Disclaimer: Card Captor Sakura, no me pertenece, le pertenece a CLAMP.
La historia SI es MIA, así que por favor, NO COPIAR.
Prohibido por sangre
Por:
Emiko hime-sama
El silencio se apoderó de la habitación tensando el ambiente. Ambos sabían bien que el otro estaba despierto, no obstante, ninguno de los dos dijo nada.
Naoki suspiró y se vistió sin abotonarse la camisa. Buscó entre sus bolsillos hasta encontrar la cajetilla de cigarrillos que había pedido "prestada" a su mejor amigo; sacó un cigarrillo y, con otro suspiro lo prendió para tomar una larga calada de él.
Tomoyo se removió un poco, y apretó las sabanas fuertemente. Minutos después decidió taparse con ella completamente, no sabía que decir, cómo actuar y, por sobre todas las cosas, estaba muy arrepentida de lo que había hecho.
¿Qué le hubiera dicho Eriol si supiera esto?
¿Cómo decirle a Naoki que cuando suspiraba y gemía su nombre, en su mente solo podía pensar en su hermano mayor?
-Tomoyo. –murmuró por fin roncamente el rubio.
Tomoyo solo apretó más las sábanas, no quería enfrentar la realidad tan pronto. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos con fuerza para reprimir las lágrimas, no obstante, fue en vano. Sus sollozos no tardaron en escucharse, Naoki solo se limitó a volver a suspirar.
Apagó el cigarrillo en el cenicero del buró y junto la ropa de su "novia" para después ponérsela en el otro buró, cerca de donde estaba ésta sollozando acostada.
Le acarició los cabellos por sobre la sabana, mentalizándose para lo que estaba a punto de decir.
-Tomoyo, ¿sigues trayendo esas lentillas?
Ésta negó con la cabeza tratando de tranquilizarse, pero no pudo. Los sollozos no podían parar.
-¿Sabes por qué pasó esto?
¿Por qué le estaba hablando tan dulcemente? No le gustaba su tono, no le gustaba la forma en que acariciaba sus cabellos, no le gustaba porque Naoki no solía ser así. No solía tratarla como si fuese una princesa o la persona más frágil del mundo.
No pudo dejar de llorar; Naoki le destapó lentamente a modo que pudiese verle la cara. Sí, esos ojos eran los que quería ver, ojos amatistas, no azules. ¿Por qué se daba cuenta hasta ahora?
Le limpió las lágrimas lentamente con la mirada pérdida sin estar realmente pensando. Juntó su frente con la suya. Tomoyo no pudo evitar que las lágrimas que volvieron a salir y el nudo que se empezó a forma en la garganta, una vez más.
Le acarició los cabellos desde esa posición, peinándolos con los dedos. Le limpió las lágrimas de vez en cuando y, cuando por fin la vio calmada, volvió a hablar:
-Te pareces mucho a la persona de la que he estado enamorado mi vida entera. –su mirada se empezó a cristalizar también. –Te pareces demasiado. –murmuró acariciándole la mejilla. Tomoyo entreabrió los labios para hablar, pero fue callada por un dedo puesto sobre ellos. –Eres igual de hermosa, de amable, de inteligente… ¿y sabes que es lo peor de todo? Que incluso cuando te tengo aquí, tan cerca… que tienes su misma cara, sus mismas manos, su misma sonrisa e incluso la misma tristeza clavada en los ojos y que sé que fuiste mía hasta hace unas cuantas horas… no puedo amarte a ti.
Las lágrimas empezaron a caer una a una, como las gotas de lluvia golpeando la ventana.
-¿Por qué no eres ella….? ¿Por qué…? ¡¿Por qué? –gritó separándose de ella. Su aliento a alcohol y tabaco golpeó a una inmóvil Tomoyo que no pudo ni hablar ni moverse, lo único que podía hacer era llorar. -¿Por qué…? –golpeó las paredes, tiró los cuadros, la fina porcelana francesa de toda la habitación, rompió los espejos y manchó casi todas las paredes y el azulejo del baño del rojo de sus puños.
Los sollozos amargos no se hicieron esperar, y ambos sabían bien que no lloraban por el que estaba en esa misma habitación, si no por otra persona que estaba mucho más cerca, grabada a fuego en sus corazones.
¿Por qué me dejaste….?
Empezó a tararear una canción de su misma banda entre lágrima y trago.
Decir que estaba ebria era poco, se sentía mareada, con ganas de vomitar, y estaba segura de que si se ponía de pie, iría directo al suelo.
Pegó la cabeza a la barra y se quedó mirando fijamente su copa. Se había quitado sus botas de 14 cm que tanto problema le habían causado y soltado el pelo porque se había empezado a sentir estúpida peinada con esas coletas que tanto le gustaban a su madre. La máscara, sombras y delineador reposaban felizmente en el dorso de su mano y en el cuello de la blusa que traía por la forma en que se había limpiado las lágrimas. Se veía horrible, lo sabía, y le importaba un bledo lo que pensaran los demás o lo que los reporteros quisieran publicar. Estaba infinitamente triste y amargada.
-¿Por qué tan sola? –escuchó ausentemente.
-No te importa. –murmuró. Rió un poco, le dolía la cabeza, se podía estar imaginando cosas, esa voz no podía ser de Ryuichi.
-¿Ah no? Pues parece que quieres que alguien te ponga atención por la forma en que estas.
-¿Por quién me tomas….? ¿Ryuichi? –exclamó sorprendida entreabriendo los labios. No, no, estaba imaginando cosas.
-Sí, ¿algún problema? ¿Esperabas a alguien más? -¿era ese rencor en su voz?
Tomó un trago.
-¿Eres real?
-Por supuesto que soy real, deja de tomar ya, parece que te ha afectado bastante.
-Ya, por supuesto que no eres real. Ryuichi no se preocuparía por mí. El me odia.
Ryu frunció el ceño.
-¿Por qué te odia?
-Porque lo dejé plantando como estúpido en el omiai que mi madre solicitó.
Silencio. ¿Así que en verdad creía que era una forma de su imaginación?
Bien, pues así jugaría entonces. Menos problema, era mejor lidiar con una Meilling ebria que con una Meilling sobria, hostil y dramática.
-Tal vez "Ryuichi" ya lo ha olvidado.
-Pues sí, él tal vez sí, pero yo no, ni tampoco el cínico de su mejor amigo. –murmuró la ultima parte con amargura. Tomó otro trago.
-¿Cínico? –preguntó con algo de diversión.
-Sí, sí, mira que venir a hablarle tan feo a una señorita tan bonita como yo… y encima… encima dejarme allí llorando…
-¿Eso hizo? Pues vaya que debe ser un muy mal tipo.
Meilling rió y negó con la cabeza.
-No, no. Es un buen tipo, pero tiene un carácter que… -suspiró estallando una vez más en risas. Se enderezó para echar la cabeza para atrás y tragarse todo lo que quedaba de un trago. -¡Otro! –gritó.
Ryuichi rió también algo preocupado por la ebriedad de la chica.
-¿Y por qué dices que dejaste planteado a ese tal "Ryuichi"? –dijo pasándole la copa que había pedido anteriormente la chica y pidiendo una para él mismo también.
Meilling ladeó el rostro y dejó de reír. Movió la cabeza incómodamente de un lado a otro como si le pesara y entrecerró los ojos.
-Tenía 16 años, no quería compromisos. Estaba enamorada de la música… y él estaba enamorado de otra chica. Mucho más bonita y dulce que yo. Además ella era amable.
-Oh, vaya. –dijo silenciosamente, ahogando su murmullo en la copa de alcohol que le habían dado. Estaba seguro de que hablaba de Miyuri.
Meilling rió.
-Y yo no soy amable. –rió otra vez. -¿Pero sabes? ¡Esta chica era la cosa más irritante que nunca he visto! Nunca lloraba, nunca mostraba sufrimiento. Su padre la golpeaba, e incluso respirando oxígeno concentrado sonreía y le tomaba la mano a su novio moviendo los labios y diciéndole que se animara. Agradecía hasta cuando la insultaban y rezaba por el bienestar de la misma madre que la dejó abandonada cuando tenía 4 años. ¿Y qué era yo? No, mejor dicho, ¿qué soy yo? Caprichosa, egoísta, infantil… y… -cerró los ojos. Sentía la cabeza pesada, y todo le daba vueltas. –Si confieso la verdad, yo le amaba, pero mi peor defecto siempre ha sido mi orgullo y mi obsesivo amor por mí misma, y no quería que me viera como reemplazo de ella. Ni siquiera quería que me viese como algo que tuviera que ver con ella.
-¿Tan malo hubiera sido? –preguntó lentamente.
-Pues no lo sé, pero a mí se me hace algo horrible. –dijo dejando la copa a lado. –Ser comparada con la persona que odias… con la persona que siempre has envidiado… con la persona que siempre ha tenido la libertad que tu deseas… el amor del hombre al que amas desde siempre…. Es algo… es algo horrible… horrible… horri…ble… -la vista se le había nublado, todo de repente le daba vueltas.
-Y… -comenzó, volteó a verla, pero no alcanzó a preguntarle nada pues, en cuestión de segundos, Meilling se hubiera estampado en el piso si no hubiese sido porque él la había alcanzado a agarrar. Suspiró. -¿Pues cuántas copas tomaste, Mei? –preguntó negando con la cabeza.
Abrió los ojos lentamente, despertándose por la luz de la luna que entraba por la ventana del baño.
Ya lo entendía, se había desmayado por algún golpe que se había dado entre todo lo que había estado tirando. Palpó sus bolsillos en busca de su celular, lo encontró en su bolsillo derecho, marcaba las ocho en punto de la mañana. ¿Había quedado inconsciente toda la noche? ¡Vaya desperdicio de tiempo!
Suspiró y se levantó lentamente, notando cierto ardor en las manos y uno que otro pinchazo en la cabeza, en especial en las sienes.
Se llevó la mano a la frente solo para darse cuenta que tenía sangre seca.
Gruño algo irritado.
Se puso de pie algo tembloroso; caminó guiándose por la luz de su celular y palpando por el camino.
-¿Tomoyo? –llamó.
Ésta se removió un poco entre las sábanas y prendió la luz del buró, incorporándose también.
-Tienes unas ojeras horribles. –dijo. Se levantó para prender la luz. Se había vestido y al parecer también arreglado el pelo. –El maquillaje te cambia todo el rostro, pareces otro. –la luz se prendió iluminando a ambos. –Se ve muy feo eso. –dijo señalando la herida en su cabeza.
-No duele tanto. –dijo quitándole importancia. -¿Dormías? Perdón por despertarte.
-No, no te preocupes, solo pensaba. –se acercó a él. –Ve a lavarte eso, en serio se ve feo.
-Ya… -dijo dándose media vuelta, dispuesto a obedecer sus palabras.
Tomoyo se le quedó viendo por un buen rato, pues Naoki no había cerrado la puerta del baño. Suspiró, no tenía ni idea de que hacer.
-Vuelve con Eriol. –dijo de repente Naoki. Tomoyo abrió grande los ojos.
-¿Q-Qué dijiste? –preguntó temiendo haber oído mal.
-Que vuelvas con tu hermano. ¿Estuvieron juntos por un tiempo no? Si es así, estoy seguro que todavía te ama. –dijo encogiéndose de hombros al tiempo en que se secaba las manos y la frente con una toalla.
-¿Y tú como vas a saber eso? El otro día…
-Pues sí, el otro día te dijo eso. Pero si alguna vez sintió algo por ti, no creo que desaparezca tan fácil. Además de lejos se ve que le caigo mal y que me quiere asesinar con la mirada, y eso que no me considero un mal tipo, al menos en apariencia.
-Pues yo creo que eso es lo que todo hermano haría. Es un instinto protector.
-No, no lo creo. Yo soy hijo único así que no sé en realidad, pero Ryu tiene una hermana y cuando se casó, Ryu hasta se hizo amigo de su cuñado.
-Pues cada quien reacciona diferente.
-¿Por qué eres tan necia? Te estoy diciendo que…
-Pero tú siempre me has dicho lo que yo quiero escuchar.
-Ahora es diferente. –dijo para empezar a vendarse las manos con las vendas que había encontrado en el baño, haciendo una mueca de vez en cuando por el dolor que le causaba mover la mano, pues ambas estaban heridas.
-Tienes que desinfectarte eso antes. –murmuró Tomoyo acercándose a él y llevándolo al baño. Abrió la botella de alcohol y mojó los pedazos de algodón que había arrancado previamente. Le desinfecto la herida en silencio mientras Naoki hacía una mueca. -¿Por qué dices que ahora es diferente?
-Porque quiero convertirme en un buen tipo. Un buen tipo de verdad. Lo que te hice hoy fue horrible, es decir, te acabo de arruinar una experiencia que se supone que debes de vivir con la persona que amas, y debe de ser especial y bueno, en realidad no sé como lo crean las chicas pero….
-¿Para ti fue horrible también? –le empezó a vendar la mano, sin levantar la vista para mirarlo.
-En realidad, no sé si fue horrible o no. Nunca lo había hecho. Pero tampoco lo quería hacer así que por mí no es tanto problema. Yo no tenía ninguna ilusión ni nada.
Tomoyo sonrió. Abrió otro paquete de vendas y desenrolló la venda lentamente. Se acercó para levantarle el flequillo indicándole a Naoki que se lo sostuviera para que pudiera enrollar la venda alrededor de su frente.
-En realidad, si te soy sincera, yo tampoco tenía ninguna ilusión ni expectativa. Lo único que quería era que pasara con la persona que amase. –sonrió tristemente abrochándole la venda. Naoki bajo los brazos.
-Lo siento.
-No es tu culpa, estábamos borrachos.
-Pues sí, pero yo no me embriago. Debí haber detenido todo esto y…
-Ya, no seas tan duro contigo mismo. Apenas y recuerdo algo, así que no vale la pena. –Naoki volvió a entreabrir los labios. –En serio, si dices otra cosa me voy a volver a poner a llorar otra vez.
Naoki solo bajo la vista.
-Al menos hazme caso en esto último… -Tomoyo levantó la vista. –Vale la pena arriesgarse… y pelear si es por amor, Tomoyo. Si no lo haces lo lamentarás. Vas a perder mucho.
Tomoyo solo sonrió amargamente ligeramente sorprendida.
-Te dije que me iba a poner a llorar otra vez. –dijo tapándose los ojos con las manos en un vano intento de parar las lágrimas. Naoki sonrió. –Eso no aplica conmigo, Naoki. Eso no aplica aquí conmigo porque para pelear por amor y vencer, se necesita que ambos sientan lo mismo… y… y…
-Tomoyo…
-No entiendes… yo soy la que me equivoqué… yo soy la que me enamoré… yo soy la que pequé…. –sollozó. Naoki la abrazó; no pudo hacer nada más.
-¿Qué no me engañabas con Mizuki? –rió. -¡Esa es la peor mentira que has dicho hasta ahora, Kinomoto! No te sale actuar de santo.
-¡Escucha, si estoy perdiendo mi tiempo aquí es porque realmente…!
-¡Toya! –gritó Yukito. ¿Por qué era tan difícil que estos dos tuvieran una conversación civilizada? ¡Parecían más niños que adultos!
-¡Ella empezó! –dijo apuntándola acusadoramente. Yukito tomó una bocanada de aire para tranquilizarse.
-Se supone que estamos aquí para arreglar las cosas. Esto requiere seriedad.
-¡Estoy actuando con seriedad! –dijeron ambos al mismo tiempo. Desviaron la vista, ligeramente rencorosos. Nakuru decidió acostarse y darles la espalda.
-Nakuru….
-Esto es una estupidez.
-Me prometiste una oportunidad.
-A ti, no a él. –murmuró.
-Sí, pero sabes que si me lo prometes a mí, se lo estás prometiendo a él. ¿Por qué no dejas que te lo explique? ¿Qué te cuesta escucharlo?
-¿Qué me cuesta? ¡¿Qué qué me cuesta? ¡Este! –dijo apuntándolo poniéndose de pie apresuradamente, no importándole el hecho de que estaba descalza y podría enfermarse. -¡Es el hombre que me arruinó mi adolescencia! ¡Mi vida! Y cuando por fin me decido a querer vivir MI vida, LEJOS de él, ¿adivina con qué me encuentro? ¡Anda, adivina!
-Nakuru, calmate…
-¡Que no puedo despegarme de la cocaína! –empezó a llorar amargamente. Se tapó el rostro. –Que cada vez que trato de hacerlo, empiezo a vomitar y empiezo a desearla más y más…
-Nakuru…
-Yo solo quería que tú me voltearas a ver, que supieras que existía… no te pedí nada difícil, ¿verdad? solo te pedí un lugar en tu corazón, ¡te pedí menos de un cuarto! Te pedí simplemente unos cuantos segundos al día…no entiendo cómo pude ser tan tonta… y arruinar mi vida de esta forma… solo era dinero, ¿no? –se revolvió el cabello con una mano y se talló los ojos fuertemente. No quería empezar a llorar otra vez, en especial en ese estado. Le hacía falta la cocaína, sí, la cocaína jamás le abandonaba.
Se sentía débil, asustada. Se sentía la víctima de todo, su cabeza le daba vueltas y por sus ojos pasaban una serie de colores y texturas que en su vida había visto. Sentía una adrenalina diferente del éxtasis, esta adrenalina cortaba, era como una tormenta, y ella era una chica sin sombrilla y abrigo. Era una chica con el vestido rasgado, sin zapatos y vestida por una sola sábana blanca.
¿Dónde estaba ahora? ¡Este no era su mundo! ¡Tenía que volver!
Parpadeó, se obligó a hacer como si nada pasase como cuando le daban esos exquisitos escalofríos en frente de las cámaras, y siguió hablando. Sus ojos estaban llorosos, sus labios resecos temblaban y sus manos no dejaban de hacer formas con las manos que asustarían hasta a un loco. Sus ojos se perdieron.
Empezó a reír. Y es que, realmente, la situación le daba risa. ¿Por qué estaba allí, sentada en un hospital cuando podía salirse e ir en busca de otro sueño?
¡Qué estúpida se había vuelto! ¡Depender de sueños vendidos por la señorita Cocaína! ¡Ha! ¡Y ella que decía que era fuerte, que era valiosa, que valía la pena ser amada por ella! ¡Qué tonta, qué hipócrita!
Estaba delirando.
-Si solo querías dinero yo te lo hubiera dado… pero no te conformaste con eso, ¿verdad? tenías que enamorarme, tenías que hacerme adicta no solo a la cocaína sino también a tus caricias, a tus besos y a ti. Me trastornaste, utilizaste y me dejaste en cuanto tuviste la oportunidad por más… ¿fui fácil de engañar? ¡Anda, dime! ¡Era tonta y estúpida, y lo sigo siendo así que no importa qué me hagas o qué me digas, tú sabes bien que te voy a perdonar una y otra vez y te voy a seguir queriendo…. Entonces tú no tienes nada de lo cual temer, cuando en cambio yo ya he perdido todo. Si tú te hundes yo me voy a hundir contigo, dependo de ti tanto como dependo de la cocaína. Y eso lo sabes bien. Incluso ahora, tratas de enredarme la mente y yo quiero estar lo más consciente posible, porque de esa forma no seré otra vez tonta y me culparé a mí, sino que te podré culpar a ti. Incluso ahora, mi corazón late no solo por el ansia de querer seguir probando esa droga sino también por volver a probar tus labios. Explícame si puedes, has todas las excusas que quieras.
-¿Nakuru, te sientes bien?
Pero ella ya no escuchaba, se había guardado eso por muchos años.
Se había tragado esas palabras cuando se enteró que la Compañía le había asignado a él para controlar su drogadicción.
Se había tragado esas palabras cuando lo encontró en la azotea besando a Mizuki.
Se había tragado esas palabras cuando lo vio regalarle un ramo de crisantemos –sus flores favoritas –a Naoko en la graduación cuando a ella jamás le había regalado nada.
Se había tragado esas palabras por demasiado tiempo, todo tenía un límite. Y entre el amor siempre se interpone el rencor antes del perdón.
Tú no tienes porqué sentir esto…
Déjame salir… ¡yo hablaré por ti!
No tienes que sufrir Nakuru… Naraku solucionará todo por ti…
Palabras dulces, palabras tentadoras… ¿cuándo era que había empezado a escucharlas? ¿a hacerse amigas de aquellas encantadoras vocecillas? Sabía que ellas no le harían nada, con ellas estaba segura….
-Nakuru…
-¡No nos toques! –gritó. Yukito intercambio una rápida mirada con Toya.
…¡Pero era su cuerpo! ¡Era su vida! ¡Este era el momento que había estado esperando siempre!
Se tapó los oídos con las manos, agitó la cabeza varias veces.
-¡No! ¡No!
-Nakuru….
-Inyéctale un calmante. –murmuró Yukito.
-No creo que le sirva. –le respondió.
-¡¿Entonces qué? –dijo algo desesperado. La situación se había salido de control, ¿por qué de repente había empezado a actuar así? Al parecer el trastorno había avanzado demasiado rápido.
-Tal vez con la cocaína…
-¡¿De dónde diablos vamos a sacar cocaína?
-Pues….
La puerta se abrió.
Kotori se quitó el sombrero y miró a ambos a través de sus grandes ojos.
-Si buscan cocaína, yo puedo conseguírselas.
-¿Cómo entró?
-Tengo un truco. –dijo encogiéndose de hombros. Volteó a ver a Nakuru, quien se había sentando en la cama y tenía los ojos cerrados. Murmura cosas que no alcanzaba a escuchar, se acercó y la acurrucó en su pecho. –Todo va a estar bien. –Nakuru sacudió la cabeza, negó una y otra vez y empezó a sollozar.
-¡Es mi vida! ¡Es mi vida! Haz que paren….
-Shhh…. –le murmuró tranquilizadoramente acariciándole los cabellos. Con su otra mano, buscó su celular y llamó a la única persona que conocía que podía darle cocaína de contrabando.
-¿Sí? –dijo contestando la llamada de Kotori. Le extrañaba que ella le llamara, era raro. Normalmente si ella necesitaba algo, era Subaru quien hacía las llamadas, no ella.
Tomoyo lo miró por un rato hasta que decidió no pensar en nada más ya. Quería concentrarse en arreglar su vida, aún no había hablado con Sakura ni tampoco había llegado a ninguna conclusión sobre el asunto de Eriol.
De lo que sí estaba segura era de que estaba enamorada de Eriol, de que siempre lo había estado…. Y de que quería hablar con él una vez más, para al menos, entender una que otra cosa para poder rendirse finalmente y abandonar toda esperanza.
Suspiró.
Su novio la miró de reojo y titubeó un poco con sus labios. Murmuró algo para que la persona al otro lado le esperara y se le quedó mirando a Tomoyo por un largo rato.
-Me tengo que ir…. Yo… ¿está bien si anuncio nuestro rompimiento mañana….? –dudó. Tomoyo abrió los ojos y entreabrió los labios.
¿Qué? ¿Qué estaba pasando allí? ¡Jamás se le había pasado por la cabeza eso!
-Si me necesitas, puedes llamarme. Acudiré a ti en seguida. –dijo acariciándole el cabello. –No salgas hasta mañana, pagaré tu estancia. Se verá muy sospechoso si lo hacemos al mismo tiempo. –tomó aire. –Gracias por todo. -Tomoyo no pudo dejar de mirarle ni tampoco pudo ponerse de pie. Estaba en shock. –Hasta… luego. –murmuró, dejándole un beso en la mano.
Tomoyo no pudo evitar llorar una vez que la puerta se cerró.
¿Qué se supone que iba a hacer ahora?
Rika entre abrió los ojos entre sorprendida y extrañada. ¿Esa de allí, entre los brazos de aquel extraño era Meilling? ¿La orgullosa Meilling a la que le tenías que pedir permiso hasta para agarrarle sus cosas? ¿Se estaba dejando cargar?
Wow, eso era extraño.
Además, hasta donde ella sabía, este tipo ni siquiera era famoso, ¿cómo se supone que sabía donde vivía si ni siquiera Syaoran, el vocalista principal y líder de su banda, sabía con exactitud?
Se formó un incómodo silencio que ninguno de los dos supo cómo llenar. Rika estaba demasiado sorprendida para hablar y Ryuichi simplemente no sabía qué decir.
-Eh…hola. –dijo Ryuichi después de unos minutos.
-Hola. –respondió apresuradamente Rika para no sonar descortés.
-Este yo… Mei- la señorita Li –se corrigió –pues… ¿cómo decirlo? La encontré un poco pasada de copas y como nos conocíamos de antes consideré algo descortés dejarla…
-¿Se conocían antes? –preguntó antes de que pudiera detenerse, y es que, Meilling no era una persona con muchos amigos. Se tapó los labios con una mano en seguida, preocupada.
Ryuichi alzó la vista, segundos después se echó a reír.
-Sí, suena imposible, pero sí. –volvió a reír. Su risa fue parada por su celular, que comenzó a sonar. Rika le hizo una seña para que entrara y acostara a Meilling en su sillón. Ryuichi se disculpó con la cabeza y contestó.
-Ryu.
-Nao. –dijo sorprendido. -¿Dónde has estado? Te llamé ayer y…
-Inconsciente. Te explicó después. Cometí algo estúpido.
-Eso ya lo sé. Tú te la pasas haciendo cosas estúpidas…
-Me acosté con Tomoyo. Mañana a las 8:30 am anunciaré que terminamos.
Silencio.
-¿Q-Qué? –preguntó cuando por fin pudo recuperar su voz.
-No puedo discutir ahora. –sonó algo parecido a un insulto a lo lejos.
-¿Dónde estás? ¿Qué estás haciendo?
-¿Cuidaste de Meilling? ¿Estás ocupado ahora? Espera, un momento… ¿dónde está ella ahora?
-Estoy en su departamento, en frente de su amiga, la tecladista. –la volteó a ver, Rika le sonrió. –Encontré la dirección en su bolso. Nos quedamos toda la noche bebiendo. Pero no me evadas el tema, ¡sabía que eras estúpido pero no tanto Naoki!
-Ah… me estás llamando por mi nombre completo, eso es raro, estás enojado, ¿verdad? –sonaba algo nervioso. Rika miró curiosa. ¿Naoki? ¿Naoki Kudo? ¡Este chico era amigo de su ídolo! –Escucha, prometo explicarte todo después, ahora necesito un favor. No, más bien, Kotori sempai necesita un favor.
-¿La princesita pidiendo un favor? –preguntó. Eso era tan extraño que se olvidó momentáneamente de todo lo que había oído antes.
-Quiere una dosis de cocaína para Nakuru Akizuki, de inmediato.
Le dije todo atropelladamente, no quería escuchar sermones ahora.
El silencio de Ryuichi se hizo vehemente, no dijo nada hasta pasados unos cuantos segundos. Yo manejaba como un loco el auto que me había enviado la compañía, pasándome luces rojas e insultando a todo el que se me atravesaba. Quería llegar a mi departamento pronto, no solo para cumplir el favor que me había pedido Kotori –el cual no lo consideraba nada anormal, pues Kotori ya era rara en sí. –si no que también para quitarme esas ropas.
Ya, había hecho algo estúpido, lo sabía. Pero más que todo me sentía culpable, no tanto por lastimar a Tomoyo, si no que sentía que había traicionado la confianza de Ryuichi y de Miyu.
Miyu.
¿Por qué de repente tanta melancolía? ¿Cuánto había pasado tratando de olvidarme de ella, de enterrar su recuerdo clavándolo en el más profundo cementerio de mi pecho? Qué estúpido e inútil sonaba todo ahora.
-Te espero en mi departamento. –le dije sin realmente haber escuchado lo que había dicho y le colgué.
-Me tengo que ir. –dije atropelladamente, algo irritado por la actitud de mi amigo.
¿Qué se había acostado con Daidouji? ¡Y yo que le había dicho que dejara de cometer estupideces!
-¿T-Tan pronto? ¿No quiere quedarse para tomar…?
-Me tengo que ir. –repetí, irritado. La chica pareció asustarse un poco, pues bajo la vista apenada. Yo suspiré. –Lo siento, no pretendía sonar así. Pero realmente, no tengo tiempo. Gracias por la oferta.
-No… -pareció querer decir algo. Alcé las cejas para incitarla a continuar. –E…¿es usted amigo de Naoki Kudo?
-Y si lo fuera, ¿qué? –pregunté mirando de reojo el reloj.
-No… yo… quiero decir…
-¿Quieres un autógrafo? –pregunté por fin. Ella asintió. Yo simplemente asentí con la cabeza y me despedí con una mano para después salir corriendo.
¿Cuántas veces tenía que involucrarme en tantos delitos por las tonterías de mis amigos?
Suspiré.
-No sabes las ganas que tengo de golpearte ahora. –fue lo primero que dijo Ryu cuando le abrí la puerta. Yo solo me encogí de hombros y sonreí nerviosamente, Ryuichi enojado daba algo de miedo.
-Ya lo sé, pero ahora ese no es…
-¿Y por qué tenemos que darle lo que quiere cuando lo pide, de todos modos? –me interrumpió.
-Se supone que porque es nuestra amiga. Y bueno… yo le debo mucho. –bajé la vista por unos segundos, luego la levanté y lo vi rodar los ojos y agarrarse el puente de la nariz en gesto irritado. Se rebuscó entre la camisa para sacar la llave que tenía colgada, yo simplemente caminé en silencio.
Entramos a mi cuarto, pateando las cosas que se nos atravesaran, sin prender la luz. Abrí mis closet y palpé en busca de una tabla floja. Ryu sacó su celular para darnos luz, encontré la tabla.
La levanté con gesto cansino, sacudiéndome las gotas de agua que me caían del pelo (mientras esperaba a Ryu me había bañado y cambiado), luego me alejé para que él pudiera introducir la llave que abría el cerrojo del pedazo de madera que había allí dentro.
Palpó por unos segundos hasta que encontró una bolsa de ese polvo blanquecino que tanto me había salvado en el pasado. Reí sarcásticamente, Ryu me miró mal y volvió a poner todo como estaba; pareciese que nada había pasado.
Qué hipócrita.
-Señor, no puede entrar ahora.
-¿Y por qué no?
-Pues…
-¡Quiero saber lo que está pasando! ¡¿Dónde está Kinomoto?
-Se encuentra ocupado en este instante y…
-¡Señor, no puede abrir esa puerta! ¡Hiragizawa-san, por favor…!
Pero ya era muy tarde, antes de que las dos enfermeras pudieran detenerlo, él ya había entrado a la habitación.
Kinomoto frunció el ceño y Yukito volteó la cara para mirarlo fijamente.
Paseó la vista por la habitación.
-¿Nakuru? –preguntó lentamente.
¿Cuándo había sido la última que vez que había visto a Nakuru de esa forma?
Ahh…. Si, cuando había intentado dejar la cocaína.
-¿Naraku? ¿Naruki…? ¿Naku? ¿Están bien?
Los ojos cafés de su amiga lo miraron fijamente, el solo sonrió.
-Hace mucho tiempo que no las veía.
Se acercó lentamente. Pudo sentir la mirada de ambos doctores y las enfermeras cerrar la puerta con precaución.
-Les he extrañado. –murmuró.
