Capítulo XIV

Durante todo el día iba de un lado a otro, en realidad yo tenía ningún deber en el sepelio de Thráin II, quise dejar a los Enanos llorar entre ellos con la mayor privacidad posible.

Las tristes noticias se difundieron y Bardo esa misma tarde fue a presentar sus respetos y estaría presente en el funeral, pero los Elfos de Thranduil no se presentaron para rendir honores al viejo rey y no habían señales de que fueran a presentarse en el funeral.

En medio de ésas me encontré con Réa que venía de afuera con rostro acongojado.

-Lamento tanto esto… sé lo que significa para todos los Enanos- le dije en señal de condolencias.

-Lo sé- respondió ella -Gracias Bella-

-¿Y Kili?- me preocupé por él, andaba muy dolido y no lo había visto más.

-Está allá afuera- dijo ella con indiferencia, lo que me llamó la atención. Yo me despedí aunque Réa tenía los ojos clavados en mí como si quisiera seguir hablando, pero no dijo nada más y se despidió de mí.

Encontré al joven solo, sentado a orillas del río que corría por la montaña, no muy lejos de la entrada a Erebor.

-Hola- me acerqué y el joven notó mi presencia. En silencio me senté su lado, y dejaría que él hablara si eso le nacía.

Kili se secó los ojos como si se avergonzara por llorar. El sonido del agua era hipnotizante y hermoso, aquel día todo el verdor del lugar contrastaba con la tristeza del momento.

-Está bien. Yo puedo imaginar el dolor que sientes, yo también he perdido a seres queridos, perdí a mi abuelo- yo me negaba a recordarlo, porque no soportaría también llevar esa pena sobre mis hombros en ese momento.

Eso lo tranquilizó y se sintió más cómodo para hablar.

-Se veía venir. No somos como los Elfos supongo… inmortales si es que alguien no termina con sus vidas antes…- comentó él y su actitud era muy distinta a lo que había conocido de él.

-Tienes todo el derecho de estar triste y de llorar, sabes- no sabía cómo comportarme, si estrecharlo entre mis brazos y dejar que se desahogara o mantener la distancia.

-No, yo debo ser fuerte- Kili se levantó del pasto con firmeza y terminó por restregarse la cara, de hecho con más ahínco de lo normal. Yo me levanté enseguida y lo detuve, porque se iba a lastimar. Tomé sus manos y lo calmé.

-Puedes confiar en mí, cuéntame lo que te pasa. Recuerda que soy tu tía- sonreí pero eso que dije impactó a Kili.

-Tía…- musitó- No, no te veo como tía. Yo te veo como siempre te vi, como durante el viaje. Ahora eres mi reina-

De repente esa forma de decir "mi reina" me causó una sensación que no supe identificar. Alejé mis manos de él.

Al ver mi actitud Kili resopló distraídamente.

-Cuando era pequeño me decían "El cara de elfo"- dijo con algo de rabia.

-¡Ah, por favor! Las cosas que le dicen a uno de niño. A mí me decían ratón, y perrito- torcí el gesto y en verdad ya esas cosas no me afectaban.

Kili sonrió, pero esa sonrisa de él tan chispeante estaba en ese momento totalmente apagada. Igual agradeció mi apoyo.

-A veces siento que no soy lo suficientemente Enano- confesó. Entonces recordé lo que me había contado Thorin noches atrás y sentí la necesidad de saber sobre eso. Porque yo era ya parte de la familia, y me preocupaban, me importaban todos ellos.

-¿Quién te dijo eso? Yo para nada te veo así, al contrario, eres como Thorin- lo animaba y para proseguir lo invité para que nos sentáramos junto al río otra vez –El linaje de Durin corre puro por tus venas y eso se nota-

-Supongo que me entrenaron para eso. Ahh, la vida del Enano puede ser dura- distraídamente volvió a sentarse junto a mí –Cuando yo era muy pequeño, recuerdo que estaba con mi madre, junto al fuego…-

Kili ya no estaba allí conmigo, se había transportado al pasado, lo vi en sus ojos. Iba a contarme algo que tal vez nunca le había contado a nadie más. El viento soplaba suave y movía los largos cabellos negros del joven Enano.

-Ella me leía una historia- y sonrió –y a mí me encantaba. Entonces llegaron a la casa unos Enanos de mi padre e interrumpieron nuestra velada. Querían llevarme a combatir. Mi madre se opuso al principio porque yo era demasiado pequeño para tal cosa y yo al ver que me arrancaban de sus brazos lloré y lloré, lloré como nunca…-

Mi corazón se contraía, las atormentadas palabras de Kili recreaban en mi mente aquella horrible escena. Pobre Dís… aferrándose su pequeño que le arrebatan de los brazos para llevárselo lejos de ella y de sus cuidados de madre…Nunca hubiera podido imaginar que aquel Enano tan cándido y alegre tuviera una historia tan triste.

-Me arrastraron lejos de mi madre que sollozaba cuando yo quería quedarme y oír el resto de la historia. Pero mi madre supo que era mi deber irme con los guerreros y fortalecerme, hacerme un Enano guerrero, todos los días de mi vida. Lo tuvo que aceptar y yo también-

Entonces Kili no pudo continuar y me miró con esos ojos negros, y noté cierto parecido con Thorin, no sé en qué… Y entonces él me toma de la mano, y sentí su calor… Pero eso no me gustó, era extraño, algunas veces durante el viaje Kili y yo nos habíamos abrazado… Pero aquel simple gesto de tomar mi mano no fue como amigos, era totalmente distinto.

No, ya no era tan ingenua, aquello no era simple amistad. Las cosas se notaban en las miradas.

Retiré mi mano de la suya y me alejé de él horrorizada.

-Lo siento- Kili se alteró al verme huir, e igual que yo se levanta de la grama- Bella, lo siento… Yo, no estoy bien-

-¿Qué te pasa, Kili?- le dije con temor y no quería que se acercara a mí.

-No estoy bien, Bella, NO ESTOY NADA BIEN- el joven se alteró mucho –¡Todos tienen razón, yo no estoy bien!-

-Espera- traté de calmarme –Espera, Kili, son momentos difíciles, estamos todos confundidos- traté de razonar y de no alarmarme por nada –Lo siento, yo…-

-No, no, ¿Lo ves? ¡Yo no estaba llorando por lo de mi abuelo en realidad!- Kili retrocedió avergonzado y furioso quiso irse lejos de allí –ALGO MUY MALO PASA CONMIGO-

-Espera, Kili, espera- balbuceé atontada, pero él dio la media vuelta y se marchó apresurado siguiendo el río –¡No te alejes! ¡Te cuidado!- grité inútilmente.

Me quedé parada en medio del silencio apenas interrumpido por el sonido del agua tratando de entender, pero no entendía nada de lo que él me había dicho.