Original: Spanish 2 Was All For You

Por: Polkahotness

Traducción: Tsubasaglz

Nota de traductora: Este fic en su idioma original se encuentra en inglés. La autora Polkahotness me dio el permiso para poder traducirle su excelente trabajo al español y espero poder hacer una buena adaptación a nuestro idioma, será algo difícil, ya que ella utiliza los dos idiomas, y aquí lo estaría traduciendo al español. Espero se entienda que es una clase de español y que los estudiantes no lo hablan del todo bien, para diferenciar lo que se encuentra en español desde la historia de origen he utilizado asteriscos (*). Hey Arnold! No me pertenece ni mucho menos el fanfic original (Spanish 2 was all for you). Yo solo estoy haciendo labor de traducción. Espero lo disfruten.

Y sobre todo, perdón por la tardanza, tengo un bebé que empieza a caminar y con el trabajo es un poco dificil sentarme a traducir, pero no he dejado la historia, pienso terminarla :)


Capitulo 14: Mejor que National Geographic


Ustedes pensarían que después del gran momento entre Arnold y yo en el árbol las cosas cambiarían. Que yo mágicamente dejaría la fachada de brabucona y Arnold me besaría todo el tiempo, tomaría mi mano y me abrazaría y al instante nos convertiríamos en la pareja que todos quieren llegar a ser algún día.

Entonces habrían pensando mal.

Justo como yo lo había hecho.

Por extraño que parezca, las cosas permanecieron igual – casi. Todavía le chasqueaba un par de veces mientras caminábamos por la colina desde donde habíamos caído. Yo aún lo llamaba por hombres como 'Cabeza de balón' y 'Arnoldo' y lo que fuera que pudiera pensar. Pero había un aspecto juguetón en eso ahora; como si un momento entre nosotros pudiera cambiar la intención detrás de cada nombre de brabucón a coqueteo en un instante.

Era como si Arnold hubiera tirado todas las paredes con las que yo me escondía a mi misma del mundo. Mi alguna vez mala actitud que solo terminaba en ceños fruncidos se volvió juguetona y tenía la tendencia de terminar en sonrisas lo cual en realidad… se sentía NATURAL.

De hecho, TODO alrededor de Arnold se sentía natural.

TAN natural, que nuestra caminata de más de una milla colina arriba estuvo llena de historias que siempre había querido admitirle a Arnold pero nunca tuve las agallas para hacerlo. Le dije sobre la navidad en la que había dado mis botas Nancy Spumoni para ayudarlo a encontrar a la hija de ese inquilino. Le dije sobre el libro rosa lleno de poemas – al cual él admitió que aún lo detenía después de todo este tiempo.

Las confesiones — grandes o pequeñas — habían traído un nuevo aire entre nosotros; un nuevo aire de nuevos horizontes y renovada determinación que JUNTOS podríamos encontrar a los padres de Arnold y lograr salir de la selva VIVOS.

Sin embargo, ese nuevo sentido de empoderamiento e imposible optimismo se borró cuando finalmente llegamos colina arriba para el rastro de árboles muertos.

Mis pies resbalaron en el barro mientras daba otros pasos más cerca de uno de los árboles muertos. Levantando mi mano para tocar su tronco duro, solté un resoplido irritado y deje caer mi brazo al costado.

Nada.

No había nada allí.

Me di la vuelta en un círculo donde me paré, desconcertada ante el espacio vacío. "¡¿Es esto… es esto una BROMA?!" Grité a los cielos, una furia emocional ciega ahora apoderándose de todo el optimismo que me quedaba.

Arnold suspiró y se frotó la cara como si intentara relajarse de sus propias frustraciones; dejando sus manos sobre su boca mientras me observaba continuar.

"Digo, ¡CRIMINAL! ¿Por qué más estos árboles estarían muertos?" Miré hacia sus hojas cafés y las ramas secas. "¡Esto es estúpido!"

"Helga, necesitas tranquilizarte. Es solo un… revés menor."

Me giré para verlo, enojada por sus palabras. "¡¿Un revés… MENOR?! ¡Esto es un revés MAYOR! ¡Ni siquiera sabemos dónde ESTAMOS, por dios santo!"

Mi cuerpo estaba temblando, el enojo pulsando a través de mis venas mientras caminaba sin cesar alrededor del pequeño claro; mirando hacía los árboles muertos que una vez me habían llenado de tal esperanza. "¿A dónde se supone que debemos mirar ahora? ¡Esto era la mejor pista que TENÍAMOS!"

Arnold dejó caer sus manos de su rostro para descansar a sus costados y tragó saliva antes de hablar. "Tendremos que encontrar OTRA pista. Solo tendremos que… seguir caminando y con suerte-"

"¿Con suerte QUÉ, Arnold?" contraataqué enojada. "Con suerte nosotros – MAGICAMENTE encontraremos la ciudad perdida de los Ojos Verdes? ¿Entonces MAGICAMENTE encontraremos a tus padres y MAGICAMENTE volaremos por el cielo había Estados Unidos donde todo MAGICAMENTE volverá a la normalidad? ¡Pon los pies en la tierra, Melenudo!"

Él se movió para cruzar sus brazos y permanecer en un lugar – él cual era lejos de mí – hasta que yo me calmara.

Probablemente la decisión más sabía ya que yo podía ponerme un poco agresiva.

Sus ojos me siguieron mientras yo continuaba mi bronca, la necesidad abrumadora de golpear algo lentamente corriéndome por los puños. Apreté mi agarre haciendo que mis nudillos se pusieran blancos, mis músculos entumecidos mientras yo los tensaba.

"Helga…" Arnold me regañó suavemente, pero yo no lo iba a tomar.

"No me digas 'Helga', Arnoldo." Lo miré por un momento, mi mano extendida y señalando hacia él; él no rompiendo la mirada en una especie de desafío.

Finalmente, miré a otro lado y tiré mis manos al aire en derrota. "Bien," dije, ahora dando pasos hacia atrás mientras hablaba, "¿Quieres caminar? Vamos a caminar. ¡Pero eso no nos va a llevar a ninguna parte!"

Yo continué mi absurda caminata, Arnold finalmente decidió seguirme mientras yo seguía furiosa. "Todo lo que va a pasar es que caminaremos, y caminaremos y—"

"Helga…" Arnold dijo de nuevo, esta vez con una ligera preocupación en su voz.

"-finalmente nos perderemos tanto que nadie podrá siquiera ser capaz de-"

"Helga." Arnold dijo un poco más alto con firmeza en su tono.

Pero yo seguí, "-encontrarnos y terminaremos muertos en la selva con nada más, excepto nuestro-"

"¡Helga, cuidado!" Gritó tratando de agarrar mi mano, pero él estaba demasiado lejos y era demasiado tarde.

La terquedad de mi caminata hacia atrás me había guiado justo a la base de un árbol que había caído, imaginó, durante la tormenta. Inmediatamente tropecé y caí hacia atrás al piso que estaba uno o dos niveles más debajo de donde había caído.

Escuché los pasos de Arnold apurarse hacia el árbol en dónde había tropezado y se inclinó para verme tirada sobre mi espalda justo abajo. "¿Helga? ¡¿Estás bien?!"

Agitando mi cabeza como para despertarme a mí misma, me empuje para sentarme y miré hacia el rededor en donde había caído.

Había caído bastante abajo – tan abajo que tendría necesitar ayuda para subir de dónde había caído. Miré hacia arriba para ver el borde de donde había estado parada y me di cuenta que sobresalía como un acantilado; efectivamente escondiendo lo que estaba abajo para que aún si yo hubiera estado caminando como una persona normal, probablemente no hubiera visto el borde de todas formas.

Miré arriba de mi cabeza hacia la oscuridad debajo del borde/precipicio donde las raíces de los arboles arriba (junto a donde Arnold estaba parado) eran visibles. Se entretejían como una telaraña; cubriendo decorativamente la roca de lo que parecía una caverna de algún tipo. Las raíces que habían estado cubriendo la entrada a la cueva previamente habían sido cortadas – las piezas rotas tiradas al frente de la oscura entrada.

Parpadeando unas pocas veces como si intentara ver aún más lejos en la oscura cueva, podía solo ver el destello de una luz.

Por un demonio. ¿Era esto…?

"¿Helga?" Arnold preguntó de nuevo, su voz con un tinte de preocupación. "¿Estás bien?"

Tosiendo mientras me paraba, asentí hacia él y saludé con la mano. "Tú vas a querer unirte conmigo aquí abajo…"

Él levantó una ceja con pregunta, "¿Por qué es eso? ¿Hay algo allí abajo?"

"Qué tal si solo CONFIAS en mí y vienes a verlo tu mismo, zopenco." Dije a través de una pequeña sonrisa.

Con un salto, él aterrizó a mi lado; el polvo haciendo una nube en donde sus pies habían pegado contra el piso. Suficientemente extraño, la primera cosa que hizo fue revisarme para estar seguro que yo estaba bien pero yo rodé los ojos; físicamente alcancé su cabeza para moverla y que él pudiera ver la misteriosa cueva que yo había encontrado. "¿Ves eso?" Le pregunté, colocando mis manos en mi cintura con orgullo. "Es una cueva."

Los ojos de Arnold se abrieron grandes y comenzó a caminar hacia la entrada – casi hipnotizado. Yo lo seguí detrás, intrigada por mi propia curiosidad.

Una vez en la entrada, él levantó la mano y movió algunas de las raíces que estaban regadas sobre la roca haciendo que la cueva revelara la imagen de lo que había estado cazando nuestros sueños.

Un ojo. Pero no cualquier ojo.

Era un símbolo de los ojos verdes.

Había sido grabado en la roca, pero sus bordes alguna vez profundos se habían desvanecido con el tiempo. Arnold y yo intercambiamos miradas de miedo y emoción antes de simultáneamente mirar dentro del oscuro túnel de la cuela; la luz que yo había visto aún parpadeando desde bien adentro.

"¿Crees que lo encontramos? ¿La ciudad perdida de los ojos verdes?" Preguntó Arnold, una pizca de desesperación en su voz.

Yo me encogí de hombros y apunté hacia dentro de la cueva. "Supongo que tendremos que averiguarlo, ¿o no Cabeza de balón?"

Primero tanteando dentro de la oscuridad de la cueva, miramos alrededor como pequeños niños asustados jugando a las escondidas de noche. El aire era frio y las gotas del techo hacían eco mientras caían al piso de roca.

Justo en el camino de la cueva estaba la fuente de la luz parpadeante que había visto – una antorcha. Era solo una, no había más ganchos para antorchas adicionales en ningún otro lado. Era extraño, esta antorcha solitaria; como un ominoso guía turístico esperando y listo para guiarnos hacia su destino.

"¿Supongo que debemos tomarla?" Me preguntó Arnold.

Yo asentí con la cabeza, "Ajá. Es algo raro, todo esto de la antorcha que aparece mágica y convenientemente. Pero podríamos usarla."

Él alcanzó y tomó la antorcha cuidadosamente de su base y la sostuvo lejos al frente de él. "Esta es una gran cueva…" Comentó, nuestros ojos ahora ajustándose a la oscuridad que ahora era un poco más brillante gracias a la ayuda de nuestra adquirida nueva 'linterna'.

"Entonces probablemente debamos de movernos," dije con un gesto de cabeza hacia la antorcha en su mano "antes de que la cosa muera con nosotros."

Cada paso más lejos dentro de la negrura me daba la sensación de caer en un abismo vació y profundo. Como si estuviera en un pozo interminable con la sensación añadida de estar atrapada en un frenesí.

Seguí de cerca de Arnold mientras el lideraba el camino con la antorcha en lo alto guiándonos sobre el terreno rocoso.

La cueva era espaciosa, el techo más alto de lo que originalmente había imaginado. Era tan extraño pensar que estábamos bajo la tierra en donde habíamos estado caminando. Y ahora aquí estábamos, bajo tierra en una CUEVA.

El buen Cabeza de Balón y yo, SOLOS, en los confines de una cueva en la selva.

Si no hubiera estado tan oscuro, podría ser hasta encantador. Hasta romántico.

Sabía que no debía de pasar tanto de mi tiempo pensando en Arnold cuando mi objetivo debería ser encontrar una manera de salir de la selva y regresar a casa de nuevo.

Pero me sentía involucrada.

Me sentía necesitada y querida.

Había mucho que yo tenía por ofrecer, y creía que había ayudado bastante en la búsqueda de Arnold por los Ojos Verdes MUCHAS GRACIAS.

No me importaba el viaje de español o ir a bailes formales o visitar museos. Estaba explorando cosas que no podías encontrar en un panfleto o en un libro de texto. De cerca y personalmente, estaba VIVIENDO el sueño de los exploradores antes de nosotros y de los exploradores de hoy en día. Arnold y yo estábamos en territorio inexplorado con nada más que esperanza y determinación para guiarnos a donde con suerte eventualmente encontraríamos a los padres de Arnold.

O al menos una RESPUESTA sobre sus padres.

Pero Arnold aún estaba esperanzado, la luz de sus ojos no estaba muerta aún lo cual era alentador. El tener tanta fe en personas que a duras penas conoces es una cualidad que yo siempre amé y ligeramente envidié de Arnold por tener.

Mientras él se había vuelto mejor mientras pasaban los años, Arnold aún tenía algo de ingenuidad en él que lo hacía confiar en una esperanza ciega más que una persona normal.

Así que en mi opinión, él NECESITABA mi ayuda.

Al menos eso era lo que me decía a mí misma.

No era como si Arnold no me quisiera alrededor de todas formas. Cada maniobra a través de la cueva, Arnold siempre se giraba para asegurarse que yo estuviera bien. Él me ofreció su mano para ayudarme a cruzar grandes charcos y advertirme de rocas filosas adelante. Él estaba constantemente asegurándose que estuviera bien, no porque yo fuera alguna damisela o algo – pero porque Arnold parecía preocuparse genuinamente.

Por mí.

Se sentía increíble.

Pero tan increíble como se sentía ser querida y necesitada y todo ese vaivén, no hacía que viajar a través de la maldita helada cueva fuera más divertido de lo que sonaba. Había una sensación de urgencia en nuestra exploración de la cueva. Sabíamos que cada minuto que gastábamos haciendo nuestro camino por la cueva nuestro más que paso ligero hacia que la luz de la antorcha se hiciera más tenue, y pronto se apagaría por completo.

Y sin luz mientras estas en las profundidades de una cueva más oscura que la noche era prácticamente una sentencia de muerte. ¿Cómo encontraríamos nuestro camino a la salida sin luz?

Así que sin necesidad de decirlo, yo estaba con un POCO de prisa.

Pero Arnold mantuvo su lento y deliberado paso, sus ojos despejados por cualquier señal o mayor información con respecto a los Ojos verdes.

Después de una dura media hora, finalmente llegamos al final de la cueva donde mirando hacia nosotros estaba una apertura a un amplio espacio abierto – edificios a la distancia. En el borde de donde la cueva acababa y el mundo exterior comenzaba, piezas rotas de una piedra estaban esparcidas. Claramente una pared que una vez estuvo donde estábamos parados, pero ya no estaba ya que había sido derribada por alguien o con muchos picos o un muy mal temperamento.

O ambos.

La escena me recordó a la última pista sobre los Ojos Verdes que Arnold y yo habíamos encontrado: su (alguna vez sagrado) altar que había sido destruido por nadie más que La Sombra quien no lo había dicho (tan graciosamente) que era el mismo con esa ominosa fotografía que había dejado atrás.

Arnold se agachó para recoger un pedazo de los escombros, mirándolo para ver si alguna vez tuvo los jeroglíficos familiares de los Ojos Verdes. Lo dejó caer al piso con un CLUNK que hizo eco y luego dejó caer la antorcha que nos había estado guiando y que finalmente se había apagado. Lentamente, giró su cabeza para verme.

"Llegamos muy tarde." Dijo quedamente, su voz desanimada.

Yo negué con la cabeza, "No llegamos tarde, Arnold-"

"Llegamos MUY tarde. Mira," dijo mientras señalaba las piezas rotas de la cueva que yacían en el suelo, "no queda nada. NADA. La Sombra ha destruido todo. Probablemente asesinó a mis padres también."

"No digas eso." Dije firmemente; sus ojos me miraban con lágrimas. "Ni siquiera hemos caminado dentro de la maldita ciudad aún."

Arnold suspiró y asintió con la cabeza. Podía ver las ruedas girando en su cabeza mientras pensaba en mis palabras. Con una pequeña sonrisa, se giró de nuevo para cruzar la cueva a donde nos llevaba el espacio abierto. "Ajá… Si, tienes razón."

Yo doblé mis brazos frente a mi pecho con una sonrisa. "Bueno, DAH, tengo razón. Esta es Helga G. Pataki de quien estamos hablando."

Pero era Arnold quien había estado en lo correcto.

Respirando profundamente, tomamos el paso necesario hacia delante fuera al aire libre guiándonos fuera de la caverna; el ambiente sombrío por la tormenta de hacía poco. Pero el sol se asomaba entre las nubes como si intentara ponerse al día – un tinte de luz naranja iluminando su camino. Fue con esa luz que pudimos ver una gran ciudad que nos recordó a las antiguas civilizaciones perdidas que aprendimos en la clase de historia en la escuela. Pero esta ciudad tenía mucha más similitud que solo debido a sus edificios y, obviamente, antigua cultura – como las ciudades que habíamos estudiado, esta también estaba abandonada. Una GRAN ciudad con edificios y casas en todo lo que nuestros ojos podían ver… peor nadie alrededor para usarlas.

La ciudad se extendía por la distancia hasta donde podíamos ver. Arnold y yo nos dimos la vuelta, examinando todo a nuestro alrededor – áreas que nadie más había experimentado así.

La ciudad estaba rodeada de alguna vez hermosa vegetación – ahora seco y muerto como paja. En el centro de la ciudad había una ahora seca fuente que imaginé había alguna vez desbordado con agua más clara que el cristal.

Detrás de eso había un grupo d estructuras parecidas a una pirámide que estaban gastadas y cubiertas de tierra. La estructura centrales, sin embargo, era más alta; pintada con verde brillante pero ahora desvanecida en las paredes exteriores.

El resto de la ciudad estaba esparcido con edificios de todos los tamaños que pudieran imaginar; algunos de ellos conectaban como pequeñas tiendas en alguna calle principal de un pequeño pueblo.

Revisé la zona, entrecerrando los ojos para mirar aún más lejos con la esperanza de que algo resaltara. Después de un momento, regresé mi atención a Arnold quien no se había movido desde que entramos al pueblo. Sus ojos estaban sorprendidos con lo que veía y de repente dándose cuenta que había más de esta ciudad que solo edificios.

Gente había vivido aquí.

Tal vez hace mucho tiempo, pero ellos habían vivido aquí y trabajado aquí y tenido familias aquí. Esta ciudad era la 'Hillwood' de alguien y ahora era solo el fantasma de la gente que alguna vez tuvo.

Se hizo aparente para mí que mientras había estado mirando a la arquitectura como una turista en un grupo, Arnold había estado mirando alrededor ante el obvio daño que le habían hecho a la alguna vez gran ciudad escondida.

Había destrucción en todos los malditos lados.

La mayoría de las estructuras que habían sido para viviendas estaban desmoronándose – grandes agujeros en las paredes de alguien que los había golpeado. Había grandes pilas de cenizas que servían de lápidas para lo que alguna vez habían sido edificios. Piezas rotas de cerámica y otras reliquias estaban en todas partes, entre ellos: artículos de tela, piezas de alguna vez algún mueble, hasta una sandalia que alguna vez estuvo en el pie de quien supuse era un niño basado en el tamaño.

La escena permanecía intacta; congelada en el tiempo.

Sentí la abrumadora sensación de pánico y devastación, la imagen de lo que había pasado aquí quemando detrás de mis párpados cada que cerraba los ojos. Casi podía escuchar los gritos y llantos por ayuda de la memoria fantasmal de las personas que habían desaparecido; terror puro era un sentimiento tan real que me abrumada con emoción.

"No puedo creer…" intenté solo negar con la cabeza a mi perdida de palabras.

"Yo tampoco." Respondió Arnold, su voz más suave que la mía.

El aire que nos rodeaba era silencioso – un misterioso silencio que tenía su propio sonido distintivo mientras más lo escuchabas. Lentamente, Arnold asintió para que lo siguiera mientras daba pasos en dirección de las grandes pirámides (que en realidad parecían más como castillos entre más las veía) que había visto al principio.

"¿A dónde vas?" Pregunté, siguiéndolo de cerca.

"Quiero ver eso. Parece un templo." Apuntó hacia la estructura más grande en medio – la que tenía los diseños en todas sus paredes. "Debe haber una pista o algo."

"¿Una pista?" Mi voz era incrédula; convencida de que él no había entendido lo que yo había entendido tan instantáneamente y con… empatía. "¿Para que necesitas una PISTA, Arnold? ¡Fueron asaltados! ¡Mira a tu alrededor!"

Él suspiró y se giró para verme. "Helga, puede haber algo allí. Jeroglíficos, arte, estatuas, ALGO. Basado en su tamaño y en su inusual decoración, diría que fue bastante importante." Se giró lejos de mí para comenzar a hacer su camino hacia el antiguo castillo.

Yo suspiré, finalmente trotando para alcanzarlo. "¿Y qué harás siquiera si encuentras jeroglíficos? No es como si tú o yo pudiéramos leerlos."

Arnold estaba sonriendo mientras caminaba, el familiar gesto regresando con cada paso que daba. "Sé leer algunos."

Yo detuve mis pasos y miré hacia el escépticamente. "En serio. ¿TÚ sabes cómo leer jeroglíficos? ¿Desde cuándo?"

Él me indico para que caminara junto a él y yo seguí su ritmo mientras él explicaba. "Mi papá podía leer jeroglíficos, sabes. Siendo un antropólogo y eso."

"Hay MUCHOS antropólogos que no pueden leer jeroglíficos, Arnold. ¿Qué te hace pensar que-"

Él me interrumpió, ya anticipando mis siguientes palabras. "Encontré una caja con viejas notas en la Casa de Huéspedes cuando estábamos limpiando el ático un día."

Levanté una ceja curiosa hacia él, rogándole por continuar silenciosamente.

"Después de que encontré el diario," comenzó, nuestro paso alentándose mientras el contaba su historia, "decidí que escarbaría en el ático con esperanza de encontrar más cosas sobre mis pares que el abuelo o la abuela pudieran no saber que existían. Después de todo, ellos no sabían sobre el diario de mi papá, ¿así que quien había para decir que no había más sobre mis padres escondido en alguna caja en algún lugar?"

Parecía suficientemente lógico.

"Subí allí y pasé casi un día entero escarbando entre cajas y mirando fotografías olvidadas. Hasta encontré unas pocas más fotografías de mis padres juntos en varios de sus viajes antes de que yo naciera. Fue… fantástico."

Él sonrió, claramente una memoria que nunca había dicho pero que disfrutaba de recordar.

"¿Así que cómo te diste cuenta de la cosa de los jeroglíficos?" Pregunté impaciente, Arnold sonriendo ante mi ansiedad.

"Ya casi llego, espera." Esperó por un momento como listo para que yo interrumpiera, pero ante mi silencio continuó. "Mientras estaba buscando, encontré esta pequeña caja de zapatos escondida debajo de una gruesa capa de polvo y algunas ropas viejas con agujeros de polilla. Estaba marcada, 'Miles' y 'Apuntes', así que por supuesto, yo la abrí. ¿Y sabes lo que había dentro?"

"Uh…" Me encogí de hombros, "¿Apuntes?"

"Apuntes de lenguaje. Apuntes de cuando él estaba en la universidad y de los viajes que había hecho… PÁGINAS de ellas estaban dobladas y arregladas pulcramente en esa caja. Tenía que haber al menos cinco diferentes idiomas allí – incluyendo el de los Ojos verdes. Pasé la mayor parte de la secundaría quedándome despierto hasta tarde para leerlos una y otra vez hasta que cada página estaba fotocopiada en mi cabeza."

"Así que espera, ¿hablas cinco idiomas ahora?" Impresionante…

Pero Arnold rió, negando con la cabeza. "Dios, no. Solo español y la cosa de los jeroglíficos, pero más español. Papá no tomó muy buenos apuntes en los jeroglíficos, especialmente de los Ojos verdes ya que el conocimiento de su cultura es limitado."

De repente todo tenía sentido para mi, porqué Arnold había sido tan malditamente bueno en español desde el principio. Había tenido mucha más práctica de lo que dejaba ver.

"Bien, debo admitir Arnold, tienes muchos trucos bajo la manga. Tus padres estarían bastante orgullosos de ti."

Él se detuvo y se giró para verme, sus ojos parpadeaban para mirar los míos. "¿De verdad lo crees?"

Se hizo increíblemente evidente para mí de qué tan parecidos éramos Arnold y yo, la manera en la que él había reaccionado a tan simple declaración.

Mientras yo tenía problemas con mis padres por toda la vida, Arnold tenía también – solo que en maneras que yo nunca había experimentado. Yo pasé mi vida intentando (y fallando) en impresionar a mis padres lo suficiente para que ellos me dieran al menos una pizca de atención. Pensé que no había nada peor que intentar impresionar a padres que no te notaban aún si te hubiera crecido un tercer ojo y tentáculos.

Pero había ALGO peor. La única cosa peor que intentar conseguir la atención de padres que estaban allí y se REUSABAN a dártela, era intentar tener la atención del fantasma de los padres que de alguna manera lo harían.

Arnold había pasado su vida con la inseguridad de SABER que sus padres lo amaron, cuidaron y querían alimentarlo con la atención y amor de más de MIL padres… pero no podían porque no estaban allí.

No sin estar allí como mis padres, pero no allí.

Como perdidos. Fantasmas de padres que debieron estar pero no lo estaban.

Era un agujero en su corazón que nada y nadie podría nunca llenar.

Qué era por lo cual estábamos en Centroamérica en una ciudad olvidada en búsqueda por la cosa que podía llenar a esos ojos verdes de alguna manera perdidos con los que había pasado mi vida soñando.

Me saqué a mi misma de mis pensamientos para responder su pregunta mientras esos mismos ojos verdes perdidos mantenían su mirada sobre mi; esperando.

"Bueno, sí. Mirate. Viajaste la mitad del planeta solo para intentar encontrarlos. Aprendiste otro idioma POR TI MISMO y te enseñaste a ti mismo como leer jeroglíficos de unos viejos apuntes que encontraste en una CAJA. No tanto chicos de 18 años pueden decir eso. Y ahora estás vagando por la selva en una especie de ciudad perdida oculta de la civilización – de una civilización perdida que la mayoría de las personas creen que es solo una leyenda como Atlantis o algo. Sin mencionar que has salvado MI vida y ayudado a todas esas personas durante el deslave…" Reí una vez, más que nada por asombro ante su ceguera por todas las cosas increíbles que había hecho.

Arnold se detuvo de pie mirándome por un momento, completamente sin palabras.

"Digo – si ME preguntas," añadí a su falta de reacción, "tus padres estarían MÁS que solo orgullosos. Ellos estarían honrados de que tú te preocupes tanto por ellos y por todos a tu alrededor."

Sus ojos brillaron, una sonrisa sincera creciendo tan grande en sus mejillas que apenas podía con ella. "Helga… eso es – es lo MÁS bonito que alguien me ha dicho…"

Yo me sonrojé, la manera en la que me estaba mirando poniéndome nerviosa. "Oh uh… a-ajá. No te pases, Arnoldo."

Él rió suavemente, luego empujándome suavemente con su hombro. "Vamos. Revisemos eso."

Juntos, tomamos los siguientes pasos hacia el antiguo templo. Cuidadosamente, nos arrastrámos por las escaleras de piedra desgastada para entrar a través del ancho arco de la puerta.

Estaba oscuro dentro del templo, la luz del sol caía como conos desde el techo. Un corte circular actuaba como ventana y permitía que la luz descendiera del cielo e iluminara suavemente la habitación. Era bastante espacioso en realidad, con un altar y unas pocas estatuas regadas alrededor. Noté el altar al frente él cual tenía varios diseños y figuras grabadas en ella; los diseños girando en todos los sentidos antes de culminar en el centro alrededor de dos círculos en forma de un par de ojos intimidantes.

El resto del interior era simplemente una habitación hecha con la misma piedra que todo lo demás en la ciudad. Pedazos de piedra de la superficie de arriba y de las paredes estaban donde quiera; una pequeña capa de polvo sobre todo adentro – hasta las paredes. Pero la parte más inquietante del templo era la capa de lo que parecían ser hojas que cubrían el piso.

Me agaché para mirar a lo que estaba crujiendo mientras caminábamos, solo para descubrir que no eran hojas sobre lo que habíamos estado caminando.

Eran mariposas.

Cientos de mariposas; sus alas rotas por estar muertas por tanto tiempo.

Levanté la mirada para ver que Arnold tenía su atención enfocada en las cuatro grandes estatuas que parecían alcanzar el gran agujero en el techo cómo si mantuvieran arriba sus antiguas manos grabadas.

La luz de esta extraña ventana, junto con la misma luz que emanaba la entrada por donde habíamos llegado, daba suficiente iluminación para exponer las paredes de los templos que estaban cubiertas de imágenes.

Pinturas como los que dibujaban los egipcios en SUS paredes en Egipto.

Jeroglíficos.

Mientras la pintura de las paredes se había caído y la pared estaba cubierta con polvo y suciedad, cada diseño estaba grabado en la pared haciendo más fácil para Arnold quien de repente fue atraído por ellos como una polilla al fuego.

Él se acercó a la pared, usando su mano para quitar el polvo de una gran sección y revelar las imágenes más claramente. Me recordaban a los documentales que habíamos visto en la escuela que tenían escenas de arqueólogos limpiando con brochas artefactos en lugares similares.

Arnold se miraba justo como ellos.

La manera en la que su mano lo guió mientras leía cada símbolo que estaba grabado en piedra era fascinante… e increíblemente… adorable. Él entrecerraba los ojos para enfocar mientras su lengua se asomaba de su boca para apenas tocar la punta de su labio superior en concentración.

Mientras yo lo miraba leer los jeroglíficos que habíamos descubierto, mi mente comenzó a divagar y mis ojos se desenfocaron para continuar observando a Arnold mientras leía.

Esos siempre enfocados ojos verdes que leían sobre la gente de Ojos verdes y el templo en el que estábamos. La manera en la que su lengua apenas se posaba en su labio superior como si lo estabilizara mientras procedía en lo que estuviera leyendo.

Me imaginé esa lengua, la forma en la que la había probado cuando nos besábamos en el árbol. Él había sido tan gentil con la forma en la que sus labios rozaban los mios; su lengua trazando lentamente la mía. Cómo deseaba que esos labios se unieran de nuevo con los mios. Cómo ahnelaba por esos benditos besos que tenían ahora el sabor de meterse al agua fría y refrescante. Oh, Arnold…

"Esto es extraño…" Arnold irrumpió en mis pensamientos internos y yo pestañeé unas pocas veces para detener la sensación de quemazón de mis ojos secos.

"¿Eh? ¿Por qué, qué es?" Pregunté un poco nerviosa.

"Aquí dice…" comenzó, su atención aún en la pared al frente, "que los Ojos verdes veneraban a un espíritu que creían venía de los cielos y se encarnó a él mismo dentro de la Corazón. Ellos lo tuvieron durante miles de años."

Él se giró para verme por encima del hombro; mi expresión sorprendida ante su traducción. "Cielos, ¿han estado aquí por tanto tiempo?"

Arnold asintió con la cabeza, mirando de vuelva a la pared y trazando su dedo con el símbolo mientras continuaba leyendo. "Ellos creían que, junto a una milagrosa propiedad curativa y mágica, el poder de dar profecías a los Ojos verdes eran palabras sagradas. Incluso se predice aquí," caminó más lejos de mí por la pared y apunto a otra pintura, "que la Corazón se perdería de los Ojos Verdes llevándolos a su posible desaparición y es por eso por lo que ellos se habían estado escondiendo; para evitar que la profecía se cumpliera."

Lo miré asombrada por la manera en la que encajaba en este mundo tan fácilmente – el mundo de descubrimientos que tenía un atractivo de alguna manera en la que nunca imagine que tendría. Caminando hacía él, miré sobre su hombro hacia la pared mientras él continuaba leyendo. "Es tan interesante, ellos tienen todas estas cosas sobre La Corazón aquí… ¿justo aquí? Dice que ellos tienen un Shaman elegido especialmente por La Corazón para transmitir sus profecías en cada luna llena."

Sus ojos estaban escananeado la pared rápidamente como si tratara de adquirir la mayor información posible de cada una de las pequeñas pinturas. "Es un ritual bastante intenso, en realidad. La ceremonia tiene lugar aquí cada luna llena. Liberan estas mariposas al aire y mueven este polvo que fuman como un resplandeciente-"

"¿Oye Arnold?" Lo interrumpí, sus ojos interrumpiendo su lectura para mirarme, "tan interesada como estoy en La Corazón y todo, tal vez debas saltar la parte de los rituales y esas cosas. Quiero decir no es como si nosotros tuviéramos que hacerlos o nada así que…"

Pero Arnold ya había regresado su atención a la pared y comenzado a leer de nuevo; está vez de mucho más lejos. "Lo extraño en esta pared, justo aquí." Él escaneó su superficie mientras se mordía el labio. "La última profecía, sobre la que es toda esta pared…" Él estaba agitando su cabeza, "Es… bueno… solo déjame leértelo y me puedas decir que es lo que TÚ piensas."

Él aclaró su garganta como en más preparación de la que necesitaba y leyó de la pared una vez más. Lentamente, comenzó a leer intentando unir las palabras correctas con las pinturas correspondientes.

"La profecía lleva años haciéndose. Habla sobre dos foráneos con grandes conocimientos quienes, juntos, tendrán un hijo… que silenciará a la Tierra con su… nacimiento."

Su voz era más suave mientras leía profundamente en sus pensamientos. Me giré para comenzar a explorar el resto del templo, solo para detener mis pasos como los ojos bien abiertos y mirando al frente ante lo que estaba siendo iluminado como un mismo Dios en el centro de la lluvia de luz que caía del agujero de arriba. "¿Uh… Arnold?" Pregunté, pero él continuó leyendo la pared.

"Dice que este hijo regresará y ayudará a restaurar La Corazón a los Ojos Verdes lo cual será su última ayuda para evitar que su civilización se extinga.

"Arnold, eso es genial y todo, pero tú-tú tienes que ver esto…" Tartamudeé, sin escuchar lo que me estaba diciendo. Lentamente avancé hacia la conocida figura ovalada de la estatua frente a mi mientras él continuaba hablando.

"Cientos morirán en el proceso, y en orden de regresar la Corazón a los Ojos Verdes, y un-"

"Arnold," Lo interrumpí, "en serio necesitas-"

"¿QUÉ, Helga?" Preguntó él, su voz irritada. Se levantó para mirarme. "Estoy intentando leer esto, ¿qué puede ser más-" Pero el mismo se interrumpió cuando sus ojos encontraron justo a lo que yo había estado mirando.

Directamente en la luz del atardecer desde la ventana circular estaba una escultura tallada intrincadamente y por lo menos de 2 metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de complejos remolinos y diseños como aztecas (similares a los diseños en el altar) los cuales guiaban hacia dos gemas verdes redondas donde estarían los ojos. Dos ojos verdes plantados en una cabeza en forma de balón; por siempre congelados para mirar hacia el altar vacío de enfrente.

Yo sabía Exactamente lo que estaba mirando.

La estatua con cabeza de balón era casi IDÉNTICA a las que yo solía hacer de varios materiales en mi infancia. Goma de mascar, melones, balones. Todo en lo que pudiera poner mis manos, en realidad.

Pero esta era hermosa – cada aspecto de ella perfecto en todos los sentidos. El altar era como nada que yo hubiera hecho, y tenía que admitirlo – estaba un POCO celosa.

La estatua frente a nosotros, mientras no era parte de MI altar, era sin duda alguna Arnold, mi Dios de amor con cabeza de balón.

Y… aparentemente el Dios de amor de alguien más también.

Después de compartir una mirada, tomamos pequeños pasos hacia ella; nuestros ojos abiertos en confusión y curiosidad ante porque una estatua estaría en un antiguo templo en medio de la selva de Centroamérica.

"¿Qué diablos…?" Preguntó Arnold, más para él mismo que para nadie más y levantó la mano para tocarla cuidadosamente como si se fuera a romper. "Esto es… esto es… - no…"

Pero yo asentí con la cabeza, tan asombrada como él. "Arnold… creo que eso… digo, estoy bastante segura que eso- eres TÚ."

Sus ojos continuaron inspeccionando la estatua de arriba abajo como su nombre pudiera estar grabado en algún lado. Yo mantuve mis ojos en la estatua de ojos verdes; la mirada estoica reflejándose en mis propios iris azules.

"Tal vez es… tal vez es solo una… ¿coincidencia?" Preguntó.

Esta vez yo respondí su pregunta negando la cabeza. "No lo sé," Comencé y di otro paso más cerca de la estatua, "realmente SE VE como tú, melenudo."

"Pero, no creo… Sí soy yo, ¿verdad?" Él se giró para mirarme sobre su hombro con una mirada de asombro en su rostro.

Sin embargo, nunca pude responder su pregunta.

Justo entonces, una sombra se proyectó sobre la puerta de dónde veníamos; la oscura figura enviando al templo de nuevo a la oscuridad. Nuestros ojos vagaron para ver qué era lo que había causado el cambio de luz, solo para encontrarnos con una figura oscura mirándonos desde el arco de la puerta.

Pero no era solo cualquier sombra.

Era la sombra de una figura… una persona.

Por un largo momento, la observamos – la oscura figura – mientras nos regresaba la mirada en silencio. Mi corazón se aceleró en mi pecho, el miedo muy real de quien nos estaba observando me mandaba mis nervios en un frenesí que tensaba cada uno de mis músculos.

Valerosamente, Arnold dio un paso frente a mí casi protectoramente y dijo hacia la masa oscura. "¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?" Preguntó, su voz fuerte y confiada.

Pero la figura solo continuó observándonos, la forma de lo que parecía una cabeza ladeándose mientras nos estudiaba. Miré en dirección de la figura y me manifesté.

"¡Oye, Zopenco! ¡Él te hizo una pregunta!" Grité, y Arnold se giró para mirarme con firmeza.

"Helga…"

"¿Qué, Arnold? El tipo esta solo PARADO allá. OBSERVÁNDONOS."

En un instante, la figura habló; su voz profunda y ronca por falta de uso. "¿A-Arnold?" preguntó.

Arnold y yo intercambiamos miradas antes de que él asintiera con su cabeza y regresara su atención a la figura. "Si…" Su voz era tentativa; casi nerviosa.

Inmediatamente el hombre se dejó caer de rodillas y enterró su rostro en sus manos. Miramos hacia él mientras lloraba, nuestros cuerpos completamente congelados donde estábamos.

Comenzó a tartamudear a través de una serie de palabras que no entendimos, un lenguaje desconocido a nada que hubiéramos escuchado antes. Después de un minuto, el hombre miró hacia nuestras confundidas caras y habló en perfecto inglés. "He estado esperando diez veranos por usted…" dijo entre llanto incontrolable; sus hombros temblando con cada sollozo.

"¿Por- Por mí?" Preguntó Arnold, su voz desconcertada ante lo que decía el hombre frente a nosotros.

Él solo asintió, aún sollozando en sus manos. "Sabía que vendría aquí… YO SABÍA que usted vendría."

La voz del hombre tenía un fuerte acento que no pude distinguir; algo entre español pero con un tinte caribeño.

"¿Qué quieres decir?" Preguntó Arnold, las palabras llegando tan rápido y sin censura. "¿Encontrarte? ¿De… de qué estás HABLANDO? ¿Quién eres tú?"

Los sollozos cesaron, el que los emitía lentamente se levantó alto en la puerta con sus brillantes ojos verdes pegados en Arnold y yo frente a él. "Yo," dijo, su voz ahora agraciada, "Yo soy Taki Ka-A-Xtil, de los Ojos Verdes."

Lo miramos atónitos mientras hablaba, dando un paso hacia nosotros.

"Y estoy aquí para ayudarlo a cumplir la antigua profecía y salvar a mi gente."