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Siempre preparada

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Tal y como lo había previsto, Ron encontró a Hermione ordenando el cuarto de Percy. Aún estaba haciendo la cama cuando él entró a la habitación y cerró la puerta tras de sí.

—Entonces, ¿qué quería tu padre? —preguntó Hermione mientras dejaba la ahora abultada almohada de plumas en la cabecera de la cama y luego se sentaba en el borde de un viejo escritorio de madera.

—No quieres saberlo —refunfuñó Ron, deseando poder borrar de su mente la conversación.

—Oh —replicó ella al ver su cara sonrojarse levemente y darse cuenta de lo que había sucedido. Ron había sido forzado a tener 'la charla', esa mortificadora experiencia que casi todo adolescente debe tener con uno de sus padres tarde o temprano—. No pudo haber sido tan malo —concluyó finalmente—. Ni siquiera estuvieron más de diez minutos. ¿Dijo… dijo algo acerca de lo que vio en la cocina? —preguntó ella, incapaz de contenerse por más tiempo. La última cosa que quería era que sus padres pensaran que ella era alguna clase de "mujer promiscua". Se había esforzado mucho en ocultarlo, pero el hecho de que la Sra. Weasley creyera toda la basura que había leído sobre ella en la revista Corazón de Bruja, había molestado a Hermione enormemente.

—No, ni siquiera lo mencionó. Sólo dijo que… bueno, sólo me recordó que debía ser respetuoso. Ya sabes… —dijo Ron mientras sus orejas se enrojecían—. Que debo tratarte de la misma forma en que esperaría que algún tipo tratara a Ginny. Ah, y —añadió él, rodeando ojos—, también me dijo que mamá ha decidido que no debemos cerrar las puertas cuando estemos solos en una habitación.

—Pero… cerraste la puerta —exclamó Hermione asombrada y saltó del escritorio.

—Déjala —demandó Ron mientras agarraba su brazo y la alejaba de la puerta.

—Pero…

—No quiero que Fred y a George escuchen nuestras conversaciones privadas.

—Pero, tu mamá dijo que…

—Ahora ella no está aquí.

—Ese no es el punto —dijo Hermione severamente.

—Sí, lo es —respondió Ron—. Papá siempre dice 'lo que mamá no sabe no la lastimará', así que si me atrapan será su culpa.

—Ronald Weasley —dijo Hermione echando humo—. Si piensas que voy a permitir que te salgas con la tuya usando una pobre excusa como esa para romper las reglas de tu madre…

—Es una regla estúpida, Hermione —interrumpió Ron.

—No me importa —respondió Hermione—. Sigue siendo una regla y la vamos a seguir.

—No, yo no.

—¡Oh, claro que lo harás! —gritó Hermione fuertemente—. Porque si no lo haces —agregó ella, bajando la voz intencionalmente—, me cercioraré de que no estemos solos por el resto del verano.

Ron la miró boquiabierto por unos segundos antes de que consiguiera cerrar su boca y fruncir el ceño. Sabía lo que ella estaba haciendo y no lo iba a permitir. Si se daba por vencido ahora, sería mejor que admitiera que ella siempre lo tendría bajo control.

—Entonces creo que lo mejor será que salgas —dijo Ron al cruzar hasta la entrada, abrir la puerta y apartarse del camino para que ella pudiera irse.

—¡Bien! —gritó Hermione, preparada para poner a prueba su amenza—. «Si él no fuera tan malditamente testarudo...» —pensó ella para sí misma, incapaz de poder creer que estaban peleando otra vez por algo sin sentido.

—No te molestes —dijo Ron antes de que ella alcanzara medio camino hacia la puerta—. Ya estaba por irme, de todos modos. Eso es lo que vine a decirte.

—¿Irte? —preguntó Hermione, olvidando que se suponía estaba enojada—. ¿Adónde vas?

—Papá quiere que vaya con él a buscar tus cosas del colegio —dijo él, saliendo hacia el pasillo—. Las que tienes en tu casa.

—Yo voy —protestó Hermione siguiéndolo.

—No —replicó Ron bruscamente—. No es seguro —agregó—. Tus padres tampoco tienen pertimido estar allí.

—¿Por qué no? —preguntó Hermione con un tono lleno de preocupación—. ¿Qué es lo que está pasando?

—Nada —contestó Ron, arrepintiéndose de casi todo lo que había dicho desde que entró a la habitación. No quería pelear con ella y mucho menos no había querido asustarla—. Sólo despejaron el área para que Moody pueda reatrear tu hogar buscando maldiciones y cosas así. Ya sabes, sólo por precaución. Papá los convenció de que se fueran de vacaciones a algún lado para que cuando regresen, Dumbledore ya haya creado una barra protectora alrededor de la casa y todo se encuentre bien.

—No quiero que vayas si es peligroso.

—Estaré bien. Además, alguien tiene que juntar tus cosas y pensé que no querrías que papá o Bill lo hagan —informó Ron—. Mamá aún no ha regresado… Puede ser que convenza a papá para que deje a Ginny venir con nosotros si prefieres que sea ella quien…

—No, tienes razón —dijo Hermione al agarrar a Ron por el brazo, arrastrarlo dentro de la habitación y cerrar la puerta—. Es mejor que seas el que lo haga. Hay algunas cosas que… em… —ella bajó la voz hasta susurrar—…, que no quiero que tus padres vean.

—¿Qué clase de cosas? —preguntó Ron bajando la voz también. No sabía qué era más alarmante: si ell hecho de que acabara de cerrar la puerta y quebrar la regla de su madre después de haber hecho tanto alboroto, o que guadara algo tan escandaloso escondido en su habitación que no iba a tratar de convencerlo de no ir a su casa, incluso aunque él hubiera admitido que podría ser peligroso.

—Libros, más que nada —contestó Hermione mientras su cara se ruborizaba.

Ron no pudo evitar sentirse un poco decepcionado.

—Creo que mis padres ya conocen tu pequeño fetiche con los libros —replicó él.

—Basta —bufó Hermione mientras le golpeaba el brazo—. Éstos no son sólo libros corrientes —informó ella mientras caminaba hacia el escritorio de Percy y comenzaba a revolver los cajones—. Voy a escribirte una lista —dijo al agarrar una pluma y una botella de tinta, y comenzar a anotar frenéticamente en el pergamino que había encontrado en una de las gavetas—. La mayoría de ellos aún se encuentran en mi baúl, junto con todos mis apuntes. Estas dos están abajo de mi colchón —dijo subrayando los dos últimos títulos en la lista y entregando el pergamino a Ron—. Mejor revisa cuáles están en mi baúl para asegurarte de no olvidar ninguno.

Los ojos de Ron se abrieron exageradamente al ojear la lista.

Auge y Caída de las Artes Oscuras

Magia más Diabólica

Hechizos de Defensa

Embrujos para Embrujados

Compendio de Maldiciones Comunes y cómo Combatirlas

Cómo burlar a las Artes Oscuras

Moste Potente Potions

—¿Hermione?...

—¿Ahora ves por qué no quiero que tus padres los encuentren? —murmuró ella.

—¿Qué demonios estás haciendo con todos estos libros? —preguntó Ron con la voz debilitada por la incredulidad.

—Investigo.

—¡¡¿Investigas?!! —gritó él.

—¡Shhhhh! —susurró Hermione en un esfuerzo por tranquilizarlo.

—Pero… ¿dónde demonios los conseguiste? ¡¡Mierda!! ¿Los robaste de Hogwarts, verdad? —preguntó Ron sin poder creerlo.

—No los robé en realidad. Sólo los tomé prestado —aclaró.

—¡Claro, eso lo justifica todo! —exclamó Ron sarcásticamente—. ¡Sólo porque los hayas tomado prestado no significa que Madame Pince no vaya a notar que faltan en la Sección Restringida!

—No los saqué de la Biblioteca —respondió Hermione—. Honestamente, tengo consciencia para no hacerlo.

—¿Entonces de dónde?

—De la Sala de los Requerimientos —indicó ella como si fuese tan obvio que no era necesario preguntar.

—¿Cuándo?

—Durante nuestras reuniones de E.D. Francamente Ron, regresabamos juntos a la sala común. ¿Vas a decirme que nunca notaste que estaba llevándome libros?

—Tú siempre tienes un condenado libro bajo el brazo —replicó él.

—Ron, no maldigas —lo regañó, más por costumbre que porque pensara que él dejaría de hacerlo.

—Aunque este sí es de la Sección Restringida —dijo Ron señalando el libro 'Moste Potente Potions'—. Reconozco el título.

—Eh… en realidad, este es mío —admitió Hermione. Su cara se ruborizó ligeramente cuando Ron la miró extrañado—. Fue un regalo de Navidad de Sirius —explicó ella incómodamente.

—Nunca nos dijiste que te había regalado algo —dijo Ron, todavía dudando de si debía creerle o no.

—Eso fue porque me lo dio dentro de una caja llena de hierba gatuna junto a un estúpido pequeño juguete emplumado para gatos —indicó Hermione, tan avergonzada como irritada debido al giro que había tomado la conversación.

—¿Para Crookshanks?

—No —confesó Hermione mientras se tornaba completamente roja—. Para mí. Harry debió haberle contado lo que me pasó cuando bebimos la Poción Multijugos.

Ron trató de contener la risa y reprimir esa estúpida mueca divertida en su rostro cuando Hermione lo miró fijamente, pero no hizo un muy buen trabajo. Silenciosamente se preguntó si Harry sabría que su padrino le había gastado una broma a Hermione como regalo de Navidad.

—Busca la sección de Poción Multijugos cuando encuentres el libro —instruyó Hermione—. Encerró en un círculo la línea donde dice que es sólo para transformaciones humanas y le dibujó un pequeño gatito con una gran cola peluda.

Incapaz de aguantarse por un momento más, Ron se dobló de la risa.

—No es gracioso —indicó Hermione, furiosa.

—Sí… lo es —dijo Ron sin dejar de reír.

—¡Huy, cállate! —replicó ella irritablemente—. Hay algo más que necesito que me traigas —dijo bajando tanto la voz hasta que se convirtió en un susurro—. Pero no dejes que nadie lo vea.

Eso atrapó su atención. Ron inmediatamente se recompuso al mirar la seria expresión en su cara.

—Y tampoco lo guardes en mi baúl —indicó ella—. Tu mamá podría insistir en revisarlo más tarde. Los libros puedo explicarlos si tengo que hacerlo, pero no quiero arriesgarme a que se deshaga de esto.

—¿Se deshaga de qué? —preguntó él con cautela.

—En el último cajón de mi armario, del lado izquierdo, bajo mis jerseys encontrarás un… un envase con… algunas píldoras.

—¿Píldoras?

—Medicación muggle.

—Sé lo que son —contestó enfafado—. Pero ¿para qué las necesitas? ¿Qué tienes?

—Nada.

—Entonces, ¿por qué las estás tomando? —preguntó él al estudiarla lleno de sospechas—. ¿Y por qué no quieres que nadie lo sepa?

Hermione permaneció en silencio por unos segundos mientras miraba fijamente los ojos de Ron. Como si él pudiera adivinar sus pensamientos, Ron sabía que ella estaba debatiendo si debería decirle la verdad o intertar mentirle. Ese conocimiento sólo sirvió para profundizar su preocupación.

—«Si va a mentirme, es seguro que algo realmente grave está pasando».

—Bien, de acuerdo —dijo Hermione enfurruñada—. ¿Por qué contigo nunca nada puede ser simple?

—Empezar una pelea no va a funcionar —informó Ron. No iba a dejar que lo distrajera. No cuando algo malo pudiera estar pasandole—. ¿Para qué las necesitas? ¿Te pasa algo malo?

—No me pasa nada —admitió Hermione con un suspiro—. No es esa clase de medicamento.

Ron la estudió intensamente; no estaba seguro si debía creerle o no.

—No son para curar nada —le aseguró Hermione—. Son para prevenir que pase algo.

—¿Para prevenir que pase qué? —preguntó Ron, todavía preocupado.

—¡Oh, por el pellejo de Merlín! ¿Tendré que decirlo? —contestó ella en un tono agitado.

—¿Para prevenir qué, Hermione? —demandó Ron.

—Por favor, ¿no puedes dejarlo así? Ni siquiera las estoy tomando.

—¿Para prevenir QUÉ? —preguntó otra vez. Podía sentir cómo la furia comenzaba a expandirse por todo su cuerpo.

—Para prevenir que… —ella pse detuvo en la mitad de la oración y bajó la voz—… que quede embarazada —murmuró mientras su cara se ensombrió al instante—. ¿Está bien? ¿Estás feliz ahora? —preguntó Hermione irritablemente.

—¡¿Embarazada?! —gritó fuertemente mientras su cara ardía y se tornaba de un color escarlata, incluso más brillante que el de Hermione—. Tú no… tú no has… Maldita sea, no con… —tartamudeó Ron mientras su vergüenza se convertía en furia.

—¡Por supuesto que no! —gritó Hermione, indignada—. ¡Viktor jamás me tocó!

—¿Él no…? —comenzó a preguntar Ron.

—No.

—¿Tú no has…?

—¡NO!

—¿Nunca?

—¡JAMÁS! ¿Y tú? —preguntó ella cuando la pregunta repentinamente apareció en su mente.

—¿Qué?

—¿Has hecho alguna vez...? Ya sabes... ¿eso?

Ron ignoró la pregunta y cuestionó en respuesta.

—Si no lo has hecho, ¿entonces por qué necesitas esas… cosas?

—Primero responde a mi pregunta —demandó Hermione—. ¿Ya lo has…

—No.

—¿Ni siquiera te acercaste? —presionó ella.

—Una vez —admitió Ron—. Anoche.

—Parece que has respondido tu propia pregunta entonces, ¿no? —replicó Hermione. El calor de su cara estaba tan intenso ahora que tenía miedo de prenderse fuego si la conversación seguía por más tiempo.

—¿Qué? —preguntó Ron. Frunció su ceño confundido mientras repetía el comentario una y otra vez en su cabeza—. Ah —pronunció débilmente cuando comprendió lo que le había querido decir.

—Sólo porque tenga las píldoras, no significa que estoy lista para…, tú sabes…, hacerlo —dijo Hermione al mirarse los pies—. Y aunque las estuviera tomando, cosa que no hago, tomaría un tiempo que comenzaran a funcionar. Nada más quería estar preparada si…, cuando… bueno, tú me conoces. Siempre estoy preparada.

—No necesitas tomar esas cosas —indicó Ron—. Eres una bruja. Todo lo que tienes que hacer es lanzar un encantamiento de contracepción. Oh… «su mamá es muggle —pensó él—. No sería capaz de enseñarle cómo hacerlo». No importa —le aseguró Ron—. Bill y Charlie nos enseñaron a mí y a los gemelos cómo… —titubeó y se sonrojó profundamente una vez más—. Bueno, me enseñaron qué hacer hace tiempo.

—La verdad es que tu madre me enseñó cómo hacer ese encantamiento el verano pasado.

—¿Mi mamá? —preguntó Ron luciendo completamente horrorizado.

—Nos enseñó a Ginny y a mí.

—¿A GINNY? —gritó Ron furiosamente—. Ella es muy pequeña para andar haciendo esas cosas.

—¿Te das cuenta de que tengo prácticamente su misma edad? —preguntó Hermione.

—Tú no eres mi hermanita —murmuró Ron.

—Pero tengo prácticamente la misma edad que tu pequeña hermanita. Aunque estoy de acuerdo contigo, soy muy jóven.

—No dije que tú fueras muy jóven, dije que Ginny lo era. Además, tu cumpleaños es en septiembre.

—Eres imposible —indicó Hermione al negar con la cabeza—. Sólo tráeme las píldoras.

—Está bien, pero ¿por qué? Si puedes hacer el encantamiento, ¿para que te molestas en tomar esa basura muggle?

—Porque es mucho más fácil y… eficaz.

—¿Cómo puede ser más eficaz que la magia? —preguntó él.

—A veces no es tan fácil recordar cómo hacer el hechizo antes de… ya sabes. Y tienes que hacerlo cada vez para que sea efectivo. Sólo pregúntale a tu madre. Si te olvidas, aunque sea una vez, puedes terminar con… gemelos.

—Esos dos no fueron un simple accidente, sino una maldita catástrofe —Ron trató de bromear.

—No deberías hablar así de tus hermanos. Sabes que los quieres.

Ron sólo la miró como si la idea misma lo enfermara.

—De todas maneras —continuó Hermione—. Mi punto es que el camino mágico no es necesariamente el mejor—. «Además, no tengo manera de saber si el encantamiento de contracepción interferirá con el otro hechizo que voy a hacer —pensó ella.— Sólo voy a tener un tiro y hay demasiado en riesgo como para echarlo todo a perder».

Antes de que Ron pudiera replicar, hubo un golpe en la puerta. Arthur Weasley esperó un segundo y entonces empujó la puerta para entrar en la habitación.

—No estoy interrumpiendo nada, ¿o sí? —preguntó él.

—No, señor —respondió Hermione rápidamente.

—Sólo estábamos hablando —añadió Ron.

—Y usted tiene mi palabra de que no haré nada inapropiado con Ron bajo de su techo —continuó ella.

—¡Hermione! —gimió Ron fuertemente mientras su cara se ruborizaba—. «¿Te has vuelto totalmente loca?» —intentó decirle con la mirada.

—¿Qué? —preguntó ella, obviamente sin compartir la mortificación de Ron—. Tus padres tienen que ser capaces de poder confiar en nosotros— explicó ella.

—No hay necesidad de preocuparse por eso —rió el Sr. Weasley—. Molly apenas me decía esta mañana cuán afortunados éramos de que Ron haya elegido a una jovencita tan responsable para…

—¡Maldita sea! —chilló Ron con el rostro del mismo rojo fuego de su cabello—. Papá, por favor…

—Muy bien, hijo —rió el Sr. Weasley mientras tocaba el hombro de Ron—. ¿Estás listo para partir? —preguntó él—. El traslador que Dumbledore dejó está por activarse en cinco minutos, más o menos.

—Sí, estoy listo —refunfuñó Ron—. Tengo una lista y todo —añadió él, sosteniendo el pergamino en alto para que su padre lo viera.

—No estaremos fuera mucho tiempo —le informó el Sr. Weasley a Hermione—. Bill está abajo y Fred y George están encerrados en su cuarto haciendo sabe Merlín qué cosas. Estarás perfectamente segura. ¿Nos vamos? —le preguntó a Ron y señaló hacia la puerta.

—Sí, estaré abajo en un minuto —dijo Ron, esperando que su padre se diera cuenta de la indirecta y se fuera.

—No puedo detener el tiempo —advirtió él desde la puerta.

—Lo sé. Enseguida bajo —aseguró Ron.

El Sr. Weasley sonrió astutamente y entonces caminó hacia la escalera.

—Toma —dijo Ron mientras alcanzaba los bolsillos traseros de sus pantalones y sacaba su varita—. Por si acaso —añadió él, entregándosela a Hermione.

—Ron —dijo Hermione asombrada mientras miraba dentro de sus determinados ojos azules-. ¿Y qué si la necesitas?

—No la necesitaré —dijo él dándosela con una sonrisa segura—. Pero sabía que te preocuparías, así que tomé prestada la de Ginny.

Hermione no hizo ningún movimiento para tomar la varita de sus manos, así que Ron la puso sobre el escritorio. Lógicamente, él sabía que debía quedarse con su propia varita y dejar la de Ginny con Hermione, pero por alguna razón se sentía mejor sabiendo que dejaba la suya con ella. De algún modo, la sentía como una extensión de sí mismo y se sentía mejor sabiendo que ella la tendría para protegerse si algo llegara a pasar. Además, no era como si nunca antes hubiera usado las varitas de sus hermanos. Había pasado sus primeros dos años en Hogwarts con una varita usada, después de todo. No tenía duda de que la varita de Ginny le funcionaría, aunque no estuviera afinada a él específicamente.

—Te veo luego —dijo Ron mientras doblaba la lista de libros que Hermione le había dado y la introducía en su bolsillo—. No dormiste lo suficiente ayer —continuó al acercarse a la puerta—. ¿Por qué no tomas una siesta?

—La verdad es que no es tan mala idea —admitió Hermione. Se sentía bastante agotada. Una buena siesta probablemente ayudaría.

—Se lo diré a Ginny —dijo Ron al caminar hacia el pasillo y cerrar la puerta detrás de él.