(Bella)
Mi respiración era lenta, acompasada.
Abrí los ojos con dificultad. La luz, que había en la habitación, me cegó involuntariamente e instintivamente cerré los ojos con más fuerza. Volví a intentarlo, abriéndolos con más lentitud que la primera vez y parpadeando varias veces.
Por fin pude observar la habitación con todo lo que tenía.
Estaba recostada en una magistral cama con suave sábanas blancas. Las ventanas tenían hermosas cortinas blancas, con pequeños detalles negros, ahora abiertas, dejando paso a una cantidad, excesiva, de luz por unos inmensos ventanales, más descomunales que el de los Cullen. En la pared contrario había un hermoso y claro sofá y en los lados, grandes estanterías de cristal repletas de libros de diferente grandaria. Enfrente de la puerta, en la otra pared, había un hermoso escritorio, donde reposaba un grandioso ordenador.
El exceso de blanco, como si fuera una obsesión, me hizo saber que estaba en buenas manos, en las manos de Kate. Seguramente aparecería de un momento a otro.
¿Dónde estaría Edward en este momento? ¿Y el resto de los Cullen?
Ya los echaba en falta. A la alegre Alice que siempre tenía planes de compras. Al grandullón de Emmet con sus bromas infantiles. A la orgullosa Rosalie. A la dulce Esme, con sus consejos, siempre acertados. A Jasper, con su facultad para cambiar las emociones. A Carlisle, con su temperamento de líder. Pero sobretodo, a Edward. Sus besos, sus caricias. Ya lo estaba echando en falta.
Aparté las sábanas con cuidado y, con más esfuerzo del que pude imaginar, me senté en el borde derecho. Me sentía extraña, débil, indefensa. Apenas recordaba lo que había pasado para quedar en tal estado, solo pequeños trozos que aunque los juntase quedaba un puzzle débilmente completo.
Me llevé una mano a la boca cuando sentí ganas de toser. Tosí unas cuantas veces, sin parar, sintiendo pequeñas gotitas salir de mi boca y chocar contra mi mano. En un principio, pensé que era saliva, pero al observar la mano, vi que estaba teñida de un rojo escarlata. "Sangre", pensé.
Intenté forzar mi mente para recordar, pero aún no conseguía completar el puzzle. La mayoría de las piezas estaban perdidas. Las piezas que tenía colocadas eran, en su gran mayoría, imágenes de Edward y de sus hermanos.
Necesitaba hablar con Kate, si es que estaba aquí, o con Iris e Iria, daba igual con quien fuera, necesitaba hablar con alguien, con alguien que supiera responder las preguntas que me martilleaban una y otra vez en la cabeza, con "sutil" delicadeza.
Me di impulso con las manos, ya que mis piernas carecían de la fuerza necesaria para dárselo ellas solas. Por fin me puse de pie, aunque las sentía pesadas.
En ese momento la puerta se abrió, al mismo tiempo que mis piernas temblaron violentamente y me derrumbé en el suelo. Miré quien había llegado y observé como Iris me miraba preocupada y se apresuraba en dejar una bandeja, que traía con comida, en el escritorio y corría a socorrerme, pues, pese haberlo intentado un par de veces, no conseguía ponerme en pie.
-No deberías intentar moverte-dijo mientras rodeaba su hombro con un brazo y ella me agarraba de la Cintra para poder levantarme.
Me dejó en la cama y fue a coger la bandeja para dejarla encima de mis piernas.
Observé el contenido. Un plato de pasta y un vaso con un extraño mejunje morado, humeante, que, aparte de oler a rayos fritos, burbujeaba. Con cada burbuja grande que explotaba me daba la impresión de que el sello de la muerte se elevaba por el aire y poco a poco se iba disipando.
-¿Qué es…-pensé una forma de llamarlo- esto?
Iris posó sus ojos en el burbujeante vaso y luego soltó una gran carcajada.
-Esto-recalcó con burla-, es tu medicina para que recuperes la sensibilidad de las piernas. Tienes que bebértelo todo.-miré el vaso asqueada y luego la miré a ella-. La ha hecho Mildred, la curandera, para ti-respondió a mi silenciosa pregunta.
Tragué saliva. Era muy conocida en la organización. Sus mejunjes eran tan terriblemente malos que decían que perdías por completo el sentido del gusto durante un buen tiempo, pero pese a ese pequeño fallo, eran mucho más eficaces que las medicinas químicas que creaban los humanos. Mildred hacía medicinas con hierbas.
Acerqué una mano, temblorosa, al vaso y me lo acerqué sintiendo el olor adentrarse en mis fosas nasales. Al principio era un olor terrible, que me mareo, pero en el fondo tenía un toque dulzón y agradablemente oloroso.
Bebí un pequeño sorbo. El liquido era espeso y estaba caliente. El gusto era mejor de lo que pensaba, pero cuando recorrió mi garganta se volvió mortalmente amargo y me dieron ganas de expulsarlo. ME resistí y deposité el vaso en la bandeja decidida a no beber más.
Cogí un tenedor y pinché un trozo de jamón que vi.
-¿Qué ha pasado?-pregunté a Iris-. Apenas recuerdo nada.
Comencé a llenar generosamente el tenedor y llevándomelo a la boca.
-Chrisitan se metió en tu mente-comenzó Iris-. Demasiado tiempo, Bella. Tu mente quedó gravemente afectada. Le ha llevado dos semanas recuperarse-me atraganté un poco, pero como no tenía más bebida que el mortífero mejunje, no pude sofocarlo enseguida y tosí violentamente unos segundos. Cuando me calmé Iris prosiguió-. Tu cuerpo tampoco se quedó atrás. Las piernas fueron las que más sufrieron y pese ha haber pasado dos semanas aún no están recuperadas, y eso me preocupa.
-¿Qué medidas habéis pensado para que no vuelva ha pasar que controlen mi mente?-pregunté molesta. Parecían que me echaban la culpa por lo que había pasado, cuando había sido yo la que había sufrido.
-Kate ha decidido entrenarte personalmente, Bella-murmuró Iris sin mirarme a la cara.
-¿¡Qué!?-grité quedándome en verdadero estado de shock.
-Lo que has oído. Hasta que tu entrenamiento acabé, no podrás ver a Edward, ni a Alice, ni A Emmet, ni al resto de los Cullen…
Esa información me dolió más que si me torturaran para una muerte lenta y dolorosa.
-¿Por qué razón?-exigí.
-Es posible que tu poder haya sido dañado y las auras comiencen a independizarse, por llamarlo de alguna forma.
-Eso-dudé-, ¿es malo?
-Más de lo que crees.
-¿Por qué?
-No tengo respuestas para todo-Iris solo pudo encogerse de hombros.
-Pues iré a ver a Kate-intenté levantarme-, seguro que ella me puede dar las respuestas que necesito.
Le dirigí una mirada de rabia. No entendía el porque. Iris no tenía la culpa de no poder responder a mis preguntas, pero me sentía frustrada, agotada y débil. Era una mezcla de sensaciones terribles para el ego de un cazador.
-No me mires así, Bells-susurró Iris-. Yo no tengo la culpa de nada de lo que te haya podido hacer Christian, y lo sabes.
Agaché la cabeza abochornada y susurré una disculpa, sobretodo por que la única culpable sobre lo que me había hecho Christian era yo. Iris como respuesta me sonrió. Observó mi plato de comida ya acabado y luego el burbujeante mejunje sin apenas probar.
-Tienes que bebértelo-negué como una niña pequeña, mimada y quisquillosa.
-No pienso hacerlo.
-Oh, claro que lo harás-los ojos de mi amiga brillaron peligrosamente y sentí que tenía un haz bajo la manga-. Piénsalo, Bells. Si no te lo tomas tus piernas tardarán más en curarse… y si tus piernas tardan más en curarse-comencé a ver hacia donde se dirigía con aquellas palabras-, más tardarás en ver a Edward Cullen.
Me tensé violentamente. Me había pillado. Levanté la ceja, enfadada, me había tocado la fibra sensible. Ya era bastante malo que no lo pudiera ver, pero es que mi amiga podía llegar a ser un bicho muy venenoso.
Cogí el vaso y me lo acerqué. Otra vez el olor entró en mis fosas nasales y arrugué un poco la frente.
-Venga… bébetelo-apremió Iris-. Si te consuela saberlo, este es el más dulce que ha hecho.
Eso me tranquilizó un poco, pero solo un poco, aún no había olvidado el primer sorbo que le había dado.
Me acerqué el vaso a los labios y dispuesta a bebérmelo como si de agua se tratase di un largo sorbo. Millones de sabores se mezclaron con mis papilas gustativas. El amargo fue el líder seguido de un agradable sabor dulzón. Detrás se acomodó un sabor ácido pero delicado. La bebida no estaba mal, pero tampoco es que fuera realmente buena. El sabor que predominaba era el amargo.
Según el líquido iba bajando, sentí cierta conformidad y relajación, pero también sentí cada fibra de mi cuerpo arder, así que sin querer alargar más mi agonía gustativa, lo bebía a tragos largos, intentando ignorar los sabores.
-¿Lo has visto?, no ha sido tan malo-la sonrisa burlona de Iris hizo darme cuenta de que tenía los ojos llorosos, así que como pude la fulminé con la mirada mientras recogía las cosas.
-Vaya, parece que has sido bastante valiente para no dejar ni una gota-la voz hizo que mirara hacia la puerta. Mis ojos, aún llorosos, vieron a una elegante vampiresa de extremada belleza que superaba con creces a la mismísima Venus.
-Kate…-no fui capaz de pronunciar nada más.
Iba vestida más normal de lo que cabía en ella. La "antigua" Kate que solía llevar largos vestidos, decoradas de forma exquisita y artesanal, recordando sus tiempos, haciendo cada vez que hacía acto de presencia pensásemos que estábamos en un baile, al estilo antiguo, al que no nos habían informado y por lo tanto nos viésemos obligados a asistir de manera incorrecta, sintiéndonos violentos, y recordándonos a nosotros que su época era muy distinta a la nuestra.
Ahora cualquiera que pudiese verla diría que había nacido en la edad contemporánea. Llevaba unas tenis y sus largas piernas estaban cubiertas por un vaquero que se moldeaba con cada curva y se sujetaba firmemente en la cintura. Su torso estaba más camuflado. Llevaba una camisa blanca y fina que ocultaba bastante sus curvas femeninas. Su pelo, normalmente recogido en sofisticados moños, ahora estaba recogido por una simple coleta.
Alcé una ceja, desde luego había acertado con los pantalones y los zapatos, pero le falló la camisa. Me apostaría mis poderes a que no era su talla.
Iris se inclinó hasta que su boca quedó cerca de mi oído y al hablar pude sentir su aliento envolviéndola.
-Yo también me quedé estupefacta al verla.
Al decir aquellas palabras me di cuenta de que tenía la boca, exageradamente, abierta. También me sorprendió la incoherencia de mi amiga al hablarme cerca de la oreja, Kate era un vampiro y lo habría escuchado igual si hubiera hablado a voz normal.
La aludida arqueó una ceja. Creo que no sabía como sentirse, si violenta porque el comentario le hacía creer que estaba horriblemente ridícula o, por el contrario, contenta, porque le había dado a entender que le quedaba estupendamente.
-Bueno, Bella-susurró Kate, haciéndole dedicándole un saludo a Iris con la cabeza y ésta, recogiendo la bandeja, salió como un rayo, de la habitación-, parece que has dejado de lado tu entrenamiento estos días en Forks.
Agaché la mirada, seguida de la cabeza. Pese a la dulzura de su voz, lo que me estaba echando era una reprimenda. Estaba disgustada conmigo, y yo también lo estaba conmigo misma.
-Lo sé…-intenté explicarme.
-Ahórrate tus patéticas excusas, Bella. ¿Acaso no recuerdas lo mucho que te costó aprender a mantener a raya a los intrusos que querían profanar tu mente?-no respondí-. No has seguido entrenando tus actividades físicas, ni las actividades mentales. Sigue así y…-pareció dudarlo, pese a saber lo que tenía que decir-, tendré que hacer que abandones tu misión en Forks. Sigue así y no me quedará más remedio que encerrarte en estas paredes sin salir a menos que tengas que llevar a cabo una importante misión.
No levantó la voz en ningún momento, pero eso mismo hizo que temblara más que si ella hubiera dado a su voz todo el volumen necesario.
Observé a Kate con rabia. Pero no sentía rabia hacia ella, sino hacia mí, porque Kate tenía razón, porque había descuidado muchas cosas. Había estado demasiado atenta a Edward, y había dejado que eso interviniera en su trabajo profesional.
-Sabes que lo digo por tu bien, Bella-susurró de forma más suave, haciéndola entrar en razón, como si creyese que la mirada de rabia con que la había mirado iba hacia ella-. Recuerda que Christian es demasiado peligroso y volverá a por ti, con o sin Cullen de por medio y quiero que la próxima vez que haga un ataque sorpresa, tú seas consciente y no dejes que tu mente sea controlada por él-se giró para irse, pero volvió sobre sus pasos y recuperó la postura inicial, en medio de la puerta, de pie-. En cuanto a tus poderes, en cuanto descanses los recuperaras. Duerme bien, mi pequeña protegida.
A velocidad vampírica me tumbó en la cama, me tapo con las sábanas y me dio un beso en la frente al cual respondí con una sonrisa, después se fue.
Mis poderes. Suspiré. Por una vez que sentía que no tenía aquella carga tan pesada en mis hombros que ni siquiera me hacían dormir, y la recuperaba enseguida. Luego pensé en las palabras de Iris. Supongo que las mayores responsabilidades recaen sobre los jóvenes. No porque tengan los problemas más dificultosos, sino porque están aprendiendo y no sabemos cual es la decisión correcta.
Sonreí ante esa idea que había surgido en mi mente y cerré los ojos. Escuchando la nana que Edward me solía tararear para dormir, como si en este momento la estuviera tarareando, como si supiera que iba a dormir. Y así con su cara, me sumergí en un profundo y reparador sueño.
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Espero no haber tardado tanto. Lo siento mucho de veras y gracias, como siempre, por sus fantásticos reviews
