Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.
Sí, amo
Catorce:
Intento plástico.
¿Te digo la verdad o te hago sentir bien? Porque, sinceramente, te ves más linda mintiendo.
.
Entré, en la tarde noche de ese martes, a mi casa; cerrando la puerta principal suavemente a mis espaldas. Sentía que me desplomaría en cualquier momento, por ende me apoyé sobre la misma puerta. Las rodillas me temblaban y los brazos me picaban.
Me faltaba algo —o alguien—.
Suspiré. Las emociones que sentía dentro de mí, las cuales eran muchas, comenzaban a dominarme casi por completo. ¡Tenía tanto que contar y no había nadie quien pudiera escuchar! Me golpeé en la cabeza con la mano por hacer esa promesa con mi diario, donde no volvería a escribir hasta que me diera cuenta —admitiera— que mis sentimientos por Sasuke iban más allá que esa amistad que aún no se forjaba bien del todo.
Él podría llamarme amiga después de esto, ¿verdad? Un amigo es el que está contigo en las buenas y en las malas. Y lo que le había pasado hoy en la tarde obviamente no podía entrar en las cosas buenas.
Mi pecho se oprimió nuevamente cuando recordé su imagen al llorar, la vulnerabilidad que reflejaba su rostro y las lágrimas que no me permitió limpiar. Fue como si una fuerte ráfaga de viento me golpeara y como si, al mismo tiempo, todo mi interior ardiera en llamas. Era una de esas tantas mezclas de sentimiento que jamás podría dominar, ¡qué rabia!
Con mi mano en el picaporte de la puerta, me impulsé hacia la cocina para prepararle la cena a Yasuo, el asado de ayer se había terminado. Decidí preparar patatas gratinadas con pavo, algo fácil y rápido gracias a la base para las patatas que ahora vendían en el Thriftway, el supermercado, al cual me recordé que tenía que hacer una visita pronto.
Mientras metía la bandeja con las papas al horno el teléfono comenzó a sonar. Distraída como estaba, no se me ocurrió quién podría estar llamando. Cuando cerré el horno me apresuré al teléfono de la sala de estar. Y descolgué.
—¿Hola?
—Hey, bajita, ¿qué tal? —saludó Naruto. Sonreí al oír su voz, la cual se escuchaba más de niño por la bocina del teléfono.
—Todo bien —sonó muy natural—, grandote, ¿cómo estás tú?
—Pues bien, preguntándome qué ha sido de tu vida esta semana. ¿Te ha tratado mal tu chico? —preguntó burlón.
Ay, Naruto, si supieras que el que lo está pasando mal es Sasuke, y por consecuente yo… ¡Uf!
—No —me mordí la lengua al aparentar una risa tan falsa, como que el cielo es verde.
—¡Woah! ¿Me mientes? —fingió estar indignado—. ¿Qué te ha hecho?
—Ugh, nada, Naruto, cosas complicadas —me encogí de hombros—, ya sabes.
—En realidad, no, no sé —pude imaginármele sonriendo burlonamente y mostrando todos sus relucientes y blancos dientes, esos que contrastaban perfectamente con su piel.
Puse los ojos en blanco.
—Oye, oye, ¡adivina quién hará fiesta este fin de semana! ¡Woah! —cantó, agradecí que cambiara de tema, Naruto sabía ser oportuno a veces.
Me reí ante su entusiasmo.
—¿Tú? —pregunté inocentemente.
—¡No, caíste! —rió, yo volví a poner los ojos en blanco—. Habrá una fiesta playera gratuita en La Hoja, en First Beach, todos iremos, te invito. ¡Invita a tu chico! Y a sus hermanos, si quieres. Es todo el día, ¡sol, arena y mar… ¿qué mejor para ti?! —parecía realmente entusiasmado por esa fiesta municipal, ya me lo imaginaba haciendo salto de acantilado para presumir—. Además se rumorea que el paro de mi escuela está por acabar, los chicos del instituto quieren divertirse a lo grande antes de volver, ¿qué dices? ¿Eh, eh, eh?
A veces Naruto podía ser tan entusiasta…
—Veré qué hacer, ¿sí? —mascullé.
No estaba segura si a Sasuke, Tenten, Ino, Neji y Kiba les gustaría venir. Aunque era una buena idea para quitarles el peso de la depresión de Sasuke encima. Era una buena idea, aunque me negaría rotundamente a usar traje de baño, sólo iría a pasar el rato.
Bien, la idea sonaba, ahora, más tentadora que antes.
—Prométeme que vendrás, Sakura-chan, ¡estarán todos aquí! Así aprovechas de pasar un último tiempo con Hana antes de que regrese a Hawái, ¿sí?
—Eres endemoniadamente convincente, Naruto Uzumaki —suspiré—. Nos vemos el sábado.
—¡Ajá! Con tu chico pálido y sus hermanos, y además me cuentas todo lo que ha pasado. ¡Iré a verte mañana a la hora de almuerzo, eh!
—¿Qué? Oh, claro Naruto, supongo —lo último lo murmuré no muy segura al cien por ciento de lo que estaba diciendo—. Y Sasuke no es mi… —rió y colgó antes de que pudiera terminar—, idiota.
Suspiré.
Las cosas pasaban rápido cuando menos lo esperaba. ¡Ahora tenía que llevar a los hermanastros de Sasuke y Neji e Ino a La Hoja! En el fondo, muy en el fondo, dudaba que ellos se fueran a negar; bien, todos excepto uno.
Aún seguía preocupada por el estado anímico de Sasuke, después de nuestro abrazo se había levantado del piano y, sin decir una palabra, se alejó a su cuarto con la mirada perdida y con el rostro lleno de lágrimas secas. Y yo me quedé viéndole como tarada hasta que decidí que era hora de irme.
Tenía que averiguar qué le estaba pasando a él, porque esos comportamientos no eran normales. El chico es bipolar, sí, algo, ¡pero no tanto! Es decir…
Ok, ya, te entiendes a ti misma, Sakura, no hay falta de explicaciones.
Volví a suspirar antes de colgar.
Un olor extraño, amargo y desagradable llegó a mi nariz. Y caí en la cuenta de algo. ¡Las patatas!
Corrí directamente hacia la cocina, y me tapé la nariz cuando vi el humo salir del horno. Tomé un guante de cocina y abrí con la manija el compartimiento donde tenía las patatas, ahora quemadas.
Golpeé el mesón con indignación, mañana echaría a los leones a Naruto por arruinarme mi tan no-elaborada cena. Minutos más tarde decidí llamar a Yasuo para que pasara a comprar una pizza, excusándome con mi tan desastrosa cena. Él simplemente rió, divertido.
Entre queso, tomate y demás, la cena se llevó a cabo de forma muy amena. Le conté a Yasuo sobre la visita a First Beach el sábado, mi padre se mostró encantado; dijo que aprovecharía de ir a ver a Setsuna ya que no había tenido tiempo, por el trabajo, también vería a Minato. Genial, tendría todo el día para mí. Sol, arena, mar… playa, y mis amigos.
Octubre 03, 2007.
&.
El reloj indicaba las seis treinta de la mañana cuando mi celular me despertó. Con mis párpados pesados, intenté hacer el recuerdo de si había programado la alarma. No, no lo había hecho. ¡¿Entonces qué demonios…?!
Me quité la frazada violentamente, alguien estaba interrumpiendo mis horas de sueño. ¡Aún tenía una deliciosa media hora para dormir! Me tambaleé, me sentía mareada. Busqué entre mis pantalones, cazadoras y bolsos el bendito celular, hallándolo en el bolsillo trasero de los vaqueros de ayer. La pantalla estaba oscura, pero el celular vibraba y Chris Martin no cesaba de cantar.
Contesté rápidamente.
—¿Bueno? —dijo con voz somnolienta y nada agradable.
—¡Sakura! Qué bueno que contestas —era Neji, y parecía frustrado y enfadado… y cansado al mismo tiempo—, te estuve llamando ayer.
Me restregué el ojo con pereza.
—¿En serio? ¿Por qué? —bostecé.
Él bufó.
—Es Tenten, se le metió una estúpida idea en la cabeza y ya nadie puede sacársela. ¡Lo peor es que Ino aún no sabe si hacerla entrar en razón! Tienes que ayudarme, ni Kiba ni Sasuke han podido contradecirle.
La mención de su nombre hizo que un escalofrío un poco agridulce recorriera mi cuerpo.
Estaba confundida… y asustada. Las ideas de Tenten no solían ser para nada buenas, demasiado extravagantes en ocasiones especial. Muy, muy aterradoras en otras. Me pregunté durante unos segundos a quién le haría un makeover.
—¿Qué se le pasó por la cabeza ahora? —aún el sueño se impregnaba en mi voz.
—Pues…
—¿¡Implantes!? —estallé.
Estábamos en el estacionamiento del instituto, me había venido en mi monovolumen a una velocidad que, para mi coche, era demasiada: 60 Km/hrs. Cuando llegué ya estaban todos reunidos alrededor del auto de Tenten, mirándola seriamente.
¡Y ahora entendía por qué! Hablando de ideas descabelladas y cuerpos plásticos. ¿Es que Tenten después se cambiaría el color del cabello o algo por el estilo? Me estremecí al imaginarla rubia.
—¿Estás loca? —preguntamos Neji y yo al mismo tiempo. Era obvio que la idea le desagradaba.
Sasuke puso los ojos en blanco, Kiba se rió a carcajada seca antes de que Ino le diera un golpe en la nuca. Leí en su rostro lo que pensaba, "esto no tiene nada de gracioso".
—Tenten, de todas las porquerías que se te han ocurrido… —comencé.
—¡Ya! O sea, es mi vida, ¿no puedo hacer de ella lo que quiera? —se cruzó de brazos.
—No hasta que seas mayor de edad —la molestó Kiba, quien acarició la cabeza castaña de Tenten tiernamente. Ella le fulminó con la mirada.
Unos coches más entraron en el instituto, pero no les prestamos atención. Aunque los conductores parecían muy interesados en nuestra pequeña charla.
—Esto es ridículo —murmuró Sasuke.
—Estoy de acuerdo —le apoyé, sentí su mirada sobre mi rostro, pero yo no me volteé a verle.
—Ustedes dos se callan —nos apuntó Tenten con su dedo—. No, más bien todos se callan —ahora nos fue apuntando uno a uno—. ¡No! —explotó—. ¡Mejor todos me dejan en paz y se van al diablo!
Nos dio la espalda a todos al momento de comenzar a marchar hacia la entrada del instituto. Estoy segura que sintió los cinco pares de ojos sobre su cuerpecito, ya que, sin volverse a mirarnos, nos mostró cuán lindo era su dedo corazón.
Fuimos bufando de a uno.
—Dios —Neji se frotó las sienes—. Señor, dame paciencia —suspiró antes de salir corriendo hacia ella—. ¡Tenten!
De todas las cosas que podían pasar por la cabeza de Tenten Ama, la última que se me habría ocurrido a mí que ella querría sería ponerse implantes. Es decir, Tenten no tiene atributos tan envidiables como Ino u como las modelos que salen en la TV, desfilando en las pasarelas que la pequeña duende suele ver… pero nunca se había hecho problemas por su falta de… senos.
Me estremecí. Ugh, daba miedo pensar en eso.
Además había escuchado todos los infortunios que podían tener esas operaciones, además de ser caras no eran del todo seguras.
Se me puso la piel de gallina al imaginarme a mí misma haciéndome una de esas operaciones. Me miré el pecho casi a reflejo ipso facto. Se me fue toda la alegría al ver que no era más voluptuoso que el de Tenten. Gruñí.
Kiba, frente a mí, rió a carcajada estridente, moviendo consigo todo su enorme cuerpo de jugador de Rugby.
—¿Qué pasa, Clowie? —preguntó, divertido. Yo bufé, obviamente había quedado marcada para el resto de mi vida—, ¿al igual que a Tenten te falta pechonalidad(1)? —se burló mientras que, con sus manos, hacía un bulto imaginario sobre su enorme pecho.
Ino le dio un golpe en la nuca, otra vez. Él se quejó.
—Gracias, Ino —le agradecí, ella sonrió maliciosamente de regreso.
La rubia tomó la mano de su novio y le miró con complicidad.
—¿Vamos, Kiba?
—Claro, blondie (2), mi amor —me sorprendía lo poco rencoroso que Kiba podía ser; Ino le había golpeado y él ni había fruncido el ceño. Era como un niño.
Ambos se alejaron caminando, tomados de la mano, muy melosos pero no tan idiotas como para besuquearse en público. O eso pensé yo hasta que Kiba acarició el trasero de Ino antes de entrar al instituto. Se me puso la piel de gallina otra vez cuando vi que ella no le dijo ni reclamó ni golpeó ni nada.
Suspiré. Hay cosas que no cambian.
—Idiotas —susurró una melodiosa voz a mi lado.
Me giré para encontrarme con los ojos negros de Sasuke, aunque, bien, no me miraban a mí. Él tenía el ceño fruncido, viendo en la dirección donde Kiba y Ino se habían alejado. Permanecía con la mandíbula tensa, entre pensamientos que yo no podía descifrar. Su rostro era una poesía: hermoso y metafóricamente imposible de entender. Sentía el impulso de estirar mi mano, tocarle y llamar su atención, quitar su indiferente expresión del rostro y hacerlo sonreír.
¡Y tenía tantos deseos de saber qué pensaba después de lo de ayer!
Entonces caí en la cuenta… ¡Ino y Kiba me habían dejado en la boca del lobo! Ugh, con el corazón acelerado me dispuse a caminar hacia el instituto. ¿Cuánto tiempo llevaba haciendo la tonta?
—Sakura —habló Sasuke, su voz más hermosa que una canción de cuna.
Me miró a los ojos, dejándome acorralada entre el capó del auto y su cuerpo, a pesar de que se mantenía a una distancia en la que era prudente un escape, me contuve. Sabía que mi cuerpo no respondería a mis peticiones cerebrales. Oh, no es justo.
—¿Sí? —pregunté, las mejillas me dolieron. ¿¡Tan rápido estaba sonrojada!?
Las imágenes de ayer en la tarde no demoraron en hacer huella en mi mente, y pintarse con fuego en mis párpados. Me puse casi tensa, sólo casi.
Se acercó más, con la indecisión en su rostro, yo podía verle, ¿él vería mi indecisión? Mi mano temblaba cuando la suya la tomó, y le dio un pequeño apretón. Miré nuestra pequeña acción de contacto, el calor por mi cuerpo se expandió.
¡No es posible que él tenga este poder sobre mí!, pensé.
Cuando levanté la vista, el rostro de Sasuke no era más que sinceridad e inocencia, con esa sonrisa torcida que podía detener el latir de mi corazón, y lo hizo por unos segundos. Los labios le temblaban, como si quisiera decir algo, pero a la vez no.
Bajó la mirada.
—Yo… —las palabras murieron en sus labios antes de que pudiera mencionarlas.
También yo bajé la mirada.
Si le veía sabía que no podría controlarme a mí misma, y la idea me desesperaba. No quería parecer nerviosa en su presencia, pero me era imposible fingir. Todo él me atraía y a la vez intimidaba. ¿Sería porque nunca había conocido a una persona que se le pareciera? Mi corazón palpitó rápido en mi pecho al contestar afirmativamente; ni los supuestos pretendientes de Kumogakure se les parecían. Sasuke era más guapo… y más inteligente.
Él tragó pesadamente, parecía aún indeciso. Hizo más presión sobre mi mano, y eso mandó una onda de descargas a mi interior. Le devolví el apretón.
Sasuke sonrió.
—Hey —me llamó, yo levanté la vista, me miraba fijamente—, gracias —dibujó con los labios sin hablar. Su boca se movió lenta y tortuosamente tentadora mientras me hablaba sin sonidos, no le quité la vista de encima.
Fruncí los labios de repente, pensando si los míos también serían "tentadores" para él.
—Sasuke —le llamé, mi corazón dio un salto cuando dije su nombre.
—¿Mmm? —dijo con la garganta, desviando la mirada nuevamente.
—Nosotros… —era difícil preguntar—, ¿somos amigos?
Me miró a los ojos cuando le cuestioné acerca de eso. Parecía confuso, pero a la vez divertido. ¿Ilusionado? Sus ojos brillaban vivos y hermosos. ¿Brillarían los míos?
Soltó mis manos lentamente, y no me sentí vacía, sólo porque volvió a colocar las suyas sobre mis antebrazos, asegurándose de que, de alguna manera, no me escapara. ¡Como si pensara siquiera moverme! Me obligué a mí misma a respirar.
Volvió a sonreír, mostrando todos sus perfectos, relucientes y blancos dientes.
—Claro —la forma en que lo dijo sonó casi mágica.
Inconscientemente sonreí, y me vi haciéndolo como una tonta.
—¿En serio? Wow —reí. Después otra inquietud creció en mí—. ¿Tú estás bien?
Su alegría decayó en un abrir y cerrar de ojos, era obvio que él sabía a lo que me estaba refiriendo, y yo sabía que estaba siendo insensible al preguntarle, ¡pero no pude evitarlo! Me tenía tan preocupada como ni él mismo se imaginaba. Y la curiosidad picaba más fuerte que una alergia.
Sasuke suspiró antes de contestar y soltar su agarre sobre mi brazo. Sólo casi me arrepentí de haberle preguntado. Casi.
—Sí —susurró, pero no le creí ni un ápice—, estoy bien… Sólo son tonterías, Sakura, cosas sin importancia. ¡Bah!
Puso los ojos en blanco, pero ya me imaginaba yo lo que le costaba estar fingiendo que todo era una porquería. No quise hacerlo sentir mal, así que no pregunté más.
Nos dirigimos juntos hacia el instituto, el tiempo había pasado volando y habían más coches en el estacionamiento que cuando llegamos. Mis pensamientos se fueron hacia Tenten, ¿la habría convencido Neji ya? Lo dudaba, en serio.
—¿De dónde sacó Tenten la estúpida idea de…? —comencé. No sabía por qué no pude terminar la frase, me incomodaba decir la palabra, un poco.
—Ella e Ino se inscribieron en el Concurso de talentos del instituto —me explicó antes de poner los ojos en blanco—, ya sabes cómo les gusta llamar la atención a ese par —asentí—. En fin, bailarán.
Se encogió de hombros, como si ello explicara todo.
—¿Y…? —le insté a seguir.
—Tenten cree que desentonará al lado de Ino —finalizó.
Parpadeé un par de veces, confundida.
Fue nuestra última conversación antes de que la campana nos avisara que las clases estaban por comenzar. Y de ahí no vi a los chicos hasta el almuerzo, en los recesos me las pasé un tanto ocupada terminando mi trabajo de Literatura sobre Heathcliff, tenía que entregarlo la próxima semana, el de Sasuke ya estaba terminado, ¡y daba gracias a Dios por eso!
Las clases fueron aburridas, como siempre. No había mucho donde variar las materias, algunos exámenes se acercaban y con ello tareas y cuestionarios, me odié a mí misma porque el "señorito Uchiha" no tendría que hacerlas.
Español terminó por fin, y me dirigí hacia la cafetería. Hoy no tenía demasiada hambre, así que, fiel a mi innata costumbre, me compré una gaseosa cítrica y nada más. Y fui a hablar directo con Tenten. El tema de su… capricho nadaba aún en mi cabeza.
—¡Me opacaré! —chilló cuando le dije que ya sabía del por qué de sus estupideces.
Puse los ojos en blanco.
—Tú nunca te opacas.
—Sakura —dijo como si fuera lo más serio del mundo—, mira a Ino —dijo su nombre como si fuera una grosería. Miré de reojo a Ino, quien tenía una mano sobre los ojos, avergonzada—, ¡y mírame a mí: pequeña, delgada y plana!
—Tenten, tú eres hermosa tal y natural —intervino Neji, se notaba a leguas que ya le tenía cansado el tema. Me pregunté cuanto tiempo estuvo intentando borrarle la idea de la cabeza a su novia.
Kiba rió por lo bajo. Sasuke se mantuvo callado e Ino indiferente. Tenten se cruzó de brazos.
—¿Y qué dicen Mikoto y Fugaku? —pregunté.
Por su cara, parecía haber tocado el punto débil de su idea.
—Ellos no tienen por qué saber, va a ser mi dinero el que se va a ir, no el de mi papá —se cruzó de brazos.
—Pero…
Iba decir algo astuto, ¡lo sabía! Pero perdí el hilo de mis ideas cuando mi móvil comenzó a sonar en el bolsillo de mi pantalón y hacía a mi trasero vibrar, era una sensación genial, pero era patético pensarlo. Lo saqué rápidamente, vi el nombre de Naruto en la pantalla. Había tenido que pasar todos mis antiguos contactos hacia el nuevo móvil que Neji me había comprado para mi cumpleaños. De verdad, el móvil molaba.
Contesté.
—¿Naruto? —pregunté.
—Estoy afueraaaaaa —cantó. No pude evitar el reírme.
Y luego recordé que él dijo que iba a venir. Se me había olvidado con todo el tema de los pechos falsos de Tenten.
—¡Voy! —le dije y colgué.
Me comencé a levantar de la mesa, sentí las miradas de todos sobre mí.
—¿Quién es Naruto? —preguntó Tenten con tono insinuante, el nombre de Naruto sonó a película playboy en sus labios.
Me sentí repentinamente incómoda.
—Un… a-m-i-g-o —separé tanto la palabra que pareció de cinco sílabas. Kiba miró cómplice a Neji.
—¿Es el chico de la otra vez?
Su voz hizo que mi estómago se llenara de mariposas. Cuando lo miré, él no me miraba, parecía muy entusiasmado leyendo la tabla de grasas de su gaseosa de naranja. Su indiferencia me pateó el trasero.
—Sí —dije secamente.
—¡Ay! Quiero conocerlo —chilló Tenten.
Sin que pudiera decir nada Tenten me tomó de la mano y me llevó hacia fuera de la cafetería, me preguntó hacia dónde debíamos ir y yo no estaba segura si le respondí o no, pero de algún modo u otro llegamos al estacionamiento juntas.
Naruto estaba apoyado junto a su coche negro, y —gracias al cielo y todo lo santo que exista— estaba muy abrazadito junto a Shion. Tenten pareció confusa mientras nos acercábamos, ahora era yo quien la acarreaba. Los rostros de mis amigos nos recibieron con relucientes y amplias sonrisas.
—Hey —saludó Naruto y me desenredó el pelo.
Shion me dio un beso en la mejilla.
—¿Lista para el sábado? —preguntó.
—¡Cierto! —exclamé al recordar que no había invitado a ninguno de mis amigos a la fiesta playera de First Beach. Me mordí la lengua por olvidadiza—. La verdad, no. Lo he olvidad por completo.
Naruto puso los ojos en blanco antes de darme un golpecito en la frente.
—¡Toc-toc! Tierra llamando a Sakura, ¿dónde has estado?
En el planeta implantes.
—Eh… Distraída, pero descuida, ya les digo.
—Bien —sonrió él, luego fijó su vista en Tenten—. Oye, ¿quién es la bajita-más-bajita que tú?
Sonreí.
—Naruto, Shion, ella es Tenten, mi mejor amiga. Tenten, ellos son Naruto y Shion, mis amigos de La Hoja. Son novios —esperé que la palabra le quedara bien claro.
La enanita me pellizcó la espalda con sus largas uñas, ahogué las ganas de soltar un fuerte chillido de dolor. Tenten les saludó cordialmente, al parecer le cayeron bien a ambos, eso me alegraba y aliviaba al mismo tiempo. Después de todo… se volverían a ver el sábado.
Naruto le habló sobre la fiesta a Tenten, y ella quedó más que encantada en ir. Estuvimos hablando por largo rato, la enanita no paraba de botar palabras, yo no sabía de donde sacaba tantos temas para hablar. La campana sonó, llamándonos de regreso a nuestra cárcel educativa, al menos eran nada más dos clases, y la última la compartía con ella.
Los chicos se despidieron, y antes de que se fueran, Naruto gritó desde la ventana de su coche:
—Entonces, nos vemos el sábado.
Ambas asentimos y nos despedimos con manos alzadas. Ahora había que convencer a los demás de ir, aunque supuse que no sería tarea difícil, pero dudaba de uno.
Okey, rectifico: Ahora había que convencer a Sasuke.
-
(1): Pechonalidad, para quien no lo entendió, es una combinación de las palabras pecho y personalidad. Cuando una mujer tiene mucho busto, se dice que tiene mucha pechonalidad.
(2): Traducido literalmente como Rubiecita.
Adelanto Capitulo 15.
Su mano tomó mi brazo entre las sombras, y, con suavidad, me atrapó entre un árbol y su cuerpo. Mi corazón quería salírseme del pecho al percatar su cercanía y su calor. Era como droga.
—Dije que eras mi amiga —susurró aterciopeladamente con ojos dulces y ardientes al mismo tiempo.
Se acercó más, y no pude moverme. Su rostro estaba a centímetros del mío.
—Pero... —musitó su boca muy cerca de la mía— te siento como algo más.
Cerré los ojos, dejando que pasara lo que tenía que pasar.
—Próximamente—
—
¡Tarde demasiado, lo sé! Por favor, no me culpeen; antes de fanfiction y todo eso, esta la escuela. Es importante para mí, comprendan, como también es importante subirles lo más rápido que puedo, pero no tenía tiempo. Este capítulo no lo amolde rápido, lo amolde rapidísimo, a sí que lo siento si hay algo mal. En serio, disculpen la demora, me siento fatal. ¡Espero que les agrade el capítulo! Nos vemos luego,
Besos, Sophie.
