmelo…

- ¿Quién es Lion?

- Lion es el apodo que tiene el jefe de una organización que está detrás de varios robos de joyas.

Saguru rodó los ojos. - ¿Por qué tienen que ser organizaciones criminales? – Kaito arqueó una ceja, extrañado de la reacción del inglés. ¿Habría tenido él también problemas? – Entonces, ¿te quieren muerto por?

- ¿Extraoficialmente? – Arqueó una ceja.

- Nada de lo que digas ahora será utilizado en tu contra en un tribunal. – Dijo con solemnidad.

- Pero eso no quiere decir que no me lo vayas a echar en cara.

Saguru sonrió burlón. – Por supuesto. Como si no nos conociéramos.

Kaito rió. - ¿En qué momento dejaste de tener un palo en el culo?

Se cruzó de brazos. – Sé que hay cosas que tienes que hacer para poder sobrevivir. – Vio la duda en los ojos del mago. – No es una historia que deba contar yo.

El mago suspiró, aún sin saber si podía confiar en él, pero sinceramente, no tenía más opción. – No es que me guste robar. – Vio el escepticismo en el detective. – Puede que en un principio. La adrenalina que te recorre por todo el cuerpo al planear el truco y llevarlo a cabo… Que no te atrapen… Es algo que sí, reconozco que me gustaba. Pero no sentía placer haciéndolo.

- ¿Y por qué lo hacías? – Cuestionó. - ¿Por qué sigues haciéndolo?

Kaito se quedó pensativo, sin saber a cómo responder a eso. ¿Cómo contestar sin parecer un lunático sediento de venganza? – Ellos fueron los que mataron a mi padre.

Saguru frunció el ceño, confundido. – Tengo entendido que Toichi Kuroba murió en un truco que salió mal.

El mago sonrió irónicamente. – Eso es lo que querían que creyésemos. El truco fue manipulado para asegurarse de que mi padre no saliese de allí con vida.

- ¿Y qué tiene que ver tu…? – No le hizo falta terminar la pregunta para obtener la respuesta. – Tu padre fue el primer Kid.

- No has perdido tus dotes, aunque estás algo lento últimamente. – Se mofó.

- ¿Qué hizo tu padre para ser asesinado por esta organización?

- La pregunta correcta sería, ¿qué no hizo? – Volvió a suspirar, ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo había hecho. – Querían que robase una joya para ellos. Un rubí, para ser exactos. Y él se negó.

- ¿Y no podían hacerlo ellos?

- El problema de este rubí es, que nadie sabe dónde está, ni qué forma tiene. Por lo que necesitaban a alguien para hacer de cabeza de turco. Les gusta tener las manos limpias siempre que pueden extorsionar a alguien. Y los que se niegan… Terminan muertos.

- Como tu padre… Y tú.

- Y a saber cuántos más. – Asintió de nuevo.

- Lo que no entiendo es, que si no conocen la forma de la joya o su localización, ¿cómo saben siquiera que existe? – Preguntó la bruja, que se había mantenido en silencio en toda la explicación.

- Tienes razón. Puede que ni siquiera exista. Pero no descansaré hasta que esa organización desaparezca, o encuentre ese rubí y lo destruya. – Dijo furibundo.

- ¿Aunque te lleve toda la vida? ¿Y que sea una búsqueda inútil?

- ¿Y si existe de verdad y la consiguen? Pandora en malas manos sería catastrófica.

- ¿Qué? – La bruja se quedó pálida en cuestión de segundos y paralizada en el sitio. Sus dedos apretaban con fuerza el cojín que tenía al lado, peligrando su perfecta manicura. - ¿Cómo has dicho? – Insistió de nuevo. - ¿Cómo se llama el rubí?

- Pandora. – Repitió el escritor.

- La piedra de la eternidad. – Susurró, pero los dos hombres la escucharon perfectamente. – Le otorga vida eterna al que la sostenga y la extienda en la noche de luna llena en el momento que el cometa Volley pase cerca de La Tierra.

- La conoces. – Confirmó el ladrón.

Ella lo miró por fin. – Pues claro que la conozco. – Dijo con superioridad. – Toda bruja que se precie conoce las piedras mágicas. Pandora es una de ellas, pero la más cruel. Por ello se escondió hace siglos. ¿Qué sabes de ella?

- Pues… Que está dentro de otra joya más grande y que brilla de color rojo bajo la luz de la luna. Por eso…

- Por eso creen que es un rubí. – Terminó de hablar ella por él. – Pues no lo es, en absoluto. Es una piedra. A simple vista no parece gran cosa, pero bajo la luz de la luna se vuelve roja.

- Has dicho que es la piedra más peligrosa, ¿por qué motivo? – Cuestionó Saguru.

Ella le miró de reojo. – Para conseguir la vida eterna, hay que entregar algo a cambio. La vida de miles de inocentes.

Los dos hombres la miraron pálidos. - ¿Cómo has dicho?

- Si consiguen la piedra y la utilizan, la ciudad estará muerta al día siguiente. ¿Habéis escuchado sobre La Atlántida?

- No me dirás que… - Comentó Saguru, pero no pudo terminar.

Ella asintió. – La historia oficial era menos peligrosa que la real. Un grupo de hechiceros cogió al culpable y le encerraron en el limbo por toda la eternidad como castigo por su cruel acto. Después, hundieron la ciudad para que no hubiese vestigio. Pero no sabían qué hacer con Pandora. Así que, la encerraron en una gran joya y la escondieron en el lugar más inhóspito de esa época. Ni siquiera quien la escondió se acordaría de dónde la puso por un hechizo, para prevenir que nadie la encontrase. – Se levantó del sillón y se puso a dar vueltas como si fuese una leona en una leonera. – Arrancaré a tiras la piel de esos inútiles. – Cerró los puños con fuerza. - ¡Debieron decirme que iban tras Pandora! He estado vigilando a Lion desde que lo encontré. ¡Debieron de haber escuchado algo mientras vigilaban! ¡Esos inútiles! Si hubiera sabido antes que iban tras ella, podría haberme dado tiempo de convocar a los aquelarres. Queda muy poco para que el cometa pase cerca del planeta.

- Así que, resumiendo. – Dijo con tranquilidad el inglés después del gran discurso de la mujer. – Estás en pie de guerra contra una organización que planea devastar la ciudad en que se utilice la piedra. Y por la información que nos ha dado Koizumi, tienes que evitar que tengan la piedra hasta que pase el cometa.

- ¿Hasta? – Preguntó el mago.

- Ese cometa pasa cada diez mil años. Una vez que se ha marchado y no puedan activarla, podrás tener una vida normal, ¿no?

Se quedó pensativo. – Si consigo que Aoko no me mate antes, supongo.

- ¿Vas a decirle todo a Aoko?

Asintió. – Esa es mi intención, en cuanto pase el peligro.

- Me apunto.

- ¿Qué? – Preguntó descolocado.

- Voy a ayudarte con este asunto de la piedra. Y tengo la sensación d que Koizumi también lo hará.

- No lo dudes in por un momento. – Se cruzó de brazos.

Kaito miraba a las dos personas delante de él con sorpresa. - ¿Vas a ayudar a un ladrón a robar? – Sus labios hicieron una mueca con intención de sonreír. - ¿Quién se ha dado aquí el golpe en la cabeza? – Se llevó las manos a la zona nombrada y se llevó el pelo hacia atrás.

- Encontrada Pandora o no, no me perdería por nada en el mundo el espectáculo que montarás con Aoko. – Sonrió burlón. – Pero… - Su sonrisa fue desapareciendo. – Si la piedra es real, la ciudad en la que se encuentre estará en grave peligro. Además. - Se cruzó de brazos. – No sería mi primer rodeo con una organización criminal.

- Pero, ¿trabajar conmigo? ¿Ayudarme? Y sobre todo, ¿esconderle a Aoko quién soy? Siempre he tenido la sensación de que me has odiado desde que nos conocimos. Y esto es… - Se podía ver la confusión en su rostro.

Saguru suspiró. – No puedo juzgarte por lo que has hecho con el motivo que tienes. He ayudado a personas que han estado al margen de la ley antes. Si es por la justicia… He aprendido que no siempre hay que seguir las normas. – Kaito le miraba con la boca desencajada. - ¿Qué?

- ¿Quién eres tú y qué has hecho con el detective tocapelotas que siempre andaba dando por culo?

Saguru sonrió. – Ha madurado y aprendido que la vida no es siempre justa acatando las normas. Además, siempre has devuelto lo que te has llevado, así que tus crímenes no son tan graves como los de esa organización. Si queremos librarnos de ellos, tendremos que usar todo lo que esté en nuestra mano. Y si es aliarnos… - Se levantó y se acercó a él. – Bienvenido sea. – Le extendió una mano.

El escritor alternaba los ojos entre el detective y su mano, pensativo. ¿Podía confiar en él? Se levantó y se quedaron a la par, estrechándole la mano. – No te arrepentirás, ¿no? – Sonrió burlón.

Saguru le devolvió la sonrisa. – Siempre puedo meterte de una patada en la cárcel.

- ¿Cuál es el plan? – Preguntó Akako sin acercarse a los hombres. – Tengo vigilado a Lion, y Lion está vigilando a Nakamori.

Los dos hombres giraron la cabeza tan rápido que creía que iban a dar una vuelta de 360ª. - ¿Qué?

Ella se encogió de hombros, como si no le importase. – Creen que en cualquier momento te pondrás en contacto con ella. Saben que lo has hecho como Kid. Deben de ser muy estúpidos si no se han percatado de que Arsene Fumiwara, o Akira Mino, es Kaito Kuroba.

- Porque aparecí como Kid… Creía que pensarían que hicieron un buen trabajo, y que era un imitador. - Comentó. - Volví porque encontré pistas de la piedra... No esperaba que despertasen al jefe...

- Tú eres muy tú, Kuroba. – Dijo Hakuba. – Y Koizumi tiene razón, dentro de poco descubrirán que ya estás junto a Aoko. Aunque ella no lo sepa. ¿Qué vamos a hacer?

Kaito tenía esa misma pregunta rondando en su cabeza. ¿Qué iba a hacer?

CONTINUARÁ…


Bueno, ¿qué les parece mi loca idea de aliar a estos 3? Espero que no estén muy en contra...

Y habrán podido comprobar que me he tomado algunas libertades mitológicas... Como siempre hago xD