Disclaimer: Naruto, sus personajes, escenarios, bla, bla, bla, no son creación mía. Son producto de la imaginación y el trazo de Masashi Kishimoto.
Sed bienvenidos a un nuevo capítulo.
PASAD Y LEED
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CAPÍTULO XIV
-¡Buenos días! –la pelirrosa saltó los cinco últimos escalones de una voltereta.
-Uy, qué desanimada te veo... –dijo Itachi con ironía. Estaba dispuesto a no pensar en cuándo tuviese que abandonar la casa. Sencillamente iba a disfrutar el tiempo que pasase allí... y el que pasase con Sakura.
-Sí –dijo sentándose en una de las sillas de la cocina-. ¡Es que hoy vuelvo a entrenar! –agregó con una sonrisa radiante.
-¿Te alegras por tener que ir a darte de hostias con tus compañeros? Qué rara eres, Haruno... –replicó él con una media sonrisa.
La ojos de jade rodó los ojos y se levantó para preparar tostadas. Entrenar le gustaba, por raro que pareciese. Sentir que podía mejorar y que convertirse en alguien más fuerte no era algo imposible. Consultó el reloj. Apenas eran las seis de la mañana. Entonces cayó en la cuenta.
-Ah, Itachi, gracias por llevarme anoche a mi cuarto –dijo sin concederle mucha importancia-. Me quedé dormida –añadió sacando la lengua con culpabilidad.
-De nada –respondió él con una de las más cautivadoras sonrisas que jamás había esbozado. Lo hizo sin querer, no fue su intención, pero aquello provocó que la pelirrosa enrojeciera hasta la raíz del pelo. Por suerte, había comenzado a controlar aquellas reacciones involuntarias y lograba disimularlas bastante bien.
Se metió una tostada entera en la boca y Itachi tuvo que darle unas palmaditas en la espalda, pues estuvo a punto de morir atragantada y por asfixia. El Uchiha soltó una risa por lo bajo, llevándose un codazo por parte de Sakura.
-No ha tenido gracia –murmuró mientras carraspeaba.
-No, claro que no. Ha sido sumamente depresivo verte al borde de la muerte por culpa de un trozo de pan –replicó Itachi.
-Te has levantado graciosillo esta mañana¿no? –dijo la pelirrosa rodando los ojos.
El Uchiha no contestó. Se limitó a darle la espalda y dirigirse a la nevera para agarrar la leche. Pero pudo percibirse que aún se estaba riendo.
-Bueno, me marcho. No creo que vuelva muy tarde –le dijo ya desde la puerta. Por un momento tuvo la sensación de que Itachi la estaba mirando, pero cuando se volteó, constató que no era así. Seguía de espaldas a ella.
El Uchiha le hizo un gesto con la mano mientras agitaba exageradamente una tostada en el aire, haciendo gestos burlescos.
-Lo dicho. Esta mañana te has levantado graciosillo –dijo mientras cerraba la puerta.
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Naruto y Sai se encontraban sentados en el banco de siempre. Sasuke se encontraba algo más apartado, con los brazos apoyados en la barandilla del puente. Siempre se encontraban allí para dirigirse juntos al campo de entrenamiento.
-Buenos días –los saludó la pelirrosa alegremente. Sai y Naruto le devolvieron la salutación efusivamente. Sasuke se limitó a hacerle un gesto con la cabeza, conforme el saludo había sido escuchado-. ¿Nos vamos?
-Mmmm. Tendremos que esperar un poco –dijo Sai recostando la espalda en el banco.
-¿Por? –preguntó Sakura.
-Kakashi-sensei ha dicho que hoy vendría a entrenar con nosotros –respondió Naruto ahogando un bostezo.
-¿Y eso? –inquirió la pelirrosa sentándose en el borde del banco, al lado de Sai.
-Ni idea. Me dijo ayer que le esperásemos, que hoy quería entrenar con nosotros. "Para recordar viejos tiempos" –dijo el rubio, imitando la voz de su antiguo maestro.
La ojos de jade rió y Sai consultó su reloj de muñeca.
-Aunque llega tarde –observó-. ¿No os extraña?
Unas gruesas gotas de sudor resbalaron por las frentes de Naruto, Sakura y Sasuke.
-Digamos que no nos asombra –dijo la pelirrosa con una sonrisa-. Lo raro sería que llegase a la hora. Entonces sí que sería para preocuparse la cosa.
Pasaron diez minutos... Una diminuta vena comenzó a latir en la sien de los muchachos...
Veinte... La vena creció un poco...
Media hora... La venita ha dejado de ser pequeña...
Cuarenta minutos... La "venaza" está a punto de explotar
-Hola –dijo un hombre de cabellos grisáceos y con el rostro cubierto por una máscara. Había parecido de la nada a espaldas de los ninjas-. Siento la tardanza, pero es que alguien ha movido mi casa de sitio y...
-¡MENTIROSO! –exclamaron Sakura y Naruto al unísono. Sasuke esbozó una media sonrisa. Era exactamente como cuando eran niños.
Kakashi le dirigió una breve mirada a la ojiverde antes de echar a andar hacia los campos de entrenamiento. De vez en cuando le lanzaba alguna que otra ojeada furtiva, pero no decía nada.
La mañana transcurrió tranquila. Estuvieron practicando con el chakra (Sakura era la que más destacaba sin duda alguna) y luego trabajaron las técnicas ilusorias (Sasuke demostró su latiente evolución en este sentido).
Kakashi estuvo asesorándolos en todo lo que podía, aunque ya bien poco podía enseñarles a aquellos muchachos. Todo lo que podían mejorar debían hacerlo por su cuenta.
El jounin tuvo que reñir Sakura en un par de ocasiones por estar excediéndose, teniendo en cuenta que todavía estaba convaleciente. Riñas insolentemente ignoradas por parte de la ojos de jade, que a cada ejercicio que realizaban daba lo máximo de sí misma. Estaba claro que ya no era la niña que se dejaba influir por todo lo que decían y acataba las órdenes agachando la cabeza. ¿Cuándo diablos había crecido tanto?
Comieron tranquilos a la sombra de un árbol y dedicaron la tarde entera al combate cuerpo a cuerpo (Sakura se quedó al margen a petición de Kakashi, no sin antes deleitar al público con sus falsos pucheros).
Y, cuando el sol ya se ponía sobre un cielo anaranjado, el jounin dio por finalizado el entrenamiento. Sakura se levantó del suelo (dónde había estado observando los combates) y echó a andar, pero Kakashi la retuvo.
-Me gustaría hablar contigo un momento –dijo con una seriedad impropia en él.
Sasuke desapareció como una sombra y Naruto y Sai le hicieron señas para que fuese con ellos.
-Id tirando –les dijo a sus amigos-. Nos vemos mañana sin falta.
Ambos muchachos intercambiaron una mirada, pero se encogieron de hombros y, después de despedirse de ella, se fueron. La pelirrosa permaneció allí, esperando a que el jounin dijese algo. Pero éste permaneció en silencio hasta que otra figura emergió de entre los árboles. Sakura reconoció de inmediato a Tsunade. Algo no andaba bien. La presencia de sus dos maestros juntos, con aquella expresión seria y fría, la intimidó de tal manera que, inconscientemente, tensó los músculos.
-¿Ocurre algo? –preguntó temerosa.
-Eso quisiéramos saber nosotros –dijo Tsunade. Su voz no sonó fría ni cortante, pero aún así, podía percibirse su impaciencia.
La boca se le comenzó a secar de pronto. No sabía a qué se refería su maestra, pero fuese lo que fuese, estaba claro que no era nada bueno.
-No sé de qué me estáis hablando... –dijo la pelirrosa en un susurro.
El jounin y la Hokage intercambiaron una significativa mirada. Kakshi suspiró pesadamente.
-¿Tú sabes algo acerca de un akatsuki, una cueva, un demonio o algo por el estilo?
Una jarra de agua fría sobre su cara no le hubiese causado mayor impresión. El viento sopló entre las hojas de los árboles, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de la ojos de jade. No le costó mucho deducir que ese maldito akatsuki estaba comenzando a soltar la lengua más de la cuenta. Pero lo que más le sorprendió fue que le preguntaran ella. Él no la había visto en ningún momento... ¿O sí? Recordó fugazmente cuando lo vio tumbado en el suelo de la cueva. Quizás no se encontrase inconsciente del todo...
"Mierda"
-¿Sakura? –la apremió Tsunade, abriendo los ojos ligeramente. No le gustaba el tenso silencio que ahora envolvía a su alumna.
"¡Mierda, mierda y mierda!"
-No tengo ni idea de a dónde queréis llegar... –dijo con un hilo de voz que no sonó convincente ni para sí misma. Y por lo visto, tampoco para sus dos maestros, que intercambiaron otra mirada llena de significado.
En aquel momento, la pelirrosa deseó que ocurriese cualquier cosa que interrumpiese aquella conversación. Una lluvia de kunais, una explosión bajo sus pies, un infarto al miocardio... cualquier cosa le hubiese bastado. Pero los ojos de los dos ninjas continuaron mirándola, sin que nada sucediera a su alrededor.
Kakashi se acercó a la ojos de jade y posó ambas manos sobre los hombros de la muchacha. Aquel simple gesto provocó que Sakura temblara de pies a cabeza.
-Sakura, si sabes algo, necesitamos que nos lo digas –dijo con convicción el hombre. Sus ojos negros parecían ver a través de ella. Mentirle a él estaba resultando más difícil de lo que jamás hubiese imaginado. Tragó saliva a duras penas mientras sentía que aquella mirada iba a ver a través de su mente.
-No sé nada, Kakashi-sensei –dijo en un susurro casi inaudible.
Mentía. Ambos sabían que estaba mintiendo. Una sombra de decepción surcó los ojos del jounin. Sakura temblaba y se maldijo por no ser capaz de controlarse. La desilusión podía leerse en las facciones de la Hokage.
Kakashi la soltó y la contempló durante largos segundos. A la pelirrosa le pareció ver algo parecido a preocupación en ella, pero pronto desapareció, dejando paso a la afable mirada a la que la tenía acostumbrada. Afabilidad falsa, pues el desengaño continuaba presente en su semblante.
-Ya no soy tu sensei, Sakura –le recordó en un intento por romper un poco la tensión que acababa de formarse. Intento en vano, pues la pelirrosa seguía temblando de pies a cabeza. Kakashi le sonrió, y Sakura intentó corresponderle, pero la sonrisa murió en sus labios.
-Bien –intervino Tsunade con otra sonrisa. Se acercó más a su alumna y se paró a escasos centímetros de ella-. Si recuerdas algo, por pequeño que sea, dínoslo¿vale?
Sakura asintió pesadamente. El pulso todavía le iba a mil por hora. Entonces la Hokage hizo algo que nunca había hecho: se inclinó sobre ella y le besó la frente. La pelirrosa se quedó paralizada en el sitio. Aquel simple gesto había hecho que la culpabilidad la asaltara de una forma exagerada. Fue consciente entonces de que estaba engañando a los suyos. A sus maestros. Los ojos empezaron a picarle peligrosamente. Pero aún así hizo una reverencia e hizo ademán de marcharse.
-Espero que sepas lo que haces –dijo Kakashi un segundo antes de que la muchacha desapareciese.
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Abrió la puerta de casa y la cerró dando un portazo. Las piernas continuaban temblándole. Sabían algo. O si más no, lo sospechaban. Era sólo cuestión de tiempo que todo aquello explotase por algún lado.
Y ella.
¿Qué pasaba con ella?
Era cierto que sus intenciones al ayudar a Itachi eran buenas. En ningún momento había buscado perjudicar a la aldea, pero... Los estaba engañando. A todos. Estaba ocultando una valiosa información a los suyos y acogiendo a un enemigo en su propia casa. Aquello era traición, le gustase o no.
Y además ¿cómo podía asegurar que el Akatsuki no causaría daños a la Villa, si estaba Itachi en ella?
Una lágrima comenzó a deslizarse por su mejilla. Apoyó la espalda en el marco de la puerta y resbaló hasta quedar sentada en el suelo.
Por primera vez en mucho tiempo, se encontraba completamente perdida, sin saber qué debía hacer. O qué quería hacer.
Itachi permaneció escondido, pues Sakura no había dicho que volviese sola. Pero tanto silencio no era normal. Si estaba con alguien, lo lógico sería que estuviesen hablando. Así que se arriesgó a sacar la cabeza para ver qué estaba sucediendo.
La imagen de Sakura llorando, abrazada sobre sus piernas, le impactó en el centro del pecho. Nunca la había visto derrumbada y, ahora que lo hacía, le parecía una escena horrorosa.
Se acercó despacio a ella. No estaba acostumbrado a tratar con chicas que estuviesen llorando y no sabía muy bien qué debía hacer. Se arrodilló junto a ella y le sujetó la barbilla, obligándola a alzar el rostro. Sus ojos verdes estaban empañados en lágrimas.
-¿Qué sucede? –preguntó con suavidad. No podía hacer nada si no sabía qué le pasaba.
La pelirrosa lo observó durante unos segundos y después fijó la vista en el suelo, dejando que nuevas lágrimas brotaran de sus ojos.
Vale, aquella visión era insoportable. A pesar de que había visto cosas infinitamente peores que aquello, se vio incapaz de verla llorar un segundo más. La cogió de la mano y la obligó a incorporarse. Aún sosteniendo su mano, la condujo hasta el sofá y la apremió para que se sentara. Después agarró una silla y la colocó delante de ella. Justo como Sakura había hecho tiempo atrás para escuchar la historia del Uchiha. Ahora todo aquello parecía tan lejano...
Itachi le secó una lágrima con el dedo y esperó pacientemente a que ella hablara. Y si no deseaba hacerlo, sencillamente permanecería a su lado. Aunque por dentro se estuviese maldiciendo a sí mismo por aquella flaqueza.
-Saben algo –dijo simplemente, ahogando un sollozo. "No llores", pensó Itachi por un momento, antes de asimilar aquellas palabras-. El akatsuki... ha dicho algo sobre mí... y han venido a preguntarme si sabía algo... -el llanto apenas la dejaba continuar. Estaba realmente muy afectada.
"No llores"
-¿Y qué ha pasado? –preguntó el Uchiha, más preocupado por el estado de la pelirrosa que por lo que comportaba todo lo que le estaba contando.
-Nada. No les he dicho nada –dijo Sakura.- Pero... ¡me siento una basura¡Siento que los estoy traicionando de la manera más vil!
-No eres una basura y no los estás traicionando –dijo Itachi secamente.
-¡Pero les estoy engañando, que es lo mismo! –de nuevo, las lágrimas salían de sus ojos como pequeños riachuelos-. ¡No sé qué hacer, Itachi¡No lo sé! –dijo tapándose la cara con ambas manos-. Me siento... me siento...
"No llores"
"No llores, por favor"
Incapaz de soportar más aquella situación, agarró a Sakura por los hombros y la atrajo hacia sí bruscamente. La rodeó con los brazos y la abrazó con fuerza, como si temiese que de un momento a otro fuese a desaparecer. No le importó su imagen, ni la lógica, ni los sentimientos... Tan sólo quería que dejase del llorar. Quería que dejase de pasarlo mal. Era consciente de que todo lo que estaba pasando era por su culpa, y aún así...
Él nunca se había preocupado así por alguien, y sin embargo, lo único que ahora deseaba era que el dolor que ella sentía desapareciese. Definitivamente, se había convertido en un estúpido sensiblero.
Sakura se permaneció estática unos segundos hasta que finalmente apoyó la cabeza en el hombro de Itachi. El llanto pareció aligerarse un poco. ¿Por qué se sentía tan bien así? Notó como el Uchiha le acariciaba el pelo y se dejó consolar.
-¿Quieres que me vaya? –preguntó con un hilo de voz.
La pelirrosa se separó de él al instante y lo miró. ¿Qué había dicho?
-Todo esto es por mi culpa y no tienes por qué estarlo pasando mal innecesariamente –continuó-. Tarde o temprano tendré que irme, así que no me importa hacerlo hoy mismo, si así dejas de sufrir.
El corazón de la pelirrosa se aceleró. Si se iba, todos sus problemas terminarían. No tendría nada que ver con el Akatsuki y la mentira terminaría.
Pero...
Itachi seguía mirándola con sus fríos e inexpresivos ojos. Un deje de tristeza pareció asomar por ellos, aunque desapareció enseguida.
-Pídeme que me vaya y lo haré.
No podía estar haciéndole esto. No podía pedirle aquello. La expresión de Sakura era de miedo y tristeza. Itachi pareció percibirlo y se acercó a ella, quedando sus rostros separados por escasos centímetros.
-Si quieres que me vaya, lo haré –dijo con una sonrisa-. Ya has hecho bastante por mí, y te lo agradezco mucho.
Tragó saliva. Aquello sonaba como una despedida.
-No –murmuró Sakura.
-¿Perdón? –preguntó el Uchiha.
-Que no quiero que te vayas –dijo alzando el rostro. Sus ojos continuaban brillando y el verde se entremezclaba con pequeños destellos cristalinos.
Por primera vez en mucho tiempo, Itachi pareció mostrar desconcierto. No se esperaba aquella respuesta. Esperaba que Sakura le pidiese que abandonara su casa, y lo entendía. Pero aquello... no tenía lógica alguna. Se estaba exponiendo peligrosamente.
-Oye, sabes lo que est...
-No quiero que te vayas –repitió la pelirrosa, abrazando la cintura de Itachi. Apoyó la cabeza en su pecho-. No quiero...
Un extraño calor recorrió el cuerpo del Uchiha y la emoción se apoderó de él. ¡Maldita sea¿Qué le pasaba con aquella chica?
¿¡Qué coño le pasaba?!
Cuando quiso darse cuenta, los labios de Sakura estaban sobre los suyos.
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Ups. Tengo la ligera impresión de que he cortado el capítulo en un momento crucial. ¿Me equivoco? No me pegueis, por favor.
Pero bueno, tengo que reconocer que este capítulo me ha costado especialmente. He intentado darme prisa porque no quería haceros esperar más y ya habreis notado que es un poquiiiito más largo.
Un review como premio¿no? Que he actualizado a pesar de que tengo tres exámenes mañana. UUu
Sin lectores, la historia deja de existir. Opiniones/críticas/consejos/apoyo/etc... comunicádmelo en un review, please.
Lyann
