Capítulo 14- Sentimientos compartidos
El brazo de Kyouya se estiró frente a su esposa para ayudarle a descender del vehículo. Una vez fuera, Haruhi enlazó su mano a la de él para comenzar a caminar. Muchas miradas se posaban en ellos. Últimamente era muy común ver al joven matrimonio Ootori en público, ya fuera en cenas íntimas en los mejores restaurantes, eventos teatrales o fiestas del círculo.
La chica ya no se ruborizaba ante el contacto, y para Kyouya el gesto ya era bastante cotidiano e inocente, al menos si lo comparaba con lo que ambos hacían cuando estaban solos en su habitación.
Esta vez, la pareja asistía a una cena para la caridad en un elegante restaurant. Uno de los meseros del lugar los guiaba hacia su mesa.
-Me agrada el lugar. Es lindo.- dijo Haruhi mientras tomaba asiento.
-A mi me agrada la vista. Es la mejor.- respondió Kyouya en un tono que a la joven le pareció extraño, hasta que se percató que su marido miraba insistentemente el escote de su vestido de noche.
-¡Kyouya!- reprendió ella con discreción, en tanto sus mejillas se teñían de rojo.
Él sonrió con algo de burla ante el efecto de sus palabras. Veía con bastante simpatía el hecho de que aunque ya tuvieran un par de meses teniendo intimidad, su esposa aún se sonrojara con sus comentarios.
Haruhi le devolvía una mirada suave, casi tierna. Estaba consciente de que en ese momento compartía cierta complicidad con Kyouya. Algo que también ocurría aquellas noches, cuando sus cuerpos desbordaban pasión y las palabras estaban de sobra.
Ella estaba segura de que los ojos de Kyouya reflejaban muchas cosas. La mayoría de ellas escondidas quizá muy dentro de su ser. Por eso amaba la mirada de ese hombre, porque era la certeza de que él compartía sus emociones. Aunque... todavía había algo que no estaba segura que compartieran.
Comenzaba a ser costumbre para Haruhi tener que reprimir sus gemidos mientras ella y Kyouya hacían el amor, y no por temor a que otros se enteraran, sino porque cada vez estaba más cerca de decir cosas de las que podría arrepentirse. Había estado a punto de decirle a su esposo que lo amaba en más de una ocasión.
Eran palabras peligrosas. Si bien, no existían barreras entre sus cuerpos, él no había mostrado interés alguno por sus sentimientos. Eso no estaba contemplado en su acuerdo porque Kyouya no la contemplaba en su futuro. Una vez que consiguiera lo que quería, Haruhi no sería necesaria en su vida. Y ella debía aceptarlo.
Kyouya no podía apartar la mirada de Haruhi. Mientras ella se sumía en sus pensamientos, él solo se moría por besarla. Besarla con tanta pasión que le hiciera darse cuenta de lo que sentía por ella. De aquello que no le resultaba sencillo ordenar en su mente.
Llevaba dos meses intentándolo. Primero había tenido que aceptar lo importante que era en su vida esa mujer. Lo segundo en admitir era que la quería a su lado. Pero eso había resultado la parte difícil. No podría retenerla por siempre. Entonces había resuelto que debía hacerse necesario para Haruhi. Estaba decidido a enamorarla.
Nada parecía haber resultado. Las cenas elegantes, los regalos costosos, las citas planeadas como las de un par de enamorados y otras tantas atenciones. Nada de eso le había dado siquiera un indicio de que ella le quisiese. Sin embargo, él seguiría insistiendo, más aun aprovechando la prolongada ausencia de Tamaki, quien seguía atendiendo asuntos familiares en Europa.
Un mesero interrumpió la atmósfera del joven matrimonio. Se acercó a la mesa y sirvió dos copas de vino.
-¿Te apetece un brindis?- preguntó Kyouya.
-¿Qué celebramos?
-Solo un brindis por nuestra...sociedad. Para que todo siga como hasta ahora.
Sus copas se encontraron delicadamente. Haruhi apenas mojó sus labios con el licor y dejó su copa de lado. Había estado inquieta desde hacía un par de días y, después de pensarlo detenidamente, resolvió que lo mejor sería compartitrlo con su esposo. Estaba a punto de comenzar, cuando la voz de Kyouya la interrumpió.
-¿Cómo va el caso?- cuestionó con genuino interés.
Habían generado el hábito de conversar acerca de sus actividades, y él había llegado a interesarse en los casos de Haruhi porque, de alguna manera, le permitían conocerla y admirarla más.
-Si...sobre eso, han surgido algunos inconvenientes, pero lo resolverémos. Yo...quisiera hablarte de algo más.
-Te escucho.-dijo Kyouya adquiriéndo un semblante sereno.
Haruhi soltó un suspiro profundo antes de comenzar, pero ninguna palabra pudo salir de sus labios, ya que una voz familiar interrumpió su conversación.
-¡Vaya! Que agradable es gozar de la compañía de grandes amigos. Espero no interrumpir.
-De hecho, Naomi, interrumpes algo importante.- expresó Kyouya sin disimular su fastidio.
-Vamos, Kyouya. ¿No te alegra verme?- preguntó la mujer, haciéndo una seña a un mesero para que le acercara un asiento. -Espero que no les moleste que los acompañe esta noche.
-Naomi, voy a tener que pedirte...-
-No, Kyouya, no importa. Puede quedarse.- intervinó Haruhi, desconcertando al joven Ootori. -Yo...necesito ir al tocador.
La chica se levantó rápidamente y de igual forma avanzó a su destino. Kyouya la observó preocupado. Estaba decidido a seguirla, pero Naomi lo detuvo.
-Iré al tocador.
Kyouya volvió a tomar asiento, inquieto por la repentina salida de su esposa, pero más aun por no saber que esperar de aquel encuentro en el tocador de damas.
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Haruhi respiró aliviada al sentir el paño húmedo en su cuello. El mareo estaba cesando y ya no sentía esa presión en el pecho que le dificultaba el paso del aire. Si permanecía un segundo más en esa mesa seguramente iba a desmayarse. Aquello le daba la certeza sobre la inquietud que debía compartir con Kyouya, y por eso le había restado importancia a la presencia de la ex-prometida de su esposo, algo que en otro momento habría despertado sus celos.
Presionó el paño frío en su nuca por última vez antes de regresar, cuando vio a la viuda Murakami entrar al tocador.
-Algo cálida la noche, ¿eh?- dijo la mujer mientras se acercaba al lavamanos para retocar su maquillaje.
Haruhi no respondió al comentario. Naomi le lanzó una mirada desdeñosa antes de sonreír con malicia.
-¿Sabes? Honestamente no entiendo que es lo que ven los hombres en ti. Kyouya debe haber estado muy desesperado en cumplir esa claúsula para recurrir a tu ayuda, pero me extraña más que Suou te haya siquiera tenido en consideración para hacerte su esposa.
-Eso...¿cómo es que...?
-Tengo mis propios contactos. Estoy bien informada acerca de tu...situación. Es una pequeña manía que tu esposo y yo compartimos.
-No va a servirte de nada.
-Nadie ha dicho que usaré esto en tu contra. Simplemente estoy enterada.
-¿Entonces qué es lo que pretendes?
-Solo quiero que tengas claro cuál es tu lugar. En cuanto Kyouya logre sus objetivos volverás a ser insignificante.
-¿Por qué te interesa tanto? Fuiste tu quien lo abandonó en primer lugar.
Naomi sonrió con falsa simpatía antes de contestar.
-Tuve mis razones. De haber seguido con el compromiso, ahora sería la flamante esposa de Kyouya Ootori. Pero yo quería algo más que ser solo la mujer de un hombre poderoso. Así que vi la oportunidad de convertirme en alguien más grande con un matrimonio que no duraría demasiado. Es ahora que me siento en igualdad de condiciones con él. Puedo ser una mujer a su lado sin tener que ser una sombra. Seguro me comprendes. Eres una profesionista exitosa.
-No, no te comprendo. Si amas a alguien no renuncias a él por estúpidos prejuicios.
-Es evidente que estás celosa, lo que confirma mis sospechas de que tu relación con Kyouya es algo más...íntima.
-Mi relación no es algo que te incumba.
-Quizá. Pero cuando Kyouya se deshaga de ti, quiero que te apartes de mi camino.
-¿Qué te hace pensar que eso va a ocurrir?
La cínica sonrîsa de Naomi se ensanchó antes de responder.
-¿Acaso crees que él siente algo por ti, solo por que te tiene en su cama? No seas ingenua.
-Tú...no lo conoces.
-Lo conozco mejor de lo que te imaginas. Podrá acostarse contigo cada noche, pero ¿te ha dicho que te ama alguna vez? Apuesto a que ni siquiera te acaricia luego de quedar saciado.
Haruhi enmudeció. Esa mujer parecía tener razón. Le dolía solo de pensar que podía ver la verdad que ella misma no deseaba admitir.
-No me veas como una enemiga. Lo único que quiero es que comprendas que los hombres como Kyouya no son para ti. Yo lo conozco, lo acepto. Y es así como lo quiero. Sé a la perfección qué esperar. Tú buscas algo que él no puede ofrecerte.
Haruhi comenzaba a sentir un nuevo malestar. Esta vez a causa de la tortuosa conversación. No sabía que más decir. Finalmente, un par de elegantes mujeres entraron al lugar, dándole la ocasión ideal para retirarse. No avanzó demasiado cuando se encontró con Kyouya.
-Estaba a punto de entrar a buscarte.
-No iba a ser necesario.
Al joven Ootori no le pasó desapercibido el tono distante y apagado en la voz de su esposa.
-¿Qué ocurre? ¿Te encuentras bien?
-Solo estoy algo cansada.
Kyouya aceptó la respuesta, sin embargo, no lo dejaba satisfecho.
-Te llevaré a casa.
La chica asintió. No deseaba que algún otro malestar la pusiera en evidencia. No al menos hasta que pusiera en órden sus pensamientos y tomara una decisión.
No hablaron mucho durante el trayecto, tampoco mientras bebían un poco de té antes de dormir. Haruhi cepillaba su largo cabello sentada al borde de la cama. Llevaba ya puesto un ligero camisón. Kyouya salía del cuarto de baño vestido con la mitad de su pijama, con el torso desnudo y la toalla sobre sus hombros.
-¿Te encuentras mejor?
-Si. Creo que solo necesitaba tomar un baño.
Kyouya se sentó junto a ella. Rozó con la punta de sus dedos la espalda de Haruhi. Ella suspiró ante la caricia. El joven Ootori la empujó suavemente para recostarla. Luego comenzaron los besos. Primero suaves y lentos, después cargados de pasión.
En un movimiento rápido, Kyouya levantó la ligera prenda que vestía su esposa para dejar al descubierto sus pechos. Los tomó entre sus manos antes de comenzar a lamer uno de los pezones. Haruhi gimió involuntariamente y de manera poco discreta. Su cuerpo se había vuelto más sensible en las últimas semanas. Su esposo lo notó enseguida.
Él continuaba torturándola con su lengua. Sus manos ya habían descendido hasta llegar a la entrepierna femenina, la cual acarició por encima de la ropa interior. Ella se sentía arder. Frotaba frenéticamente la espalda y la nuca de Kyouya, haciéndole notar su excitación. Había aprendido que eso lo enloquecía.
Kyouya regresó a los labios de Haruhi, tomándolos con desesperación, dejándola casi sin aliento. Ambos sabían que no podrían esperar más para unirse por completo. Compartieron un último beso, que fue lento, casi tierno, pero cargado de pasión. Luego las miradas se cruzaron. Había lágrimas en los ojos de ella a causa de la excitación.
Continuaron mirándose unos instantes, lo que resultaba peligroso. Haruhi deseaba decirle que lo amaba, decirle que problablemente, ambos...Se mordió ligeramente el labio inferior y desvió la mirada. Kyouya salió de su trance. Había quedado prendado a esos dulces ojos...y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. Estaba perdido. Ella podría hacer con él lo que quisiera, manejarlo a su antojo. Su vida le pertenecía ahora.
Sintió temor. Era una sensación abrumadora y no sabía si podría soportarla. Agradeció que ella hubiese roto el contacto visual. Volvió a concentrarse en su encuentro. Liberó a Haruhi de su peso solo lo suficiente para poder tomarla de la cintura y girarla sobre la cama, dejándola boca abajo. Enseguida, Kyouya bajó sus pantalones, exponiéndo su virilidad. Se hizo espacio en la ropa interior de la chica y la penetró.
El joven Ootori contrajo su mandíbula para contenerse, a diferencia de Haruhi, quien dejo escapar un gemido. Kyouya comenzó a moverse dentro de ella tan suave como le era posible. Cada embestida era una tortura deliciosa y los sonidos que emitía su esposa no hacían más que empeorarlo.
-Kyo...Kyouya...aaah, más...más rápido.
Él ignoró la petición. Se estaba esforzando por prolongar el placer de ambos.
-No puedo...más...aaaah. Más rápido.
Había llegado a su límite. Kyouya olvidó todas las consideraciones y se aferró a las caderas de Haruhi para moverse con rapidez. Ella se sujetó fuertemente a las sábanas mientras trataba de contener sus gritos, hasta que alcanzó su punto máximo y gimió por última vez. Su marido la siguió con un ligero gruñido cuando terminó en su interior.
Kyouya se desplomó junto a Haruhi. Los dos se esforzaban por normalizar sus respiraciones. Ella se moría de deseo por descansar sobre el pecho de su esposo y escuchar los latidos de su corazón. Él estaba ansioso por tomarla entre sus brazos y besarla con ternura antes de verla dormir. Pero cada uno siguió en su sitio de la cama.
-Luces exhausta. Será mejor que descanses.- dijo Kyouya mientras tomaba las sábanas para cubrir el cuerpo de Haruhi.
-Si...de acuerdo. Hasta mañana.
-Duerme bien.
Y Haruhi le dió la espalda para que él no pudiera ver sus lágrimas. Después de todo, Naomi tenía razón: Kyouya Ootori no iba a enamorarse jamás.
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Hola a todos. Como siempre, he de suplicar que perdonen mis largas ausencias, pero les aseguro que no abandonaré el proyecto y aprovecharé mi estancia en las filas del desempleo para actualizar lo más pronto posible. Lo prometo.
Volviendo al fic y en respuesta a un MP que recibí, debo decir que esta historia fue concebida hace 8 años, después de haber visto el final del anime de OHSHC. El manga aun no concluía y no se habían publicado aún muchos detalles de la familia de Kyouya en el manga, así que me tome la libertad de inventarme los nombres de sus hermanos y dar mi versión de la relación que tenían, y no quise hacer ninguna corrección al digitalizar el fic por el cariño que le tengo a mi creación. Espero que lo entiendan.
Sin más, agradezco mucho a quienes siguen la historia y a: Azali Kinomoto, Gibryl Funny Bunny, Yukko, Azriel Rigel, Sakura Yuukisama, Lesty, Sakuya Yoruno, Sirone aphrody, Mari, Deyitha, RosieDunne, killua (dos veces), Nonomura Hatori, Amante, oxybry, Lilameily y EphemeryMoments. Gracias por sus ánimos, ojala siga contando con ellos.
¡Nos leemos pronto!
