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CAPÍTULO 13: RETO

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—¡No estoy enamorada de ti!

Damon soltó a Elena justo después de procesar sus palabras, quedándose totalmente congelado en el sitio.

No había esperado esa reacción ni de casualidad.

Elena apretó los puños impotente, de espaldas al chico y ajena a su reacción estaba a un sólo paso de salir por la puerta sin mirar atrás y no volver nunca pero era incapaz de moverse o de intentarlo porque una parte de ella, una parte muy pequeña, sabía que huir era perder a Damon y no estaba preparada para dejarlo marchar.

¿Era eso ser egoísta?

—Es un golpe bajo que no esperaba —comentó Damon para la sorpresa de Elena, que se giró de golpe para encontrarse con un Damon sonriente, apoyado en el respaldo del sofá con los brazos cruzados—. Pero bueno, soy una persona de desafíos, no me importa que me reten.

—¿Retar? —el chico asintió con una pícara sonrisa pintada en el rostro—. Yo… ¡no puedes estar hablando en serio!

—Muy en serio. Me gustan los retos. Tu te has convertido en uno.

—No soy un trofeo, Damon.

—No he dicho eso —levantó las manos como en señal de inocencia—. Sólo he dicho que será divertido conseguir que te enamores de mi. No sería la primera vez.

No estaba bien de la cabeza, nadie en su sano juicio llevaba el rechazo de esa forma tan… profesional, es como si se hubiese esperado su reacción y todo fuese un plan diabólico muy bien elaborado.

Sí, ella tampoco estaba bien de la cabeza.

—No puedes venir con que estás enamorado de mi y reaccionar de esta forma… como si yo fuese una más en tu larga lista de conquistas, ¡no tiene sentido!

Se pasó una mano por el cabello, alejando la mirada de Damon.

—No he dicho en ningún momento que esté enamorado de ti.

—¡No era necesario! —pegó una patada al aire—. Me has dicho que "los amigos no se quieren como yo te quiero a ti". ¿Qué diablos significa eso para ti?

Elena estaba roja como un tomate, cabreada con Damon por su indiferencia ante todo y cabreada consigo misma, especialmente, por dejarse llevar por las palabras del chico y permitir que le afectaran tanto.

Damon, en cambio, parecía que la situación le divertía bastante como para bromear sobre ello, ¿es que no tenía corazón?

—Elena, estoy loco por ti, define eso como mejor te plazca. Si quieres decir que estoy enamorado de ti, pues perfecto pero si en cambio prefieres una definición más sutil como que te quiero un poco más que un amigo normal, pues bien por ti.

—No hay quien te entienda.

—El amor para mi es veneno, todo es de color de rosa hasta que pierdes a esa persona, entonces la idea de amor se convierte en una espina que te desangra poco a poco. Tu eres la segunda persona, en este maldito mundo, que hace que quiera darle una segunda oportunidad al amor. Así que, piensa lo que quieras, pero voy a conseguir que te enamores de mi, tanto como yo de ti.

—Damon…

—¡Lo siento muchísimo! Bueno no, no lo siento, pero si te hace sentir mejor te daré una oportunidad: sal por esa puerta y no intentaré nada.

—¿Cómo sé que es verdad?

—Alargar la conversación es una excusa para no irte, Elena. Creo que acabas de perder tu oportunidad.

—No es cierto… —retrocedió hasta golpearse la espalda con la puerta, buscó el pomo a tientas sin apartar la mirada como si temiera que Damon diese un paso en falso en su dirección cuando había una distancia considerable entre ellos.

—¿Vas a irte, ya?

—Deja de reírte de mí, no tiene gracia.

—No me río de ti, ¡me río contigo! ¡eres demasiado adorable cuando te pones nerviosa!

—Eres un idiota de campeonato, si hubiese una carrera de ser idiotas te graduarías a los dos días, ¡la carrera recibiría tu nombre!

—Anda, vamos a olvidarnos de esta conversación y te voy a dar el café que te he prometido.

Elena lo miró vacilante, Damon estaba de pie a unos pasos de ella señalando con su brazo el camino a la cocina, ¿podía fiarse de él? es decir, ¿podía fiarse de que no iba a intentar hacer ningún movimiento?

Justo cuando iba a abrir la boca para decir algo su teléfono empezó a sonar en su bolsillo, lo sacó con cuidado y suspiró aliviada al ver que se trataba de Caroline y no de su padre, pues no sabía cómo iba a responder con Damon delante, le hizo una señal al chico y se alejó de él para responder a la llamada.

Damon la miró durante toda la llamada, no porque quisiera saber con quién estaba hablando de forma tan efusiva sino porque necesitaba una excusa para observarla y darse cuenta de lo estúpido que había sido con dejar sus sentimientos al aire. No estaba acostumbrado a sentir algo tan fuerte hacia otro ser humano que no fuese su madre, sentir lo que sentía por Elena se le escapaba de las manos de tal modo que había asustado a la chica antes de poder demostrarle lo que sentía.

Ella no podía saber lo complicado que era para él decir un simple "te quiero" porque tenía que estar acostumbrada a que sus amigos y familiares se lo dijeran todos los días, pero para él, sólo esas palabras, ya significan un riesgo y un mundo desconocido.

—Gracias por avisarme, Caroline. A veces se me olvida que vivimos en un pueblo, siento que mi tía te haya llamado para comprobarlo, te compensaré, lo prometo.

Siguió hablando unos minutos más.

—¿Le has dicho a tu padre que estás en lo de Caroline?

—Sí, me castigaron el otro día. ¿Adivinas por qué?

—Me hago una idea, ¿café? ¿o te tienes que ir?

Tardó un segundo más de lo normal en responder, quizá la mejor opción era usar esa baza para irse a su casa pero tomar una taza de café siempre era la mejor opción aunque trajese consecuencias.

—¡Café! ¿tienes para hacerlo a mano? —la cara del chico era un poema, Elena soltó una risita y pasó por su lado sacudiendo la cabeza negativamente—. ¿Cómo pretendes conquistarme sin café recién molido?

—¿Vamos a bromear sobre eso? Pues perfecto, a ver quien gana.

Café recién molido no fue la opción de esa tarde porque Damon no tenía ni granos de café ni mucho menos un molinillo por lo que se decantaron por una gran taza de café, que aunque no sabía como el de los starbucks era mejor que nada.

—Alaric me paró esta tarde antes de irme a casa, ¿sabes? se preocupa por ti, ¿conoce tu historia?

Damon soltó la taza en la mesita y se giró hacia Elena, que estaba sentada en la otra esquina del sofá con su segunda taza de café medio vacía.

—Sí, es de las pocas personas que sabe todo desde mi punto de vista.

—¿Cómo pasó? Quiero decir, no te veo como una persona que se desahogue con facilidad y menos con un profesor que tienes que aguantar casi todos los días.

—Cierto —soltó una carcajada—. Soy una persona muy reservada, para lo que me conviene, claro está.

—Ya me he dado cuenta —hizo alusión a lo sucedido antes en la entrada, cuando Damon no tuvo ningún problema en dejarle claro sus intenciones.

—Tu eres diferente, contigo me siento cómodo con todo lo que me rodea. Hablarte es tan fácil como respirar.

Las palabras del chico tenían el efecto adecuado en ella, siempre conseguía ponerla nerviosa. Si seguía a ese ritmo le iba a costar bastante no enamorarse de él.

"Elena, cálmate. Enamorarte no es una opción, si siendo amigos tenéis problemas, ¿te imaginas con él en pareja?"

—¿Qué quería Ric, de todos modos? Ya me lo estoy imaginando, ofendido porque me he saltado sus clases.

—Quería saber que te había pasado esta vez para darte un par de días sabáticos —le miró de reojo para saber cuál era su reacción pero no hubo ninguna, siguió con sus ojos azules clavados en ella, como si todo eso le resultara indiferente.

—Conocí a Ric en mi primer año en el instituto, por culpa del accidente no podía dar clases de gimnasia así que me pasaba toda la hora en los pasillos, sentado en un banco esperando a que terminara. Un día, Ric se sentó conmigo, no dijo nada, sólo se quedó ahí buscando cosas en su bolsa.

"Teníamos tres horas de gimnasia semanal, más dos horas de ejercicios obligatorios por parte del instituto, no podía participar en nada de eso, así que me pasaba todo el tiempo sentado mirando las musarañas, pensando que mierda le había hecho a la vida para perder a mi madre y Nueva York. El primer día que Ric se sentó a mi lado, no dijo absolutamente nada, nunca se quedaba más de media hora, hasta que un día, me saludó, hablamos de cosas triviales y cuando me quise dar cuenta le estaba confesando lo que sucedió en el accidente, lo impotente y frágil que me sentí cuando mi madre perdió el control, al minuto siguiente, estaba llorando desconsoladamente en sus brazos. La primera vez que lloraba desde ese fatídico día".

Elena ya había soltado la taza de café y se había acercado a Damon de forma inconsciente, el chico tenía la mirada clavada en sus zapatillas, su cabello caía despreocupadamente sobre su rostro, casi cubriendo sus ojos con la ayuda de sus pestañas oscuras pero aún así, Elena pudo sentir el cambio en Damon, como de un momento a otro había dejado de hablar para abrir su corazón a Elena y eso le rompió el alma, porque cuando ella hablaba de sus padres nunca sentía un dolor punzante en su pecho ni tampoco unas ganas irremediables de llorar, ¿en qué mundo vivimos donde los niños pierden a sus padres tan jóvenes?

Sin darse cuenta, tomó la mano del chico, consiguiendo que sus ojos azules se clavaran en los suyos, rompiendo la distancia que los separaba, Elena envolvió sus brazos en su cuello y lo abrazó.

—Ric es alguien muy importante para mi, puedo pelear con él, odiarlo que siempre estará ahí si lo necesito —confesó—. Este apartamento es suyo, pago un alquiler de mierda. Y si por él fuera me lo daría gratis, cosa que no consiento.

Eso tenía más sentido, casi se le había olvidado que antes le preguntó por la procedencia del apartamento cuando estaba claro que no trabajaba en ningún lado. Damon no volvió a abrir la boca, permaneció completamente en silencio dejándose abrazar por Elena y por su calidez. Sentir su cuerpo contra el suyo era una delicia, es como si fuesen dos piezas de puzzle incompatibles por separado, pero perfectas unidas.

—Tienes que volver al instituto, esconderte no es una salida —susurró contra su pecho temiendo su reacción—, ¿qué ha ocurrido, en estos días?

—Nada del otro mundo. Salí de comisaría junto a Stefan y su encantadora novia, que no sé si lo sabes, pero es hermana de Klaus, estuvieron discutiendo durante todo el viaje. Como no quería pelear con Stefan dejé que me llevara a casa.

—¿Qué no querías pelear? Perdona que no te crea, no hacía ni una hora que os saqué de una pelea cuerpo a cuerpo.

—No quería pelear porque sabía que Lily aparecería, y no me equivoqué, mira por donde estaba a sólo unas horas del pueblo, visitando unos amigos en la zona. Canceló todo para verme. Te puedes imaginar que pasó: me gritó y me degradó y después me encerré en mi cuarto.

Había más historia ahí, eso no podía ser suficiente para que Damon se rompiera de esa forma, cuando lo encontró en su cuarto estaba llorando y a la defensiva, si Lily tenía ese poder sobre él es porque había algo más que Damon no se atrevía a decirle, no porque no confiara en ella, que dudaba que fuese eso, sino porque no quería indagar más en aquellas cosas que lo destrozaban como él mismo había dicho antes.

—¡Casi se me olvida!

Se incorporó de un salto golpeándose la cabeza con la mandíbula de Damon el cual se echó hacia atrás por el golpe.

—¡Mierda! ¡Perdón!

—Que bestia eres… —se acarició la zona dolorida, Elena seguía de rodillas en el sofá mirando dubitativa el rostro de Damon—. No puedes levantarte como una persona normal.

—Perdona…

—Si te ríes mientras te disculpas no suena serio.

—Es que me ha acordado de una cosa, ¿sabes lo que estamos haciendo en literatura?

—¿Aguantar a Ric?

—No, tonto —lo empujó sin hacer mucha fuerza pero Damon, como un gran teatrero se echó hacia atrás como si le hubiese golpeado con una fuerza descomunal—. Representación. Vamos a representar las obras que leemos.

—Mmm, interesante —tiró de su muñeca para poder abrazar a la chica contra su pecho. Elena bufó molesta pero no hizo nada para impedirlo—. Seré tu Romeo… ¡estoy listo para la acción! ¿qué escena viene primero? ¿el beso?

Sus mejillas se tiñeron de un rojo burdeos, hizo fuerza contra el pecho del chico y se zafó de su agarre.

—¡No estamos con Shakespeare!

—¿Y? No necesito a Shakespeare para besarte. ¡Que digo! no necesito ni esforzarme.

—Suéltame —Damon sonrió, una sonrisa que mandó un escalofrío por su columna vertebral, ¿era ella o hacía mucho más calor que antes?

"Hormonas, querida".

—¡Damon! —se removió incómoda, el chico seguía con esa intensa mirada pintada en su rostro, es como si hubiese dejado las bromas atrás y estuviesen en otra fase de su relación.

"¿Qué relación?"

—No quiero asustarte pero como sigas moviéndote así contra mi cuerpo, alguien va a decir "hola".

Elena se le quedó mirando unos segundos antes de procesar sus palabras y usar sus manos para golpearlo en vez de para apartarse. Damon empezó a reír a carcajadas y de un momento a otro, dejaron esa situación de tensión para pasar a una llena de bromas de doble sentido y peleas insignificantes.

Terminaron tirados en el suelo con el salón hecho un desastre, Damon se dio la vuelta para poder mirar a Elena que se reía a carcajadas.

—¿De qué te ríes?

—No lo sé.

—Mañana volveré al instituto. Que Lily haga todos los berrinches que quiera, no voy a perder mi vida por ella, pero a cambio…

—Sabía que no iba a ser tan fácil, ¿que quieres? ¿un beso?

—No, pero me gusta tu alternativa —ronroneó—, me conformo con poder recogerte a casa.

—Sigo castigada.

—¿Y qué? Te estoy llevando a clase no a una fiesta. Siempre puedo convencerles yo.

—No, gracias —miró su reloj—. Tendría que marcharme a casa, es tarde y me gustaría poder mandarle un mensaje de buenas noches a mi madre. Aunque seguramente estará en la cama ya.

—¿Qué hora es en Londres?

—Casi las una. Cinco horas de diferencia.

—¿Te llevo a casa? ¡Hostia! —se puso de pie de un salto—. Tengo que ir a por mi coche a la grúa, ¡mierda! ¡casi se me olvida!

Salió pintando a su cuarto, Elena aprovechó ese momento para arreglarse el uniforme y el cabello. Damon no tardó mucho en bajar, con ropa de calle más decente y con unas llaves en sus manos.

—Iré caminando a casa, no te preocupes.

—¿Seguro?

—Sí, seguro. Solo déjame que use el baño y…

—¡Vale! ¡Cierra cuando salgas! —abrió la puerta de la calle y salió corriendo por las escaleras, Elena negó con la cabeza y recogió un cojín del suelo cuando escuchó las escaleras de nuevo, alzó la cabeza y se encontró con Damon en la puerta, agotado por la carrera.

—¿Se te ha olvidado…?

Se acercó a ella con paso ligero, tomó su rostro y unió sus labios en un dulce y casto beso que alteró cada célula del cuerpo de Elena como si en vez de ese pico hubiese sido un beso pasional y lleno de deseo.

En cuanto rompió el contacto, anheló la calidez de sus labios pero no hizo nada para solucionarlo, simplemente se le quedó mirando con los ojos abiertos como platos.

—Hasta mañana, sueña conmigo.

"Sí, estás perdida Elena, no hay forma en este mundo de que te libres de Damon".

Llegó a su casa veinte minutos después, había tardado más de la cuenta porque había necesitado unos minutos para calmarse, no hacía ni dos horas que el chico se había propuesto enamorarla cuando ella ya estaba así de destrozada.

Tan perdida estaba en sus pensamientos que no notó que había alguien sentado en el balancín de su casa hasta que se levantó y llamó su atención.

—¿Elena?

—¿Qué haces aquí?

—Me merezco esa hostilidad, lo reconozco, pero he venido a hablar, en son de paz.

—Perdona que no te crea, ¿qué haces aquí afuera?

—Le dije a Grayson que estaba bien aquí, que prefería esperar a que supieras que estaba aquí.

—¿Cuánto tiempo llevas esperando?

—Solo un rato —se mordió el labio y miró para otro lado—. ¿Podemos hablar?

—No.

—¿Puedo disculparme?

—La última vez que te disculpaste, me besaste —le recordó para su propio castigo personal. Stefan asintió y se rascó la cabeza antes de lanzar su última carta.

—Siento que hayas visto a mi madre en acción, es por eso que te dije que no era buena idea llamarla. No quería hacerlo, maldita sea, contra más lejos de nuestras vidas mucho mejor pero… tampoco iba a dejarlo ahí metido…

—No te creo nada, Stefan. Odias a Damon, tener a Lily en casa es una buena forma de torturarlo.

—¡No! —gritó para después arrepentirse al segundo, no quería enfrentarse a Grayson ni mucho menos a Jenna—. Odio a Damon, es cierto, pero cuando peleo con él busco que él me devuelva la pelea, si le pego o le grito igual. No me gusta que se quede ahí quieto aguantando la mierda de mi madre. Eso no es justo, suena… a violencia doméstica. No quiero eso.

—No tiene sentido.

—Desde que tengo uso de razón he visto a mis padres pelear noche sí noche también, todo por culpa de Damon y de Lindsey, le odiaba en ese momento y le odié cuando volvió a nuestras vidas y se hizo el pobrecito, el problemático, pero de ahí a dejar que mi madre lo acose hasta hacerlo sentir como una mierda hay un gran paso. No quiero eso.

—Quieres pelear con Damon pero no verlo mal. Le quieres.

—¿Qué? No, lo intenté cuando éramos chicos pero viviendo en mundo separados y viendo como mi familia se iba al traste por su mera existencia era imposible que le quisiera.

—Pero podrías intentarlo…

—Elena, no me escuchas o no quieres escucharme. Nos odiamos, eso es lo que me gusta de nuestra relación, podemos desahogarnos contra el otro, ¡hacernos daño hasta rabiar! pero que sea mutuo. Es por eso que te quería lejos de Damon, porque te usaría contra mi pero hoy… cuando le he escuchado decir que te quería… ha sido como… ¿qué estoy haciendo?

"No sé como ha pasado pero a Damon le importas y eso está bien porque eres la única persona en este mundo que puede ser buena para él, pero eso no quiere decir que me fíe, no lo hago, porque por encima de él siempre estará nuestras diferencias, me prometió un año de sufrimiento y lo está consiguiendo".

—Te contradices. Primero me dices que Damon es peligroso ahora que te alegras que me tenga a su lado. Me vienes con que le odias pero no te gusta verlo hecho un trapo por Lily, ¿te escuchas, tú?

—Destrozó a mi familia cuando no estaba presente y cuando estuvo con nosotros lo único que consiguió fue rompernos a todos. Desde la muerte de nuestro padre todo ha ido a peor. Damon es veneno, pero es mi veneno. Sólo yo puedo pelear con él, no mi madre ni los de mi banda… nadie.

Después de eso no dijo más nada, se despidió y caminó fuera de su vista, Elena no hizo nada para pararle porque cada vez estaba más convencida de que los Salvatore no estaban bien de la cabeza, vivían en un completo tira y afloja que iba a explotar en sus caras en cualquier momento, pero, ¿qué podía hacer ella? no podía seguir en medio de ambos, no cuando uno de ellos quería conquistarla y el otro volverla loca con sus contradicciones, tenía que ser más lista porque estaba claro que aquí, la única persona que corroía a ambos, era Lily Salvatore.

—Mi objetivo para este año va a ser unir a los hermanos Salvatore.

"Hay batallas que no se pueden ganar, Elena. Y hay batallas donde se pierde todo completamente, mantente alejada, hazme caso por una vez".


¡Hola!

Está claro que Elena no aprenderá nunca pero bueno, esta vez Damon le ha dejado claro sus intenciones, ¿qué creéis que pasará a partir de ahora? ¿qué hará Damon?

Siguiendo en esta línea, ¿qué pensáis sobre Stefan? el pobre ha vivido siempre rodeado de odio y peleas, atacar a Damon era y es una forma de encontrar la paz, pero, ¿tiene razón Elena? ¿es Lily la culpable de que ese odio, entre hermanos, crezca? ¿o es que Stefan es un gran, gran actor?

Gracias por vuestros comentarios, ¡me encanta!

Un beso.