.Hola atodos los amantes del ichiruki , como lo prometi a qui me tieen de buelta con el capitulo 14 de error imperdonable espero que les encante.
.Recuerden que esta historia no es mia y que lo s personajes mucho menos, yo solo la traigo para que todos los ichirukistas la disfruten.
asi que a leer se a dicho
Inoue se había desmayado de la impresión que le causó ver al pelinaranja en el consultorio de su amiga, por otro lado Ishida tenía cara de susto al ver a su novia caer desmayada y no poder llegar a tiempo para sostenerla, eso fue lo que le causó terror.
Otro factor que influyó fue ver a los niños corriendo hasta alguien que estaba ahí, tal fue su impresión de ver a su amigo parado cerca del escritorio sosteniendo un portarretratos con fuerza, que dejó a su novia de lado apenas medio recostada en la pared para ir a su encuentro, y por si no fuera poco que llega Rukia con la cara más pálida que el papel al contemplar la escena.
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Ishida se quedó en su sitio sopesando posibilidades de huir intacto. Disimuladamente cargó a Inoue en brazos acercándose cada vez más a su objetivo, la puerta… o sí, quería salir corriendo todo lo que sus piernas se lo permitieran.
Ichigo estaba perplejo parpadeando repetidas veces, no sabía en qué momento esos niños habían ido a parar a sus brazos, solo fue consciente de dejar caer al suelo el portarretratos nada amablemente para enfocarse en recibir esos dos pares de brazos.
Yosuke y Kisha entraron corriendo en busca de su madre, pero grande fue la sorpresa que se llevaron al encontrar al señor que estaba en casa de su abuelita, el que se parecía mucho a su papi Kaien. Sin pensarlo, se fueron directo a sus brazos a saludarlo eufóricamente en un amigable abrazo, ya que ver a ese señor les causaban ganas de abrazarlo mucho.
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Rukia no sabía qué hacer, mirar a sus hijos en brazos de Ichigo no era el panorama que precisamente se esperaba, todo lo contrario, pues no entendía que hacían estos en su regazo. Buscó con la mirada a Ishida y lo encontró muy cerca de la puerta, ¡canalla quería huir!, pero no se lo iba a permitir.
Tomó fuertemente al moreno de la chaqueta haciendo que retrocediera unos pasos, ya estando a su nivel lo encaró con molestia. Ishida no sabía dónde meterse, solo sabía que su instinto de supervivencia le decía repetidamente que huyera y eso intentó, de no haber sido por su furiosa amiga, ahora mismo estaría corriendo como loco desaforado por los pasillos, y no es que él fuera cobarde, no que va, solo… solo, que sí. Sí que lo era cuando se trataba de ella, de un momento a otro su cara se puso más pálido que la de su hermanita.
—Ru-Rukia chan yo…— pronunció el moreno débilmente viendo hacia su novia cabizbajo, ahora que lo pensaba, todo era culpa de Inoue. Si ella no se hubiera desmayado él no hubiera volteado a verla a ella y por consecuente se habría percatado del rumbo que tomaban los niños, pero ya ni llorar era bueno, ella ya lo había visto y el no podía hacer nada, a menos que…
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— ¿A dónde crees que vas Uryu?— respondió la pelinegra con un tono de voz bastante peligroso, juraba que cometería un homicidio en contra de Ishida.
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El moreno al notar el aura asesina que emanaba la chica trató de componer las cosas, aunque dudaba que pudiera remediarlo en algo.
—Je, je, je, hola estúpido, ¿Qué tal? Tiempo sin verte— hablo de nueva cuenta aproximándose a paso lento al chico después de acomodar a su novia en el sillón de la ojivioleta.
Ichigo lo miró escéptico con una ceja alzada, sabía que detrás de ese comportamiento que habían tenido esos dos, había algo. Bajó con cuidado a los niños, aunque estos no estuvieron muy de acuerdo, pero al ver a su madre se fueron con ella, cosa que notó el ojimiel sin perder detalle.
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— Hmp, idiota— dijo Ichigo como toda respuesta centrándose en Motoko, que se poso a su lado. Inmediatamente buscó con la mirada a la pelinegra, pero no la encontró, ¿En qué momento había salido? Y, ¿Qué significaba que esos niños se hubieran marchado con ella?, eran dudas que no pensaba tolerar. Iría a buscarla.
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—Y, ¿Cuándo llegaste Ichigo?— pregunto Ishida un poco más serio notando como su amiga había salido. Se dijo que eso había sido lo mejor pero conociendo al pelinaranja no se la creería tan fácil.
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—No creo que eso te interese mucho, no— soltó el Kurosaki mirándolo retadoramente. Si Ishida pensaba que dejaría ir a la chica, pues que equivocado estaba. Camino a paso apresurado hasta situarse delante del moreno.
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— A un lado, Ishida. Déjame salir— profirió el Kurosaki de nueva cuenta al ver al moreno parado sin disimulo en la puerta. Bufó con fastidio y, de un empujón lo hizo a un lado sin soltar la mano de su hija.
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Ishida no puso mucha resistencia en dejarlo ir, la verdad era inminente y creía que era tiempo de afrontarla, así que se encogió de hombros y se dispuso a despertar a su novia por segunda vez. Solo esperaba que Rukia no lo encontrara en las próximas horas… Después de cerciorarse que el pasillo estuviera despejado tomo a Inoue de la mano y echó a correr como si quisiera ganar un maratón. Era necesario…
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Ya estando un poco más seguros salieron el hospital respirando agitadamente. Ishida iba muy serio, cosa que sorprendió a la pelinaranja en sobre manera.
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— ¿Q-que te pasa Ishida kun?— pregunto la muchacha tímidamente viéndolo de reojo.
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— Es solo que, ¿te das cuenta que siempre me toca la peor parte a mí en la vida de esos dos?— pregunto el rascándose la cabeza por el pensamiento que de pronto se le vino.
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A Inoue le salió una gotita de sudor recorriéndole la sien, ya que por mucho que conociera al moreno siempre acababa sorprendiéndola con alguna cosa nueva, de vez en cuando o mejor dicho, casi siempre era tan inocente, que pecaba de ingenuo.
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—No te preocupes Ishida kun, estoy segura que tarde o temprano esto tenia que pasar— susurro la ojigris viéndolo con ternura, cosa que noto el moreno y se le acerco peligrosamente uniendo sus labios en un casto beso, que a la chica le supo a gloria.
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Cuando se separaron el moreno emprendió marcha hacia su auto alegando que tenían una cita con el curry o cosas así alcanzo a escuchar la muchacha siguiéndole torpemente el paso.
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Matsumoto iba en busca de Rukia para irse juntas a casa, Kaien venía siguiéndole los talones todavía enojado por las anteriores burlas que la castaña cometió a su persona y juraba que no se lo dejaría pasar tan fácil, esa mujer le estaba colmando la paciencia y era hora de ponerle un alto. Pero eso sería para otro momento porque ahora mismo su prioridad era encontrar a su novia y a sus hijos para llevarlos él a casa, sin Matsumoto de por medio. Sonrió burlonamente al imaginar a la castaña en taxi sola.
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La castaña iba muy concentrada en escapar del Kurosaki, tanto que, al doblar en la esquina del pasillo chocó contra alguien que al parecer iba igual de apurado que ella. Abrió los ojos con odio para decirle unas cuantas maldiciones al distraído que la hizo caer de bruces al suelo, pero al enfocar bien su vista se encontró con su amiga del alma tirada en el piso junto a sus sobrinos que la observaban con una mueca de dolor.
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Kaien que venía atrás presenció por completo la escena, pero se extrañó al ver a la pelinegra casi corriendo como si quisiera huir de alguien, a paso apresurado se encamino a ayudarla a levantarse, les sonrió a sus hijos que, apenas lo vieron se lanzaron a sus brazos. Le tendió una mano a la chica para ayudarla a incorporarse. Ya estando parada le dio un beso lento pero dulce en los labios cosa que los pequeños miraron poniendo muecas de asco.
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Rangiku se levantó como pudo y miro a su amiga. Al ver su rostro, encontró mucha preocupación acumulada, pero después de unos segundos en que estuvo con el pelinegro parecía calmarse. Aunque odiara a ese Kurosaki, le agradecía que tranquilizara de esa manera a su amiga y que cuidara tan bien de ella y sus hijos, de eso siempre le estaría agradecida ya que él fue una luz en medio de la oscuridad para ella y, por lo tanto, tenía su respeto, aunque bueno, muy a su manera…
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— ¡Ya está aquí!— susurró la peli verde ¿contenta?, eso lo dudaba ya que ella no se caracterizaba por estar siempre de buen humor que digamos, pero desde hacía algunos minutos repetía constantemente la misma frase. Al principio, la había llamado loca pero después de escuchar tanto alboroto decidió informarse de que hablaba.
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— ¿De qué hablas lechuga?— pregunto Grimmjow con una ceja arqueada, su curiosidad crecía constantemente.
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— ¡Ichigo!, ¡Ichigo ha vuelto!— exclamó en tono de voz empalagoso para los oídos del peli celeste, pero al caer en cuenta de sus palabras no pudo evitar que el coraje se apoderara de él, ya que sabía lo que ese hombre conllevaba en su vida.
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— ¿Y qué hay con eso?, — preguntó mosqueado de la actitud de la mujer. — ¿Aún piensas seguir metiéndote en su vida?— siguió diciendo viéndola directo a los ojos. — No pensé que fueras tan arrastrada Nel, ¿A caso no entiendes que todo se terminó hace mucho tiempo?— terminó de decir dejando en silencio a la peli verde.
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—No te hagas el desentendido, cara de pez, que tu sabes perfectamente que yo lo amo, y solo esperaba el momento oportuno para actuar— alego la mujer apuntando retadoramente con el dedo índice al ojiazul que cada vez estaba más cerca de la puerta.
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—Claro, tú lo has dicho… tú lo amas pero, ¿Y él a ti?— formuló el peli celeste con un nudo en el pecho, sabía de la obsesión de la chica pero le dolía que se lo dijera tan crudo y a la cara. Solo esperaba que el golpe no fuera tan duro al saber del fracaso que se llevaría ella, porque quizá él ya no estaría disponible para limpiar sus lágrimas y hacer de amante incondicional cada vez que a ella se le antojara…
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— ¿Qué has dicho Grimmjow?— le grito la mujer al ver las intenciones que tenía este de marcharse. Claro que Ichigo la seguía amando solo que necesitaba tiempo para asimilarlo pero ya se encargaría ella de dejarle en claro sus sentimientos.
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—Lo que oíste Nel, solo espero que cuando te des cuenta de la realidad no sea demasiado tarde— Dicho esto salió dando un portazo, su buen humor se había ido al diablo desde el momento en que se entero de la llegada de Ichigo.
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Karin se quedó en silencio pensando en las últimas palabras del peli celeste, ¿Estaría haciendo lo correcto?, eso solo lo sabría cuando volviera a hablar con Ichigo, y esperaba que fuera pronto, pues ya sentía unas inmensas ganas de tenerlo junto a ella.
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Ichigo seguía buscando desesperadamente a Rukia, ¿A dónde habría ido en tan poco tiempo? Se preguntaba buscando por todos lados, de repente reparó en Motoko, que hasta ahora llevaba a cuestas corriendo junto a él y a la pobre ya se le veía bastante agitada.
Se paró un momento y la tomó en brazos para continuar con su recorrido.
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— ¿Qué te pasa Kia?— formuló la castaña acercándose a ella. Ni siquiera podía imaginar lo que le causaba tales emociones para que siguiera tan nerviosa girando repetidamente hacia atrás como si alguien la estuviera siguiendo.
Kaien, que era bastante observador llevaba rato viendo sus reacciones, desde que se habían encontrado, era poco el camino que habían recorrido y todo era porque la chica no dejaba de mirar para atrás.
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Los niños también repetían la misma acción de su madre, ya que creían que era un juego el que hacía ella al voltear tanto, ellos solo la imitaban en el acto.
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— ¿Qué te pasa pequeña?— preguntó el pelinegro al ver que a la castaña no le había contestado nada.
— ¿Dónde están Ishida y Inoue?— insistió preguntando Matsumoto al ver que parecía no querer decir ni pio a lo que le cuestionaran.
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—E-ellos, se quedaron en mi consulta— habló muy bajito, pero los dos la escucharon perfectamente. La castaña frunció el seño, ¿Qué hacían ellos ahí? Se preguntaba mentalmente, mientras Kaien no entendía el por qué del actuar de Rukia.
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Rukia giró por quién sabe qué vez hacia atrás y, de repente paró en seco. Ella no era ninguna cobarde, ¡Por dios!, ¡Si hasta se estaba pareciendo a Ishida…! Se irguió con dignidad y empezó a retroceder por donde había venido a paso decidido, el pelinegro al verla, le recorrió una gotita de sudor en la sien, su novia era bastante bipolar y parecía no darse cuenta de sus constantes cambios de humor.
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.Matsumoto rodó los ojos y los siguió en silencio tomando de la mano a sus sobrinos.
Rukia, ya un poco más tranquila, buscó la mano de Kaien y la tomó fuertemente, acercándose a él para sentirse más segura, y lo logró, ya que el moreno le dedico una sonrisa sincera y la apegó a él tomándola de la cintura posesivamente.
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Masaki estaba demasiado tensa, desde el día anterior. Las cosas habían tomado un rumbo inesperado y ya no sabía con que encontrarse, ya que en todo el enredo estaban en medio sus hijos.
Sentía algo que le oprimía el pecho al saber que uno de los dos saldría perjudicado, y el que más posibilidades tenia de perder era su pequeño, por el mal actuar que tuvo con la chica, eso ella lo sabia pero no por eso dejaba de dolerle.
Tenía que hablar con Ichigo y hacerlo entrar en razón, el ya no tenía cabida en la vida de Rukia, aunque eso no impedía que buscara a sus hijos de vez en cuando y se informara de cómo iban en su vida.
Ahora que lo pensaba, sería un golpe muy fuerte para los niños enterarse de la noche a la mañana de la verdad, aunque eran muy pequeños sabia que ellos entendían la situación en la que se encontraban. No por nada eran unos genios a su corta edad. Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla al recordar a sus pequeños cuando niños jugando tan felices, tan ajenos a los problemas y sobre todo, a su entorno.
No quería que le quitaran a sus nietos, que tanto cariño les había tomado, menos ahora que también estaba la otra hija de Ichigo y había maquinado tantos planes para hacer con los tres juntos, que ahora le entristecía pensar en que nunca podrían realizarse.
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Isshin observaba atento desde la puerta de la enorme cocina a su mujer, parecía ida en sus recuerdos, pero no le extraño ya que ella siempre ha sido demasiado sentimental. Aunque él no lo demostrara sentía la misma angustia que ella por ver desmoronarse su familia, ya que sabía que la verdad no se podría ocultar por demasiado tiempo. Solo pedía a dios porque Rukia no fuera tan cruel con su hijo, que aunque había actuado mal no podía desearle lo mismo, aunque claro una lección no daña a nadie.
Pensó en acercarse a consolar a la peli castaña pero se dijo que no podría, el no podía prometerle nada de lo que ella le estaría exigiendo en segundos al verlo pararse cerca, ahora mismo se sentía igual y no era buen consuelo para nadie. Así que dio media vuelta y se marcho a su despacho, nada que unos buenos tragos no apaciguaran.
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Ichigo estaba por marcharse del hospital, se encaminó a la salida ya viendo su derrota por ese día, volvería en otra ocasión para atender a su hija. Con todo lo pasado no había visto la prioridad del momento, que era Motoko, pero es que ver a Rukia y más aún, a esos niños con ella, lo habían hecho ponerse como loco buscándole explicaciones al asunto. ¿Qué tenía que ver su hermano en todo esto?, solo esperaba que no fuera lo qué se estaba imaginando.
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Kaien seguía pensando en el por qué de la reacción de la pelinegra, era demasiado extraño que actuara de esa forma, pero ¿Qué se le iba a hacer?
Al ya estar cerca de la salida, Rukia identificó a Ichigo caminando hacia la salida con la niña en brazos, se tensó, pero siguió caminando con la vista al frente, aunque algo nerviosa por lo que venía, miró de reojo para ver a Kaien y notó como él la miraba a ella, era el momento de encarar la verdad.
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—Kaien— le llamo volteando este al escucharla, llevaba segundos viéndola pero especialmente a las diferentes muecas que empleaba.
_Hmp— respondió el moreno sin percatarse de que cada vez se acercaban más a Ichigo que ya había salido. Como por arte de magia, Kaien siguió el curso de la mirada de la chica sorprendiéndose por lo que su campo de visión captaba. Era Ichigo… su hermano.
Para Kaien todo cobró sentido al ver a su hermano caminando como si nada hacia su auto. ¿Pero como no lo había pensado? ¡Si ya sabía que él estaba en la ciudad! Ahora entendía los nerviosismos de la chica, y es que no era para menos, él quería a su hermano pero sabía que había hecho muy mal con respecto a la pelinegra y él no iba a permitir que llegara y le quitara los puntos que llevaba haciendo por casi tres años. Él se había ido, estaba casado y con una hija. Esperaba que no quisiera creerse de derechos sobre ellos, al pensar en los niños, miró serio a la castaña, que no se daba por enterada de lo que pasaba a solo unos metros, y caminó hacia ella tomando a ambos de las manos, ellos eran sus hijos y ni Ichigo ni nadie se los iba a arrebatar.
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Rukia camino decidida al paso de Kaien al ver a este tomar a ambos niños de las manos, se le unió y tomó a uno notando como Ichigo giraba a verlos después de acomodar a la niña en el asiento del copiloto.
Iban a pasar de largo, pero Ichigo les impidió el paso, su miraba denotaba desconcierto por la escena que se presentaba ante sus ojos, ¿Qué hacia Kaien con Rukia y… sus hijos?, estaba claro que esos niños eran de la enana y por lo mismo quería aclarar las cosas, ya que si sus cálculos no fallaban ellos era, ¡sus hijos! ¿Cómo no lo había pensado antes?, ahora todo cuadraba, el comportamiento de ella, de Ishida y de Kaien en casa de sus padres al verlo con los niños en brazos. Por nada del mundo la dejaría ir así como si nada, ella le tenía que explicar muchas cosas.
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— ¿Qué crees que haces Ichigo?— formuló la pelinegra al verlo obstruirles el paso, no quería hablar con él, pero sabía que él ya había deducido la verdad.
—Lo mismo te pregunto enana, ¿Cuánto tiempo pensabas ocultármelo?— reclamó bastante cabreado, cosa que solo empeoró el ánimo de la muchacha.
_Matsumoto— llamó la pelinegra entre dientes a su amiga, esta se acerco a ella sin pensárselo dos veces. — Quiero que tomes un taxi y te lleves a MIS hijos a casa, — habló remarcando el mis, para que Ichigo la escuchara. — En un rato te alcanzo— le dijo, orden que la ojiazul acató al instante. Rukia no quería que sus pequeños presenciaran esa charla, que de un momento a otro podría tornarse en discusión.
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Kaien seguía al margen, ya que el problema era de ellos, pero en el momento en que las cosas se salieran de control intervendría sin dudarlo.
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—Lo que pase con mi vida es algo que tendría que venirte sin cuidado— respondió la ojivioleta calmadamente viendo a sus hijos montarse al taxi junto a la ojiazul.
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Ichigo enarco una ceja al escucharla hablar, ¿Desde cuándo ella le hablaba tan civilizadamente?, si su memoria no fallaba, la última vez le gritó y golpeó como una fiera, ¿De qué se había perdido?
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_No me des evasivas Rukia— Dijo el pelinaranja mirando intensamente a la ojivioleta en busca de algún fallo para recalcárselo. Mientras tanto, su hermano seguía recargado en su auto viendo a Motoko con curiosidad, dejó de lado eso, ya luego se arreglaría con Kaien.
_No lo estoy haciendo, simplemente que no se me da la gana de responderte, ¡ni darte explicaciones de mi vida!— Se defendió viendo en la misma dirección que él había visto anteriormente.
_ ¡Son mis hijos!, ¡Maldita sea!— gritó ya más desesperado fulminándola con la mirada.
_ ¡Te equivocas!— le respondió la chica en el mismo tono que él, — ¡Dejaron de serlo el mismo día en que los negaste!— Reprochó acercándose amenazadoramente — ¡No lo son desde que quisiste pagarme para desaparecer de tu vida!— terminó de decir bastante agitada por hablar tan rápido y corrido.
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Ichigo se quedo de piedra al escucharla, si bien era cierto lo que ella decía, le dolía reconocerlo. Pero más le dolía ver la cara de odio que ella le dedicaba en cada palabra, tanto, que parecía que se las escupía.
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—Lo siento— susurró muy bajo, pero ella alcanzó a escuchar. —Lo siento mucho— volvió a decir en un tono más alto.
— No hay nada que sentir, solo… no te metas en mi vida y mucho menos en la de mis hijos— aclaró viéndolo con una cara seria e inexpresiva, si creía que la vería llorar, pues que equivocado estaba, a ella ya se le habían secado las lágrimas.
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Kaien, al ver que la situación se calmaba un poco abrazó a la pelinegra por detrás depositando un beso en su cuello. Ichigo apenas creía en la imagen que presenciaba, si bien antes había estado calmado esto no se lo esperaba.
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— ¿Por qué?— formuló Ichigo en tono desesperado. — ¿Por qué demonios dejas que Kaien te abrace Rukia?— le gritó muy cerca pero ella no se inmutó.
_ ¡Habla!— volvió a gritar haciendo sobresaltar un poco a la chica, Kaien, al verla reaccionar de esa manera se enfureció y sin pensarlo le gritó.
_ ¿Quieres saber por qué?— habló acercándose a Ichigo en tono amenazador, —pues yo te lo diré— agregó viendo que su hermano no pensaba responderle.
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— Porque yo fui el que le brindó su apoyo cuando la dejaste sola— recalcó viéndolo a los ojos, — yo fui quién le ayudó en el parto de "Mis hijos"— Ichigo al escucharlo decir que eran sus hijos iba a replicar pero Kaien se le adelantó. — y no pienses que porque tú los engendraste te puedes llamar padre Ichigo, porque escúchame bien, y que se te grave en la cabeza que: " padre no es el que engendra si no el que cuida y alienta"— dicho esto, bajó un poco la voz al sentir el tacto de Rukia en su brazo.
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_Además— habló notando como su hermano se quedaba pasmado procesando las palabras que anteriormente le había dicho. — Rukia es mi prometida, dentro de poco nos casaremos. — terminó de decir viendo atento sus reacciones.
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.¿Queles parecio siento mucho por ser mala i dejarselas asta hay pero prometo que no tardare mucho en actualizar o porcierto les cuento que aparesera algien nuevo en la vida de nuestros protagonistas y que esta persona es muy importante.
att:Naoko tendo.
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