DISCLAIMER:
Esta historia está basada en el cuento "EMBRUJO", que se publicó en la revista "ROMANCES", del mes de julio de 1951, escrito por la autora CARMEN G. GONZÁLEZ DE MENDOZA, conocida también, como MARIA DEL CARMEN GARRIDO (wikipedia)
Los personajes del manga y anime "INUYASHA" pertenecen a RUMIKO TAKAHASHI.
De la colección de revistas "ROMANCES" de mi Abuela, esta segunda adaptación, que espero que les guste...
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Según Jaken, Sesshomaru había salido de madrugada, en una de sus usuales cacerías, pero algo encendió las alarmas de su instinto, pues bien sabía que Kagome tenía planes de irse ese día con ellos, a la mansión de sus padres en Sapporo, y que era algo inusual que no se quedara, mínimo, a despedirla.
Avanzo en silencio por los pasillo de la Casa de la Luna, meditabundo, hasta la habitación de Kagome para ver si estaba lista y bajar a desayunar, no le había quedado más opción que mentirle.
_ … Seguramente él hubiera querido estar contigo durante la mudanza, pero también opino que ha sido más inteligente al darse espacio, así que no te preocupes, ya que ha dejado razón de que ira a visitarme cuanto antes…
Kagome no sospechaba que su amigo estaba haciendo todo para que no pensara mal de Sesshomaru, aunque él mismo sintiera, desde que Jakotsu le hablara la noche anterior del embarazo de Kagome, que una enorme bomba estaba a punto de explotarles en las manos, y que era su deber seguir protegiendo a su amiga.
Habían desayunado en compañía de Lady Izayoi, que estaba triste por la partida de Kagome, pues en el corto tiempo de su estadía en la Casa de la Luna, había llegado a quererla sinceramente, deseando con todo su corazón, que Sesshomaru la eligiera como la siguiente Lady del Oeste, lamentando con todo su corazón, que no hubiera aparecido antes en la vida de su hijo y haber podido conocer a los hijos de ambos.
Kagura también estaba presente, aunque en silencio, mirando en ocasiones a Kagome y a Bankotsu, que solo le prestaba atención a su amiga, y aunque los celos querían salir a flote, su ambición los ahogaba dentro de sí, pues con Sesshomaru lejos de ella, volvería a recuperar el terreno perdido, meterse de nuevo en él y conquistarlo para sus propositos egoistas.
*O*O*
_ Ha sido un placer haber sido su huésped Lady Izayoi, mi estadía en la Casa de la Luna ha sido de ensueño, además del honor de haber compartido tiempo de calidad con usted y Sesshomaru sama…
_ Para mi es motivo de tristeza el que tengas que dejarnos, y aunque no viajas tan lejos y podré visitarte cuantas veces quiera, me había acostumbrado a tu presencia y a tu hermosa compañía, ojalá pudiera convencerte de quedarte más tiempo a mi lado…
Kagome la abrazo enternecida, pues pesar de lo inevitable de su muerte, sabía que al enterarse de que tendría un hijo de Sesshomaru, se iría feliz al otro mundo, pues en este, su hijo y ella estarían acompañandolo siempre.
Su amigo la ayudó a subir al helicóptero y mirando su sonrisa de siempre, se sintió feliz de que la discusión de la noche anterior, no hubiera repercutido en su amistad, realmente se preocupaba por, pues lo quería demasiado, pero entendía que Bankotsu era un hombre y ella no tenía que meterse en sus decisiones, si no apoyarlo siempre que fuera necesario.
*O*O*
Sesshomaru había corrido toda la noche a través de paisajes nevados, bosques y montañas cubiertas de blanco, en un intento desesperado de olvidar la mirada de dolor y desolación con que lo vio Inuyasha antes de lanzarse al vacío.
La burbuja de cristal se había roto, los momentos vividos con Kagome se esfumaron, dando paso al dolor que había intentado ignorar ese tiempo.
Ella lo había convertido en aquel despojo que se quitó la vida ante sus ojos.
La amargura y el coraje, lo hicieron dar vuelta y regresar furioso, a la Casa de la Luna, pues estaba dispuesto a señalarla, humillarla y avergonzarla frente a todos, con la firme intención de hacerla perder a aquellos a los que decía querer como familia propia, tal como ella lo había hecho al arrebatarle a su hermano, y en consecuencia, a la que había sido su madre.
No quería volver a tenerla entre sus brazos y olvidar aquella venganza que lo hizo salir del dolor en el que se había sumergido desde la muerte de su único hermano.
Pues de ser así, estaba seguro de admitir que había caído en su Embrujo, y perdonarla por todo.
Había entrado a la mansión y estaba a punto de subir la elegante escalinata, cuando su madre se lo topo.
_ ¡Oh Sesshomaru! haz vuelto, de haber sabido que no tardarías tanto en tu excursión, le hubiera pedido a Kagome, Bankotsu y Jakotsu, que nos acompañarán a cenar antes de marcharse, así hubieras podido despedirte.
Entonces se dio cuenta de que en medio de su ofuscación, no se había dado cuenta de que el aroma de Kagome, ya no estaba latente en aquel lugar, quedando solo vestigios de su presencia en aquella mansión.
"Sesshomaru, hermano, perdóname:
Ya la vida venía siendo aborrecible para mí desde muchos años atrás… pero ella terminó de arruinarla para mi, pues mi amor por ella, lejos de brindarle paz y hacerme ver lo bello de la vida, solo ha logrado que la pasión me lleve al arrebato, que mi espíritu se contamine en sed de destrozarla… y al no poder domeñar estos sentimientos, he pecado en contra de lo único bueno que conservaba en mi vida, tus enseñanzas y ejemplos, convirtiéndome en el ser más ruin del universo."
Aquel fragmento de la carta que tenía apretada en mano, se repetía en su memoria, mientras resoplaba una y otra vez tratando de no perder la poca cordura que lo mantenía anclado a la realidad.
Retuvo el aire en sus pulmones lo más que pudo, cerrando los ojos, mientras peinaba su largo cabello plateado con sus dedos, echándolo hacia atrás, mientras su mente jugaba con él una última vez, imaginando la piel cremosa de Kagome entre en sus brazos.
Soltó el aire muy despacio, su ritmo cardíaco había vuelto a la normalidad, aquella en que ya no era la "bestia" incontrolable, si no el más perfecto depredador de la historia: Lord Sesshomaru.
Tomo su celular y entrando a Line, le envió un mensaje de texto, uno que nada tenía que ver con lo que estaba sintiendo en realidad.
"Sesshomaru:
No quise irme sin avisar, pero pense que estaria a tiempo para acompañarte a Sapporo… esta noche te extrañare entre mis brazos…"
Pasaron solo pocos segundos, antes de que Kagome viera aquel mensaje y le escribiera una respuesta, sintiendo crecer el silencio a su alrededor, mientras la pantalla indicaba que ella escribía."
"Kagome:
Yo comence a extrañarte desde el momento en que puse un pie fuera de la Casa de la Luna… Necesito verte pronto…"
Texteo lo más rápido que su celular se lo permitió, antes de arrojarlo al sofá en su habitación, lejos de él.
"Sesshomaru:
Cena. Mañana. 8pm. Buenas Noches…"
Se paró frente al ventanal en su habitación, una nueva tormenta invernal soplaba con fuerza, nada se veia mas alla de aquel cristal en el que su rostro perfecto se reflejaba con un rictus de dureza.
El Perfecto asesino, tal como significaba su nombre, estaba listo para acabar con su presa.
Habían llegado al helipuerto de uno de los edificios de la familia Yoshida en Sapporo, y Jakotsu había propuesto casi de inmediato que antes de ir hacia la mansión, pasaran primero con un Ginecologo para que revisara a Kagome y así se dedicara a descansar con tranquilidad el resto de la tarde.
Bankotsu estuvo de acuerdo y Kagome sentía su corazón inflamado de orgullo, pues estaba segura de que los dos serian un par de tíos bastante atentos.
Así que después de marcarle a Suikotsu para que les recomendará al mejor de la ciudad, se dirigieron con uno que se especializaba en partos humanos, youkais y hanyou.
Bankotsu estaba sentado en la sala de espera de aquel lujoso consultorio, esperando a que Kagome fuera atendida en completa tranquilidad y privacidad, cuando recibió un mensaje de Kagura que quería saber cuando iban a poder verse.
Apoyó su mano en un puño sobre su boca, en un gesto pensativo pues ella era otra "situación" que solucionar cuanto antes, pues no había tenido tiempo de siquiera pensar lo que estaba pasando entre ellos dos.
_ ¿En qué piensas?... estás demasiado pensativo…
Jakotsu había salido del consultorio después de que el médico revisará a Kagome, permitiéndole vestirse con tranquilidad.
_ No sé a ti, pero a mi no me dio buena espina que Sesshomaru desapareciera justo antes de que Kagome se mudara con nosotros…
Jakotsu se sentó visiblemente incómodo frente a su hermano.
_ ¿Tu crees que sospeche algo del embarazo de Kag?...
El moreno lo vio fijamente, con unos cargados de genuina preocupación.
_ El aniversario de la muerte de Inuyasha es mañana… me preocupa su estabilidad emocional, para un youkai de su estatus no debe ser muy difícil averiguar que tuvo que ver Kagome en la historia que culminó con la muerte de Inuyasha…
Jakotsu se sentó al borde del asiento, acercándose lo más que pudo a su hermano para hablar casi en secreto.
_ Pero tu me habías dicho que Inuyasha jamás le había dicho nada acerca de ella…
_ Siempre lo he creido, pero yo conocía más a Inuyasha que tú, y sé cómo su entusiasmo se desbordaba siempre que hablaba con él, contándole en ocasiones, cosas que él mismo quería ocultar de sí… su relación con su hermano siempre fue de absoluta confianza, hasta que ella se cruzó en su camino…
Ambos guardaron silencio, sumidos cada uno en sus recuerdos, que no vieron llegar a Kagome, hasta que ella estuvo justo frente a ellos, sosteniendo su abrigo en su costado, mientras llevaba en su otra mano una carpeta donde estaba su ultrasonido, recetas medicas e indicaciones para la mama primeriza.
_ Si esa cara de preocupación tienen durante mi primer ultrasonido, no quiero imaginar como estaran el dia que dé a luz…
Ambos voltearon al mismo tiempo, sintiendo también por igual, una enorme ternura en sus corazones al ver la sonrisa enorme y de hermoso brillo maternal, en el rostro de aquella que querían como una hermana.
Jakotsu la abrazó sintiendo que algunas lágrimas se agolpaban en sus ojos, "Kami, ella menos que nadie merece sufrir, Kagome solo merece felicidad y amor…"
Aquel simple deseo venía desde el fondo de su corazón, pues bien sabía con cuánto sufrimiento había cargado en su vida aquella Diva de la Ópera, de la que todos creían, que su vida solo era un hermoso cuento de color rosa, cuando la realidad era otra y tras bastidores se ocultaba una triste verdad.
_ Ya, ya, no te pongas sentimental porque me haras llorar…
La voz de Kagome se quebraba, pero la sonrisa no abandonaba su rostro.
_ Cuentame, ¿que te ha dicho el médico?...
Platicaron largo y tendido mientras viajaban en la camioneta que los llevaría hasta la mansión Yoshida.
El bebé comenzaba a formarse en el vientre, y según el médico, sería un bebé bastante fuerte pues su energía youkai comenzaba a sentirse y los latidos de su corazón daban prueba de ello.
_ El médico dijo que podía seguir tomando el té de hierbas que me dio Ayame para ocultar el aroma de mi embarazo, pero que este se delataria sobre todo con el padre, por lo puro y fuerte de su energia… asi que he tomado la decisión de decirle a Sesshomaru en cuanto lo vea.
Si Kagome no hubiera sido una sencilla humana, se hubiera dado cuenta de cómo el corazón de ambos comenzó a latir de manera mas rapida, delatando su nerviosismo frente a ella, aun con el rostro sereno que ambos aparentaban, a pesar de estar seguros los dos, de que tenían el agua hasta el cuello.
Tenían que actuar de inmediato.
Habían pasado el resto del día en completa tranquilidad, disfrutando de las comodidades y la belleza de la mansión Yoshida, y a la hora de la cena habían disfrutado juntos, en honor a la partida de Suikotsu, ya que regresaba al día siguiente a Tokio y de ahí partirá a Londres.
Kagome siempre había pensado que su padre seguramente había sido como Suikotsu cuando era joven, pues sus personalidades nobles y pacíficas, eran muy similares.
En cada oportunidad o descuido de Kagome, Bankotsu había intentado comunicarse con Sesshomaru, pero después de muchos intentos simplemente su llamada pasaba directo al buzón de voz.
Después de cenar se excusó por unos momentos y fue a la que era su oficina dentro de aquella mansión, y después de pensar y pensar, y de beber de golpe un trago doble de whisky, se sentó ante su computadora donde escribió una sencilla frase al darse cuenta de que era incapaz de contarle toda la verdad a su mejor amigo por ese medio:
"Sesshomaru:
Es necesario que hablemos cuanto antes sobre lo que paso con Inuyasha antes de morir…
Bankotsu"
Sabía que era algo demasiado escueto y sin dejar lugar a interpretación, pero era mejor asi, asi sabria directamente de él, aquella historia que venía guardando desde aquella triste época en que Inuyasha, Kagome y él, vivieron en Nueva York.
*O*O*
Sesshomaru no había escuchado su celular, pues este había quedado en su habitación desde que le había mandado el último mensaje a Kagome, pues se había encerrado en su cuarto de Música a beber y tocar el piano, por lo que restaba de la noche.
Los sirvientes que pasaba frente a aquella habitación o alcanzaban a escuchar las perfectas notas de aquel piano, sentia un escalofrio subir por sus espaldas, como una premonición, o el presentimiento de una fatalidad.
"El tiempo había pasado y la vida de Inuyasha en Nueva York había sido fructífera, hablando con regularidad a su madre y a su hermano, contándoles de su trabajo, enviándoles los artículos publicados por revistas como Time Magazine o periódicos de renombre en Estados Unidos o Londres.
Por primera vez en mucho tiempo Sesshomaru se sentía tranquilo y orgulloso de él, pues sentía que por fin había superado aquel enorme complejo que le había acarreado el simple hecho de haber nacido hanyou en una época con miles de prejuicios en contra de ellos.
Llevaba una vida social activa, incluso de había enamorado por primera vez y no hacia mas que hablar de lo perfecta y hermosa que era 'ella', una cantante de Ópera que apenas comenzaba a tener fama en Estados Unidos.
Sabía que Bankotsu y su hermano menor vivían también en Nueva York, y aunque a veces se había visto tentado en pedir referencias de aquella tal Kagome LeBlanc, sabía que su hermano jamás le perdonaría el ser tratado con aquella desconfianza de su parte, así que solo conocía de aquella mujer lo que su hermano le contaba o lo que escribian de ella los pocos artículos que hablaban de ella a nivel internacional.
Pero de pronto el silencio comenzó a crecer entre ellos dos, Inuyasha ya no le hablaba de 'ella' más que lo indispensable, siempre a la defensiva de cualquier crítica que pudiera venir de él.
_ Yo la amo y me casare con ella…
_ Entonces tienes que traerla a Japón para que mi madre y yo la conozcamos, el hecho que sea una artista no es un impedimento en tu unión, siempre y cuando haya amor…
_ ¡No!... no, prefiero que nos casemos aquí, ella no esta comoda con el hecho de que sea un principe y menos el tener que viajar hasta Japón…
Sesshomaru se sintió molesto e irritado con aquella mujer aun sin conocerla.
_ Entonces dame la fecha de tu boda y Madre y yo viajaremos en secreto para estar contigo y asi sea tu boda en privado, como tu quieres…
Pero una vez más su hermano se había negado… bien sabía Sesshomaru que algo ocultaba y poco a poco lo estaba haciendo perder la paciencia.
_ ¡Deja de meterte en mi vida Sesshomaru! comprende que ya no soy aquel apestado al cual has tenido que proteger… ahora tengo una bella mujer que me ama por quien soy, una vida estable lejos del arcaico y prejuicioso Japón, y mi deseo, así como el de ella es que deje atrás aquella vida que solo me hizo infeliz y desgraciado.
Sintió algo romperse en su interior, pero el orgullo de Sesshomaru pudo más que aquello que había comenzado a doler profundamente, juzgandolo caprichoso y malagradecido, pues se había olvidado de lo mucho que había sacrificado por él.
_ ¿Entonces reniegas de ser un Taisho?... bien…
Colgó aquella amarga llamada, no quiso escucharlo más, que se quedara con aquel 'dichoso amor' que lo había hecho renegar de su familia.
En esos momentos no sabia cuanto se arrepentiría de no irlo a buscar y zarandear su cuerpo hasta hacerlo entrar en razón"
*O*O*
El sol entraba por la habitación que era de Kagome en la mansión Yoshida.
Había dejado de nevar y eso la puso feliz en cuanto sintió el calor del sol en su rostro, pues sin abrir los ojos aun, sabia que ese sería un hermoso dia pues vería a Sesshomaru y al fin le daría la noticia de su embarazo.
Aun acurrucada entre el calido edredon, negándose aun a despertar, busco su vientre, con una sonrisa que no se iba de su rostro, abrazándose a su cuerpo, imaginando a su hijo entre sus brazos.
"Yo se que tu padre se pondra igual de feliz, al saber de ti…"
Pero sus pensamientos no pudieron ir más allá, y abriendo los ojos sorprendida, se levantó de prisa, pues unas terribles nauseas amenazaban con hacerla vomitar ahí acostada, si no corría de inmediato al baño.
_ Buenos días nii-san… ¿Kagome no ha bajado a desayunar?.
Bankotsu había despertado temprano, intentando comunicarse con Sesshomaru prácticamente desde que abrió los ojos, siendo en vano sus intentos.
_ La doncella me ha informado que se siente indispuesta, pues al parecer los malestares matutinos han comenzado.
Jakotsu bebió su taza de café lo más aprisa que pudo para subir a confortar a su amiga, pensando en lo atinado que había sido el pequeño bebé, pues de haber comenzado con las nauseas en la Casa de la Luna, a esas alturas no sabia que problemas se hubieran desatado.
Kagome había comido el desayuno ligero que Jakotsu había ordenado para ella y el resto del día se había dedicado a dormir, pues se había sentido cansada y somnolienta la mayor parte del dia.
Pero al atardecer, sintiéndose ya mejor, se había levantado con renovadas energías y se había tomado un relajante baño, arreglándose lo más bella que pudo con un encantador vestido color blanco, dejando su cabello suelto y reluciente, maquillándose ligeramente.
Los hermanos Yoshida sabían que se reuniría con Sesshomaru y muy sutilmente habían tratado de aconsejar a Kagome de no decirle nada aún de su embarazo, que continuará bebiendo el té que Ayame le había recomendado.
Pero los planes de Kagome eran otros, y mintiendoles, les había asegurado que había bebido una taza apenas minutos atrás.
No se sentia comoda haciendolo, pero estaba segura que aquel comportamiento sobreprotector de ambos se debía solamente al miedo de un posible rechazo por parte de Sesshomaru.
La limusina había pasado por ella justo a las ocho de la noche como habían quedado y de inmediato fue llevada al helipuerto más cercano, pues la cena no sería en la ciudad, si no en un lugar especial, tal como le había mandado decir Sesshomaru con su sirviente.
Voló cerca de media hora, y durante el trayecto solo pensaba en cómo había evolucionado la relación de lo dos, hasta llegar a ese punto.
Lo había juzgado extraño y más aún, después de que le dijera odiar a todas las mujeres, sintiéndose ella misma aborrecida por él, sintiendo en su gélida mirada de oro fundido el sentimiento de odio en cada palabra dirigida hacia ella.
Pero después de la plática que había tenido con Kagura en la biblioteca, había comprendido muchos aspectos de su personalidad, siendo ese mismo día, cuando la coraza de dolor y resentimiento que Sesshomaru cargaba a cuestas, se había resquebrajado, abriendo su corazón a ella.
Por eso no tenía miedo, sabía lo mucho que había cambiado por ella, así que estaba mas que segura de que amaria al bebé que crecía en su vientre.
Sesshomaru encendía la chimenea mientras miraba a su alrededor, aquel mirador daba un aspecto perfecto después de ser decorado con decenas de flores y de velas.
A Través de los enormes ventanales se dejaba ver la hermosa montaña cubierta de nieve por la que se deslizaba cuando aún esquiaba.
Despegó la mirada de aquella absorbente vista, pues había escuchado el helicóptero que estaba a punto de llegar, con Kagome en él.
Al fin había llegado la hora de completar su venganza.
_ Gracias Jaken sama…
Kagome sonrió adorablemente al fiel sirviente, que un poco consternado devolvió una pequeña sonrisa mientras se inclinaba educadamente, indicando el camino a seguir.
Sabía que algo demasiado perverso estaba por suceder, si su amo la había citado en ese lugar, aquel donde precisamente su alma había muerto junto con el amo Inuyasha.
No lo creía capaz de cometer una locura como asesinarla, lo conocía demasiado bien.
Pero también estaba muy conciente que había peores formas de acabar con una persona, y aquella señorita de alma noble y frágil era la victima perfecta en la que su amo descargaria su dolor y frustración.
*O*
_ Bienvenida…
Sesshomaru había abierto la puerta de aquella cabaña que hacía de mirador y parada para los esquiadores de su familia.
Lucía elegante con su traje de marca de tres piezas, color negro; su largo cabello estaba trenzado y una galante e invitadora sonrisa, sugeria la "perfecta" noche que sería.
Kagome tomo su mano, mientras un sonrojo adornaba sus mejillas, siendo atrapada entre sus brazos para recibir un beso que la dejó sin aliento.
La cena fue descartada, en esos momentos el aroma de Kagome lo había embriagado y su pasión se había disparado con aquel beso.
_ ¿Confias en mi?... esta noche te tomaré a mi manera…
Kagome respiraba entrecortadamente mientras su corazón latía con fuerza, asintiendo apenas, mientras abría sus ojos y lo veía, confiada y enamorada.
Se abrazó a su espalda, tomándola de la cintura al mismo tiempo que sus labios atacaron su cuello, besándolo con pasión.
Su erección se restregaba entre las redondas nalgas de Kagome, que se empujaba más hacia él, en un reflejo ante las caricias de su cuello.
La mano masculina que no estaba sujeta a su, aún estrecha cintura, bajo por sus caderas, deslizándose suavemente, acariciando apenas su pelvis, buscando aquel cálido espacio entre sus piernas en el cual su mano se posara, antes de comenzar a masajear de manera tortuosa.
El cuerpo de Kagome era lava pura, los gemidos de su boca salian sin darse cuenta, hasta que de repente se encontró frente a una cama cubierta con el edredón más blanco que hubiera visto, con pétalos de rosas rojas encima de él.
Sesshomaru dejó de acariciarla para poder desnudarla y ella se dio vuelta para poder besar su cuerpo también, pero esa vez, él no la dejo.
_ A mi manera… ¿recuerdas?.
Una promesa había sido hecha, Sesshomaru marcaría la pauta esa noche.
Como un prestidigitador, sacó un pañuelo de quien sabe donde, y después de acariciar los senos desnudos de Kagome, con la suave seda, vendo sus ojos.
El cuerpo de ella por un momento se tenso, recuerdos tristes querían salir a flote, pera la grave voz de Sesshomaru la trajo a la realidad.
_ No temas, con esto, tus otros sentidos se magnificaron… sobre todo el del tacto.
Una caricia que fue de su trasero hacia sus senos, hizo que la humedad en la intimidad de Kagome, aumentará y se diera cuenta de ello.
El no saber como seria acariciada aumentaba la carga sensorial, el masculino aroma de Sesshomaru la seducía, el tenue calor que su cuerpo, ya desnudo, despedia, lo sentía por su sensibilizada piel.
Si el placer ya recibido por él, de por sí era demasiado bueno, aquello estaba haciendo volar su cabeza.
La recostó sobre la cama, los pétalos de flores eran una nueva sensación sobre su piel, al mismo tiempo que su oído estaba al pendiente de él.
El peso sobre el colchón, indicaba que estaba junto a ella y una fresa en su boca le supo a gloria.
Sesshomaru definitivamente sabía lo que hacía.
Tomo sus brazos, impidiéndole abrazarlo, sujetándolos por encima de ella mientras besaba y lamia sus senos.
Una nueva sensación: una suave cuerda estaba atando sus muñecas y esta vez no pudo evitar sentirse alerta.
_ Sesshomaru, ¿Que haces?...
Pero antes de contestar, él se dedicó a relajar su cuerpo, besándolo a conciencia, bajando por su delicado torso, esquivando su sexo, hasta llegar a sus largas y blancas piernas, que se abrian y cerraban excitadas, mientras el aroma de aquel húmedo placer amenazaba con hacer que todo se echara a perder y olvidar sus planes para vivir al lado de ella por siempre.
_ Kagome ¿me amas? has dicho que confias en mi…
_ Si te amo, te amo mucho Sesshomaru…
Con sus manos atadas por encima de su cabeza, estaba a su completa merced, podía cometer una locura ahí mismo y sacar con sus propias garras aquel corazón que latía por él con emoción.
Sintió sus garras crecer y reclamar su sangre.
Pero un suave gemido de ella lo hizo volver a la realidad, él no era un asesino de mujeres.
Se sostuvo al blanco cuerpo de ella y comenzó a saborear su piel, siguiendo el rastro de aquel aroma que lo enamoraba y lo enviciaba, un aroma que tenia tiempo sin sentir, desde que comenzara a beber el remedio que le diera la Ookami sanadora, sintiendolo mas embriagante, más seductor… y entonces se dio cuenta…
Kagome era su pareja destinada.
Maldito y cruel destino que solo se empeñaba con hacerlo sufrir.
Pero esa vez no, él controlaria su vida y tomaría venganza de el.
Le hizo el amor con pasión, haciéndola sentir que su sangre estaba a punto de hervir, rogar por él, su cuerpo rogaba por ser saciado, y así fue una y otra vez.
_ ¡Sesshomaru! no puedo más…
Estaba a punto de culminar una vez más, y Sesshomaru envuelto en el embriagador perfume de la esencia de su compañera, la alzo montándola sobre él, abrazándose a su cuerpo, mordiendo su cuello con fuerza, reclamandola de aquella manera primitiva en la que los Inukamis marcaban a sus parejas.
*O*O*
_ Solo supe que saldría a cenar con él… pero no me dijo a donde irían…
Bankotsu daba vueltas por el salon de aquella residencia, fumando compulsivamente, mientras tenia el celular pegado en la oreja, esperando que Jaken sama le respondieran al otro lado.
Había averiguado que Sesshomaru había estado actuando de manera tensa últimamente y que incluso las cosas con su madre no marchaban bien.
Jakotsu de igual manera, textear a prisa, tratando de comunicarse a través de Line con Kagome.
_ No creo que sea el momento correcto para que ellos dos se vean, primero tenemos que hablar con Sesshomaru… ¡Jaken sama! ¡que bueno que respondes!...
*O*O*
Sesshomaru estaba a medio vestir, solo con los elegantes pantalones de cachemir sujetándose a sus elegantes caderas por las que las marcas de su origen youkai se asomaban.
Sentado en la penumbra de aquella habitación iluminada solo por el fuego de que crepitaba en la chimenea, viéndola dormir sobre la amplia y blanca cama, completamente desnuda, cubierta apenas por la suave sábana de satén, mientras su oscuro cabello negro azulado, reflejaba el fuego que la iluminaba y teñia, también su blanca piel, de un suave tono dorado.
Ese era el momento decisivo: podía olvidar todo y dejarse llevar por aquello que su alma clamaba a gritos o continuar con lo planeado.
La vio removerse, abrir sus increíbles ojos azules, para alguien de ascendencia asiática, y sonreirle coqueta y hechicera, con aquella sexual satisfacción reflejada en su rostro… y lo decidió… ya no había vuelta atrás.
_ Kagome, ¿tú crees en el amor verdadero? ¿en aquel que los grandes novelistas y poetas han descrito con fervor?...
Kagome se sentó, abrazándose a sus rodillas mientras apoyaba su rostro en ellas , ¿como responder a aquello sin sonar como una cursi colegiala?... estaba ahí, frente al más enigmático hombre, aquel que había logrado traspasar la coraza que se había formado a su alrededor, el que había despertado esa necesidad de protegerlo, esa necesidad de formar un vinculo mas alla de todo, aquel por el que un pequeño tenía vida y se gestaba en su vientre.
_ Si, si creo… pues estoy segura de que lo siento por ti…
Había sido atrevida confesando primero, pero no importaba, pues estaba segura de lo que él también sentía por ella, pues su tiempo en la Casa de la Luna había aprendido a comprender sus acciones, sus gestos, sus miradas, y en cada una definitivamente el amor se asomaba.
Sesshomaru sintió algo muy profundo removerse dentro de sí, una dicha inexplicable, un alborozo que no se reflejaba en su rostro, pero que lo hizo acercarse a ella y tocar su rostro, acomodando su cabello detrás de su oreja.
_ … jamás había sentido esto por alguien más.
Y su odio apago de nuevo el cálido fuego del amor.
Ya nada importaba.
_ Eso es algo imposible de creer…
Su sonrisa seductora no dejaba mostrar lo que en realidad sentía su alma en aquellos momentos.
_ … Sé que no he sido el primer hombre en tu cama, por lo tanto estoy seguro de que tal vez te haz enamorado otras veces…
Kagome estaba visiblemente tensa, no quería tener que llegar a contar aquello que con tanto esfuerzo había tenido que superar.
_ … incluso llegué a pensar que hubo algo entre Bankotsu y tú.
_ No, definitivamente entre nosotros solo existe una relación fraterna.
Sesshomaru estaba empeñado en presionarla hasta que el nombre de su hermano saliera de sus labios.
_ Honestamente, son cosas del pasado que quiero que queden atrás… no pensé que te importara el que no fuera doncella.
_ Es un tema sin importancia para mi, olvidemos eso.
Kagome se abrazó a él, su corazón latía emocionado, tal vez ese momento era el indicado para hablar del hijo de ambos.
_ Sesshomaru, ¿y tu sientes amor por mi?...
Hubo un corto silencio antes de que respondiera.
_ No…
Ella pensó que había escuchado mal y se enderezo para ver su rostro y leer sus labios de ser necesario.
_ En realidad, no tienes idea de cuanto te aborrezco Kagome LeBlanc.
_ … ¿que…?
_ … Seria un traidor a mi sangre y a mi raza si amara al ser despreciable que fue culpable de la muerte de mi hermano Inuyasha.
Aquel nombre del que no había escuchado por azares del destino, se revelaba ante ella y un temblor enorme comenzaba a invadir por el impacto de aquellas palabras, pues no podía creer aquella cruel broma de la vida… que Inuyasha T. Asano, fuera hermano de Sesshomaru, pues entonces él sería el hermano mayor de aquel que abusara sexualmente de ella en aquel teatro…
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Hola a todas y todos:
A sido larga la espera para este nuevo capítulo, pero los que me conocen o me han venido siguiendo todo este tiempo, saben que el año pasado fue un año muy duro para mi, pues por estas fechas perdía a mi mejor amigo en un trágico accidente.
Quise hacerme la valiente y continuar con mi vida, pretendiendo que el dolor solo me afectara en lo privado, pero no se pudo… el duelo fue fuerte y tuve que pasar por todas y cada una de sus etapas para llegar a este punto, a un año de su muerte.
Y pues aqui estoy, terminando mi luto, continuando con la misma energía en mi vida, aceptando al fin, que fue algo inevitable, trágico, si es cierto, pero inevitable… ya algun dia, nos veremos en el más allá y nos tocará contarnos todo, desde el punto en el que nos quedamos… y yo quiero que sean muchas cosas buenas…
Gracias por su paciencia, por sus reviews, sus palabras de consuelo y sus elogios… ustedes me motivan a continuar…
Les mando un abrazo Supercalifragilisticoespialidoso (los extrañaba)
hasta donde estén…
YOI MINO
