Michelle abrió sus ojos, e inmediatamente reconoció aquella cama. Y no era la de ella.

Miró a su lado pero no había nadie, así que se incorporó y se estiró. ¿Qué hora sería?

Salió silenciosamente del cuarto... sería una vergüenza que alguien la viera, pues pensarían cualquier cosa.

Cerró la puerta, pero su mano ni siquiera alcanzó a despegarse del picaporte, que alguien la sorprendió.

- ¡Mich! -Dijo una voz masculina. La chica cerró los ojos con un gesto de dolor y volteó.

- Cas... -Comenzó, pero notó que se trataba de Edmund. -¡Qué susto me diste! -Reprochó y Ed soltó una carcajada.

- Es que te veías graciosa saliendo en puntitas. -Explicó.

- No vuelvas a hacerlo. -Regañó ella, y suspiró. -¿Ya desayunaron todos?

- Sí, ya es media mañana. -Informó él. -Pediré que te preparen algo.

- Gracias Ed. -Sonrió Michelle. -Voy a bañarme... -Dijo, y se miró el vestido. -Vaya que está arrugado.

- Lo está. Eso pasa por acostarte vestida... la próxima, usa tu piyama... O... -Dijo el castaño y le guiñó el ojo.

- No intentes seducirme, Edmund. -Dijo ella poniendo los ojos en blanco, y luego soltó una risa. -¡Voy a apurarme!

Dicho esto, la joven fue a su cuarto, y Edmund bajó a la cocina con una gran sonrisa.

Ese día Michelle usó un vestido de color beige, y decidió recogerse el cabello. El clima era bastante caluroso.

Tomó su desayuno, y salió al jardín para tomar aire fresco.

- Hey, bella durmiente. -Escuchó a sus espaldas.

- ¿Disculpa? -Dijo ella y luego soltó una risa.

- Buenos días. -Sonrió Caspian.

- Buenos días Cas. -Saludó Michelle.

- ¿Podemos hablar un momento? -Preguntó el joven.

- Claro.

Ambos caminaron hasta un banco de piedra que estaba en medio del jardín y allí se sentaron.

- ¿Qué sucede? -Preguntó Michelle.

- Nada... -Dijo Caspian riendo. -Es que, siento que... desde lo que pasó aquella tarde... nuestra relación se estropeó. -Explicó apenado.

- Lo sé... ya no volvimos a hablar. -Dijo ella haciendo memoria.

- Y eso no me gusta nada. -Dijo él. -Siento mucho haberte... besado.

- Mmm... está bien Caspian... pero... simplemente sentí que no eras para mí, ¿Sabes? -Explicó Michelle, incómoda. Él soltó un suspiro.

- Fue un impulso. -Excusó. -Al fin y al cabo creo que no tendré una Reina jamás. -Soltó una risa que delataba vergüenza.

- ¡Por favor! Eres encantador. -Halagó ella. -Eres el clásico príncipe perfecto de los cuentos que solía leer en mi mundo. -Comentó ella riendo. Caspian sonrió, pero eso no duró mucho.

- ¿Y por qué no te gusto? -Preguntó mirándola a la cara. Michelle se sorprendió.

- Pues... pues porque... -Pensó, pero no encontró una buena razón por la que él no le gustara. La única era porque le gustaba Edmund.

- Porque estás enamorada de Edmund. -Dijo él moviendo la cabeza y mirando el pasto frente a ellos.

- ¿Por qué piensas eso? -Preguntó ella.

- Porque desaparecen juntos, porque anoche te ví entrando a su cuarto, porque se miran todo el tiempo... -Explicó él.

- ¿Me viste? -Dijo ella y sonó más a una exclamación que a una pregunta.

- Sí. -Respondió él riendo. -¿Qué fuíste a hacer?

- Nada, sólo me despedí de él. -Explicó Michelle.

- Ah... y esa despedida duró hasta esta mañana. -Dijo Caspian riendo.

- ¿También me viste?

- Lucy y yo, a decir verdad.

- Oh, demonios. -Se quejó ella.

- Pero nadie dirá nada. Finjamos que ustedes no se gustan. -Respondió Caspian y Michelle le dio un empujón suave. Ambos se echaron a reír.

- Te quiero Cas. -Dijo ella y se abrazaron sonrientes.

- Yo también. A pesar de que me rechaces por un malhumorado como Ed. -Bromeó.

- ¡Ya calla!

Los dos pasaron un buen rato juntos. El que no pasaba un buen rato era Edmund, que los observaba desde una ventana.

A la hora de almorzar, Caspian y Michelle volvieron al Castillo. Comieron todos juntos. Edmund estaba más callado de lo normal... pero ya todos sabían lo que eso significaba.

Luego del almuerzo, Ed se retiró a su cuarto, pero Michelle lo siguió.

- ¿Qué pasa que estás tan aislado? -Preguntó al joven mientras lo seguía por el pasillo.

- Nada... -Dijo con calma.

- Vamos, Ed. Te conozco. -Dijo ella y se adelantó para ponerse frente a él y rodearle el cuello con sus brazos.

- Nada. -Dijo Ed mirando a otro lado, lo que se le hacía difícil.

- ¿Nada nada? -Preguntó ella nuevamente, acercándose a su rostro.

- Nada... nada... -Repitió Edmund mirándole los labios, que cada vez se le acercaban más.

Michelle rozó sus labios con los de él, pero se separó.

- ¡Ya dime! -Insistió.

- ¿De qué hablaban con Caspian esta mañana? -Dijo él con seriedad.

- ¿Estuviste espiando? -Volvió a preguntar Michelle.

- Sólo los ví riendo y abrazándose alegremente. -Dijo desviando la mirada, en tono de burla.

- No pasa nada, Edmund. -Respondió ella con seriedad.

- Si tú lo dices...

- ¿No confías en mí? -Preguntó.

- Sí confío... -Dijo él de mala gana.

- Entonces no te tienes que preocupar. -Afirmó.

- Como digas... -Suspiró él y se encerró a su cuarto.

Michelle se quedó parada en medio del pasillo, bastante sorprendida por la actitud de Edmund. La había dejado sola.

- Como quieras. -Murmuró ella molesta y fue a su cuarto.

Se desplomó sobre la cama, pero pronto volvió a levantarse para dirigirse al balcón. Allí se quedó pensativa, con la mirada en el horizonte.

Casi media hora estuvo así, pero escuchó que alguien golpeaba la puerta de su habitación.

"Ya se arrepintió." Pensó Michelle, y abrió la puerta, pero se encontró con Caspian.

- ¿Cas?

- Hola de nuevo. -Sonrió. -Me preguntaba si te gustaría venir con Lucy y conmigo a visitar a unos amigos.

- Mm claro. -Dijo ella sonriente.

Los tres cabalgaron hasta la casa de unos enanos y pasaron el resto de la tarde ahí.

Volvieron en cuanto oscureció, y luego de dejar a los animales en su lugar, entraron al castillo.

Cenaron juntos pero sin Edmund, pues parece que ya había cenado.

Agotados por el paseo y la cabalgata, Lucy y Caspian se fueron a dormir.

Michelle no quería, pero hizo lo mismo.

Entró al baño y se puso su ropa de dormir, resignada a que nada pasaría con Edmund hasta el día siguiente.