Capítulo 14
La alegría brotaba en el edificio público, extendiéndose entre los presente como una nube de pólvora cuando por fin fueron realmente conscientes de que su etapa en el instituto terminaba y comenzaba otra dónde fuera que hubiesen elegido. Alumnos graduados que abandonaban el McKinley, cediendo su lugar a otros nuevos que pisarían por primera vez la escuela secundaria en septiembre.
Un caos.
Por donde quiera que lo mirase, principio y final de curso significaban un montón de papeles que organizar, arreglar y presentar con fecha límite. El estrés de última hora, los errores y las perdidas... Emma lo sabía muy bien, pero por una vez, era completamente ajena a todo eso. Otra persona estaría tirándose de los pelos porque faltaba la orla de un alumno mientras ella lo veía todo desde lejos.
Echaba de menos su despacho reluciente, el olor a productos de limpieza, las carpetas rebosantes y los panfletos. Siempre le había gustado su trabajo, el McKinley. Pensaba en él y los buenos recuerdos florecían rápidamente, dejando enterrados a los que debían de estarlo.
Pero sentía que no podía volver, que ella también se había graduado y el instituto era sólo un lugar donde echar la vista atrás y sonreír.
Por eso se quedó ajena a la fiesta, esperando en un coche que no le pertenecía.
-Llegué a pensar que de verdad no volverías.
Y ella también. Se lo había repetido tantas veces a sí misma en la cabeza que se convenció de ello. Durante seis meses, su mapa de los Estados Unidos había perdido el territorio de Ohio ocultándose detrás de una gran nube. Pero el viento que la azotaba y le revolvía el pelo se había vuelto más fuerte que nunca hasta liberar el quincuagésimo estado. Después de tratar de ignorarlo tanto tiempo, había entendido que no era un lugar del que huir, si no que aceptar. Y regresando, aceptaba la vida que había vivido en aquella ciudad. Su pasado. Y también parte de su presente.
Un presente que volvía a New York al día siguiente con una nueva oportunidad de triunfar sobre los escenarios de Broadway.
-Deberías volver a casa, Emma.
No la invitó a entrar cuando ella le llevó desde el instituto a su apartamento. No le había dirigido ninguna sonrisa, ni mirado como solía hacerlo. Ni una sola pregunta sobre ella. Aún estaba dolido.
Quizá el tuviera razón y debería acabar de enfrentarse a sus miedos volviendo a casa. Aquellas cuatro paredes que había abandonado un día cualquiera de agosto y del que no se había vuelto a preocupar. Tal vez ese lugar no existiera.
-Hace diez meses que no pago el alquiler.
Ni siquiera estaba segura de seguir conservando la llave. Podría haberla perdido sin darse cuenta en cualquier lugar. Pensó en todas sus pertenencias que habría cogido polvo en la soledad del apartamento hasta que alguien las hubiese sacado de allí para ponerlas en cualquier otro lugar. Había algunas que le hubiese gustado seguir conservando.
-Lo sé –buscó en sus llaves hasta extraer una de ellas, entregándosela. Ya podía volver.
Con las ventanas abiertas de par en par y el aire acondicionado puesto, el polvo seguía flotando en el aire incluso después de las dos horas de ventilación. El olor a cerrado y la suciedad acumulada le creaba náuseas. Todo estaba tal y como lo dejó. O casi todo.
Escondida en unas sábanas de algodón recién lavadas, su cabeza crujía del esfuerzo de tomar una decisión de la que no fuera a arrepentirse. Tanto de lo que huir... Tanto a lo que enfrentarse...
Su pelo había crecido bastante desde que se lo cortó tres meses atrás. No era como siempre, ni era como antes. Ni siquiera era como al principio. Al menos era pelirrojo de nuevo, no natural si no del tinte que acababa de desaparecer por su desagüe. Pero, cuando siguiera creciendo, volvería a su color. Si tenía que ser sincera consigo misma, lo había echado de menos.
Durante el resto de la mañana se dedicó a saquear su armario. Sólo algunas prendas afortunadas terminaron en la lavadora mientras que las demás volvieron descuidadamente a su sitio. Lo mismo ocurrió con la ropa de su viaje.
Cuando rehízo su maleta, no era ni como la de Rose, pero tampoco terminaba ser como la de Emma. Y no pensaba molestarse en buscar otro nombre, porque si aquello salía mal lo habría perdido para cuando la luna brillase con descaro en el cielo. Y ya era media tarde.
El avión salía a las 11.
Sabía que aún estaría allí. Antes incluso de llamar, sabía que aún no se había ido.
Efectivamente, allí estaba él abriéndole la puerta sin comprender nada.
-He vendido mi apartamento –hacía media hora que le había devuelto las llaves a su casero, dejando dentro todo lo que no estaba en su maleta.
Y Will seguía allí, mirándola en silencio como si tratase de adivinar el futuro.
Ella acababa de dejarlo todo, todo lo que no cupiese en sus diez kilos y esperaba ansiosa su respuesta en el umbral entre su casa y el corredor del bloque de pisos. Ansiosa por saber si había cometido el peor error de su vida, o si lo había apostado todo al caballo ganador.
Y todo eso ahora que él estaba empezando a comprender que debía dejar de meterse en su vida y buscarse otra que vivir.
-He mejorado, Will. Con mi TOC, con mis inseguridades. Estoy aprendiendo a aceptarme a mí misma e intentar superarme. A entender mis sentimientos.
Sentimientos. Sí, muchas veces había dudado donde estaban y si de verdad los usaba como debía. Se acabó el aplastarlos en un tarro y esconderlos al fondo de la alacena, dónde podían ser fácilmente ignorados. No, estaba por encima de eso.
Ya no tenía tanto miedo de enfrentarse a los cambios, de decirle que sí a las oportunidades de ser feliz. Había descubierto que no servía para nada más que guardar más y más tarros hasta que no pudiese cerrar la puerta.
Pero él no lo veía tan claro. Dudaba de ella. ¿Cómo no? Era lo que le había obligado a hacer. Pero cuando la miraba, no era de nuevo esa desconocida que le había esperado en el aparcamiento del McKinley para llevarlo a casa. Pero sus piernas desnudas y sus tacones, la bolsa en la mano, la sonrisa titubeante... Quizá aquella fuese la última ocasión que tenía de conseguir lo que había estado desando durante dos años largos y vacíos. Porque esta vez había sido ella la que había ido a buscarle. Y eso tenía que significar algo, ¿no?
-Di algo –le suplicó mordiéndose el labio, terminando de aclararle las pequeñas dudas.
-Cancelaré el vuelo, y le diré a Shannon que no me recoja. Iremos a New York en coche.
Emma asintió y soltó sus cosas en el recibidor mientras le esperaba.
El equipaje de ambos se ajustó perfectamente en el maletero. Para cuando amaneciese, estarían empezando una nueva vida en otra ciudad, y esta vez, juntos.
FIN
N/A: Último capítulo. Espero que hayáis disfrutado leyendo ^^ He pensado en hacer una segunda parte, ¿qué os parece? Ya tengo muchas ideas.
También quería agradecer a NellieLovet por ser mi beta y a Trixi Tan que ha seguido la historia desde el principio, ambas leyendo las diferentes versiones de las escenas y opinando y dando ideas. Por última, gracias también a aggie23 por leer y comentar. Es genial saber que está gustando ^^
Además, espero comenzar a publicar pronto un nuevo fic AU, Paying For Your Love, y tengo otro one-shot todavía sin título en mente... Lo único que no tengo es tiempo :(
Entonces, ¿empiezo la segunda parte? :P
¡Gracias por leer!
