Antes que nada, mil perdones por la tardanza

No fue mi intención, estaba poco inspirada, y este capítulo no me gustó mucho, pero Bueh, intentaré volver a escribir semanalmente

Sthep: espero que Nina tenga un buen final, todo depende de… mi, jaja

Luz: si, te conmovió…. Te creo y todo

Wolfy: mira que deseándole el mal a Nina, vos, desgraciada. Si, debería haber hecho la charla mas larga, pero me cuesta hacer los diálogos largos. Ahhhhhhhhhhhhhhh, sos observadora… ya este capítulo te va a sacar las dudas. Bien, bien, a dormir y deja de pensar cochinadas

Hoy, nostálgica, escuchando Todo el hielo en la ciudad de Almendra, lean el….

Capitulo catorce

El invento de Neo

Crunch la miraba con una media sonrisa. Nina se quedó aturdida unos momentos antes de aceptarle el brazo e incorporarse.

—¿Acaso Hawaii es tan barato? —murmuró Nina para sí misma.

—¿Eh?

—Olvídalo ¿Qué haces aquí?

—El gobierno me pago estas vacaciones de dos semanas —respondió Crunch con indiferencia, pero no parecía del todo sincero. Nina lo comprendió

—Viniste a vigilarnos —dijo la chica. Crunch pareció muy incomodo.

—Lo admito. Mi hermana creyó que era lo mejor. Y hay motivos, así que no te muestres ofendida.

Nina lanzo un gruñido. Tenía razón

—¿Y estarás pegado a la ventana de mi casa todo el día?

—Tengo que vigilarlos. Así que te escoltaré hasta donde vayas.

Ella solo se encogió de hombros y se echó a andar por la calle, con la enorme figura de Crunch haciéndole sombra.

—¿La estas pasando bien? —le pregunto Crunch, preocupado.

—Bien ¿Por qué?

—Porque me pareció verte llorar.

Nina enrojeció y procuró no mirarlo

—No lloraba

—Tienes los ojos brillantes y algo rojos.

—Mi… me resfrié

Crunch no insistió y siguió caminando detrás de ella. Después de un rato, se situó a su lado, con la mano mecánica metida en un bolsillo delantero de su pantalón.

—¿Cómo esta mi hermano? —pregunto

—Bien, se está divirtiendo mucho.

Crunch camino en silencio casi todo el trayecto. Cada tanto la miraba, como si quisiera decirle algo. Era tan guapo…

—¿Nina?

—¿Si?

—¿Por qué son amables con Crash?

Nina se acomodó un mechón de pelo negro.

—Porque Tropy le dijo a mi tío que no lo atacara, que era una pérdida de tiempo.

—Pero una cosa es que lo ignore, y otra muy distinta es que se lo lleve de vacaciones.

—No lo sé —mintió Nina. No quería decirle que Neo deseaba acostarse con Crash, porque se hubiese quedado sin tío casi en el mismo instante en que se lo dijera.

—¿Y tú no nos odias? —insistió Crunch.

—No tengo nada en contra de ustedes. Yo nunca quise… —se detuvo en mitad de la frase

—¿Si?

—Nada —se apresuro a decir—. Ya estamos en mi casa. Vete rápido de aquí, mi tío te podría ver.

Crunch lanzo un suspiro de impaciencia.

—De acuerdo —gruñó y se alejó lentamente por donde había venido. Apenas había dado unos pasos, cuando de golpe se giró—. Te veré en la feria mañana —agregó y volvió a alejarse, esta vez con paso más rápido.

Nina se quedo quieta observándolo hasta verlo desaparecer. Era un chico realmente guapo y algo salvaje. Le gustaba. Le gustaba demasiado.

Nina jamás se había enamorado y lo que sentía por Crunch era algo nuevo. Pero sabía lo que era. Había visto a chicas de su edad saliendo con otros chicos en la academia. Pero eran del mismo ambiente. Estudiaban para ser malvados, así que podían ser novios.

¿Podían un chico bueno y una chica aspirante a malvada salir juntos? Nina no lo sabía, aunque suponía que tal vez no debía ser. Su tío jamás se lo perdonaría. Y si descubría que no quería ser malvada, las cosas empeorarían.

Si había aceptado ir a la academia, era porque no quería fallarle a su tío, a la persona que la había criado como si fuese su propia hija.

—¡Nina! —su tío había salido de la casa y se acercaba sonriente—. ¿Cómo te fue con Tropy?

Nina lo miró atentamente y una oleada de ternura inundó su cuerpo, acompañado del dolor por lo que había sufrido su tío. Sin casi pensarlo corrió hacia él y lo abrazó con fuerza, hundiendo la cabeza en su hombro.

—¡Nina! —exclamó Neo, acariciándole la cabeza, sorprendido—. ¿Qué paso?"

—Tío, eres lo mejor que me paso en la vida —murmuró Nina, sin levantar la cabeza—. Nunca te voy a dejar solo. Nunca —las lagrimas ya bañaban su rostro, pero intento que Neo no las notara. Se quedaron un rato así, abrazados en el frente de la casa. Cuando Nina se aseguro que ya no lloraba, se separo.

—¿Me vas a contar que te pasa? —le pregunto Neo, preocupado.

—Nada, solo que quería decirte lo importante que eres para mi —le respondió Nina, ya sonriente.

Neo le acarició la cabeza

—Y tú eres lo que más amo en el mundo, princesa.

El celular de Neo comenzó a vibrar en el bolsillo de su pantalón

—Espérame un momento, Nina —le dijo y se metió dentro de la casa.


—Hola, Tropy —saludó Neo, mientras entraba en su habitación y cerraba la puerta

—Neo, tengo que decirte algo importante sobre Nina.

—¿Qué le paso?

—Se puso muy pesada conmigo preguntándome sobre sus padres.

La mano de Neo empezó a temblar

—¿Y qué le dijiste?

—Tuve que mentirle. Le dije que te habías casado con Charlotte, pero que te engañaba con tu hermano. De ahí nació Nina y luego ella te abandono, dejándote a ella.

Neo se quedo en silencio, asimilando todo lo que su amigo y jefe le había dicho.

—Hiciste quedar a Charlotte como una zorra —dijo por fin, enojado.

—Fue lo único que se me ocurrió en el momento —se disculpo Tropy—. Invente todo eso para que deje de preguntar.

Neo suspiro con fuerza.

—Mientras no sepa la verdad, que crea cualquier cosa.

—Bueno, ya sabes lo que le invente, no lo olvides.

—Gracias, te debo una.

—Adiós.

Neo se sentó en la cama, como si se le hubieran acabado las pilas. Ojala nunca supiera la verdad. Nunca.


Neo permaneció un mes y medio encerrado en su departamento después del rechazo de Charlotte. No atendía a nadie, solo para mandarlos al cuerno.

Todos se preocupaban por Neo. Su madre había ido varias veces al domicilio, pero nunca le abrió la puerta. Lo mismo hizo con N. Gin y Nitrus Brio. Tropy había desaparecido apena terminado el colegio así que lo más seguro era que no supiera nada. Charlotte nunca fue, pero lo llamaba por teléfono insistentemente, diciéndole que lo estimaba mucho y quería que fuese a su boda… como si quisiera verla entregarse en matrimonio a un imbécil.

Se dedicó de lleno a un experimento que se le había ocurrido hacia poco tiempo antes de rechazo de Charlotte. Tenía una teoría para mejorar su arma de plasma y darle un nuevo tipo de rayo. Hasta ahora, solo podía paralizar, incinerar y matar sin dejar rastro alguno.

Empezó primero con animales. Capturo varias ratas en el sótano del edificio donde vivía y los encerró a todos en la misma jaula. La primera prueba había sido un desastre. Las ratas comenzaron a enloquecer y matarse entre ellas. Si bien no era lo que quería, tomó los resultados en cuenta. Podría servirle para otros propósitos.

La segunda semana de prueba fue peor. Directamente habían muerto al instante como si les hubiera echado veneno. Neo se estaba desesperando.

La tercera semana tuvo resultados positivos, aunque solo durara un día, pero funcionaba con las ratas. Solo hacía falta pruebas con humanos para asegurarse.

Después de meditarlo mucho secuestro a dos personas, las encerró en el castillo en construcción y los tuvo encerrado dos semanas bajo el efecto de los rayos que les disparaba diariamente. Como si la suerte al fin estuviera de su lado, había funcionado perfectamente. Después de liberar a los rehenes, decidió que quería ver a Charlotte, ya que faltaba poco para su casamiento.

Neo no se metió en el negocio. Se metió en un callejón desde donde se veía la puerta de salida de las empleadas. Pasaron horas que parecieron durar días. Pero su espera fue recompensada.

A las cinco de la mañana, Charlotte salió enfundada en un largo abrigo blanco. Se veía hermosa como un hada o un ángel o ambas cosas. Neo sonrió con tristeza. Realmente no quería llegar a eso… pero ya era muy tarde para echarse atrás.

En la calle no pasaba casi un alma. Charlotte caminaba hacia la parada del autobús. Neo saco el arma de su chaqueta. No iba a permitir que se casara con ese imbécil. Neo ajusto el arma y apunto hacia el centro de la espalda de Charlotte.

Te amo murmuró Neo con dulzura.

Y disparó.

No hubo más sonido que un zumbido. Un rayo rojo salió de su pistola y alcanzo a Charlotte. La mujer permaneció inmóvil unos pocos segundos y luego se desplomó inerte al suelo.

Neo camino a grandes zancadas hacia ella. Se arrodillo y la dio vuelta. Tenía los ojos cerrados, con una calma que parecía que dormía tranquilamente en su cama.

¿Charlie? susurró Neo, sacudiéndola levemente por los hombros. Charlotte parpadeo suavemente.

¿Humm? gruñó ella, sentándose "¿Qué… que paso?"

Te caíste respondió Neo, con una sonrisa y ayudándola a incorporarse.

Gracias ella parecía algo confusa, algo normal cuando se le disparaba esa clase de rayo. Neo, debo decirte algo.

El pulso de Neo se disparo por sus venas

¿Si?

Te amo le susurró ella y lo besó suavemente en los labios. Neo respondió a ese beso que había esperado tanto tiempo

Ahora Charlotte lo amaba gracias al experimento por el cual se había recluido

El A-more- Ray había funcionado.


—¡Crash, mira todo esto! —gritaba Nina, aferrándose del brazo de un muy sorprendido Crash, que miraba extasiado la feria de atracciones. Neo estaba con ellos, sonriendo muy tenuemente—. No sé ni por dónde empezar.

—Yo si —respondió Neo y se dirigió a un puesto del tiro al blanco. Demás estaba decir que Neo tenía una puntería casi sobrehumana y pudo haber desplumado al puestero de no ser porque no sabía cómo iba a cargar todas esas cosas que podía ganar, así que se contento en ganar dos enormes osos de peluches para Nina y Crash.

—Buena puntería, como siempre —murmuró una voz muy conocida en su espalda. No hizo falta darse vuelta para saber quién era.

—¿Me estas siguiendo, Tropy?

El viajero sonrió. En su mano llevaba una manzana de caramelo

—Tenia ganas de verte —respondió Tropy. Miro a Nina y a Crash—. Denme los osos. Los llevare a mi auto. Luego se los doy.

Ambos obedecieron, aunque Crash lo hizo con precaución, como si temiera que le mordiera la mano. Luego salieron corriendo a perderse entre la multitud

—Me alegra ver a Nina tan animada —comentó Tropy, rodeando los hombros de Neo con un solo brazo

—Nunca ha salido mucho —agregó el científico—. Y menos con alguien de su edad.

Tropy le pasó uno de los osos a Neo y caminaron hacia el auto.

—Espero que no se metan en líos —murmuró Neo.

—Todo va estar bien. Te preocupas demasiado.


Nina se recorrió todo el parque, buscando a Crunch. No lo encontraba y eso que no había mucha gente. Quizás la había engañado. Engañado como una nena estúpida que se creía el primer cuento que le decían. Que ingenua había sido. Crash le palmeaba la espalda, sin saber que cuernos le pasaba.

—Deja, Crash, no pasa nada —dijo ella, ya rendida —. Vamos a atrapar un pez de colores en…

—¡Crunch! —gritó el ex marsupial, corriendo hacia su hermano mayor.