Dirk masticó sin ánimos. Su estómago crujía con ansias, pero contrariadamente, no tenía hambre. Levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Jake. Él le sonrió. Como no podía devolverle la sonrisa, bajó la vista de nuevo a su tazón.

Arroz con trozos de dudosa procedencia. Alimento. No estaba seguro de qué era ese puchero, pero no se veía apetitoso. Estaba mal cocinado y la carne parecía más un chicle en su consistencia que carne en sí. Podría apostar a que estaba algo rancia.

Dejó el tazón en el medio de donde estaban los cuatro sentados. Sus amigos lo miraron extrañado.

― No tengo hambre ―se excusó, sin estar seguro si era una mentira o no.

― Dirk, tienes que comer ―le reprochó Jake.

Dirk no quería alegar que estaba asqueroso, o podrido. Sería completamente ingrato, teniendo en cuenta que probablemente mucha gente había muerto con la panza vacía en el apocalipsis. Además, se habían esforzado en conseguirle esa comida.

― No... Si sigo comiendo, lo vomitaré ―aseguró, y entonces definió que además de hambre, tenía el estómago revuelto, y supo que era cierto. Tenía hambre, pero si continuaba comiendo, devolvería todo de la manera más desagradable.

Las chicas asintieron y cada una volvió a su tazón, pero Jake se le quedó mirando. Dirk lo ignoró. Se arrastró hasta uno de los colchones y les dio la espalda, acurrucándose en sí mismo.

Se sentía fatal. Terrible, eso era. Y no solo porque estaba enfermo (no importa cuánto celebraran los demás de su estado, de sus mejoras, de que no estaba muerto, él estaba ENFERMO.), sino también se encontraba entre dos líneas: la depresión y la auto-mentira. Si se dejaba estar, lo consumiría la depresión. Lo único que le quedaba era mentirse a sí mismo, fingir que todo estaba bien, y odiaba hacerlo. Pero era lo más sano. Cuantas más vueltas le daba a su situación, daba más pasos hacia su depresión. Ambas opciones lo tenían mareado y sabía que si seguía así moriría de hambre. Estaba débil, e incapaz de enfrentar el presente, mucho menos prepararse para el futuro.

Por supuesto, todo esto ocurría en su interior. Por fuera, se sorprendían de lo "bien que estás sobrellevando las cosas. Eres fuerte, Dirk."

Mierda. Pura mierda.

Y como si no fuera poco, ahora que no estaba ebrio, el brazo le dolía horrores. Le impresionaba a sí mismo.

Cerró los ojos con fuerza, rogando porque la somnolencia lo arrastrara rápido a un sueño sin pesadillas ni calor. Había llegado a odiar el calor. Sudaba y todos apestaban, ya que el agua corriente no era inagotable como antes.

Al poco tiempo decidió que le sería imposible dormir aquí. Se la pasaba durmiendo, y su cuerpo no le pedía que se volviera a recostar. Aun así, era lo que deseaba ahora mismo.

― Iré arriba.

― ¿A qué? ―preguntó Jane.

― A dormir. No puedo dormir en esta habitación.

― Pero...

― Estoy bien ―aseguró.

― Bien... ―su voz decía lo contrario. También hizo caso omiso de eso―Cuidado con la escalera.

No le contestó. Subió sin problemas, con cuidado de no perder el equilibrio. Miró la calle sentado desde arriba, supuestamente a salvo.

La última vez que había estado en el tejado, fue cuando descansó con Jake. Vagamente se preguntó qué sentía el pelinegro por él, aunque esa ya no era su preocupación. Se había distanciado de sus amigos, pero no podía hacer nada al respecto. No con los ánimos por el suelo.

Cerró los ojos, dejando que la brisa lo hiciera sentirse más cómodo. Intentó no pensar en absolutamente nada.

Por unos instantes, lo único que sentía era "agradable". Esa palabra le recorría el pecho e hizo que se olvidara de todo lo que prescindía. Y era perfecto.

Luego se sobresaltó, dándose un susto de muerte.

― Hey, soy yo, no te asustes ―susurró Jake con calma.

Dirk frunció el ceño. La casa estaba rodeada de zombies, ¿Cómo no iba a asustarse si ni siquiera lo escuchó subir?

― Quiero estar solo ―contestó.

― No deberías.

Para su sorpresa, Jake lo abrazó.

― Has pasado demasiado tiempo solo. Somos un grupo.

― No lo entiendes, Jake ―respondió, solemne.

― No, no lo entiendo. Yo estaría feliz como trucha de estar respirando.

― Optimista de mierda ―bufó, pero lo dijo con tono amistoso.

Jake rió tontamente. Sonó un poco forzado.

― Supongo. Me da igual. Yo sigo feliz de que no estés muerto ―murmuró con pena.

― Sé... sé que debería estar agradecido. Pero no es así como se siente.

Jake se acomodó a su lado, pasándole el brazo por los hombros, como si el calor no pesara.

― Una vez vi tantas películas en las vacaciones que tenía el cerebro quemado ―dijo, Dirk no tenía idea a qué venía esto― y salí al bosque que hay cerca de la casa de mi abuela. Por alguna razón, pensé que sería buena idea balancearme con una liana sobre el lago, como Tarzán, o esos héroes geniales de las películas. Obviamente, la liana no aguantó mi peso y caí al lago. Era pequeño, y no sabía nadar. Grité mucho hasta que mi abuela me sacó del agua casi inconsciente.

― ¿Esta es una de esas charlas sermones de "es bueno estar vivo"? ―interrumpió con cierta irritación.

― No, ―contestó Jake, tranquilo― no. ¿Sabes lo que pensaba cuando me estaba ahogando?

― "Fui un idiota".

― Hablo en serio...

― "Dirk, te amo".

Jake le sonrió. Desvió la vista.

― No te conocía.

― ¿Entonces?

― Pensaba en todas las cosas que me faltaban hacer. Pensaba en que no había alimentado a mi perro, en que nunca vería la última película de Tomb Raider, que no volvería a probar las galletitas de mi abuela. Eran estupideces, pero a eso me aferraba.

Dirk lo miró con detenimiento. Pensó en sus propias cosas, las que no podría haber hecho si hubiera muerto. "Hubiera abandonado a mis amigos", "quizá Jake nunca hubiera llegado a la casa", "podría haber muerto también", "No volvería a disfrutar de una gaseosa de naranja"... "nunca podría besar a Jake".

Bajó la mirada, de repente se sentía peor.

― Estar vivo tampoco me asegura que haré las cosas que no pude haber hecho si moría.

― Pero estar vivo te da la posibilidad. ¿Qué cosas te hubieras perdido?

― Comer Doritos. Pero, tampoco puedo.

― ¿Qué sabes? Algún día saldremos de este lugar. Y a donde vayamos, puede haber Doritos.

― No puedo asegurarles seguridad.

― Yo puedo asegurarte que no estaríamos bien sin ti. Eres parte del grupo... somos todos como uno. No nos puede faltar una parte ―insistió con una sonrisa.

Dirk se dio cuenta que seguir repitiendo que podrían morir en cualquier momento se oiría demasiado pesimista. Quizá debía confiar un poco en la sonrisa de Jake.

― ¿Algo más?

Dirk suspiró. Había algo más, y estaba dispuesto a cumplirlo ahora.

― Sí.

Dirk se inclinó y juntó sus labios contra aquella sonrisa, dejando el resto a su suerte.

Como Jake no se movió, depositó un beso suave y se alejó.

― Cumplido ―se atrevió a decir, como explicación, como excusa.

Por fuera tenía que ser la máscara misma de la serenidad, como siempre.

Por dentro, su corazón latía más rápido de lo que creía posible y luchaba por no sonrojarse. Luchaba por dejar su mente en blanco y luchaba por mantener la vista concentrada en algún punto en la nada, sin pensar, sin pensar, sin pensar.

No podía. Oh, dios, acababa de darle un beso.

A cambio, recibió un beso en la mejilla.

¿Dónde habían quedado todos sus penares, sus pensamientos tristes y solitarios sobre la muerte? ¿Dónde había ido todo eso? ¿Y qué diablos significaba ese beso?

Dirk sintió que el calor socorría a su rostro. Oh, no. Es hora de perder el control.

Se abrazó las piernas, ocultando su rostro en las rodillas, cubriendo el resto con su brazo. Posición fetal pero sentado, eso es. Sentía que le ardían las orejas.

― ¿Dirk?

― ¿Qué?

― ¿Está todo bien? ―preguntó, vacilante.

― Por supuesto que no.

Sintió que Jake se apoyaba contra su cuerpo y ninguno dijo nada. Dirk se tomó su tiempo para tranquilizarse, pero ni bien levantó la cabeza, volvió a sentirse como una damisela. Era el sentimiento más horrorosamente estúpido que podía manifestar. ¿Inseguridad? Tal vez.

Jake le dedicó otra sonrisa, como si fuera lo que necesitaba, ese aliento que disipó toda la incertidumbre que daba vueltas en su cabeza.

Se animó a sonreírle de vuelta.

Ese gesto pareció emocionar a Jake. Sí, Dirk no era alguien que sonriera regularmente... es decir, no sonreía nunca, mucho menos en compañía. Pudo ver en los ojos verdes de Jake que eso le parecía adorable.

No tuvo tiempo de quejarse, porque fue sorprendido (¡Jake no dejaba de sorprenderlo!) con un beso. Otro beso. EL beso. Y Dirk no se detuvo a pensar ni media vez antes de corresponderle con entusiasmo.

El tiempo perdió importancia. Los zombies, su salud, sus preocupaciones, todo de nuevo, perdió importancia. Ahora estaba con Jake.

Se mantuvieron así durante largos minutos, beso va, beso viene. La corriente de aire fresca los aligeraba mientras que el calor y el sol hacía que mantuvieran los ojos cerrados, en el mismo lugar, como si les diera flojera lanzarse uno arriba del otro. Pero no, les daba vergüenza. Después de todo, eran un par de adolecentes que no querían romper el momento más perfecto de sus vidas.

Al rato, escucharon un ruido.

― ¿A ustedes les parece? ―Los sorprendió Roxy― Podríamos ser las últimas personas en el mundo y se les ocurre ser gays. Excelente idea, chicos.

Jake se rió, aunque era evidente para todos que estaba sumamente nervioso y avergonzado. Dirk también, pero a diferencia de él, no dijo nada. Ni siquiera se atrevió a mirar a Roxy.

― Vamos, tenemos que hablar, ¿Pueden?

― Ahora bajamos ―respondió Jake.

Roxy se fue sin decir nada más y Dirk no sabía qué hacer.

― ¿Qué crees que quieran decirnos? ―dijo el pelinegro, mirando el cielo.

― No lo sé. ―titubeó antes de hablar― ¿Tú tienes algo que decir?

― ¿A ellas? No...

― No, no a ellas.

Jake lo observó durante un rato largo, como si estuviera pensando en que responderle. Dirk apenas podía corresponderle la mirada, ¿de dónde había salido tanta timidez? Es que... a pesar de haber soñado muchas veces con esto, nunca se había detenido a pensar en la explosión emocional que pasaría.

― ¿Eh? ―pestañeó, como si lo hubiera escuchado durante un largo letargo―No. ¿Y tú?

Dirk iba a responderle, sin estar seguro si contestaría sí o no, y qué diría a continuación, pero fueron interrumpidos por el grito de Jane. Que bajaran, decía, que bajaran. Que era importante.

Ambos se pusieron de pie, dispuestos a bajar.

Como si fuera una desesperación repentina y fugaz, Dirk pensó que no tendría oportunidad más perfecta que esta. Los zombies estaban por doquier y no la habían pasado precisamente bien, así que, uno nunca sabe si va a tener otra ocasión de hablar con el chico que le gusta en el techo con el cielo enorme sobre sus cabezas, con la brisa perfecta que aísla el verano, con los labios que ya añoraban de esa boca que apenas acababa de dejar.

― Jake ―lo llamó, antes de que descendiera.

― ¿Qué?

― Te quiero.

Se sintió bien. Como si una carga que llevaba durante años hubiera desaparecido, alivianándole la existencia. Se sintió ligero.

Jake sonrió y se acercó, y con él corazón como loco pensó que iba a besarlo otra vez.

― Yo también ―se expresó en voz baja, con sus rostros cerca, antes de tomar la escalera y deslizarse hacia abajo.

― ¿Qué opinan?

― No, Roxy. No estoy de acuerdo ―Jane cruzó los brazos debajo de su pecho.

― Yo sí ―asintió Dirk.

Jake seguía negando con la cabeza.

― Jane, Jake, tenemos que seguir adelante ―continuó Roxy― hay que avanzar y seguir a los chicos, al grupo ese que estuvo aquí.

―Es demasiado peligroso. Y Dirk no está bien del todo ―discutió Jane.

― Opino lo mismo. Todavía hay alimento ―Jake se veía realmente serio, algo inusual.

― Yo estoy bien ―Dirk rodó los ojos detrás de sus gafas― y la comida no nos durará por siempre. Hay que avanzar. Además, Jake, ¿No sería como una aventura?

Pudo ver la duda en sus ojos. Cualquier cosa que tuviera la palabra aventura llamaba su atención.

― Bueno, podríamos meternos a ver qué hay ahí abajo...

― Mierda. Hay mierda, literalmente... pero podría ser nuestra única vía de escape ―le contestó.

― Dirk, ¿Para qué escapar? No tenemos nada de quién escapar ―Jane parecía molesta.

― La reja contendrá los zombies, pero no el hambre ―Dirk estaba perdiendo la paciencia.

― Echemos un vistazo, ¿sí? ―Jake parecía un poco entusiasmado.

Nadie estuvo conforme del todo, pero aun así se pusieron en marcha a la media hora.

Las alcantarillas apestaban. Dirk se llevó la mano a la cara, tratando de bloquear el olor. La única que tenía ventaja sobre ello era Roxy, quien usaba su bufanda para taparse la boca y la nariz. El resto tenía que aguantársela.

Allí no hacía tanto exceso de calor, aunque caminar en agua (y deseaban que fuera solo agua) los cansaba, así que de todas formas, al rato estaban sudados y acalorados. No había luz, solo paredes estrechas y ninguno tuvo que expresar su descontento porque era más que obvio.

Pudieron haber tomado varias vertientes que les hubieran deparado destinos diferentes, mas siguieron en línea recta, para evitar perderse. Por las dudas llevaban las mochilas con los recursos más importantes, porque incluso volver sería difícil. Cuanto más se adentraban, más oscuro estaba.

Su única compañía era el sonido. Cuatro pares de pasos, goteras y lo que seguramente eran ratas.

Podían haber pasado quince minutos o una hora, no tenían idea, pero ya estaban hablando de regresar. Dirk no les prestaba atención. Se encontraba en la cabeza del grupo, pero alejado. La peste y el encierro hicieron que le doliera la cabeza. Se sentía mareado por el hedor y, al dejar su refugio por primera vez sin su arma, terriblemente desprotegido.

Iba más adelante que los demás. Oía los pasos de Jake y el eco de la conversación entre Jane y Roxy, lejana.

No sabía que estaba buscando exactamente, pero supo que no era un dolor en el pie cuando se lo golpeó contra algo metálico debajo del agua. Maldijo entre dientes, pensando que no le apetecía romperse una pierna.

De mala gana, metió la mano en el agua, pero lo metálico no se desprendía. Apoyó un pie contra la pared y tiró con fuerza, la cual no sentía. Debilidad. Eso lo enojaba en sobremanera. Lo siguió intentando.

― ¿Dirk? ¿Qué estás haciendo?

No le contestó, siguió tratando de arrancar aquello, por mero capricho.

― Déjame ayudarte.

Jake le rodeó la cintura y tiró de él. Dirk se puso nervioso, hasta que recordó que tenía que quitar lo que sea que hubiera allí abajo.

Cuando se desprendió, cayó encima de Jake. Si no hubiera sido todo tan asqueroso, se hubiera ruborizado como en el techo.

Al levantarse, Dirk inspeccionó el trozo de metal, pero no podía ver nada. Ahora estaba del pecho para abajo mojado. Nunca fue un maniático de la limpieza en el pasado, pero realmente le urgía bañarse. No obstante, había cosas más importantes ahora.

― ¿Roxy?

― ¿Qué pasa?

― Dame tu celular.

El móvil alumbró lo que era un cartel. Se permitió sonreír, porque hoy era un buen día.

― ¿Qué es?

― Están todos los recorridos de las alcantarillas ―dijo, impresionado.

Roxy tomó el cartel, inspeccionando con sumo interés.

― ¿Roxy?

― Oh... ―contestó― miren, oh... esto lleva a la casa de Callie...

― ¿Calliope? ¿Ella está cerca? ―Jane se inclinó sobre las idas y vueltas de túneles iluminados con la débil luz de la pantalla.

― ¡Sí, está cerca!

Dirk agarró el cartel para analizarlo. Si descubría cómo estaba posicionado, cuál era el norte y cuál era el sur, sabría cómo manejarse por debajo de la pequeña ciudad. Había una parte rota donde el agua había pasado el vidrio del cartel, pero según Roxy, la casa de Calliope y Caliborn estaba del lado contrario.

No tuvo tiempo para preguntarle, porque ella echó a correr hacia allá.