Gracias a: Nina LOVE 08, pathy granger, Kuruma Chidori, Melinezca, Shanthiyen, SophieTomoeRokudou, AnnieKaraiJuumonji10, Serena Sailor Moon, Estelaluna, serena tsukino chiba.

Traté de actualizar rápido y me salió masomenos jiji. Ya sé que están molestas por lo que Sesshōmaru hizo… y también yo, la verdad mis dedos escriben sin consultarme, tienen mini-cerebros propios u.u Pero bueno, la cosa no se va a componer pronto, así que… ¡SUFRAN!

PS. Gracias por dejar review, las amo, no me maten, adiós.


14.

Rin lo vio como si jamás lo hubiese visto antes. Parpadeó dos, tres, cinco veces. Ni siquiera sabía si su señor había dicho aquello o se lo había imaginado.

― ¿Disculpe? ―preguntó apenas, un susurró que a él le dolió.

Sesshōmaru no dijo nada, no pudo decir nada, no sabía que más decir.

―He sido claro ―dijo dando media vuelta y yendo a su escritorio.

Rin arrugó el ceño levemente y después, bajo su cabeza, sintiéndose avergonzada por algo que ella ni siquiera había hecho, se mordió los labios.

―Pero… ¿Por qué? ―Estaba a punto de llorar, no, no podía llorar, no frente a él―. ¿He… he hecho algo mal? Puedo arreglarlo, señor. Puedo arreglar todo lo que no le guste de mí, puedo mejorar ―suplicó.

Sesshōmaru tensó sus manos que habían tocado el gran sillón del escritorio.

―Yo… puedo ser mejor, puedo comportarme como una mujer, puedo madurar ―dijo a punto de derramar lágrimas―. Se lo juro, por favor, no…

―Basta, Rin ―dijo, haciéndola saltar en su lugar.

―Pero…

―He dicho basta ―Él no la vio, no volteó para verla, para ver su rostro triste y desolado―. No es acerca de tu comportamiento.

Ella encontró la fuerza para no llorar y respiró para calmarse.

―Entonces… ¿entonces por qué no quiere unirse… a mí?

Sesshōmaru no dijo nada. Esas palabras eran palabras que él no quería escuchar, no quería tener esa conversación, estaba confundido.

―Hablaremos después, sal de mi habitación ―dijo con frialdad.

A Rin se le encogió el corazón, pero se armó de valor y cerró ambas manos en puños.

―No ―dijo―. Quiero saber que le sucede. Usted…, usted nunca me dice nada, nunca habla o explica nada… yo, yo tengo derecho a…

Sesshōmaru había volteado para verla, su rostro estaba rojo, y aunque no había derramado lágrimas, sus ojos también.

―No tengo porque explicar nada, Rin ―dijo sin dejar de verla.

― ¡Claro que tiene que explicar! Aquí somos dos… no solamente usted, yo… no sé por qué tomó esa decisión… y aunque no estoy de acuerdo con ello, lo respetó ―dijo tragándose el nudo que se había formado en su garganta―. Solamente quiero… saber por qué.

Sesshōmaru pensó que esa niña delante de él era el alma más inocente y pura que había conocido jamás. Había dejado de suplicar y se había resignado a pesar de que, claramente, no quería que eso acabará.

―Eres una humana.

Rin reprimió las ganas de llorar todavía más.

―Claro… ―susurró―. Con permiso, señor.

Salió de esa habitación con mucha rapidez, Sesshōmaru alcanzó a oler sus lágrimas y se maldijo diez y diez mil veces.

Rin, por su parte, caminaba rápido y evitando las miradas de preocupación de los sirvientes del palacio, no paró hasta que se detuvo frente a la puerta de su habitación y lloró con más fuerzas cuando se encerró ahí dentro. Lloró en silencio, sabiendo que él podía escucharlo todo.

¡Qué tonta había sido! Claro que él se arrepentiría, claro que no lo había dicho en serio… ¿Cómo había podido pensar que él de verdad la quería como un hombre quiere a una mujer? ¿Por qué había dicho esas palabras tan dulces? ¿Y por qué ella las había creído? ¿En qué fantasía tonta y rosa se había creído estar? Ese demonio era Sesshōmaru, y no era cualquier demonio; era el demonio más cruel, frío y despiadado de todos. Pero nunca lo había sido con ella, jamás la había tratado mal, ni siquiera le había levantado la voz… nunca una mirada de odio ni de lástima, él simplemente la miraba diferente, sí, diferente a como veía a todos, ella lo sabía; su mirada se suavizaba, y tal vez no era mucho, pero era algo que le hacía saber que ella era especial…

¿Y ahora había cambiado de parecer? ¿Qué debía hacer? ¿Rogar? No podía rogar, no podía hacerlo porque por más que rogara, su humanidad no desparecería.