Summary: "Hay dos cosas que Bella encontró en Nueva York, su nuevo hogar: la Amistad Sincera y el Amor Verdadero, lo que nunca se imaginó encontrar es que su mejor amiga y el amor de su vida eran… hermanos. –El es increíble Alice. Bella era consciente de que sonaba patética y a punto de desfallecer. Su amiga soltó una carcajada y agregó-¡Oh mister Increíble!–Ella es Maravillosa–pensó Edward en voz alta, sus estúpidos amigos, como él los llamaba no perdieron tiempo y comenzaron a mofarse-¡Eddie está enamorado de la mujer maravilla!
Disclaimer:Todo lo que reconozcan es de SM, lo demás es mío.
Âmes sœurs
Cap. 14: Reconociendo tus labios.
.
«En un beso, sabrás todo lo que he callado»
.
Abrí los ojos desorientada. Un cuerpo bastante conocido yacía a mi lado, boca abajo y con un brazo enganchado a mi cintura. Los recuerdos de la noche anterior desfilaron por mi mente. Observe sus facciones, sus ojos cerrados, las espesas pestañas que los ensombrecían, su recta y perfecta nariz, su boca…
Me quedé largo rato observándola, las finas curvas de sus labios, no eran muy gruesos pero tenían la contextura exacta que encajaba con sus demás facciones, el color rosado que poseían me llamaba a probarlos, proporcionándome de su néctar.
Si se trata de confesar algo, entonces diré que secretamente su boca es una de mis partes favoritas de su cuerpo, estoy segura que si alguna vez llegara a probarlos me volvería una adicta sin remedio, tanto que antes de si quiera intentar rehabilitarme preferiría primero morir a no probarlos nunca más.
Su sensual boca, su atractivo cabello broncíneo, sus provocativos ojos esmeraldas, su ancha y atractiva espalda, sus manos sexys y varoniles, su cuerpo entero… Todo eso es algo que deseaba de verdad fuera mío.
Pero no lo era y tenía que resignarme.
Ya que tuve la oportunidad, que por la noche no me fue entregada, me levanté con cuidado de no despertarlo, haciendo a un lado el brozo que me tenia atrapada.
Antes de salir de la habitación lo observe por unos momentos, cuando despertara estoy segura que el dolor de cabeza no lo dejaría tranquilo.
Observé minuciosa el pasillo procurando que no hubiera nadie que pudiera verme, cuando llegué a la habitación que Alice me había designado encontré una bolsa que antes no estaba sobre la cama.
Me mordí el labio inferior al pensar lo que Alice debió de haberse imaginado cuando entro a la recamara a buscarme, la bolsa contenía ropa de mi talla por lo que supuse que la trajo para mí.
Preferí mejor dejar de imaginar cuales serian las reacciones de mi amiga si se llegara a enterar que pase la noche con su hermano, por supuesto que no había pasado nada, pero con eso ella alimentaria mas sus sospechas de lo que hay –o más bien lo que no hay- entre Edward y yo, además según ella, teníamos una plática pendiente. Ni Alice ni Rosalie me dejarían tranquilas hasta que les contara la verdad.
Disfruté enormemente de la ducha, el permanecer durante toda la noche en una misma posición y con el hombre más guapo y sexy no era tarea fácil, no si no quieres hablar con él, y si el está borracho, cuando terminé de vestirme bajé a la cocina encontrándome en ella a Esme.
-Buenos días Esme.
-Buenos Días linda –saludó con su siempre aura de alegría, me recordaba a Alice- ¿Cómo amaneciste?
Es increíble como uno se siente cuando está cerca de esta mujer, es como que de pronto la paz te invade y se te olvidan tus más grandes preocupaciones.
-Muy bien, gracias –dudé por lo que estaba a punto de hacer- humm, quería ver si de casualidad tenias alguna aspirina o algo así para el dolor de cabeza.
-Bella, ayer te dije que esta es tu casa –me tomó por los hombros con suavidad- por lo tanto no sientas pena de pedirme, usar y hacer lo que sea que quieras.
Su sonrisa me dio más confianza.
-Gracias Esme.
-De nada cariño –me abrazo y obviamente le correspondí- Alice me ha hablado tanto de ti que siento como si te conociera de siempre, además ya me entere de lo que pasó ayer antes de que Carlisle y yo nos fuéramos.
La mirada que me dio fue extraña, bueno, extraña en el sentido de que fue una mirada de gozo, en sus ojos distinguí un brillo especial, como si supiera algo que yo ignoraba.
Mientras ella buscaba lo que le pedí en el botiquín yo me senté en uno de los taburetes de la isla de la cocina.
-Alice me contó que mi hijo y tu se conocen, eso es increíble.
-Si –muy increíble- nunca pensé que Edward fuera el 'Eddie' del que Alice siempre me estuvo hablando –admití insegura de querer abordar el tema del chico en cuestión.
-Edward es un gruñón y odia que lo llamen con ese apodo –rió divertida- como te habrás dado cuenta nadie pierde la oportunidad de bromear sobre eso, se la pasan atormentando a mi pobre hijo.
-Hasta yo –solté una risita apenada- en el pastel que cociné le puse "feliz cumpleaños Eddie", Alice nunca me dijo nada sobre si estaba mal o algo…
Las dos nos carcajeamos.
-Por cierto, probé un poco de lo que sobró y déjame felicitarte, eres una excelente cocinera.
-Creo que la que se debería de llevar los elogios es Renée, mi madre, ella nunca perdió la oportunidad de inscribirme a cualquier curso de lo que sea que se le presentara, pero muchas gracias de todas formas.
-Entonces tendré que felicitarla, pero mientras tanto usted señorita tendrá que enseñarme a cocinar ese rico pastel de zanahorias. ¡Oh, aquí están! Sabía que Carlisle las había dejado por alguna parte –me entregó una tableta con un par de comprimidos- las dejare a la vista, creo que muchas personitas en esta casa preguntaran mucho por ellas hoy.
-Ya lo creo –reí entre dientes disponiéndome a servir un vaso de agua.
-Bella, te quería pedir un favor –inquirió un minuto después, parecía un poco apenada.
-Lo que desees Esme, nos dejaste a Rose y a mi dormir en tu casa sin conocernos y no me queda más que hacer lo que sea para compensar eso.
-Cariño, ya te dije que no es nada, para Alice ustedes son como unas hermanas, lo que significa que son como mis hijas, además siempre quise tener una familia numerosa –sonrió honesta- bueno, lo que quería pedirte es si podrías acompañarme a la casa hogar en la que Edward está haciendo labor social, me ha hablado tanto de ese lugar que e deseado mucho ir a conocerlo para ponerme a sus órdenes y ayudar en lo que se necesite.
-Eso es genial Esme –inquirí animada.
-Se que tú conoces el lugar, por eso te molesto, de no ser así se lo pediría a Edward, pero ya ves, ahorita debe estar en su quinto sueño y cuando despierte no podrá con la resaca.
-No hay problema, podemos ir juntas, es más, podemos invitar a Alice y a Rose, ellas querían conocer el lugar también.
-Perfecto, podemos desayunar algo mientras ellas despiertan ¿te parece bien?
-Me parece bien –me detuve un segundo- eh, yo, vuelvo enseguida ¿sí? –vacilé ya rumbo a la puerta.
-Ve –rió como si sospechase lo que fuera a hacer. Inmediatamente me sonrojé.
Con el vaso de agua en una mano y los analgésicos en la otra, nuevamente fui por el mismo camino que había cruzado con anterioridad.
Una vez frente a la puerta, insegura y temerosa giré la perilla y me asomé cuidadosamente.
Entré sin hacer ruido, me sentía como un convicto a punto de fugarse de la prisión, me acerqué a la mesita de noche y dejé ahí lo que traía conmigo, le serviría mucho cuando despertara. Miré a Edward, aun seguía durmiendo pacíficamente.
¡Jesús! Hasta dormido era sexy, y tierno, adorable y... Yo no tenía remedio.
Sé que después iba a arrepentirme, pero, como he dicho, eso seria después, por ahora me importaba un bledo todo. Me senté al borde de la cama, mi mano temblorosa se movió por si sola e inicio el avance insegura hasta las hebras broncíneas que se disparaban en todas direcciones.
Mis dedos se sintieron libres de acariciar, pero temerosos de ser descubiertos, me quedé quieta cuando Edward se removió un poco, suspiró y una pequeña y angelical sonrisa se extendió por sus labios, por instinto yo también sonreí.
Era casi inimaginable la forma en la que quería a este hombre, nunca, jamás, experimenté algo semejante a esto.
Un sentimiento que me invadía por completo, pero en lugar de explotar con júbilo y libertad, con impotencia se limitaba y terminaba en estado de frustración. Ni siquiera sé cómo puedo describirlo, esto era 'indescriptible', solo se siente pero no lo puedes ver, ni medir. Aun que la ciencia tratara de hacerlo. Este sentimiento era extraño pero extraordinario.
Y desesperante si es que te encontrabas en mi posición.
Con desanimo me levanté y con sigilo salí de la habitación.
Al bajar las escaleras, al pie de estas me encontré con Alice y Rose, les conté sobre ir a la casa hogar con Esme, inmediatamente se mostraron entusiasmadas, pues desde hace un tiempo les platiqué sobre el lugar y emocionadas estaban más desde el día que me acompañaron a comprar las cosas que llevé esa primera vez.
Juntas caminamos rumbo a la cocina donde nos encontramos a Esme, quien saludo a las chicas animadamente, ayudamos a servir el desayuno y entre risas burlonas por los hombres que seguían dormidos, indirectas bien directas a mi persona, comentarios sugerentes hacia Rosalie por lo que pasó con Emmett ayer, comimos.
-Es que ese chico es justo lo que me recetó el Doctor –animada nos confesó nuestra rubia amiga, sus ojos brillaban de una forma increíble.
Reímos animadamente.
-Solo te advierto Rose que Emmett es de los que nada mas ve faldas y va detrás –Alice parecía un poco insegura, ella conocía mejor al chico así que mejor no confiarse tanto, aun que Emmett parecía un niño bien infantil, no creo que sea capaz ni de lastimar a una lagartija.
-Emmett es un gran chico y con un gran corazón –inquirió Esme dirigiéndose a Rose de manera comprensiva- se que sería incapaz de lastimarte, además ya es hora de que alguien lo haga sentar cabeza.
-No se preocupen, yo le pondré frenos a ese osito grandulón –a veces me preguntaba de dónde sacaba tanta seguridad, en sus palabras no había mas que convicción.
-De eso estoy segura –añadí asintiendo.
-Bueno, chicas, es hora de partir o se nos irá el día –anunció Esme.
Me ofrecí a levantar los platos y lavarlos, pero me detuvo alegando y recordándome que yo al igual que Rose éramos invitadas. Salimos de la casa en el auto de Alice llevando con nosotras una inmensa caja llena de juguetes que Esme nos contó recaudó de la campaña mas reciente que había hecho.
El pasar tiempo entre mujeres me reinventó, tenían cada ocurrencia, entre las tres me hicieron reír y gracias a eso me sentí mas cómoda con su presencia.
Ya en el orfanato fuimos directo con la directora de la institución. La señora Wells mostro su alegría al conocer a nuevas personas interesadas en la causa. Inmediatamente entablamos conversación las cuatro mientras paseábamos por las instalaciones, las caras de las chicas pasaban de tristeza al escuchar las diferentes historias de los niños, hasta felicidad al verlos jugar alegres por los jardines.
En un momento determinado reunieron a los pequeños, los cuales muy obedientes y emocionados –al ver lo que les esperaba- se sentaron en el césped, conforme la señora Liza los iba llamando por sus respectivos nombres se ponían de pie e iban hacia Esme, quien les entregaba con una gran sonrisa y un abrazo uno de los juguetes que reposaban dentro de la gran caja.
La ilusión de los niños no tiene precio.
Fue chistoso de ver cuando tocó el turno a la pequeña Lizzy, emocionada y dando brinquitos llegó frente a Esme, se detuvo y su timidez pudo más. Le sonreí para darle ánimos, pero ella seguía mirándola, escrutándola tan profundamente que fue ahí cuando me percaté de que algo pasaba.
El semblante de Esme se notaba diferente, su mirada maternal conectada con la de la pequeña, en sus ojos verdes había una chispa vivaz que se extendía por toda su fisonomía. Por otro lado, Lizzy la miraba concienzudamente como si estuviese buscando algo, tal vez alguna señal que la animara a acercarse, un indicio de confianza. Algo pareció hacer click.
Me sorprendió percatarme de la extraña 'complicidad' que las envolvía, Esme era una persona atrayente, con un don maternal a flor de piel, no me sorprendería que la niña frente a ella hubiese ya caído en sus encantos.
Poco a poco Lizzy dio cortos pasos acercándose, sus manitas estrujaban con timidez los costados de su vestido, Esme se colocó en cuclillas y le tendió la mano sonriéndole; los labios de la pequeña duende –colega de Alice- dejaron entre ver una pequeña sonrisita, sus ojos llenos de inocencia, tomó la manó que le era tendida y se acercó aun más.
-Hola pequeña, ¿eres Lizzy cierto? –preguntó- me han hablado mucho de ti.
Sonrió y sus mejillas se colorearon.
-¿Te han hablado de mi?
-Sí, mucho, mucho, mucho –exclamó infundiéndole confianza. Ella solo soltó una risita musical- veamos que tenemos para ti.
La carita de Lizzy se iluminó.
Se levantó y rebuscó entre los juguetes de la caja, de ella sacó un estuche de pastico, lo contempló por unos segundos y asintiendo volvió a su anterior posición quedando así a la misma estatura que la pequeña.
-Espero que te guste –le entregó el paquete, cuando lo vio abrió su boca en una perfecta 'O'.
-¡Son el señor y la señora cara de papa! -canturreó botando en su lugar, en un movimiento efusivo se lanzó a Esme, la rodeó con sus bracitos y la cariñosa mujer le correspondió- ¡Gracias señora bonita!
-Soy Esme cariño, nada de señora y gracias por lo de bonita, tu eres hermosa –dijo aun riendo por la sorpresiva muestra de afecto y acariciando su lacio cabello- ¿me regalas un beso?
Sin pensárselo dos veces Lizzy le plantó un sonoroso beso en la mejilla.
Después del emotivo momento se entregaron los regalos a los niños restantes, las risas y las exclamaciones de emoción no se hicieron esperar, gratificante era ver el pedacito de felicidad que les podíamos proporcionar, el corazón se me encogía cada vez que miraba como Esme se sentaba con ellos para abrir sus nuevas adquisiciones, al principio se portaba con ellos con un poco de precaución, pues no sabía cómo los niños tomarían su cercanía, pero cuando la confianza los invadía al ver a la mujer cariñosa a su lado, se relajaban y ella los abrazaba y se reía llenando el ambiente con su calidez.
Siguiendo su ejemplo, Alice, Rose y yo hicimos lo mismo. Me di cuenta del esfuerzo que estaba haciendo Lizzy al intentar abrir sus juguetes, me acerque y me senté con ella para poder ayudarla.
-¿Te gustaron tus regalos? –le pregunté destapando el estuche de plástico.
-¡Sip!, yo siemple quise un juguete como estos para que pudieran jugar conmigo –exclamó haciendo gestos chistosos y gesticulando en el aire- el otro día vimos toy story –de pronto se quedó quieta.
-¿Qué pasa corazón? –me extrañó su recién estado de silencio.
-¡El señor y la señora caras de papa se salieron de la tele! –vociferó con sus manitas tapando su boca.
La imaginación de los niños sin duda era tan grande como adorable. Reí jovialmente.
Juntas sacamos las partes que comprendían a la dichosa pareja. Lizzy comenzó a jugar con ellos, ensamblaba cada unas de las partes buscando así armar los cuerpos de las patatas.
Esme mencionó antes que ya había escuchado de la pequeña, me imagino que eso se lo debíamos a Edward, en mi mente ya se formaba la escena de él contándole a su madre sobre la pequeña diablilla.
Me pregunté qué haría cuando lo viese de nuevo. No podía salir corriendo como últimamente lo hacía, no podía seguirme escondiendo y tratando de alejarme de él y menos ahora que sabía que Alice era su hermana. Tenía que buscar una solución.
-¿Sabes que Esme es la mamá de Edward? –formulé dejando de pensar en cosas que solo me confundían.
Levantó su cabeza y abrió sus grandes ojos azules.
-¿La mami de Ed es la señora bonita?
Sonreí al ver su expresión.
-Sí, y Alice es su hermana –aclaré.
-¿La señora bonita es la mami de Ed y la Adita que esta allá su hermanita? -volvió a preguntar pero ahora señalando a Alice que jugaba con algunos niños, nos regresó a ver y nos regaló una relampagueante sonrisa, ella disfrutaba de esto tanto como Esme, Rose y yo- ¿Y la Barbie también es su hermanita? –esta vez señaló a Rosalie que reía a mandíbula batiente junto a los monstruitos que al parecer le contaban algún buen chiste.
Volví a reír al escuchar las fantasiosas y encantadoras apreciaciones de Lizzy.
-La señora bonita, Esme, si es la mami de Edward, la Adita Alice es su hermana y la Barbie Rose es nuestra amiga –expliqué.
-¡Ahh, ya entendí, y tu eres la novia de Edward!
-Eh, yo…
En un acto reflejó pasé las manos repetidas veces alisando mi cabello, cuando estuve a punto de abrir mi boca me salvo la campana, en este caso Esme.
-¿Puedo sentarme con ustedes?
-C-claro Esme –puntualice sonriendo nerviosa.
-Bella dice que eres la mami de Ed, ¿de verdad?
-Por supuesto, Edward me ha contado mucho de ti, dice que eres una niña muy bonita, tierna e inteligente, mi hijo te quiere mucho.
Los ojos de Lizzy chispearon, movió un poco su cuerpo y se acercó más a Esme.
-¿Te cuento un secreto especial? –susurró según ella para que solo Esme la escuchara.
Esme se inclinó más hacia ella, yo solo sonreía.
-Por supuesto, te escucho –apremió complacida.
-Yo también quiero a Ed, es como mi hermanito, él me cuida, me da dulces aunque Lucy luego se enojé y también muchas veces me acompaña a comer –se me oprimió el corazón al escucharla- una vez cuando yo estaba llorando y quería a mi mami, me dijo que ella era la estrella más bonita que estaba en el cielo, y que cuando hacia así –abrió y cerró su mano repetidas veces- era como los tun tun que se sienten aquí –ahora llevó la mano a su corazón- y eso quiere decir que mi mamá siempre está conmigo, yo también escuché su corazón que también hacia tun tun tun, él dijo que tu también siempre estabas con él, y que ambas siempre nos estaban cuidando para que estuviéramos bien, por eso ahora ya no me pongo triste ni Ed tampoco, porque si nos ponemos así, ustedes también lo estarán.
Esme y yo solo nos quedamos en silencio, dándonos cuenta de la pureza e inocencia de la pequeña, ella la miraba con semblante compungido, yo mejor no estaba.
-Edward tiene toda la razón –comenzó- tu madre y yo aun que muchas veces no estemos con ustedes físicamente, siempre vamos a estar aquí –señalo el corazón de la niña- protegiéndolos y amándolos, lo mismo pasa con Bella –me regresó a ver sonriendo sincera- su mamá ahora no está cerca, pues ella se vino a estudiar aquí, pero aun así, su mami siempre está en su corazón cuidándola.
La mujer de cabellos color caramelo acarició amorosamente la sonrosada mejilla de la pequeña niña quien con más confianza aun, la estrechó en un gran abrazo.
.´
-¡Ahora si Bella, de esto nadie te salva! –soltó Alice con los brazos cruzados y con suma convicción.
-¡Ya te lo dije, no hay nada de qué hablar! –me levante impaciente del sofá, Rose sentada en el brazo de este no articulaba palabra, solo observaba sus uñas, al menos ella no me presionaba tanto como Alice, o bueno, quizá no hablara para torturarme pero las miradas que me echaba sí que me 'animaban' a contestar las preguntas de la duende.
Después de haber estado en la casa hogar Alice nos hizo el favor de venir a dejarnos a nuestro departamento para así poder llevar de regreso a Esme a su casa.
Cuanto añoraba que Esme siguiese aquí, de ser así el par de amigas a mi lado se limitarían a hablar del tema que no tenía ganas, Edward. Desde ahora su tema favorito.
Ese era el motivo por el cual ahora estábamos teniendo esta conversación, por lo visto a las dos les estaba carcomiendo no tener información fidedigna sobre lo que ocurría. Esto era peor que ser castigada por la santa inquisición.
-Bella, no quiero meterme donde no me llaman, pero si mis conclusiones son acertadas y el chico del que hablamos hace tiempo, con el que saliste y al que viste con otra, se trata de mi hermano, me gustaría mucho saberlo.
Suspire resignada, me dejé caer en el centro del sofá, con Rose a un costado y Alice al otro. Yo era el blanco de todo.
-¿Por qué tenemos que hablar de cosas desagradables? –pregunté a la defensiva, si le contaba que en efecto, siempre se trató de Edward, puede que hasta la hiciera ponerse en contra de su hermano, ella fue presente de cómo estuve en esos días. No quería eso, su relación era muy bonita como para que yo llegara a desestabilizarla.
-Solo queremos ayudarte Bella –Rose habló por fin- puede que hayamos descubierto cosas con respecto a Edward que tú te niegas a ver, puedo apostar a que eso es lo que ocurre aquí. Todo es una confusión.
-Te vamos a hacer un par de preguntas, -inquirió Alice a la carga, ella no obtendría nunca una negativa- si no quieres dar detalles está bien, solo afirma o niega según la cuestión, ¿de acuerdo?
Rodé los ojos.
-¿Es Edward ese chico?
¡Hmhmpf! ¿Por qué tenía que preguntar precisamente eso?
-Si –fue mi desganada respuesta.
Ninguna de ellas mostró alguna sorpresa, y es que las dos eran personas muy astutas, esa información la sabían de sobra solo necesitaban asegurarse.
-¿Te gusta Edward? –Rose siempre tan directa. Le lancé dagas con los ojos -¿Eh, te gusta? –presionó.
Gruñí, ¿cómo se ponían a preguntarme estas cosas así como así?
-Si –murmuré de mala gana.
Repentinamente me hice hacia atrás recargándome en el respaldo cuando el par de locas se acercaron en el centro para chocar las manos, demás está decir que eufóricas.
-¡Obvio, lo sabíamos!
-¡Oh, futura cuñada! –exclamó Alice toda exultada, la miré como si tuviera monos en la cara, ellas solo reían de mi desgracia- ¡Siguiente pregunta!
-¡Noo! –creo que casi rugí.
-¡Oh, sí!
-¡Me toca! –la emoción de Alice a todo lo que da- ¿Lo quieres?, ¿quieres a mi hermano?
¡Pfff!, ¿Qué clase de pregunta es esa?, es más que obvio.
-¡Sí! –vociferé exasperada.
-¿Mucho?
-¡Que sí!
-¿Demasiado? –gritaron a la vez con ojos casi cristalinos de la emoción.
-¿Del tipo que cuando lo vez o piensas en él tus hormonas brincan desesperadas y cuando lo tienes cerca tus feromonas caen muertas ante su olor y te sientes atraída al hombre como un imán? –Rose paporreteó como una castañuela en su lugar, el miedo comenzaba a filtrarse por mi cuerpo.
¡Pero qué rayos!
-¡Por el amor de Dios!, ¿no entienden lo que es un 'si'?, lo quiero, y mucho, más de lo que cualquiera e incluso yo misma puedo imaginarme, ¿Contentas? –terminé cruzándome de brazos y respirando agitadamente.
¿Querían saber?, ¡ah pues ahí tienen!
Alice y Rosalie tenían caras perplejas, ojos grandes y brillantes y bocas ligeramente abiertas, una fracción de segundo después se echaron a reír, carcajeándose como locas desquiciadas.
-¡Eso es más de lo que podríamos haber pedido! –nunca antes vi a Rose tan emocionada, pasar tanto tiempo con Alice le hacía mal.
-Una última cosa… -repentinamente Alice se puse seria, me estremecí de anticipación- Recuerdo esa vez que te ayudé a arreglarte para salir con mi hermano –sonrió mirándome de una forma diferente, como si aparte de su boca sus ojos también hablaran, vi en ellos total sinceridad así como en cada palabra que iba formulando- lo emocionada que estabas… lo que me contaste al regresar. Y por todas esas cosas que me dijiste, sin pensármelo pongo las manos al fuego por Edward, porque lo conozco, se como es, y él nunca, por más que lo intentase, podría hacerle daño a nadie, y menos a alguien a quien realmente quiere como te quiere a ti.
-Edward no… -como siempre mis mecanismos de defensa se activaban para que no saliera dañada.
-Edward si –abordó ahora Rose asintiendo cortando lo que pretendía negar- para nadie es un secreto que él siente algo por ti, le gustas, te quiere y es una pena que por todos esos malos entendidos su relación no pueda prosperar, esta es la razón por la que Al y yo decidimos interferir solo un poco, ya es hora de que se dejen de tonterías y se pongan las pilas -¿Dónde habían quedado las chifladas de mis amigas?, ahora solo veía en ellas seriedad, como si estuvieran tratando un tema de vida o muerte- Bella, la vida es una y tienes que vivirla ¡ya!, y eso incluye a Edward pues el también tiene que hacerlo, por lo visto ustedes ya no dan un paso sin antes no pensar en el otro. Cada uno ya forma parte de la vida del otro, es hora de comenzar a vivir como se debe, y que mejor que teniendo a tu lado al chico al que quieres y por el que te mueres y viceversa…
Mi cara tenía que ser un poema.
¡Dios!, que ni que Oscar Wilde, que ni que Pablo Coelho, Alice y Rosalie eran las nuevas poetas del siglo XXI.
Procesé rápido la información para no quedarme atrás, pues ellas iban mucho, muy demasiado adelante…
Y sí, quizás tenían razón en muchas cosas, pero en otras aun me dejaban pensando, por ejemplo en eso tan importante como que ellas me decían algo pero en realidad yo no tenía ni la más mínima idea de si eso era real, o de que pensaba Edward sobre esto.
¿Qué él se muere por mi?, ¿Qué me quiere de la misma forma que yo al él?, esa es la percepción de Alice y Rosalie, no la mía, y de la boca de él mismo no lo sabía.
-¿Malos entendidos?, ¿Qué gracias a eso nuestra relación no puede prosperar? –ahora si estaba perpleja- ¿de qué hablan?, ¡Yo sé lo que vi y en eso no hay ningún mal entendido!
No, no lo había, si Edward y yo hubiéramos tenido una oportunidad eso se habría visto desde el principio, mas sin embargo nos vimos estancados solo en nuestra bonita amistad–y de la cual no reniego, al menos podría quedarme con eso-pues él ya salía con alguien más… O al menos esa fue la impresión que me dio cuando lo vi besándose con Lauren. Y luego cuando lo fui a buscar para entregarle su regalo de cumpleaños ella llegó y, y… Y ya no sabía que pensar. Mi cabeza solo se estaba confundiendo más y más.
-Alice y yo hemos decidido no meternos del todo en esto, si aquí hay una gran telaraña, que es obvio, tienes que desenmarañarla por ti misma. –la manó de Rose se posó sobre mi brazo conciliadoramente- Recuerda lo que una vez hablamos, todas las dificultades y problemas te dan experiencias, y las experiencias son las que te ayudan a madurar, no importa cuán adversas parezcan las circunstancias, al final todo esto no ayudara a nadie más que a ti… Es hora de que comiences a actuar- su sonrisa fue alentadora.
-Y eso será justo hoy.
-¿A qué te refieres Alice? –nada de lo que su ingeniosa mente maquinaba era bueno, o tal vez si, pero antes siempre tenías que pasar por cosas que no precisamente te agradaban. Si, ya sé, experiencias. Tuve ganas de poner los ojos en blanco.
-Esta noche iremos al Hard Rock, nos divertiremos y dejaremos que el mundo gire… -y nuevamente aquí tenemos a la inquieta duende.
-¡Estupendo! –Rose aplaudió sobreexcitada para después detenerse un momento- ¿Podemos invitar a los chicos? –suspiró con añoranza- tengo ganas de ver a ese osito que se hace pasar por Emmett.
Estática en mi lugar veía como interactuaban ideando su plan de dejar que 'el mundo gire'.
-De hecho mi querida Rose, nosotras fuimos invitadas por ellos. –deliberó complacida- Ayer durante la fiesta escuché como Edward quedaba con uno de sus amigos. Todos los fines de semana hay bandas indie tocando en vivo, y el amigo de Eddie toca hoy, así que todos estamos invitados.
Comenzaron a moverse en círculos aun sentadas en el sofá, con los brazos al frente y supuestamente bailando algún tipo de ritual de la victoria. No niego que la idea de ir me gustaba, la verdad es que me sentía tan emocionada como ellas, por varias razones. Pero no lo iba a demostrar, no frente a ellas.
Primero tantearía el terreno para no ilusionarme de más, quería descubrir por mi cuenta si lo que decían era verdad, si no lo era entonces dejaría que las cosas siguieran su rumbo como hasta ahora.
Quizás ya me afectaba escuchar tantos consejos alentadores de su parte, me daba la impresión de que este par de mujeres últimamente se habían enganchado demasiado con los libros de superación personal, habría que hacer algo al respecto, después ya las podía ver haciendo manifestaciones a lo grande por los derechos humanos o que se yo.
-¡Así que chicas, es hora de comenzar a ponernos bellas! –aulló Miss moda, ósea mi querida amiga Alice- Los chicos pasaran por nosotras en aproximadamente dos horas.
¿Podría oponerme a la intervención de belleza que estaba por comenzar teniéndolas a ellas como instructoras?
No es como si tuviera opción, pero por el bien de mi salud mental lo intentaría.
-Desde ahora les advierto que no voy a permitir que me usen de su maniquí -aclaré lo más segura que pude.
-De acuerdo –se encogieron de hombros como si nada.
-¿Eh? -¿Dónde quedaban las típicas protestas que soltaban cuando me oponía?
Que locas.
-Puedes ir como quieras siempre y cuando nosotras supervisemos lo que te pongas –sonrió Alice dándome a conocer su gran condición.
Bueno, pudo haber sido peor.
Comenzamos con nuestro arreglo personal, me di un baño para relajarme y estar preparada para lo que se avecinaba y por lo cual ya me encontraba nerviosa. Busqué en mi armario algo práctico, cómodo, pero que no dejara de ser femenino y lindo. Por alguna razón que no pienso aceptar quería lucir bonita. Las chicas se movían por todos lados, iban y venían de habitación, revolé los ojos, así fueran al supermercado ellas siempre andarían como modelos de pasarela.
Me vestí con unos jeans entubados y artísticamente desgastados, a juego con una blusa negra ajustaba de cuello en 'v' con un curioso diseño de líneas dibujadas en el centro, por ultimo me calcé unos coquetos stilettos igualmente negros. Me maquillé un poco sin perder mi estilo pues no acostumbraba nunca a tapizarme tanto la cara, con mi cabello no hice mucho, solo lo sequé y lo peiné e instantáneamente las ondas castañas se fueron formando.
Tomé conmigo mi chaqueta bolero de cuero negra y salí rumbo a la estancia preparada para lo que fuera a suceder. Me sentía valiente y dispuesta a todo.
-¡Wow!, después de todo no somos tan mala influencia para ti Alice se paró en seco para hacer su evaluación Casual y femenina, me gusta.
-Estás muy linda, le diré a Emmett que por seguridad se coloqué tras Edwaard a la hora de que este te vea, estoy segura de que el pobre hombre se irá para atrás.
-Gracias Rose, no creo que sea necesario –contesté un poquito roja- las estaré esperando en la sala, terminen de arreglarse o se nos hará tarde.
Volvieron a lo suyo. Un poco sedienta rebuscaba en la nevera de la cocina cuando escuché que el timbre sonó, me trasladé hacia el llamado y sin más di un tirón para abrir la puerta y encontrarme con mi problema personal.
Tan guapo como siempre y con sus gemas brillantes mirándome con algún tipo de asombro, seguro con la misma impresión que plasmaba mi cara ante su presencia, su sonrisa fácil reapareció una decima de segundo después, mala idea, los traicioneros nervios me invadieron como prueba de mi atracción hacia él.
-Humm… hola –con disimulo carraspee, mi voz flaqueó a la primera, tenía que mostrarme más segura.
-Hola. –exhaló una considerable cantidad de aire al dar dos pasos hacia mí y pegar su cuerpo al mío, esto me tomo por sorpresa pero sin duda fue algo de lo que no me quejé, al contrario agradecí internamente y más cuando sus fuertes brazos me rodearon y me acurrucaron. Actuaba como si nunca hubiese pasado nada, incluso sentí como si el mi quisiera, no, no sentí dudas en eso, él me quería, de la forma que sea pero me quería, su abrazó me transmitió seguridad, protección, mucho anhelo y esperanza. Un poco dubitativa levanté las manos y las posé en su cintura, me deleite con su aroma, delicioso, el siempre olía delicioso- Estas tan hermosa como de costumbre –susurró en mi oído, lo cual me causo un estremecimiento, se alejó un poco y depositó un beso en la punta de mi nariz, su encantadora sonrisa torcida me deslumbró.
No hice nada al respecto, estaba paralizada por mi descubrimiento. A mi mente vinieron las palabras de Alice y Rose. 'Deja que el mundo gire'.
-Sabes que tenemos que hablar ¿verdad?, por favor… -la mano pasando por entre sus cabellos me dijo lo nervioso que estaba. Al menos el sentimiento era mutuo.
-Más tarde ¿sip? ya no podíamos posponer esto, sea lo que sea lo que nos tuviéramos que decir no tenía que pasar de hoy.
-¡Tierra, tierra firme! –un Emmett jadeante apareció en la puerta- ¡Jesucristo, que manera de conducir!, Bella traes de un ala a Meteoro, se ha vuelto un maníaco al volante y todo por querer verte lo antes posible –mis mejillas se tornaron rojas, todos rieron por las ocurrencias de Emmett, salvo Edward, quien le regaló un pequeño gruñido.
Rosalie y Alice aparecieron tan maravillosas como solo ellas, saludaron a los chicos e iniciamos la marcha hacia los autos. Edward me rodeó por los hombros y me encaminó al lado del copiloto del volvo. Sin querer me comportaba como una autómata, pero ¿qué podía hacer?, desde que lo vi fui recibiendo pequeñas sorpresas por sorpresas, apenas ayer lo evitaba queriendo alejarme y olvidar lo que sentía por él, y ahora solo me dejaba guiar y hacer todo lo que quisiera.
'Deja que el mundo gire'.
Eché una mirada a la gamba de traidores. Todos se iban en el auto de Jasper: Alice, Seth, Emmett y Rose, todos juntos. Ya sabía lo que buscaban, que echara mi suerte al azar. Bola de conspiradores.
El trayecto no fue más que un silencio cómodo, Edward conectó su Ipod al estéreo y me lo pasó para que escogiera algo de su playlis, le regalé una pequeña sonrisa, siempre me había gustado lo considerado que era. Me decidí por algo de los Beatles que rápidamente inundó el ambiente. En la tensa oscuridad las chispas que siempre se prendían al encontrarnos cerca aparecieron, era extraña la atracción que nos unía.
Al llegar se estacionó seguido por Jasper, salió del auto y abrió la puerta para mí, nos miramos, yo a él con timidez y él a mí con ternura. Aun no tenía idea de que esperar y eso hacía que siguiera existiendo una barrera invisible entre nosotros, de inmediato eso me hizo sentir mal, él lo único que quería era acercarse a mí. El no merecía a alguien tan egoísta como yo.
Lo dejé cerrar la puerta mientras que yo me unía a las chicas, la típica guitarra gigante envuelta en luces de neón se veía a lo grande, caminamos juntas entre bromas y risas por su mala jugada, los chicos pisándonos los talones.
-¡Hey, vamos al 'Hard Rock shop', necesito mi camisa!
Seth nos llevó a todos hacia la tienda de artículos que se encontraba dentro del café, comenzamos a evaluar las piezas, había desde las típicas camisetas diseñadas por artistas, gorras, pins coleccionables, pulseras, entre otras cosas comerciales.
Había escuchado de la famosa tradición que caracterizaba al sitio, decía que por cada Hard Rock que visitaras a lo largo de todo el mundo tenías que adquirir una camiseta en cada lugar, un hobbie que se hizo popular en los 80´s.
Aprecié una linda camiseta con un diseño fresco vintage; no era mala idea hacer mi primera compra, la llevé al mostrador donde Alice, Rose y Seth pagaban ya las suyas, saqué mi cartera y…
-Aquí tiene –un brazo pasó sobre mi hombro y le entregó una tarjeta dorada al dependiente quien la acepto y comenzó a guardar mi camiseta en una bolsa con el logo de la tienda impreso, lista para entregársela, entorne los ojos y me di la vuelta indignada.
-Edward, esa es mi playera y por lo tanto yo la pago -me sonrió divertido.
-Es solo una playera Bella –se encogió de hombros aun con su sonrisa encantadora- no hay problema.
Bufé y encaré al chico tras el mostrador.
-Disculpa, no se la cobres, es mía, yo la pago.
-Lo siento señorita, ya está hecho –bufé otra vez y me volví hacia Edward que me miraba burlón.
-Bien, entonces si es una simple camiseta no creo que haya problema si yo pago la tuya –rápidamente le quité de las manos la prenda que él pensaba comprar.
-Bella, por favor no es necesario….
Le di la espalda y no le hice caso, entregué la prenda y mi tarjeta.
-Cargue esto a mi cuenta –sonreí complacida escuchando las risillas burlonas de nuestros amigos- Es solo una playera Edward.
El chico encargado metió la prenda en una nueva bolsa y me la entregó junto con mi tarjeta, le di las gracias y me gire para encontrarme a Edward, quien en una pose sexy y enfurruñada mantenía los brazos cruzados, los ojos entrecerrados y me miraba reprobatoriamente.
-Listo –canturreé feliz.
Con las manos deshice la posición de sus brazos, le quité la bolsa que era mía y le entregue la suya. Rodó los ojos.
Salí riendo con las chicas dejando a los chicos detrás, nos dirigimos al café, al entrar un camarero nos interceptó dándonos la bienvenida y llevándonos al interior.
Nos adentramos a la tenue luz de la estancia, seguimos al mesero quien nos dirigió a una de las mesas destinadas frente al escenario. Edward como un fantasma se materializo a mi lado, moviendo mi silla para ayudar a sentarme y después sentarse en una silla contigua a mí, Emmett y Jasper no quedándose atrás hicieron lo mismo con Rose y Alice. Seth puso los ojos en blanco.
A los pocos minutos apareció un muchacho alto de tez blanca y cabello negro, Alec, el amigo de Edward, este último nos presentó y el chico nos saludó tan alegre como si nos conociéramos de siempre, conversamos todos juntos por un rato pues luego se marchó ya que su banda comenzaría a tocar.
Mientras pedíamos al mesero nuestra cena, mis ojos vagaron inspeccionando el sofisticado lugar.
Las paredes recubiertas con relucientes paneles de madera en donde una gran colección de objetos de culto del rock reposaban en todo su esplendor. Incontables e históricas guitarras, camisetas, fotografías y modernos cuadros entre otras cosas, pero en ninguno podría faltar la firma que constataba que alguna estrella del rock había pasado por ahí.
-Bells, ¿qué vas a pedir?
-¿Perdón? -salí de mi escrutinio topándome con la mirada de Edward.
-¿Qué se te antoja? -preguntó con su sonrisa torcida dándose cuenta de mi aturdimiento. Y es que tenerlo así de cerca me perturbaba, ¿acaso no se daba cuenta que su sola presencia me ponía nerviosa?
Cohibida eché una ojeada al menú que se hallaba en mis manos.
-Hum, unas fajitas -leí la primera línea- y una coca cola.
-Para nosotros las fajitas, el legendario 10 OZ burger y dos coca colas por favor -pidió con su voz hipnótica, entregó el menú al mesero para después volverse y besar mi mejilla, las risitas, carraspeos y el toser fingido de nuestros acompañantes hizo que me sonrojara tan violentamente que lo mejor que pude hacer fue observar hacia otro lado.
La banda de Alec comenzó a tocar, eran realmente buenos, se desenvolvían muy bien en el escenario y lograban amenizar muy bien el ambiente, el público aplaudía y se emocionada cada vez que una canción terminaba.
Siguieron tocando mientras comíamos, a pesar de que Rose y yo no conocíamos tan bien a Emmtt, Jasper, Seth-y ella a Edward-tuvimos un tiempo muy agradable conversando entre todos. Rose y yo descubrimos que Seth iba a la misma universidad que nosotras, miramos a Alice interrogando porque no nos lo había dicho, se encogió de hombros argumentando que antes no sabía que yo lo conocía. Aun que estaba ansiosa por la plática que Edward y yo teníamos pendiente, nos la estábamos pasando muy bien.
Emmett no dejaba de hacer bromas logrando que Rosalie no parara de reír en toda la noche, ambos estaban encantados el uno con el otro, los demás solo nos reíamos de lo tan bien que parecían complementarse.
En un determinado momento me levante para ir al baño, avanzando entre el gentío me vino a la cabeza el pensamiento de si sería posible alguna vez que Edward y yo pudiéramos regresar a esos tiempos en los que solíamos divertirnos juntos, sin preocupaciones extras, sin dudas e inseguridades.
Lo extrañaba tanto…
Edward Pov.
Después de que Bella se levantó para ir a los servicios me excusé diciendo que iría a saludar a la banda de Alec quienes se habían tomado un descanso del escenario. Un día antes mi amigo de la universidad me había invitado a mí y a los demás a que viniéramos a ver su presentación. Fui a saludar a los chicos, pero lo que en verdad pretendía era pedirle un favor a Alec, algo que inmiscuía a Bella.
Suspire en mi fuero interno. Bella, estaba tan hermosa esta noche, cuando la vi lo primero en lo que pensé fu en cuanto la quería, no lo podía evitar, ella sola con su personalidad y actitud plantó ese sentimiento en mi interior que ahora ya no se podía eliminar tan fácilmente, en su lugar iba creciendo más y más como una plantita fuerte y resistente.
Ayer por un instante me convencí de que ella y el imbécil de Mike Newton tenían algo, pero esta mañana los chicos me presentaron una gran gama de argumentos de por qué Bella jamás se fijaría en él; a demás gracias a Seth -conocedor de media población neoyorkina- me enteré de quién era ese chico y que fue el mismísimo Seth el causante de que el idiota de Newton fuera a la fiesta por ser parte del grupo de amigos al que invitó de su universidad.
Al final les di la razón, mi Bella era mejor que eso, inteligente y sensata. Y a estas alturas yo era una bola de confusión.
Pero entonces, ¿Qué nos estaba pasando?... Otra vez la misma pregunta. Yo no lo sabía, pero ya estaba cansado y apresuraría las cosas para poder averiguarlo. Yo tenía que hablar con ella lo antes posible porque de otra forma no podría seguir sentado a su lado, teniéndola tan cerca y a la vez tan lejos.
Después de hablar con Alec y hacer un plan me dirigía de regreso a la meza cuando de sopetón sentí que alguien me jalaba con una increíble fuerza.
-¡Edward Cullen ahora si me vas a escuchar! -gruñó mi hermana, aquella chica bajita que siempre pensé que se caracterizaba por ser frágil. Nada que ver. Me jaló del brazo, me llevó a un pasillo y de golpe me sentó en un banco iluminado solo por la penumbra.
-¡Alice! ¿Qué te pasa?
-¡Ya me cansé de que toda la noche te comportes como un bobo miedoso, lento y sin iniciativa!
-¡De que rayos hablas!
-¿Qué de que habló?, ¿Qué no vez cuanto está sufriendo Bella por este embrollo?, ¡Por tu culpa!, ¡Por andar de gigoló! -su dedo apuntando mi cara y mi cuerpo encogido en el pequeño asiento.
-¿Gigoló yo? -en lugar de que me enojara más por esas calumnias me reí a carcajadas.
-Nooo, yoo, ¿pues quien más?, ¡Obviamente tu! -se alejó un poco dándome algo de mi espacio personal y caminó frente a mí de un lado para otro como un león enjaulado. Cuando se enojaba Alice daba miedo.
Se detuvo y en un abrir y cerrar de ojos ya la tenía a centímetros nuevamente con su dedo amenazador.
-Te voy a preguntar algo Edward y quiero que me respondas con la verdad, ¿estamos?
-Que intensa estas hermanita -muy intensa. Mordí mi mejilla por dentro evitando largarme a reír.
-¡Dije que si estamos! -sus manos en la cintura, parecía una mujer regañando a sus hijo. ¡Oh, pobre de mis futuros sobrinos!- ¡Y no te rías, esto es serio!
-Si, si, estamos.
-Entonces dime, ¿Qué hay entre tú y la cabeza hueca de Lauren?
Entrecerré los ojos.
-¿Entre Lauren y yo?, ¿A caso tendría que haber algo entre nosotros?, la chica me acosa, ¡me persigue Alice!, ese no es mi tipo de mujer, gracias.
De solo pensar que esa chica podría ser algo mío me daban escalofríos.
-¿La has besado?
-No… Aun que bueno -me acuchilló con la mirada- como ya te dije esa chica es una acosadora, una vez me besó de sorpresa, pero que quede claro que no le correspondí y me alejé de ella, ya me cansé de decirle de la mejor manera que me deje en paz.
Asintió con aire calculador.
-Así son las perras de ahora.
Reí entre dientes. ¿Qué clase de conversación era esta? Una bastante inverosímil, sin embargo.
-¿Qué sientes por Bella?
Respiré profundo y solté el airé en una sola exhalación.
-Todo.
Mi hermana la bipolar dio brinquitos en su lugar.
-Perfecto, entonces vas a ir hasta ella y le vas a contar todo lo que me has dicho a mí, por causas extrañas del destino ella tiene la idea de que tu a la que quieres es a Lauren, de que a la que besas es a Lauren y de que si no andas con ninguna de las dos entonces debe ser porque estás jugando algún retorcido juego. Olvida esto último, eso es lo que yo llegué a pensar.
-Me ofendes, sabes que soy mejor que eso.
Ahora caía en cuenta de todo. Esto estaba muy mal, tenía que actuar inmediatamente.
-!Si, si, ya sé, no me digas nada, ahora, levanta ese trasero y ve por ella!
Caminé para ir a donde me mandaba y me detuve.
-¿Y si no me cree?
-¡Pues no sé cómo le vas a hacer pero tienes que convencerla!
-De acuerdo -volví a avanzar para otra vez pararme y regresar a ella- ¿Y si solo quiere que seamos amigos?
Su boca mostró una hilera de dientes. De verdad estaba enojada, y yo me estaba divirtiendo con eso.
-Ve a verla, a-ho-ra -habló lentamente, Bufando como un toro al acecho.
-¿Y si no quiere hablarme?
-¡Edward hijo de…!
-Eh, eh, recuerda que tenemos a la misma madre. -estaba regodeándome de risa en mi interior. Esta faceta de Alice era muy divertida.
-¡Mierda, largo de mi presencia! -avanzó a grandes zancadas hacia mí y lo mejor que pude hacer fue salir corriendo a carcajada batiente. Mi hermana estaba loca.
Llegué a un lado del pequeño escenario donde Alec seguía con los chicos, le comuniqué que el plan se adelantaría, me entregó su guitarra, palmeo mi espalda dándome ánimos y subí al escenario. Me senté en un banco alto que estaba en el centro y acomodé la guitarra y el micrófono frente a mí.
-Hola, buenas noches a todos, primero que nada quiero darle las gracias a Alec por permitirme estar aquí. -asintió sonriendo divertido- La siguiente canción está dedicada para alguien muy especial -busqué a Bella en la meza en la que nos sentábamos, todos estaban ahí,-incluida Alice que acababa de llegar-todos menos la persona que yo quería. Entonces recordé que antes se había levantado al servicio, seguro en cualquier segundo regresaría- Se que me estás escuchando, tu sabes que esto es para ti, te quiero y no quiero que tengas más dudas sobre nosotros.
Alice me regaló una relampagueante sonrisa y los demás aplaudieron junto a toda la gente en el café.
-Estoy enamorado de tu voz y tu ternura. Tu eres mi color, mi poesía y mi música -Acaricié las cuerdas de la guitarra comenzando. Aquí se marcaria un antes y un después. El principio o el fin. Todo dependía de ella.- Estoy enamorado de tu mirada tan profunda, que se mete en mi alma, la eleva y me inunda. Estoy enamorado de tu vientre y de tu ombligo, de tus manos, tu lengua y hasta tus oídos -en realidad estaba fascinado por todo su bello cuerpo- Estoy enamorado de tu piel tan transparente, y de tu boca directa que me habla de frente. Y nunca dejarás, de mi boca escuchar decir que, yo quiero ser tu amor por siempre…
Sí, eso es lo que yo quería, lo quería todo, absolutamente todo de ella.
No tenía dudas de eso.
Seguí tocando, golpeteando la punta de mi zapato con el ritmo, rasgando con suavidad las cuerdas de la guitarra y vocalizando con una canción lo que antes no pude declarar. Hasta que mis ojos ávidos por ver a su musa, en una de sus muchas búsquedas por fin dieron con ella que me miraba con con sus ojos chocolates vivos y burbujeantes de sorpresa. Saliendo del lavabo se había quedado en el otro extremo del recinto.
Nuestros ojos enlazaron, mi boca adoptó una sonrisa y terminé lo que quedaba de la canción. Todo era para ella.
-Yo quiero ser tu amor por siempre. Se mi amor por favor por siempre. Tu amor por siempre…
Escuché los aplausos de la gente y alguno que otro silbido, bajé del escenario y música nueva sonó por las bocinas siguiendo con el buen ambiente y dispersando la atención de mí, cosa que agradecí bastante.
Sin pensármelo dos veces caminé directo a donde estaba Bella, me hice caminó entre el gentío hasta que llegué a unos pasos de ella, nos observamos con intensidad, diciéndonos con la mirada todo lo que con nuestra voz no éramos capaces.
Di los últimos pasos y sin perder más tiempo tomé su cara entre mis manos y algo torpe acerqué mis labios a los suyos. Sus labios entreabiertos me recibieron, besé primero el inferior, succionando y maravillándome por la sensación de estar haciendo lo que tanto había soñado, hice lo mismo con el superior, degustando su increíble sabor. Un enorme sentimiento de satisfacción invadió mi pecho cuando esa boca a la que yo adoraba como si fuera de porcelana comenzó a corresponder a mi llamado.
Bella Pov.
Primero las caricias fueron dulces pero ahora estas subían con un toque más intenso de necesidad, mis labios reconocieron los suyos incrédulos de palpar algo que antes creyeron imposible, después de un rato en el que su lengua había pedido permiso para entrar, aun seguía delineando, marcando como suya toda la zona, saboreando y haciendo el amor con la mía.
Cuerpo a cuerpo, estrechados, bocas unidas haciendo ese sensual ruido de succión que se escuchaba a la par de respiraciones agitadas y latidos desbocados de dos corazones. Mis dedos sumergidos entre sus cabellos atrayéndolo más si era posible, sus manos tiernas intercalando entre mi rostro, cabello y la piel descubierta en mi cintura.
Edward me besaba.
Edward me estaba besando.
De verdad me estaba besando.
En su departamento. En su cama. Me estaba besando.
Lo único que recuerdo es a mí en el baño del Hard Rock, cuando salía del tocador lo escuché hablando para mi, después cantando para mi, solo para mí. Nos miramos, nos lo dijimos todo con una simple mirada, después no sé cómo sucedió y su boca tibia besaba a la mía, caliente y firme. Yo estaba paralizada dejando que 'el mundo gire' sin poder creer como todas mis emociones se desbordaban con su solo toque. Y como el canto de una sirena, me dejé llevar. Me dejé llevar y probé lo que ya se estaba convirtiendo en mi adicción.
Después de eso solo tengo flashes de lo sucedido. Los dos pensamos en salir de ese lugar, recuerdo lo difícil que nos fue separarnos, los esporádicos besos dados en el camino entre los altos del semáforo, como me ciñó de la cintura al llegar a su departamento y pegarme a la puerta cuando la abría, me recuerdo a mi misma impulsándome para estar sobre él, mis piernas abrazando su cintura y mis brazos acunando su cuello… Después llegamos aquí. A su habitación. A su cama.
Y aun que no quería despegar mi boca de la suya teníamos que usarlas para algo que no llevaba besos en la ecuación.
-Te-tene…mos que-e ha…blaar… -pedí con voz ahogada pues mis labios estaban atrapados por los suyos- Por…favor, lo nece…sitamos.
-Podemos hacerlo… Después. –su voz tan agitada como la mía, respiraba rápido. Sus ojos brillantes de un verde obscuro. Volvió a besarme.
-Podemos… se-seguir con…esto…despue-es… -lo intenté otra vez.
Me llenaba de gozo saber lo poco que deseaba estar alejado de mi tanto como yo.
Me besó por unos segundos más, levantó su cabeza y recargó su frente bajo mi garganta.
-Bien, aguarda un segundo. -Escuché como soltaba una gran bocanada de aire.
Por mi parte dejé que mis pulmones se llenaran de oxigeno, que mi voz se normalizara y mis manos acariciaran sus suaves cabellos.
-Ya sé que, que tú piensas que tenía algo con Lauren -comenzó aun en la misma posición- pero no, eso no es verdad.
Se acomodó recargándose ahora en mi costado, su manó recayendo suave en mi abdomen. Extrañé el contacto total de nuestros cuerpos. Me acomodé mejor para estar a su lado y con nuestros rostros a la misma altura.
-¿Te acuerdas de esa última vez cuando quedamos de vernos en la casa hogar? –en mi menté se comenzó a recapitular todo- yo fui y… y te vi con Lauren. Los vi besándose. –inmediatamente volví a ponerme triste.
-Ese beso no significó nada. Te lo juro. –murmuró abatido.
-Déjame terminar. –lo silencie con un corto beso- Yo creí que tu y yo… Tu sabes, y de pronto veo eso… -hice una mueca de desagrado- fue horrible Edward. Después tú te fuiste a Chicago, yo la pasé muy mal intentando encontrar alguna explicación por mí misma, quise alejarme de ti pero no podía, quise dejar de sentir lo que siento por ti, pero ya ves, tampoco pude –me acurruqué más entre sus cálidos brazos, besó mi frente dándome ánimos.
-Estoy contento de que no pudieras. No hubiera soportado que no sintieras lo mismo que yo. –sus nudillos acariciaron mi mejilla, de las cosas que más me gustaban era que en sus ojos se reflejara cuando hablaba con la verdad. Era una gran ventaja- No sé cuando fue que Lauren comenzó a formar parte de nuestras vidas, tu y yo íbamos muy bien y de pronto viene ella y se interpone, yo no la quiero, no podría querer a otra cuando eres tú la que me trae de cabeza. A demás a mí me gustan las morenas –sonreí pagada de mi misma y él lo hizo conmigo, enredando un mechón de mi cabello en su dedo para afirmar todavía más lo que decía. Aun no podía creer que estuviéramos aquí, juntos. De verdad juntos.- ¿Y qué puedo decirte de ese beso?, fue tan sorprendente para mí como lo fue para ti, me agarró de sorpresa, está demás decir que no le correspondí. Muchas veces ya le dejé las cosas en claro y no comprende –llevé mi dedo índice a desvanecer el pliegue de frustración que se había formado en su frente.
-Espero que después de lo de ayer entre por fin en razón.
-Sí, ya me contaron los chicos hace un rato lo que Rosalie hizo con ese canapé.
Reímos juntos.
Por unos minutos nos quedamos en un cómodo silencio, escuchando solo nuestras respiraciones y el susurro de sus manos haciendo figuras en mi espalda por sobre mi blusa.
-¿Bella?
-¿Mmm? -musité demasiado a gusto para articular palabra.
Me miró fijamente a los ojos.
-¿Estas dispuesta a olvidar todos estos malos entendidos para que sigamos adelante, esta vez juntos, tu y yo contra todo?
Mi estomago sintió un cosquilleo de anticipación.
-Por supuesto que sí -¿Cómo no hacerlo?, era lo que más ansiaba.- ¿Tu estas dispuesto?
-A todo. –refutó sin rodeos.
Sonriendo lo abracé fuerte. Sus brazos eran el mejor lugar en el que había estado nunca.
-¿Bella? –volvió a decir mi nombre como una pregunta.
-¿Qué pasa?
-Di que si –se escuchó inocente.
-No. –respondí llevando la contraria.
Despegó su rostro del mío por mi negativa.
-¿Cómo que no?, anda di que si –su boca formó un puchero.
Reí despacito.
-¿Cómo quieres que diga que si, si no se lo que me estás preguntando?, ¿Qué tal que me estás pidiendo que salte de un acantilado y yo ni enterada?
Puso los ojos en blanco.
Amaba los momentos en los que podíamos bromear tan despreocupadamente.
-¿No confías en mi? –cuestionó imitando estar triste.
-Creo que antes ya te he mencionado lo exagerado que eres ¿verdad?. Si no confiara en ti entonces ahora mismo no estaría aquí contigo.
-Entonces di que sí.
-Está bien. Si.
La línea de su boca se transformó en una enorme sonrisa. Efusivo me besó.
-Gracias.
-¿Por qué? –jadee a causa de cómo me había dejado su reciente muestra de emoción.
-Por haber aceptado ser mi novia.
Mi corazón galopó desbocado. Con que se trataba de eso.
Pasé mis brazos por su cuello y descansé mi frente sobre la suya. Nuestros ojos conectados.
-Es un placer, novio. –pronuncie divertida haciendo especial énfasis en la última palabra.
Sonrió gustoso para volver a unir finalmente nuestros labios.
Jamás me cansaría de esto.
Edward Cullen era mi novio.
¡Mi novio!
Mío.
-.
Después de mucho tiempo vengo con un nuevo capítulo. Sé que es probable que ya nadie se acuerde de esta historia, que perdieron el hilo del asunto y no recuerdan ni cómo iba, pero no hay problema, se que de alguna manera aun que yo no lo quisiera fue mi culpa, dejé una explicación en mi perfil no sé si alguien habrá leído, en fin, solo quiero decir que no tengo cara para pedir que me sigan leyendo o que dejen reviews. Estoy muy contenta porque después de mucho la inspiración a regresado y como tuve estos días libres me puse a terminar este cap. que desde hace mucho había dejado a medias por diferentes cuestiones. Ustedes no están para saberlo y no creo que a nadie le importe pero bueno, como muchas de ustedes soy una estudiante, el año pasado me encargue de hacer mi servicio y prácticas, y para colmo sufrí una operación que me tuvo por un tiempo en cama sin poder moverme mucho, ahora estoy por iniciar con mi especialidad y no, no son justificaciones, desde que decidí subir esta historia supe que tenía una responsabilidad, y como he dicho muchas veces, no voy a dejar esto a medias, cuando yo prometo algo lo cumplo, ahora estoy teniendo unos pocos días libres e intentare echarle muchas ganas para escribir el siguiente cap. Espero nada se interponga en mi camino.
De antemano Muchísimas gracias.
En twitter Facullenn
Nos seguimos leyendo.
Facullen.
Pd, amé escribir el inicio del romance entre E&B, eso siempre es agradable de escribir.
