Bienvenidos a un nuevo capitulo de mi fanfic.

Disfruten la lectura.


Los rayos coronaban el firmamento gris junto con la llovizna que caía lenta, con gracia, elegante, única, relajante, escenario perfecto para un pintor que se resguarda en la seguridad de su ventanal o un anciano que fuma pipa mientras observa las gotas chocar en su ventana, en las calles, en los autos que circulaban, en todos lados de esa ciudad, incluso en una pequeña colina donde una extraña anomalía había llamado la atención de los lugareños y había convocado a una gran movilización de policías y personal militar.

Las cosas no salieron como se esperaban.

Un soldado se despertaba de lo que cualquiera llamaría un sueño, una fantasía, un cuento de ciencia ficción, una alucinación, un desvarió de un paciente de hospital psiquiátrico y muchas cosas más. Se agarró su cabeza con ambas manos por una migraña que había llegado de repente, la lluvia mojaba su cabello castaño mientras que con sus ojos cerrados trataba de combatir su dolor de cabeza. Un raro cosquilleo en su mente lo alertaba sobre algo.

Al abrir sus ojos, observó los cuerpos de otros soldados y de ponis en el suelo, siendo cubiertos por la llovizna. El cosquilleo se hacía más fuerte.

«¿Qué sucedió?».

Se puso de pie, y caminó por el lugar, viendo los restos de la base esparcidos por todo el lugar junto a cadáveres y espadas ensangrentadas, buscando a ciertas ponis.

Se detuvo en seco al verlo allí, sentado, inconsciente pero vivo, con una marca de quemadura donde había impactado el hechizo, con un cuchillo junto a su mano.

Analizó la posibilidad de dejarlo vivo, usando de argumento su amistad de toda la vida, pero en cada situación todo terminaba mal, ya sea por su encarcelamiento y su posterior fusilamiento por traidor o por el autoexilio que tendría que imponerse para poder alejarse de sus problemas, aun temiendo que lo encontrasen.

Todo estaba claro, debía concluir el trabajo.

Agarró el cuchillo de Philip sin que este se despertara y se puso en cuquillas enfrente a él.

«Lo siento» pensó triste con una lagrima «De verdad… lo siento».

Penetró la garganta de Philip, cortando la yugular, bañando su uniforme de rojo cuidando de que no le llegara a sus manos. La única reacción del general fue un sonido ahogado y un parpadeo involuntario.

Ese presentimiento se hacía cada vez más fuerte, volviéndose incontrolable, obligándolo a buscar la respuesta a una pregunta que yacía en su subconsciente.

Se apartó a un lado del charco de sangre de Philip y comenzó a subir por una colina próxima al campo de batalla. Definitivamente eso no estaba allí antes. La llovizna guiaba su caminar paso a paso, hasta que algo agotado, logró llegar hasta la cima.

Un lugar al cual llamar hogar.

Se talló los ojos para asegurarse que no estaba soñando o muerto en el peor de los casos. Allí estaba Richard, frente a su ciudad natal, llena de luces y animo como recordaba. Nostalgia es la palabra correcta para describir esta sensación. Se quedó estático, observando la ciudad como si fuera una dama de figura pronunciada y un vestido ajustado que recorría la avenida principal. Extrañaba a su familia y a los pocos amigos de verdad que tenia. Estar alejado de sus seres queridos a causa de toda la movida militar en Equestria era algo impensable para él. Lagrimas se hicieron presentes. Nostalgia liquida.

«Pero si esa cosa de luz nos trajo a la Tierra… entonces… ellas…».

En ese instante, una sirena seguida de unas luces de faros alumbró directamente a Richard mientras se acercaban desde el horizonte.

«Esas luces… oh no…».

Se echó a correr, descendiendo de la colina a gran velocidad, cuidando de no tropezar por el pasto mojado y el lodo. Al llegar a Twilight, se arrodilló para despertarla.

—¡Twilight, Twilight! Despierta por favor, es una emergencia —dijo sacudiéndola con ambas manos.

La unicornio violeta se despertó pesadamente de su sueño, advirtiéndose de la lluvia que mojaba su melena.

—¿Richard? ¿Qué está sucediendo? ¿Dónde estamos? —preguntó confundida.
—No hay tiempo que perder, ayúdame a despertar a las demás —respondió temeroso.

Sin dudarlo ni un segundo, fueron despertando uno a uno a los ponis que estaban inconscientes, empezando por los elementos, luego por las princesas, Discord y el resto de la armada poni. Más de una se llevó una sorpresa cuando intentaban despertar a un muerto en vez de a un inconsciente, pero con la armadura puesta era difícil determinarlo.

Una vez concluido con la misión, los ponis se reunieron con Richard.

—Escuchen, tenemos una emergencia —inicio él.
—Espera un momento, ¿Por qué está lloviendo? Se supone que la nube no tenía nada de agua para que fuese lo más ligera posible —dijo Rainbow, interrumpiéndolo.
—Si me dejaras explicarte…
—¿Dónde está el portal? Recuerdo que les dije que dejaran de atacarlo —añadió Celestia.
—¡Mi melena! ¡Alguien consígame un paraguas ya! —gritó Rarity.

Y así, todos los ponis empezaron a discutir entre si confundidos por la situación, cada pregunta era un taladro en la cabeza de Richard, quien de una manera u otra quería terminar con la discusión.

—¡Ya no estamos en Equestria! —gritó Richard, enmudeciendo el lugar.
—¿C-como dices? —inquirió Twilight.
—Que ya no estamos en Equestria, ya no más, esa cosa de luz que salió luego de que atacaran el portal con los elementos debió habernos traído a todos aquí.
—Eso explica porque los animales escaparon del lugar cuando usamos los elementos —añadió Fluttershy.
—¿Quieres decir que el portal…? —volvió a preguntar Twilight.
—Desapareció, ustedes están atrapadas en mi mundo.

Y así, luego de una épica batalla, lograron por fin cerrar el portal que trajo a los humanos a Equestria, pero a un precio muy alto. Las luces de la policía y el ejército se asomaban por el bosque, advirtiendo que estaban a punto de llegar.

Antes de que los ponis cayeran en la histeria colectiva, Richard se impuso.

—¡No hay tiempo, hay que idear una forma para que puedan ocultarse antes de que los demás lleguen aquí! —gritó Rick desesperado.

Luego de unos momentos, la princesa Celestia propuso una idea de emergencia, viendo que a nadie se le ocurría algo que hacer.

—Tengo un hechizo de transformación que servirá para la ocasión, pero necesitaré que consigas una alforja —dijo Celestia.

Luna se acercó a Celestia para susurrarle algo al oído.

—Hermana, ¿No estarás pensando usar "ese" hechizo verdad?
—Lo siento mucho Luna, pero es la única forma de pasar desapercibidos, sé que no te gusta porque crees que te ves fea con él, pero te aseguro que seguirás brillando como la estrella que eres —respondió susurrándole amablemente.
—Aquí tengo la mochila, ¿Ahora qué?
—Escuchen mis queridos ponis, desde hoy estaremos bajo la protección de Brave Rick hasta que encontremos una forma de volver a Equestria, les ruego que confíen en él para esto —advirtió Celestia elevando el tono de voz.

Los ponis se miraron entre sí, los elementos también, dudando.

—Yo confió en él princesa.

Applejack dio unos pasos al frente, saliendo de la multitud y acercándose a Richard. Apoyó su casco en el hombro del soldado.

—¿Applejack, pero pensé que tu…?
—Empezamos con el pie izquierdo terroncito, pero ahora confió plenamente en ti.

Las demás vieron con ternura la escena, incluso Twilight, que no mostraba signos de celos. Ante las palabras de la vaquera, los ponis asintieron, decididos a dejar sus vidas en las manos de Rick.

—¿Y tu capitán Richard, quieres cargar con esta gran responsabilidad?

Asintió sin dudarlo.

Ante la afirmación, Celestia envolvió a todos los ponis y a ella misma con un aura dorada que se hacia más brillante cada segundo. Convirtiendo a cada ser en una esfera dorada e introduciéndolos en la mochila que Richard les proporcionó. La ultima en entrar fue Celestia, cerrando la mochila sin que Rick pudiera ver el resultado del hechizo.

Algo curioso, estuvo a punto de abrir la mochila cuando la luz de una linterna alertó todos sus sentidos, advirtiendo de la pronta llegada de los militares al campo de batalla.

Corrió hasta el árbol más cercano de todos y con un cuchillo marcó una equis en su base, luego con sus manos comenzó a cavar un agujero que fuera lo suficientemente profundo para ocultar la mochila allí sin dejar rastro, lo cual resultó sencillo por la lluvia que había ablandado el suelo, no importaba si se lastimaba, lo primordial era ponerlas a salvo.

Con cansancio, tapó el agujero, rogando que no las encontraran, se tiró al suelo y disimuló estar inconsciente para que nadie sospechara.

—Llegamos hasta el lugar del incidente —dijo un soldado por su radio.
Bien, personal médico está en camino, verifiquen si hay supervivientes pero no alteren demasiado el lugar para el equipo científico.
¡Ya escucharon, busquen supervivientes por el lugar lo antes posible!

Al instante que descubrieron que Richard estaba con vida, lo llevaron a él y a otros al hospital más cercano. Estuvo un día en recuperación por su herida en el hombro izquierdo producto del disparo del general, los médicos le extrajeron la munición y cerraron la herida para evitar infecciones, dejándole un sujetador azul que sostenía su brazo lastimado para que sanara más rápido.

Pensaba que al darle el alta podía volver a su hogar con su familia. Estaba errado. Tan pronto puso un pie fuera del hospital un camión militar se hizo presente y amablemente le sugirieron que los acompañara, accediendo sin armar alboroto.

XXX

Las próximas dos semanas estuvo recluso en unas instalaciones militares secretas, aunque no era tan malo después de todo, tres comidas al día, agua caliente, una muda de ropa, servicio médico, lo único que podía decirse que era aburrido era el entretenimiento, ocio, distracción o como quieran llamarlo, había libros y novelas varias, y una radio en el comedor que captaba pocas estaciones.

Cada día llegaban más soldados, algunos sanos sin alguna herida aparente, y otros en peor estado que Richard, sujetos con muletas, yesos y uno de ellos, andaba en sillas de ruedas por una pierna amputada. Al menos eso hizo ese lugar más pasable, alguien con quien hablar, aunque había algo que incomodaba al capitán. Y así la población en ese lugar llegó a los cien.

Al día siguiente de la llegada del último sujeto, todos fueron convocados a una especie de entrevista que se llevaría a cabo por los militares de alto mando.

Richard esperaba en su habitación, sentado al borde de su cama, sosteniendo un papel con el número cien, ser el ultimo al que entrevistarían lo ponía nervioso, y más si alguno de sus jefes sabia de su deserción con las ponis. Irónicamente, fue el primero en sacar número.

—Señor Senedor, es hora de su reunión—dijo una agradable voz femenina al otro lado de la puerta.
—Gracias, ahora voy.

Se levantó y salió de su habitación, siendo escoltado por la mujer hasta la sala donde se llevaría a cabo. Limpió el sudor de su frente con su brazo derecho. Se acomodó su cabello que había aumentado su volumen, un poco, casi nada, desde que volvió a la tierra y abrió la puerta.

En una mesa de arco semicircular estaban las cinco cabezas del ejército estadounidense, acomodando unos papeles producto de la visita del soldado anterior.

—Bienvenido señor…—dijo el hombre que estaba sentado en el medio.
—Richard Senedor, capitán del cuarto batallón de infantería y miembro activo del proyecto "horizonte" desde el inicio —continuo el señor que estaba a la derecha del primero mientras leía el legajo de Richard.
—Entonces, señor Senedor, tome asiento para comenzar.

Obedeciendo, se sentó en la silla que estaba en frente, quedando relativamente cerca de los jefes.

—El motivo por el que te hicimos quedar en estas instalaciones por tanto tiempo, es para que pudiéramos tomar datos de lo ocurrido en la base.
—Evitaríamos todo este proceso si el general no hubiera caído en acción, pero los únicos testigos de lo sucedido fueron ustedes cien.
—Sabemos que la experiencia pudo haber sido traumarte en muchas formas, pero todo lo que tengas para contarnos será de utilidad en la elaboración de un último informe que explique lo acontecido.

Los cinco militares de alto rango habían acabado. Richard atinó a asentir como respuesta.

—Bien, si estás listo, cuéntanos todo lo que recuerdas antes, durante y luego de la última batalla.

Así, Richard relató de primera mano una mentira elaborada sobre sus actividades en la base cuando dieron la noticia del secuestro de uno de los capitanes, su participación en la batalla y al final, como un domo de luz lo había dejado inconsciente. Los jefes observaban, juzgaban, anotaban y ocasionalmente tomaban de sus vasos de agua fresca, ofreciéndole a Richard un par de veces, pero este se negó.

Al finalizar, los militares le hicieron algunas preguntas concretas para verificar algunas similitudes con la historia de sus compañeros, hasta que la última pregunta lo dejó mal parado.

—Dinos joven, ¿Cómo fue que te hiciste esa herida en el hombro?

Para evitarse problemas, había evitado tocar el tema de su herida, esperando que asumieran que fue por un ataque enemigo.

—Según el informe médico, te retiraron una bala de M14 manual de tu hombro izquierdo, y los informes no mienten, explícanos que sucedió si no le es mucha molestia —dijo el uniformado sentado en la punta izquierda.

Los nervios se apoderaron de Richard, su respiración se volvió agitada y su mente no coordinaba una respuesta en absoluto.

—¿Y bien? —preguntó.

Este era el final del camino, si descubrían que estaba mintiendo podían llevarlo a juicio o peor aún, terminar el trabajo ahora mismo y decir que murió en acción.

Un pensamiento iluminó su camino.

«Estamos en tus manos Richard, no lo olvides».

Recordar lo que le dijo Celestia fue suficiente como para elaborar una mentira creíble ante la mirada impaciente de los militares.

—Les contaré, estaba peleando cerca de la tienda de almacenamiento junto con uno de los hombres de mi pelotón cuando un poni disparó una flecha que impactó en él, como estaba disparando su rifle al caer siguió con su accionar y uno de sus disparos me dio en el hombro de forma accidental, caí junto a él pero unos soldados me cargaron hasta una tienda cercana y me aplicaron primeros auxilios, unos momentos después pasó lo de la luz brillante… ¿Me permiten un vaso con agua?
—Como no, sírvase.

Richard se levantó y se tomó lentamente el agua fresca, volviendo a acomodarse en su asiento.

—Bien, creo que terminamos aquí. Toda esta información nos ha sido útil. Ahora cuando salga, diríjase a la primera puerta a su mano derecha y vera un gran salón, espérenos allí.
—Entendido —concluyó Richard con un saludo militar.

Los demás lo despidieron de la misma manera.

Al ingresar al lugar, pudo ver que allí estaban los otros noventa y nueve soldados sobrevivientes sentados en cinco filas de veinte sillas cada uno, se ubicó en el ultimo asiento al lado de un soldado tuerto con vendajes que cubrían parte de su rostro y el soldado invalido en sillas de ruedas.

El mayor temor que alimentaba la ansiedad de Richard, era la posibilidad de que alguno de ellos haya sido testigo de lo sucedido en Equestria, que lo hayan delatado a los superiores y que ahora recibiría su castigo. Pero las miradas de todos estaban en cualquier lado menos en él, el escenario frente a ellos, en los compañeros que estaban en peores o mejores condiciones, o simplemente pensando "¿Como serán las cosas de ahora en adelante?" "¿Qué haré con mi vida?" y demás.

La puerta lateral se abrió y los oficiales de alto rango se hicieron presentes. Como respuesta natural, todos los presentes se pararon e hicieron un saludo militar.

—Descansen.

Todos permanecieron de pie.

—Esto es como una suerte de despedida para ustedes mis valientes soldados, que lucharon tanto desde el principio como sólo en esta batalla en un lugar que ningún humano hasta ahora ha visto jamás—comenzó a caminar por la sala—, y ante los ojos de América ustedes son héroes que trataron de contribuir al progreso pero ese intento fue frustrado, dejándonos un recordatorio sobre la vida humana.

«A esto se refería cuando decía "un discurso para incentivar la guerra". Todo para lavar cerebros» pensó Richard.

—Antes de concluir, me gustaría que todos guardáramos un minuto de silencio por nuestros hermanos caídos, en especial por el general Philip Armander, quien dirigió nuestras tropas hasta su último aliento.

Todos bajaron su cabeza por un minuto, incluso Richard, quien sólo podía recordar y pedir perdón mentalmente por la matanza en la que participó, pero de la cual no se arrepiente.

—Bien, les agradecemos a todos por la paciencia, se que estar encerrado en un lugar ultra secreto sin contacto con el mundo exterior pudo ser agobiante para más de uno, pero eso se acabó.
—Volverán a sus ciudades natales y se reencontrarán con sus familias o quien quiera que los esté esperando, además de recibir una jugosa indemnización y claro, quedar fuera del ejército por cumplimiento del deber. Además recibirán una pensión de por vida por todos sus años de servicio.

Los soldados mostraban una sonrisa de satisfacción, o al menos la mayoría de ellos.

—Pero todo esto tiene un precio, a cambio, se les pide un acuerdo de confidencialidad, no deberán hablar con nadie acerca de lo que pasó aquí, sino se les revocará todo los beneficios y en los peores casos, los podemos hacer desaparecer de la faz de la tierra, si necesitan de algún psicólogo se les proporcionará uno de acuerdo a donde vivan, ¿Preguntas?

Todos quedaron con los ojos abiertos por la amenaza, pero nadie opuso objeción, incluso la mayoría esperaba utilizar los servicios psicológicos.

—¿Qué pasará con la zona de batalla? —preguntó Richard.
—No les voy a mentir caballeros, estamos buscando la forma de volver a ese lugar, claro que ustedes ya no serán parte de esto nunca más, pero no perdemos nada con intentarlo, por lo cual, el lugar estará cerrado por tiempo indefinido mientras el equipo científico busca indicios para poder regresar. Si se los está preguntando soldado, no, no puede ir a ese lugar, está prohibido el paso.

Rick se entristeció por la respuesta, ya que no podía ir y rescatar a las ponis, tomando en cuenta que pueden encontrarlas en la búsqueda antes que él.

—Si no hay más preguntas, entonces prepárense que unos autobuses estarán aparcados afuera, listos para llevarlos a casa. Y una cosa más, bienvenidos a la tierra.

XXX

La ciudad natal de Richard había cambiado totalmente ante sus ojos, más edificios, casas, negocios que florecían aun cuando se estaba en medio de una crisis petrolera. Ronald Reagan había prometido sacar al país de la crisis. La música disco se expandía tan rápido como el SIDA (o tal vez más) y la guerra fría estaba más cerca de estallar en la cara del mundo. Pero ahora se veía a un soldado que miraba por la ventana como niño en feria, sin tener mucha noción de lo que pasaba a su alrededor.

Fijó su vista nuevamente en el calendario del autobús y este le decía el año y el mes, el día no estaba marcado, todo el tiempo que pasó en Equestria lo había desorientado con respecto al calendario. Marzo de 1982. Era lo único que importaba. Las calles céntricas se convirtieron en suburbios residenciales hasta que el autobús se detuvo frente a una vivienda. El conductor jaló una palanca y se abrió la compuerta, dejando bajar a Richard que después de mucho tiempo, había vuelto a casa.

Tocó el timbre dos veces como era de costumbre y esperó paciente. Su vista se fijó en las casas de sus vecinos que no habían cambiado en absoluto, excepto por unas cuantas casas pintadas sin remodelación. La perilla giró, abriendo la puerta, descubriendo la figura de una señora mayor de unos setenta años con pelo rulo canoso en su totalidad. Los ojos de la señora se abrieron como hace mucho no lo hacía.

—No puede ser…—decía ella.
—Tanto tiempo mamá.
—¡Richard, hijo mío!

Madre e hijo se unieron en un abrazo, las lágrimas salieron sin miedo, ya que no había que tener vergüenza cuando se trataba de demostrar el amor hacia una madre.

—Abuela, mamá quiere saber qué está pasando…—el pequeño de diez años quedó impactado por la escena, algo tímido se quedó detrás de la puerta.
—Pero miren nada mas, es mi sobrino favorito Christopher, ven, dale un abrazo a tu tío Richard.

El pequeño se asustó por la forma en que su brazo izquierdo estaba siendo sujetado por esa tela azul, impidiendo su movimiento. Richard se percató de ello y rápidamente comentó.

—No tienes que temer, esto no es nada. Ven dame un abrazo ¿O es que ya no me quieres? —poniendo una cara de perro triste para que su sobrino se apiadara.

Más confiado esta vez se acercó y le dio un fuerte abrazo. Richard aprovechó para cargarlo al mismo tiempo que correspondía alegre el abrazo, aun teniendo que usar un solo brazo para ello.

—Mírate cuento has crecido, ya eres todo un hombrecito grande y fuerte —dijo haciéndole cosquillas. Lo que le provocó una risilla inocente a Christopher.
—¡Mami, mami, mira quien regresó de su viaje! —gritó el niño corriendo despavorido a contarle a su madre.
—No te imaginas cuanto te echábamos de menos, este lugar no era lo mismo sin ti.
—Ya me imagino.
—Parece que estuviste en una batalla, ¿Qué fue lo que te sucedió? —preguntó Anna, la mamá de Richard.
—Ya habrá tiempo para contar todas las anécdotas.
—Me imagino que estarás agotado por todo, tu cama espera arriba por si quieres dormir una siesta.
—Gracias ma' por ahora sería lo mejor.

Pero antes de ingresar al domicilio, Richard fue sorprendido por un fuerte abrazo de su hermana Nicole de treinta y siete años, cabello castaño claro, cuerpo esbelto y definido para alguien que está por entrar en su cuarta década, ojos de un potente ámbar y cabello lacio hasta la espalda media sin canas visibles.

Ahora el brazo herido de Richard presentaba dolor por el fuerte abrazo.

—A mí también me da gusto volver a verte Nicole… pero recuerda que tengo…
—¡Una herida! —dijo deshaciendo el abrazo— ¿Cómo es que…?
—Fue producto de una batalla, pero no es nada grave.
—¿Y cómo resultó todo?

Por un momento, la conversación le parecía familiar, como si ya hubiera tenido lugar alguna vez. Definitivamente tenían cosas en común.

—Me gustaría contarte ahora, pero estoy cansado, no he dormido en mi cama desde hace mucho.
—Perdón entonces —respondió con una risilla—. Llamaré a Bob para que venga lo más rápido posible así nos podrás contar todo a la hora de la cena.
—¿Y tu esposo?
—Está en un viaje de negocios en New York, ya lo pondré al tanto de todo cuando vuelva.
—Está bien, si me disculpan iré a tomar una siesta.
—Ve tranquilo hermanito.
—Te recuerdo que soy tres años mayor que tu.
—Ya sé, pero me gusta considerarte mi hermanito —dijo con un guiño de ojo.

Así, Richard subió las escaleras hasta el otro piso e ingresó a su habitación. Un aire familiar invadió sus fosas nasales al entrar, muchos recuerdos llegaban a su mente, nostalgia, tiempos pasados. Hora de la siesta, la primera en su mundo.

En la mesa del comedor se encontraban Richard, Anna, Nicole, Christopher, Bob, hermano mayor de los tres, de cabello negro, ojos cafés, de gran musculatura y gran empresario de la ciudad, trajo consigo a su hija Zoey de ocho años.

La conversación era bastante fluida en la mesa ya que Richard debía ponerse al tanto de las cosas que pasaron en la familia durante su ausencia. Y pronto surgió la pregunta que todos estaban esperando que el soldado respondiera.

—Dejemos de lados mis negocios Richard, cuéntanos, ¿Qué tal estuvo esa campaña militar en la que participaste? —preguntó Bob.

Tenía bien en claro que no podía contar todo lo sucedido, al final sería una verdad a medias, pero no quería arriesgarse a ser arrestado o algo peor.

Y comenzó a relatar cómo fue llevado a una tierra que no aparecía en ningún mapa existente y encontraron señal de personas inteligentes y que vivían en sociedad, como él y otros soldados convivieron pacíficamente con ellos durante dos años y luego los pobladores fueron hostiles y querían que se fueran, lo que desencadenó la guerra que duró unos seis meses, produciendo cientos de bajas y la herida que mantenía vendado el brazo izquierdo de Richard, y por supuesto la "lamentable" muerte de Philip.

Después de su relato, tomó un sorbo de vino.

—Hiciste tantas cosas por tu país, tu padre estaría orgulloso de ti —dijo Anna.

Tragó saliva, tanto por el recuerdo de su padre como lo de estar orgulloso.

La familia Senedor no tuvo una historia feliz, no como una familia normal al menos. Norman Senedor falleció cuando Richard era un adolescente, era un padre devoto y muy querido por la comunidad, su partida dejó un hueco que se llenó de tristeza. Él y su hermano estuvieron obligados a trabajar para traer sustento a su familia, Richard consiguió un trabajo a tiempo parcial para que pudiera terminar sus estudios de preparatoria mientras que Bob ingresó en el ayuntamiento como secretario.

El tiempo recompensó sus esfuerzos. Bob fue ascendiendo en su puesto en el ayuntamiento, ahorrando dinero para una ocasión de negocios que se había presentado años después, volviéndose socio accionario de una empresa que recién empezaba y que a pasos de tortuga, fue creciendo hasta convertirse en un reconocido tramo económico de los Estados Unidos. Gracias a eso, Richard a los veinticinco años pudo ingresar al servicio militar y entrenarse para convertirse en un soldado americano, descubriendo que su mejor amigo de toda la vida Philip Armander estaba trabajando allí de comandante, estando años fuera de casa hasta que terminó su adiestramiento.

Fue sorpresa para toda la familia cuando Richard fue llamado para cumplir deberes militares en una ubicación desconocida a sus cuarenta años, nadie daba explicación alguna, pensaban que había estallado la tercera guerra mundial entre Rusia y Estados Unidos y luego de muchas despedidas marchó a Equestria, para su asombro, al lado de Philip quien dirigiría toda la operación con rango de general y él de capitán de la cuarta división de infantería. El resto es historia antigua.

El brazo de Richard se había recuperado por completo y cada cierto tiempo, iba en bicicleta hacia las afueras de la ciudad, más específicamente, al lugar de la anomalía, y para su desgracia, el ejército seguía en el lugar. Con unos binoculares observaba detenidamente los movimientos de todos los agentes que iban y venían sin cesar. Cada día era igual, lo único que cambiaba era el clima de primavera y verano. Una fuerte custodia impedía que se pudiera infiltrar de alguna manera.

«¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar? » se preguntaba.

La jugosa remuneración que le habían prometido había llegado y lo primero que hizo con ella es comprar una casa en las afueras de la ciudad, cautelosamente lejos como para no levantar sospechas sobre sus actividades de vigilancia.

Una hermosa casa de dos pisos con dos dormitorios, un baño, un gran comedor, una cocina, un garaje y un ático, y lo mejor de vivir en las afueras, un patio trasero hasta donde alcanza la vista. Fue difícil despedirse de su mamá por mudarse, pero prometió visitarla periódicamente, claro, cuando no estuviera ocupado observando a los militares.

La esperanza es lo último que se pierde.

Un día despertó de un agitado sueño. Luego de ducharse y desayunar salió a buscar el periódico. Habían pasado tres meses desde su regreso y los militares eran un hueso duro de roer, pero todo iba a cambiar esa mañana con los titulares de la tapa del diario.

"Inauguración de un nuevo parque"

La foto que acompañaba el titular le parecía terriblemente familiar, estuvo pensativo unos momentos hasta que su cerebro explotó por la idea, metafóricamente hablando, claro.

—¡No puede ser, lo van a abrir para todo el público… a horas 13! Tengo que ir ahora… no no no, si llego sin nada y salgo con una mochila seguro sospecharán… esperaré a la noche…

Y se hizo la noche, el parque aun tenia familias nocturnas y parejas que recorrían sus caminos señalados de adoquín. En el centro, una gran fuente jugaba con el agua en forma cíclica y repetitiva, algunos chicos jugaban al básquet en la cancha alambrada.

Richard caminaba a un paso rápido por el parque, vestido con un saco marrón, semejante al de los detectives, buscando un árbol en particular, uno, con una señal.

«Ha cambiado tanto este lugar... espero poder encontrarlas».

Recordaba que las había enterrado en uno de los arboles primerizos, sin necesidad de adentrarse mas, así que comenzó a rodear el lugar, mirando casualmente a los lados para asegurarse que nadie lo esté siguiendo.

Los minutos pasaban y el fresco de la noche se intensificaba, su miedo más grande se hacía realidad, que las hayan encontrado y ahora estén experimentando con ellas. El sudor producto de los nervios recorría su cara.

La equis marca el lugar.

En la base de un árbol cerca de un farol, un hombre dejaba correr una lágrima por su rostro mientras sacaba una pala pequeña de su saco y comenzaba a excavar en el lugar, removiendo la tierra con cuidado de no romper las raíces y no golpear la mochila. Cuando vio un bulto marrón sobresalir de la tierra, dejó la pala a un lado y con un pequeño esfuerzo, sacó la mochila de su fría e improvisada tumba. La sacudió para remover los restos de tierra.

Allí estaba frente a él, después de esperar por más de seis meses su regreso, ¿Estarán vivas? ¿Tendrán hambre? ¿Habrán perdido las esperanzas? Eran las múltiples preguntas que recorrían la mente de Richard en ese momento, pero tendría que esperar a llegar a casa para averiguarlo.

Corrió hasta la entrada del parque y se montó en su bicicleta, pedaleando a toda velocidad, alejándose de los faros naranjas.

—Tienen que estar bien, tienen que estar bien, tienen que estar bien…

Repitió eso por todo el camino de vuelta a casa.

Dejó su bicicleta en la entrada e ingresó a su vivienda, encendió las luces del comedor y se paró en frente de la mesa. Sostuvo su mochila por unos momentos y recordando el espectáculo de luces de la primera vez, quitó el seguro y lo abrió frente a él mientras apartaba la mirada para que la luz no lo cegara. Nada pasó. Metió la mano dentro y hurgó entre las cosas, su tacto le decía que habían figuras de plástico allí adentro, pero su forma era rara, algo que nunca había sentido.

Decidido, sacó una figura al azar. Su asombro fue más grande que la estatua de la libertad y una cara de ternura se formó por primera vez desde hace mucho tiempo.

En su mano derecha, había una Twilight de juguete que podía caber perfectamente en la palma sin dificultad, cuidada en todos los aspectos posibles. Definitivamente Celestia hizo un gran trabajo con el hechizo.

—¿Twilight? ¿Twilight, estás allí? —preguntó agitándola unos momentos.

Un aura morada envolvió el juguete.

—¿Richard, eres tú?
—¡Si, si soy yo! —gritó de alegría.

Tal fue su emoción, que sostuvo a Twilight con ambas manos y le dio un beso rápido en su cara de plástico, por el tamaño logró cubrir todo su rostro, y luego la abrazó gentilmente.

Si Twilight estuviera en su forma poni, seguramente hubiera correspondido el beso, o al menos se habría puesto tan roja como un tomate.


Y hasta aqui llego el capitulo señores, espero que les haya gustado.

Dios, para escribir este capitulo tuve que aprender sobre los Estados Unidos para contextualizar un poco, ademas, al fin saben el año exacto en que todo transcurrió, con un poco del pasado del personaje y la introduccion de su familia, en lo cual no me quiero detener mucho para no alargar mas la historia.

Para que se den una idea de como lucen los juguetes de nuestras ponis les dire, ¿Vieron los juguetes de MLP que vinieron en las cajitas de Burguer King Argentina? Bueno, asi quiero que se las imaginen para el proximo capitulo, no se, me parecieron bonitas.

Y en este apartado, doy las gracias a los reviews en el capitulo anterior por parte de:

FoxOxidian: Te dije que no lo esperarias xD

Sg91: Gracias, he esperado ese trofeo desde hace mucho xD

MaggieMiky: Ya no me podras picar xD

Invitado: Ruego porque este capitulo haya respondido tus preguntas... y que hayan surgido nuevas.

dark nemesis: Te soy sincero, no entendi ni J de lo que me quisiste decir y tuve que releer tu review unas cuantas veces. No, como dije al principio no habra mas accion y el fanfic en si ya esta trasado en mi mente y a menos que sea algo extraordinario, no cambiare nada. Con respecto de las temporadas, pues, tendras que esperar ;)

Jazz Garland: Gracias por esas palabras y si, esas palabras estan basadas en esa parte de Atlantis: El imperio perdido ya que Philip, como habia aclarado hace muchos capitulos, tiene un aire a Rourke.

Recuerden, si les gustó el capitulo dejen un review y compartanlo con sus amigos, si tienen alguna duda pueden mandarme un MP, no muerdo, tambien pueden darle like a la pagina de facebook "Exelion fanfiction" para estar enterados de avances y otras cosas, link en mi perfil o pueden buscarlo por fb.

Hasta la proxima, se despide, Exelion.