Como prometí, aquí está mi siguiente capítulo, esta vez me he esforzado mucho en alargar el capítulo, ¡me siento orgullosa de mis misma! ¡He superado las 3000 palabras!

Bueno, espero que les guste .Por cierto, he acabado mi dibujito, ahora les dejare el link ( ya se que no está muy lucido) i21. y otra cosita ¿quieren que dure mucho más el fic? ¿ o lo acabo ya? A mi me da lo mismo, disfruto escribiéndolo .

Disclaimer: Naruto, anime y manga, no me pertenecen, solo usos los personajes para matar al tiempo (reloj: ¡oh no! Me muero arggg X.X médico:ha muerto, lo siento señora reloja:¡dios mio! Mi relojitO! Con lo joven que era!) no me denuncien y no les mandaré a mi ardilla asesina.

Capítulo 13:La pareja de Sasuke es...

Abro los ojos con desgana, todo está en absoluta penumbra, es imposible ver nada en la oscuridad que reina en mi habitación, ¿qué hora será?¿cuánto llevo durmiendo?, ya da igual, no importa la hora que sea, ni el día, ni el mes que sea, ¡Naruto y yo al fin somos pareja! Eso es lo que importa, que por fin ambos hemos aclarado nuestros sentimientos, y en contra de todos los prejuicios, no solo de la sociedad, sino nuestros también: hemos tenido el valor de dejarlos de lado ¡qué bien ha quedado eso!

Finalmente, después de varios minutos tumbado sobre la cama, inmóvil, con los ojos abiertos, sin ver absolutamente nada y sonriendo al aire como un tonto, me incorporo y me levanto con rapidez saliendo de la cama, casi cayéndome en el proceso por la oscuridad y porque las sábanas siguen liadas sobre mi cuerpo, hasta que, palpando las paredes con las yemas de los dedos, llego a la venta, y la abro de un solo tirón en un ágil movimiento, dejando que la luz ilumine la estancia.

Pasada una media hora, salgo de la ducha, después de haberme despejado un poco con el agua, para relajarme, con esto de salir y no salir con Naruto, estoy un poco tenso. Me enrollo una toalla en la cintura y me voy secando el pelo con otra.

Escucho un ladrido y unos leves golpes, levanto la cabeza, vuelvo a oír el mismo ladrido y los golpes, que suenan como si fueran en un vidrio, pero esta vez son mas intensos, me giro con rapidez, quedando en frente de la ventana. Ahí está Kiba sonriendo y dando más golpecitos seguidamente en la ventana, a su lado, Akamaru, que por cierto ha crecido mucho en estos años, ladrando a la vez que su dueño.

-¡Hey! – me llama el Inuzuka.

Me limito a mirarle desde dentro, con indiferencia, como si estuviera viendo la nada personificada, sin prestar atención a sus ábreme que me congelo ´, disfrutando del calor que hay en mi casa y del panorama de Kiba helándose de frío, a la vez que su perro, que me ladra con energía pidiéndome que les abra para que su dueño no se hiele.

-¿Abres o me sigo congelando aquí fuera? – me pregunta temblando del frío -, ¡Si me muero te echaré la culpa! – me amenaza.

-Ya estarás muerto – le recuerdo con frialdad – y los muertos no hablan.

-Entonces...- dice tiritando y pensativo - ¡mandaré a Akamaru para qué lo diga!

-Le mataré también – le sigo el juego – y sin remordimientos

-¡Mi fantasma te atormentará durante siglos! – grita perdiendo ya los nervios.

-Tantos años no duraré – digo sonriendo con prepotencia.

- ¡El de Akamaru incluido! – añade también – ¡y él se dedicará a ladrar por las noches, para qué no duermas! - amenaza

-Va, va, ya voy – digo con un tono de fastidio abriendo la ventana - ¿qué es lo que quieres?

-¿Ni hola ni nada? – bromea entrando con su perro en mi habitación- cada día estás mas borde – murmura de mala gana.

-Hola – le digo fríamente - ¿qué te trae por mi casa? – le interrogo volviendo a secar mi pelo.

-Pues – me dijo en un tono remolón - me he enterado de un rumor – me comenta acariciando a su compañero perruno.

-¿Un rumor? – le pregunto levantando una ceja – en esta ciudad tan cotilla hay tantos rumores como hojas en los árboles – le digo molesto resoplando y bajando la vista.

-Cierto – admitió riendo divertido – pero he escuchado uno en concreto –me cuenta mirándome, como si quisiese apuntarme con la mirada.

-¿Cuál? – pregunto simplemente con tono inocente.

-Uno que tú sabes muy bien – contesta observándome acusadoramente – no te hagas el inocente, sabes de lo que te estoy hablando – añade sonriendo con malicia.

Levanto la vista en un veloz movimiento, abriendo mucho los ojos, como si fuera un búho, mientras soy observado atentamente por el moreno, que me sonríe con astucia y picardía. Ahora era él el que disfrutaba con mi expresión ¡Qué rápido cambian las tornas! Trago saliva ¿Qué demonios está pensando? No creo que sea...no puede ser...no será...¡No es posible qué sea lo qué pienso! ¿Quién le ha dicho que somos pareja? ¿Ha dicho ya Naruto qué somos pareja? ¿En qué demonios está pensando ese baka? Si todos se enteran... ¡Habrá una lista inmensa para matarle! Sobre todo de la población femenina.

-¡Te has puesto blanco! – se mofa de mí riendo descaradamente - ¡Todavía más de lo que eres! – vuelve a burlarse, esta vez cayéndose al suelo de la risa.

-Y tú eres así de feo de nacimiento – le insulto, con mi típico tic temblando en la ceja – y no digo nada – concluyo con un tono superior.

-Ja, ja – pronuncia con fastidio levantándose del suelo, ayudado de Akamaru – cada día estás más gracioso – dice en un tono sarcástico.

-Ya ves... – admito sonriendo con prepotencia – es un don natural – sonrío con malicia.

-No, si ya se nota – resopla volviendo a acariciar su mascota.

- ¿Qué pasa con el maldito rumor? – pregunto con impaciencia.

-¿Por qué no habías dicho nada de qué estabas saliendo con una chica? – me interroga dándome leves codazos, al estilo de los "colegas".

-¿Saliendo? – le pregunto aturdido ladeando la cabeza - ¿con una chica? – digo todavía más desconcertado.

-Sí – asiente con rotundidad, siendo acompañado por un par de ladridos de su perro.

-¿De donde demonios has sacado semejante estupidez? – le pregunto dejando de secarme el pelo.

-De Ino, Sakura y Naruto – me desvela con orgullo.

-¿Ino, Sakura y Naruto? – pregunto volviendo a ladear la cabeza, esta vez al lado contrario, mi cara será un poema en este momento.

-Sí, ¿te ha dado por preguntar o hoy estás sordo? – se burla sonriendo – Ino me ha contado que habías quedado con alguien, Sakura me lo confirmó y Naruto me dijo que tenías pareja, con lo cual queda confirmado por tres personas diferentes.

-¿Naruto te ha dicho eso? – le pregunto amenazante.

-Sí...- admite con la voz temblorosa.

Segundos después, en alguna otra parte de Konoha, pero muy lejos de mi casa, Kiba y Akamaru aterrizan bruscamente en el suelo, comiéndose, literalmente hablado, el suelo, y haciéndose daño, supongo yo, al caer. Habían sido lanzados por mi, por la ventana por donde habían entrado momentos antes.

En el tiempo que ellos van aterrizando, yo me visto lo más deprisa que puedo, cogiendo mi llaves por el camino y chocando con parte de los muebles mientras llego a la entrada, me pongo las sandalias y salgo disparado hacia la casa de cierto rubio, que pronto quedará en ruinas cuando me lo cargue, ¡de esta no se libra!, no pienso quedarme sin saber el por qué lo hizo.

En mi trayecto hacia la inminente muerte de el kitsume, me fijo en que todo el mundo ya se ha enterado ¿ qué cómo lo se?, sólo hace falta ver las portadas de la prensa rosa, los carteles, los pequeños grupos de chicas que chismorrean sobre ese tema y la avalancha de chicas que me persigue, preguntando si es cierto o no ¡malditas fans! Y ¡maldito seas, Naruto!

Cuando consigo librarme de las adolescentes salidas y energúmenas, varios larguísimos minutos más tarde, llego exhausto a la puerta del apartamento de el rubio, y jadeando exageradamente llamo firmemente a la puerta, con golpes secos. Espero varios minutos cuando por fin la puerta se abre, dejando ver al kitsume mirándome con ojos perplejos y su habitual sonrisa en los labios.

-¿Qué te ha pasado, Sasuke? – me pregunta observándome curioso - ¿Por qué estás sudando?

-Tú lo sabes bien – le aseguro mirándole de arriba a bajo con un ceja levantada.

-¡Es muy temprano para entrenar! – exclama con pureza - ¡Un día de estos te va a dar algo! ¡Deberías descansar más! – dice rozando mis pequeñas ojeras con suavidad.

¡Las malditas ojeras no tienen nada qué ver con el entrenamiento! Últimamente no entreno tanto, me lo tomo con más calma, dibujo y me relajo, para evitar no volver a perder la cabeza y así volver a hacer daño al pequeño chico, que roza mis ojeritas con la punta de sus dedos, ¡Y él lo sabe bien!

-No he estado entrenando – le aclaro apoyándome en su puerta amenazante.

-Entonces... – me dice pensativo -, ¿qué has hecho para estar tan cansado?

-Simplemente he tenido que huir de un grupo de niñas - le cuento sin darle importancia.

-¡Guau! – dice sorprendido - ¿qué niñas?¿qué querían? – me pregunta con falsa intriga.

- Seguidoras mías- le comento metiendo las manos en los bolsillos -, que quieren saber qué es eso de que tengo pareja – le respondo cerrando la puerta tras de mí, sin dejar de fulminarle con la mirada.

-¿Y eso? – me interroga, haciendo como si no supiera nada - ¿Quién lo habrá filtrado?

-No te hagas como el que no quiere la cosa – le ordeno con mi peor cara.

-¡A lo mejor alguien nos vio! – comenta como si se le hubiera encendido la bombilla - ¡Hay qué ver! ¡Ya no se tiene intimidad en ningún sitio! – se queja.

-¡Me lo ha dicho Kiba! – le grito, haciendo que Naruto salga corriendo para salvar su vida y yo le persigo para matarle.

Le sigo persiguiendo por toda su pequeña casa, a veces resulta cómodo que sea tan pequeña, desordenándola por completo, aunque no sé si es que ya estaba así cuando llegué o si yo lo he provocado ¡Quién sabe!, yo no me fijé cuando entré. Hasta que consigo acorralarle en una esquina, entre dos firmes paredes, difíciles de atravesar e imposible de escapar, en teoría.

-Sasuke, ¡No me pongas esa cara! – me dice asustado por mi expresión.

-¡Eres un dobe! – le digo dándole un capón en la cabeza.

- ¿Qué quieres? – me pregunta sobándose donde le he dado- ¡Te recuerdo qué somos pareja! ¡Esto es llama maltrato de género! – alega en su defensa

-Tres cosas – le enseño tres dedos-; la primera, eso sería si fueses mujer, si acaso sería maltrato de pareja; la segunda, ayer quedamos con que tú y yo no seríamos una pareja normal y corriente, seguiríamos con nuestras peleas; la tercera, ¿por qué dijiste eso?

-Pues..veras... –se intenta explicar sonriendo con nerviosismo.

-¿¡Acaso te gusta verme sufrir! – le pregunto alterado.

-¡No, no, no...! – niega enérgicamente - ¡no es eso! – me asegura de nuevo.

-Entonces... ¿Por qué? – le interrogo molesto

-Es que Sakura-chan empezó a decir que iba a intentar seducirte – me cuenta avergonzado.

-¿Y qué? – le pregunto curioso - ¡Lo hace siempre! – le recuerdo.

-Pero...es que... – me confiesa con las mejillas hinchadas por la rabia - y...¡ Me entraron celos! – me dice sonrojándose débilmente -, no pude soportar imaginándote con Sakura, así que le dije que tenías pareja, para ver si así te dejaría en paz.

¿Me acaba de confesar qué estaba celoso? ¡Lo ha hecho! ¡Estaba celoso! Y de Sakura además, eso es una señal de que se preocupa por mi, ¡Tragándose su orgullo con ello! El orgulloso Naruto, el discípulo de unos de los tres grandes de Konoha, el próximo Hokage de la Aldea de la Hoja ¡Tragándose su orgullo! ¡Quién diría qué yo vería esto antes de morirme!, realmente, mi rubito es increíble, Naruto me sorprende más cada día que paso junto a él.

-Con que celoso ¿eh? – repito para hacerle rabiar, cosa que por cierto consigo.

-¡Déjame en paz! – me grita cabizbajo.

Naruto se enfada, me da un empujón, que intencionadamente no me hace daño, y sale de mi agarre, que le mantenía acorralado, resoplando para hacer más notable su enojo y así intentar hacerme sentir culpable. Se para hasta estar paralelo a mí y de espaldas, con los brazo cruzados, como si esperara una disculpa por mi parte.

Decido moverme después de unos instantes estando pensativo, y camino despacio hacia él, sin apenas hacer ruido, observándole con detenimiento mientras me acerco, hasta que llego a estar a escasos centímetros de él. Cogiéndole por sorpresa, le abrazo por detrás. Mi pequeño se queda sorprendido. Aprovechando su desconcierto, le doy un cálido beso en el cuello y apoyo mi cabeza en su hombro sonriendo con picardía.

-¡Eh, usuratonkachi! – le llamo desde su hombro, mirando la hora en un reloj.

-¿Qué quieres, baka? – me dice a modo de respuesta, saliendo de su ensimismamiento.

-Ya es tarde para desayunar – digo como si cualquier cosa.

-¿Qué tiene eso que ver aquí?- me pregunta entre extrañado e intrigado.

-¿Comemos juntos? – le pregunto mirándole de reojo.

-En el...- intento proponer, antes de ser interrumpido por mí

- En el Ichiraku no. – añado previendo su respuesta.

-Joooo – se queja –pero... vale – contesta con cierto recelo -, ¡pero esta vez invito yo! – grita eufórico.

-Vale, pero yo elijo el sitio – añado soltándole y tirando de su manga - ¡vamos! – le digo corriendo.

Corrimos durante varios minutos, recorriendo un par de cientos de metros, siendo observados por todo el mundo, y perseguidos durante unos instantes por una multitud cotilla, pero conseguimos desaparecer de su campo de visión, en apenas unos segundos, gracias a un combinado de Kage Bushin y Henge no jutsu de Naruto. Como se notaba que se había vuelto muy fuerte en estos años en los que estuve ausente y en los que no lo estuve también, sin duda, cada segundo Naruto me parecía más increíble.

Cuando nos paramos, delante de nosotros había un pequeño edificio con cristaleras por toda su fachada, dejando ver como las personas comen con gusto. Al subir un poco la vista se podía ver un cartel luminoso que se puede ver a varios metros, rojo intenso, como el chakra de mi acompañante, y con unas enormes letras amarillas, en las que ponía McSaotome´. Exacto, estamos delante de una famosa hamburguesería de nuestra aldea.

-¿Una hamburguesería? – me pregunta mirándome.

-Si – asiento – no es romántico, como nosotros, y podemos comer donde queramos.

-¡Hamburguesas! – exclama contento -, ¡vamos dentro ya!, ¡me muero de hambre!

-Bueno... – digo dejándome llevar por el rubio.

Al entrar observo a la gente comer, fijándome en si había alguien conocido en el restaurante. Si nos viesen juntos, aparte de que ya lo hacen, pero si nos viesen todavía más tiempo juntos, sospecharían, y eso sería muy problemático. Demasiadas explicaciones tendríamos que dar. Finalmente diviso a Konohamaru, con sus habituales dos compañeros, pero están demasiado lejos, no nos han visto. Vuelvo a la cola, junto a Naruto, que mira la carta de las comidas.

-¿Qué quieres tú? – me pregunta enseñándome la carta -, yo estoy entre dos cosas.

-No sé – observo la carta dudoso – todo es parecido.

-¡Ya me he decidido! – exclama contento -, ¡me voy a pedir una hamburguesa simple! – concluye.

-¿Qué tiene eso? – le pregunto con despreocupación.

-Pan, queso y la hamburguesa – me responde sonriente.

-Mmmm.. – digo pensativo volviendo a mirar la carta – yo me voy a pedir un McKonoha.

Al rato de llegar a la hamburguesería, la cola comienza a avanzar más rápidamente, haciendo que nos vemos delante del mostrador, el pide enérgicamente, poniendo de los nervios a la dependienta, luego lo hago yo, y la consigo calmar. Nos da la comida, y a mí su número de teléfono, y salimos de allí y empezamos a caminar, hasta que llegamos al lugar donde hicimos, por primera vez, la prueba de Kakashi, ahí nos apoyamos en los troncos y...

-¡Itadakimasi! – dice un segundo antes de dar un gran mordisco a su hamburguesa.

-¡Qué aproveche! – digo yo comiendo un poco de la mía.

-¡Qué rico! –exclama eufórico al saborear su comida -¿quieres un poco? – me pregunta pasándome la hamburguesa.

-Está bien – respondo apartando la comida.

Tomo su barbilla con delicadeza y le acerco a mí, acercando mucho nuestras caras, hasta que nuestros labios acaban juntándose. Entonces el decide que me deja besarle, y no pone ninguna clase de resistencia, y pruebo la dichosa hamburguesa desde su boca, que o bien está muy buena, o es que sabe muy bien cuando está en su boca, o ambas puede ser.

-Si – admito -, está deliciosa – concluyo y sigo comiendo de mi comida.

-¿Por qué no cogiste un cachito de mi hamburguesa? – me pregunta molesto por mi acto -, ¡no, claro!¡tú tienes qué complicarlo todo – me dice en un tono de sarcasmo.

-No te piques, dobe – le digo bromeando -, a ti también te ha gustado – le aseguro sonriendo con superioridad.

-¿Cómo? – me dice con los mofletes hinchados por la rabia - ¡Eres un baka, Sasuke-teme! – me insulta fastidiado.

-¡Sólo era una broma! – le replico para defenderme.

-¡Naruto!- le llama alguien.

En unos segundos, aparecen en el horizonte dos siluetas, instantes después están delante nuestra dos personas, un hombre y una mujer, de nuestra edad, aproximadamente. La chica es de pelo azulado y largo con ojos de color plata, y el chico, de un año mayor que la chica, de pelo moreno y ojos plateados también. Ambos tienen expresión estar apurados, y de haber corrido mucho.

-¿Qué pasa, Hinata-chan y Neji? – les pregunta el rubio - ¿qué os trae por aquí? – les interroga curioso.

-Buenas tarde, Naruto-sama y Sasuke-sama – nos saluda educadamente el mayor.

-Konichiwa Na...Naruto-kun y Sasuke-kun – nos saluda también la muchacha con timidez.

-¿Qué quereis? – les pregunto lo menos fríamente que consigo.

-Naruto-san, la Hokage te llama – contesta Neji simplemente.

-Es cierto – nos confirma la Hyuga -, Tsunade-sama tiene algo urgente que decirte – concluye.

-Gracias por avisarme, Hinata-chan y Neji – agradece sinceramente mi rubio – decidle que en seguida voy – dice con una sonrisa.

-Va...vale-asiente con un tímida sonrisa.

-¿Sabéis qué quiere? – les pregunto intrigado.

-Que va – dijo resignado Neji -, sólo nos dijo que quería que te buscásemos y te llamásemos – nos cuenta.

-Y lo antes posible – añade Hinata jugando con sus dedos.

-Bueno, nosotros nos marchamos – nos anuncia el mayor de todos - ¿verdad, Hinata-sama? – le dedica una sonrisa.

-Claro - afirma la mujer sonrojada -, Neji-oniisan.

-Adiós – se despide simplemente el muchacho.

-¡Hasta luego! – dice haciendo una leve reverencia.

Después de las despedidas, ambos chicos se marchan juntos, saltando por los árboles del bosque que nos rodea, y nosotros nos quedamos observando como se van juntos, hasta que desaparecen en la oscuridad del bosque, y nos quedamos lo dos en silencio, pensativos, hasta que el kitsume decide hablar .

-Maldita Tsunade-obachan – se queja Naruto con fastidio - ¿qué querrá ahora? – se pregunta levantándose del suelo.

-Supongo que será una misión – pienso en voz alta´.

-Eso pienso yo también – me dice pensativo

-Te acompaño, me pica la curiosidad – le confieso levantándome.

Los dos echamos a correr, como si nuestra vida dependiese de ello, aunque con la Hokage...nunca se sabe, si la pillamos de mal humor y llegamos tarde, si dependerá el tiempo que tardemos en llegar. Arrojamos nuestra comida, lo que quedaba de ella, a la basura que nos encontramos por el camino. Llegamos al despacho de la Godaime en tiempo record, salvando la vida. No me dejaron entrar, sólo a Naruto, entonces debía ser un asunto bastante importante, normalmente puedo entrar yo también ¿qué será? Y ¿por qué será tan importante?

Como no me dejan entrar, no se cuando van a tardar en salir, y no me apetece permanecer de pie, me siento en el frío suelo a esperar. Odio esperar, es uno de mis peores defectos, no se esperar, soy demasiado impaciente, me desespero esperando, los segundos se me hacen eternos, y no tengo nada que hacer para entretenerme, ¿qué puedo hacer mientras?

Me palpo la pierna, buscando el porta shurinkens sin mirar, me da pereza abrir los ojos, cuando lo encuentro, busco dentro: hay shurinkens, kunais y un pequeño cuaderno, con un diminuto bolígrafo entre sus hojas. Lo extraigo de ahí con cuidado, para que no se corte con los kunais, y me pongo a dibujar. Al menos, ya tengo algo que hacer durante la espera, y así no me desesperaré ni me volveré loco, aunque creo que eso es exagerar demasiado.

Después de varios minutos tranquilamente, el tiempo de dibujarme a mí y a Naruto cogidos de la mano, por primera vez de pareja, veo salir a Naruto, levanto la vista, está apoyado en la puerta que acaba de cerrar y parece preocupado. Cierro el cuaderno en un simple gesto, y me levanto, mirándole a los ojos, él ni siquiera me mira, parece que lo que le han dicho le ha trastornado o algo así. Levanto su barbilla, haciendo que me mire, parece que se vaya a caer al suelo.

-¿Qué pasa? – le pregunto inquieto por su aspecto - ¿qué te han dicho?

-Me han puesto una misión – me contesta simplemente.

-¿Y qué pasa con la misón? – le interrogo.

-Que también es un entrenamiento – me vuelve a responder cabizbajo.

-¿Qué hay de malo en eso? – le pregunto - ¿por qué estás así? – indago.

-Que estaría fuera 6 meses – me aclara abrazándose a mí.

Konochiwa significa Hola