Disclaimer. Los personajes le pertenecen a LJ Smith, gracias por crear a estos maravillosos personajes, y gracias a Martina Bennet por dejarme adaptar esta maravillosa historia. ¡Un fuerte abrazo!
N/A: Esta historia puede tocar temas como las vidas pasadas, violencia, Lemmons y demás asuntos que pueden afectar la sensibilidad del lector o ir en contra de sus creencias.
¡Disfruten!
Nos leemos abajito.
CAPÍTULO 13
…
Poco a poco lo pierdo todo,
poco a poco me hundo más.
Haces todo para molestarme,
pero luego llegas y me consientes.
¿Cuándo conoceré al verdadero hombre?
¿O siempre has sido tú?
…
—Querido, te ves ansioso, ¿sucede algo malo? —preguntó Esther con preocupación, colocando una mano en el antebrazo de su esposo, apretando un poco para reafirmarle su presencia.
Mikael se giró para mirarla y forzó una sonrisa tranquilizadora. Era cierta la ansiedad que su cuerpo exteriorizaba, pero no quería transmitírsela a su mujer, y menos aún, sin haber discutido primero con Niklaus, sobre qué estaba sucediendo en realidad con la chica. A pesar de todo, decidió indagar efímeramente, sobre las opiniones de su esposa.
—No es nada —dijo dándole un suave beso en la frente—. Solo estoy esperando a Niklaus, para conversar con él unos asuntos de la compañía. —Sonrió de vuelta cuando la mujer así lo hizo—. Amor, ¿recuerdas que me comentaste que April, la pasante de Niklaus, y otra chica vinieron hace un par de semanas para ir a un pub con los chicos? —Cuando Esther asintió, él continuó—: Caroline, la joven que trabaja en presidencia, la americana, ¿qué opinas de ella?
—Es una buena chica —afirmó Esther—. Al menos por lo poco que pude tratarla, me agradó bastante, ¿pasó algo con ella?
— ¿Estarías… interesada en tratarla más? —preguntó, ignorando el cuestionamiento de ella—. Quiero decir, ¿te gustaría que nos frecuentara, que perteneciera…?
Mikael dejó la pregunta inconclusa, pues casi se le escapa lo que precisamente no deseaba conjeturar erróneamente en su mente, y menos aún en voz alta.
Esther lo miró con los ojos entrecerrados y lo vio rehuir su mirada; esa era la señal que le indicaba que algo le estaba ocultando.
—Mikael, me vas a decir ahora mismo qué está ocurriendo, y déjate de titubeos, porque sabes que no me gustan.
Mikael guardó silencio unos segundos y continuó:
— ¿Recuerdas cuando Klaus era pequeño y amenazaba con romper todo en la casa si no le dábamos lo que deseaba? —Esther asintió, aún sin entender—. ¿Y cómo tú corrías a darle lo que pedía porque te encantaba consentirlo, mientras que yo lo arrastraba a su habitación y le decía que ahí hiciera lo que le placiera, pues no iba a ceder a sus caprichos? —Esther volvió a asentir más recelosa todavía—. Bueno… si lo que sospecho es cierto, es todo culpa tuya.
La mujer abrió los ojos desmesuradamente, sorprendida por una acusación de la que no entendía exactamente cuál era el cargo, e intentó rebatir la delación, pero la voz de su hijo llamó su atención, cosa que Mikael agradeció. No le gustaba agredir a su esposa de esa manera, pero si había una culpable de la forma de ser de su hijo varón, era precisamente la madre de éste.
Klaus entró a la sala de estar saludando a su madre con un fuerte abrazo, y a su padre, solo con una mirada prevenida. Luego de que Klaus le diera a Esther, la misma explicación que le dio su marido, se dirigieron al despacho de Mikael.
— ¿Qué pasa? —preguntó Klaus impaciente, sin aceptar el asiento que su padre le ofrecía.
—Eso mismo me pregunto yo, Niklaus, ¿qué pasa? —Mikael esperó a que su hijo hablara, pero al darse cuenta de que era en vano, continuó—: Me explicas ahora mismo ¿cómo es eso de que esa chica es tu novia?
—No tengo por qué explicarte nada —respondió Klaus a la defensiva—. ¡Tengo treinta años y estoy con quien se me dé la gana!
—No cuando esa chica es tan reacia a tu toque y tu mirada —refutó Mikael en tono de reproche. Klaus se cruzó de brazos y bufó—. Dos veces la he visto a tu lado, y esas dos mismas veces, ella trataba de alejarse de ti, y te miraba como a un enemigo en el campo de batalla.
— ¡Eso no es cierto! —contradijo Klaus vehementemente—. Es solo que se siente nerviosa cuando la familia está presente; le intimida nuestra riqueza.
—Si eso es cierto, ¿por qué no actuó de la misma forma cuando estuvo pasando el día aquí, con Katherine y Rebekah? Porque incluso delante de tu madre se mostró muy abierta —aventuró el hombre para tratar de hacer hablar a su hijo.
—Dime de una vez si tienes algún problema con Caroline, porque no voy a permitir que ni tú ni nadie la menosprecie o se interponga entre nosotros. —La voz de Niklaus sonó amenazadora, pero lo que en realidad quería, era desviar la conversación, pues sabía cuán perspicaz era su padre.
—No tengo nada en contra de ella y tú lo sabes perfectamente. —Mikael hablaba calmadamente—. Pero te conozco Niklaus, soy tu padre, y sé que eres capaz de cualquier cosa, para conseguir lo que deseas; y no es difícil darse cuenta, que estás loco por ella.
Klaus caminaba de un lado a otro de la oficina, halando su cabello con frustración.
— ¿¡Y qué si estoy loco por ella!? —exclamó al no poder aguantar más la presión—. ¡Es cierto! La amo y así tenga que pasar por encima del mundo entero incluyéndolos a ustedes para tenerla. —Se acercó a su padre señalándolo con un dedo en tono de advertencia—. No dudes que será mía, gústele a quien le guste.
Mikael guardó silencio por un momento, mientras que el hombre frente a él, respiraba agitadamente, sin dejar de mirarlo a los ojos, para reafirmar su amenaza.
— ¿Incluso si no le gusta a ella? —Klaus gruñó en respuesta, al tiempo que golpeaba el escritorio con el puño—. ¿Con qué la amenazaste para que aceptara estar contigo?
Solo el fuerte grito, que sonó más a un feroz gruñido, fue el aviso de la siguiente acción de Klaus: Tomando por el espaldar una de las sillas que se encontraba frente al escritorio de su padre, la lanzó hacia una de las paredes laterales, provocando que ésta se rompiera por el fuerte choque.
— ¡Contéstame, Niklaus! —gritó Mikael, enfurecido por la reacción de su hijo, que confirmaba sus sospechas—. ¿Qué le dijiste? ¿Qué le hiciste? ¡Habla de una maldita vez!
— ¡Soy tu hijo! —Klaus se acercó al hombre, hasta que casi se tocaron—. ¡Deberías apoyarme en todo lo que hago! ¡Más aún cuando eso implica mi felicidad y mi paz!
— ¡Precisamente! Por lo que no quiero ver tu felicidad enturbiada, ni tu paz devastada es que estoy tratando de evitar que cometas una locura.
— ¡Ella me ama!
— ¡No te creo!
Mikael se tambaleó hacia atrás cuando Klaus le propinó un fuerte golpe en la cara, pero no alcanzó a caer al suelo, gracias a la silla, compañera de la que estaba destruida, de la que se sostuvo. Miró sorprendido a su hijo; él nunca le había faltado el respeto de esa manera.
—Ella me ama… me ama —repitió Klaus respirando agitadamente—, y te lo voy a demostrar muy pronto, a ti y a todos.
Intentó caminar hacia la puerta, pero la voz conciliadora de su padre lo detuvo.
—Niklaus, no quiero que sufras, entiende eso hijo, por favor. —Esperó un momento la reacción de él, pero al ver que no se movía, continuó—: Tú nunca has tenido una novia formal, solo aventuras, pero jamás nos has presentado a nadie, y ahora te comportas de esta manera con una chica, que solo conoces de hace algunas semanas.
—Tú te enamoraste de mamá apenas la viste.
—Eso es diferente.
— ¿En qué? —preguntó Klaus molesto de nuevo—. En que mamá era hija de un banquero, mientras que Caroline no.
— ¡No pongas palabras en mi boca! Sabes que yo nunca he menospreciado a nadie por sus orígenes, y si consideras que esa chica es ideal para ti, yo te apoyaré; pero temo que la estés manipulando como hacías con tu madre, y con todas las personas de las que deseabas conseguir algún beneficio.
—Yo amo a mamá, no puedes decir…
—Eso lo sé —dijo Mikael limpiándose el hilo de sangre que le salía de su nariz—, pero el amor puede ser manipulador, cuando no se tiene conciencia de qué está bien y qué está mal. —Suspiró y cerró los ojos por un momento, decidiendo si debía confesar o no el recuerdo que llegó a su mente—. "Cuando conocí a tu madre, ella estaba saliendo con otro hombre. El maldito la exhibía como si fuera un trofeo; en realidad lo era, el más hermoso de todos, y yo deseaba poseerlo con todas mis fuerzas. Comencé a frecuentarla, a seguirla como un acosador a su víctima; y pude notar que yo no le era indiferente.
Luego de algún tiempo, en el que la relación de ellos se deterioraba cada vez más, y algo crecía entre ella y yo; decidí tomar las riendas de la situación y asegurarla para mí, de una vez por todas.
Ya yo había realizado indagaciones con sus amigas, y sabía que ella no se había entregado a él. En esa época las cosas no eran como ahora, además que su padre la protegía como a su tesoro y yo me aproveché de eso. Le rogué que me aceptara una invitación a cenar, y luego de tanto insistir aceptó; cuando estábamos saliendo del restaurante, le dije que me sentía muy mal, que no sabía si era capaz de llegar a mi apartamento, casi me desmayé; y ella cuán inocente era, no advirtió lo que me proponía."
— ¿Qué hiciste papá? —preguntó Klaus con curiosidad, pero al mismo tiempo con asombro. Nunca había escuchado esa historia y no se imaginaba a su padre en ese tipo de plan.
—Cuando llegamos a mi apartamento —continuó Mikael—, ella me ayudó a llegar a mi habitación, me tumbó en la cama e intentó huir lo más rápido posible, pero yo fui más resuelto y se lo impedí… Esa noche la hice mía.
— ¡Abusaste de mamá! —exclamó Klaus con el ceño fruncido y las manos en puños.
—Claro que no, ¿cómo se te ocurre? La seduje hasta el punto en que no pudo resistirse; en realidad no tuve que hacer mucho, pues ella ya estaba enamorada de mí. —Mikael se encogió de hombros y luego sonrió para sí mismo—. Cuando terminamos, yaciendo acurrucada en mi pecho, le dije que si no terminaba con el imbécil ese y se casaba conmigo, le diría a su padre lo que había sucedido entre los dos y que conociéndolo, con lo anticuado que era, la obligaría a casarse conmigo para que yo no armara escándalo.
— ¿Y qué dijo ella?
Mikael sonrió ladeadamente, algo que su hijo había heredado de él a la perfección.
—Llevo casado con tu madre treinta y un años, y desde ese momento no he dejado de hacerle el amor ni una sola noche siempre que la tengo a mi lado. ¿Qué crees que dijo?
Klaus se ruborizó un poco por el descubrimiento, de la activa vida sexual de sus padres; pero aprovechó la oportunidad para reclamar la hipocresía del hombre.
—A pesar de que hiciste eso con mamá, tienes el descaro de acusarme a mí, falsamente, de manipular a Caroline para que esté conmigo.
—Yo si estaba seguro de que tu madre me amaba —replicó Mikael—. ¿Crees que le hubiera hecho algo así, asumiendo que no estaba enamorada de mí? ¿Que no deseaba estar conmigo? De haber sido así, le habría insistido mucho más, pero nunca actuaría de alguna forma que la dañara, o que la hiciera sentir infeliz.
—Tú no sabes nada —dijo Klaus entre dientes—. Caroline me ama, estoy seguro de eso; no tienes ningún derecho a asumir que no es así. Si deseas llámala y pregúntale, indaga todo lo que quieras, las respuestas serán las mismas.
Mikael suspiró hondamente y pasó una mano por su cabello, otra de las manías que heredó a su hijo.
—Nunca has tenido una novia formal, ¿por qué esta chica?
Klaus se acercó al escritorio y apoyó las manos en éste, para mirar a su padre fijamente a los ojos y de esa manera, reafirmar las palabras que su locura hacía brotar de sus labios.
—Porque desde el momento en que la vi, sentí como el alma se me desprendiera del pecho para ir a postrarse ante ella; porque si supiera en qué instante la veré por última vez, me arrancaré los ojos, para que ella sea la última visión que tenga de este mundo; y el día que ella me faltare, mi cuerpo inerte caerá sobre la tierra santa, para que los ángeles, negros o de luz, vengan a mí, para unirme a ella por toda la eternidad.
El hombre rubio pudo sentir como su corazón se aceleraba y su respiración se entrecortaba. Un gemido lastimero salió de su boca y su alma se contrajo con la intensidad de esas palabras. Ese hombre frente a él no era su hijo…
¡Mientes!
Gritó su conciencia como réplica. Él sí era su hijo, sangre de su sangre, igual a él. Si Esther no lo hubiese amado, él habría hecho cualquier cosa, por desmedida que fuera, para hacerla suya; no habría permitido que se escapara de su abrazo, nunca. Pero no lo admitiría ante su hijo, ni ante nadie.
Rodeó rápidamente el escritorio, colocó sus manos a ambos lados de la cabeza de Klaus, y con los pulgares en sus mejillas le habló:
—Yo conté con la fortuna de que tu madre me amara. —La voz de Mikael era de angustia. Guardó silencio por unos segundos y continuó—: Júrame Niklaus, júrame que estás seguro que Caroline te hará feliz, que te ama y que tu corazón no sufrirá nunca las inclemencias del desamor. Júramelo.
—Te juro que no podré ser más feliz, que cuando la tenga asegurada para mí.
Mikael miró en las azules profundidades que eran los ojos de su hijo, y pudo ver la verdad de sus palabras; pero aun así, no le pasó desapercibido que no le aseguró el amor que anteriormente había dicho, que la chica sentía por él.
…
Caroline se encontraba sentada en el sofá de la pequeña sala del apartamento que compartía con Stefan. Enfrente suyo, apoyado en la mesa de centro estaban: una taza de chocolate caliente; un paquete con catálogos de los mejores concesionarios, en los que se podía observar algunas referencias resaltadas en marcador amarillo; una carpeta del Lloyds Bank de Londres, en el que la felicitaban por la adquisición de su nueva tarjeta de crédito Gold, con folletos con explicaciones sobre los beneficios y utilidades de ésta; un catálogo de una empresa de bienes raíces, con propiedades ubicadas en los mejores distritos de Londres, también con algunas referencias resaltadas; y media docena de revistas especializadas en organización de Bodas, así como una en la que se contemplaban los vestidos de novia, de las mejores diseñadoras del mundo. Sin contar la nota que sostenía sobre su mano, escrita a puño y letra de Klaus, con una caligrafía que parecía la de un joven educado en un colegio religioso.
Mi nena,
Te envío lo que te prometí ayer, más unas revistas que imagino podrían servirte para organizar la ceremonia y la recepción.
El viaje de tu madre y Elena, puedes convenirlo con Katherine para que usen la aerolínea de la familia y así viajen más cómodas.
Dacre y Alex estarán contigo todo el tiempo, por favor nena, SIGUE SUS INDICACIONES.
Si necesitas alguna otra cosa no dudes en llamarme, no importa en lo que me encuentre, siempre estaré disponible para ti, preciosa.
¿Sabes algo, deliciosa? Aún llevo gravada en mi mente la imagen de tu cuerpo desnudo y jadeante, y en mi boca el sabor de tu placer y deseo. Quisiera saborearte de nuevo.
Deberíamos aprovechar que Stefan está de viaje y tenemos el apartamento para los dos solos… tú llámame o escríbeme y estaré con mi rostro enterrado entre tus piernas en menos de lo que tus bragas dejan tus caderas.
Te amo, te amo, te amo.
Te extraño y te amo.
Niklaus.
PD: Quédate con la maldita tarjeta, escoge el auto y no les riñas a los guardaespaldas.
¡HAZ LO QUE TE DIGO!
Te amo.
Alargó la mano y tomando la taza, bebió otro sorbo de chocolate, para enseguida, dejar la carta en la mesita, recostarse en el sofá, y cerrar los ojos y tratar de calmarse.
Desde que Klaus la había amenazado para que se casara con él, solo habían pasado tres días; pero para ella, parecía que fueran tres largos años. Tantas emociones juntas, las amenazas, y antes de que se diera cuenta, estaba recibiendo palabras tiernas y cariñosas, y al siguiente segundo, siendo seducida e incitada a placeres ya experimentados, aunque en la actualidad, no deseaba volver a recibirlos de ese hombre, ni de ningún otro por el momento.
Klaus era hermoso, eso nadie lo podía poner en duda, ni siquiera ella misma; pero su mente ya estaba vacunada contra su rostro; su cuerpo, contra sus manos; sus labios, contra su lengua; y su corazón, contra sus palabras. Era difícil no desear a un hombre como él, pero a ella se lo había puesto demasiado fácil. No sabía cómo su cuerpo podría reaccionar a los embates de placer que él pudiera provocar, pero de lo que sí estaba segura, era que al menos su mente y corazón, no darían tregua alguna, para buscar la respuesta a ese interrogante. El sonido de su teléfono celular la sacó de sus cavilaciones y de su intento de relajación fallido. Tomó el aparato entre sus manos, dispuesta a proferir un extenso repertorio de insultos si se trataba de cierto presidente de compañía; pero su rabia se convirtió en felicidad, y al segundo siguiente en tensión, cuando vio el nombre de Stefan titilando en la pantalla iluminada.
La reunión con él tuvo que posponerse para el fin de semana, pues la noche en que Caroline pensaba decirle que Klaus quería hablar con él, Stefan se le adelantó y le comentó que viajaría con Kol a Newcastle para adelantar unos negocios con unos clientes de la zona, y no regresaría hasta el sábado en la mañana; esta situación había tranquilizado a Caroline, pues demoraba la conversación que tanto temía, pero había traído también la cobardía, porque ya no encontraba las palabras para informarle de las intensiones de Kol de hablar con él, y eso la tenía incluso más nerviosa.
Contestó la llamada, y trató de que su tono fuera animado, pero logró solo el efecto contrario y su amigo no lo pasó desapercibido.
—Stefan, andas un poco paranoico últimamente, es solo cansancio, nada más —explicó Caroline lo mejor que pudo.
—No me vengas con evasivas, ni a estar desviando el tema. Algo muy raro está pasando desde el lunes que fuiste a la Oficina de Migración —decía Stefan en tono demasiado serio para el gusto de ella—. Te enfermaste de la nada, te dieron los días sin una excusa médica, y anoche estabas tan nerviosa, que creí te arrancarías el labio de tanto morderlo. ¿Qué se supone debo pensar sobre esto?
Caroline se mordió el labio, dándole la razón. Estaba cansada de mentirle, sin contar con que era muy difícil hacerlo cuando Stefan era tan receptivo con las emociones de los demás, y más aún con las de ella. No sabiendo cómo actuar de forma correcta, optó por el camino fácil. La indignación.
— ¿Es que ahora no tengo derecho a enfermarme? —preguntó Caroline con falsa molestia—. Si me dieron esos dos días o no, no es tu problema. Yo los solicité y el mismo Mikael Mikaelson me los dio, porque notó lo mal que me encontraba; pero como a ti no te importa lo que a mí me suceda…
— ¡No me salgas con esas estupideces! —gritó Stefan desde el otro lado de la línea—. Tú eres lo más importante para mí y lo sabes. Eres tú la que no confías en mí, me estás ocultando muchas cosas y te refugias en pataletas injustificadas, para no decirme qué está sucediendo.
— ¡Yo no tengo por qué estarte dando explicaciones a ti! —gritó Caroline de vuelta—. Tú no eres ni mi padre, ni mi hermano, ni nada mío para que te creas con derecho a estar reclamándome lo que hago o dejo de hacer.
El silencio del otro lado de la línea, hizo que Caroline se estremeciera, al tiempo que un sollozo escapaba de su boca.
Esas palabras proferidas en un momento de desesperación le dolieron en lo más profundo de su alma, porque sabía el daño que habían proferido.
—Stefan… —susurró Caroline de forma entrecortada. Su táctica se había ido contra ella misma.
—Estoy ocupado, hablamos después. —La voz de Stefan fue tan apagada, seria pero al mismo tiempo dolida, que ella sintió cómo su corazón se rasgaba sin ninguna compasión. Quiso hablar de nuevo, rogarle que la perdonara, pero solo el vacío de una llamada cortada le respondió.
Caroline soltó el teléfono, y lloró amargamente. Estaba salvando a quienes perdería por no poder explicar los argumentos que justificaban sus acciones. Su vida se estaba yendo por un caño recubierto en oro; empujada a él por el amor que sentía por ellos; pero no le importaba, ella podría vivir en su amargura y desgracia, sabiendo que toda su familia era feliz.
Necesitaba aire fresco, tenía que salir de su apartamento y caminar para calmarse, antes de cometer alguna estupidez como la que ya había hecho con Stefan. Rápidamente se secó las lágrimas y lavándose la cara en el fregadero de la cocina, abrió la puerta de salida. Dos hombres altos, incluso algo más que Klaus, y musculosos como los que seguían a Katherine y a Rebekah a todas partes, vestidos de traje, corbata negra y camisa blanca; se ubicaron inmediatamente a cada lado de la puerta y la miraron sin ninguna expresión en el rostro.
Caroline los miró a cada uno, e intentó emitir un gruñido, pero éste compitió en su garganta con un sollozo y salió vencido en la contienda.
— ¡Lárguense! —gritó y tiró la puerta con todas sus fuerzas.
Corrió hacia su sofá y se lanzó llorando de nuevo. El que haya aceptado su situación, no le impedía llorar y desahogarse todo lo que deseara.
El sonido de su teléfono celular volvió a retumbar en la habitación.
Stefan.
Rápidamente tomó el aparato y contestó sin mirar la pantalla.
—Mi vida, perdóname… por favor… no quería… no quería, perdón… —rogó desesperadamente entre sollozos.
— ¡Caroline! ¿Qué tienes? ¿Te sucedió algo? ¡Por Dios! ¡Dime que estás bien! —La persona que le hablaba, sonaba casi al borde de la locura.
Caroline quedó muda por un momento, luego de reconocer la voz del otro lado de la línea; pero enseguida se recuperó y siendo la última persona con la que deseaba hablar en ese momento, colgó.
El teléfono volvió a repicar varias veces más.
Niklaus, déjame en paz… por favor… Pensó sosteniendo la cabeza entre sus manos.
Unos golpes se escucharon en la puerta, y uno de los hombres preguntó a través de la madera, si se encontraba bien; pero Caroline no contestó. No quería saber de nadie en ese momento. Simplemente deseaba estar sola.
Corrió hacia su habitación, tiró la puerta y se abrazó a su almohada que enseguida se humedeció con su llanto.
Naomi.
Deseó poder tenerla consigo, abrazarla y que ella le lamiera las lágrimas como siempre hacía cuando lloraba por su padre. Era una actuación más propia de un perro, pero ella era así, era su amiga, sufría junto con ella; y ahora estaba lejos. En un momento de divagación sin sentido, se preguntó qué amenaza habría proferido Klaus contra ella, y solo se le ocurrió que la enviaría a algún albergue para animales desamparados, donde le darían comida corriente, la pondrían a dormir sobre el suelo frío en un rincón, nadie la acariciaría por las tardes, y estaría revuelta con gatos mugrientos que la mirarían de forma hostil o la llenarían de gatitos, que ella no tendría paciencia para cuidar, porque no había nacido para ser madre.
Enterró más su rostro contra la almohada y se permitió llorar por su amiga de cuatro patas, a la que nadie era capaz de reconocerle su belleza, solo ella. Así estuvo hasta que, algunos minutos después, la puerta de su habitación se abrió violentamente.
— ¡Caroline! —gritó Klaus y se abalanzó sobre la cama de la chica. Antes de que ella pudiera reaccionar, la tomó en sus brazos al tiempo que él se sentaba sobre la cama, la atrajo hacia su pecho y la abrazó fuertemente—. ¿Qué tienes mi amor? Por favor, dime qué te sucedió… estoy muriendo Caroline..
Caroline había soltado la almohada a la que estaba aferrada y su apoyo pasó a ser las solapas del saco de Klaus. Su mente le gritaba que se apartara, que no se permitiera recibir consuelo de él, pero lo necesitaba, y en el estado en el que estaba, no era muy consciente de quién la sostenía, solo sabía que era reconfortante sentirse protegida.
Klaus, recordando las palabras que ella le había dicho por teléfono, intuyó que había discutido con Stefan, y conociendo la relación existente entre los dos, logró comprender el estado de la chica; pero eso no evitó que sintiera rabia hacia Stefan por hacerla sufrir, y el deseo de protegerla afloró más en su interior. Con ella todavía llorando en su pecho, empezó a mecerla suavemente, mientras apoyaba los labios en el cabello rubio de la chica.
Luego de un largo rato, en que Caroline estuvo llorando desconsoladamente, empezó a calmarse lentamente. La fragancia que despedía el cuerpo de Klaus y los mimos que le profería, la relajaron hasta el punto de dormirla profundamente.
Klaus pudo sentir cómo su respiración se acompasaba poco a poco, y no queriendo perturbarla, se quedó con ella por algún tiempo, cuidando de no moverla mucho, para no sacarla del plácido descanso.
Klaus pudo sentir cómo su respiración se acompasaba poco a poco, y no queriendo perturbarla, se quedó con ella por algún tiempo, cuidando de no moverla mucho, para no sacarla del plácido descanso. Para cuando Klaus despertó, yacía recostada en su cama, cubierta por el cobertor hasta sus hombros, descalza, con el botón de sus Jeans y la corredera abiertos, y una suave música sonando a bajo volumen por toda la habitación, era la Traviata Prelude de Giuseppe Verdi. Giró la cabeza para averiguar de dónde procedía la melodía, y encontró su celular en la mesita de noche, sobre una hoja escrita con letra que reconoció de Klaus. Detuvo la música y con el ceño fruncido leyó la nota.
Amor:
No me quedé hasta que despertaras, porque sabía que te podría causar más malestar, y aunque no lo creas, yo solo quiero hacerte feliz.
Pedí un domicilio que Dacre colocará en la cocina cuando llegue. Dejé tu habitación con llave para que nadie pudiera entrar.
Por favor, llámame y confírmame que solo fue una discusión con Stefan… por mi salud mental.
Te amo.
Klaus.
—No creo que tu salud mental pueda estar peor —dijo Caroline para sí misma.
No se molestó en revisar ni las sábanas, ni a ella misma; ya había comprobado anteriormente que Klaus no la tocaría, al menos mientras estuviera dormida.
…
Los siguientes días, Caroline no se apareció por MikaelsonWorld, pues no consideraba que tuviera nada que buscar allá, y mucho menos con dos gorilas siguiéndola a sol y sombra. Había sido frustrante en extremo, pero al menos, había logrado conservar algo de dignidad, y más que todo orgullo, al dejarle en claro a Klaus que no haría las cosas a su manera.
Al día siguiente de la visita de Klaus, que agradeció no se hubiese quedado, porque estaba segura que le habría dado un derrame cerebral de la rabieta; tomó todo lo que Klaus le había enviado, lo colocó dentro de la misma caja, y se dirigió al apartamento de éste. Como ya se esperaba, los dos hombres la siguieron por la escalera, pero ella solo se limitó a dar los buenos días, porque después de todo, ellos solo cumplían con su trabajo. Al salir del edificio, un auto negro, bastante lujoso al parecer, la esperaba con la puerta trasera abierta, que según quien recordaba era Alex, la había abierto para ella.
Conocía los nombres de las mejores marcas de autos, pero no era experta en el tema como para reconocerlos a simple vista; para ella eso era un auto negro demasiado costoso y punto. Solo observó el auto por unos segundos; con caja en manos, giró a su izquierda sin decir palabra, y empezó a caminar hacia la parada del autobús. Al instante, Dacre, que era el que más cerca estaba de ella, la siguió y se interpuso en su camino.
—Señorita, el auto es para usted, solo díganos a dónde quiere ir.
—Voy hacia el apartamento del hombre que los contrató —explicó Caroline tratando de no sonar grosera—. Pero lo haré como siempre.
Bordeó al hombre e intentó seguir su camino, pero este se interpuso de nuevo.
—Señorita, por su seguridad no podemos dejarla ir de esta forma, es preciso que haga lo que le indicamos.
Caroline lo miró con el ceño fruncido, ellos no tenían la culpa; pero su paciencia, en esos días no estaba para reclamos, más todavía cuando no se había reconciliado con Stefan.
—Escuche muy bien lo que le voy a decir porque no lo pienso repetir —habló Caroline entre dientes sin importarle ya su tono—. La única forma de que yo entre a ese auto, es siendo obligada, y si me llega a poner un solo dedo encima, más demoraré yo en informarle a Klaus, que él en hacerles desear no haber tenido nunca esa idea. Ahora apártese de mi camino.
El hombre sin pensarlo dos veces, se apartó y le permitió el paso. No era la primera vez que trabajaba para el Señor Mikaelson, y aunque era un hombre amable con sus empleados, sabía perfectamente qué sucedía cuando se salía de sus casillas. Ya había sucedido anteriormente, cuando un compañero había tomado a la Señorita Rebekah por el brazo, para impulsarla a que caminara más rápido de lo que sus piernas le permitían.
No le había dejado ninguna marca considerable, solo la piel un poco enrojecida, pero al hombre sí le habían quedado recuerdos que el mismo Niklaus Mikaelson, se había encargado de marcarle en la cara con sus propios puños. Haciéndole una seña rápida a su compañero, se dispuso a seguirla a pie, mientras que el otro lo haría en el auto.
Caroline subió a la ruta que necesitaba y el hombre hizo lo mismo. Por simple curiosidad, miró por el vidrio trasero del autobús, y reconoció el auto negro demasiado costoso siguiéndolos de cerca, suspiró y tomó asiento. No podía impedir que ellos la siguieran, y mientras no interfirieran en sus planes para cada día, podían hacer lo que desearan.
Cuando llegó al apartamento de Klaus, fue recibida por Katy, quien la saludó con mucho cariño y le ofreció quedarse para tomar el té. La otra chica, que descubrió se llamaba Gina, la siguió mirando con hostilidad, pero ya no había altivez en su mirada, si no algo parecido a la envidia, no precisamente de la buena, y casi enseguida descubrió el por qué de su cambio de actitud.
—Oh, niña, el Señor Klaus ya me contó la noticia —dijo Katy con una sonrisa en el rostro—. Estoy tan contenta que todavía no lo asimilo bien.
Caroline inmediatamente intuyó, a qué se refería la mujer, y al verla tan emocionada, no fue capaz de hacer un comentario sarcástico. Todos los que lo rodean son personas tan amables que no merecen los dardos que quiero dirigir a él.
Pero cuando Gina pasó y le lanzó una mirada de odio, completó su antiguo pensamiento.
Bueno, casi todos.
—No sé cómo pasó exactamente, pero de un momento a otro terminé comprometida con Klaus —dijo Caroline forzando una sonrisa. Gustosa habría cambiado de puesto con Gina, si tanto deseaba ocupar su lugar en el corazón de Klaus.
La mujer soltó una sutil carcajada.
— ¡Ese es mi niño! —susurró para que la otra chica no la escuchara—. Él siempre tiene lo que quiere. Nadie sabe muy bien cómo lo hace, pero cuando uno menos piensa, se ve haciendo todo lo que él dice.
—Es un manipulador de primera categoría —dijo Caroline más para sí, que para la mujer.
—Solo hay que tenerle paciencia, no me extraña que te hayas enamorado de él en tan poco tiempo, puede ser un chico muy encantador cuando se lo propone.
—Sí, bastante y no te imaginas cuánto lo amo. —Caroline se arrepintió enseguida de su sarcasmo, pero se tranquilizó cuando la mujer sonrió aún más y empezó a servirle la taza. No lo había captado.
Luego de dejarle la caja con las cosas que Caroline le había enviado, y pedirle que le dijera que ahí le dejaba una basura que encontró en su apartamento. Se despidió de ella y se dirigió a un supermercado para comprar los víveres con el dinero que Katherine le había enviado, por los días que había trabajado en MikaelsonWorld.
Todo el tiempo fue seguida por los hombres. Compró lo que necesitaba: comida para ella y Stefan, artículos de aseo personal y una que otra golosina. Cuando se encontraba en la caja registradora, pagando la cuenta, recibió una llamada de Katherine en donde le pedía que se fuera para su casa, para que no estuviera sola esos días.
—Tengo que llevar unas cosas a mi apartamento, tomo algo de ropa y enseguida salgo para allá —propuso Caroline.
Katherine le indicó que ya había avisado para que le permitieran la entrada y la atendieran todo el día hasta que ella llegara, también le dijo que no se preocupara por su padre, pues estaba en casa de los Mikaelson y no regresaría hasta después de que ella llegara. Así lo hizo.
Cuando Katherine llegó, Caroline se encontraba en la sala de estar, viendo en televisión un documental llamado: Problemas y misterios matemáticos sin resolver.
— ¡Por Dios, Caroline! Tantos programas buenos que deben estar dando y tú te concentras en un documental sobre matemáticas. —Tomó el control del televisor y lo apagó
— ¡Oye! Yo no me meto en tus gustos, así que déjame tranquila —protestó Caroline, pero la mujer se limitó a bufar y a arrastrarla a su habitación.
Solo hablaron un momento sobre los regalos de Klaus. Katherine trató de persuadirla de recibirlos, alegando que era el pago por todo lo que la estaba haciendo pasar.
—Me gustan los regalos cuando son de alguien que aprecio, y que sé, son dados con cariño, por cariño —explicó Caroline con el ceño fruncido—, no por querer ratificar su poder sobre mí. Eso no lo voy a permitir. Además, hay regalos de regalos, y los que da tu primo se pasan de tono.
Katherine rodó los ojos y cambió de tema, sabiendo que era un caso perdido.
— ¿Y cómo te la llevas con tus custodios?
—Los soporto, pero no les presto atención —contestó Caroline encogiéndose de hombros.
— ¿Por qué no me extraña que no sean para nada guapos? —preguntó Katherine con ironía.
—Porque obviamente Klaus no quiere hombres guapos a mí alrededor —respondió Caroline levantando los brazos—. Ni siquiera le gusta cuando tu hermano se me acerca. Está totalmente paranoico.
—Deberías aprovecharte de eso para tu propio beneficio —aconsejó Katherine con una mirada pícara dirigida hacia Caroline.
—La verdad no me interesa, solo quiere casarme con él y que nos deje la vida en paz.
—Suerte con eso…
Katherine empezó a hablar sobre otros asuntos, y el tema de Klaus quedó olvidado.
Esa misma noche Caroline conoció al padre de su ahora gran amiga. Alaric Petrova seguía casi igual a como aparecía en la foto en el escritorio de Klaus, solo que con una que otra arruga más pronunciada, sin perder la belleza varonil de su rostro, ni la fortaleza de su cuerpo; pero Caroline pudo notar que algo, que resaltaba en la fotografía, ahora le faltaba a él: el brillo de alegría y las ganas de vivir de un hombre que está verdaderamente enamorado. Ahora su mirada estaba apagada, se veía triste, como si solo siguiera en este mundo, porque sabía que la solución a su sufrimiento, era considerado un pecado ante los ojos del creador.
Para Caroline fue algo difícil de ver, pues ese hombre reflejaba la misma angustia y desolación, que su madre antes de conocer a Zach; en realidad todavía se podía atisbar en sus ojos rastros de ese estado, pero no tanto como a este hombre, que ahora la saludaba con una sonrisa amable en sus labios. Agradeció que él se retirara rápidamente, porque ya sentía su corazón contrayéndose por los recuerdos y la pena.
Cuando se fueron a dormir, Caroline se quedó en el cuarto de Kol como la vez anterior. Tenían habitación de invitados, pero Katherine decía, en tono de burla, que ella era como de la familia, y que a Kol no le importaría que ocupara su habitación, que solo usaba en muy pocas ocasiones.
Luego de recostarse, decidió que hablaría con April la tarde siguiente. No quería que ella se enterara como todos los demás de su matrimonio con Klaus, pues estaba segura que el lunes todos en la compañía lo sabrían.
Katherine le había confirmado que ni April ni Fred, se habían enterado de la declaración de Klaus en su oficina, ya que ellos habían salido por la otra puerta, para organizar unos documentos resultantes de la reunión.
No le importaba lo que nadie más pensara, y estaba segura que si las habladurías se daban, sería sobre un posible embarazo de ella, o cosas por el estilo, y no la típica historia de la secretaria y el jefe. Todos sabían que ella era más una auxiliar que una secretaria, que en realidad nunca se desempeñó en ese oficio, y también que había entrado allí, más por un favor, que por mérito propio o competencia; por lo que no tendría que preocuparse por ser una más en la larga lista de mujeres que terminaban protagonizando esa historia; y que dijeran que estaba esperando al heredero Mikaelson, la tenía sin cuidado, con que Stefan supiera que no era así, le bastaba.
Lo que sí la preocupaba era que no se había reconciliado precisamente con éste último. En la tarde había intentado llamarlo, pero él no contestó a ninguna de sus llamadas; solo minutos después, le había enviado un mensaje de texto diciéndole que estaba ocupado que la llamaba en la noche, pero no lo había hecho, y aunque lo intentó de nuevo, él tampoco respondió.
El que sí llamó fue Klaus, seguramente para saber cómo seguía; pero no deseaba hablar con él, y como sabía que no la dejaría en paz hasta saber de ella, le envió un mensaje de texto, indicándole escuetamente que estaba bien y en casa de Katherine; cosas que imaginó, ya él debía saber.
Derramando algunas lágrimas silenciosas por su situación con su amigo, se quedó dormida luego de decidir que lo intentaría de nuevo al día siguiente.
Cuando despertó, ya Katherine se había marchado al trabajo. Se bañó, se colocó una sudadera color caramelo bastante cómoda, con sus pantuflas de casa, porque no tenía planeado salir hasta la tarde que se reuniera con April. Luego de desayunar, llamó a la chica para acordar una reunión.
—Podríamos almorzar juntas, tengo cita con mi director de tesis apenas salga de trabajar y no me queda tiempo de reunirme contigo —propuso April. Caroline aceptó, y quedaron de encontrarse en una pequeña cafetería cerca de la compañía, pero le pidió que no le informara a Klaus para dónde iba, aunque era de esperarse que él igual se enterara.
Caroline intentó nuevamente llamar a Stefan, pero tampoco respondió, por lo que decidió dejarle un mensaje en el buzón de voz.
Stefan, por favor perdóname. Tú sabes perfectamente que te quiero, eres mi hermano, ese que nunca tuve y lo encontré cuando te conocí. (Larga pausa) No soporto estar así contigo, grítame, dime lo que quieras, insúltame, cualquier cosa, pero no soporto tu silencio. Te quiero. Soy la estúpida de tu hermanita.
Luego de cambiarse de ropa, y colocarse unos jeans una blusa color rojo con manga larga, y una chaqueta también de Jean, se calzó unas flats y se recogió el cabello rápidamente en una coleta.
Salió de la casa de Katherine, indicando que almorzaría por fuera, y como ya esperaba que sucediera, fue seguida de cerca por los dos hombres y el auto negro demasiado costoso.
Llegó a un pequeño establecimiento de solo cinco mesas, y ambiente bastante informal, donde por referencia de April, vendían los mejores almuerzos caseros de todo Londres.
Ya April se encontraba en la primera mesa, ubicada junto a la ventana, y sus dos seguidores se sentaron en una de las dos mesas ubicadas afuera, que quedaba justo del otro lado del vidrio. Las dos chicas se saludaron y ordenaron un almuerzo corriente con Coca-Cola y de entrada unos aros de cebolla.
—Son ideas o esos dos tipos vinieron contigo y uno de ellos se bajó de ese espectacular Aston Martin —comentó April más a modo de afirmación que de pregunta.
¡Dios!
Caroline habría preferido no enterarse nunca de la marca del auto, pues sabía que los Aston Martin, no eran para nada económicos.
¿Acaso no son esos los que usan en los eventos de la realeza?
Prefirió no salir de la duda, y limitarse a explicarle a su amiga lo que sucedía, o al menos la versión que le debía dar.
—Tengo que contarte algo que… sé es un poco extraño… —dijo Caroline indecisa, no de contarle a April, sino de cómo empezar.
—Care, me estás asustando, ¿sucede algo malo? —preguntó April con evidente preocupación.
Decidiendo que era mejor hacerlo como las enfermeras con las curitas*, soltó la parte principal de la historia, sin compasión.
—Me voy a casar con Klaus —dijo tan rápidamente que April se la quedó mirando confundida.
— ¿Cómo? Repite, porque no te entendí bien —pidió April, espabilando rápidamente y moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Que me voy a casar con Klaus.
— ¿Qué Klaus?
—Tu Klaus, mi Klaus… el Klaus de ese edificio —respondió Caroline señalando los últimos pisos de MikaelsonWorld, que se podían ver desde ahí.
April abrió desmesuradamente los ojos y tomó aire sin ser muy consciente del hecho.
— ¡¿Qué?! —gritó April casi levantándose de la silla.
Los dos hombres fuera del establecimiento, se levantaron rápidamente, Caroline les hizo señas para que se sentaran de nuevo y prefiriendo dejar a su amiga solo un momento para que asimilara la noticia, se levantó de su silla y se acercó a ellos, para indicarles que pidieran algo para almorzar, y que ella lo costeaba si era necesario.
—Muchas gracias señorita, pero almorzaremos cuando regresemos a casa, no podemos descuidarla por estar comiendo —explicó Alex.
—No importa, es mi culpa por no avisarles que saldría, por favor pidan algo, así sea un refrigerio —pidió Caroline con una sonrisa. Sabía que la cantidad de comida ingerida por un hombre era abundante, más en unos del tamaño de ellos, y pensar que por capricho de Klaus ellos tendrían que esperar para almorzar no la hacía muy feliz—. Yo no tengo enemigos, esto es solo, una necedad, háganme feliz… por favor.
Los hombres se miraron y luego la miraron a ella.
—Tenemos dinero, muchas gracias por el ofrecimiento, enseguida pediremos algo —dijo Dacre con una sonrisa amable que hizo que sus facciones se suavizaran un poco.
Caroline le sonrió de vuelta y regresó a la mesa, donde April miraba atónita la pared lateral.
— ¿April…?
—No entiendo, tú lo odiabas, ¿cómo…? No entiendo.
Caroline suspiró y se dispuso a contar la historia que ahora tendría que relatar una y otra vez, a varias personas.
—Supongo que las cosas son así —contestó Caroline. Se mordió el labio dándose cuenta que debía ser más convincente—. Yo no lo odiaba, solo era que no sabía cómo actuar o reaccionar ante un hombre que me gustaba tanto.
—Eso no tiene sentido, Caroline —refutó April.
— ¡Sí lo tiene! Recuerda que soy menor que tú —explicó Caroline—. Vengo de un pequeño pueblo de Estados Unidos, los únicos hombres con los que me he rodeado son mis profesores y compañeros de clase; el único realmente guapo que he conocido en mi vida, antes de venir aquí, es Stefan, y sabes cuáles son mis sentimientos hacia él. Entonces, llego aquí y encuentro a un hombre como Klaus: hermoso, encantador, seductor y que aparte de todo se interesa por mí. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Abrirme de piernas y proclamarle amor eterno desde un comienzo? Yo no tengo experiencia con hombres y mucho menos de la clase de él; estaba asustada y su insistencia me confundía más; no sabía si quería solo estar conmigo como un pasatiempo, o en realidad deseaba algo serio.
April se la quedó mirando por unos momentos, analizando las explicaciones de Caroline, y cuando consideró que eran totalmente justificadas, una sonrisa se extendió por su rostro, y la emoción se reflejó en sus ojos.
— ¡No lo puedo creer! Caroline, te vas a casar con Niklaus Mikaelson, presidente de MikaelsonWorld.
—Qué emoción, ¿cierto? —habló Caroline con claro sarcasmo, pero April no lo notó.
—Pero, cuéntame cómo fue, cómo te propuso matrimonio. ¿Fue romántico? ¿Con velas y todo eso? ¿Y el anillo? —April empezó a buscar con la mirada en la mano de la chica.
Esas eran las preguntas que Caroline no quería responder, pero recordando cómo solucionaban en las películas estas situaciones, logró formar su respuesta.
—Fue algo muy privado —dijo Caroline forzando una sonrisa—. Klaus es un hombre… peculiar, y de esa misma forma fue su propuesta de matrimonio.
— ¿En serio?
—Sí, un día llegué a la oficina y me dijo: Caroline, o te casas conmigo, o arruino a tu familia —dijo Caroline tratando de imitar la voz de Klaus y luego continuó encogiéndose de hombros—. Y no me tocó de otra que aceptar.
April miró con los ojos muy abiertos, y enseguida soltó una fuerte carcajada.
— ¡Eso es tan típico del Señor Mikaelson! —exclamó entre risas. Era claro que no le había creído una sola palabra.
Caroline sonrió por la risa contagiosa de la chica y miró hacia la mesa donde estaban los guardaespaldas, que se encontraban comiendo unos sándwich con lo que al parecer era jugo de naranja.
La charla continuó con las típicas preguntas a una amiga que se va a casar, pero Caroline las evadió eficazmente, alegando además que no había anillo porque aún no había hablado con Stefan, y como no le gustaban mucho las joyas, lo más seguro era que no lo aceptara. April al notar la renuencia, intuyó que se sentía apenada por la situación, y cambió de tema para no hacerla sentir incómoda.
Cuando ya estaba de regreso a la casa de Katherine, Caroline recibió un mensaje de Texto.
He preguntado por ti a Katherine todo el tiempo, pero le he pedido que no te diga nada.
Lo eres todo para mí, mi vida, mi niña, esa a la que deseo proteger.
Nos vemos mañana al medio día.
Te quiero mucho.
Stefan.
A Caroline se le llenaron los ojos de lágrimas por las palabras de su hermano, pero la preocupación y la angustia la agobiaron de nuevo; ya no habría viajes, ni nada que impidiera que Stefan se enterara de su matrimonio con Klaus.
Solo era cuestión de horas para descubrir cuál sería la reacción de Stefan, y ella estaba segura, que no sería nada buena.
¡Hola! ¡Feliz Navidad!
De antemano pido una disculpa por los errores de adaptación que pude haber cometido. ¿Qué les pareció el capitulo? La boda cada vez esta más cerca. En el próximo capitulo estará la tan esperada platica con Stefan ¿Cómo creen que reaccione?
Déjenme sus reviews, platicándome que les pareció.
Nos leemos pronto.
Un abrazo.
