Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario esta historia es mía, inspirada en gran parte por la saga underworld.
Este fic va dedicado a Natalia, el grupo de whatsapp swanqueen, a mi petita, a mi morena y por supuesto a mi manager adorada.
Está especialmente dedicado a esthefybautista porque te seguí y reescribiste mi futuro, es aquí mi único lugar seguro, creo en ti y en este amor que me ha vuelto indestructible, que detuvo mi caída libre. Te amo princesa.
Gracias a todos los que me leen y comentan, ya sea por aquí o por whatsapp, vuestros comentarios son muy apreciados. Sin más os dejo disfrutar del capítulo que ya es el último antes del epílogo, no sin antes recordar que debéil leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21 y por supuesto a mi amor esthefybautista.
CAPÍTULO 14 SOLO UNA RAZA INMORTAL.
Habían pasado cerca de dos meses desde que Cora fue sometida y murió en manos de su propia hija, proclamándose esta reina de los vampiros en funciones, a pesar de que no se había celebrado ninguna ceremonia de coronación.
El caos originado por la batalla entre lobos y vampiros acrecentó la necesidad de que estos últimos tuvieran un líder fuerte que pudiese lidiar con los disturbios originados, traer calma al pánico entre la población y dejarlo todo en orden una vez más.
Durante ese tiempo, Emma había quedado relegada a un segundo plano, ya que su amada estaba ocupada arreglando los desperfectos materiales y morales que había originado dicho enfrentamiento, y apenas tenía tiempo para la loba. La rubia se maravillaba observando a la vampiresa ejercer su cargo con tanta naturalidad, se veía desde lejos que había nacido para ser reina, lo llevaba en su interior y desempeñaba su papel con una desenvoltura envidiable.
Emma no estaba acostumbrada a la compleja jerarquía de los vampiros, a su modo tan organizado y minucioso de arreglar todo tipo de problemas, era un mundo completamente nuevo para ella al que no estaba acostumbrada y que la maravillaba por completo.
Se preguntaba en qué lugar quedaba ella en todo ese entramado de cargos, funciones y consejos, puesto que no había tenido tiempo de hablar con Regina de la su nueva situación, de ponerle nombre a lo que tenían. Solo sabía que era amor y eso le bastaba, lo que sentía le bastaba mas no sabía cuánto iba a soportar no poder compartir con Regina su tiempo, al verse esta absorbida por sus mil obligaciones.
Habiendo caído la noche, los vampiros se retiraron mientras la loba paseaba errante y pensativa por las afueras de la ciudadela, agobiada por estar tanto tiempo encerrada entre esos muros y lejos de los suyos, ya que los lobos se habían marchado para no provocar una masacre. Miraba distraída un punto incierto en el horizonte cuando notó un tenue abrazo desde su espalda y el olor de Regina la golpeó haciéndole sonreír. Su morena estaba ahí con ella y estaba en paz. Se dejó abrazar tiernamente mientras ambas contemplaban los anaranjados colores del amanecer en silencio, amándose y permitiéndose un momento de paz y tranquilidad entre el caos que reinaba en su vida.
-Te he echado de menos.
-"No me fui a ninguna parte, he estado a tu lado en todo momento"
-Lo sé, pero con tanta locura no he tenido tiempo para estar realmente contigo y lo he extrañado.
-"Yo también lo he extrañado vampirita, aunque tengo que reconocer que estás bellísima ejerciendo de soberana todo poderosa"
Regina se echó a reír ante el comentario de la loba, haciendo que Emma se girase para mirarla directamente a los ojos y deleitarse con su sonrisa. Atrapó sus labios y la besó, tiernamente al principio aunque se fue tornando un beso sediento, apasionado y ardiente, provocando que la loba gimiese de pura excitación.
La morena rompió el beso ante la frustración de Emma y, pegando su frente en el cuello de esta, le susurró con voz vacilante y algo tímida.
-Emma quiero que me ayudes a gobernar, que subas al trono conmigo.
-"No puedo hacer eso, no me corresponde a mí ser reina de tu raza"
-Fuimos escogidas para unir ambas razas, vampiros y licántropos han de ser uno al igual que tú y yo somos una, se reina conmigo.
-"¿Cómo pretendes subirme al trono sin que te salte encima todo tu pueblo?"
-Casándonos, si te casa conmigo el trono será también tuyo por derecho.
Esa respuesta dejó a Emma completamente congelada, Regina le estaba pidiendo matrimonio, no de la forma más romántica sin duda pero le estaba pidiendo unirse eternamente a ella, con un lazo irrompible, inquebrantable. Por un momento no supo que responder.
-"Vaya, no me esperaba que fueses tan romántica majestad"
-¿Romántica? ¿Por qué dices eso?
-"Bueno, sin duda no es la forma más romántica de pedirle a alguien matrimonio"
La loba miró a su amada a los ojos y pudo ver su confusión, no entendía a lo que se refería y solo pudo sonreír. Se había enamorado de una vampiresa, las emociones y el amor no eran su fuerte, pero sabía que la amaba con todo su ser.
-No quieres que nos casemos.
-"Claro que quiero, boba, solo que a veces me olvido que parte de tu encanto es no entender sobre sentimientos"
Antes de que pudiese replicar o se enfadase, la rubia volvió a besarla, devolviéndole la confianza que por un momento había perdido. Le costaba entender a Emma, le costaba entender lo que sentía y hacía grandes esfuerzos para hacer feliz a la loba. Agradecía enormemente que la rubia fuese tan paciente con ella, era su tabla de salvación.
-Entonces nos casaremos el mismo día de la coronación, así subirás conmigo al trono.
-"Como desee su majestad, yo solo quiero que seas feliz y estar cada minuto de mi vida a tu lado"
Meses más tarde, Emma se encontraba en lo que una vez fue la habitación de Regina, completamente histérica, con Ruby intentando tranquilizarla. La rubia caminaba de un lado a otro con paso inseguro, mirando su atuendo sin encontrarlo apropiado y en sus ojos brillaba el terror.
Los lobos no habían nacido para liderar ni ser liderados, y estaba a punto de convertirse en reina, soberana de vampiros, sus ancestrales enemigos. Era de locos, lo único que quería era salir huyendo lo más lejos posible de ahí.
-"Ruby, mírame, estoy horrible"
-Emma, por favor, estate quieta ya, no estás horrible, estás aristocrática.
-"Prefiero las pieles al terciopelo"
-Es tu boda, no vas a ir vestida como una pordiosera, además te casas con una reina, vamos tranquilízate de una vez, Regina es el amor de tu vida, deberías estar feliz, no así.
-"Y estoy feliz, pero no quiero ser reina"
-Serás una soberana justa y noble Emma Swan, y tendrás a Regina a tu lado en todo momento, ahora prepárate que te casas en menos de una hora.
Ayudada por Ruby, la loba terminó de prepararse aumentando sus nervios a medida que se acercaba el momento, pensando si Regina estaría como ella, si también tenía tanto miedo.
Cuando llegó el momento se dirigieron a la sala del trono, mientras se le formaba un nudo en la garganta, nudo que desapareció al ver a Regina esperándola, con un vestido digno de la reina que era, de color negro como la noche, representando el espíritu de su raza, pegado a su figura de forma majestuosa y una larga capa que le daba un aspecto fascinante. Emma se quedó simplemente sin palabras. Reparó en el detalle de que, ante Regina, estaban los ancianos vampiros y también Granny, la anciana de su raza. Entre los asistentes al evento estaba todo el pueblo de Regina y también todo el clan licántropo, mezclados y sin matarse entre ellos, sin duda era un hecho completamente histórico.
Llegó hasta Regina y dejó que esta le cogiese de la mano, mientras Granny se acercaba a ellas y empezaba la ceremonia que las uniría eternamente.
-Regina, Emma, hoy es un día histórico. Por primera vez se une en matrimonio un vampiro y un licántropo, este día pasará a la historia como el día que por fin se extinguió la enemistad entre nuestras razas, uniéndonos en una sola raza inmortal. Ahora, decid los votos, sabiendo que durará toda la eternidad.
Regina miró a la loba con una débil sonrisa, visiblemente nerviosa pero decidida a entregarse eternamente y por completo, su voz no reveló el volcán que llevaba en su interior, más bien sonó dulce cuando pronunció ante su amada su voto eterno.
-Yo, Regina Mills, soberana de los vampiros, me entrego a ti Emma Swan y prometo amarte todo lo bien que sepa, aprender a hacerlo cada día, prometo protegerte de todo peligro y jamás separarme de ti, prometo enfrentar a tu lado todos tus miedos, cumplir tus sueños y hacerte feliz, desde este día y por toda la eternidad.
Tragando saliva ante la promesa de su amada, Emma la miró a los ojos, esa mirada oscura que la había desquiciado y enamorado desde el primer momento, esa mirada que le recordaba cuánto amaba a esa mujer, esos ojos que eran su fuerza. Con una sonrisa pronunció su voto sin miedos ni dudas.
-"Yo, Emma Swan, la última de mi nombre, hija del linaje del primer lobo sobre la tierra, me entregó a ti Regina Mills y prometo amarte con todo lo que soy, con mis defectos, con cada latido de mi corazón, prometo enfrentar a tu lado toda adversidad, no permitir que nada malo te ocurra, prometo darte todo lo que soy con el único motivo de hacerte sonreír, prometo ser una contigo y hacerte feliz, desde ahora y por toda la eternidad"
Con un tierno beso sellaron su voto eterno, convertidas en esposas, en un solo ser. Regina le indicó que debía arrodillarse y así lo hizo, mientras la morena hacía lo mismo, preparándose ambas para ser coronadas.
Granny cogió la corona de Regina, ante la mirada estupefacta de Emma y se dirigió a la morena con gran ceremonia.
-Regina Mills, a partir de ahora lobos y vampiros te coronamos Soberana de la única raza inmortal. ¿Prometes gobernar con sabiduría, justicia y mirando por el bien de tu pueblo?
-"Lo prometo"
La anciana loba colocó la corona sobre la cabeza de Regina, mientras el jefe del consejo de los vampiros se dirigió a Emma con la corona en las manos.
Emma Swan, a partir de ahora vampiros y lobos te coronamos soberana de la única raza inmortal. ¿Prometes gobernar con sabiduría justicia y mirando por el bien de tu pueblo?
-"Lo prometo"
El vampiro coronó a Emma como su soberana y ambas se levantaron como esposas y reinas, girándose hacia su pueblo que aplaudía con alegría y regocijo.
Vampiros y licántropos interactuando sin miedo, sin odio, comportándose como hermanos, tímidamente al principio mas poco a poco soltándose y descubriendo que no eran tan distintos como habían creído durante siglos.
Regina miró a su esposa y su rostro se endulzó al ver que sonreía como una niña, la sonrisa cristalina de Emma siempre la había fascinado. Agarró su mano con fuerza, llamando su atención, provocando que su amada la mirase con ternura y la atrajese a sus labios para regalarle un beso.
-"Mi reina, que os parece si subís sobre mi lomo y corremos lejos de aquí, a celebrar la noche de bodas como se merece"
-Me parece una idea fantástica, mi reina.
Escabulléndose sin ser vistas, Emma cambió a su forma de lobo mientras Regina subía sobre su lomo, dejándose guiar por su amada, confiando plenamente en ella y disfrutando de la sensación del viento en su cara mientras la loba corría por el bosque. Cuando vio a dónde se dirigía no pudo hacer más que sonreír. El claro del bosque, al lado del lago, ese lugar donde se habían conocido, donde se vieron por primera vez.
Al llegar, Emma volvió a cambiar de forma y se abalanzó sobre su esposa, completamente impaciente por sentirla.
La ropa fue cayendo a medida que sus besos se volvían cada vez más intensos y apasionados, desesperadas y ansiosas por sentir piel con piel, la loba tumbó suavemente a Regina sobre la hierba, mientras se deshacía de su última prenda y deslizaba sus labios por cada centímetro de su helada piel, arrancándole gemidos cada vez más profundos y largos. Devorando sus labios mientras la recorría con sus dedos suavemente, como si quisiera memorizarla. Mientras la vampiresa enredaba sus manos en sus rubios cabellos, profundizando sus besos, diciéndole sin palabras que la amaba con todo su ser.
Cuando ambas estuvieron listas, tras una mirada cómplice y un nuevo beso dulce, ambas se entregaron a la vez, siendo penetradas simultáneamente, sincronizando sus movimientos y provocando una danza de gemidos, suspiros y gritos ahogados, completamente abandonas al placer de sentirse llenas por parte de su amada, de sentir sus almas completas, de sentirse completamente en paz, precipitándose al clímax ambas al mismo tiempo, haciendo el amor hasta desfallecer, mientras la luz de la luna llena las acariciaba e iluminaba, mágica y majestuosa. La luna, reina y madre de la raza inmortal, esa noche brillaba más viva que nunca pues sus hijos se habían unido en un solo ser eternamente.
