XI.- UN POQUITO DE HISTORIA DEL HOMBRE…
El sol nos descubrió durmiendo rendidos, abrazados en la cama.
-Ha sido la mejor primera vez de mi vida… dije con un ligero, aunque varonil, suspiro de satisfacción.
-¿Entonces, tú…?
-Nunca… En serio…
Hmm… nunca hablo de esas cosas, pero, una vez tuve una novia, era asiática, Laura, éramos compañeros de colegio, debíamos conocernos mejor, pero en ese tiempo, yo solo pensaba en deportes extremos como Josh Macgrath y por otro lado comenzaba mi carrera de Max Steel.
Luego, me sentí atraído por una compañera de trabajo, Rachel Leeds, era mi agente entrenadora, aguerrida y autosuficiente, algo parecida a tí… cuando me animé a besarla, mi novia lo supo y me dejó, y a Rachel la transfirieron, nunca la volví a ver… tal vez mi padre se asustó porque ella era mayor, no sé…
-¿Tu padre? ¿Aún vive Jim MacGrath?
- No, mi padre adoptivo, Jefferson Smith, el jefe de Ntek, era buena gente, aunque algo estricto.
Algunos recuerdos se asomaron a mi mente, borrosos – Cómo me gustaría que hubieran hecho una encarnación vinílica de Berto, mi mejor amigo, nos criamos como hermanos…
-En el fondo, era bien dura tu vida en la base, con razón te aburres tanto aquí…-dijo Ángel con una extraña expresión de tristeza y culpa en su bronceada tez- Si quieres, te dejo solo un ratito, voy a bañarme – agregó, aún con esa expresión contrita en su cara, se embutió en la bata y se alejó con paso cansino y desgarbado, algo atípico en su persona.
-Espera – le dije – yo también quiero bañarme, y bañarte… ¡Será muy entretenido!
-¡Uy!- volvía a ser la muchacha de siempre- ¡primero tendrás que pillarme!- agregó, mientras agarraba trote y su batita aleteaba contra sus piernas.
Luego de un baño, para el cual solo se me ocurren buenos calificativos terminados en "oso", como espumoso, resbaloso, pegajoso, caluroso, sabroso… nos sentamos como gente normal a programar nuestro día y tomar nuestro habitual desayuno, algo menos eficiente que otros días, (a pesar de estar hecho a cuatro manos) y mirarnos el uno al otro como bobalicones.
Ángel se arreglaba el cabello con su femenino gesto típico, cuando sus ojos volvieron a ponerse muy serios y me preguntó:
-¿Te gustaría volver a tu vida anterior?
-¿Volver a ser agente, o al menos ser el juguete de un niñito y vivir emocionantes, peligrosas y ficticias aventuras?
Me quedé pensando un ratito, lo reconozco, rememorando toda mi preparación previa para ser un juguete masculino…
- No se si tanto, pero me gustaría bastante tener algo en que aprovechar mi fuerza y músculos…
- Ah…. ¡Eres un presumido!, ¡Hablo en serio!
- ¡Es verdad!
-Bueno, tienes gimnasio, playa, piscina, tenis, golf… y otras cosas.
-Hm… puede ser, puede ser, eso último me gustó…
-¿Qué cosa?
-Esas "otras cosas"- dije con mis manos resbalando bajo el mantel hasta sus rodillas.
-¡Caramba, niño! ¡Mira la hora que es! Hoy llega un cargamento de juguetes surtidos y debo supervisar por si viene alguna muñeca o algún peluche que necesite limpieza o arreglo… - dijo dando un respingo - ¿Me acompañas?
-¡A su orden, jefa!, dije cuadrándome.
-¡Era una pregunta! (dijo molesta)
-Bien, expresémoslo así: No se me ocurre mejor panorama que mirarle las piernas a mi jefa, mientras ella escribe en su libreta y yo hago de burro de carga levantando pesados didácticos para bebés humanos…
Apenas alcancé a terminar esta frase cuando recibí un carterazo en la mitad del pecho, así que obré en consecuencia y me defendí estirando el brazo y cogiendo lo que me quedara al alcance de la mano. Ángel gimió, enrojeció y toda furiosa y muy tiesa se paró de la silla y sin decir palabra se alejó rumbo al auto.
-¡Espéreme, jefa!
-¿No necesitabas ejercicio?- dijo malignamente- entonces, ¡sígueme al trote! - y dicho esto, apretó el acelerador a fondo…
Me lo merezco, pensé, mientras agarraba mi mejor ritmo para poder siquiera vislumbrar la cola del auto y no perderme.
¡Fue un buen desafío! – dije al llegar junto al convertible, que estaba estacionado junto a una gran caja de cartón prensado- mientras, disimulaba mi respiración algo agitada. Mis nanobots estaban famélicos, así que disimuladamente conecté un cable a la batería del auto. Ahora veremos a quien le toca caminar… je, je, je.
Pero mis presunciones de ver a Ángel trotando a mi lado se derrumbaron por los acontecimientos… uno de los juguetes resultó ser un maltrecho caballito para muñecos de 12 pulgadas, que adoró a Ángel a primera vista y relinchando la invitó a saltar a su lomo.
-¡Eres precioso! - le dijo al caballo – solo te falta algo de aseo y mimos – agregó mientras le acariciaba la maltrecha crin y las orejas.
-¡Kyle, creo que volveré en "Febo"!
¡Tú puedes usar el auto! ¡Lo necesitas después de ese trote!
Y se alejó al galope…
¡Grandioso! ¿Y ahora de donde iba a sacar carga para la batería? Recordé que el taller de Brooke no estaba lejos, ojala se encontrara en casa…
Y ahí estaba el rey de la colina, secándose el lubricante de las manos, mientras conversaba animadamente con el objeto de sus afectos, la que lo miraba de cuando en cuando, rasgando distraídamente su guitarra.
¡Kyle! ¿Que te pasó? ¿Pana del tonto? Pareces exhausto – dijo Brooke, mientras yo dejaba de empujar el convertible y me apoyaba en él para tratar de recuperar el aliento.
La vivaz Verónica me acercó un vaso de agua - ¡Batería! – musité, mientras les mostraba el enchufe.
-¿Para el auto?
-¡Ambos, por favor! Dije enseñando el cable retráctil de mi muñequera.
Cuando por fin llegué, Ángel estaba bañando y cepillando al caballejo con esmero.
-¿No es precioso?
Sin embargo con el pasar de los días, me di cuenta que mis esfuerzos por encontrar antipático al animal, eran infértiles y empezaba a simpatizarme un poco.
Además, a pesar del gran amor y las cosas esperanzadoras que día a día le decía Ángel, nadie parecía sentir interés en comprarlo, ya que al preguntar si era Mattel, respondíamos sinceramente que no, y perdían todo deseo de adquirirlo, y eso me provocaba algo de lástima.
Mi jefa daba largos paseos en "Febo", como insistía en llamarlo, y hasta colaboró en la reimplantación de crines y tusa a la que fue sometido. Era muy agradable verla llegar, sonrosada y con el pelo flameando al viento. No podía culpar al caballejo por mirarla con adoración, creo que yo también estaba cayendo en su embrujo.
