Capítulo XIII
Para Balder era sorprendente como después de haber tenido a su hermano en un mutismo hermético e indestructible, al siguiente día se había levantado muy temprano (como siempre), había desayunado un vaso de leche y unas galletas, mientras alternaba su atención entre el libro de turno y la conversación con su hermano (como siempre) y se había ido a enseñar a los monjes toda la tarde (como siempre).
Su rutina no había cambiado en lo absoluto, tampoco sus ojos habían perdido el brillo, y su inteligencia seguía ágil y filosa, extremadamente peligrosa e irónica.
Loki no parecía sufrir a pesar de la dolorosa desilusión que había vivido.
Balder sabía lo que había pasado... por lo menos el resumen. Loki se lo había balbuceado entre lágrimas, la única vez que lloró por Thor: esa maldita mañana después del cumpleaños del menor, en la que tuvo que secar toda la pena del moreno, mientras injuriaba contra las carrozas que se marchaban sin tener idea del daño que habían dejado en ese lugar.
Él no se sentía libre de culpa, porque era horriblemente doble estándar de su parte odiar ver sufrir a Loki, pero sentirse aliviado de que Thor ya no estuviera en su vida.
La culpabilidad lo estaba matando.
Ninguno de los dos volvió a hablar sobre la desventura vivida. ¡Eran hombres, por Asgard! ¡Los hombres miraban al futuro, mandaban a la mierda todo y luego seguían sus destinos! Así que en un acuerdo silencioso ambas partes acordaron no mencionar nada sobre lágrimas, debilidad, ni depresión, mucho menos cualquier frase que llevase Thor en un principio, en el medio o el final; ese nombre en ninguna parte de la conversación sería bien recibido.
Olvidaron rápido y gastaron sus fuerzas en peleas con espadas, compitiendo quién escupía más lejos y de vez en cuando dando golpes a puño limpio como todo unos hombres.
Por supuesto que Loki siempre perdía, al igual que lo hacía con sus sentimientos. Él era excelente ocultándolos, lo que no significaba que hubieran dejado de doler en algún minuto.
Sentía que se desangraba y se notaba especialmente en cosas pequeñas de su día a día.
La tercera noche de haber quebrado con Thor, se dio por vencido y dejó de dormir en su habitación, terminando en el cuarto de Balder, porque en el suyo propio aún podía sentir el olor a sexo y amor de la noche en que se le había acabado lo poco que le quedaba de vida desde que se había ido de Asgard.
Con el tiempo, también quemó cartas y regalos, volvió a decorar su habitación. Su cabello negro que de manera brillante y fuerte había crecido hasta debajo de los hombros, terminó en el suelo ante las lágrimas de Ivar, quien tijera en mano, cortaba con dolorosa lentitud cada mechón del suave pelo que se iba amontonando a sus pies como un charco de sangre negra nacida de la pena y la desilusión.
Cuando se miró al espejo tenía el cabello a la altura de la oreja, se lo peinó hacia atrás y sonrió aliviado, como si le hubieran quitado un poco de peso a su alma adolorida.
Luego de eso en silencio fue a la cocina a cambiar la sal por el azúcar, porque ese chiste nunca pasaría de moda y le subía el ánimo de forma sádica el sufrimiento de las otras personas… por lo menos el martirio de sus papilas gustativas.
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Las frías, pero agradables noches de finales de verano abrieron paso al otoño rojo, amarillo y naranjo, pisos tapizados con alfombras de hojas muertas y marrones que hacían blando y un poco dificultoso el caminar, pero que sonaban de formas graciosa cuando Balder saltaba de una en una ante los ojos burlesco de su hermano menor, y así, finalmente llegó el invierno junto a las tormentas de nieve y chimeneas que nunca se apagaban y que mantenían con magia el calor y la durabilidad. El entrenamiento en el exterior fue reemplazado por trotar en los pasillos y encerrarse por horas en algún cuarto abandonado para chocar las espadas hasta que los músculos agarrotados ya no podían más.
Ya no había paseos sino tardes de ajedrez y chocolate caliente frente a la chimenea, acurrucado uno al lado del otro bajo una gran manta como pichones esponjosos por el frío. Se tomaban de la mano, bromeaban, tiñeron el cabello de los monjes de colores, con magia enfriaban las bebidas calientes, ponían polvos picantes en la ropa ajena y poco a poco el fantasma de Thor fue desapareciendo del corazón adolorido de Loki, siendo reemplazado por el calor de Balder.
No es que ya no pensara en el mayor; habían muchas noches cargadas de miel y nostalgia que revivían en su cabeza mientras se quedaba mirando por la ventana y disfrutaba del hielo de la noche con la chimenea apagada y el rostro en el vano, mirando las lunas que enmarcaban la noche con sus luces fantasmagóricas y lejanas, pensando que eran las mismas que alumbraban sus cuerpos desnudos en las habitaciones de Palacio; era sólo que ya no dolía y a veces eso le molestaba. El vacío que había quedado después del amor, luego de la tristeza, la rabia y la melancolía lo hacía sentir muerto. No dolía… pero ya no podía sentir y eso lo mantenía con una depresión lejana, suave, pero persistente. Thor se había llevado su corazón y no dejó nada para reemplazar ese hueco en su pecho.
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Disfrutaba de ver la tranquilidad de los rasgos de Balder: tan diferentes a las tempestivas facciones del rubio, pero hermoso, incluso mucho más que su hermano. Había encontrado en él un consuelo para su soledad y luego pasó a ser más que eso… su química fue tan buena que había pasado a ser su mejor amigo, acompañante y un pilar en su nueva vida.
Se había convertido en su nueva meta: por él estudiaría hasta encontrar la forma de romper la maldición que cargaba sobre sus hombros.
Una mañana amaneció con un brillante sol luego de días de tormenta. El blanco cegador de la luz reflejada en la nieve despertó a ambos hermanos quieres se asomaron por la ventana y rieron como si tuvieran 10 años. Se pusieron la primera ropa que encontraron tirada en la habitación y corrieron al frío exterior para caer sobre la mullida nieve recién caída y frenar sobre una capa de hielo más duro.
-Ay… -se quejó Balder quien tenía el cuerpo más grande y había resentido más el golpe. Loki se rió burlón y disfrutó de una suerte de déjà vu de tiempos bellos mientras construía un gran muñeco de nieve. Cerró los ojos y de pronto se sintió en el palacio, siendo observado por curiosos sirvientes, pensó que de repente aparecería Odín a jugar con él de manera tímida al principio y luego correrían gritando y lanzándose esferas de nieve… después aparecería Thor… Thor...
Abrió los ojos y sintió su cuerpo muy pesado, dejó correr por sus mejillas dos lágrimas frías y solitarias. Respiró hondo y decidió que recordar era peligroso; todo lo que lo unía a la ciudad dorada debía desaparecer de su mente por el bien de su corazón; se limitaría a su vida en el monasterio, a las visitas de su madre y de Sif, a la presencia del Gran Sabio y de Balder.
-¡Loki! –el mayor llegó corriendo animado y él se secó las lágrimas con un hechizo -¡Vamos Loki! ¡Tengo algo que mostrarte! –se dejó arrastrar hasta la parte trasera del monasterio y traspasaron la gran muralla que franqueaba la propiedad, por un pequeño agujero que nadie tenía la menor intención de cubrir. Caminaron unos minutos y apareció frente a ellos una gran laguna brillante en hielo, con algunas orillas sucias por el barro.
-Wow…
-¡Y mira esto! –Balder posó un pie sobre el agua congelada y comenzó a patinar, aunque apenas sí lograba mantenerse un poco de pie, era demasiado resbaloso para ser de otra forma. Loki pensó en la masa del hielo, la superficie de la planta del pie, el material de las botas y sonrió al encontrar una solución simple, conjuró para cada pie una fina hoja metálica, se subió sobre el lago y comenzó a deslizarse con gracia y agilidad, adaptándose rápidamente a su invento y consiguiendo fácil estabilidad -¡Ey! ¡Ayúdame! –el castaño intentaba ponerse de pie, pero era torpe y regresaba al suelo, el menor tuvo que tomarle la mano hasta que se pudo mantener en pie con piernas temblosas.
-Ahora intenta deslizarte – hizo aparecer dos placas de metal en sus zapatos y luego le dio el ejemplo, luciendo un nuevo talento recién descubierto, haciendo que su hermano frunciera el ceño.
-¡Deja de hacer eso! ¡Sí, ya vi que eres bueno!
El moreno soltó una carcajada y comenzó a hacer piruetas frente a Balder sólo para hacerlo enojar.
-¡¿Ah, sí?! ¡Ya verás! –intentó correr detrás de él pero de pronto el hielo cedió bajo sus pies y con un grito de terror se vio cayendo al agua, de pronto sintiendo sus articulaciones demasiado heladas para moverse, sus miembros cansados y la piel que quemaba con esa temperatura insoportable. Le costaba respirar, intentaba manotear para mantenerse a flote, pero poco a poco su cuerpo le fue exigiendo ir cerrando los ojos y dejarse llevar. Escuchó gritos desesperados, el salpicar de otro cuerpo metiéndose al agua, unos brazos alrededor de él y luego nada más.
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Loki arrastró a Balder, desesperado, al exterior, se quitó los zapatos que le eran incómodos para correr, y así, descalzo y con la fuerza que había desarrollado gracias a los entrenamientos, pero más que nada por la adrenalina provocada por el miedo, tomó a su hermano, cargándoselo al hombro y corrió en dirección al monasterio sin ser capaz de preguntarse de por qué el frío no le afectaba hasta caer en la hipotermia o la razón de que la gélida nieve no le quemara la piel ni le hiciera perder miembros como ocurriría con cualquier asgardiano.
Pasó veloz por los pasillos silenciosos y tocó con desesperación la puerta del cuarto del Gran Sabio.
-Ya va, ya va… -abrió la puerta y el viejo hombre se sorprendió al escuchar un sollozo -¿Loki?
-¡Es Balder! ¡Cayó al agua congelada del lago y casi no respira! –la cabeza del monasterio asintió y caminó con rapidez a los aposentos del príncipe… podía sentir su energía cesando, eso no era bueno.
-Hay que cambiarle de ropa por unas secas y acostarlo en su cama, prender la chimenea y pedirle a Ivar que traiga más mantas… hay que conseguir que recupere la temperatura –cuando llegaron Loki sin pensar hizo todo lo que le dijeron, tomando toda la responsabilidad en sus manos, siendo incapaz de delegar nada, demasiado preocupado como para dejar algo tan importante en manos de otra persona.
-¡Ivar! ¡Ivar, aparece! –gritó con desespero y los pasos apresurados de su siervo lo llevaron hasta la habitación de Balder, entró al cuarto y cuando vio a su amo lanzó un grito y lo miró con ojos desenfocados -¡Qué pasa, hombre! ¡Necesito que traigas mantas, urgente!
-¿A-Amo Loki?
-¡¿Quién más?!
-N-No es usted –susurró asustado, dando dos pasos atrás.
-¡Claro que soy yo! –miró como su siervo apuntaba al espejo y vio sus ojos, rojos como la sangre, abrirse con atónito asombro.
-Anda por mantas –dijo el Gran Sabio y ambos salieron de la habitación dejando a Loki rayando en un estado de pánico, sólo detenido por el shock de ver su piel azul y llena de marcas celestes y grises, ante el espejo que devolvía esa inquietante imagen.
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-Por qué –susurró Loki mientras miraba sus manos temblorosas que retomaban su pálido color piel.
-Se me olvida que tú no puedes verte de la misma forma que yo… como no tengo el sentido de la vista y aprendí a ver con magia, sólo detecto la esencia de las cosas… tu esencia no es la de un asgardiano aunque todos te vean así, yo siempre te he visto como un jotun.
-¡¿Un jotun?! ¡Cómo ocurrió eso! ¡Es imposible, soy un príncipe de Asgard!
-Tranquilízate, Loki y escúchame… -el viejo tosió para llamar su atención y comenzó a relatar -hace un tiempo llegó al monasterio Odín con un pequeño bultito entre sus brazos, se veía preocupado y aún estaba mal herido por la guerra, intentamos atenderlo, pero él no se dejó, sólo le preocupaba una cosa… me mostró un pequeño bebé jotun que tenía envuelto entre mantas… "¿Lo robaste?" pregunté muy asustado "Lo salvé" me contestó él… era un jotun muy pequeño… una vergüenza para un pueblo de gigantes, aún más para un cruel rey como Laufey; ese bultito era hijo del Rey de Jotünheim y no sólo eso… a pesar de que los gigantes de hielo son un pueblo que en el que no se desarrolla la magia, este bebé tenía la habilidad de cambiar de forma, mientras estaba en los brazos de Odín su piel era lechosa y sonrojada, pero cuando lo dejaban sobre una cuna, una cama o cualquier parte lejana al contacto con un asgardiano el pequeño regresaba a sus cualidades jotun… Odín quería adoptarlo pero para conseguirlo su magia debía ser estabilizada para mantener su forma asgardiana, yo lo ayudé a hacerlo y creció como un niño común salvo que con unas maravillosas dotes mágicas.
-Ese niño… era yo…
-Sí… eres tú…
-Por qué… la verdad es que nunca pertenecí aquí –susurró con el pecho apretado y los ojos rogándole por llorar… no lo haría.
-Loki… Asgard es tu hogar, Odín sintió compasión y luego sintió mucho amor por el pequeño que tenía entre sus brazos.
-Por eso jamás me amó como a Thor.
-No digas eso, piensa de forma objetiva…
-Entiendo todo… soy… sólo un trofeo de guerra… ¿qué iba a hacer conmigo? Tengo derecho al trono de Jotünheim ¡¿Eso era lo que quería?! ¡Entonces por qué rayos no me dejó estar con Thor! No es lo más ortodoxo, pero habría juntado ambos reinos…
-No es tan fácil…
-¡Claro que no, para mí jamás son las cosas fáciles! –se calló al ver al Gran Sabio con un gesto cansado –perdón… no es su culpa.
-Hijo… piensa bien las cosas y no te dejes guiar por suposiciones erradas… eres un ser inteligente, demasiado brillante, pero inestable psicológicamente y emocionalmente muy herido… por favor… respira y razona en frío.
-Yo… -miró el suelo con los puños apretados y suspiró soltándolos –está bien… lo intentaré.
Se paró con caminar cansado y se trasladó hasta la puerta, pero una duda comenzó a molestarlo.
-¿Por qué ahora mi cuerpo cambió y no antes? –los ojos verdes se fijaron en los globos blancos de ceguera, el viejo se encogió de hombros.
-No sé exactamente cómo funciona un jotun cambia-formas, pero debo suponer que fue por el frío gélido de las aguas.
-¿Puedo volver a cambiar de forma involuntaria? No sé… días helados, noches de desvelos u otras cosas cotidianas que tienen que ver con el frío.
-Creo que la única forma de que eso ocurra es que te metas a una tormenta de nieve, si lo que te preocupas es cambiar en tu día a día eso no ocurrirá, pero si deseas hacerlo sólo debes practicar con tus fuertes poderes y tus células se acostumbrarán a la fría temperatura de los gigantes de hielo.
El menor asintió meditativo y sin más salió del lugar, caminando en dirección a la habitación de su hermano.
Cuando entró al cuarto, lo notó respirar con dificultad y toser, aún en medio de la inconsciencia. Extendió sus manos sobre el cuerpo del castaño y comenzó a recitar un conjuro tras otro, drenando su energía de a poco mientras la compartía para sanar el malestar del mayor.
Cuando terminó las últimas palabras estaba tan cansado que se quitó los zapatos, el abrigo y se metió a la cama junto a Balder… dentro de todo era su cama temporal también; tenía derecho a descansar ahí.
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Cuando Balder despertó fue por un exceso de tos. Abrió los ojos lentamente y sintió que la luz de las velas le herían las retinas, su cabeza giraba y su cuerpo se sentía desagradablemente caliente, y a pesar de eso, a ratos estaba dolorosamente helado. Enfocó un poco la vista y pudo notar que unos ojos verdes lo miraban con preocupación, sonrió ante eso y abrazó más a su hermano, intentó hablar, decir algo, pero sentía la boca pastosa y desagradable.
-Espera –como si Loki hubiera leído su mente fue a buscar al escritorio un poco de agua para que este bebiera. Lo ayudó a sentarse y colocó el vaso en su boca, cuidando de no derramar el líquido sobre la tela del pijama.
-Gracias –susurró más animado y se volvió a acostar -¿Qué ocurrió?
-Caíste al agua del lago congelado, agarraste una neumonía por el frío, estuve dos días tratándote con mi magia para que pudieras recuperarte… estuviste inconsciente, estaba realmente asustado.
-¿Cómo salí de ahí?
-Yo me tiré a rescatarte –pudo notar la alarma en los ojos café de su hermano, pero no se atrevió a interrumpir la obvia pregunta.
-¡¿Y tú?! ¿Estás bien? –el menor asintió –pero cómo… yo estuve a punto de morir y tú aquí haciendo guardia a mis sueños… ¿es porque eres mago? –el menor negó y se sentó sobre la cama, mirando el suelo.
-Balder… me enteré de algo importante, gracias a esta experiencia, es un secreto que se me ocultaba a pesar de influir profundamente en mi vida -apretó los puños.
-¿Importante? –quería redactar en su mente una buena forma de preguntar, pero de pronto todo fue tos, tos, tos y fiebre al punto de ebullición. Loki lo miró un segundo de manera seria, pensando que quizá estaba muy enfermo para noticias impactantes. Aún así habló con voz pausada y seria, decidiendo continuar.
-No sé si vayas a perdonarme por ser lo que soy…
-Que locuras dices, Loki, te acepto de todas las maneras posibles ¿Por qué me habría de disgustar algo que hicieras tú?
-No es algo que haya hecho, es algo que sólo es…
-Loki, me duele la cabeza y apenas estoy pensando… ¿Cuál es el punto?
-Balder… no me pasó nada en esas aguas congeladas porque soy un jotun – se formó un silencio pesado, lleno de contemplaciones y de intentos por entender la situación, mas, de pronto, el mayor soltó una carcajada tan fuerte que la jaqueca se afirmó con descaro en su cabeza y la tos fue lo único que pudo controlar las palabras burlonas que apenas salieron de su boca.
-No soy idiota, sé diferenciar a un asgardiano de un jotun, incluso sin conocer a uno directamente.
-¡Claro que eres un idiota!
-Te conozco, sé todo sobre tus bromas, creí que serían todas creíbles, en esta de verdad exageraste, llega a ser ridículo.
-Balder… esto es sumamente grave ¡Un príncipe jotun convertido en hijo de los Reyes de Asgard!
-Ah… ¿Entonces eres hijo del Rey de Jotünheim? –Loki gruñó al notar el tonito jocoso con que hacía la pregunta.
-Al parecer Laufey no me quería como heredero por mi tamaño... Odín me encontró... por eso estoy aquí...
-¿Y por eso sigues vivo?
-Sí.
-¡Agh, cállate! Estoy comenzando a creerme tu broma.
-Balder... no es una broma... -se concentró sintiendo un cosquilleo que no había sentido la primera vez que cambió forma en jotun y poco a poco su piel abrazó un color azul hielo, perdiendo la poca tibieza que albergaba.
El mayor soltó un grito, sintiéndose de pronto lo suficientemente débil como para caer en la inconsciencia, pero evitándolo al sacar su valor de guerrero.
-D-Dime que es un hechizo.
-No… todo lo contrario, estoy rompiendo un conjuro que puso sobre mí el Gran Sabio… -los ojos castaños del mayor chocaron de frente con los iris rojo sangre que lo miraban con preocupación y miedo… Balder supo que no importaba cómo… él amaba a su hermano de todas formas.
Con mucha dificultad se sentó en su cama y abrazó al pequeño idiota de su hermano. No tenía derecho a mirarlo con ese miedo… ¿De verdad pensaba que él podría dejar de apoyarlo?
El moreno se dejó abrazar y respiró aliviado.
-¿Se lo dirás?
-¿A quién…?
-Sabes a quién –cortó en seco la pregunta.
-Oh… pues lo estoy pensando.
-¿Te has dado cuenta que es tu oportunidad para que ambos sean felices?
-¿Y es que acaso se lo merece?
Para Balder era claro que no y estaba rogando porque a Loki no se le ocurriera cambiar de opinión gracias a ese nuevo descubrimiento.
NA: eso… cortito… perdón… perdón de nuevo… en serio… el siguiente será más largo… me está costando mucho esta parte de la historia y no tengo con quién discutir las ideas… no tengo betas, no tengo nada, soy pobre XDDDDD… así que creo que me seguiré disculpando, es que esta parte es muy difícil, en serio que a pesar de que piensan que las hago sufrir por gusto, a mí me cuesta mucho tener separados a Loki y Thor. Idiotamente de mi parte ya tengo todo el comienzo del siguiente capítulo…. Porque sí, porque puedo…
¡Nos vemos chicas! ¡Gracias por leer!
