Aclaración de puntos:

1. -Las acotaciones son estas

"Lo que el personaje piensa"

Hablando el personaje

(Cuando yo interfiero)

oooooooooo Cambio de escenario ooooooooooooo

2. – Ningún personaje de Beyblade ni la idea original es mío, todo es de su creador Takao Aoki solamente el personaje de Aiko es de mi invención (más o menos), al igual que la trama de este fic

3.- Este va a ser un fic clasificación R, no porque haya mucho lemon pero si un poquito, además no me gustaría alguna demanda por alguien que no aguantó, así que si lo leen es bajo su propio riesgo, y no me manden reporte, se siente bien feo que te eliminen tu fic

4.- Aquí hay yaoi así que los que son homo fóbicos ya están advertidos de antemano

5. – Aunque sea un poco de Kai/Ray, voy a tener una nueva pareja :D

CRISIS

Había abierto sus ojos de forma lenta y pesada, trató de enfocar algún punto en el techo pero todo estaba a oscuras gracias a las gruesas cortinas que cubrían aquella ventana. Lentamente se fue sentando en la orilla de la cama, notando casi de inmediato dos cosas, la primera que su compatriota no lo había visitado en toda la noche y segunda que le dolía mucho su cabeza, además de que, en cuanto se sentó, sintió un pequeño mareo que le hizo gruñir de molestia.

Podía notar su cuerpo pesado como una roca y su respiración algo áspera, lentamente se dirigió hacia aquél pequeño cuarto que servía por baño en su habitación y se dispuso a ducharse. Abrió el agua caliente y rápidamente un vapor comenzó a cubrir el lugar hasta llenarlo en su totalidad. Lentamente comenzó a quitarse lo que restaba de su ropa, ya que había dormido con el torso desnudo.

Después de tanto tiempo en la abadía el frío ahora no le hacía mella, o al menos no tanto. Metió su cuerpo debajo de aquél chorro de agua caliente – ya más o menos templada con agua fría – y dejó a su cuerpo descansar porque, si bien había dormido, se sentía muy cansado, fatigado, y no entendía la razón. Las finas perlas recorrían su cuerpo entero dejando un rastro y luego desapareciendo rápidamente.

Su cara, bajo aquél chorro, con sus facciones relajadas, el cabello rojo como el fuego y la piel blanca como la nieve, le hacían lucir como un ángel, así, calmado, tranquilo, y tan alejado de la realidad, lo único que contrastaba, eran aquellas ojeras bajo sus hermosos ojos que eran de un color azul como el hielo. Se dejó ir en aquella sensación de relajación por no supo cuánto tiempo, hasta que se sintió fastidiado y al fin salió.

Se puso una toalla sobre su cuerpo, cubriéndolo desde la cintura hasta arriba de la rodilla, dejando que algunas gotas se escurrieran desde su cabello hasta caer en su cuerpo, y perderse en un recorrido hasta aquella toalla. Caminó lentamente hasta el lavamanos y se colocó frente a un espejo que ahí había, empañado por aquél cálido humo, levantó su mano y comenzó a limpiarlo.

Miró su rostro reflejado en aquél espejo, sus ojos azul ártico antes llenos de coraje, vitalidad y determinación, ahora un tanto apagados, debajo de ellos había unas marcas negruzcas denotando su cansancio, sobre su pecho, algunos hematomas no curados todavía, no supo que dejó soltar un suspiro. Poco a poco el espejo comenzó a empañarse de nueva cuenta y él, salió de aquella habitación.

Caminó despacio hasta donde tenía guardado su ropa, y sacó sus clásicos pantalones blancos que hacían juego con su chaquetilla blanca, sin embargo, cuando se disponía a ponérsela, volvió a sentir aquél leve mareo, aunque ya no era tan leve, así que tuvo que asirse de lo primero que sintió al alcance de su mano para no caer, no entendía o no quería comprender qué era lo que tenía, así que sin más, y con una leve sacudida de su cabeza, alejó aquél mareo y siguió con lo suyo.

De pronto, casi instintivamente levantó su cabeza y volteó hacia las gruesas cortinas cerradas, entrecerró los ojos y volvió a soltar un suspiro, no sabía por qué pero presentía problemas, y tal vez muy graves. Volvió a sacudir su cabeza y lentamente se dirigió hacia la salida de su habitación, encontrándose con el objeto de sus desvelos – literalmente hablando – afuera, sentado en un sillón, en la pequeña sala que tenía aquella habitación, viendo fijamente a la nada.

Le extrañaba enormemente que estuviera ahí, casi siempre o se quedaba en su habitación sumido en la oscuridad y en silencio o bien salía desde temprano y no sabía nada de él hasta la hora de la comida o inclusive más tarde, pero ahora, se encontraba ahí. No entendía qué era lo que pasaba, y si trataba de pensar su cabeza le dolía hasta el punto que creía que le iba a estallar pero, a pesar de eso, logró encajar los eslabones.

De pronto todo tuvo sentido, si la noche anterior no había habido la clásica sesión de sexo que, sea dicho de paso, nunca había faltado, era porque el bicolor no había dormido en toda la noche. Se había quedado ahí, como zombie, viendo sin ver en realidad, y lo más probable es que se había quedado la noche en vela, pensando en el chino ojiámbar, y en su fugaz encuentro.

En solamente unos instantes sintió, celos, furia, tristeza, desesperación, decepción, depresión y, tal vez muy en el fondo, alivio, aunque éste último no lo creyó del todo probable, puesto que no era frecuente cuando lo sentía y podía confundirlo. Caminó lentamente hacia él, haciendo el menor ruido posible y algo distraído de sus acciones, viendo al bicolor, con su respiración acompasada, la mente en otro lado, sus ojos distraídos, y las facciones, por increíble que le parecieran, relajadas.

Era como si estuviera dormido pero a la vez no, ya que si hubiera estado dormido habría ocurrido lo de costumbre, levantó su brazo para posarla lentamente sobre el hombro del ojirubí pero, cuando estaba a unos cuantos centímetros, algo sacó al ruso-japonés de su ensoñación y al pelirrojo lo dejó con la mano en el aire, no fue difícil saber de quién se trataba ya que, lo primero que escucharon, fue el nombre de la contraparte de su "novio" y la voz que escuchó después fue la de cierto gruñón pelilavanda.

Pudo notar cómo el ruso-japonés recobraba su compostura y se paraba de aquél sillón para dirigirse a la puerta y salir de la habitación, lo que no pudo notar fue cómo sus pies lo llevaban a seguir al ojirubí sin siquiera pensarlo hasta que ambos llegaron al mostrador donde se quedaron parados, quedando a la vista del resto de los ocupantes de dónde se hospedaban

- Vámonos – habló cortantemente la ojirubí y dirigiendo su mirada al pelirrojo y al bicolor

- Aiko, al menos escúchame lo que tengo que decirte –dijo el pelicastaño al ver que la chica seguía caminando sin prestarle atención – Aiko, no pueden irse

- Mira como lo hago – le dijo con voz retadora

- No, no puedes… Los caminos están cerrados, anoche se desató una tormenta y no ha parado desde entonces. Ningún avión despegará por ahora y no sé hasta cuando

- ¿Por qué habría de creerte? Ya me has mentido una vez

- Lo que te digo es verdad, si no me crees, abre esa puerta y velo por ti misma.

La bicolor, aún escéptica, caminó a toda prisa hasta la puerta, estando a punto de caerse por el problema con su tobillo. Rápidamente la abrió y notó como el lugar estaba sumido en la oscuridad, el viento era muy fuerte y la nieve que caía lo hacía sin misericordia, en verdad estaban en medio de una tormenta. Pero aún así parecía que eso era un sueño, una pesadilla, y con pasos automáticos, salió de la seguridad del hotel, siendo golpeada inmediatamente por aquél viento tan frío que se sentía que cortaba.

Mientras tanto, el ruso-japonés y el ojiártico caminaron hasta llegar a una ventana que estaba junto a la puerta y, desde ahí, vieron el mismo panorama que la chica, sería prácticamente imposible salir de ahí sin congelarse en el trayecto. Todos notaron cómo, por la debilidad de su cuerpo, el viento tumbó a la nieve a la chica y sus vagos e inútiles intentos por poder levantarse.

Nadie pudo ver cuando un chico de cabello largo y negro como la noche salió a toda velocidad dispuesto a ayudar a la chica, llegando en muy poco tiempo a su lado y rodeándole con sus brazos el cuerpo de ella protegiéndola del viento cortante, intentando ayudarle a volver al lugar de dónde había salido, pero el viento era muy fuerte y estaba dificultándole las cosas

Lo que el pelirrojo si notó, y claramente, fue el momento en que cierto ruso pelilavanda había salido de la seguridad del lugar para ir a ayudar a aquella mocosa, a su punto de vista, mientras que el ojirubí, le había visto como si el ojilavanda hubiera ido a ayudar al neko-jin. Así, entre el pelinegro y el pelilavanda ayudaron a la ojirubí a levantarse y volver a la seguridad y calidez del hotel, cerrando la puerta el pelicastaño inmediatamente después de que los otros hubieran entrado

Antes de que se percatara alguno de la cercanía de ellos, el ojiártico y el bicolor se alejaron del lugar, quedando junto al mostrador, como momentos antes habían estado, como si nada hubiera pasado. Cuando al fin lograron ingresar, la chica se dejó caer sobre sus rodillas viendo de forma incrédula la tormenta a través de la misma ventana donde momentos antes los otros dos lo habían estado haciendo.

La chica mantenía su mirada clavada en aquella tormenta, sin prestar atención a nada más a su alrededor, simplemente perdida en sus pensamientos, en aquella realidad que la acababa de invadir, y a ella la observaban fijamente tanto el pelinegro, el ruso y el pelicastaño. Los otros dos invitados observaban atentamente la escena, sabiendo que estarían atrapados ahí, con sus "queridos acompañantes" y sin salida, por un largo tiempo

- Parece que no hay remedio – le dijo el pelinegro a la chica, pero ella no le prestó atención

- Con un demonio – fue la única contestación del pelilavanda

Sin hacer el menor ruido, el ojicarmín se dio media vuelta y se retiró de aquél lugar, sin embargo, el pelirrojo se quedó ahí, viendo fijamente cómo el ojilavanda ayudaba al pelinegro a poner a la chica en pie y sentarla en el sofá que había ahí cerca. Sin más que hacer y sin intenciones de decir nada, se dio media vuelta para retirarse de ahí de la misma forma que lo había hecho su compatriota, pero, al hacerlo, volvió a notar aquél mareo que se le presentó desde la mañana, haciéndole que tuviera que sostenerse sobre la pared.

Inconscientemente sostuvo su cabeza con su mano derecha mientras la izquierda le servía de soporte, aquello ya le empezaba a parecer demasiado incómodo, tal vez no estaba descansando lo suficiente, aunque no lo creía, podía estar hasta una semana sin dormir y sin ni siquiera resentirlo, así que aquella idea la descartó casi al instante. Pronto, aquél malestar desapareció, así que reemprendió su camino, sin notar que un par de ojos se percataron de aquél tambaleo que había tenido.

El pelinegro estaba terminando de ayudar a la chica a acomodarse en el, al menos, cómodo sillón, y él se sentó a su lado, viéndola fijamente y sin decir nada, al igual que el pelilavanda, que se quedó frente a ella parado y estático, como si fuera una estatua. La ojirubí se mordía el dedo gordo de su mano derecha en señal de nerviosismo, al comprender la situación en la que se encontraban. Todos estaban en silencio.

- Aiko… - Rompió el silencio el pelicastaño, sin embargo la aludida no contestó, así que desistió de su intentó y se le quedó mirando fija y tristemente

- Pues bien – Ahora empezó el pelilavanda – Parece que estamos jodidos

- Ya lo sé – Contestó la chica en voz queda

- Y bastante jodidos diría yo – volvió a repetir el ojilavanda

- Ya lo sé – Repitió su respuesta la ojicarmín con un tono de voz más fuerte

- Como ratones en ratonera – Rió un poco ante su comentario

- Ya te dije que ya lo sé – Volvió a repetir otra vez un poco más fuerte y con tono de enfado

- Estamos atrapados – Otra vez sonó la voz del ruso, mientras mostraba una sonrisa socarrona

- ¡¡Ya te dije que lo sé Bryan!! – Gritó ahora la bicolor al tiempo que se paraba y enfrentaba al ojilavanda que tenía en frente – ¡¡¿¿Crees que no sé que estamos aquí, con ellos, con el peligro inminente y sin salida??!! ¡¡¿¿Crees que desperté esta mañana y dije que tenía ganas de quedarme atrapada con las personas a quienes más odio en el mundo en la misma cabaña y sin posibilidades de salir??!! ¡¡¿¿Crees que todo esto fue mi idea??!! ¿Eh? – Su mirada denotaba el odio que sentía en aquellos momentos por el chico ruso

- Aiko… – Intentó intervenir el pelinegro, sin embargo la risa, extrañamente jovial, del otro, no le permitieron presentar ningún argumento a su favor

La ojirubí no aguantó lo que, a su parecer, era una mofa hacia su persona, así que, sin siquiera hacer mucho caso a lo que hacía, tomó lo primero que tuvo a su alcance, que era un florero con plantas artificiales y se lo arrojó con todas las fuerzas que tenía, directo a la cabeza del pelilavanda, sin embargo, éste lo esquivo sin siquiera hacer el menor esfuerzo. A pesar de lo divertido que le resultaba, calló su risa.

- ¿¿Qué te crees que esto es un juego, Kutnetzov?? Porque déjame decirte que a mí no me lo parece, y estás a un ápice de agotar mi paciencia

- Pues si cuando estoy a punto de agotar tu paciencia me lanzas un florero, quiero saber qué me lanzaras cuando la agote, tal vez el sofá – rió de nuevo, pero en bajo y controlado

- Mira Kutnetzov… - amenazó la ojirubí

- No, tu mira niña – Dijo el otro, ahora serio y sin un ápice de diversión – Estamos aquí, atascados, de eso no le cabe duda a nadie, pero no podemos hacer nada, más que prepararnos para lo peor. Conozco a Ivanov, y es un cadillo bien pegado en el trasero, y ten por seguro que tampoco está muy feliz de tenernos tan cerca, hará lo posible para sacarnos del camino, porque para él, tu Kot, eres todavía su enemigo – vio que el aludido iba a contestar pero le interrumpió – aunque en realidad no lo seas, en su retorcida mente él cree que aún andas por el idiota ese, y si tu eres su enemigo, eres el que corre más peligro – El lugar se quedó en silencio por unos segundos – Así que tú decides mocosa, o actúas como una niña asustada o mejor ponemos manos a la obra antes de que nuestro felino amigo regrese a casa más frío que este clima – Miró a la chica a los ojos de forma fija

- Para ser un chimpancé morado a veces piensas cosas muy útiles – Respondió con una sonrisa socarrona

- Me lo dice una mocosa que a la primera se pone a llorar como bebé, je

- Imbécil – Dijo la ojirubí con una mirada fría que podía hacer competencia a la de su contraparte

- Idiota – Le respondió el ruso con una mirada que no tenía nada que envidiar a la de la chica

El silencio se hizo presente, lavanda y rubí se hacían frente, chocando en una batalla sin palabras. El pelicastaño veía todo en silencio, sin saber si intervenir o no, preocupado por la nueva actitud de la que alguna vez fue su alumna y amiga, y ahora le odiaba. De pronto, comenzó a escucharse una pequeña risa, que poco a poco se fue convirtiendo en una carcajada, por parte del ruso pelilavanda, siguiéndole una más discreta risa por parte de la chica, y el ojiámbar, aligerando inmediatamente la intención ya que eran risas de alegría, honestas, y desconcertando por completo al presente.

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Caminó lentamente de vuelta a su cuarto, pensando en cómo su compatriota ruso, había ayudado a aquella chica, no lo comprendía, siempre creyó que, al único que ayudaba el pelilavanda, era a él, pero parece que estaba equivocado. Recordó los momentos en los que Boris los maltrataba al punto de dejarlos muertos, el ojilavanda seguía enfureciéndolo para que se olvidara de él, y todo el odio que tenía se concentrara en su persona.

Cuando tenía fiebre, el pelilavanda disminuía el ritmo de sus ataques para que Boris no detectara su enfermedad. También recordaba las peleas constantes que tenían, desde que amanecía hasta que caía la noche, sin percatarse, ese recuerdo de hizo sonreír. De pronto, inmerso en sus pensamientos, escuchó la risa del ojilavanda, era la clásica risa socarrona que tenía para con él. Eso le hizo sentir nostalgia y tristeza deteniendo su paso en el umbral de su habitación.

Aquella risa era para él, nunca la había tenido para nadie más, es más, si reía en medio de una batalla, era una risa rayando en lo maniaco, sin embargo, cuando reía, esa era la risa. No importaba que aquella risa le sacara de quicio, no importaba que si escuchaba aquella risa, eso significaba que él había perdido, esa era la risa para él, nadie más debía de escucharla

Eso no era posible, para todo el mundo, el ruso pelilavanda no era más que un chico maniaco, sediento de poder y fuerza, carente de emociones, para todo el resto del mundo, él debía ser nada más que eso, aunque él supiera que en realidad era una persona no agradable y sumamente odiable pero que, sin embargo, podía tener algún rastro de humanidad dentro de su ser.

Él mismo lo había visto, él mismo había tenido la oportunidad de verlo y comprobarlo, y él era el único con el derecho a seguir viendo aquella faceta, nadie más debía verla, ese era su privilegio, él se lo había ganado al convivir tanto tiempo juntos y haber tenido que soportar a aquél engendro demoniaco por tanto tiempo. No pudiendo soportar tanto coraje, tiró un golpe en seco a la pared, y se quedó de esa forma, viendo al suelo.

Se sentía frustrado, enojado, cansado, estresado, mil y un cosas y a la vez ninguna. De pronto, escuchó algo completamente distinto, una risa que no conocía, pero sin embargo sabía de quién provenía. Era del mismo tipo que le sacaba de quicio a cada rato, pero no era la misma risa de siempre, esta era más… libre, honesta, jovial… no podía creerlo, aquello no era posible.

Cómo podía ser que un ser tan sádico como él, tuviera una risa tan alegre y carente de sarcasmo, a su risa le siguieron las otras dos, que compartían aquella felicidad. No lo podía comprender, era simplemente increíble aquello. Sin saber qué pensar se quedó viendo al pasillo de dónde aquellas carcajadas venían, con una mirada atónita. El mundo se había vuelto loco.

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Se había dado media vuelta y alejado de ahí sin que nadie le notara, no es que le interesara que alguien supiera de su retiro, pero era su costumbre ser sigiloso. Había notado claramente cómo el pelilavanda había salido del lugar en busca del ojiámbar, para ayudarle a volver junto con la mocosa esa. No podía creerlo, no quería creer que aquél idiota hubiera entrado en el mundo del chino.

Sentía su sangre hervir nada más por lo que vio; no era posible, el chino era suyo y de nadie más, era de su propiedad, no importaba que no estuvieran juntos, nadie tenía derecho a tomar algo que era suyo por derecho. Sin poder contener su ira golpeó con un lado de su puño a la pared mientras su mirada seguía fija al frente llena de odio para cualquiera que se le acercara.

En su cara se podía denotar el odio profundo que en esos momentos estaba sintiendo, su ceño fruncido y su mandíbula apretando sus dientes entre ellos lo reflejaba completamente. Ella, ella era la culpable, siempre era la culpable de todo lo que acontecía, si el chino permitió que el pelilavanda fuera tan cercano a él, fue por la causa de ella, no le cabía la menor duda.

Seguramente estaba haciendo todo eso por fastidiarlo, apretó aún más la mandíbula al grado que sus dientes rechinaron, sin embargo después relajó la expresión y sonrió de medio lado. Si ella quería jugar sucio, se había metido con la persona equivocada, le haría pagar muy caro él haber alejado al pelinegro de su lado, de haberle hecho olvidarle, por que el ojiámbar era de él, siempre lo había sido y siempre lo será.

No dejaría que nadie más le tocara, por que él había sido el primero y, ahora que ya no estaban juntos, él sería el último en tocarlo, y le haría pagar también al pelinegro aquella infidelidad hacia su persona, le recordaría bien quién es su amo, de quien es dueño, le haría rogar por su cuerpo y le haría saber que nadie más aparte de él puede tocarlo, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Ray Kon era suyo desde el primer día que lo tomó y hasta el fin de su existencia.

Así, entró en aquella habitación que compartía con su compatriota pelirrojo y se encerró en su cuarto, tenía que pensar, y pensar muy bien en cómo le haría pagar tanto a aquella chiquilla como al pelinegro, nadie se burlaba de Kai Hiwatari y se salía con la suya. A lo lejos pudo escuchar la risa estúpida del pelilavanda, ocasionando esto que sus deseos de venganzas se incrementaran. Afuera, la nieve seguía cayendo sin compasión.

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La chica se dejó caer de nuevo en el sillón ocasionándose un ligero dolor en el tobillo demasiado efímero como para siquiera preocuparse de haberse lastimado. Su mirada se perdió viendo de nueva cuenta la ventana, el cómo la nieve caía con fuerza arrasada por el viento, cubriéndolo todo, impidiendo la visibilidad y cualquier posibilidad de salir de aquél lugar esa noche, o en las siguientes. Soltó un suspiro

- Pues bueno – dijo la ojirubí rompiendo el silencio – parece que no tenemos salida

- Esto me suena a déjà vu – respondió el ojilavanda de forma irónica

- Imbécil

- Ya basta – les paró un pelinegro aún sonriendo por la forma en cómo se demostraban afecto sus dos amigos - En lugar de estar demostrándose tanto amor, mejor pensemos en qué haremos ahora

- Yo no lo quiero ni siquiera lo soporto/No digas estupideces kot – respondieron los dos al mismo tiempo

- Pero bueno – volvió a soltar otro suspiro la bicolor – Yo creo que no tenemos otra más que volver a nuestra habitación, intentar pasarlo lo mejor posible y, en cuanto mejore un poco el clima, irnos lo más rápido de aquí antes de que Tala quiera hacer picadillo, Ray

- Y eso en el mejor de los casos – respondió el pelilavanda

- ¿Y en el peor?

- No creo que quieras saberlo – sonrió de una forma sonría que hizo que al neko-jin le diera un escalofrío por toda la columna vertebral

- Deja de darle tantos ánimos a Ray – le reprendió la chica

- Bueno, yo solamente le advertía

- Aiko... – se escuchó una débil voz interrumpiendo la conversación

- Vamonos a la habitación – respondió la chica haciendo caso omiso al llamado y dirigiéndose al corredor que los llevaría a su destino

- Aiko, escúchame – volvió a insistir el pelicastaño con voz más enérgica parándose frente a ella impidiéndole seguir su paso

- No Kyouya, ya nunca volveré a escucharte, confié en ti y me traicionaste – vio al otro desviar la mirada

Los ojos de la chica demostraban todo el odio y rencor contenido en su interior, mostrándose fríos, peligrosos, simplemente igual a los de Kai. Aquella expresión no pasó desapercibida en el pelinegro, notando cómo aquellos ojos eran iguales a los de quien una vez amo con todo el corazón y, para qué negarlo, seguía amando profundamente, y ante todo eso, sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado que logró desaparecer casi inmediatamente antes de que alguien se diera cuenta. No fue consiente de que no pudo escapar de la mirada astuta del ruso.

- Vamonos – soltó el ojilavanda rompiendo el silencio que se había formado

- Sí

Llegaron en silencio a su habitación sin decir otra palabra más, el pelilavanda se dejó caer sobre el mullido sillón, mientras el chino se dirigía de nueva cuenta a la cocina y comenzaba a preparar algo para comer, no tenían mucha hambre, recién habían comido, pero sentía que el cocinar le ayudaba a relajarse y a poder pensar, la chica, después de haber cerrado la puerta tras ella, se quedó parada entre el sillón y la cocina, con la cabeza algo gacha.

Sentía coraje, impotencia, se sentía atrapada. Volteó a ver al ruso y notó su mirada perdida en un punto de la habitación, con el seño fruncido y parecía estar pensando en algo muy seriamente, lo más seguro es que tuviera que ver con cierto chico pelirrojo. Después se volteó a ver al ojiámbar, notándolo muy concentrado en su quehacer, tratando de controlar sus sensaciones. Soltó un suspiro

- No te preocupes – rompió el silencio el chino y llamando la atención de la ojicarmín – Nos las arreglaremos

- Sí – el silencio volvió a reinar el lugar – Voy a mi cuarto

Nadie contestó a su comentario, así que simplemente desapareció de aquél lugar sin que nadie notara la pequeña sonrisa que se formó en sus labios. El ruso mantenía la mirada perdida y su seño fruncido, mientras a su espalda, donde había una ventana, se podía escuchar el fuerte viento que había afuera. Todo sus pensamientos iban dirigidos hacia una sola persona, sus puños estaban cerrados tan herméticamente al punto que sus nudillos se volvieron blancos.

Odiaba aquella sensación que tenía y que no podía descifrar completamente, lo único que comprendía con claridad era que quería salir y darle una buena paliza al bicolor ese, y de pasada al pelirrojo, ¿por qué? Tal vez nada más por puro placer, pero de seguro eso lo relajaría un poco. Soltó un bufido tratando de contener la risa y satisfacción que aquella acción le proporcionaría.

- Si haces eso seguramente tendríamos más problemas de los que ahora tenemos – Habló de pronto el pelinegro sacando de sus pensamientos al pelilavanda

- No sé de qué hablas – Respondió con una media sonrisa de lado y algo socarrona, sin dejar de ver fijamente aquél punto en el infinito

- Claro – Su tono de voz denotaba sarcasmo

- Te preocupas demasiado – Su sonrisa se ensanchó aún más al tiempo que volteaba a verle

- Será por que tus acciones siempre son imprudentes - también sonrió, por un breve instante, y luego volvieron a tomar seriedad – Parece que las cosas se tornaron un tanto difíciles

- No tanto como crees – Le respondió mientras se encogía de hombros y cerraba sus ojos – Simplemente debemos estar alertas ante cualquier situación – Se hizo otro silencio momentáneo – A todo esto Köt – Se vieron fijamente a los ojos

- No importa – Le respondió antes de que el otro pudiera formular siquiera la frase – Ya te lo dije la otra vez, ahora él me tiene sin importancia, no dejaré que vuelva a lastimarme

- Si tú lo dices – Respondió quitándole importancia al asunto y volviendo a posar su mirada en un punto en el vacío y dejando que el otro siguiera con su trabajo

Mientras, en una habitación, iluminada únicamente por una pequeña lámpara de noche, la bicolor permanecía recargada en la puerta entre cerrada de su habitación, escuchando atentamente la conversación de sus dos compañeros. Su mirada oculta tras su flequillo no permitía mostrar lo que sus ojos expresaban, sin embargo, una sonrisa un tanto malvada afloró sobre sus labios, al tiempo que cerraba por completo la puerta y se dirigió a descansar un rato.

NOTAS DE LA AUTORA

Hola a todos. !!!!!!! Pues bien, aquí termina otro capítulo de esta historia :D sé que me he tardado décadas en actualizar en serio lo siento L y de seguro más de uno ya dio por perdida esta y todas mis otras historias, pero eso del bloque mental está difícil, no hallaba y todavía no hayo cómo terminar estas historias o bien, mejor dicho, cómo seguirles, sé cómo quiero que terminen pero mmm como que medio me bloquee en esto del nudo de la historia XD. Pues bueno, sé que está muy cortito el capi, pero mmm es mejor algo que nada no? XD ok no -_-. Ya saben, acepto críticas constructivas, jitomatazos, chicles, cacahuates, dulces , palomitas y garapiñados :P y pues, nos vemos en el siguiente capítulo que espero no tardar otra eternidad en terminarlo por que la verdad se me hace que primero terminaré esta, luego Odio la escuela y hasta el último la de ayúdenme a volver a vivir, para así llevarles un ritmo más o menos constante, pero aún no sé. Bueno, ahora si ya me despido, cuídense mucho y dejen reviews :D

Matta nee