Pelea
Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.
Hola, una nueva palabra :3
En cuanto Sigmund pisó el palacio Valhala una manzana fue a dar directo a su cabeza. La fuerza del impacto le hizo comprender que el golpe fue una amenaza hecha adrede. Levantó su mano derecha para palpar la zona del golpe, pero una nueva manzana fue dar directo sobre su pecho. Alzó la cabeza para saber quién demonios se atrevía a hacerle aquello. Grande fue su sorpresa al encontrarse con Siegfried y los brazos llenos de manzanas mirándolo con enojo. La escena era irreal y un tanto graciosa, pero al volver a sentir el dolor dejado por las manzanas, Sigmund se percató que no podía tomar a la ligera la situación. Por más extraña que le pareciera.
—Siegfried, no desperdicies las manzanas que nos dio la señora Lene —la voz de Bud sonó fuerte y pesada quien también traía una gruesa carga de manzanas. Las cuales se veía muy frescas a pesar de no ser la época típica de cosecha.
Siegfried se acercó a Sigmund con un rictus severo en su mirada.
—Me mentiste —dijo con los ojos brillantes. Siegfried le sacaba al menos una cabeza de altura a Sigmund. Comenzó acorralar a su hermano sin importarle la presencia de su compañero—. ¡Dijiste que si te ibas me avisarías! Pero me trataste como si fuera un idiota y un estorbo en tu vida.
Sigmund se quedó estupefacto ante la reacción de Siegfried. Su hermano menor siempre había sido alguien moderado, de buenos modales y carácter afable. Pero en ese momento…
—Era un misión importante —se excusó Sigmund. Sabía que tratar con Siegfried no sería sencillo, pero no se imaginó que se generaría una pelea en el proceso.
—Lo prometiste —volvió a mascullar Siegfried avanzando más pasos, esta vez encerrando a Sigmund contra una de las paredes—. ¿Por qué lo hiciste?
Sigmund desvió la mirada, no pensaba contestar aquello, aún no se sentía listo. Pero Siegfried lo tenía arrinconado, muy cerca, tanto que podía sentir el calor de la piel de su hermano menor. Su corazón latía con fuerza y deseaba con todo su ser que su hermano se callara e hiciera algo mucho más interesante con sus labios que amenazarlo. Todavía se cuestionaba los insanos sentimientos que mantenía hacia Siegfried. Pero la escena se lo había confirmado. Quería a Siegfried como algo más que su hermano y se odiaba por eso. Siegfried confiaba en él, y estaba traicionándolo de la manera más vil. Debía escapar antes de que hiciera algo de lo que acabara arrepintiéndose.
Sigmund empujó con fuerza a su hermano, sin mirarlo en ningún momento.
—Me estorbas Siegfried, no hay nada que decir. Necesitaba hacer esa misión. Nada era más importante.
Sigmund aprovecho el desconcierto de Siegfried ante sus palabras para alejarse. Nuevamente estaba huyendo como el cobarde que era.
