Nuevo capítulo :D

XDD Esperé taaaanto para escribir éste :33333

No les quiero adelantar mucho, pero aparecen 3 personajes que estaban esperando ;)

Quiero dedicar éste capítulo a todas las personas que participaron en la semana Korroh \o/ Fue genial leer tantas historias tan bellas :3 ¡Que talento! En el próximo capítulo trataré de pasarles link con una recopilación de todo :D

Y una disculpa a alexdarklight por no avisarle antes TT ¡Perdóname! Pensé que habías visto en FB


— No sé si esto se considera muy temprano o muy tarde. — Cuestionó para sí mismo Mako antes de dar un bostezo profundo.

Ajustó su bufanda esperando que le sirviera de barrera contra el fresco clima de las seis y media de la mañana, momento en que había terminado su guardia y por fin podría dormir.

Por un momento contempló la idea de comprar algún café que le sirviera de estimulante pero la desechó de inmediato; en ése momento era mucho más atrayente una cita con el descansado mundo de los sueños.

Volvió a bostezar metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón, caminando perezosamente hacia su apartamento.

Ciudad República comenzaba a despertar, puestos comerciales a abrirse, algunas personas iniciaban sus rutinas de ejercicio o entrenamiento, pero todo lo que él quería era dormir hasta muy entrada la tarde y entonces pasar el tiempo con Asami.

A un par de metros de él miró a un hombre acomodando periódicos con las noticias recientes de la ciudad, pensó en echar un vistazo pero de verdad estaba cansado, si había alguna emergencia que lo llamaran, treinta horas seguidas despierto a cualquiera le pasa la factura.

"¿AVATAR KORRA COMPROMETIDA?"

Se detuvo repentinamente cuando su cerebro procesó lo que el titular de un periódico decía ¿Korra? ¿Comprometida?

Retrocedió ágilmente en sus pasos y sin tomar en cuenta las protestas del dueño tomó un periódico sensacionalista en donde se exhibía una fotografía en blanco y negro de la Avatar en el muelle. En la esquina inferior derecha una aproximación hacia su muñeca con un muy curioso objeto adornándola.

Frunció el ceño.

¡¿Qué diablos?!

¿Cuándo regresó a Ciudad República?

¿Por qué no le dijeron nada?

Comenzó a leer.

"Ayer al mediodía Avatar Korra regresó a Ciudad República junto con el retirado Comandante de las Fuerzas Unidas, Bumi (Hijo mayor de Avatar Aang), en un barco real de la Nación del Fuego.

El motivo de su rápida visita a la Ciudad es el proyecto que ha estado impulsando por el mundo acerca de leyes para los seres espirituales que han sido liberados y ahora están en nuestro mundo.

Nuestras fuentes aseguran que tras una acalorada plática, el Presidente Raiko y Avatar Korra llegaron a un acuerdo.

Sin embargo, esto no fue lo que más llamó la atención de su visita, sino el objeto que parece confirmar los rumores que se desataron desde su ida a la Nación del Fuego: Un hermoso collar de compromiso tradicional de la tribu a la que pertenece nuestra temeraria Avatar.

Al hacer un acercamiento, podemos notar que efectivamente se trata de esto y que, para alegría de muchos, el dije es un emblema con el que se asocia a la realeza en dicha Nación: Un dragón con las alas extendidas.

Debido a la distancia no podemos asegurar qué son los tallados que se aprecian un poco, pero sospechamos que están marcados con fuego y que el material del dije es una rara piedra de obsidiana que se encuentra solamente en la Isla Ember; donde la Familia Real tiene una casa de descanso.

Habíamos estado esperando la llegada del Príncipe Iroh II (También, ex General de las Naciones Unidas) pero al parecer la futura pareja real se separó en la Tribu Agua del Sur.

¿Habrá problemas en el paraíso? ¿Será por esto que Avatar Korra no usa el collar en la zona indicada?

Cabe mencionar que se les ha visto por todo el mundo juntos e incluso, se asegura que durante el Festival del día del Avatar; en el Reino Tierra, el par junto con el Comandante Bumi bebieron jugo de cactus; el cual está prohibido en casi todo el mundo.

Una mujer que labora en el hotel donde se hospedaron, asegura que vio al Ex General llevar a la de ojos azules hasta su habitación, prácticamente inconsciente y que nunca lo vio salir.

¿Será que la Nación del Fuego pronto tendrá nuevo heredero? "

Mako comenzó a apretar los dientes e inconscientemente a quemar con fuego control el papel.

No, no podía ser cierto todo eso, Korra no podía casarse con el otro Maestro Fuego.

¡Ese era un periódico sensacionalista! ¡Por todos los espíritus! ¿En qué estaba pensando al creer por un momento que lo impreso decía la verdad?

Negó con la cabeza sintiéndose estúpido.

— ¡Hey! ¡Tienes que pagar el periódico! Ya lo hiciste cenizas. — Reclamó el hombre logrando sacarlo de sus oscuras contemplaciones.

El policía tomó aire profundamente y después se tranquilizó.

— Pagaré por haber destruido tu periódico, pero no deberías de vender ésta clase de basura, son sólo mentiras lo que dice. — Respondió sacando las monedas suficientes y extendiéndoselas al hombre.

No poniendo atención a lo que fuera que le iba a decir el vendedor, caminó más rápido, cambiando de rumbo. Si tenía alguna duda tal vez encontraría a Korra en el templo de la Isla.

Lo que Mako no tenía idea es que justo en ése momento ella partía hacia la Nación del Fuego y que las personas que sabían lo real de ése compromiso, no le dirían absolutamente nada.


Iroh frunció el ceño apresurando su paso por los pasillos del Palacio, recién llegado a la Nación del Fuego.

Sabía que su humor no era precisamente el mejor: días viajando en barco, extrañando la compañía de Korra, para que cuando al fin regresara le informaran que su Madre estaba tomando el té con un visitante y que se encontraba perfectamente de salud.

Evidentemente el que estuviera bien le causaba alegría, pero no debería estar bajando la guardia tan fácil: El té podría estar envenenado; nuevamente, o la misteriosa compañía podría ser el enemigo ¿En qué estaba pensando su Madre?

Escuchó una carcajada femenina que reconocía muy bien y se detuvo.

Su Madre no era tan controlada en sus emociones; al menos no como él, pero eran realmente pocas las personas que podían hacerla reír de esa manera.

Levantó una ceja intrigado y prácticamente voló para abrir la ansiada puerta.

—… ¿Si me entiende? Quiero decir, Eska es linda, un poco agresiva… y manipuladora… y algo posesiva… y muy mandona… y también parece siempre estar pegada con su hermano, pero aún así…

— La quieres.

— ¡Claro! Aunque también sé que no deberíamos estar juntos. Ella es agua y yo tierra ¿Sabe qué significa eso?

— Ahm…

— ¡Exacto! ¡Lodo! Eska y yo haríamos lodo.

Una nueva carcajada de parte de su Madre lo hizo salir de sus contemplaciones. El par estaba tan adentrado en su plática que ni siquiera lo habían notado llegar y realmente ver a Bolin junto con Pabu tomando el té y charlando efusivamente con la Señora del Fuego, era algo que no esperaba ver a su llegada.

Caminó un par de pasos de manera insegura.

— ¿Bolin?

El aludido volteó a verlo y de inmediato se puso de pie haciendo un saludo militar y logrando que el de ojos dorados levantara una ceja. Había pensado que su comportamiento era por su misión durante la pelea con Amon, pero al parecer el Maestro Tierra era un poco extraño.

— ¡Señor! ¡Sí, Señor! ¡Bienvenido!

Ursa rió por lo bajo, divertida y sonrió ampliamente.

— Bolin, mi hijo no te ha pedido hacer nada y tampoco es tu oficial al mando.

El de ojos verdes la observó analizando sus palabras y luego sonrió.

— Bueno, pero es el General Iroh y aquí es un Príncipe ¿No? — Se detuvo hasta que Ursa le confirmó el estatus del recién llegado con un asentimiento. — ¿Entonces cómo debería saludarlo?

Iroh suspiró en parte divertido por el comportamiento del chico tierra y también aliviado que fuera precisamente él quien estuviera haciéndole compañía a su Madre. Le sonrió amablemente y caminó hacia él.

Durante la batalla contra Amon había descubierto en el de ojos verdes a un gran aliado y además, por lo que Korra le decía sobre él, también era un gran amigo: el mejor de la Avatar.

— Sólo llámame Iroh, Bolin, no debes ser tan formal conmigo. — Le exclamó estrechando las manos, aunque el antiguo miembro de los Hurones de Fuego se veía incomodo.

— ¡A la orden, Señ…! Iroh, quiero decir Iroh.

Los jóvenes se sonrieron un momento y entonces Ursa se levantó, logrando que su hijo acudiera rápidamente a ella extendiendo su mano para ayudarla. La Señora del Fuego le sonrió tranquilamente.

— Estoy bien.

— Lo siento Madre, debí saludarte primero, pero realmente no esperaba ver a Bo… — Ante el abrazo de la mujer el de cabello negro guardó silencio, sintiéndose aliviado de verla tan bien. Soltó un suspiró y correspondió al abrazo. — No sabes lo aliviado que me siento de verte bien.

Ursa sonrió de medio lado y se apartó de él.

— Lo sé… — Por unos segundos le sonrió afectuosamente y después su rostro se transformó en el de la líder que era. — Así que no empecemos con sentimentalismos ¿Quieres? Hay mucho de lo que debemos hablar.

El ex General asintió entendiendo el modo de su Madre.

— Ahm, siento interrumpir, pero ¿tardará mucho en llegar Korra? Llevo cuatro días aquí. La Señora Ursa ya me dijo de su viaje y todo eso, pero ¿faltan muchos días para que llegue ella? — Cuestionó el chico tierra sintiéndose ligeramente nervioso y conmovido. Él no recordaba del todo a su Madre, pero estaba seguro que debía haber sido muy parecida a la mujer frente a él: Ambas Maestras Fuego.

— Korra llegará aproximadamente en dos o tres días, dependiendo de cuánto tiempo decida quedarse en Ciudad República. No me digas que por eso estás aquí Bolin ¿Venías a verla?

— ¡Hey! No es mi culpa, ella me aseguró que se casarían en mes y medio ¡Y ya es más del mes y medio! Pensé que tal vez se había extraviado mi invitación… No quería perderme su boda. — Se defendió el de ojos verdes diciendo lo último con un ligero puchero triste.

Ursa se acercó a él y comenzó a pellizcar sus mejillas; no tenía sobrinos ni otro hijo, así que la actitud del Maestro Tierra le resultaba tremendamente enternecedora. Nadie en ésa familia actuaba así.

— Eres tan tierno Bolin.

Un sonrojó se apoderó de la cara del joven haciendo que el ex General ahogara una carcajada.

— Madre, lo estás incomodando.

— ¡Eso no es cierto! ¿Verdad que no Bolin?

— Bueno…

— Lo ves, lo estás haciendo.

El de ojos verdes sacudió la cabeza energéticamente y luego sonrió de manera amplía.

— No se preocupe Gene-¡Iroh! Realmente no me molesta.

El de ojos dorados cruzó las manos sobre su pecho recordando todo lo que Korra le había dicho de él y entendiendo su actitud. Ligeramente se sintió celoso de saber que Bolin estaba reflejando a su Madre muerta en la suya, pero el sentimiento pasó rápidamente, después de todo, la Señora del Fuego tenía el suficiente amor como para "adoptar" a otro hijo.

Sonrió.

— Aunque Korra no esté aquí siempre serás bienvenido, Bolin. Para mí es un gran alivio saber que has estado haciéndole compañía a mi Madre.

— Por supuesto. Estos días Bolin ha estado ayudándome y alejando mi mente de todo el estrés del momento; es muy divertido y se ha ganado mi confianza. — Aclaró la Señora del Fuego a su hijo, sonriendo complacida con la manera en que lo había educado, después miró al ex Hurón de Fuego. — Te diría que cualquier amigo de Korra es bienvenido, pero honestamente sólo por ser tú ya lo eres.

El de ojos verdes asustó a ambos Maestros Fuego cuando repentinamente sus ojos se tornaron húmedos y brillosos mientras que mordía desesperadamente su boca y sonidos extraños provenían de su nariz.

Iroh dio un paso atrás y Ursa levantó una delgada ceja.

— ¿Bolin? No vas a llorar ¿Cierto?

El rostro del más joven fue distorsionándose lentamente hasta que no pudo contenerse más y estalló entre lagrimones, quejidos y una sustancia que caía de su nariz.

— ¡Es que son tan buenos!

Abría las extremidades esperando un abrazo del cual los dos Maestros Fuego no querían ser parte, sin embargo Ursa resopló después de unos segundos y con la cabeza gacha caminó hacia el sensible Maestro Tierra.

Bolin cerró un brazo sobre la mujer.

Ojos verdes y dorados miraron a Iroh esperando porque se les uniera.

Él negó suavemente con un rostro de terror.

Ursa levantó una ceja.

El Ex General respingó asustado.

A Bolin le temblaron los labios.

Iroh recordó a Korra diciéndole que prefería enfrentar a Amon de nuevo que a Bolin sintiéndose despreciado. Comenzaba a arrepentirse de haberse burlado de ella por su sueño del puré de papas, pollo rostizado y té.

Resopló y maldijo mentalmente.

Korra tenía razón.

Caminó hasta el dúo que le sonrió agradecido.


Mis disfraces no son malos… Sólo tengo un rostro reconocible. — Se decía así mismo el Príncipe de la Nación del Fuego queriendo darse ánimos.

Caminaba por las calles del área donde Korra y él habían encontrado al "Democrático" y esperaba que, como lo habían acordado, éste se acercara a él para hablar. Pero a pesar de su intento de pasar por alguien común; con ropas normales y un sombrero que ocultaba parcialmente su rostro, mucha gente se le acercaba para saludarlo.

Suspiró saludando a lo lejos a unas risueñas jovencitas que le habían gritado cuánto lo admiraban; aunque por sus ojos resplandecientes y por la forma en que lo veían dudaba que se refirieran a sus acciones como General… Definitivamente su trasero no hablaba de lo que había hecho en el mar.

Se sonrojó y miró hacia el parque pensando si debía ir por sus refuerzos.

Negó con la cabeza y siguió caminando valientemente.

No, Bolin y Azol sólo debían acompañarlo si el "Democrático" aceptaba, si los veía junto a él tal vez sólo lo evitaría más y no podrían llegar a un acuerdo.

Su Madre lo había puesto al corriente de lo que había pasado durante su ausencia.

Los cocineros y meseros habían sido investigados por el intento de homicidio hacia la Señora del Fuego. Ursa no creía que hubiese sido alguno de ellos pero Iroh quería cerciorarse personalmente, así que hablaría de nuevo con todos por la tarde, cuando regresara.

Los Democráticos no habían aparecido de nuevo, pero gracias a que casi muere Ursa envenenada, mucha gente creía que era obra de ellos: Dividiendo aún más a la Nación del Fuego.

Iroh confiaba en poder hablar con el hombre de la máscara en llamas y descubrir si habían participado o no. Ciertamente él le había dicho que no habían podido acercarse al Palacio para hablar con ellos, pero eso podía ser sólo un distractor.

Si pensando en matar a su Madre, le había dicho eso, entonces Iroh estaba seguro que se estaba enfrentando no sólo un Maestro Fuego poderoso, si no, también, uno muy inteligente con una mente de estratega.

Justo los peores enemigos que alguien puede encontrar.

Su Abuelo estaba en camino y tal vez llegaría en uno o dos días, juntos podrían hablar con los Consejeros quienes estaban presionando por una audiencia con Iroh, de la que él no tenía un buen presentimiento.

La Familia Real había tenido más peso en las decisiones de la Nación del Fuego hasta ahora, pero, con el mundo mirándolos con sospecha, media Nación queriendo democracia y otro tanto no estando seguros qué querían, estaban tambaleando en una cuerda muy floja; podía verlo en las miradas que algunas personas le dirigían durante su caminata: con desprecio.

Lo observaban como se mira a un hombre enfermo por el poder.

Iroh no había sido criado como un cobarde, así que cuando escuchó a un hombre llamarle "asesino" se detuvo en seco… ¿Asesino? Ésas eran palabras muy grandes y una marca muy pesada que llevar.

Se acercó al anciano haciendo que la multitud contuviera su aliento y lo observara con miedo.

¿Qué demonios pensaban de él?

Cierto que no era la persona más cercana al pueblo, su estancia en Las Naciones Unidas se lo habían impedido, pero, nunca los olvidó. Creció entrenándose para ser el mejor líder posible para ellos, aún a costa de sus verdaderos sueños. Iroh deseaba regresar al mar.

Pero hasta esos momentos, nunca había escuchado algo como eso hacia su persona.

— Asesino… ¿Le he hecho algo para que me llame así, Señor? — Preguntó humildemente. Algunas personas trataron de inclinarse ante él, pero al percibir que era por miedo el de ojos ámbar les pidió que no lo hicieran. Él quería ganarse su respeto.

EL hombre contrajo su entrecejo haciendo que sus arrugas se notaran más. Con ayuda de su bastón caminó hacia el joven, lentamente. ¿Qué más daba lo que dijera y las consecuencias que eso le traería? Ya había perdido todo.

— ¡Tú! ¡Tú diste la orden! — Gritó enfurecido.

— He dado muchas ordenes en mi vida, Señor, pero le aseguro que ninguna en contra de ésta Nación.

El hombre resopló sarcásticamente.

— ¿Ninguna contra ésta Nación? — Hubo una pausa y el ex General notó la impotencia en varios ojos de las personas alrededor. El anciano siguió hablando atrayendo su atención. — Fue el sello de tu familia el que hizo que se los llevaran a todos. Ellos nunca regresaron.

Iroh levantó una ceja no entendiendo absolutamente nada. ¿El sello real? ¿Qué orden? ¿A quienes se llevaron?

— Señor, le aseguro que no tengo idea de qué está hab…

— ¿Cómo puede fingir de ésa manera? ¡Mi esposo! Por su culpa mis hijos se quedaron sin padre.

Iroh dio un paso atrás cuando una joven intervino y notó inmediatamente la diferencia entre ella y las chicas de antes. Había llegado caminando a un sector distinto, uno más humilde. La gente, aquí, parecía saber algo que ni él ni los nobles tenían conocimiento.

Tomó aire, sentía que no podía irse de ése lugar sin darles la cara.

— Por favor, les suplico que me expliquen todo desde el principio. No sé de qué orden hablan ni a quienes se refieren que se llevaron.

— ¡No mienta!

— Es verdad, todos vimos el sello. Ustedes se los llevaron y no sabemos si están vivos o muertos.

— ¿En dónde está mi esposo? ¡Usted debe saber!

La gente comenzaba a amotinarse alrededor de él y el de ojos dorados sabía que era cuestión de tiempo para que sus reclamos se transformaran en agresiones físicas. ¿Qué debía hacer?

— Por favor, hablen conmigo, explíquenme lo que está pasando.

De repente alguien tiró de su cabello de manera fuerte y entendió que sólo podía esperar sobrevivir; estaban a punto de tratar de lincharlo y él no podía hacer nada; jamás iba a levantar un dedo contra ellos.

— ¡Príncipe Iroh!

Un pequeño cuerpo se abalanzó hacia él haciendo que de inmediato las personas se detuvieran. Miró hacia su pecho encontrándose con la cabellera negra y los ojos dorados de una niña a la que reconoció de inmediato.

Le sonrió tranquilamente y revolvió su cabello, notando que todos guardaron silencio de inmediato.

¿En tan mal concepto lo tenían que pensaban que podría matar a una pequeña?

— ¿Cómo estás, Nizi?

La niña rió infantilmente y enterró sonrojada su rostro en el pecho del General.

— Ya mucho mejor, Príncipe Iroh, sólo me quedó un moretón. Gracias por salvar mi vida. Por cierto, no le he dicho a nadie su secreto y el de Avatar Korra.

El joven respondió con una suave risa. Seguro que tratando de mantener su secreto a salvo ya muchos sospechaban de su boda.

La miró detenidamente notando aún una pequeña cicatriz en donde se había golpeado la cabeza y la sobó sintiéndose mal que su perfecta piel quedara marcada. Seguramente pasaría malos momentos con los niños, probablemente le harían burla, pero estaba seguro que cuando creciera sería una rompecorazones.

Notó que aún llevaba el peluche que le había dado en la feria y sonrió alegre, olvidando por un momento la situación en la que estaba.

— Les he dicho muchas veces que la Familia Real no tiene idea de lo que está pasando. — Interrumpió una voz femenina cargada de autoridad a la que Iroh identificó inmediatamente como la Madre de la niña que ahora tomaba su mano y lo llevaba, de manera segura, hacia su progenitora.

El anciano estalló en lágrimas.

— ¡Debe haber un culpable! ¡Mi hijo…! Mi único hijo. — Cayó de rodillas sollozando y sacó de entre sus ropas una fotografía en la que se mostraba a un joven de ojos dorados y gran sonrisa, en su pecho una medalla con la figura de un sol.

Iroh sujetó la fotografía y la observó detenidamente, sintiéndose mal por la situación del anciano.

Después, le regresó la imagen y le ayudó a ponerse de pie.

— Señor, le aseguro que nunca he visto a su hijo. Pero si alguien me puede decir qué está pasando le prometo investigar yo mismo.

La gente parecía dudosa de hablar, eso implicaría darle su confianza a alguien del que no estaban seguros realmente los ayudara.

Finalmente la Madre de Nizi habló.

— Príncipe Iroh, realmente es muy fácil de explicar lo que está sucediendo. Alguien, está tomando decisiones sin siquiera consultarlos. La noche en que usted y Avatar Korra rescataron a Nizi, llegaron a la casa de muchos de nosotros uniformados a los que nunca habíamos visto. Mostraron una orden con el sello real para llevarse a supuestos sospechosos de ser "Democráticos"… Pero en realidad sólo se llevaron a los más jóvenes y fuertes Maestros Fuego.


— ¿Así que tú eres amigo de Azulita?

Cuando llegó por primera vez en su vida a la Nación del Fuego, Bolin pensó que el lugar era una especie de pasarela de modas; vamos, había gente guapa por todos lados y el Maestro Tierra no podía estar más que agradecido de la belleza de las lugareñas.

Un par de chicas a unos metros estaban riendo suavemente avergonzadas por las nada discretas miradas del de ojos verdes, quien terminó por sonreírles ampliamente y guiñarles un ojo.

— ¿Azulita? — Preguntó haciendo caso superficial de lo que su recién conocido; Azol le preguntaba. Ambos sentados en una banca del parque local esperando por Iroh.

El no maestro negó con la cabeza y cerró los ojos.

— Me refiero a la prometida de 'Roh: la Avatar. Tú no sales mucho ¿Cierto?

Bolin sonrió de medio lado y volteó a su derecha mirando a su acompañante.

— ¡Claro que sí! Soy su mejor amigo. Por eso vine. ¿Le has dicho a Korra "Azulita"? — Azol asintió de manera seria y Bolin explotó en carcajadas. — ¿Cómo es que sigues vivo?

El de ojos grises rió por lo bajo.

— Creo que de milagro, golpea como mula.

— No sé si eres muy valiente o muy estúpido poniéndole apodos a Korra.

Azol encogió los hombros despreocupadamente y miró a lo lejos buscando a su amigo.

— Creo que ambos, suelo meterme en problemas por eso.

El par guardó silencio unos minutos sólo sintiéndose cómodos y relajados, aunque sabían que ésa calma era temporal.

— ¿Te das cuenta de que si fuera mujer sería la dama de honor de Korra? ¿Y qué tú al ser el mejor amigo del Gene-de Iroh serás algo así como su… damo?

Azol lo miró de manera incrédula ¿Damo…? Pero lo peor es que una imagen nada grata de Bolin en vestido cruzó por su mente, lo que le hizo sentir un escalofrío.

— Seré su padrino de bodas, sí. Probablemente Korra le pida a Iroh que tú también lo seas… O no sé, tal vez con lo tosca que es Azulita también te quiera como Padrino de su lado.

Bolin sonrió.

— No me sorprendería, para ser alguien que debe equilibrar al mundo a Korra le gusta romper las reglas.

Ambos jóvenes sonrieron de manera contemplativa.

— Me agrada. Con toda honestidad creo que ella es la mujer ideal para Iroh.

Bolin se quedó sin respiración analizando la implicación de Azol, después, recordando a su hermano miró al cielo.

Azol era en gran manera lo que Bolin era para Mako: La persona que te conoce de toda la vida, con la que creces y aprendes. Si el chico tierra dijera algo así sobre una chica para su hermano, entonces, sería porque en verdad pensaba eso, sin otros motivos, ni querer agradar a nadie: El no Maestro en verdad creía que Korra era la mujer de la que Iroh podía enamorarse perdidamente, con la que; no por las circunstancias que la habían llevado a la Nación del Fuego, podía casarse y hacerse viejo a su lado.

Él también creía que Korra podía enamorarse de Iroh y no tenía ninguna duda que el futuro Señor del Fuego haría todo por hacerla feliz.

Suspiró.

Quería a Korra y le deseaba lo mejor, pero su corazón estaba dividido porque sabía que Mako pasaría malos momentos.

Sonrió tristemente prometiéndose a sí mismo que iba a ayudarlos a ambos, después de todo, ellos junto con Asami, formaban su pequeña familia.

— Yo también creo; de verdad, que Iroh es perfecto para Korra.


Korra refunfuñaba mirando el techo de su habitación en el Palacio Real.

Habían llegado muy noche a la Nación del Fuego y Iroh no había podido ir a recibirla por dos razones:

1. Queriendo sorprenderlo no avisó a nadie en qué momento llegarían.

2. Al parecer el Príncipe había estado despierto desde que él había llegado a la Nación: dos días atrás, entrevistando a gente. Lo curioso es que también lo había hecho con personas de la población, no sólo del Palacio y nadie tenía idea del por qué.

Estaba preocupada por Iroh y por Ursa, pero sencillamente no obtendría respuestas puesto que ellos eran los únicos que podrían dárselas y en ése momento estaban de paseo en dormilandia.

Resopló.

El representante de los Consejeros que había ido a su encuentro le había informado que su futuro esposo había pedido no ser molestado; antes de saber que ella llegaría, ni tampoco sus invitados; que por cierto, Korra no tenía idea quienes eran ni con qué propósito estaban allí.

Gruñó y decidió ir a la habitación de Iroh.

Además, se las debía por haber escuchado sus murmullos mientras dormía.

Rió por lo bajo pensando en alguna broma qué hacerle mientras caminaba hacia el pasaje secreto; el pasillo descartado no queriendo que alguien la mirara entrar a la habitación de su futuro esposo y se hicieran ideas.

¿Cuál sería una buena broma que hacerle?

¿Mano en agua tibia?

Rió cruzando la puerta oculta imaginando su rostro si descubría que había mojado su cama.

Sacudió la cabeza. Ésa sería para otra ocasión.

¿Quizás pintarle bigotes mientras dormí?

¡Pf! Como si pudiera hacerle eso a un ex General de las Naciones Unidas y heredero al trono de la Nación del Fuego sin que por lo menos le quemara las pestañas.

Llegó hasta un camino dividido en dos y torció la boca, no estaba segura por dónde ir, todo eso parecía un laberinto y nunca se había molestado en saber cómo llegar por el pasaje hasta la habitación de Iroh.

Tratando de ubicarse, siguió por la izquierda y aguantó una risa escandalosa pensando en gritarle en el oído para que despertara.

Tomando rápidamente aire para controlarse tocó el botón que hizo deslizar la puerta para entrar al lugar y su boca no pudo más que caer sorprendida, asustada y muy avergonzada.

Frete a ella un hombre de larga barba blanca y cabello atado en una media coleta alta: vestido sólo en bóxers, detuvo su limpieza dental al notar que alguien quería entrar en su habitación.

Korra emitió una especie de grito ahogado, nadie más en el mundo tenía la misma cicatriz que el antiguo Señor del Fuego Zuko quien la veía de manera incrédula.

— Yo…

Intentó. No sabía si disculparse, saludar, dar explicaciones o correr.

Dio un paso atrás.

Zuko levantó una mano haciendo que la de ojos azules se quedara parada en su lugar, petrificada y él enjuagó con tranquilidad sus dientes.

Después se incorporó mordiendo su mejilla por dentro para no burlarse de la pálida Avatar en su puerta.

— Veo que Iroh te enseñó el pasaje, Korra, pero no te mostró cómo llegar a su habitación.

— Yo…

— Me dijeron que tú también llegaste ésta noche, antes que yo. Por lo que veo no podías esperar por ver a tu prometido ¿Cierto?

El destello pícaro en los ojos dorados la sacaron del estado de miedo por uno muy, muy, muy, muy avergonzado.

— ¡No es lo que piensa! Sólo quería ir a la habitación de Iroh y que me dijera qué ha pasado… y hacerle una broma. — Terminó en un susurro que hizo reír al Maestro Fuego por lo bajo.

— Claro, claro, sólo ésas eran tus intenciones ¿Quién podría suponer más?

Con cualquier otra persona Korra hubiera peleado de regreso, pero simplemente no con Zuko; dejó caer sus hombros derrotada.

— De verdad, ésas eran mis intenciones.

¡Oh, espíritus! Que pésima manera de ver de nuevo al hombre que podría considerar una especie de suegro.


Deseaba tanto escribir ya a Zuko y ahora que salió en la serie aún más :') Definitivamente uno de mis personajes favoritos de todos los tiempos; junto con Itachi (Naruto) para mí los mejores villanos-héroes.

Un besote para todas(os) :D