*se acerca sigilosa y tose con el polvo acumulado del lugar*
HOLOOOOOO :DDDDDD Meeh, hacía demasiado tiempo que no me pasaba por aquí, ñas, lo he echado de menos. ¡Sorpresa! ¿Me esperabais por aquí? Es que no he podido resistirme, tenía mono de subir desde hace demasiado, je (y gente de distinta calaña presionándome para que escribiese... con cariño va, ¿eh? :P )... Espero que la espera, valga la redundancia, valga la pena, y que os guste el capítulo. A mí no me disgusta del todo, buuuut está escrito en dos días, tampoco podéis esperar demasiado, por desgracia u.u Es larguillo y raro (como todos, Tom nos libre de perder las costumbres... ), y-y-y-y de verdad deseo que entendáis la postura de Dougie frente a todo este marrón en el que he metido a los ponesitos, aunque a veces no la entiendo ni yo xDDD Y eso. Dejo de dar la murga y os dejo que leáis tranquilas, que es lo que queréis, lol.
CAPÍTULO 14: CAUSE TRYING NOT TO NEED YOU, IS TEARING ME APART; AND TRYING NOT TO LOVE YOU, ONLY MAKES ME LOVE YOU MORE-
Dougie
Miro el relojito de la esquina de la pantalla de mi ordenador, constando que son las siete de la tarde pasadas. Bufo, porque hace nada miré y aún eran las cuatro y media. El tiempo pasa demasiado deprisa cuando tienes cosas que hacer en un plazo determinado…
Me paso los dedos por el pelo, quitándome el flequillo de los ojos y amenazándolo mentalmente para que se quede ahí, hacia atrás, y no me moleste más; y solo tras ello vuelvo a clavar la mirada en el ordenador, en el programa de edición que tengo abierto junto con la carpetita de los archivos que contiene la tarjeta de memoria de mi cámara.
Nueve días. Nueve días, ocho horas, cuarenta minutos y veintitrés segundos. Esas son las cifras exactas y precisas de lo que queda para que la galería de Alice abra sus puertas al público por primera vez y para que, consecuentemente, la exposición inaugural de la que soy responsable vea la luz.
Diecinueve segundos.
Decir que estoy nervioso es un eufemismo barato. A fin de cuentas, es la primera vez que mi nombre y apellido van a salir al mundo del arte, más allá de la firma correspondiente junto al nombre del estudio en las fotos de comuniones y bodas que he realizado. Es un paso importante en mi vida (aunque sé que no deja de ser una exposición normal y corriente, que no va a ser mediática ni va a dar la vuelta al mundo), un paso que bien puede significar poner un pie en el camino hacia lo más alto o caer hacia la senda del olvido. Oh, qué poético.
Melodrama aparte, la cuestión es que falta muy poco para la exposición y yo aún no tengo ni idea de, primero, cómo voy a organizar las obras de arte seleccionadas y, segundo, de qué fotografías de cosecha propia voy a poner. Casi nada, ¿verdad?
Veinte minutos después de esa reflexión, suspiro largamente, cerrando momentáneamente los ojos y frotándomelos con los nudillos. ¿Quién está clavando agujitas ardiendo en mis globos oculares? Creo que mirar tanto a la pantalla me va a terminar dejando ciego… Bueno, así no tendré que ver el ridículo inmenso que voy a hacer cuando se abran las puertas de la galería y el público contemple el bodrio de exposición que habré preparado... Wow, positivismo al poder. Madre…
Me estiro, notándome los músculos de la espalda y de los brazos agarrotados. Necesito un buen masaje. Y un sueño reparador. Pena que me quede cierta cosita que preparar… ¿Quién ha llenado mi cráneo de espumillón? Con tanta esponjosidad y nieblina no hay quien piense adecuadamente. Quizás es que Jakie me ha pegado la gripe que cogió el otro día en el parque. O…
Un suave ruidito timidón e indeciso me hace subir primero los párpados y luego los ojos, y, de camino, de dejar de compadecerme de mí mismo. Enfoco mis cansadas pupilas hacia la puerta, pero no parece moverse, y tras casi un minuto entero en el que me pregunto si me habré imaginado el repiqueteo, este vuelve a sonar con un poquito más de fuerza. La vergüenza y timidez de los mismos hace que mi cerebro adivine quién es el que se encuentra detrás de la lámina de madera sin ningún esfuerzo.
-Pasa.-invito, tras carraspear bajito y tratar de tragarme esa cosa que debería quedarse quietecita en el lado izquierdo de mi pecho, en lugar de andarse de paseo por mi esófago.
La puerta se desencaja lentamente del umbral tras haberse movido indecisamente el picaporte, y la cabecita rizosa de Danny aparece por el hueco creado.
-H-hola.-murmura en bajito, tartamudeando, tardando unos segundos en establecer contacto visual, muy ocupado recorriendo la moqueta del suelo como si fuera a encontrar en ella el mapa hacia la fuente de la eterna juventud. O mejor, para solucionar la calvicie.
-Hola…-contesto, para mi gran vergüenza, con un tono más agudo que el mío propio, pareciendo un puto pitufo. Aunque, ¿de qué me extraño? Nuestras conversaciones y encuentros han venido siendo así los últimos cuatro días. Incómodos, temerosos, tensos, más propios de adolescentes en los pasillos del instituto que de dos hombres hechos y derechos. Pero, supongo, y solo supongo, que tenemos un poco de derecho a comportarnos como chiquillos enamorados…
Hace cuatro días, esos últimos cuatro días, de ese momento. Sí, sabéis de sobra a lo que me refiero, así que no es necesario que dé más detalles… Pero, que conste, que no los doy no porque ese momento aún provoque quizás no tan suaves cosquilleos en todo mi cuerpo, electrizantes escalofríos recorriendo mi espina dorsal; tampoco porque me asuste, o mejor dicho, acojone, lo que se dejó ver ya en su más clara pureza; menos porque crea que actuando así voy a dejar de soñar, despierto y dormido, con repetirlo, con volver a estar en la misma situación, con encontrar excusas inviables para crear unas nuevas que lleven a lo mismo. No, vamos, ¿por quién me tomáis? Simplemente, me refiero a eso que pasó en ese portal como ese momento para abreviar, ¿de acuerdo? Ni que sea un cobarde o sentimental, psé… ni que duela recordarlo…
Ese día, tras llorar mares y océanos y casi morir de deshidratación durante solo Dios sabe cuánto tiempo en los brazos de Danny, apenas intercambiamos más palabras. Ya se había dicho todo lo que se tenía que decir y, lo que no se había dicho con palabras, se había dicho de otras formas mucho más evidentes. Sin embargo, no acordamos hasta más tarde dejar lo que había sucedido a un lado y volver a hacer que no nos deseábamos con cada ínfima parte de nuestro ser al otro, que no anhelábamos volver a fundir nuestros labios y, con ellos, nuestras almas, que éramos de nuevo Dougie Poynter, el fotógrafo, novio y padre, y Danny Jones, el pandillero convertido en chico para todo, en lugar de Dougie Poynter, el que sigue enamorado como una tonta colegiala de Danny Jones, y Danny Jones, el que ama como un estúpido a Dougie Poynter.
La tormenta tardó un poco más en amainar, pero para nuestra suerte y para la de nuestros huesos, que ya empezaban a adquirir complejo de estalactitas de hielo, lentamente (os juro que en la vida había pasado tanto frío), un taxi apareció por delante del edificio en cuyo portal aún permanecíamos juntitos para darnos calor humano. Esta vez, cuando ambos saltamos hacia el vehículo, el conductor sí que paró, un poco asustado de nuestra repentina salida de la nada, pero paró. Una vez dentro, al delicioso calor de la calefacción, Danny me preguntó por mi dirección y no puse pegas en dársela, como tampoco puse pegas cuando pegó su pecoso cuerpo a mi lateral y secuestró mi mano entre sus grandotes dedos helados. Cortar de seco lo que habíamos empezado en el portal hubiera sido lo mejor para ambos, lo hubiera hecho todo más fácil, pero estaba extenuado, cansado, congelado y sin fuerzas para oponerme a ese poquito más que una parte de mi corazón suplicaba… y se sentía demasiado bien tener mis dedos entrelazados con los suyos, las pequeñas e inconexas cenefas que su pulgar dibujaba en el dorso de mi mano; mantener los ojos cerrados, la cabeza delicadamente apoyada en su hombro, respirándole, captando su calor; y esas numerosas y diminutas mariposas que aleteaban sin control cuando arriesgó un dulce beso en mi empapado cabello. Ninguno de los dos se quejó cuando el taxista nos dio más vueltas de las necesarias para sacar más tajada por el recorrido, así de bien se sentía.
No obstante, según fuimos acercándonos a esos bloques de pisos cada vez más lujosos y sofisticados, según nos aproximábamos a nuestra despedida, mi cabeza fue retirándose de su hombro, su pulgar dejó de dibujar en mi piel, sus dedos fueron escurriéndose de los míos, y mi cuerpo terminó alejándose de su calor. El adiós fue corto, insulso, rozando lo soso, un mero 'nos vemos mañana en el estudio', sin roce ninguno, sin aproximación de algún tipo, solo un breve contacto visual antes de salir del coche, con esa promesa silenciosa de que haríamos que todo volviera a la normalidad, porque todo debía volver a la normalidad.
Normalidad que, por una parte, me reconforta, pero por otra, se siente como la más pesada de las losas sobre mis hombros.
-¿Doug?-un chasqueo de dedos precedido de mi nombre entre interrogantes me saca del ensoñamiento en el que me he sumido, haciendo que dé un pequeño botecito en el sitio. No lo exteriorizo, pero me riño mentalmente: esto es lo que pasa cuando entras en detalles sobre eso, imbécil.
-¿Querías, Danny?-inquiero, ignorando sus ojillos azules mirándome bajo un ceño fruncido. El pobre ha debido estar hablándome. Ups.
-Te preguntaba si te falta mucho para terminar. Me refiero… Alice quiere saberlo, porque… mmm… va a cerrar en breves y tal…-se explica apoyando el hombro en la jamba, la mano aún en la manilla del picaporte. Por su expresión consternada, sé que está decidiendo si es muy arriesgado entrar en el despacho o no.
Dirijo mis ojos hacia el reloj. Oh, madre, ya son casi las ocho. Y el trabajo va por la mitad.
-Me cago en todo.-farfullo, volviendo a atusarme el pelo. Me mordisqueo el labio inferior, observando atentamente la pantalla del ordenador, que parece estar burlándose de mí.-Creo… sí, creo que me quedaré un poco más. Que me deje las llaves, que ya cierro yo.
-Dougie, llevas todo el día metido en estas cuatro paredes.-el tono serio y preocupado de Danny hace que la comisura izquierda de mi labio haga amago de torcerse hacia arriba.
-Necesito terminar esto para hoy o se me acumulará el trabajo.-sentencio sin mirarle, clicando en la carpetita con los planos y fotos de la galería.
Oigo un quedo suspiro y luego capto por el rabillo del ojo cómo Danny termina sobrepasando el umbral, pasando al interior del despacho, dejando la puerta arrimada, casi cerrada.
-¿Necesitas ayu…¡achús!-el estornudo sacude todo su pecoso cuerpo a mitad de la frase y a mitad de camino hacia mi escritorio.
La risa que brota del fondo de mi estómago no puede ser reprimida, y termino riendo entre dientes al verle sacar un arrugado pañuelo de papel del bolsillo de su vaquero, con el que se suena enérgicamente la narizota roja y pelada que tiene, señal inequívoca de un resfriado de aúpa.
-Menos mal que eras un chicarrón del norte, ¿eh?-me burlo, irresistible la urgencia de tomarle el pelo. Eso de cachondearme de él debe estar integrado en mi genoma, alguien debería investigarlo, sep.
-Cállate.-balbucea, lanzándome una letal mirada por encima del pañuelo. Trata de respirar hondo por la nariz, pero lo único que consigue es un penoso pitido de trompeta atascada que, a su vez, hace que yo estalle ahora en verdaderas carcajadas que rozan lo malvado.-Te vas a acabar tragando el pañuelo, Poynter.
-Gracias, pero no me interesa comerme tus mocos, pecoso.- «Aunque comerme otra cosa sí que puede interesarme», piensa una vocecilla traviesa en la parte de atrás de mi cabeza, sorprendiéndome y asustándome un poquito a partes iguales. Carraspeo, controlándome (tanto a las risas como a esa maldita voz pervertida), y paro de reír, dándome un poco de cuenta de lo ridículo de la situación. Sí, creo que llevo demasiado tiempo encerrado aquí dentro…
-Quizás te interesa más mi ayuda, pero estoy planteándome si debo ofrecértela, ya que tanto te gusta burlarte de mí.-a pesar de sus palabras, acaba por terminar el camino que ha empezado, y se sitúa a mí lado en el escritorio, una de sus manos en el respaldo del sillón rotatorio y la otra en la mesa, inclinándose para observar la pantalla.- ¿Eso es la galería?
-Ajá…-murmuro, de repente prendado por su cercanía. Creo que no habíamos estado tan cerca desde… sí, desde ese día. ¿Por qué hoy está tan guapo? Quiero decir, más que de costumbre. A pesar del pimiento que tiene por nariz. El azul de sus ojos resalta en su cara de una manera casi paranormal, quizás debido a la camiseta blanca plana y, oh, ajustada que lleva, con un no poco pronunciado cuello de pico con bordecito gris, que solo hace que el tatuaje de su cuello, esa estrella negra de cinco puntas, parezca más… sexy y tentadora. Impresión que va acompañada de unos también ajustados vaqueros grises casi negros, una sombra pelirroja oscura en su barbilla y mentón, ahí donde no se ha afeitado, y esos ricillos que tan loco me volvieron (y vuelven, Doug, y vuelven) más definidos de lo habitual. No. En serio. ¿Por qué demonios está tan guapo? Resisto la urgencia de alzar la mano del ratón y posarla en su cabeza, de hundir las yemas de los dedos en esos que sé suaves circulitos, y de, literalmente, lanzarme a su cuello. Es que, ¿cómo se le ocurre, cómo se le ocurre venirme con unos pantalones tan apretados, cómo se le ocurre venirme con una camiseta que deja ver el principio de sus clavículas? ¿Quiere que salte sobre él? ¿Quiere que lo desgracie sobre la mesa del despacho? Porque Dios sabe que podría hacerlo, podría hacerlo muy gustosamente…
-Doug, si me sigues mirando así no me voy a hacer cargo de mis actos.-el susurro, quedo y grave, me saca, de nuevo, de mi ensimismamiento, y parpadeo, confuso por la interrupción del hilo de mis pensamientos, observando cómo las pupilas de Danny me buscan fugazmente por el rabillo del ojo, su rostro cubierto de pequitas, de un sutil color rosado.
Sacudo la cabeza, alejando todas las ideas indecentes que ahogan mi cerebro, y emito un siseo. Parece que le tensión normal no es la única que vamos a tener que soportar, perfecto, como si no tuviéramos suficiente… Pero es culpa suya, por venirme con esas pintas… bueno, quizás también influye el hecho de que hace tiempo que no… con Jem…
-Lo siento.-digo, con el tono de voz más tranquilo y desenfadado que puedo. Aunque lo cierto es que pensar en Jeremy me ha ayudado bastante a bajar mi subidito y descontrolado libido, irónicamente... o quizás no tanto.-Es que hoy estás muy guapo.
Atrapo mi labio inferior entre los dientes, volviendo la vista hacia la pantalla por enésima vez, y por enésima vez, no la enfoco correctamente, utilizándola de mera excusa para observar por ella el reflejo de un Danny sonrojándose hasta la raíz del pelo y jugueteando con el pendiente de su oreja cual… sí, habéis adivinado, cual colegiala.
-G-gracias.-me dice, y parece que va a añadir algo más, pero se lo piensa mejor y se lo calla.-Bueno, ¿necesitas ayuda o no?
Obviando cualquier respuesta provocativa y salida de tono que se me ocurre, suspiro y me obligo a comportarme como la persona decente que finjo ser.
-No me vendría mal, la verdad… Estoy bloqueado, no tengo ni idea de cómo organizar el espacio, ni mi sección, y solo quedan nueve malditos días. Debería haberle dicho a Alice que lo preparara ella, que tiene más experiencia… Dios, voy a hacer tanto el ridículo…
-Eh, no digas eso.-Danny frunce el ceño, y, creo que sin pensarlo demasiado, apoya una mano en mi rodilla, dando en ella un ligero y cálido apretón que busca reconfortarme.-Ya verás cómo saldrá genial. Eres un pequeño artista, ¿recuerdas?-me dedica una enorme sonrisa llena de dientes cuadrados que hace que algo se derrita en mi interior.-Y en caso de que el público decida tirarte tomates, no te preocupes, que yo me pondré delante de ti para protegerte.-me guiña uno ojo y yo me río, sintiendo la felicidad burbujear en mi pecho. ¿Cómo no voy a quererle? ¿Cómo no voy a seguir deseándole con cada pedacito de mi perturbada alma? Lo que él me hace sentir, la forma en la que logra hacer que burbujee mi pecho, que chisporrotee en mi interior, con su mera presencia… Es tan hermoso… Es tan hermoso que solo puedo que entristecerme con el pensamiento de que yo pueda romper tal hermosura, que pueda echarla abajo, tirarla por la borda. Yo, y mis inseguridades, mis miedos y mis responsabilidades.- ¿Por qué no me enseñas lo que tienes? Dos cerebros piensan más que uno, aunque el mío cuente como medio.
Vuelvo a reír mientras él se acuclilla, los brazos doblados en la mesa y la barbilla apoyada en ellos.
-A ver, estos son los planos de la galería.-informo señalando con el dedo y la ayuda del puntero del ratón.-Tengo que organizar todas las obras de los distintos artistas que he llamado y que son…-hago una pausa, rebuscando en los papeles que tengo encima del escritorio.-once. Seis pintores, cuatro de escultura y arte contemporáneo y… y yo con la fotografía. Y aún no sé cómo hacerlo. Si mezclados, si ordenarnos por campos, o por autores… Me gustaría hacer algo original, ¿sabes? Algo que deje boquiabiertos a los espectadores, algo que haga que me recuerden… Sé que solo es una maldita exposición, de esas que se hacen a patadas todos los meses, pero…-bajo la voz y la acompaño con mis ojos.
-Pero es tu exposición. Y por eso saldrá bien.-Danny vuelve a regalarme una sonrisa tranquilizadora, más pequeñita esta vez, antes de sacar el pañuelo del bolsillo y volver a sonarse la nariz.- ¿Has pensado en utilizar el techo?
-¿Qué?-pregunto, porque creo que he oído mal. Danny se sonroja, y farfulla un 'olvídalo' avergonzado.-No, vamos, dime.
Hincha los mofletes como un niño pequeño, sin establecer contacto visual.
-Es una tontería. Solo que… las exposiciones, hasta donde yo sé, que no es mucho como comprenderás, siempre son todas iguales. Cuadros alineados uno detrás de otros en paredes blancas. Aburrido, muy aburrido. Ser original es salirse de lo normal, ¿no? Así que, ¿por qué no utilizar el techo?
-¿Estás sugiriendo que cuelgue las obras del techo?-inquiero con las cejas alzadas, mirándole interrogante.
Él se pone un poco más colorado, ocultando la boca entre las pecas de sus brazos.
-Te dije que era una tontería…
-Bueno, a mí no me parece tan mala idea.-digo, acariciándome la barbilla pensativamente. Original, desde luego, es. Descabellado, pero original.
-¿De verdad?-su vocecilla suena ilusionada, y yo asiento, sonriendo.
-Tengo que consultarlo con Alice y demás, porque montar los cables y demás costará dinero, pero a mí sí que me gusta.-mis dedos pican con la urgencia de acariciarle el cuello descubierto como muestra de aprobación, así que los obligo bajo pena de muerte a mantenerse fijos en la mesa.- ¿Alguna idea más?
-Las paredes.-me responde rápidamente, volteando un poco el cuerpo para apoyar la rodilla en el suelo. Agita una mano para dar énfasis a sus palabras.-Odio las paredes blancas, quedan demasiado impersonales.- abre mucho los ojos, volviéndose velozmente hacia mí, y juro que solo le falta la bombillita encima de la cabeza para parecerse a esos dibujos animados de la televisión.-¿Y sabes lo que molaría un huevo? Esos collages de fotos gigantes. Quizás en las cuatro paredes sería demasiado, pero, en una o dos… Podrías hacer eso que sale a veces en los anuncios, eso de con fotos más pequeñas hacer una más grande, un paisaje o algo así, cuando se ve desde lejos… No sé si me explico pero… eso estaría de puta madre.
Me reclino en la silla, girándola hacia el pecoso, una mirada sorprendida en mi cara.
-Hey, sí, eso estaría guay. Tengo muchas fotos que podrían valer, y también puedo editarlas para modificar el color para que formen la imagen más grande… Sí, se puede colocar en la pared que queda justo enfrente de la entrada, para que sea lo primero que vea la gente, y luego, cuando se vaya acercando… -suelto una risita ilusionada acompañada de unas palmaditas de lo más ridículas. ¿Quién iba a pensar que en esa cabezota habría sitio para algo más que pecas y rizos?-Eres un genio, Dan.
-Psé, ¿acaso lo dudabas?-arquea una ceja, esa hermosa curva que tiene por sonrisa haciendo acto de aparición en su por supuestísimo también hermoso rostro.
Tuerzo en un pícaro mohín mi propia boca, dándome unos golpecitos con el índice en el lateral de la mandíbula como si estuviese pensando.
-Bueeeeno. Lo cierto es que pensé que medio cerebro funcional no iba a dar para tanto.-le pico, sacándole la lengua ante su carita de ofendido.
-Será pequeño, pero aún se le puede sacar un montón de provecho.-barbotea, y yo no reprimo la sonrisa de lado que se forma en mis labios, y mientras me recuesto un poco más en el sillón, me relamo los mismos, mis pupilas haciendo agujeros en las de Danny.
-¿Oh, en serio? Sí, lo cierto es que recuerdo que era pequeño, pero matón.-digo, para nada hablando de su cerebro, como muy bien pilla él, ya que se sonroja apartando la mirada y bufando a la vez que pone los ojos en blanco.
Es tan fácil olvidarse. Es tan fácil olvidarse de que estamos en el estudio. Es tan fácil olvidarse que hay gente pululando más allá de la puerta de mi despacho, que hay gente esperándome en casa, una casa que cada vez se siente menos como tal, que se ha vuelto incómoda, fría, fuera de lugar, aunque en su interior siga habiendo personas que considero mi más pura familia. Es tan fácil olvidarme del papel que debo cumplir, de mi personaje en esta enorme obra en la que llevo tres malditos años haciendo de actor y productor principal. Igual que es fácil imaginarse sin esfuerzo que estoy en el coche del pecoso, en su habitación, o en una cafetería tras haberle convencido ya no tan a regañadientes de que me invitase a un chocolate caliente, bromeando, tomándole el pelo sobre todo y nada, como siempre, como desde el inicio de nuestra relación. Yo le pico, él se sonroja, yo me río y él se enfurruña. Simple, sencillo… fácil. Bonito. Igual de bonito que los besos que venían después como reconciliación, de los abrazos, de las risas, del volver a empezar con los piques, dando comienzo a un nuevo ciclo, repetitivo pero para nada tedioso.
Sí, es muy fácil dejar que mi mente cree esa ilusión de vuelta al pasado, tan fácil que asusta.
Cojo aire por la nariz cuando Danny se mueve un poquito, y mi débil mente vuelve a enredarse y se imagina al rizoso agarrando el sillón por los reposabrazos y atrayéndolo hacia sí, eliminando los pocos centímetros que lo separan, y por rebote, a mí también, de su cuerpo. Se lo imaginan alzándose con esos tatuados brazos sobre ellos, sobre mí, entre mis piernas, para poder alcanzar mi boca y depositar en ella esos tiernos y dulces besos que solo él me ha dado, tan llenos de cariño que casi escuecen.
No obstante, repito, es solo una imaginación, una artimaña de mi atolondrado cerebro, una ilusión de lo que esa parte cada vez más grande, o quizás solo más poderosa, de mi corazón que pugna por no hacer lo correcto, por no aferrarse a la vida nueva que he creado, por ser rebelde alegando que esa vida no está hecha para mí, quiere que suceda. Así que los besos de Danny no escuecen, porque es que ni siquiera se mueve del sitio. Se limita a mirarme fijamente con esos ojazos redondos y azules, tan, tan azules que parecen tejidos con remiendos de cielo.
-Será mejor que nos vayamos, o Alice terminará subiendo a por nosotros para bajarnos de los huevos.-murmura tras yo qué sé cuánto tiempo, apoyándose en el brazo de la silla, sí, pero solo para izarse e incorporarse. Una mueca de dolor deforma ligeramente sus facciones cuando termina de ponerse en pie, y lo veo inclinarse para masajearse brevemente la rodilla, esa con más tornillos y placas metálicas que hueso. Le dedico una mirada preocupada, que él capta y a la que responde con una diminuta sonrisa y un pulgar levantado.-Veeeenga, pollo, levanta el culo de ahí, que no tengo toda la noche.
Pongo los ojos en blanco ante el mote, soltando un resoplido que hace que se me mueva el flequillo, y me vuelvo hacia el ordenador, cerrando todas las pestañas y apagándolo, porque está claro que Danny no me va a dejar quedarme para terminar el trabajo. Aunque poco creo que pudiera hacer con lo espesos que tengo los pensamientos ahora mismo…
Recogido ya todo, me acerco a la puerta junto a la que espera Danny con las manos escondidas en la espalda, mi bolsa con papeles y trastos al hombro y mi abrigo colgando de una de mis manos. Sin embargo, no llego a dar ni abierta la puerta, porque unas manos rodean mis brazos firmemente y me voltean. Antes de que mi espalda se presione contra la lámina de madera, haciendo que se cierre del todo, la boca de Danny ya está sobre la mía, moviéndose con cierta fiereza de la que no pienso quejarme. Dejo caer la chaqueta y la bolsa a nuestros pies, mucho, muchísimo más importante emplear mis manos en enredarse en el cuello de Danny, en esos rizos, como llevo deseando no solo desde que puso un pie en el despacho, sino desde la última vez que nos besamos. Capturo con los dientes su labio superior, tirando de él hacia mí, antes de pasar la lengua por la fila de debajo de sus dientes. Como si fuera una señal para él, abre la boca, concediéndome un pase VIP a su interior, a esa húmeda pista de baile que… Pierdo el hilo de los pensamientos al bajar sus manos desde mis brazos hasta mis caderas, de un sutil tirón pegándola a la suya y haciendo que mi cabeza dé vueltas como si estuviera en una montaña rusa. Deshago el nudo que mis dedos han formado con su pelo para bajar una mano por su cuello, hasta llegar a esas clavículas que no debería estar enseñando si le importase algo mi cordura. Las acaricio, logrando un ronco gruñido por su parte que se pierde en mi garganta. Estoy recordando concienzudamente cada relieve del paladar del pecoso cuando él se separa de golpe, cogiendo una bocanada de aire tal que parece que nunca ha respirado antes.
-Es que… no puedo respirar por la nariz… con el resfriado…-se excusa, un poco rojo, aunque no sé yo si se deberá tanto a la vergüenza como a mis dedos en su expuesta piel…
Me río cantarina y atolondradamente, también cogiendo aire y echando la cabeza hacia atrás hasta que se apoya en la puerta.
-Qué idiota eres, Jones.-le susurro, mordiéndome el labio inferior, que sabe a él.
-Mmm…-emite únicamente, antes de inclinar el cuello y darme, ahora sí, uno de esos dulces besos que escuecen.-Lo siento, llevaba demasiado deseando besarte.
Suspiro, abriendo solo uno de los dos ojos que he cerrado para disfrutar de esa ternura invisible pero, a la vez, casi tangible.
-No lo sientas.-abro el otro ojo.- ¿Y desde cuándo te disculpas por besarme?-trato de bromear como método de escape para no hundirme en sus ojos… pero no funciona demasiado bien, puesto que me siento arrastrar por ellos sin opción a escape. Me ahogo. Ayuda, por favor. Subo los dedos desde su pecho hasta su cuello, y entrecruzo las muñecas en la parte de atrás de él, las yemas clavándose en el inicio de su espalda, a ver si así evito el naufragio.
-Desde que no puedo hacerlo cuando me da la gana por ser tan estúpido de haberte perdido.-me contesta en bajito, soltando una mano de mi cadera para llevarla a mi rostro y, con el dorso de los dedos, acariciarme la mejilla.
Suspiro quedamente y vuelvo a cerrar los ojos. Sí, fue muy estúpido haberme perdido, mira lo que nos hubiéramos ahorrado si no lo hubieras hecho. El dolor que no sentiríamos, lo que no tendríamos que ocultar, lo que no habría que esconder, sin esa sensación continua de la espada de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. Pero yo te perdono. Te lo perdono todo si sigues acariciándome como si fuera la cosa más preciada del mundo.
Vuelvo a exhalar lancónicamente, todas esas palabras resonando en mi cabeza, y levanto los párpados, una triste sonrisa en mis labios.
-Será mejor que vayamos bajando.-susurro, y Danny asiente, separando primero sus dedos de mi rostro y luego su cuerpo de mí, y dejando que yo se me separe a su vez de la puerta. Después, se agacha a por mis cosas y me las tiende. Las cojo y abro la puerta, apagando las luces del despacho y saliendo al pasillo tras él.
Mientras vamos caminando, uno al lado del otro, mi cabeza va dando vueltas y vueltas, por aquí, por allá, elucubrando, hipotetizando. ¿Y si ya tengo la mayor parte de las pruebas que necesito para decidir qué felicidad quiero? Quizás, ese calor en mi pecho cuando llego por las mañanas al estudio, ese cosquilleo que se extiende desde mi cabeza hasta las puntas de los dedos de los pies cuando miro a Danny, cuando intercambio una mera mirada con él; quizás esas ganas salvajes que rozan lo animal de tenerle cerca, de besarle, o lo rápido que late mi corazón ahora que lo ha hecho, su sabor aún palpitando en mis labios, es razón de peso para creer que la decisión sobre mi felicidad casi está tomada, que soy yo el que se empeña en no verla por miedo. Miedo de perder a Jakie. De herir a Jem. De salir yo herido. De hacer mi mundo trizas por agarrarme a un clavo ardiendo. ¿Qué si elijo a Danny y luego todo vuelve a caer en picado? ¿Qué si vuelven las discusiones, los gritos, las inseguridades? No creo que pueda soportar una nueva decepción, ya no…
... pero, ¿qué hay de eso de intentarlo? ¿De arriesgarse por lo que uno quiere? ¿De saltar al vacío con los ojos cerrados confiando en que la otra persona va a cogerte, que no dejará que te hagas daño? Sí, si Danny me asegura que estará ahí para siempre, que no me volverá a romper, yo puedo reunir el valor suficiente para enfrentarme a mis miedos, tal y como siempre ha logrado que haga. Empezando por hablar con Jeremy. Lo que estoy haciendo es de cobardes, manteniéndole al margen de todo esto, engañándole, traicionándole. Se merece una explicación. Se merece que le deje participar a él también porque esto también le incumbe; Danny sabe que estoy decidiéndome, que estoy sopesando los pros y los contras, y aún así ha decidido esperar pacientemente a mi lado. Debería darle la misma oportunidad de decisión a Jem. Aunque eso signifique enfrentarme al dolor de su mirada dorada, a romperle el corazón al decirle que he besado a otro hombre, que estoy enamorado de otro hombre. Porque no es que no quiera al rubio, por Dios sabe que lo hago a pesar de que lo nuestro se haya enfriado estas últimas semanas; Jem me ha ayudado demasiado estos tres últimos años para no hacerlo, y aunque el amor que le profeso nada puede hacer contra el aplastante y salvaje torbellino que es el que siento por Danny, existe. Y por eso, por eso debería…
-Vaya, ¿quién ese bomboncito que baja por las escaleras? Qué guapo está hoy, señor Jones, espero que nada tenga que ver con nuestra cita de esta noche, o me sentiré halagado. –la voz me saca de mis elucubraciones, por tercera vez en lo que va de tarde, y me hace levantar la cabeza de golpe casi al término de las escaleras que comunican con la planta baja. Mis ojos se encuentran con la figura de un hombre rbio y apuesto junto al mostrador de recepción, al lado de Alice (que nos mira a Danny y a mí con cara de pocos amigos… ups), un ramo de flores de aspecto caro en la mano derecha y los ojos, plateados, clavados en Danny.
-¿Ryan?-pregunta este último, detrás de mí, un deje nervioso bajo el tono sorprendido inicial.- ¿Qué haces aquí?
El tal Ryan sonríe, y dos hoyuelos aparecen en sus mejillas. Niega, y se lleva la mano libre al pecho, fingiendo dolor.
-Dime que no te has olvidado de nuestra cita, pecoso. O romperé a llorar.
Espera, espera.
¿Qué?
Danny
Oh. Mierda. Esto… esto no tenía que estar pasando. Ahora que todo iba bien. Ahora que creo que la baza de Doug está inclinándose a mi favor. Ahora que he podido volver a probar sus labios, a sentir el calor de su boca, de sus manos acariciándose, de sus ojillos de mercurio derritiéndose bajo mi mirada. No. Ahora no.
-Aún no sé qué haces con esa cosa, Ryan, de verdad que no.-es Alice la que rompe el silencio incómodo de un par de segundos que flota en el aire. La rubia se vuelve hacia el aludido, las llaves del estudio girando en su largo y elegante dedo.-De verdad creí que tenías más gusto, primito.
-Anda, no seas mala, Alice.-le reprende el rubio, sus ojos buscándome después. Pone un puchero y yo me siento enrojecer, mis propios ojos buscando fugazmente a Dougie, o mejor dicho, a su rostro, pero me es imposible verlo desde este ángulo, puesto que se ha quedado congelado a un paso de mí, en el escalón de abajo.- ¿Te has olvidado de verdad?
-¿Qué?-balbuceo, retornando la vista a Ryan.- ¡No, no, claro que no!-Dougie gira el torso hacia mí, el rostro calmado, pero los ojos, esos ojillos plateados, con un velo lastimado, semejante al de un animal cuando ha sido apaleado. Trago saliva, esquivando esa mirada dolida, sintiendo un nudo apretando con fuerza mi garganta (como si ya me costase poco respirar con la nariz llena de mocos). Se supone que Doug no debería haberse enterado de que estoy saliendo con Ryan. ¡No, no es lo que pensáis! Se lo iba a decir, ¿vale? El otro día, y antes, cuando me dijo que estaba muy guapo. Pero… ¿y si se enfadaba? ¿Y si eso significaba que eligiese al gilipollas ese perfecto que tiene por novio antes que a mí? Porque ya no puedo fingir que no me importa su elección, que no albergo la llamita de la esperanza en mi pecho… Quiero que me elija a mí, aunque siga pensando que estará mejor con Míster Perfecto… Cuán de complicadas son las emociones humanas, ¿verdad? Nada es nunca blanco o negro, por mucho que tú así lo desees… Y… y Ryan no es nada para mí, ¿de acuerdo?; vale, sí, me gusta, pero Dougie es Dougie y…
-¿Entonces a qué viene esa cara de haber tragado un limón? Son las flores, ¿verdad? Demasiado rojas.-por un momento, me dan ganas de gritarle al rubio que se calle, que no está siendo gracioso, que solo está haciendo que empeorar las cosas. Por ello me muerdo la lengua con fuerza: no puedo hacer eso, porque él no tiene la culpa.
-No, no, es solo que… -respondo, tratando de sonar tranquilo.- no esperaba que te pasases por aquí… Creí que… que habíamos quedado en mi portal…
-Oh, ya, sí. Es que no podía esperar a verte.-admite, y se sonroja un poco, pasando el peso de su cuerpo de un pie a otro, y de repente me siento mal… quiero decir, peor (y no es porque Alice esté haciendo que se mete los dedos en la boca para vomitar).-Así que decidí pasar por aquí para ir directos al restaurante… y de paso visitar a mi maravillosa y encantadora prima.
-Claro, claro, Ryan, deberías saber que conmigo los halagos no funcionan…-responde Alice, apretando los labios hasta crear una fina línea. Su rostro se suaviza cuando Ryan le lanza un beso, poniendo cara inocente. Pero no dura mucho porque en seguida da una palmada que logra sobresaltarme, y señala hacia la puerta.-Ea, venga, que tengo que cerrar, todos fuera.
-Espera, Alice, que me he dejado algo arriba. Deja las llaves en el mostrador, que ya cierro yo.-interviene Doug de repente, con voz calmada. Muy calmada. Demasiado calmada. Malo. No me da tiempo a hacer nada (claro, cobarde, finge ahora que pensabas hacer algo, cuando bien que tuviste tiempo de aclararlo antes…), porque el rubiales se gira en el escalón y procede a subir las escaleras, sin mirarme, y, de paso, me golpea sutil aunque rudamente el hombro con el suyo al pasar por mi lado.
Mierda.
-Oh, joder, me he dejado el móvil arriba. Ahora bajo.-me excuso yo también, dándome la vuelta y yendo en pos de Dougie velozmente.-Doug, espera.-siseo cuando estamos solos en la planta de arriba, dando un par de zancadas para alcanzar al rubio, que va por el pasillo dando fuertes pisadas sobre las baldosas.-Espera…-me pongo a su altura de un último paso y le agarro del brazo, pero él se suelta de un contundente tirón.
-Déjame en paz.-me lanza una mirada de advertencia, cargada de ira y, lo que es peor, cargada del dolor de la traición, y se gira para seguir andando, pero yo la ignoro y sigo andando al lado de él, aunque esta vez no hago amago de asirle.
-Vamos, Doug, no…-intento, mi voz sonando casi tan arrepentida como realmente me siento.- yo iba a decírtelo, ¿vale? Iba a decírtelo.
-¿Cuándo exactamente, Danny? ¿Eh?-habla, pero ni se detiene ni se vuelve para mirarme.-¿Antes de besarme? ¿O una vez que hubiera dejado al padre de mi hijo por ti? ¿Ah?
Sus palabras acusadoras me clavan momentáneamente en el sitio, esos segundos que pierdo en recuperarme del golpe verbal… segundos preciosos que Doug aprovecha para meterse en su despacho. Al verle las intenciones, salgo de mi estupor y me adelanto de un salto, pero solo consigo que, al cerrarme la puerta en las narices, el rechazo sea más categórico.
-Oh, venga, Doug.-digo contra la plancha de madera, pegándome al quicio donde ha encajado con la jamba.
-Que te pires, coño.-me llega amortiguada su cabreada voz. Pero me resisto a rendirme con tanta facilidad.
- No te enfades, por favor. Ryan…-bajo el tono, presionándome más contra la puerta, una mano en la pared contigua, la otra en el picaporte, aunque sin atreverse a girarlo.-Ryan solo es un amigo. No somos nada. Te lo prometo.
Silencio es lo único que obtengo. No obstante, sé que Doug sigue pegado a la lámina al otro lado. Mi acelerado corazón me lo dice.
-Ese no es el problema, Danny.-responde casi un minuto después, ya sin el tono enfadado en su voz. Ahora solo parece… cansado. Muy cansado.- El problema está en que no puedo confiar en ti. ¿Cómo voy a entregarme a ti si me ocultas cosas, si no me ofreces el cien por cien de ti? Joder, ¿sabes que lo había decidido? Iba a hablar con Jeremy. Iba a decírselo. Que estaba decidiendo. Oh, joder, ¿por qué he vuelto a confiar en ti? ¿Cómo puedo ser tan estúpido y caer siempre en lo mismo?
-E-eso no es verdad, Doug.-le susurro a la puerta, apoyando la frente en ella.-Sí que puedes confiar en mí. Te prometo que…
-No me prometas nada, Danny. No se te ocurra. Porque también me prometiste que harías los que fuera por estar conmigo, y al final antepusiste la venganza a nosotros. Como también juraste que me protegerías de todo y terminaste haciéndome tú daño. No puedo volver a darte mi alma para que la hagas pedazos, Danny. No, no ahora que tengo un alternativa.-le siento coger aire erráticamente.- Y no me gusta que me usen.
Eso me descoloca por completo y aparto la cabeza de la puerta, mirándola con el ceño fruncido y la boca abierta.
-¿Qué? –no me puedo creer que esté insinuando que…-Yo no te estoy utilizando, Doug.
-¿No? ¿No me utilizas mientras esperas a por tu maravillosa cita? Como si fuera un mero pasatiempo para rellenar huecos... No me utilizas, ya.-me parece escuchar una amarga carcajada.- ¿Por qué no ibas a hacerlo? Ethan lo hizo, Jace lo hizo, Ian lo hizo, ¿por qué tú no?
Mi boca se abre aún más, indignada e incrédula de lo que mis oídos acaban de escuchar. No. Imposible. El rubio ha debido perder la cabeza, tanta presión, tanto peso sobre sus hombros… lo comprendo, a mí no me gustaría estar en su pellejo y lo entiendo, entiendo que se le vaya, pero no pienso permitir que me compare con esa escoria.
-No me jodas, Dougie, sabes que yo no soy como ellos.-recrimino cortante, la mano que descansa sobre la pared haciéndose un puño.
-Lo sé, Danny, lo sé. Pero, adivina, ahora soy yo el que no sabe lo que es real y lo que no lo es.-puedo identificar las palabras, son las mismas que empleé yo el día en el que vino a darme explicaciones sobre lo nuestro, sobre el plan que Ian había orquestado y que terminó volviéndose en su contra… Suspiro, aunque más bien parece un gemido.-Ya no sé lo que está bien y lo que no. Qué es lo que debo hacer y lo que no; a veces parece tan claro que debo decantarme por ti, pero otras… Y si tú no me muestras que puedo confiar en ti ciegamente, que no volverás a romperme, que estarás siempre ahí conmigo pase lo que pase, no voy a poder saltar, ya no.-cierro los ojos, apoyando de nuevo la frente en la puerta, relajando todos mis músculos para compensar la tensión que se ha apoderado de mi pecho y que amenaza con no dejarme respirar.-Vete. Tienes una cita a la que ir, y esas flores eran muy bonitas para que se estropeen con la espera. Dile a Alice que voy a quedarme aquí acabando lo de la exposición, que ya cerraré cuando termine.
-Doug… Confía en mí. Por favor…-lo intento una última vez, suplicando.-Yo… yo confié en ti. ¿Recuerdas? En el invernadero, aquella noche de año nuevo. Me pediste que confiase en ti, y lo hice. Salté por ti, confíe ciegamente y salté… No te pido que saltes si no estás preparado, pero… Puedes confiar en mí. Siempre voy a estar aquí para ti.
-Vete, Danny.-me interrumpe Dougie. No obstante, no es brusco, solo suena, como yo, suplicante.-Puestos a rememorar, esta vez te lo pido yo a ti. Vete. No estoy enfadado contigo, ¿de acuerdo? Pero vete. Nos vemos mañana, que pases una buena noche.
Expulso todo el aire que contienen mis pulmones, dándome por vencido y accediendo a cumplir sus deseos y dejarlo estar, a no meter más el dedo en la herida.
Me separo de la puerta, mirándola con cierto odio, y me giro, dispuesto a bajar a reunirme con esa cita que, sinceramente, es de lo último que tengo ganas en estos momentos. Sin embargo, apenas he dado un paso cuando las palabras que queman en mi pecho y en mis labios me obligan a retroceder y volver a acercarme a la puerta, a pesar de no tener la garantía de ser escuchadas por los oídos a las que van destinadas.
-Te quiero.-susurro, en voz muy bajita, reduciendo aún más las posibilidades de que Dougie me escuche. Y es lo que creo que sucede cuando no obtengo respuesta tras esperar los segundos que mi corazón puede soportar, pero cuando me voy a apartar cabizbajo de la puerta, escucho la voz de mi rubio.
-Lo sé. Eso es lo peor de todo.
Objetos punzantes, no, pliz. Séeeeeeeeee que ha quedado un poco chungo, no me odiéis mucho por daros esta mierdecilla de coso, que lo importante es la intención (?).
Muchas, muchas, muchas gracias por todos los reviews yyyy que pasen ustedes unas felices fiestas y blobloblo, y que Papá Noel os traiga a todas unos McFly's en cajitas y en tangas :D Y hasta que nos leamos again, aunque creo que será dentro de bastante tiempo bc mi horario del semestre que viene es horror no, lo siguiente de lo siguiente de lo siguente :((((
¡Pecas de abrazos y vainilla de besos para todas! :3
